20516(13-11-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20516  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No.122   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá, D. C., trece de noviembre de dos mil  tres.   

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  las  demandas  de  casación  presentadas  por  el  defensor  de  los procesados  ROBINSON   ALZATE   SALDARRIAGA   y  DIEGO  ALEXANDER  RESTREPO.   

Antecedentes.  

Mediante  sentencia de 17 de mayo de 2002, el  Juzgado  Veinte  Penal  del  Circuito  de  Medellín  condenó  a los procesados  Walter   Humberto   Estrada  Saldariaga  a  la  pena principal de 15 años y 10 meses de prisión, como autor  responsable  de  los  delitos  de  homicidio y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  y  Robinson  Alzate  Saldarriaga y  Diego  Alexander  Restrepo,  a la pena principal de 15  años  prisión,  como  coautores  del  delito  contra  la vida (fls.885-924 del  cuaderno  principal).  Apelado  este fallo por los defensores de los procesados,  el  Tribunal  Superior  de Medellín, mediante el suyo de 31 de julio siguiente,  que  ahora  el  defensor  de  los últimos recurre en casación, lo confirmó en  todas sus partes (fls.961-1000 ibídem).   

1.  Demanda a nombre  de Robinson Alzate Saldarriaga.   

Dos cargos, ambos con fundamento en la causal  primera   de   casación,  cuerpo  primero  (violación  directa),  presenta  el  demandante contra la sentencia impugnada.   

    

1. Cargo primero:     

Violación  “directa  del  debido  proceso,  contemplado  en  el  artículo  29 de la carta magna y de la ley sustancial, por  falta  de  aplicación  del artículo 232 del Código de Procedimiento Penal”,  regulador  del principio de necesidad de la prueba, de acuerdo con el cual, toda  providencia  debe fundarse en pruebas legal, regular y oportunamente allegadas a  la actuación.   

Asegura  que los juzgadores de instancia para  nada  tuvieron  en cuenta los alegatos de la defensa donde se discutió la falta  de  correspondencia  entre  las  placas  del  taxi  de  propiedad  del procesado  (Robinson  Alzate  Saldarriaga),  y  el  vehículo en el cual se movilizaban los  autores  del  hecho.  En  el  plenario  existe la declaración de Bibiana María  Saldarriaga  y  el  informe  del  C.  T. I., de donde surge que las personas que  participaron  en  el  crimen se movilizaban en el vehículo de placas TLK-627, y  no  en  el  de placas TKB-627, de propiedad de Robinson  Alzate  Saldarriaga,  razón por la cual se presenta un  ERROR DE HECHO POR FALTA DE IDENTIDAD.   

Conjuntamente  con este error se advierte una  situación  de  duda protuberante, que se resolvió en contra del procesado, con  violación  del  principio  universal  del  “INDUBIO  PRORREO”  (sic),  y el  artículo  232  inciso  primero del actual estatuto procesal penal. “De manera  que  la  identidad  del  vehículo  en  que  se  movilizaron  las  personas  que  participaron  en  los hechos sangrientos, no fue legalmente allegada al plenario  PARA  TENERSE  CERTEZA DE QUE MI PATROCINADO EN REALIDAD DE VERDAD FUE PARTICIPE  DEL PRESUNTO ILICITO”.   

La  citada  testigo,  en  la  diligencia  de  audiencia  pública,  se  retractó  libre  y  voluntariamente de los cargos que  presentó  contra  el  procesado,  por  no  estar  segura  de  la  identidad del  automotor,  y explicó que lo hacía   porque no había visto la placa  del  vehículo  de  ROBINSON  ALZATE  SALDARRIAGA,  sino  que  su cuñada JANETH  PATRICIA  RUIZ  MACHADO  “le  había  dicho  que  dijera que esa era la placa,  cuando  quiera  que ésta, no estaba presente el día de los hechos”. Esta fue  la  razón  por  la  cual  se  retractó,  y  no porque hubiera sido amenazada o  constreñida  para  hacerlo,  como  lo  señalan  la Fiscalía y los juzgadores,  sustentados en meras suposiciones.   

Se  puede  aplicar,  de  igual  manera,  el  artículo  232  ejusdem, “por violación indirecta de la norma sustancial, por  error  de  hecho  al  no tenerse certeza de la identidad del vehículo en que se  movilizaba  el procesado… por ende su responsabilidad y la conducta punible de  él,  carecen  de  certeza en la participación de la comisión del ilícito que  se le imputa y por el cual se le condena”.   

1.2.    Cargo  segundo.   

Violación  “directa  del  debido  proceso,  contemplado  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional, y de la ley  sustancial,   por  falta  de  aplicación  del  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento Penal”.   

Argumenta  que  los juzgadores no tuvieron en  cuenta  para nada las alegaciones de la defensa relacionadas con la utilización  de  la pistola 7.65 por parte de ROBINSON ALZATE SALDARRIAGA, y la circunstancia  de  haber  sido  condenado  con  fundamento  en indicios no probados, pues en el  curso  del proceso no se realizó prueba “decadactilar” que permitiera tener  certeza  de  que  el  día  del  crimen  la hubiera portado y utilizado. Si bien  existen  elementos  de  juicio  que  indican que ROBINSON era el propietario del  arma,  y  que  ésta  fue  utilizada en el crimen, no se demostró que fuese él  quien la llevaba, o la hubiera accionado.     

Los juzgadores de instancia sostienen también  que  el  procesado  estuvo esa noche manejando el vehículo. Este hecho, tampoco  es   prueba   de   que   hubiera   participado  en  ellos.  Existe,  por  tanto,  “UN   ERROR  DE  DERECHO,  por  falta  de  aplicación  del  artículo  29  de la  Constitución  Nacional,  que  trata  sobre  el debido proceso y por aplicación  indebida  de  los  artículos  7º  y  232  de  la  ley 600 de julio 24 de 2000.  Encontramos  un  error  de  derecho,  y  hallamos  una duda protuberante, que se  resolvió   en   contra   de  mi  patrocinado”  (las  negrillas pertenecen al texto).   

En  un  capítulo  separado,  relaciona  las  pruebas  que  en su criterio fueron indebidamente apreciadas por los juzgadores,  así:  El  testimonio  de  BIBIANA  MARIA SALDARRIAGA OSORIO (testigo de cargo),  pues  los  juzgadores  tuvieron  en  cuenta  el  vehículo de placas TKB-627, de  propiedad  del  procesado,  para  cuyo efecto tomaron la versión de la testigo,  pero  el  automotor  que  ella  vio  tenía  placa TLK-627. El señalamiento del  vehículo  de  placa  TKB-627,  lo  hizo  por  insinuación de su cuñada JANETH  PATRICIA  RUIZ  MACHADO,  QUIEN  NO  ESTUVO  EN  EL  LUGAR  DE LOS HECHOS.    

También se apreciaron mal los testimonios de  SILVESTRE   ANTONIO  ALVAREZ  BAENA,  GLORIA  PATRICIA  ALBELAEZ  y  SARA  MEJIA  ARBELAEZ,     quienes     manifestaron    que    el    procesado    ROBINSON  ALZATE  SALDARRIAGA se encontraba  trabajando  su  taxi por el sector de Itagüí a la hora de los acontecimientos,  y  que  es una persona seria, trabajadora, responsable, sin tacha, ni prontuario  delincuencial,  pruebas  que  los  juzgadores  desestimaron por simple sospecha.   

De  igual  manera, la retractación libre y  voluntaria  de  la  testigo  BIBIANA  MARIA  SALADARRIAGA  OSORIO,  respecto  de  los    cargos  que  formuló  en  sus  declaraciones  iniciales  contra  el  implicado,  por  encontrarse  insegura, y que fue desatendida por los juzgadores  con  el  argumento  de  que  ya  en  varias  oportunidades  había  afirmado  lo  contrario.  Finamente  fue  mal  apreciada  la prueba relacionada con la pistola  7.65  de  propiedad del procesado, en cuanto en el plenario no existen elementos  de  juicio  para concluir que éste la hubiese usado, o prestado para cometer el  delito.   

Apoyado  en estas consideraciones, solicita a  la  Corte  casar  la sentencia impugnada, y en su lugar dictar la que en derecho  corresponda.   

    

1. Demanda   a   nombre   de   Diego   Alexander   Restrepo.     

Violación  “directa  del  debido  proceso  contemplado  en  el  artículo 29 de la carta, y la ley sustancial, por falta de  aplicación     del    artículo    232    del    Código    de    Procedimiento  Penal”.   

Sostiene que los juzgadores de instancia   no  tuvieron  en  cuenta  para nada las alegaciones de la defensa en torno a las  discrepancias  que  existían  entre las características físicas del implicado  DIEGO   ALEXANDER  RESTREPO  (1.80  de  estatura),  y  las  suministradas  por  la testigo BIBIANA MARIA SALDARRIAGA OSORIO, quien dijo  que  era “BAJITO”. Se incurrió así EN UN ERROR DE  HECHO  POR FALTA DE IDENTIDAD EN LA PERSONA, pues es un  hecho  público  que  las  personas  de  más  de 1.65 metros en Colombia son DE  ESTATURA ALTA.   

Esta  duda  probatoria se resolvió en contra  del  procesado,  no  obstante que debía ser decidida a su favor, en aplicación  del  principio  IN  DUBIO  PRO  REO, pues la identidad de DIEGO ALEXANDER no fue  legalmente  allegada  al  plenario,  “ya  que  no  fue  reconocido  en fila de  personas,  ni  se le practicó dactiloscopia alguna para identificarlo como tal,  como  tampoco  se dictaminó por parte de un experto en la materia, la identidad  del  procesado  para  tenerse  certeza  de  que  éste en realidad de verdad fue  partícipe del presunto ilícito”.   

Por  no  estar  segura  de su identidad, y no  porque  fuera  amenazada  o  constreñida  para hacerlo, la testigo se retractó  libre  y  voluntariamente  de los cargos que hizo en su contra. Se vulneró así  la  segunda parte del artículo 232 del nuevo estatuto procesal penal, que exige  la  existencia  de  prueba  que  conduzca a la certeza de la responsabilidad del  procesado  para  poder condenar, y también el inciso primero, “por violación  indirecta  de  la  norma sustancial, por error de hecho al no tenerse certeza de  la identidad del procesado”.   

Relaciona  como  pruebas  mal  apreciadas  el  testimonio  de  BIBIANA MARIA SALDARRIAGA OSORIO, por las razones ya anotadas, y  las  declaraciones  de  BERTHA  INES RESTREPO ESTRADA, SILVESTRE ANTONIO ALVAREZ  BAENA,  WVALDINA ACEVEDO ARANGO, CARLOS ARTURO OSORIO, FLOR MARIA OSORIO BEDOYA,  ROSALBA  BEDOYA  OSORIO,  ALBA LUCIA HOLGUIN CADAVID, GLORIA PATRICIA ARBELAEZ y  SARA  MEJIA  ARBELAEZ,  quienes  declararon  que  DIEGO  ALEXANDER   RESTREPO  a  la  hora  de  los  hechos  se  encontraba en su casa.   

Con fundamento en estas consideraciones, y la  afirmación   de   que  los  errores  denunciados  incidieron  en  la  decisión  impugnada,  solicita  a la Corte casar la sentencia, y dictar en su lugar la que  corresponda, acorde con las pretensiones de la demanda.   

SE        CONSIDERA:   

Las  demandas de casación presentadas por el  defensor  de los procesados Robinson Alzate Saldarriaga  y  Diego  Alexander  Restrepo  se  encuentra  lejos de  satisfacer   los   requisitos   mínimos   de  claridad,  precisión,  y  debida  fundamentación  que  impone  el  artículo 212 del estatuto procesal penal (Ley  600  de 2000), y de cumplir los  derroteros técnicos que deben presidir la  alegación      casacional,     según     el     motivo     de     impugnación  planteado.        

Los errores que dan origen a un ataque en sede  de  casación, son de dos clases: de actividad o in procedendo, y de juicio o in  iudicando.  Los  primeros se presentan cuando la sentencia ha sido dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  incompetencia,  desconocimiento  del  debido  proceso,  o  violación  del  derecho  de  defensa.  Este motivo de casación se  encuentra  previsto  en  la  causal tercera, y su alegación presupone demostrar  que   en  el  curso  de  la  actuación  procesal  se  desconocieron  las  bases  fundamentales  de la instrucción o el juzgamiento, o se violaron las garantías  procesales.      

Los  últimos  se  estructuran  cuando  los  juzgadores,  al  decidir  el  asunto  sometido a juzgamiento, se equivocan en la  aplicación  o  interpretación del derecho. Esta violación puede ser directa o  indirecta.  Es  directa cuando el error es de naturaleza estrictamente jurídica  (juicio  jurídico);  e  indirecta  cuando  se  origina  en  la  apreciación  y  valoración  de  las  pruebas  (juicio  fáctico).  Dicho motivo de casación se  encuentra  previsto  en  la  causal  primera,  e  impone formas de demostración  distinta, según se trate de violación  directa o indirecta.   

Lo  expuesto,  para  mostrar  que  en materia  casacional  los  conceptos  de  violación  del debido proceso, y de infracción  directa   e   indirecta  de  una  norma  de  derecho  sustancial,  no  solo  son  técnicamente  distintos,  sino  excluyentes,  y  que  proponer, por tanto, a un  mismo  tiempo, y respecto de las unas mismas situaciones fáctico procesales los  tres  motivos  de  violación  referidos,  como  lo  hace el casacionista en las  demandas  que  son  objeto  de  análisis, resulta de suyo un contrasentido, que  torna  confuso  el  ataque,  e  impide  determinar  el  verdadero  alcance de la  impugnación.   

Las  dos  demandas  adolecen  de  los  mismos  desaciertos.  En  ambas,  como  se  dejó  visto  en la síntesis que se hizo de  ellas,  el  casacionista  plantea indistintamente, violación al debido proceso,  violación  directa  de  la  ley  sustancial, y violación indirecta, dentro del  marco  de  un  discurso  despojado  de  coherencia, donde lo único que queda en  claro  es que no comparte la valoración que los juzgadores hicieron del mérito  de  algunas pruebas, entre ellas, de la retractación de la testigo María Bibiana Saldarriaga Osorio.   

   

Dicha  forma de alegar resulta inaceptable en  sede  de  casación,  en razón a que el fallo de segunda instancia se encuentra  amparado  de  la doble presunción de acierto y legalidad, y que el criterio del  juzgador   será   por  tanto  prevalente  mientras  no  se  demuestre  que  sus  conclusiones   estuvieron determinadas por errores de hecho o de derecho en  la  apreciación  de  las  pruebas, o de raciocinio puramente jurídico. Esta la  diferencia  con  las  alegaciones  de  instancia, donde al sujeto procesal le es  permitido  plantear  tesis,  o  sugerir  hipótesis de manera libre, para que el  juzgador las analice, y decida si las acoge o rechaza.     

Ahora  bien.  Cuando la inconformidad deriva,  como  en el presente caso, de la valoración del mérito de la prueba, el ataque  impone  demostrar  que  los  juzgadores  desconocieron  de manera manifiesta los  principios  de  la  lógica,  las  reglas  de experiencia o los postulados de la  ciencia,  y  que  a causa de estos desaciertos se llegó a una decisión ilegal,  ejercicio  demostrativo que el casacionista no lleva a cabo. Ni siquiera acierta  en  la selección el reproche, pues en estos casos, el ataque debe ser propuesto  al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, como error de hecho por falso  raciocinio,  que se presenta cuando el juzgador, al valorar la fuerza persuasiva  del  medio,  desconoce  los  postulados  de  la sana crítica.      

En su lugar, plantea errores de identidad, que  hace  derivar,  no  de la falta de correspondencia entre el texto de la prueba y  la  lectura  que los juzgadores hacen de ella, como corresponde hacerlo en estos  casos,  sino  de  la  ausencia  de  certeza  respecto  de algunos hechos que los  juzgadores  declararon  probados,  y  que en su criterio no lo estaban, como las  verdaderas  placas  del  vehículo  utilizado  en  el crimen, el arma usada y la  persona  que  la  accionó,  y  la participación de los procesados Robinson    Alzate   Saldarriaga   y   Diego   Alexander   Restrepo,  que   ninguna   relación   guardan   con   el  vicio  alegado.   

También  alude a “un error de derecho, por  falta  de  aplicación  del artículo 29 de la Constitución Nacional, que trata  del  debido  proceso”, pero no dice en qué consistió, y por el enunciado del  ataque  parecería  que  el  actor  tiende  a confundir los errores de actividad  (generadores  de  nulidad)  con  el  error  de  derecho en la apreciación de la  prueba  (de  naturaleza  in  iudicando), que en nuestro medio se vincula con las  nociones  de  legalidad  y eficacia de la prueba, y supone el desconocimiento de  las  normas  de  derecho  probatorio que regulan su incorporación al proceso, o  que  preestablecen  su valor o aptitud demostrativa (tarifa legal), aspectos que  en manera alguna el casacionista analiza.   

Visto,  entonces, que las demandas no cumplen  los  requisitos  mínimos requeridos para declarar en trámite el recurso, y que  la  Corte, en virtud del principio de limitación que lo rige, no puede entrar a  suplir  sus vacíos, ni corregir sus deficiencias, las inadmitirá, y declarará  desiertas  las  impugnaciones, acorde con lo dispuesto en los artículos 197 del  Decreto  2700  de  1991,  y  213  de  la  ley  600  de  2000  (actual Código de  Procedimiento).  Esta  decisión  surte  efectos a partir de su notificación, y  contra ella no proceden recursos.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

INADMITIR   las  demandas   de   casación   presentadas   por  el  defensor  de  los  procesados  Robinson   Alzate   Saldarriaga   y  Diego  Alexander  Restrepo.  En  consecuencia, se declaran desiertas las  impugnaciones.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Notifíquese y devuélvase el Tribunal de origen. CUMPLASE.   

YESID RAMIREZ BASTIDAS  

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                 ALFRDO GOMEZ QUINTERO   

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                        EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                         

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                          MARINA PULIDO DE BARON   

JORGE        L.        QUINTERO  MILANES                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                     Teresa Ruiz  Núñez   

                                         SECRETARIA     

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