20427(29-01-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20427   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 04.  

          Bogotá   D.C.,   veintinueve  (29)  de  enero  de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado  JOSE  GREGORIO  RAMOS  FUENTES, contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Montería  el  8  de  julio  de  2002,  mediante  la cual confirmó el fallo dictado por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Lorica  que  lo  condenó, junto con  ABDÓN JOSÉ MORALES PÁEZ, a  la  pena  principal  de  veintiocho  (28) años de prisión, a las accesorias de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas, y suspensión de la patria  potestad  por diez (10) años, y al pago de la indemnización por los perjuicios  causados,  al  encontrarlo  responsable  en calidad de coautor de los delitos de  homicidio  en  Félix José Arteaga Correa,  en  concurso  con  el de hurto agravado y calificado acaecidos en  las  horas  de  la  madrugada  del  17  de  diciembre de 1998 en el municipio de  Lorica.   

LA DEMANDA  

El  censor  plantea  un solo cargo contra el  fallo  de  segundo  grado  al  amparo  de  la causal primera de casación cuerpo  segundo,   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  determinada  por  “errores  de  hecho,  por falso juicio de identidad,  por  haber  el  sentenciador distorsionado la confesión, violando las reglas de  la sana crítica”.   

Para   demostrarlo   señala   el   actor:  “Discrepo en la apreciación de los hechos derivados  de   la   confesión   que   hace  el  a  quen  (sic),  porque   considero   que   los   tergiversa,   deduce  indebidamente  de  ella  el  previo propósito criminal de matar y hurtar de los  encartados,    revelados    por   la   confesión   de   JOSE   GREGORIO   RAMOS  FUENTES”.   

          Igualmente  expresa  que  “el fallador de  segunda  instancia,  incurre  en  un  error de hecho, al apreciar la confesión,  haciéndola  producir  efectos probatorios que no tiene, al falsear el contenido  fáctico  de  este medio, conduciéndolo en dirección a una decisión diferente  a  la  realidad  procesal,  carente  parcialmente  de  motivación  y  por tanto  produciendo  como  efecto  culminante,  la  aplicación  de  una pena mayor a la  merecida por el encartado”.   

          Y   agrega   que   “es  falso  y  viola  principios  lógicos  los  hechos  que  el  tribunal  da por probados según los  cuales  JOSE  GREGORIO  RAMOS  FUENTES y ABDÓN hayan actuado mediante concierto  previo  con  el  propósito  criminal  de  matar  y  hurtar al profesor, llevado  además  de  la  cuerda  de  nylon,  el  arma, con la que asestaron las mortales  heridas  al  profesor y la cinta adhesiva que impusieron en la boca de este para  eliminar cualquier grito de auxilio”.   

          También   indica   que  “es  absurdo  e  ilógico  que  dos  personas  concierten  atracar y matar a FELIX y uno de ellos  luego  darle  (sic)  la  primera  puñalada,  le  diera el arma al otro para que  también  lo  apuñalara,  las reglas de la experiencia nos enseñan que esto no  es  así,  si  ambos  hubieran  actuado en ese accionar el dictamen pericial del  médico  legista  hubiera mostrado un rastro de mucha más violencia”.   

          Entonces,   procede  el  demandante  a  analizar  el  testimonio  de  Warrione  Puello  Tordecilla,  para   concluir   que  “si  el  juzgador  interpreta  correcta  e  integralmente el testimonio de PUELLO en conjunto con la confesión  de  JOSE  GREGORIO  RAMOS,  verá  que los hechos que revela esa confesión, son  concordantes  con el testimonio de WARRIONE PUELLO en el sentido de reconocer su  participación    en    el    homicidio    y    no    su    autoría”.   

          Además,     acerca    de    la    indagatoria    de    ABDÓN    JOSÉ    MORALES   expone   que  “la  idea  de divertirse en esa forma es difícil de  creer,  por ser ilógica no lleva un hijo conductor, no revela un motivo y estar  contra  las  reglas  de la experiencia y de la sana crítica en contraste con la  de JOSE GREGORIO…”.   

          Luego,  el  casacionista  asevera que “va  contra  la  sana  crítica la motivación el Tribunal al decir que por encontrar  una  cuerda  en  el  lugar  de  los  hechos, esto sirva para demostrar elementos  subjetivos  del  homicidio,  a  lo  sumo  del  hurto  porque  la víctima no fue  estrangulada”.   

Con  fundamento  en  lo anotado, el defensor  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  impugnado,  y  en  su lugar condenar a  JOSE GREGORIO RAMOS FUENTES a  la  pena  principal  de veintitrés (23) años y ocho (8) meses como coautor del  delito  de hurto calificado y agravado, y como cómplice del delito de homicidio  agravado  en  Félix  José Arteaga Correa.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La Sala ha precisado reiteradamente en punto  de  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial determinada por errores de  hecho,  que  estos  se  presentan  cuando el juzgador se equivoca al apreciar la  prueba,  bien  sea porque obrando en el proceso omite valorarla (falso juicio de  existencia  por  omisión);  ya  porque  sin figurar en la actuación supone que  allí  aparece  y la tiene en cuenta en su decisión (falso juicio de existencia  por   suposición);   ora   porque  al  considerarla  distorsiona  su  contenido  cercenándola,  adicionándola  o  tergiversándola (falso juicio de identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en  alguno  de los yerros referidos deriva del  medio  probatorio  deducciones  que  contravienen  los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o las  reglas de la experiencia (falso raciocinio).   

Cuando  el  actor  invoca el falso juicio de  identidad  le corresponde, mediante el cotejo de lo dicho en el medio probatorio  y  lo asumido en el fallo, resaltar sin ambages qué fue cercenado, adicionado o  tergiversado  de  la  prueba,  qué efectos se produjeron a partir de ello, y lo  más   importante,   destacar   cuál  es  la  trascendencia  del  error  en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  la  parte  resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico que no puede ser demostrado con la exposición subjetiva de su  parecer  sobre  la  apreciación  de  las  pruebas,  pues  menester  resulta que  objetivamente  acredite la existencia del yerro y que este condujo a la falta de  aplicación  o  a la aplicación indebida de la ley sustancial en el fallo, esto  es,  que  corregido el error, la prueba debidamente valorada en conjunto con las  demás     modifica    sustancialmente    el    sentido    de    la    decisión  reprochada.   

Si  el  ataque está dirigido a acreditar un  error  de hecho por falso raciocinio, compete al demandante indicar qué dice de  manera  objetiva  el  medio  probatorio, qué se infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar la proposición lógica, la  regla  científica,  o  el  supuesto  de  experiencia  que  debió considerarse,  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada,  y  finalmente, demostrar la trascendencia del error  expresando  con claridad cuál debe ser la correcta inferencia de la prueba, con  la  indeclinable obligación de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar  a un fallo esencialmente diverso y opuesto al censurado.   

Además de lo expuesto, de conformidad con el  principio  de  claridad y precisión que rige la presentación y fundamentación  del  cargo  en  este  trámite,  corresponde  al  actor  dentro de la violación  indirecta  de  la ley sustancial por errores de hecho, identificar la especie de  yerro  que  reprocha  y  conforme  a ello desarrollar la censura, dado que no se  aviene  al  referido  principio  que  respecto  de la misma prueba y en el mismo  reproche,  o  en  otro  postulado  sin  señalar  su  prioridad,  se confunda la  argumentación    y    acreditación    propias    de    errores   de   distinta  especie.   

En  el asunto objeto de estudio evidencia la  Sala  sin  dificultad  que  el  defensor  presenta  el cargo sin sujeción a las  obligaciones anotadas, por las siguientes razones:   

Desde la misma postulación de la censura se  advierte  la confusión del casacionista al señalar que la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  fue  producto de “errores de  hecho,  por  falso  juicio de identidad, por haber el sentenciador distorsionado  la   confesión,   violando   las   reglas   de   la  sana  crítica”,  pues  presenta  simultáneamente  y  de  manera  indebida  dos  especies  de  error,  por  falso juicio de identidad y por falso raciocinio, que  como  atrás  se dijo, son sustancialmente diferentes y conllevan demostraciones  también  diversas,  el primero en cuanto producto de la adición, cercenamiento  o  tergiversación  de  la prueba, el segundo, por tratarse de las deducciones o  conclusiones    equívocas    que    el    funcionario    extrae    del    medio  probatorio.   

Aunque   el   censor   indica  los  medios  probatorios  sobre  los  que  estima  recayó el yerro denunciado (confesión de  JOSE    GREGORIO   RAMOS,  testimonio  de  Warrione Puello Tordecilla,    indagatoria    de   ABDÓN   MORALES  PÁEZ  y  protocolo  de  necropsia),  no  se detiene a  señalar   puntualmente   los  apartes  que  fueron  adicionados,  cercenados  o  tergiversados,  pues  sólo  se esfuerza por cotejar su particular apreciación,  con  la valoración que de ellos efectuaron los falladores, proceder inadmisible  técnicamente  en  sede  de  casación,  en  cuanto es preciso demostrar errores  trascendentes  de los funcionarios judiciales en el fallo, para lo cual no basta  la   simple   discrepancia  de  criterios,  cuya  propuesta  corresponde  a  las  instancias.   

          Adicional  a  lo expuesto, el impugnante no señala respecto de cada  una  de  las  referidas pruebas que relaciona, si el ad  quem omitió apreciarlas, las tuvo en cuenta sin estar  presentes  en  la  actuación,  las  adicionó, cercenó o tergiversó, o si con  quebranto  de  las  reglas  de la lógica, la ciencia y la experiencia arribó a  conclusiones  equívocas  a partir de ellas, pues indistintamente afirma que las  pruebas  fueron  tergiversadas,  que  se  extrajeron  conclusiones ilógicas del  recaudo  probatorio,  o  que  se violaron las reglas de la experiencia, proceder  confuso que impide conocer con exactitud el reproche formulado.   

Y  aún más, el censor expresa que el fallo  atacado       carece       “parcialmente      de  motivación”,  reproche  que  corresponde a un error  in  procedendo  que debe ser  presentado  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, que no postuló, y  tanto menos desarrolló.   

También  es  evidente  que  el  defensor no  realiza  ningún esfuerzo por acreditar la trascendencia de los supuestos yerros  en  el  fallo,  esto  es,  no  demuestra  que  la  corrección  de  la  falencia  determinaría  una  sentencia  sustancialmente  diversa  a  la  impugnada,  pues  olvidando   que   la  libre  apreciación  de  las  pruebas  por  parte  de  los  funcionarios  judiciales  únicamente se encuentra limitada por las reglas de la  sana  crítica,  no  orienta  de  manera  alguna  su reproche a demostrar que se  quebrantaron  los  postulados  de la ciencia, los principios de la lógica o las  máximas  de  la  experiencia,  sin lo cual, la exposición simple y llana de su  criterio  carece de aptitud suficiente para intentar derruir la dual presunción  de acierto y de legalidad del fallo atacado.   

          También  es  oportuno  indicar que si bien el demandante señala la  norma  sustancial  que  estima  conculcada  por  vía indirecta (artículo 24 de  Decreto  100  de  1980),  no  procede a exponer minuciosamente de qué manera se  produjo su quebranto por parte de los falladores.   

No  hay duda que el censor sólo se esfuerza  por  plantear  su  personal  percepción del asunto, para sin más, concluir que  JOSE  GREGORIO  RAMOS FUENTES  no  actuó como coautor en el homicidio de Félix José  Arteaga  Correa, sino únicamente como cómplice, pero  no  procede  técnicamente  a  señalar  con  rigor  errores  del Tribunal en la  providencia atacada que así lo demuestren.   

Palmario  resulta  entonces,  que  el libelo  adolece  de  las  graves  falencias  técnicas  destacadas,  las cuales no puede  enmendar  la  Corte,  habida  cuenta que el principio de limitación que rige su  actividad  en  este  trámite  le  impone  pronunciarse sólo sobre los aspectos  específicamente  propuestos,  salvo  los  eventos  de  nulidad  que  pueden ser  oficiosamente  abordados,  siempre  que  la  demanda  haya  sido  formulada  con  rigurosa  sujeción  a  las  exigencias previstas en el Código de Procedimiento  Penal.   

Como el demandante no ha sometido su libelo a  las  reglas  técnicas propias del trámite casacional y por tanto no reúne los  requisitos  formales  exigidos por el artículo 212 del estatuto procesal penal,  se  impone  de  plano  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo         213        ejusdem.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR  la  demanda  presentada  por  el defensor de la procesada  JOSE  GREGORIO RAMOS FUENTES,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

          Contra este auto no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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