19875(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19875  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado Acta No. 058   

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá,  D.  C., veintisiete de mayo del dos  mil tres.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ARIEL         RAMIREZ        MEDINA.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

El 21 de junio de 1996, en el pabellón cuarto  de  la  Penitenciaría  Central  de  Colombia “La Picota” de Bogotá, varios  sujetos  atacaron  con  arma  cortopunzante  al  interno  Manuel  José  Salazar  Agudelo,   causándole  la  muerte.  Como  posibles  autores  del  hecho  fueron  señalados  desde  los  albores  de  la  investigación  los  también  reclusos  Ariel Ramírez Medina y Oscar Abelardo Galindo López,  quienes   fueron   vinculados   al  proceso  mediante  declaración  indagatoria   (fls.3-8,  14,  93-97  y  111-114  del cuaderno  No.1).   

El  2 de marzo de 1998 la Fiscalía calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con resolución de acusación respecto de  ambos  procesados  por  el  delito  de homicidio agravado (fls.12-19/2). Apelada  esta   decisión  por  Ramírez  Medina,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal, mediante decisión de 17 de  junio  del  mismo  año,  decretó  la  nulidad  del  proveído calificatorio en  relación  con  el  impugnante,  y  dispuso el rompimiento de la unidad procesal  (fls.5-10  de  la  Delegada). El 21 de agosto la Fiscalía calificó de nuevo el  proceso    con   resolución   de   acusación   en   contra   de   Ramírez  Medina  por  homicidio  agravado  (fls.5-15/3).   

Rituado el juicio, el Juzgado de conocimiento,  mediante  sentencia de 21 de noviembre del 2000, condenó al procesado a la pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  40  años  de prisión, como coautor  responsable    del   delito   imputado   en   la   resolución   de   acusación  (fls.216-245/4).  Apelado  este  fallo  por  la  defensa,  el Tribunal Superior,  mediante  el  suyo de 28 de enero del 2002, que el mismo sujeto procesal recurre  en  casación,  confirmó  la decisión de condena, pero fijó la pena privativa  de  la  libertad  en  25  años  de  prisión,  en  aplicación del principio de  favorabilidad  por  razón del tránsito legislativo (fls.56-66 del cuaderno del  Tribunal).         

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, el demandante acusa la sentencia impugnada de violar  indirectamente  la ley sustancial, debido a un error DE HECHO en la apreciación  de  las pruebas, derivado de un falso juicio de CONVICCIÓN, como quiera que los  juzgadores  le dieron el valor de plena prueba al testimonio de Alfonso Córdoba  Betancurt,     “estableciéndolo    como    testigo    presencial    de    los  hechos”.   

Sostiene  que  el  referido  testigo  en  sus  diferentes   versiones   ha   precisado  que  estuvo  cerca  del  sitio  de  los  acontecimientos,  y  observó cuando los señores Oscar  Abelardo  López  y Ariel Ramírez Medina agredían con  arma  cortopunzante  al interno Manuel José Salazar Agudelo, y que el Tribunal,  al   valorarlo,   afirmó   que   su   dicho   resultaba   concordante  con  las  manifestaciones  de  los  guardias que lo retuvieron, y con la evidencia física  hallada  en  su  cuerpo  (manchas de sangre, contusiones recientes y arañazos),  además  de  su  nerviosismo,  y por ello, aunque fuese contradictorio, merecía  credibilidad.   

Argumenta que a pesar de existir en el proceso  varios  testimonios  de  reclusos que afirman no haber visto a los procesados en  la  escena  del crimen, los juzgadores prefieren el dicho de Córdoba Betancurt.  Tampoco  le  dieron  valor  probatorio a dos pruebas fundamentales, hasta hoy no  desestimadas  en  su  contenido,  ni  tachadas  de  falsas:  (1) Las anotaciones  vertidas  en  el  libro  de  minuta  de  la  guardia  del pabellón cuarto de la  penitenciaría,  donde  consta  que  Alfonso Córdoba Betancurt (testigo) había  sido  trasladado  del  patio  cuarto  al  séptimo,  diez  minutos  antes de los  sucesos,  y  (2)  la  declaración en audiencia del Dragoneante del INPEC Alvaro  Rojas Sánchez, quien hace igual afirmación.   

Estas   pruebas  desvirtúan  de  plano  el  testimonio  que  sirvió  de fundamento para proferir el fallo condenatorio, por  ser  mentiroso,  falso  e  incierto,  pues  a  través de ellos se demuestra que  Córdoba  Betancurt  no  fue testigo presencial de los hechos, y que su versión  se  produjo  por motivaciones diferentes a la de una aportación verídica de lo  acontecido,   bien   por  animadversión  hacia  el  condenado,  o  para  lograr  beneficios por colaboración eficaz.   

Al  ser  desestimado  este  testimonio,  solo  subsistirían  los indicios deducidos en su contra, los cuales “no constituyen  plena  prueba  de  responsabilidad y que conducen a la aplicación del principio  in  dubio  pro  reo  (artículo 7 C.P.P.) que hace variar completamente el fallo  que  hoy  se  recurre  en  casación,  generando  por  su despacho, como así se  solicita,  que  se  case  la  sentencia recurrida y en su defecto se emita fallo  absolutorio  por  inexistencia  de  plena prueba para condenar” (fls.85-90 del  cuaderno del Tribunal).   

SE        CONSIDERA:   

Uno  de los presupuestos exigidos para que la  demanda  de  casación  pueda  ser  declarada  en  forma,  es  que el impugnante  fundamente  de  manera  clara  y  precisa  la causal que aduce, y que lo haga en  forma  adecuada  y  suficiente, de suerte que el Juez de casación pueda, de una  parte,  identificar  sin  problemas  el  sentido  de  la  impugnación, y que el  escrito  se  erija,  de  otra,  en  instrumento  apto  para  lograr,  per se, la  casación  del  fallo  (artículo  212.3 del Código de Procedimiento Penal). El  incumplimiento  de  esta  exigencia técnica, torna la demanda inidónea para la  obtención  del  referido  propósito, pues la Corte, en virtud del principio de  limitación  que  rige  el recurso, no puede suplir sus vacíos, ni enmendar sus  defectos.   

En  el  presente  caso,  el  casacionista, al  enunciar   el   ataque,  afirma  la  existencia  de  un  error  de  hecho  en  la  modalidad  de  falso   juicio   de   convicción   en  la  apreciación  de  las pruebas. Este planteamiento,  comporta prima facie un  contrasentido,   como   quiera   que   esta   especie   de  error  (de  convicción)  no  es  de  hecho,  sino  derecho.  Pero  además  de  ello,  la  censura  no trasciende en simple enunciado, toda vez que el censor no  dice  en qué consistió el error, ni señala las normas medio que habrían sido  violadas.  Simplemente  sostiene que los juzgadores se equivocaron al valorar el  mérito  de  la  prueba,  lo  cual,  en estricta técnica casacional, vendría a  constituir    el    enunciado    de    un    error    de    hecho    por   falso  raciocinio.      

Los   errores  de  hecho   son   de   tres   clases:   (1)  de  existencia,  que se presenta cuando el  juzgador  omite tener en cuenta una prueba que obra materialmente en el proceso,  o  cuando  da  como  existente  una  que  no  hace  parte  de la actuación; (2)  de   identidad,  que  tiene  configuración   cuando   distorsiona   el  contenido  fáctico  de  la  prueba,  poniéndola   a  decir  lo  que  en  ella  no  se  afirma;  y  (3)  de  raciocinio,  que  se estructura cuando  desconoce  los principios de la sana crítica (reglas de la lógica, máximas de  experiencia  o  principios  de  la  ciencia)  en  la  valoración  de su mérito  probatorio,   o  en  la  construcción  de  inferencias  lógicas  de  contenido  fáctico.  Los  de derecho, en  cambio,     son    de    dos    clases:    (1)    de  legalidad,   que   se  presenta  cuando  el  juzgador  desconoce  las  normas que regulan la producción, aducción o incorporación de  la  prueba al proceso; y (2) de convicción,  que  surge  cuando  son  violadas las normas que tasan su valor o  eficacia probatorias.   

La sola invocación de un error de convicción  en  la  valoración  de la prueba testimonial, implica de suyo un desacierto, si  se  toma  en  cuenta  la  configuración de esta clase de yerro presupone tarifa  legal,  es  decir,  que existan normas que preestablezcan su valor probatorio, y  que  en  nuestro ordenamiento procesal penal rige el sistema de persuasión  racional,  donde  es  el  Juez (no la ley) el que determina su mérito de cara a  los  postulados  de la sana crítica (artículos 237 y 238 del estatuto procesal  penal).   

A  juzgar  por  los  términos de la demanda,  pareciera  que  la  inconformidad  del actor radica en la circunstancia de haber  los  juzgadores  preferido  la  versión del testigo Alfonso Córdoba Betancurt,  frente  a  otras pruebas allegadas al proceso. Si ello fuese así, debió alegar  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  y  demostrar dos aspectos: (1) que la  valoración   realizada  en  los  fallos  de  instancia  desconocía  de  manera  manifiesta  las  postulados  de  la  persuasión racional (reglas de la lógica,  máxima  de  experiencia,  o  principios  de  la  ciencia),  y  (2) que el error  resultaba  trascendente,  labor  que  desde  luego  no  se  esfuerza en llevar a  cabo.   

Dado,  entonces, que la censura no cumple los  presupuestos  mínimos  requeridos  para ser declarada en forma, y que la Corte,  como  ya  se  dijo,  no  puede  llenar  sus  vacíos ni enmendar sus desaciertos  lógico  jurídicos,  se  la  inadmitirá,  y se declarará desierto el recurso,  acorde  con  lo establecido en los artículos 197 del Decreto 2700 de 1991 y 213  de  la  ley  600  del  2000.  Esta  decisión  surte  efectos  a  partir  de  su  notificación,  y  contra  ella  no  procede  recurso  alguno.      

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a nombre del procesado Ariel  Ramírez   Medina.   En   consecuencia,   se  declara  desierto    el   recurso.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.   

  YESID RAMIREZ BASTIDAS  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN GALAN  CASTELLANOS   

CARLOS       A.       GALVEZ   ARGOTE                     JORGE                                  A.                                  GOMEZ  GALLEGO                         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                      ALVARO O. PEREZ PINZON   

Comisión de servicio  

MARINA         PULIDO        DE  BARON                       JORGE L. QUINTERO MILANES   

                                     Teresa Ruiz  Núñez   

                                         SECRETARIA   

   

    

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