20450(13-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20450   

        CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

                SALA      DE      CASACIÓN  PENAL   

         MAGISTRADO PONENTE:   

          HERMAN GALÁN CASTELLLANOS   

          APROBADO ACTA No. 024   

          Bogotá,   D.C.,   trece   (13)   de   abril   de   dos   mil  cinco  (2005).   

          El  Juzgado  39  Penal  del  Circuito de  Bogotá    profirió    sentencia   anticipada   en   contra   de   JOSÉ        ALEXANDER       YASOS       BOLAÑOS       y      JOSÉ      IGNACIO      GARZÓN  GARZÓN, condenándolos a 90 meses de prisión por los  delitos  de  homicidio  en  grado de tentativa (artículos 27 y 103 del C.P.) en  concurso   con   hurto   calificado  y  agravado  (artículos  239,  240  y  241  –10 en concordancia con el  artículo  40  Id.),  inhabilitación  de  derechos y funciones públicas por un  lapso  igual al de la pena privativa de la libertad y al pago de $15.000.000 por  perjuicios  materiales  y  10  salarios  mínimos legales mensuales vigentes por  perjuicios morales.   

          El   defensor  de  los  procesados  JOSÉ  IGNACIO   GARZÓN   GARZÓN   y   JOSÉ   ALEXANDER  YASOS  BOLAÑOS    impugnó    la   decisión   del   a  quo,  por  lo  que el 21 de junio de 2002, el Tribunal  Superior  de Bogotá, reformó la providencia apelada en relación con las penas  principal  y  accesoria, en el sentido de imponerle a cada uno de los inculpados  85  meses  y  10  días de prisión, reduciendo la inhabilitación de derechos y  funciones públicas por un lapso igual al de la pena principal.   

               Los defensores de los procesados  en  el  trámite  del  recurso  de casación, presentaron las demandas sobre las  cuales se pronuncia ahora la Sala.   

        HECHOS   

          El  Tribunal Superior de Bogotá se refirió a los hechos que dieron  lugar  al  proceso  penal  en  contra de JOSÉ IGNACIO  GARZÓN  GARZÓN  y  JOSÉ  ALEXANDER   YASOS   BOLAÑOS,   en   los   siguientes  términos:   

“En  informe  policial  rendido  por  la  Policía  Metropolitana  de  Bogotá,  Estación  Novena  Fontibón,  se dejó a  disposición  del Fiscal de Turno de Engativá a JOSÉ  IGNACIO  GARZÓN GARZÓN, capturado en la misma fecha,  a las 00:45 horas aproximadamente, en la carrera 108 con calle 20.   

Respecto a los motivos de la aprehensión se  dijo  que  la  central de radio de la Policía alertó sobre un presunto caso en  la  carrera  103  con  calle 22; en el lugar, fue encontrado, lesionado, ALBERTO  ENRIQUE  RAMOS  quien  informó  que  cuando  se  disponía  a  tomar un taxi en  compañía   de  la  señora  MERCEDES  MENDOZA  fueron  interceptados  por  dos  individuos  quienes, portando armas cortopunzantes, lo sometieron mientras ésta  logró  huir  buscando  auxilio;  en el lapso fue despojado de una bolsa con sus  pertenencias  y algún dinero en efectivo. Como opuso resistencia los sujetos le  propinaron graves heridas, una de ellas en el abdomen.   

Noticiados  de  las características de los  hombres  y  sus  vestimentas,  dispusieron la búsqueda lográndose aprehender a  una   persona   coincidente  con  las  características  enunciadas,  quien  fue  conducido  hasta  donde  se  encontraba  el  agredido  quien  lo  reconoció  de  inmediato.   

Luego   se   supo  que  al  mismo  centro  asistencial,  a  donde  fue  llevado el herido, llegó el otro atacante quien no  pudo  ser capturado  por haber sido dado de alta luego de su atención; sin  embargo  el capturado informó que su nombre era JOSÉ  ALEXANDER YASOS BOLAÑOS”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          La  investigación penal fue asumida por  la  Fiscalía  19  Seccional  con  sede en esta capital. Recibida indagatoria al  capturado  JOSÉ  IGNACIO GARZÓN GARZÓN,  se  le  resolvió  situación jurídica  mediante  resolución  del  27 de diciembre de 2001, providencia en la que se le  impuso  detención  preventiva  por  los  delitos  de  homicidio tentado y hurto  agravado.    Idéntica    medida    se    dispuso   respecto   de   ALEXANDER   YASOS   BOLAÑOS,  quien  fue  identificado, aprehendido y oído en descargos.   

          El  28 de febrero de 2002 la Fiscalía reconoció como parte civil a  ALFREDO ENRIQUE ARENAS RAMOS.   

           Los  procesados  solicitaron  sentencia  anticipada,  audiencia  que  se  realizó  el  27 de marzo de 2002, en la que se  imputó  a  JOSÉ IGNACIO GARZÓN GARZÓN y    JOSÉ  ALEXANDER  YASO  BOLAÑOS  los delitos de tentativa de  homicidio  en  concurso  con  el  ilícito  de hurto calificado por la violencia  ejercida   sobre   la  persona  y  agravado  por  el  número  de  participantes  (artículos  103, 27, 239, 240 y 241 de la ley 599 de 2000). En la diligencia el  defensor  de  los  procesados  solicitó  el  reconocimiento  de  la  condena de  ejecución  condicional  o la prisión domiciliaria, dado que son aplicables los  artículos 268 y 269 del C.P.   

          La  causa  correspondió  al  Juzgado 39  Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  despacho  que  junto  con  la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de esta ciudad, profirieron los fallos de instancia, de cuyo  contenido   se   dio   razón  en  el  primer  capítulo  de  esta  providencia.   

          La  sentencia  de segundo grado es ahora  objeto  de  examen  en razón a la casación que interpusieron los defensores de  los procesados.   

          LAS  DEMANDAS   

               I.  Demanda  a  nombre  de JOSÉ  IGNACIO GARZÓN GARZÓN.   

               La  sentencia  del  Tribunal  de  Bogotá  es  violatoria  directamente  de la ley sustancial, por interpretación  errónea  de  los  artículos  31,  60  –  4°  y  5°  y  61  del  C.P.,  dado que los límites punitivos se  fijaron  con  base  en  criterios  que no corresponden a los señalados en tales  disposiciones,   además  de  que se dejaron de aplicar los numerales 1° y  6°  del artículo 55 ibídem, que hacen relación a la carencia de antecedentes  penales y al hecho de haberse reparado los perjuicios.   

          El  Tribunal erró al individualizar la pena para el delito de hurto  calificado  y  agravado,  pues  partió  de  un  mínimo de 3 y no de 4 años de  prisión  como lo establece el artículo 240, numeral 4°, inciso 2°, del C. P.  Sobre  el  marco  mínimo legal elegido aplicó equivocadamente la rebaja de los  artículos  268  y  269 ibídem, pues el máximo de la disminución no la dedujo  del  mínimo  de  pena prevista, de ahí que llegó a la conclusión que para el  ilícito  contra  el patrimonio económico el primer cuarto era de 13 meses y 10  días  hasta  23  meses  y  2  días,  los  medios corrían entre la cantidad en  mención  y 43 meses y 4 días y el cuarto final entre esta cifra y 53 meses y 6  días.  La  aplicación  acertada  de las diminuentes en mención conducen a que  por  razón del artículo 268 id. la pena mínima es de 28 meses y la máxima de  120,  en tanto que con la reducción del artículo 260 ib. la pena mínima queda  en  7  meses   y el máximo en 60 meses, por lo que el primer cuarto oscila  entre  7  meses  y  20, 2 meses, los cuartos medios van en meses hasta 46,7 y el  máximo  hasta  60 meses, teniendo en cuenta que la constante de movilidad entre  los cuartos es de 13, 2 meses.   

          Para  efectos  del  concurso el Tribunal  consideró  como  delito  de  mayor  gravedad el homicidio tentado, estimando el  juzgador  que  el  primer  cuarto  oscilaba  entre  78  y 225 meses de prisión,  agregando  el  recurrente  que  como en este caso no se imputaron circunstancias  agravantes,   el   ad  quem  debió partir del mínimo del cuarto de movilidad.   

         

          No obstante afirmarse en el cargo que no  se  formula  reparo  en  relación con la pena  respecto de la tentativa de  homicidio,  se sostiene que el Tribunal estaba obligado en su tasación a partir  del  mínimo  de  78  meses,  resultando  ilegal el incremento de 32 meses sobre  dicha  cifra,  así como también lo es el aumento de los 18 meses por el delito  de hurto calificado y agravado,   

          La  sentencia  de segunda instancia partió de 110 meses de prisión  para  el  delito  contra  la  vida,  sanción que incrementó en 18 meses por el  ilícito  contra  el  patrimonio,  y del guarismo de 128 meses redujo la tercera  parte  por  sentencia anticipada, siendo el resultado de esta operación la pena  impuesta, esto es, 85 meses y 20 días.   

              De otra parte, el fallo de segundo  grado  admitió  la ausencia de antecedentes penales y la reparación voluntaria  del  daño  ocasionado,  por  lo  que el Tribunal estaba obligado a considerar y  aplicar los numerales 1° y 6° del artículo 55 del C.P.   

          Corregidos  los  yerros  en  los que incurrió el Tribunal,  la  pena  que ha debido imponerse al procesado debió ser de 59 meses y 4 días, por  lo  que  la  Corte  al  casar  el  fallo  recurrido  puede  otorgar  la prisión  domiciliaria,  dado  el  quantum  de  la  sanción,  la  conducta  anterior,  la  profesión y el cumplimiento de sus obligaciones familiares.   

          II.  Demanda a nombre de JOSÉ ALEXANDER  YASO BOLAÑOS.   

                   Primer   cargo.   

          La  sentencia  del  Tribunal  de Bogotá  violó   directamente   la  ley  sustancial  al  interpretar  erróneamente  los  numerales 4° y 5° del artículo 60 del C.P.   

               El Tribunal corrigió el mínimo  de  la  pena  del  cual  partió  el a quo  para  el delito de hurto calificado y agravado, asumiendo como tal  3  años  de prisión y al efectuar el incremento ordenando por el artículo 241  del  C.P.,  además  de incurrir en error aritmético, estimó que el mínimo de  la  pena  sería  de 3 años y 4 meses y el máximo de 11 años, lo que a juicio  de  la  recurrente  es  equivocado,  porque  los aumentos en dos proporciones se  deben  aplicar  el  menor  al  mínimo  y  el  mayor  al  máximo de la sanción  prevista,  yerro  que se repitió al hacer las deducciones de los artículos 268  y  269  del  C.P.,  disposiciones  con  base  en las cuales los marcos punitivos  debieron  conducir  a  una  pena de 5 meses y 8 días para el ilícito contra el  patrimonio  económico y no los 13 meses y 10 días que efectivamente determinó  el ad quem.   

          De  otra  parte,  la  segunda  instancia  consideró  que  el  incremento  de  la pena básica elegida por la tentativa de  homicidio  debía  incrementarse  en  18  meses,  lo  cual implica un incremento  superior  a la suma aritmética de las sanciones que individualmente corresponde  al delito de hurto, por el concurso de las conductas punibles.   

               De  no  haberse incurrido en los  yerros  denunciados  la  pena  impuesta  habría  sido  de  76 meses y 28 días.   

Segundo cargo.  

Falso juicio de identidad.  

La  sentencia  de  segunda  instancia violó  indirectamente  la  ley  sustancial  al  tergiversar los dictámenes médicos al  momento  de  dosificar  la  pena  para  el  delito  de  tentativa  de homicidio.   

El dictamen de medicina legal señala que al  paciente  se  le  practicó laparotomía más fabia hepática, lo cual no indica  que  la víctima estuviera próxima a alcanzar el resultado muerte. El contenido  de  la  prueba resulta distorsionado por la decisión recurrida al hacer ver que  de  no haberse prestado la atención hospitalaria el individuo hubiera fallecido  inexorablemente.   

Los jugadores incurrieron en un falso juicio  de  identidad  al  apreciar  el  contenido  de los dictámenes de Medicina legal  obrantes a los folios 19 y 133 (cd. 1).   

Para  la recurrente, el paciente ingresó al  centro  asistencial  el 23 de diciembre y salió el 25 siguiente, deduciendo del  lapso  de  permanencia que las heridas no tenían la gravedad que les otorgó el  juzgado  y  el  Tribunal.  En  apoyo  de  esta  conclusión, trae a colación la  demandante  la  incapacidad  de  35  días  que  fue reconocida como definitiva,  además  de  que  la  deformidad que le quedó a la víctima es una consecuencia  normal de la cirugía.   

Con base en las premisas señaladas se aduce  en  el  cargo  que  los  jugadores  fueron  más  allá de lo que informaban los  dictámenes,  por  lo  que  se  solicita casar la sentencia de segunda instancia  modificando el monto de la pena impuesta.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

               La Procuraduría Segunda Delegada  ante  la Corporación sugiere casar parcialmente el fallo recurrido, con base en  los siguientes argumentos:   

         I. Demanda a nombre de JOSÉ IGNACIO GARZÓN GARZÓN.   

         Respecto del hurto calificado y agravado,  la  Delegada  encuentra  que le asiste razón al recurrente, pues el Tribunal en  forma  errada estimó que la pena para dicho punible fluctuaba entre 3 años y 4  meses  a  11 años de prisión, cuando el inciso segundo del artículo 240-4 del  C.P.  establece  un  mínimo de cuatro años por haberse ejecutado con violencia  sobre  las  personas,  sin  embargo,  respecto  de esta reclamación el actor no  tiene  legitimación  por  estar en contravía a los intereses que se defienden,  dado  que  la  dosificación del Tribunal es inferior a la que determina la ley.  Tal  yerro  no es posible corregirlo en casación en razón a la prohibición de  la reforma peyorativa.   

         Nuevamente    el   ad   quem  erró en la determinación de los límites punitivos para el hurto  al  aplicar  los  artículos  268  y  269  del  C.P.,  pues la deducción debió  obedecer a los parámetros del artículo 60-5 ídem.   

         Los  cuartos  punitivos  reales para el hurto calificado y agravado,  bajo  las  circunstancias  de los artículos 268 y 269 del C.P., tienen un valor  constante  de 9.75, por lo que el primer cuarto va de 5 meses a 14.75 meses, los  cuartos  medios  de  14.75 meses a 34.25 meses y el último cuarto de 34.25 a 44  meses.  Por  tanto,  dado  que  no  concurrían  circunstancias de mayor o menor  punibilidad,    la    pena    debe    fijarse    dentro    del   primer   cuarto  punitivo.   

         El  Tribunal estableció correctamente que la pena más grave era la  del  delito de homicidio en grado de tentativa y no estaba obligado a partir del  mínimo  de  la  pena  básica  (78  meses)  correspondiente  al  primer  cuarto  punitivo,   pues   al   individualizar   la  pena  en  110  meses  ponderó  las  circunstancias a que hace referencia el artículo 61 del C.P.   

         

         El  incremento  de  18  meses  de  la  pena  básica  por razón del  concurso   con  el  delito  de  hurto  rebasó  la  suma  aritmética,  pues  al  individualizarse  la  sanción  para  el  delito contra el patrimonio económico  ésta  se  determinó  con  base  en  el cuarto mínimo, que va de 5 hasta 14.75  meses.   

         Se  evidencia  con  las  anteriores premisas que existió violación  directa  por  errada  interpretación  de  los  artículos  609,  61  y  31  del  C.P.   

         La  Delegada  advierte  que  el  incremento hecho por el Tribunal al  mínimo  de  la pena en el delito contra el patrimonio es equivalente al 45.47%,  el  que  aplicado  al  ámbito  de  movilidad  del  cuarto mínimo da una pena a  imponer  de 9 meses y 13 días, sanción que no se compadece con las deducciones  autorizadas por los artículos 268 y 269 del C.P.   

         De  la  suma de la pena básica del delito de homicidio tentado y el  hurto  calificado  y  agravado  (119  meses  y 13 días) se descuenta la tercera  parte  por haberse acogido a sentencia anticipada, por lo que la pena definitiva  a  imponer  a JOSÉ IGNACIO GARZÓN GARZÓN  queda  en  79.62  meses, esto es, 79 meses y 18 días, debiéndose  casar la sentencia en este sentido.   

         

         II.  Demanda  presentada en favor de JOSÉ ALEJANDRO YASOS BOLAÑOS.   

        Primer cargo.   

         La Delegada se remite a la respuesta dada  a  la  demanda  presentada  en  favor  de JOSÉ IGNACIO  GARZÓN  GARZÓN,  pues  ciertamente  se  incurrió en  interpretación  errónea  de  la ley sustancial, como lo sugiere la recurrente,  debiéndose  casar  parcialmente la sentencia recurrida en el sentido de imponer  al procesado una pena de 79 meses y 18 días.   

        Segundo cargo.   

         La  demandante  no  demostró  el  falso  juicio  de  identidad que le atribuyó al fallador, dedicó la fundamentación a  presentar  su  particular forma de apreciar la atención intra – hospitalaria de  Alfredo  Enrique  Arenas  y  minimizar  el  alcance del atentado contra la vida,  desnaturalizando el sentido del cargo.   

                 De  otra  parte,  la  Delegada  encuentra  acertadas  las  consideraciones  del  fallador  en  relación  con el  incremento  de  32  meses  en  relación  con  la  pena  individualizada para la  tentativa de homicidio.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

                

         I.   Demandas  presentadas  a  nombre  de  JOSÉ  IGNACIO  GARZÓN GARZÓN y primer cargo de la  formulada en nombre de JOSÉ ALEXANDER YASOS BOLAÑOS.    

                                        

         Resulta  indispensable  examinar conjuntamente los cargos formulados  en   las   demandas   de   casación   presentadas   a  nombre  de  JOSÉ  IGNACIO GARZÓN GARZÓN y el primer  reproche  de la formulada en nombre de JOSÉ ALEXANDER  YASOS  BOLAÑOS,  dado  el sentido de la decisión que  debe adoptar la Sala a ese respecto.   

               1. Dosificación de la pena en la  sentencia del Tribunal   

         Para  efectos  de  establecer  si  se incurrió en los yerros que se  denuncian  por  los  recurrentes,  resulta  pertinente  hacer  referencia  a  la  dosificación  de  la  pena  realizada  en el fallo proferido por el Tribunal de  Bogotá.   

        El  ad quem, con  base  en  los artículos 31, 60 y 61 del C.P., individualizó la pena impuesta a  JOSÉ    IGNACIO    GARZÓN    GARZÓN    y    a    JOSÉ   ALEXANDSER   YASOS  BOLAÑOS, aduciendo como razones:   

               En  la  tentativa  de  homicidio  (artículos  103  y 27 del C.P.), partió de un marco legal de 78 a 225 meses de  prisión,  precisando que el primer cuarto oscilaba entre 78 meses a 114 meses y  22  días,  por  citar  únicamente  el  que  corresponde al asunto sub judice.   

        En  el hurto calificado y agravado, puntualizó que el artículo 240  del  C.P.  señala una pena de 3 años (no de cuatro años como lo significó el  a   quo)  a  8  años  de  prisión,  la  que  incrementada  en los términos del artículo 241 Ib. (de una  sexta  parte  a  la  mitad) da un marco legal punitivo de 3 años y 4 meses a 11  años  de  prisión,  el que se reduce de una tercera parte a la mitad en virtud  de  lo  establecido  por  el  artículo 268 Ib. quedando el marco referido en 26  meses  y  20  días  a  71 meses de prisión, el que a su vez se disminuye de la  mitad  a las tres cuartas partes en razón del artículo 269 del Estatuto Penal,  obteniéndose  un  marco  punitivo  final  para  el  delito contra el patrimonio  económico de 13 meses y 10 días a 53 meses y 6 días de prisión.   

         Con  base  en  el  artículo  31  del  C.P. se tomó la tentativa de  homicidio   como  ilícito  de  mayor  gravedad,  que  por  no  haberse  aducido  agravantes,   le  permitió  al  ad  quem  tasar  la pena con base en el cuarto mínimo que oscila entre 78 y  114  meses  y  22 días, pero dada la gravedad de las lesiones y las condiciones  en  que  se  ejecutó  el  hecho,  se partió de 110 meses de prisión como pena  básica,  guarismo que por razón del concurso con el delito de hurto calificado  y  agravado se incrementó en 18 meses de prisión. De los 128 meses resultantes  de  las  operaciones en mención dedujo la tercera parte por haberse acogido los  incriminados  a  sentencia  anticipada,  para  imponer finalmente una pena de 85  meses  y  10  días  de  prisión,  reformando  en  este sentido la decisión de  primera instancia.   

         

        2.   Individualización  de  la  pena  conforme  a  la  ley  599  de  2000.   

         El  proceso  de individualización de la pena, conforme a la ley 599  de  2000,  impone al funcionario judicial fijar los límites mínimos y máximos  en  los  que le es dable moverse en un asunto dado, considerando la concurrencia  de  circunstancias  modificadoras  y  los  criterios para fijar la sanción. Con  este  procedimiento  el  sentenciador debe definir el ámbito de movilidad y los  cuartos  punitivos  para  cada  ilícito. Determinados los topes de la sanción,  habida   consideración   de  los  tipos  básicos,  especiales  y  subordinados  concurrentes,  se aplican los incrementos con base en los artículos 61 y 67 del  C.P.  Es  con  respecto  a  ésta  pena  considerada  como  la más grave y así  individualizada,  sobre  la  que opera el incremento autorizado por el artículo  31  del  Código Penal, la por lo tanto no puede exceder el doble de la estimada  en  concreto  en  el  caso  particular  mediante  el  método indicado, ni puede  resultar  superior  a  la  suma  aritmética  de  las que corresponderían si el  juzgamiento  se  realizara  separadamente  para  las  distintas infracciones, ni  superar  los  40  años de prisión de que trata el inciso segundo del artículo  31 de la Ley 599 de 2000.   

         3. El caso concreto.   

         3.1.  A  JOSÉ  IGNACIO    GARZÓN    GARZÓN   y   a   JOSÉ  ALEXANDER  YASOS  BOLAÑOS  se les  imputaron  los  delitos de tentativa de homicidio y hurto calificado y agravado,  reclamando  los recurrentes la corrección de los yerros que por interpretación  errónea  cometió  la  decisión  de  segunda  instancia,  en  relación con la  individualización  de  la  pena  respecto  del  delito  de  hurto  calificado y  agravado,  vinculados  con  el mínimo de la pena elegido, la determinación del  quantum  de  los  cuartos  y  las  deducciones  punitivas  establecidas  en  los  artículos  268 y 269 del código penal, así como respecto del incremento de la  pena  básica  por  el  delito  concurrente,  además  del  reconocimiento de la  condena  de ejecución condicional o prisión domiciliaria y, de la denuncia que  hace  el  primero de los actores en mención, en el sentido de haberse dejado de  aplicar  las  circunstancias  de  menor punibilidad relacionadas con la conducta  anterior y la reparación del daño.    

         3.2. El Tribunal al individualizar la pena  para  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  a pesar de admitir que el  ilícito  se  calificaba  por haberse cometido con violencia sobre las personas,  estimó  que  la pena mínima prevista era de 3 a 8 años de prisión, cuando lo  cierto   es   que,   el   inciso   segundo   del   artículo   240  –  4  de la Ley 599 de 2000 establece en  tales  casos  una  pena de 4 a 10 años de prisión, por lo que la decisión del  ad   quem  en  este  caso  vulneró  el  principio  de  legalidad  de las penas, aspecto que por agravar la  situación  jurídica  de  los  procesados  es  asunto  para  el  cual no están  legitimados  en su reclamación los demandantes, como acertadamente lo advirtió  la  Delegada,  lo  cual  no  obsta  para  que  la  Sala,  conforme  al  criterio  mayoritario, ajuste a derecho dicho desacierto.   

                  Pero,  además,  ha  de  subrayarse,  que  el  ad quem  erró  en  la  operación  matemática  para  calcular  el marco punitivo por el  incremento  de la agravante del artículo 241 del C.P., pues lo estableció de 3  años  y  4  meses a 11 años de prisión, cuando corresponde a un lapso de 56 a  180  meses  de  prisión, con lo cual se quebrantó el numeral 4° del artículo  60 ibídem.   

               De  otra  parte,  al  aplicar el  ad  quem  las  diminuentes  punitivas  establecidas  en  los  artículos  268  y 269 del C.P., que encontró  viables  en  este  asunto, no dedujo correctamente las proporciones, esto es, la  mayor  al  mínimo  y la menor al máximo de la pena prevista, como lo indica el  numeral  quinto  del  artículo  60  del  ibídem,  por  lo que concluyó con la  primera  de  las  disposiciones en mención que el marco punitivo oscilaba entre  26  meses y 6 días a 71 meses de prisión, siendo que corresponde a un lapso de  28  a  120  meses  de  prisión  y,  con la segunda de las normas citadas, dicho  guarismo  se estimó por el  Tribunal de 13 meses y 10 días a 53 meses y 6  días  de  prisión,  siendo que el ámbito era de 7 a 60 meses de prisión. Por  esta  vía, tales desaciertos incidieron en el resultado del cálculo de la pena  por  el  descuento  a que los incriminados tenían derecho por haberse acogido a  sentencia anticipada.   

         Los  yerros  del  Tribunal  en  relación  con  el  delito contra el  patrimonio  económico  se  corrigen  considerando  como  marco punitivo para el  delito  de  hurto  calificado por la violencia sobre las personas (artículo 240  –  4, inciso segundo de la  ley  599  de  200)  una  sanción  de  4  a  10  años  de  prisión,  no la del  ad  quem  que  partió de 3  años,  violando  el  principio de legalidad. Esta sanción se incrementa de una  sexta   parte   a  la  mitad  por  agravarse  la  conducta  por  el  número  de  participantes  (artículo  241-10 ib.), quedando en 56 meses el mínimo y en 180  meses  el  máximo,  aplicando lo normado en el numeral 4° del artículo 60 del  Estatuto  en  mención. Al descontar la diminuente del artículo 268 del código  de  penas  reconocida  en  el  fallo  de  segundo  grado, en las condiciones del  numeral  5°  del artículo 60 ejusdem, se tiene que el marco de punibilidad, es  de  28 meses el mínimo y 120 meses el máximo. En consecuencia, y dado que debe  imponerse  en este caso el mínimo de la pena, la sanción por el hurto queda en  28  meses de prisión, guarismo éste que se reduce por la conducta posdelictual  en  los  términos del 269 del C.P., quedando finalmente como pena imponible por  el delito contra el patrimonio 7 meses de prisión.   

                              

                       3.3.  Los  reparos  hechos  a  la  individualización  de la  pena  por  la  tentativa  de  homicidio  son  infundados,  pues  el  Tribunal  no estaba obligado a tener como pena básica el menor de los  guarismos  del  cuarto  mínimo  que oscila entre 78 a 114.75 meses de prisión,  dado  que  en  este  caso halló razones valederas para partir de 110 meses como  pena   básica   a  imponer,  prohijando  para  tales  efectos  los  fundamentos  esgrimidos  por  el  a  quo,  relacionados  con criterios que están autorizados por el artículo 61 del C.P.,  conclusión   que   la   primera   instancia   sustentó   en   los   siguientes  términos:   

“Este quantum así intensificado, obedece  a  la  gravedad de las lesiones que le ameritaron una incapacidad a la víctima,  de  35  días,  con  una deformidad física en el cuerpo, igualmente a que no se  limitó  la  violencia  a una sola cuchillada, sino a varias, porque el dictamen  revela  dos  heridas  abdominales,  y Alfredo Enrique, comentó, que también le  habían  causado otra en el hombro. Esta actividad, desarrollada por los sujetos  activos  de los punibles está indicando su decisión irrevocable de tronchar la  vida  del  sujeto  pasivo, por lo que la tentativa se aproximó al máximo de la  consumación,  valga  decir,  que  hicieron  hasta  lo imposible para cumplir el  cometido,  sin lograrlo obviamente por la reacción valerosa del ofendido y ante  su  propia  persuasión  de  ser eliminado, por que (Sic) los involucrados se lo  habían  anunciado  aduciendo  que  les  habían  visto  la  cara  y tenían que  “matarlo”.  Entonces, el dolo alcanzo su mayor grado que permite también la  ubicación  punitiva  en  el  límite  señalado  (110  meses).  Ahora, el daño  ocasionado  a  la  víctima, fue real, y con una gravedad superlativa. Retomando  el  tema del dolo, debe destacarse que su intención no se limitó a un atentado  contra  la  propiedad, o sea, despojar al transeúnte de sus bienes, sino que en  forma  despiadada  atentan  contra  su  vida,  demostrando con este proceder una  mayor   insensibilidad   moral   y  un  desprecio  absoluto  por  la  existencia  ajena”.   

         Los  falladores  no  interpretaron erróneamente los artículos 60 y  61  del  C.P.  al incrementar el mínimo de la pena en la tentativa de homicidio  de  78  a  110  meses  de  prisión,  esta  decisión  resulta  ajustada  a  los  parámetros  establecidos  en tales disposiciones, pues el criterio expresado en  los  fallos  de  instancia estuvo determinado por la gravedad de la conducta, el  daño  real  y  potencial  creado,  la intensidad del dolo y la aproximación al  momento   consumativo,  dado  que,  a  decir  del  ad  quem,  de  “no haber sido  por   la  rápida  intervención  hospitalaria  el  resultado  hubiera  sido  el  fallecimiento  en  tanto  que  la  puñalada  afectó  el hígado que es órgano  vital”.   

         

         3.4. El Tribunal  de  Bogotá  al dosificar la pena por el concurso de los delitos de tentativa de  homicidio  y  hurto  calificado y agravado, acertó al elegir el atentado contra  la  vida  como  ilícito con sanción de mayor gravedad, fijando la pena básica  en  110  meses  de  prisión,  dado  que  no concurrían circunstancias de mayor  punibilidad  y  habida  consideración  a  los  fundamentos  establecidos  en el  artículo 61 del C.P.   

         Sobre  la regla de la pena básica señalada en el párrafo anterior  se  deben  aplicar  las  limitaciones  que establece el  artículo 31 del Código Penal, para fijar la sanción  por  el  concurso de la tentativa de homicidio y el hurto calificado y agravado,  pues  el  incremento  autorizado  no  puede  exceder  el doble de la estimada en  concreto  en  el  caso  particular  para la pena más grave ni ser superior a la  suma  aritmética de las que corresponderían a las infracciones individualmente  consideradas,  ni desconocer el límite de los 40 años de prisión de que trata  el inciso segundo del artículo 31 de la Ley 599 de 2000.   

              La individualización de las penas  para  las  conductas  delictivas  que  concursan  es determinante para elegir la  penalidad  más  grave,  a  la  vez  que  constituye elemento indispensable para  cuantificar  la  condición  que  corresponde a la prohibición de no superar el  doble  de  su suma aritmética. Esta adición fue aspecto que se mencionó en el  artículo   31   del   C.P.   como   criterio   para   definir  el  límite  del  aumento.   

         El  Tribunal, como acaba de señalarse, fijó como pena básica para  el  delito  de  tentativa  de  homicidio  110  meses  de  prisión, sanción que  incrementó  en  18  meses por concurrir el hurto calificado y agravado, para un  total  de  pena  de 128 meses de prisión, de los cuales se dedujo la rebaja por  haberse   acogido   los   incriminados   a   sentencia   anticipada.  Ha  de  aclararse,  que  los 18 meses de  prisión  equivalen  al  aumento por el delito concurrente más no a la pena que  individualmente  corresponde  al  hurto,  como equivocadamente lo entendieron la  Delegada y los recurrentes.   

              La Procuraduría y los impugnantes  descalifican  el incremento de los 18 meses por el concurso, afirmando, primero,  que  ese  guarismo  fue  el monto de la pena individualmente considerada para el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado, lo cual no es cierto, pues esa cifra  corresponde  al  incremento  por el concurso y no a la pena individualizada para  el hurto, como se aclaró antes.   

                El incremento punitivo que  se  hizo  en  la  sentencia  de segunda instancia por el concurso delictivo y al  cual  se  ha  hecho referencia, no excede el doble de la pena estimada como más  grave  (que  en este caso serían más de 220 meses), como tampoco excede los 40  años,  límite  máximo  de  la pena de prisión, pero si es superior a la suma  aritmética  de  la  que  corresponde  individualmente a la conducta punible que  concursa,  por  lo que el incremento de los 18 meses vulnera las previsiones del  artículo 31 del C.P.   

         Ahora bien, conforme a la crítica de los  actores  y  la  Delegada,  resulta  cierta  la  equivocada  interpretación  del  artículo  31  del  C.P.  que  se le atribuye al Tribunal, si se tiene en cuenta  que,  el  incremento  punitivo en el concurso es superior al guarismo que podía  sumarse   a   la   pena   básica  y  que  está  determinado  por  la  sanción  individualizada  del  hurto  calificado  y  agravado,  pues habiendo admitido el  fallador  que  no  concurrían  circunstancias  de agravación punitiva y que la  sanción  se  ubicaba en el cuarto mínimo (13 meses y 10 días hasta 23 meses y  2  días),  ha  de  asumirse, por no haberse concretado tal aspecto en el fallo,  que  la cifra menor de la citada proporción es la pena para el delito contra el  patrimonio,  y, en consecuencia, el aumento no podía ser superior de 13 meses y  10 días.   

               El error en los cálculos de los  marcos  punitivos  del  delito  de  hurto  calificado  y agravado, al hacerse el  ajuste  punitivo  establecido  en  el artículo 241 del C.P. y las disminuciones  punitivas  de los artículos 268 y 269 ibídem, repercutió considerablemente en  el  incremento  punitivo que correspondía hacerse para efectos del concurso, al  imputarse  una adición de 18 meses de prisión, que corresponde a un incremento  del   137%,   superándose   en   un   37%   el   guarismo  máximo  que  podía  aplicarse.   

          Haciendo   la   estimación   para  el  incremento   en   el  concurso  sobre  los  guarismos  y  marcos  punitivos  que  corresponden,  una vez corregidos los yerros en los que incurrió el juzgador en  su  tasación,  a  los  cuales  se  hizo  referencia  en el numeral 3.2. de este  acápite,  se tiene que el incremento por el concurso del hurto calificado, dada  la  naturaleza  y  la cantidad de pena que corresponde individualmente al delito  contra  el  patrimonio  económico, no puede ser superior a 7 meses de prisión,  quantum  equivalente  al  máximo en que puede adicionarse la pena básica en el  concurso.  Por  tanto, de esta cifra, para ajustar a la legalidad el incremento,  debe  descontarse  el  exceso  del  37%  en  el  que  incurrió  el ad   quem,   por  lo  que  deducido  ese  porcentaje  de  los  7  meses  de  prisión,  se  tiene  que el incremento en el  concurso en este caso debe ser igual a 4 meses y 13 días.   

         En  consecuencia,  la  pena  básica de 110 meses de prisión por la  tentativa  de  homicidio, debe incrementarse en 4 meses y 13 días por el delito  concurrente  de  hurto  calificado  y  agravado,   quedando una pena de 114  meses  y  13 días de prisión, cifra de la cual debe deducirse la tercera parte  (38  meses  y  4  días)  en razón a que JOSÉ IGNACIO  GARZÓN   GARZÓN  y  JOSÉ  ALEXANDER  YASOS  BOLAÑOS  se  acogieron  a sentencia  anticipada  en  la  fase del sumario, por lo que finalmente la pena privativa de  la  libertad  que debe imponerse a los procesados en mención es de 76 meses y 9  días  de  prisión, lapso al cual debe ajustarse la inhabilitación de derechos  y funciones públicas.   

                                                 En  los  términos  aludidos  se  casará  parcialmente la sentencia  recurrida.   

                                   El  a  quo  no  informó  a  la  Corporación  sobre  la  situación  jurídica  de los procesados, razón por la  cual,  se  remitirá el expediente a su despacho, para que adopte las decisiones  que  correspondan respecto a quienes estén privados de la libertad o remita las  diligencias  al  juez  de  ejecución  de  penas,  según  sea  el caso, dada la  decisión que adopta la Sala en esta providencia.   

         3.5.    Se   sostiene   en   la   demanda  de  JOSÉ  IGNACIO  GARZÓN  GARZÓN   que   el  Tribunal  dejó  de  aplicar  las  circunstancias  de  menor punibilidad relacionadas con la conducta anterior y la  reparación  del  daño,  previstas  en los numerales 1° y 6° del artículo 55  del  C.P., aseveración que es infundada, dado que éste último numeral resulta  inaplicable  en  la  medida en que la reducción punitiva se hizo con base en la  circunstancia  específica  de  atenuación prevista en el articulo 269 ídem y,  de  otra  parte, en relación con el numeral 1º del artículo en mención, debe  subrayarse  que  la  elección  del  cuarto  mínimo para graduar la punibilidad  obedeció  al  hecho  de  concurrir  circunstancias  de  atenuación, condición  perentoria  impuesta por el artículo 61 del C.P. para  que  la  movilidad  se  dé  en el primer cuarto de la  pena, tal y como se obró en los fallos de instancia.   

         3.6  La pretensión casacional relacionada  con  el  otorgamiento  de  la  condena  de  ejecución condicional o la prisión  domiciliaria,  no  fue  desarrollada, por lo que no se demostró yerro alguno en  la  decisión del ad quem que  deba    ser    corregido    por    la    Sala.   Además,   tales   mecanismos   no   operan   ope   legis,  ni     con  la  sola modificación de la pena que se introduce por la Sala  en esta providencia.   

              II. Segundo cargo de la demanda  formulada en nombre de JOSÉ ALEXANDER YASOS BOLAÑOS.    

                                              La  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en  la  apreciación probatoria, derivada del falso juicio de identidad, se presenta  cuando  al  apreciar el contenido fáctico objetivo de la evidencia, el fallador  lo  tergiversa,  cercena  o  adiciona,  poniéndolo a producir efectos que no se  desprenden  de  su  texto.  En  su demostración se exige que la demanda exprese  qué  dice  el  medio,  qué  dijeron  los  juzgadores,  en  qué  consistió el  desacierto   y  cómo  repercutió  en  la  parte   resolutiva  del  fallo.   

                                            

                                              En  la  situación  sometida  a  estudio de la Sala se reprochó el  fallo  del  Tribunal con base en un falso juicio de identidad, el que se vincula  con  el contenido de los dictámenes de Medicina Legal,  al  hacerse  ver  en  la  sentencia  recurrida  que  de  no  haberse prestado la  atención  hospitalaria  al  individuo hubiera fallecido inexorablemente, lo que  no  se  infiere  de  las  pericias, en razón a la fecha de ingreso y salida del  paciente  y  la  incapacidad reconocida, por lo que no  era  dable  incrementar  considerablemente  la  pena  mínima  para el delito de  tentativa de homicidio.   

                                                 En  los  considerandos de la sentencia del Tribunal se hizo alusión  a  que la víctima recibió una herida que afectó el hígado, órgano vital, de  ahí  que  se estimara la agresión como un atentado serio y contundente, de una  decisión  irrevocable  de  segar  la vida de ALFREDO ENRIQUE ARENAS, trance que  fue  superado  por  la eficaz atención hospitalaria que se le brindó, en donde  se   debió   practicar   una   laparotomía  para  impedir  e  interrumpir  las  consecuencias  letales  que se gestaban con la lesión de no haberse intervenido  inmediatamente.  Esta  situación  corresponde objetivamente a lo revelado en la  historia  clínica  visible  a  los folios 3 a 19 del Cd. 1. y que es indicativa  del  grado  de  aproximación  de  la  conducta del agente a la consumación del  hecho.   

                                              Las  conclusiones  de  la  providencia  de segundo grado, según el  demandante,  obedecen  a  una distorsión de la prueba, sin embargo, al ocuparse  de  su  demostración  señala  que  la  individualización  de  la pena para la  tentativa  de  homicidio  no  es  la  mas  justa  ni  corresponde  a la realidad  probatoria,  pues  no está acreditada la proximidad a la muerte de la víctima,  aseveración  que  sustenta en la incapacidad definitiva reconocida en el tiempo  que  estuvo el paciente en el hospital, premisas con las cuales lo que evidencia  es  su  inconformidad  con  la decisión y una visión diferente al criterio del  juzgador,  pero  no  demuestra  que éste haya incurrido en error corregible por  vía de casacional a ese respecto.   

                                              La  impugnante  no demostró el error atribuido al fallo de segunda  instancia  en  la  contemplación  de  la historia clínica y los dictámenes de  Medicina Legal, por lo que el cargo no prospera.   

                                En  mérito  de lo expuesto, la  Sala  Penal de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia en nombre de  la República de Colombia y por autoridad de la ley,   

                              RESUELVE   

                                              Primero.  Casar  parcialmente  la sentencia proferida el el 21 de junio  de  2002  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá, la que fue recurrida por los  defensores     de     JOSÉ     ALEXANDER     YASOS  BOLAÑOS  y  JOSÉ  IGNACIO  GARZÓN GARZÓN.   

Segundo. Condenar a  JOSÉ    ALEXANDER    YASOS    BOLAÑOS     y     JOSÉ     IGNACIO    GARZÓN  GARZÓN  a  la  pena  principal  de  76 meses y 9  días   de   prisión,   lapso   al   cual  se  debe  reducir  la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas,  modificándose  en este  sentido  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  las  razones  expuestas en la parte motiva de esta providencia.   

                                                 Tercero.   regrese   la   actuación   al  funcionario competente.   

                                                 Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

         

         

                   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                   ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                           

ÁLVARO        O.       PÉREZ  PINZÓN                                              JORGE LUIS  QUINTERO     MILANÉS                     

Salvamento parcial de voto  

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                        MAURO  SOLARTE PORTILLA   

           Permiso   

                   TERESA  RUIZ NÚÑEZ   

                                     Secretaria   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

(Casación No. 20.450)  

La  Corte  empeoró  la  situación  del  procesado,  como  se  desprende  de  sus  reflexiones  en  el  punto 3.2. de las  consideraciones de la sentencia, páginas 13 y siguientes.   

Y  no  podía  hacerlo  ante  condenados  impugnantes  únicos,  porque  del  artículo  31  de  la  Carta emana la pureza  íntegra  de  la  prohibición  de  la reformatio in  peius;  porque  no hay pugna entre los principios de  legalidad  y  de  prohibición  de  la  reformatio in  peius,  pues  este  no  es más que una excepción a  aquél;    porque    la    concreción  del  veto  al empeoramiento de la situación del condenado es de  mayor  trascendencia  que  la  abstracción  de  la legalidad del delito y de la  pena;  porque tanto el axioma de la legalidad como el postulado de la no reforma  en  peor  integran,  con  otros derechos, el debido proceso, es decir, la amplia  legalidad;   porque   si   hubiera   –que  no  la  hay-  colisión  entre legalidad y prohibición de la  reformatio   in  peius,  primaría  ésta  porque  es  derecho  fundamental  específico  y,  por  tanto,  inalienable;  porque  en  un  Estado  social  y  democrático de derecho lo más  importante  es el hombre y sus derechos; porque el principio de legalidad nació  para  proteger  a  las personas sometidas a proceso y a todos los ciudadanos, de  los  eventuales  abusos  del  poder  y,  por  tanto,  no  puede ser utilizado en  determinados casos en contra éstas; etc.   

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

22. 7. 2005.  

    

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