20517(22-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 20517  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  051  

Bogotá  D.  C.,   veintidós  (22) de  junio de dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado EDGARDO          RAFAEL          TORRES          LÓPEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de primera instancia de la siguiente manera:   

“Según denuncia  presentada  ante la Fiscalía el 17 de junio de 1997, la señora MARÍA CRISTINA  OSORIO  DE MANUEL, en su condición de funcionaria del IDEMA, adscrita al Centro  de  Distribución  de  San  Andrés  Isla  en  el  cargo  de  técnico contable,  denunció  al señor EDGARDO TORRES LÓPEZ,  afirmando  que  éste  en  su  calidad de Director del Centro de  Distribución  de  San  Andrés  Isla,  por medio del memorando N° 063 de marzo  26/96,  solicitó a la Subgerencia de Abastecimiento autorización para la venta  directa  de  45.750  kilos de arroz blanco fuera de norma, el cual se encontraba  almacenado  en  las  dependencias  del  IDEMA de esta Isla. Agregó también que  presentaron  ofertas  de  compra  los  señores  DIEGO  SANDOVAL, por doscientos  ($200)  pesos el kilo, y JOSÉ SALCEDO DONADO, por ciento cincuenta ($150) pesos  el kilo.   

“Asimismo,  el  Comité  de  Coordinación  Comercial,  en acta N° 076 del 10 de abril de 1996,  cuya  fotocopia  obra en el expediente, aprueba la venta de cuarenta y cinco mil  novecientos  noventa y dos (45.992) kilos de arroz blanco a razón de doscientos  ($200)  pesos  el  kilo  al  señor  DIEGO  SANDOVAL.  Posteriormente,  a  través de un fax, el señor CÉSAR CABALLERO le informó al  Centro  de  Distribución  de  San  Andrés Isla que el Comité de Coordinación  Comercial,  previo  el cumplimiento de los requisitos establecidos, autorizó la  venta  directa  al  señor DIEGO SANDOVAL de la cantidad de 45.992 kilogramos de  arroz  blanco  fuera  de  norma  con empaque, a doscientos ($200) pesos el kilo.  Asimismo  señaló  que  el  pago  debía  efectuarse en efectivo o en cheque de  gerencia,  y  que  el  retiro  del  producto se debía hacer dentro de los cinco  días   hábiles   siguientes   a   la  fecha  del  pago  e,  igualmente,  dicha  autorización   tenía  vigencia  hasta  el  30  de  abril  de  1996.   

“Sin embargo el  señor     EDGARDO    TORRES    LÓPEZ,  vendió  el  producto  en  el  mes  de  junio  o  julio de 1996,  entregándose  de  manera  real  la  cantidad  de  cuarenta y ocho mil dos kilos  (48.002)   de   arroz   blanco,  sin  que  exista  factura  que  respalde  dicha  transacción,  toda  vez que la factura de venta V2-185483 sin fecha, expedida a  nombre  de LUIS ALMANZA, fue anulada al no existir ingreso de dinero alguno a la  caja  y  no  corresponder al precio de venta estipulado en la factura, es decir,  cien  ($100)  pesos  por  kilo,  cuando  el  valor  de  venta  autorizado era de  doscientos  ($200)  pesos  el  kilo, según factura N° 2209 de abril 10/96, sin  que     a     la     caja     hubiere    ingresado    dicho    valor.   

“También  afirmó  la  denunciante  que el valor total de dicho arroz es de nueve millones  setecientos  cincuenta  y dos mil pesos ($9.752.000), además que el producto no  aparece  en  la  bodega  de  dicha  distribuidora,  ni  el dinero, ni la factura  respectiva”.   

2.  El  Juzgado  Penal  del Circuito de San  Andrés  y  Providencia,  mediante  sentencia  fechada  el  30 de julio de 2002,  condenó  a  Edgardo Rafael Torres López  a las penas principales de 3 años de prisión, multa equivalente  al  monto  apropiado ($9.752.000,oo) y a la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo lapso de la pena de prisión y al  pago  de  los  perjuicios,  como  autor del delito de peculado por apropiación.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial del Departamento del  Archipiélago  de  San  Andrés,  Providencia  y  Santa Catalina, Islas, el 9 de  octubre de 2002, lo confirmó integralmente.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Torres  López,  al  amparo de la causal  primera   de   casación   contemplada  en  el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal.   

Afirma   el  libelista  que  el  juzgador  transgredió  la  ley al haber dictado sentencia condenatoria sin que obre en el  proceso  prueba  que  conduzca  a  la  certeza  de  la  conducta punible y de la  responsabilidad  de su defendido, máxime cuando no se le creyó lo que explicó  en su indagatoria.   

Considera  que  no  se  tuvieron  en cuenta  pruebas   que   lo  favorecían,  entre  ellas  la  declaración  de  la  propia  denunciante   María   Cristina   Osorio   de   Manuel,   ni   se   consideraron  “los   dineros   que   el   señor  Torres  López  consignó,  ni  se  llevó  a  cabo  una  peritación  contable  que  estableciera  el supuesto faltante de dinero, sin dejar pasar por  alto  que  “se acogieron documentos en copia que no  llenan los requisitos legales”.   

Como sustentación del cargo, luego de citar  el   artículo   232   del   C.   de   P.   P.   y  de  definir  “certeza”,  sostiene  que en el proceso  no  se  demostró  que  su  procurado se haya apropiado en provecho suyo o de un  tercero  de  bienes  del  Estado,  máxime  cuando la denunciante aceptó que la  supuesta  conducta  delictiva sucedió por falta de información del sindicado y  de su inexperiencia.   

Asevera   que  en  ningún  momento  hubo  apropiación   de   dinero   alguno,   pues   en   el   proceso  “obra  prueba  de  actas  de inspección ocular de marzo 27 de 1996,  números  9951  y 9952, al arroz materia de la investigación, con autorización  de  baja, a lo que se procedió. Tales actas se encuentran firmadas tanto por el  señor  Torres  López, como por el almacenista y por la contadora del Idema, en  cumplimiento  de una decisión del comité central determinada en el acta 076 de  abril  10/96”,  además  de  que  el producto de la  venta  fue  consignado  por  el  procesado,  de lo cual existe prueba que no fue  tenida en cuenta por el juzgador.   

De otra parte, estima que, contrariando las  normas  legales,  “se  acoge un aporte de copias de  documentos  que  no  llenan  los requisitos legales, ya que la ley  dispone  que   los   documentos   que   se   aportan   al   proceso  penal  se  hagan  en  originales”  o  en  copias  autenticadas  ante  un  notario  o  un juez, previo el respectivo cotejo, autenticación que aquí no se  llevó   a   cabo,   motivo   por  el  cual,  en  su  criterio,  “las   aportadas  no  tienen  eficacia  probatoria  y  debieron  ser  rechazadas”.   

Por  ello,  concluye  que  como  las copias  allegadas  por  la  denunciante y el Idema no fueron autenticadas, las mismas no  tienen  validez  alguna, sin olvidar que tampoco fueron aportados los documentos  originales.   

Así  mismo,  refiere que no se realizó la  necesaria    experticia    contable    que   estableciera   si   “existió  o  no el faltante denunciado, ya que la peritación es un  medio  idóneo  de prueba, por ser la declaración de conocimiento que emite una  persona   acerca  de  los  hechos  o  circunstancias  o  condiciones  personales  inherentes al hecho punible”.   

Por  ello,  dice  que  como  la  sentencia  impugnada  se  dictó sin que obre prueba que conduzca a la certeza del delito y  de  la  responsabilidad  del  acusado,  se  impone  para  la  Corte  el deber de  casarla.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Como  lo  ha  dicho la Corte, la demanda de  casación  debe  ser  un escrito lógico en el que se deben postular los reparos  formulados  contra  la sentencia de segunda instancia, a través de las causales  estatuidas  en  la ley y con apego en los estrictos presupuestos contemplados en  el  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal, pues en caso contrario se  impone su inadmisión.   

En  el  evento que ocupa la atención de la  Sala,  se  observa que la demanda de casación presentada a nombre del procesado  Torres López no cumple con  los citados presupuestos, razón por la cual será inadmitida.   

En  efecto, si bien es cierto que el actor  invocó  la  causal  primera  de  casación  como  sustento  del “único  cargo” formulado, también lo  es  que  no precisó la vía de la transgresión de la ley sustancial, es decir,  si  fue  de  manera  directa  o  indirecta, sin dejar pasar por alto que tampoco  señaló  cuáles fueron las normas sustanciales quebrantadas y su sentido, esto  es, exclusión evidente o aplicación indebida.   

Si  se concluyera que el reproche se ubica  en  la  violación  indirecta de la ley sustancial generada en errores de hecho,  por  falso  juicio de existencia por omisión, y de derecho, por falso juicio de  legalidad  (modalidades y sentidos que no fueron mencionados), pues el libelista  afirmó  que  no  se  tuvieron en cuenta pruebas que favorecían a su procurado,  como  sucedió  con  la  declaración  de  la  denunciante  y la “consignación   del   dinero”   que  realizó  el  procesado,  así como el hecho de haberse valorado “documentos    en    copia    que    no   llenan   los   requisitos  legales”,  de  todos modos el cargo así planteado  quedó  en  el  ámbito de la simple generalidad, sin que demuestre un perjuicio  concreto  con  los vicios atribuidos al juzgador, la relación con los restantes  medios  de  convicción  legalmente  aducidos  al  diligenciamiento,  los que no  mencionó  ni  reprochó,  y  su  incidencia  en  la  parte resolutiva del fallo  impugnado,  al  punto  que  se  declaró una verdad distinta de la que revela el  proceso.   

Ahora bien, que el juzgador “dictó  sentencia  condenatoria  sin que obre en el proceso prueba  que  conduzca  a  la  certeza de la conducta punible y de la responsabilidad del  procesado”,  o  que “no se le creyó  al    acusado    Edgardo    Rafael    Torres    López    lo   narrado   en   su  indagatoria”     o     que     “en   ningún   momento  hubo  apropiación  de  dinero”,  son  afirmaciones  del  libelista  que  permiten  a  la Sala  colegir  que  su  inconformidad  radica  en  la  estimación  probatoria  que el  fallador  le  otorgó  a los elementos de juicio y de los cuales dedujo el grado  de  responsabilidad  del  procesado  en  la  conducta  punible  de  peculado por  apropiación  por  la  que fue condenado, contraposición de criterios que no es  susceptible  de  ser  atacada  en  esta  sede,  por cuanto dentro del sistema de  apreciación   probatoria   que   rige,   el  juzgador  goza  de  libertad  para  justipreciar  los medios de prueba, sólo limitado por los postulados de la sana  crítica,  cuyo quebrantamiento debe denunciarse y desarrollarse por la vía del  error   de   hecho   por   falso   raciocinio,   camino  que  no  emprendió  el  casacionista.   

Además, no debe olvidarse que la sentencia  llega  a  esta  sede  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad,  esto  es,  que  el  fallo  ingresa  al  recurso  extraordinario  amparado por la  presunción   de   que   las   pruebas  fueron  bien  apreciadas  y  el  derecho  correctamente  discernido  por  el  juzgador,  razón por la cual constituye una  carga  del  impugnante  entrar  a  desvirtuarla,  lo  que  se hace demostrando y  evidenciando un error in iudicando o in procedendo, según el caso.   

De  otro lado, también se advierte que el  actor   mezcla  indebidamente  errores  in  iudicando  con  los  in  procedendo,  vulnerando  el  principio de autonomía, según el cual, al interior de un mismo  cargo  no  se pueden mezclar ataques correspondientes a causales distintas, pues  cada  una  tiene características y reglas técnicas de demostración diferentes  y   producen   diversas  consecuencias  jurídicas,  toda  vez  que,  de  manera  simultánea,  enuncia  una  posible  transgresión del derecho de defensa cuando  afirma    que    no   se   ordenó   la   práctica   de   una   “peritación     contable”    para  “establecer   si   existió   o  no  el  faltante  denunciado”,  aspecto  que ha debido postular bajo  los  lineamientos de la causal tercera de casación y, obviamente, respetando el  principio de prioridad.   

En  síntesis,  el  escrito  con el que se  pretende  la  infirmación  del  fallo se asemeja más a un alegato de instancia  que  a  una  demanda  de casación, razón por la cual, la Corte lo inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar que el estudio  detenido  del  expediente  permite  a  la  Sala concluir  que no procede la  casación  oficiosa  por  cuanto  no  se  percibe  ninguna  causal de nulidad ni  vulneración de derechos fundamentales.   

En mérito de lo expuesto, la Corte     Suprema    de    Justicia,  Sala  de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  EDGARDO  RAFAEL  TORRES  LÓPEZ. En consecuencia, se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                                 EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                 MAURO  SOLARTE PORTILLA   

                     TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

                          Secretaria     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *