20354(29-09-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20354  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  Ponente   

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado   acta   N°  075   

Bogotá D. C., veintinueve (29) de septiembre  de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de  ALCIDES  MARTÍNEZ  CORREDOR  contra la sentencia anticipada del  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca, proferida el 15 de  agosto  de  2002,  mediante  la  cual  confirmó la dictada  por el Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Soacha, fechada el 6 de junio de 2002, en la que  lo  condenó  a la pena de 87 meses y 15 días de prisión, a la accesoria   de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por un  lapso  igual al de la pena  principal y al pago de perjuicios como autor de  los delitos de acceso carnal violento en concurso homogéneo.   

HECHOS  

El  juzgador de segunda instancia los reseño  así:   

“Entre  los años 1997, 1998, y 1999, en la  casa   de   la   familia  Martínez  Bosiga  Díaz,  ubicado  en  el  Barrio  la  Esperanza   de  Cazuca,  jurisdicción  de  Soacha, el menor Jorge Leonardo  Amador  Bosiga,  de  8  años  de  edad,  fue víctima de sucesivos accesos  carnales  violentos  por  parte  de Alcides Martínez Corredor, hermano de quien  hacia  vida marital con su señora madre. Aprovechando que habitaban en la misma  casa   y  los  padres  del  niño  se  ausentaban   los sábados y los  domingos   tiempo  que  aprovechaba el procesado para satisfacer sus deseos  sexuales,  para  lo cual, ataba al menor de pies y manos a la cama, le tapaba la  boca   y  le introducía el miembro viril  por la cavidad anal y   amenazaba  al  menor   con  matar a sus padres si él revelaba los hechos a  los que era sometido”.   

ACTUACIÓN   PROCESAL   

Con base en la denuncia  que presentó el  defensor  de  familia  del  ICBF,   la   Fiscalía 225 de la Unidad de  Delitos  contra  la  Libertad  Sexual  y  la Dignidad Humana declaró abierta la  investigación preliminar, el 2 de agosto de 1999.   

Después  de  realizadas las correspondientes  diligencias,   en  las  que  se  allegaron   plurales  pruebas,  la  citada  Fiscalía  225,  el 10 de abril de 2000, declaró la apertura de instrucción, y  vinculó  a  Alcides Martínez Corredor  mediante indagatoria el 31 de mayo  de 2000.   

Admitida la demanda de constitución de parte  civil,  la  situación  jurídica  le  fue  resuelta, el 2 de junio de 2000, con  medida  de aseguramiento de detención preventiva por el delito de acceso carnal  violento.   

Cerrada  la  investigación,  el  mérito del  sumario  se calificó el 25 de septiembre de 2000, con resolución de acusación  contra  Alcides   Martínez  Corredor,  por  los  delitos  de acceso carnal  violento,   providencia   que   cobró   ejecutoria   el   5   de   octubre   de  2000.   

El expediente pasó al Juzgado  Cuarenta  y  Dos  Penal  del  Circuito de Bogotá que, luego de tramitar el juicio, dictó  sentencia  de  primera  instancia,  el 9 de mayo de 2001, en la cual condenó al  señor  Alcides  Martínez Corredor a la pena principal de 22 años de prisión,  a  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones públicas durante un  periodo  de  10 años, y al pago de perjuicios como autor de los delitos de  acceso carnal violento en concurso homogéneo.   

Apelado   el  fallo  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Distrito Judicial de Bogotá, D.C declaró  la  nulidad  de  lo actuado por falta de competencia territorial del funcionario  que   dictó   el  fallo  de  primera  instancia  y,  por  lo  mismo,   ordenó   la remisión a los juzgados  penales del circuito de Soacha,  donde  el  conocimiento  de  la  causa correspondió al Juzgado Segundo Penal de  Circuito de esa localidad.   

Ante  este  último  despacho  judicial,  el  acusado   expresó   su  deseo  de  acogerse  al  beneficio  de   sentencia  anticipada,  razón  por  la  cual el juzgador de primera instancia profirió el  correspondiente  fallo el 6 de junio de 2002, en el cual   condenó al  señor  Alcides  Martínez  Corredor   por  los  delitos  de  acceso carnal  violento,  en  concurso  homogéneo,  a la pena principal de 87 meses  y 15  días  de  prisión,  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas   por igual lapso, y al pago a título de  indemnización  de  veinticinco (25) salarios mínimos mensuales legales por los  perjuicios    causados.   Así   mismo,   le   negó   el   “subrogado     de     condena    de    ejecución    de    ejecución  condicional”      y      el      “beneficio         de        prisión        domiciliaria”.   

El defensor del procesado impugnó la condena  de  carácter  civil,  pues estimó que existía prueba sobre la indemnización,  razón  por  la  cual  se   presentó  desistimiento  de  la acción civil.  También  manifestó  su  inconformidad  con  la  pena, ya que no se tuvieron en  cuenta  los  antecedentes  familiares y sociales del sentenciado, como que es un  hombre  de  extracción  campesina, con bajo nivel de educación y en condición  de marginalidad.   

El  15  de  agosto de 2002, el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  al  desatar el recurso, lo  confirmó,  pues consideró que no existía prueba de la indemnización de   los  perjuicios  y  que la carencia de antecedentes, la conducta  personal,  familiar  y  social  del   condenado, sí se habían tenido  en cuenta  para  dosificar  la pena a partir del mínimo legal previsto en relación con el  delito de acceso carnal violento.   

LA DEMANDA DE CASACION  

El  defensor   del  procesado  Alcides  Martínez  Corredor,  al  amparo de la causal primera de casación, presenta dos  cargos  contra  la  sentencia,  cuyos  argumentos  se sintetizan de la siguiente  manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  directa, la ley sustancial por interpretación errónea.   

El cargo lo desarrolla, según lo expresa, con  base  en  el  estudio  de  los artículos 31, 54, 55, 58, 59, 60 y 61,  del  Código  Penal  (ley  599  de  2000)   que  tratan  sobre  el manejo de las  circunstancias  de mayor o menor punibilidad, como también de los parámetros y  fundamentos   de   la   individualización   de  la  pena  en  función  de  los  hechos.   

Afirma que las sentencias de primera y segunda  instancia   constituyen   una  unidad  monolítica  y  sistemática,  porque  el  superior,  al  confirmar  el  proveído  de su subalterno  funcional, no se  detiene  en  sus  propias   consideraciones  para  dosificar  el   quantum   de  la  pena,  sino que avala la fundamentación  revisada.   

La  oposición del accionante recae en el  incremento  de  24  meses   que  se estableció en razón del concurso  delictivo.   

Asevera  que la dosificación falla cuando el  juzgador  eleva  la  pena a 120 meses de prisión  por cuanto el aumento de  24  meses  por razón del concurso  es extraño al artículo 59 del Código  Penal  que exige una fundamentación explícita de dicho aumento. Y reafirma que  tal  aumento  no  podía  darse,  porque  según  las  consideraciones  del  fallo   la  sanción a imponer  se había ubicado en el cuarto mínimo  y  este  sólo  daba  un  margen  de  graduación  entre  96 y 117 meses de  prisión,  y  de  esa  forma  también   se  rompió la armonía de la  sentencia   al   enfrentar   los  postulados  considerativos  con  el  predicado  resolutivo.   

Afirma   que   la   sentencia  condenatoria  interpretó   erróneamente   el   artículo  31   del  Código  Penal,  en  detrimento de los derechos constitucionales de su defendido.   

Sostiene que el articulo 31  autoriza un  aumento  de  la  sanción  hasta  en  otro  tanto,  pero   afirma  que este  mandato    no   puede   interpretarse    en   forma  aislada   ni  incoherente,  sino  enmarcado   en  las disposiciones rectoras  de los  criterios   y   reglas   para   la   determinación  de  la  punibilidad  y  muy  particularmente el artículo 61  del  mismo ordenamiento.   

De  este  modo, estima que lo más sensato es  armonizar  los  dos  imperativos, ya que tiene su propia función, etiología, y  propósito  legislativo,  porque de lo contrario se traduciría en el sacrificio  de   un   mandato   legal    en  virtud  del  otro,   lo  cual  va  en  contravía       de      la      armonía     sistemático     – normativa.   

Así  mismo,  sugiere  una  interpretación,  conforme  a la cual puede aplicarse el articulo 31 hasta doblar la pena, siempre  y   cuando  se  respeten  los  lineamientos  de  los  artículos  60  y  61  del  ordenamiento   legal,  ya  que,  insiste,  ambas  disposiciones   tiene  su  propio   espíritu,  razón  ontológica  y su propósito especifico dentro  del derecho punitivo.   

Afirma que una interpretación de acuerdo con  el  espíritu  de  dichos  preceptos  es  compatible,  y  que con relación a su  defendido  una  vez  establecido   que  la  pena  estaba ubicada dentro del  primer  cuarto,  esto  es,  entre 96 y 117 meses de prisión, el incremento  por el concurso no podía exceder de este último extremo punitivo.   

En  el  capitulo  segundo el cual llama   “DE      LA      PROPOSICION      JURIDICA   COMPLETA”  cita  el preámbulo y los artículos  1°,  2°,  4°,  13,  28  y  29  de  la  Constitución Política, así como los  artículos  4°   y  6° del Código Penal, y los artículos 3°, 6° y 9°  del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000).   

En  consecuencia,  solicita   a la Corte  casar  la  sentencia y, en su lugar, dictar la de reemplazo, esto es, imponer al  procesado    una    pena    privativa    de    la    libertad    “ajustada  a las permisiones de la ley, es decir, a un máximo de 117  meses de prisión”.   

Cargo segundo  

De igual manera con apoyo en la causal primera  de  casación,  acusa  al Tribunal de haber violado, de manera indirecta, la ley  sustancial  por  error  de  hecho,  por falso juicio de existencia al imponer la  obligación  de indemnizar  perjuicios desconociendo  la existencia de  la prueba,  según la cual, ya estaban indemnizados.   

Afirma  que  el  sentenciador dedicó todo un  capitulo  a  la  dosificación  de los daños tanto materiales como morales cuyo  resultado  fue  la  condena  al procesado de pagar veinticinco salarios mínimos  legales mensuales a favor del menor Jorge Leonardo Amador Bosiga.   

Considera  que se incurrió en un error,  pues  dichos  perjuicios  habían  sido  indemnizados  con  anterioridad  por la  familia  del señor Martínez Corredor, y que por tal motivo el representante de  la  parte  civil debidamente constituida allegó  escrito en el que desiste  de  la  respectiva  acción  civil  por  haber  sido   indemnizados  en  su  totalidad  los  perjuicios  materiales  y  morales (folio 172, lápiz o en 33 en  esfero rojo del cuaderno origina numero dos).   

En   el   capitulo   tercero   que   llama  “LA  PROPOSICIÓN  JURÍDICA COMPLETA”,  hace referencia  a las normas  tanto de carácter civil  como  penal  que  regulan  el  tema  de  la acción civil y la indemnización de  perjuicios.   

En  esas  condiciones, el actor solicita a la  Corte  casar  parcialmente el fallo impugnado y, en su lugar, revocar el numeral  tercero  de la parte resolutiva de la sentencia proferida por el Juzgado Segundo  Penal del Circuito de Soacha.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR CUARTO  

DELEGADO PARA LA CASACION PENAL  

El  Procurador enuncia los límites que tiene  el  procesado  o  su  defensor   para  recurrir  en  la  casación,  cuando  previamente    se    han   acogido   al   beneficio    de    sentencia  anticipada.   

Estima  que  el  recurrente   limitó el  recurso   de   apelación   contra  el  fallo   de  primera  instancia,  al  reconocimiento  de  una  circunstancia  real  de  modificación  de los extremos  punitivos   con  fundamento  en  lo  previsto  en el artículo  56 del  Código  Penal,  y  segundo   a  la  revocatoria   de  la  condena  de  perjuicios.   

Sostiene que el recurso de casación  no  insiste  en  la  rebaja  de   la  pena   por  circunstancias   de  marginalidad,  ignorancia  o  pobreza  extrema  y,  en  su  lugar,  se refiere a  supuestos  errores  cometidos  en  el  proceso  de  individualización   en  concreto   de   la   pena    por   errada  interpretación  de  las  normas  legales.   

Primer cargo  

El representante de la sociedad afirma que la  interpretación  errónea  de la ley sustancial como sentido de violación en la  causal   primera    de   casación,  presupone,  además  de  la  imposible  controversia  fáctica o probatoria,  aceptar que el juzgador  acertó  en  la  selección del precepto, esto es,  que el aplicado es el que regula  el  caso  concreto,  pero  que  en  tal  labor o ejercicio le asignó un sentido  jurídico que no tiene  o unas consecuencias que no causa.   

Igualmente,  sostiene  que la interpretación  que  da el actor del artículo 31 del Código Penal es equivocada, pues no es la  que  mejor  desentraña  la letra y espíritu de los preceptos  que regulan  la materia de que se trata.   

Reitera  que  el  incremento  de  la pena que  ordena  la ley  frente a la concurrencia de delitos  está previsto en  el  articulo  31  del  Código  Penal   y  únicamente  cuenta con los  siguientes  limites: (1) la sanción no puede ser superior  a la suma   aritmética  de  las  penas   que corresponderían  a cada uno de  los  respectivos  punibles  debidamente  dosificadas (2) en los casos de delitos  continuados   y  masa  la  pena  es la prevista en el tipo aumentada en una  tercera  parte,  y  (3)  en  ningún   caso   la  pena privativa de la  libertad puede exceder de  40 años.   

De  este  modo,  reitera  lo sostenido por la  doctrina  y  la  jurisprudencia  respecto de los delitos continuados o masa, los  cuales  quedan  excluidos  de  la  restricción  cuando  se trata de atentados a  bienes  jurídicos  eminentemente personales,  por cuanto el segundo evento  al  que  alude  el  precepto en comento  no seria aplicable al caso en  estudio.   

Afirma  que  cuando  se trata del concurso de  delitos  de  esta  naturaleza,  las dos únicas restricciones que operan, por su  diafanidad  no dan cabida a la interpretación que postula el actor, porque como  lo  ha  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, la dosificación de la  pena  se  debe  hacer  en  forma  independiente  para todos los delitos que  concurran    y   una   vez   establecida    la  más  grave  ésta  se  incrementará  hasta  en  otro tanto  sin que pueda ser superior en ningún  caso   a  la  suma  aritmética   de la sanción  y  tampoco  superior a 40 años.   

   

De  este  modo,  estima  que  la  causal  de  casación   seleccionada  por  el  actor   responde  a  la  interpretación  equivocada  o errónea de un precepto legal  de carácter sustancial, en si  mismo   considerado,  esto  es, independientemente de la cuestión de hecho  que  trata  de  regular,  y  confirma que el yerro de hermenéutica atribuido al  juzgador  jamás  tuvo lugar porque no se demuestra que su concepto es contrario  al  texto,  espíritu  o  finalidad del articulo 31,  como tampoco  de  los  artículos   60  y  61   todos  del  Código  Penal  (Ley  599 de  2000).   

Después  de  referirse  a  lo  anteriormente  expuesto, considera que el cargo no está llamado a prosperar.   

Segundo cargo  

Estima  que  el  cargo  está  correctamente  postulado,  ya que identifica los preceptos sustanciales vulnerados por falta de  aplicación,  e igualmente especifica con acierto claridad y precisión el yerro  de aplicación probatoria del sentenciador.   

Afirma que el falso  juicio de existencia  se  presenta  cuando  el  funcionario se equivoca al contemplar materialmente el  conjunto  probatorio que compone la actuación, ya sea porque omite apreciar una  prueba  que obra en el proceso o porque supone existente sin estarlo, y con base  en ello  falla de manera contraria a derecho.   

Confirma   que   en   el   presente   caso  existía   prueba   documental, la cual se encuentra  al folio 33  (  escrito  con  esfero  rojo)  del  cuaderno  número  dos, en donde  obra  memorial   suscrito por  el apoderado de la parte civil  en donde  desiste   de  las  pretensiones  debido  a  que  el procesado indemnizó la  totalidad de los perjuicios causados con el delito.   

Asevera   que  la  existencia  de  este  documento  fue  soslayada  en  el  fallo de primera instancia, sede en la que se  dosificaron  los perjuicios sin hacer la más mínima referencia al mismo, y que  inexplicablemente  en  el fallo de segunda instancia, pese a que el motivo de la  apelación    era  justamente  su  desconocimiento  y  en  consecuencia  la  revocatoria  de  la  respectiva  condena,  el  Tribunal  para denegar la condena  simplemente   afirmó  que  “en  cuanto  a   la  petición  de  revocatoria de la condena en perjuicios y a la afirmación de que  fueron  debidamente  indemnizados,  la Sala no encuentra constancia al respecto,  que permita considerar que ya fueron indemnizados”.   

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

De  este modo, sostiene que en los dos fallos  censurados  se  dejó  de  valorar  el documento que el impugnante denuncia como  omitido  y,  por  lo  tanto, debe romperse la presunción de acierto y legalidad  que  ampara  las  sentencias anteriormente mencionadas, con el fin de revocar la  condena             en             perjuicios             impuesta            al  procesado.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

Por  lo anteriormente expuesto, solicita a la  Corte casar parcialmente  la sentencia recurrida.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuestión preliminar  

Es  verdad,  como  lo  resalta  el Procurador  Delegado,  el acusado tiene interés para recurrir en casación, pues como lo ha  dicho  la  Corte,  en  tratándose  de  la  justicia  premial, el procesado y su  defensor,  se  encuentran  limitados  a impugnar el fallo a temas referidos a la  dosificación  de  la pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional  y  la  extinción  de  dominio  sobre  bienes,  limitaciones  que se encontraban  previstas  en  el  artículo  37B, numeral 4°,  del Decreto 2700 de 1991 y  artículo  40  de  la  Ley  600  de  2000  -vigente a la fecha de formulación y  aceptación  de los cargos-, de modo que tanto antes, como ahora, es inadmisible  por  falta  de  interés  toda  impugnación  que  tenga  definido propósito de  plantear una retractación del acuerdo. Y   

“Adicional  e  igualmente      en      los     mismos     ámbitos     temporo     –espaciales         –antes  y  ahora-  y como quiera que el  Estado  no  ha cambiado su modelo: social de derecho, y la inviolabilidad de los  derechos  fundamentales  sigue  siendo el norte de cualquier actuación pública  –o  privada-  se mantiene  como  interés  jurídico  para  recurrir el de la reparación de los agravios a  esos     derechos”.1   

Ahora  bien, también resulta claro que en el  recurso  de  apelación interpuesto contra el fallo de primer grado el procesado  no  hizo  alusión  sobre  la  rebaja  de  pena  por  razones  de  marginalidad,  ignorancia   o   pobreza  extremas.  Empero,  como  lo  ha  dicho  la  Sala,  la  impugnación   de   un   determinado   aspecto  no  necesariamente  comporta  la  aceptación,  ni  la  renuncia a la discusión de otros, que no son cuestionados  por  razones  de  coherencia  argumentativa,  o  porque la alternativa de ataque  escogida  por  el  apelante  resulta  comprensiva  en ellas, por tratarse de una  unidad temática.   

Así,  razón  le asiste al Procurador cuando  sostiene  que  la  defensa  tiene  interés  para  impugnar  el fallo de segunda  instancia en sede de casación.   

Primer cargo  

1. El defensor del procesado acusa al Tribunal  de  haber  violado,  de  manera  directa,  la ley sustancial por interpretación  errónea  del  artículo  31 del Código Penal, norma que autoriza el aumento de  la  sanción  hasta  en  otro tanto, que en el presente asunto no podía exceder  del  117  meses  de prisión, guarismo máximo del primer cuarto escogido por el  sentenciador para determinar la pena al procesado.   

2.  Si bien el cargo no fue construido con la  estrictez  que  exige  la debida técnica que rige al recurso de casación, pues  presenta  confusión  en  torno  a  las  normas que estima como quebrantadas; de  todos  modos  del desarrollo de la censura se advierte cuál es su inconformidad  respecto  de  la  presunta interpretación errónea del artículo 31 del Código  Penal,  norma  que  estatuye  el  aumento  punitivo  por  razón del concurso de  delitos.   

Anota  el  censor  que  teniendo en cuenta el  ámbito  de  movilidad  escogido  por  el  juzgador, que oscilaba entre 96 y 117  meses,  el  aumento  punitivo  por  su  concurrencia con otros delitos de acceso  carnal  violento,  no  podía  exceder la última cantidad citada, es decir, 117  meses de prisión.   

Considera  la  Sala  que  el  censor le da al  artículo  31  del  Código  Penal  una  interpretación  equivocada, puesto que  según  dicha  preceptiva  y  determinada  la pena para el delito más grave, el  aumento  de  la sanción por razón del concurso de delitos, no puede exceder el  doble  de  la  estimada  en  concreto  en  el caso particular, ni puede resultar  superior  a  la  suma aritmética de las que correspondían si el juzgamiento se  realizara  separadamente  para  las  distintas  infracciones,  ni superar los 40  años  de prisión de que trata el inciso segundo de esa preceptiva.2   

En  esas  condiciones,  resulta  claro que el  incremento  de  pena  por  razón  a  la  concurrencia  de  conductas  punibles,  contrario  a  lo  afirmado  por el censor, debe ser en otro tanto de la sanción  determinada  para la conducta más grave, sin que pueda ser superior, en ningún  caso,  a  la suma aritmética de la sanción correspondiente ni a cuarenta años  de prisión.   

En  el  presente  supuesto,  el  juzgador  de  primera  instancia  y  por  tratarse  de  un  concurso  homogéneo  de conductas  punibles  de  acceso  carnal  violento,  no sin antes anunciar que lo haría con  base  en  lo  reglado  en  la  Ley 599 de 2000, esto es, en el primer cuarto del  ámbito  de  movilidad  de  96  meses  a  117  meses  de prisión, por cuanto al  procesado  no  le  imputaron  en  la resolución de acusación circunstancias de  mayor  punibilidad  y  concurría  en  su comportamiento circunstancias de menor  punibilidad  tales  como  la  carencia  de  antecedentes  y  su  buena  conducta  anterior,  partió  del  mínimo  legal de ocho años de prisión, previsto para  dicho  comportamiento  tanto  en  el  artículo  298  del  Decreto  100 de 1980,  modificado  por  el  artículo 2° de la Ley 360 de 1997, y como en el artículo  205 de la Ley 599 de 2000.   

A  dicho  guarismo,  sumó apenas 24 meses de  prisión   por   las   demás  conductas  punibles  de  acceso  carnal  violento  (establecido  en  un  número  de  diez  por lo menos). Obtenido el total de 120  meses  de prisión y toda vez que el procesado confesó en la indagatoria ser el  autor  de  las  citadas  conductas  punibles,  de  acuerdo con lo que reglaba el  artículo  283  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (ley 600 de 2000, -antes  artículo  299  del  Decreto  2700 de 1991, modificado por el artículo 38 de la  Ley  81  de  1993-), rebajó una sexta parte, quedando como suma final la de 100  meses de prisión.   

Finalmente,  como  quiera que el procesado se  acogió  al sistema de sentencia anticipada, en la etapa del juicio, como quedó  reseñado  en  la  actuación procesal de esta providencia, le rebajó a aquella  cifra  una octava parte (artículo 40 de la Ley 600 de 2000), es decir, 12 meses  y  15  días,  quedando  como  total de pena a imponer de 87 meses y 15 días de  prisión.   

En  consecuencia,  no  se  advierte  que  el  Tribunal  interpretó, de manera errada, el artículo 31 del Código Penal, pues  como  se  advirtió  en  precedencia el otro tanto impuesto a la pena más grave  por  razón del concurso de conductas punibles, fue de 24 meses, que de paso fue  benévolo, ajustándose a la legalidad.   

Por consiguiente, el cargo no está llamado a  prosperar.   

Segundo cargo  

1. El defensor del procesado acusa al Tribunal  de  haber  violado,  de  manera indirecta, la ley sustancial, por error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  al  no  haber tenido en cuenta, en  la  actividad  probatoria,  el  documento  mediante el cual el apoderado de la parte  civil  informaba que el procesado había indemnizado los perjuicios materiales y  morales  ocasionados  con la infracción a la ley penal, yerro que condujo a que  los  juzgadores  le impusieran a Martínez Corredor la obligación de indemnizar  dichos perjuicios.   

2. Como lo destaca el Procurador Delegado, el  cargo  se  encuentra  bien  formulado, toda vez que señaló la prueba en que se  soportó  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia y evidenció su  trascendencia frente a la parte conclusiva del fallo.   

En esas condiciones, el cargo está llamado a  prosperar,   toda   vez  que  es  evidente  que  el  sentenciador  de  instancia  desconoció  el  documento  del  apoderado  de  la  parte  civil,  en  el que se  informaba  que el procesado había cancelado los perjuicios materiales y morales  causados con la comisión de las conductas punibles.   

En  efecto,  el  apoderado de la parte civil,  mediante  escrito  presentado a la   titular del despacho 42 Penal del  Circuito  de  Bogotá,  argumentó:  “…  de manera  comedida   manifiesto   a   la   señora  Juez  que  el  encausado  ALCIDES  MARTÍNEZ  CORREDOR, por medio de  sus  familiares indemnizó la totalidad de los perjuicios (materiales y morales)  ocasionados  con el delito, motivo por el cual DESISTO  de  las  pretensiones  incoadas mediante la demanda de  parte civil”.   

Por  su parte, la Juez 42 Penal del Circuito,  en   auto   del   1°   de   febrero   de   2001,   consignó.   “Alléguese  a  las presentes diligencias el memorial suscrito por el  Apoderado   de   la   parte   civil,   a   efectos   de  ser  tenido  en  cuenta  oportunamente”.   

No  obstante  lo  anterior  y  declarada  la  nulidad   a  que  se hizo referencia en la historia del acontecer fáctico,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Soacha, en sentencia anticipada del 6  de  junio  de  2002,  condenó  al  procesado  al  pago  de  la  “cantidad  de  25  salarios  mínimos legales mensuales vigentes, por  concepto   de   daños  y  perjuicios  causados  con  el  delito….”.   

Obviamente  el  defensor  inconforme  con  la  anterior  decisión,  interpuso  recurso  de  apelación contra dicho fallo, por  cuanto,  entre  otras  razones,  en  el  expediente   obra  “manifestación  de  la  parte civil que representó los intereses de  la  víctima  en  el  proceso,  según  la  cual el Doctor EDGARD ALFONSO PULIDO  PULIDO  presentó  desistimiento  de la acción civil incoada dentro del proceso  penal.  No  hay  lugar  entonces  a  condenar  a  la  indemnización  de  dichos  perjuicios    cuando    ya   están   compensados”.   

Finalmente,  el Tribunal Superior de Bogotá,  en  sentencia  fechada  el  15  de  agosto  de 2002, estimó que “en  cuanto a la petición de revocatoria de la condena en perjuicios  y  a la afirmación de que fueron debidamente indemnizados, la Sala no encuentra  constancia  al respecto, que permita considerar ya se indemnizó, por lo cual se  confirmará   al   igual  que  la  pena  privativa  de  la  libertad”.   

En consecuencia, es nítido que los juzgadores  en  la  actividad  probatoria  no  tuvieron  en cuenta el multicitado documento,  yerro  que  condujo a predicar que el procesado debía indemnizar los perjuicios  materiales  y morales ocasionados con la comisión de las conductas punibles por  las  cuales  fue  condenado  en  fallo anticipado, razón por la cual se casará  parcialmente  la  sentencia  impugnada,  revocándose  la  orden  de  pagar  los  perjuicios  materiales y morales derivados de la comisión de las infracciones a  la ley penal.   

Así, el cargo prospera.  

En  lo  demás,  el  fallo recurrido no sufre  ninguna modificación.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia   en  nombre  de la República y por  autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

1. CASAR  PARCIALMENTE  la       sentencia      impugnada.      En   consecuencia   de   lo   anterior,   se   dispone   revocar   la  orden   de   pagar  los  perjuicios   ocasionados   con   la  comisión  de las conductas punibles de acceso  carnal  violento  en concurso homogéneo, de acuerdo con lo expuesto en la parte  motiva de esta providencia.   

2.  En  lo  demás, el fallo no sufre ninguna  modificación.   

3.  Contra  esta decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                             ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO    SOLARTE   PORTILLA                            JAVIER   DE   J.   ZAPATA  ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  del  26  de  enero de 2005. M.P. Dr. Yesid  Ramírez Bastidas Rad. 18780.   

2  Concurso   de   conductas   punibles.   El  que  con  una  sola  acción u omisión o con varias acciones u  omisiones  infrinja varias disposiciones de la ley penal o varias veces la misma  disposición,  quedará  sometido  a la que establezca la pena más grave según  su  naturaleza,  aumentada hasta en otro tanto, sin que fuere superior a la suma  aritmética  de  las  que  correspondan  a  las  respectivas  conductas punibles  debidamente dosificadas cada una de ellas.   

En  ningún  caso  la  pena privativa de la  libertad podrá exceder e cuarenta (40) años.   

Cuando cualquiera de las conductas punibles  concurrente  con la que tenga señalada la pena más grave contemplare sanciones  distintas  a  las  establecidas  en  ésta,  dichas  consecuencias jurídicas se  tendrán   en   cuenta   a   efectos   de   hacer   la   tasación  de  la  pena  correspondiente”.     

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