20188(23-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 20188  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  012  

Bogotá  D. C., veintitrés (23) de febrero  de dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  FABIANO ALZATE IDÁRRAGA.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“En las primeras  horas  de  la  noche  del  día  catorce  de abril del año pasado (2001),  en  la  carrera 13 con calle 30,  sector   denominado  ‘La  Pelusa’  (Manizales),   fueron   abaleados   los  señores  Jaír  Zamora  Giraldo  y  Carlos Andrés Jurado Gutiérrez, cuando se  desplazaban  en  el  taxi  de placa WBD-021 en compañía de Alexander Salazar y  Diego  Rincón  González.  En  el  hecho  resultó  muerto  el  primero  de los  nombrados  y  herido  en  su  humanidad  el  segundo.  Como responsables de este  atentado  contra  la  vida, fueron vinculados al proceso como autores materiales  Fabiano   Alzate   Idárraga   y   José   Arnoldo  Salazar  Henao  ”.   

2.  El Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  Manizales,  mediante  sentencia  fechada  el  20  de  marzo  de 2002, condenó a  Fabiano  Alzate  Idárraga,  alias  ‘Fabian’ y a Jorge Arnoldo Salazar Henao a la  pena  principal  de  34  años de prisión, a la accesoria de rigor y al pago de  los  perjuicios,  como coautores de los delitos de homicidio agravado, Homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal imputados en la acusación.   

3.  Apelado  el fallo por los defensores de  los  procesados,  el  Tribunal  Superior de Manizales, el 28 de mayo de 2002, lo  confirmó   integralmente.   Contra   esta   determinación,   el   defensor  de  Alzate  Idárraga interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado  Alzate  Idárraga, al amparo de la causal  primera   de   casación   contemplada  en  el  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal.   

Afirma    que   el   fallo   impugnado,  “sin   constancia   procesal   alguna”  asegura  que  los  motivos  de  las  agresiones  acaecidas son  “‘actividades  de  la  limpieza  social’’”.  Así        mismo,        indica        que        tampoco       “necesitó”  comprobación  alguna  la  manifestación  de  Carlos  Andrés  Jurado,  en  el  sentido  de que Fabiano lo  amenazaba       con       expresiones       tales      como      “‘que  meterse  conmigo, toriarme a mi,  se  montaron  en  el  burro  que no era’  .  Pero si el Tribunal sabe que todo ello era verdad, el defensor  no  tenía  idea  de eso. Surge entonces la pregunta: ¿cómo contradecir lo que  se  ignora?.  De  todas  formas,  las  exposiciones  de  las víctimas sí dejan  entrever  que  son enemigos mortales de Fabiano”. No  obstante,  agrega, el Tribunal “no tuvo en cuenta la  circunstancia  peligrosa  del  señor  JURADO,  quien  al  ser llevado herido al  hospital,  se  le  descubre  que  está  bajo  orden  de  captura dictada por la  Fiscalía  Tres  Seccional  de  Manizales por el delito de homicidio”.   

Asevera que de lo anterior se desprende que  dichas  personas  son  enemigas. Sin embargo, en su criterio, ello no indica que  Fabiano  asistió  al  lugar  de  los  hechos.  Así  mismo,  estima  que  de la  declaración  de  Diego  Rincón  González,  la  que el sentenciador de segunda  instancia   interpretó   erróneamente,   se   desprende  la  inocencia  de  su  defendido.   

Dice  que  el  Tribunal  consideró  que el  detalle   de   la   chaqueta   roja   carecía   de  importancia  frente  a  las  manifestaciones   ofrecidas   por  Jurado  y  Salazar,  quienes  “a  pesar  de  su  interés  directo  en  perjudicar  a  un  enemigo  declarado,  les resulta más creíbles. Examinemos, entonces, si hay lógica, si  resisten   la   sana  crítica  las  declaraciones  de  uno  y  otro”:   

“Uno  de  los  agresores,  el  de  chaqueta  roja,  fue  señalado  por  aquellos  dos  como mi  defendido   FABIANO   ALZATE   IDÁRRAGA,  a  quien  también  lo  vieron lucir en su cabeza una cachucha o  visera  volteada  hacia  atrás . No obstante, el testigo presencial  DIEGO  RINCÓN       GONZÁLEZ,      que      conoce      bien      a      FABIANO,  que  no  tiene  compromiso con  ninguno  de  los  antagonistas,  que  vio desde la parte delantera del taxi a su  agresor,  que  ataviado  con  chaqueta  roja  y  cachucha invertida le disparaba  despiadadamente,  que  colaboró  con  los  técnicos  de  la Policía Nacional,  Morfología  Judicial,  para elaborar el retrato hablado que se mira a folio 62,  ese  declarante  bajo  la gravedad del juramento, bajo el mismo apremio judicial  dijo   a   folio  31  lo  siguiente:  ‘…LA  PERSONA  QUE  FIGURA  CON  EL NÚMERO TRES YO NO LO VI EN EL  SITIO  DE  LOS  HECHOS  ESA  NOCHE,  PUDO  ESTAR PERO YO NO LO VI…’.  Y  esa  persona  es  FABIANO,  así  lo certificó en el acta  respectiva  de  ese  reconocimiento  la doctora Gloria Eugenia Hincapié Bonnet,  Fiscal  Catorce  Seccional  de Manizales. La persona del retrato hablado, que se  halla  con visera hacia atrás, es la que usaba la famosa chaqueta roja; a folio  63  en la hoja de la descripción morfológica, en el acápite de observaciones,  se  escribe  que  vestía  esa  característica  prenda.  ¿Cómo, pues, se pudo  equivocar  el  TRIBUNAL  ante  un  testigo  tan  contundente,  y unos documentos  oficiales exactos?”.   

Refiere  que fueron dos los asaltantes: uno  de  chaqueta roja y otro de chaqueta o saco no rojo, afirmación que hace de esa  manera  por  cuanto  que los declarantes Jurado y Salazar no fueron contestes al  describir  a ese “otro”,  ya  que  jurado  dijo  que  traía  saco  blanco,  mientras Salazar informó que  llevaba  buso  gris.  Lo  cierto  es que cualquiera que haya sido la persona que  luciera el atuendo gris o blanco, es claro que no era su defendido.   

En  síntesis,  sostiene  el demandante que  Jurado  y  Salazar, por una parte, y González, por la otra, vieron un sujeto de  rojo  que  los  agredía;  los  dos  primeros  aseguran  que era Fabiano Alzate,  mientras   que  el  tercero  “perjura  que  no  lo  era”.  Así,  concluye  que  están  en  una grave  contradicción,  lo  que  le permite colegir que alguno de ellos ha incurrido en  falso  testimonio,  contradicción que mereciendo una investigación penal nunca  se ordenó.   

De  todos  modos,  estima que González es  sincero,     puesto     que    no    tiene    motivos    para    “ladearse”,  ya que desde el instante  mismo  de  la  comisión  de  los  delitos  estuvo dispuesto a colaborar con las  autoridades,   demostrando   valor  civil  para  afrontar  sus  obligaciones  de  ciudadano,  porque  no es enemigo de nadie y porque sabía que el de la chaqueta  roja no era Fabiano.   

Agrega     que     “eso,  todo  lo  que  acabo  de anotar en el numeral inmediatamente  anterior,  es  poco  si  se  tiene  en  la cuenta lo que el TRIBUNAL ignoró por  completo:  que  el  señor  Diego  González  Rincón  también fue víctima del  atentado;  que  si  salió  ileso  de  ese  brutal golpe fue porque lo salvó la  providencia.   De   tal   manera,   él   se  equipara  con  sus  contradictores  testigos”.   

Es  más,  recuerda  que  José  Alexander  Salazar  Zamora  también  declaró  que había sido herido en la espalda por el  roce  de  una  bala,  pero  de  ello  no  existe  en el expediente constancia de  medicina  legal  alguna,  “lo que hace cuestionable  su atestado”.   

Luego  de  transcribir  un  aparte  de  la  sentencia  del  Tribunal  y  de  cuestionar  la  manera  como  no se le creyó a  González  Rincón,  concluye  que los jueces desecharon la prueba básica de la  inocencia  de  su  representado,  acogiendo  sólo las declaraciones que tenían  interés de perjudicarlos.   

Añade que la equivocación cometida tanto  por  los  instructores  como  por los juzgadores conllevó al quebrantamiento de  los  artículos 4, 28 y 29 de la Constitución Política, 2, 3, 4, 9, 10, 11, 12  y  13  del  Código  Penal  y  1,  2,  3,  7, 9, 13, 154, 20 y 24 del Código de  Procedimiento Penal.   

Por consiguiente, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  de todos los cargos a su  defendido.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Como  lo ha reiterado la Corte, la demanda  de  casación  no  es de libre formulación, razón por la cual no es procedente  hacer  cualquier  clase  de  cuestionamientos  a  una  sentencia  que por ser la  culminación   de  un  proceso  está   amparada   por   la   doble   presunción   de   acierto  y  legalidad,   sino   que   debe  ser  un  escrito  lógico   y    sistemático    en    el    que    sólo   es  permitido     denunciar    los    errores    cometidos   en    el   fallo,   al   tenor   de   los  motivos  expresa  y  taxativamente  señalados en la ley, demostrarlos dialécticamente y  evidenciando su trascendencia en la parte resolutiva del mismo.   

El   artículo   212   del   Código  de  Procedimiento  Penal contempla que el libelo deberá contener, de manera clara y  precisa,  entre  otras  cosas,  el señalamiento de la causal que se invoca para  soportar  el  yerro  del  juzgador  y  los  fundamentos  de  la misma, así como  también las normas que se estimen quebrantadas.   

En   la  demanda  que   ocupa   la   atención   de   la   Sala,  si   bien   es  cierto que  el  actor  fundó  el   ataque     a     la     sentencia     por     los   senderos   de   la  causal primera de casación, también lo es que no  señaló  la  vía de la transgresión de la ley sustancial, es decir, si fue de  manera directa o indirecta.   

Así  mismo,  no  ilustró  por  qué  los  artículos  1,  2,  3, 7, 9, 13, 154, 20 y 24 del Código de Procedimiento Penal  son  de  naturaleza  sustancial,  ni  dio  las razones jurídicas por las cuales  éstas  y  las demás normas citadas las considera transgredidas, además que no  precisó   cuál  fue  el  sentido  del  quebrantamiento,  esto  es,  si  fueron  vulneradas por falta de aplicación o por aplicación indebida.   

Ahora bien, en el entendido que la censura  la  postuló  bajo  los  lineamientos  de  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,    por   cuanto   manifestó   que   el   juzgador   “interpretó    erróneamente”   las  declaraciones  de  Diego  Rincón  González, Carlos Andrés Jurado Gutiérrez y  José  Alexander  Salazar  Zamora, de todos modos no señaló la clase de error,  esto  es,  si  de  hecho  o de derecho, ni el falso juicio que lo determinó, es  decir,  de  existencia, de identidad o de raciocinio, en cuanto al primero, o de  legalidad o de convicción, en lo atinente  al segundo.   

Contrario  sensu,  se  advierte  que  la  inconformidad  del  censor  radica en el grado de estimación que los juzgadores  le   otorgaron   a   los   elementos  de  juicio  y  de  los  cuales  dedujo  la  responsabilidad  de  Fabiano  Alzate  Idárraga.  Y  no  se  puede llegar a otra  conclusión  cuando  a  lo  largo de la demanda el casacionista se duele del por  qué  el  sentenciador  le  otorgó  mérito a los testimonios de Carlos Andrés  Jurado    Gutiérrez    y   de   José   Alexander   Salazar   Zamora,   quienes  tenían  “interés   directo   en   perjudicar   a   un  enemigo”  como  era  su  defendido,  y  no a las explicaciones de Diego  Rincón  González,  quien  fue  sincero en su declaración, para de esas manera  concluir  que el procesado no es autor de las conductas punibles por las que fue  condenado.   

En esas condiciones, desconoce el actor que  la   simple   discrepancia  de  criterios  no  constituye  yerro  demandable  en  casación,  puesto  que teniendo en cuenta el sistema de apreciación probatoria  que  nos  rige,  el juzgador goza de libertad para justipreciar los elementos de  juicio,   sólo   limitado   por  los  postulados  de  la  sana  crítica,  cuya  transgresión  se  debe  postular  a  través  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Aun  cuando se entendiese que el ataque lo  quiso  orientar  por la vía del  error de hecho por falso raciocinio, toda  vez  que  cuestionó  el  desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica en  el   proceso  valorativo  de  dichos  testimonios,  de  todos  modos  no lo  desarrolló,  pues  no  expresa  cuáles  fueron  las  leyes  de la ciencia, los  principios  de  la  lógica o las reglas de la experiencia común vulnerados, de  qué  manera  lo fueron y cómo ese yerro llevó a los falladores a declarar una  verdad distinta de la que revela el proceso.   

A    más   de   lo   anterior,   olvidó   igualmente  el  censor  que   el    fallo    llega   a  esta   sede   precedido   de   la   doble  presunción  de  acierto  y   legalidad,    es  decir,   que   los   hechos   y   las   pruebas   fueron   correctamente   apreciadas   y  el     derecho    acertadamente    aplicado,    motivo   por    el   cual   constituye   una  carga   para   el    demandante    entrar    a   evidenciar   el   error    in    iudicando    o    in    procedendo   invocado,    según    el   caso,   y   demostrar   su    trascendencia   frente    a   las   conclusiones   adoptadas  en  la  sentencia.   

Por  consiguiente, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

En mérito de lo expuesto, la Corte     Suprema    de    Justicia,  Sala  de Casación Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   FABIANO    ALZATE    IDÁRRAGA.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                                                 EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                 MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Comisión de servicio  

                   TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

                       Secretaria     

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