19768(11-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19768  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

                                      MARINA PULIDO DE BARÓN   

Aprobado Acta N°  10  

Bogotá,  D. C., febrero  once (11) de dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto   por   el   Fiscal   Segundo   Delegado   ante   el   Tribunal   de  Pereira, contra la sentencia  de  fecha 22 de marzo de 2002, por cuyo medio dicha corporación  confirmó  la  decisión  absolutoria  adoptada por el Juzgado 6° Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  a  favor  del procesado CAMILO HERNÁN  ÁLVAREZ,  acusado  en  condición  de  presunto autor  responsable  de los delitos de homicidio y hurto, agravadas una y otra conductas  punibles.   

HECHOS  

Fueron declarados por el Tribunal en el fallo  impugnado, de la siguiente manera.   

“En horas de la  noche  del  19  de  abril de 2000 la persona que en vida respondió al nombre de  Gerardo  de Jesús Raigosa Cardona departió e ingirió licor con unos amigos en  la    sede    de    los   maestros   ‘Atraer’  situada  en la vía que de Pereira conduce al municipio de Cartago. Concluida la  tertulia  a eso de las 10:00 p.m., el occiso abandonó el sitio en compañía de  Camilo  Hernán Álvarez (en la camioneta Chevrolet Luv 2300); persona ésta que  por   solicitud   del   señor   Jorge  Humberto  Garzón  Álvarez  debía  ser  transportada  hasta  la ciudad de Pereira. A partir de esa fecha no se volvió a  tener  noticia  de  Gerardo de Jesús Raigosa Cardona sino el 21 de abril de ese  mismo  año,  día  en  el  cual fue hallado en proceso inicial de putrefacción  cadavérica   en   la  vía  Pereira-Marsella,  segunda  balastrera  de  Combia.   

El  protocolo  de  necropsia  número  342  adosado  a  este  informativo  da  cuenta  que Gerardo de Jesús Raigosa Cardona  falleció  por  choque  hipovolémico,  secundario  a múltiples heridas de arma  cortopunzante    (79    aproximadamente)   penetrante   a   cuello,   tórax   y  abdomen.”   

Con  fundamento en la información sobre los  anteriores  hechos,  se dio comienzo a la respectiva investigación dentro de la  cual,  con  fecha  28  de septiembre de ese mismo año, se ordenó la captura de  CAMILO  HERNÁN  ÁLVAREZ en  razón  a  que fue la última persona vista en compañía de la víctima el día  de  su  desaparición  y  porque  Jorge Hernán Bedoya  Osorio,   empleado  de  una  estación  de  servicio,  manifestó  que  aquél  llegó  a  su lugar de trabajo a comprarle una bolsa de  gasolina,  y  le  preguntó   si tenía manchas de sangre en el cuerpo y en  qué lugares había menos vigilancia de la Policía.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Al proceso fue vinculado mediante indagatoria  CAMILO     HERNÁN     ÁLVAREZ,     cuya   situación   jurídica  fue  definida  por  la  Fiscalía  22  Seccional  de  Pereira, con medida de aseguramiento de detención preventiva, en  calidad  de  presunto  autor  responsable de los delitos de homicidio agravado y  hurto agravado.   

Cerrada  la  instrucción, el 27 de abril de  2001  la  Fiscalía  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Pereira,  designada  como  Fiscalía  Especial  para  este  asunto,   al calificar el  mérito  de  la  instrucción  profirió  en  contra  del  procesado resolución  acusatoria  por  las  mismas  conductas  punibles,  que  sustentaban  la  medida  detentiva,  precisando  que  el delito de homicidio se agravaba por “la  sevicia”  y  el  de hurto por la  concurrencia  de  las  circunstancias  previstas  en  los  numerales  6  y 9 del  artículo 351 del Código Penal por entonces vigente.   

La decisión anterior alcanzó ejecutoria el  10  de  julio  siguiente  cuando  la  Fiscalía Cuarta Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Manizales  al resolver el recurso de apelación interpuesto por la  defensora  del  procesado,  le  impartió  confirmación,  aclarando  que con el  delito  contra  el  patrimonio  económico  sólo concurría la circunstancia de  agravación  prevista  en  el  numeral  6° de la norma sustancial antes citada,  esto es, por haber recaído la conducta sobre vehículo automotor.   

Correspondió  al  Juzgado  6°  Penal  del  Circuito  de  Pereira  adelantar  el  juicio  despacho  que una vez celebrada la  audiencia,  mediante  fallo de fecha diciembre 4 de 2001, absolvió al procesado  ÁLVAREZ   de  los  cargos  formulados en la resolución de acusación.   

Impugnado  el  anterior  fallo por el Fiscal  acusador,  el  Tribunal Superior de Pereira al desatar el recurso de apelación,  mediante   el   suyo   de   fecha  marzo  22  de  2002,  le  impartió  integral  confirmación.  La  sentencia  del ad quem   fue  objeto  del  recurso  de  casación  que  ahora  se  decide,  interpuesto  por  el  Fiscal  Segundo  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior de  Pereira.   

LA DEMANDA  

Bajo  la  égida  de  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  segundo, prevista en el artículo 207 de la Ley 600 de 2000,  el  demandante  formula  un  único  cargo  contra la sentencia proferida por el  Tribunal  Superior  de  Pereira,  a  la que acusa de haber incurrido en error de  hecho    por    falso    juicio    de    identidad    por   haber   “desconocido   la   capacidad  demostrativa  de  unos  hechos”,  contenidos en la declaración rendida por Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio,  lo  cual  condujo  a  la infracción por falta de aplicación de los artículos 323, 324 y  349  del  Decreto  100  de 1980 y por aplicación indebida del artículo 277 del  actual estatuto procesal penal.   

Luego  de  señalar  que  se incurrió en el  anunciado  error  porque  el  ad  quem,  para  absolver  al  procesado  le  restó  credibilidad  al referido  testimonio,   agrega  que  si  lo  hubiera  valorado,  de  conformidad  con  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de la  experiencia,  habría  llegado  a  la  conclusión  que el declarante aportó el  medio  de  prueba  de  varios  hechos  indicadores  que  permiten inferir que el  procesado  es  “coautor”  de los delitos de homicidio y hurto investigados.   

Se  ocupa el demandante, a continuación, de  algunos  aspectos  relatados  por  el declarante Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio, afirmando que de ello se puede  inferir  que  el  individuo  que llegó a la estación de gasolina a las 2 de la  mañana   del   20   de   abril   de   2000   es   el   procesado   CAMILO  HERNÁN  ÁLVAREZ, “así     sus     familiares     o     allegados     sostengan    lo  contrario.”   

A  lo  cual  suma  la  descripción  que  el  declarante  hizo  de  la  persona  que  llegó  esa  madrugada hasta su lugar de  trabajo  a  comprar  gasolina  en  bolsa,  quien  aprovechó la oportunidad para  averiguarle  si  le observaba en sus prendas manchas de sangre y si sabía sobre  vigilancia  que  por  ese sector ejerciera la Policía, descripción que, según  el     demandante,    corresponde    a    la    del    procesado    ÁLVAREZ  a  pesar de que el testigo dijo  que  cuando  lo  observó  en la estación de gasolina tenía un “moño”  y  en  la  sede recreacional de  maestros   “Atraer”,  a  donde  se  trasladó  junto  con  su  hermano, ya lo vio calvo o “rapado”.      

Para el demandante, lo anterior quiere decir  que      la      descripción      que      Jorge  Hernán  dio a la Fiscalía en el “mes  de  septiembre”  corresponde  a la  persona  que  vio  en  la bomba de gasolina, pues de haber acomodado su versión  para  describirlo  como  lo  vio  pocos  días  después  de  los  hechos  en el  Restaurante “Atraer”, habría referido que era calvo.   

El   libelista  manifiesta  que  el  yerro  probatorio  consiste  en  que  el  Tribunal  le  restó credibilidad al dicho de  Jorge    Hernán    Bedoya   Osorio,   porque  había interés de su hermano Juan  Pablo  Bedoya  Osorio  de  que  aquél  conociera  que  CAMILO      HERNÁN     ÁLVAREZ     tenía   un   labio   leporino,   interés   que   el   ad   quem   no   demostró   y   por  la  discordancia  en  la  cantidad  de pelo, aspectos que se pueden enderezar con el  raciocinio  de  atribuirle  al  testimonio  de  Jorge  Hernán la credibilidad que merece.   

Sostiene  que no se trata de una componenda,  como   parece   sospecharlo  el  Tribunal,  cuando  afirma  que  “existen  serios  reparos  al  tal señalamiento debido al irregular  procedimiento  llevado  a  cabo  por  el testigo para reconocer al implicado”,  sino    de    una    declaración    “seria,     responsiva,    detallada,    verosímil,    creíble”,  en la cual no se advierte ánimo torcido, debido a que  el declarante no conocía al procesado ni a la víctima.   

No  obstante  lo  anterior,  el casacionista  sostiene  que  el  Tribunal  llegó  a  la  conclusión errada, como también lo  había   hecho   el   Juzgado,   de   que  había  que  acudir  al  in  dubio pro reo para lo cual agregó que  el   viaje   del   procesado   ÁLVAREZ  en  la  camioneta  del  profesor  RAIGOZA  había sido fortuito; que el número de puñaladas que  fueron  descubiertas  en su cadáver, dejaban entrever que se trato de un crimen  pasional,  que  nada  tiene  que  ver  con  el sindicado; que la víctima había  empezado  a  faltar de un día para otro de su casa y que el 19 de abril de 2000  había  recibido  una  invitación  telefónica  en  la salida para la ciudad de  Armenia,  “cuestiones  todas ellas intrascedentes e  ineptas”   para  debilitar  la  credibilidad  de  la  declaración   rendida   por   Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio.   

En resumen, sostiene el demandante, que visto  el   testimonio   de   Bedoya   Osorio  en  la  forma como lo ha planteado en el libelo, debe concluirse que  la   persona   que  salió  con  la  víctima  del  restaurante  “Atraer”  del  centro  recreacional  de  maestros,  llegó  a  la  estación  de gasolina en la camioneta del educador en  actitud  comprometedora  y  fue  reconocido  después  por  el  declarante en el  mencionado  restaurante  responde  al nombre de CAMILO  HERNÁN  ÁLVAREZ  y es uno de los autores de los  delitos   de   homicidio   agravado   y   hurto  en  perjuicio  de  Gerardo  de  Jesús Raigoza Cardona.    

Por  tanto,  solicita  que  la Corte case la  sentencia  impugnada  y  dicte la que ha de reemplazarla condenando al procesado  ÁLVAREZ  por las conductas  punibles materia de acusación.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal al ocuparse del único cargo formulado por el demandante contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal, afirma que el libelo denota ausencia de  un  correcto  desarrollo  del error de hecho por falso juicio de identidad en la  apreciación  de  la prueba anunciado, pues además de desconocer la forma cómo  se  estructura  esta clase de yerro, ningún esfuerzo hace el censor por indicar  y  menos  demostrar la existencia de errores en la apreciación de la prueba que  indicaran  ausencia  de  identidad o correspondencia entre su contenido y lo que  el  funcionario  manifestó  correspondía  a  su  tenor,  sino que se limitó a  expresar su discrepancia conceptual con el juzgador.   

Tal  es  esa  oposición  de criterio, en la  medida   que   el   impugnante   simplemente   señala   que   el   ad  quem habría incurrido en falso juicio  de  identidad  porque  demeritó  la  credibilidad  del  testimonio  rendido por  Jorge    Hernán    Bedoya   Osorio,   y  remata  que  de  haberse valorado esa declaración de acuerdo con  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o los dictados de la  experiencia,  hubiera  concluido,  contrario  a  como  lo hizo, que ese medio de  prueba  permitía  inferir  la  autoría del procesado en los delitos materia de  investigación.   

Con  tal  modo  de  proceder,  el demandante  pareciera  tener  el  propósito  de  plantear,  en un lugar del falso juicio de  identidad  que  anunció,  el  quebranto  a las reglas de la sana crítica forma  propia  del  error de hecho por falso raciocinio, pero además de pasar por alto  la  distinción entre una y otra modalidad del error de hecho que para la época  de  presentación  de  la  demanda  la  jurisprudencia tenía decantada, tampoco  cumplió  con  la  exigencia  de intentar demostrar cuál postulado científico,  principio  de  la  lógica  o  máxima  de  la experiencia fue desconocido en la  sentencia, al igual que no acreditó la trascendencia del error.   

La  argumentación  del  libelista, anota el  Procurador,   en  lugar  de  demostrar  los  errores  de  contemplación  a  que  inicialmente  se  refirió,  sus  reflexiones  están  dirigidas a cuestionar el  grado  de credibilidad otorgado al testimonio de Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio, comentarios que responden más  al  deseo  de disentir de la valoración probatoria legítima de las instancias,  para  oponer  su  criterio  al  del juzgador fundamentado en un nuevo examen del  caudal   probatorio,  específicamente  mediante  la  construcción  de  algunos  indicios  que según su opinión demostrarían la responsabilidad del procesado,  sin  que  tal  disquisición muestre la existencia de algún error, o establezca  la  arbitrariedad en los razonamientos y conclusiones de la sentencia recurrida.   

Luego  de  ocuparse  de  las  valoraciones  efectuadas  por  los  jueces  de  instancia  que  ante la incertidumbre sobre la  autoría  del sindicado en relación con los delitos investigados llevaron a que  se  aplicara el principio in dubio pro reo,  sostiene  que  el  demandante pretende se otorgue credibilidad al  testigo   Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio  en  oposición  a  lo  manifestado  por  el procesado ÁLVAREZ  y  sus  familiares acerca de la  hora  en  que llegó a su lugar de residencia y su permanencia en la misma hasta  el otro día.   

Bajo  tal  contexto  no  tiene en cuenta las  conclusiones  del  juzgador  efectuadas  con  base  en el análisis del material  probatorio,  valoración  que  no  se  aparta  de  las  orientaciones de la sana  crítica,  las  que  necesariamente  prevalecen  sobre  el criterio personal del  libelista,  en  razón de la doble presunción de acierto y legalidad que ampara  la  sentencia  de  segunda  instancia,  motivo  por  el  cual  precisa  que  las  discrepancias  sobre  valoración  probatoria,  por si solas, no son suficientes  para invalidar el fallo.   

Según  estos planteamientos sostiene que el  demandante  no acreditó la tergiversación de la prueba testimonial habiéndose  quedado  en  una  mera  declaración  de  propósitos de demostrarlo sin ningún  razonamiento  de prueba del error, de manera que en esta sede la Corte, al igual  que  el  Ministerio  Público,  en  aplicación  del  principio  de limitación,  estarían  impedidos  de  estudiar  de  fondo la pretensión, por cuanto de así  proceder  se  verían  abocados a acudir a la especulación para descubrir entre  las  múltiples  propuestas  del  libelista  en  que  consistió  el  error  del  juzgador,  y  luego  complementar  la  censura,  convirtiéndose en coadyuvantes  ilegítimos.   

Por lo anterior, solicita que se desestime el  único  cargo  contenido  en la demanda y, por consiguiente, no se case el fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El demandante al amparo de la causal primera  de  casación,  cuerpo  segundo, acusa la sentencia proferida por el Tribunal de  haber  incurrido  en error de hecho por falso juicio de identidad al apreciar la  declaración     de     Jorge    Hernán    Bedoya  Osorio.   

Por  tanto,  solicita que se case el fallo  impugnado  y  en  su  lugar  se  dicte  el de reemplazo que condene al procesado  CAMILO HERNÁN ÁLVAREZ por  los delitos de homicidio agravado y hurto agravado.   

Desde ya se anuncia que al libelista no le  asiste  razón  en  la fundamentación del único cargo formulado a la sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Pereira, la cual  constituye  unidad  jurídica  con  la  dictada  en  primera instancia, en tanto  aquella confirmó ésta,  por lo siguiente:   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,  se presenta cuando el juzgador al apreciar la prueba, distorsiona su  contenido   fáctico   por   una   cualquiera   de   las   siguientes   razones:  “(1) porque le hace agregados que no corresponden a  su  texto  (distorsión por adición), (2) porque omite tener en cuenta aspectos  importantes  del  mismo  (distorsión por cercenamiento), y (3) porque altera su  texto  (distorsión  por trasmutación).”1  Este  es  un  yerro  de  carácter  objetivo contemplativo, el cual recae sobre el contenido o  expresión fáctica de la prueba.   

En  tal  supuesto,  el  casacionista  debe  acreditar  mediante  la  comparación  de  lo  que dice el medio probatorio y la  concreción  que  de  su  texto  hiciera  la  sentencia,  en  qué consistió el  desacierto  de  los  juzgadores  de  instancia  y  cómo éste repercutió en el  sentido  del  fallo,  esto es, deberá acreditar que sin la existencia del yerro  denunciado,  la  situación jurídica del procesado hubiese sido sustancialmente  opuesta.   

En  punto  del  testimonio de Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio, tal como  con  acierto  lo  destaca  el  Procurador  Delegado,  el  libelista  no atinó a  señalar  y  demostrar  la  existencia  de  errores  en  la contemplación de la  mencionada  prueba,  sino  que  se limitó a expresar su discrepancia conceptual  con  la  valoración que de esa declaración hiciera el Tribunal, desplazando el  error  de  hecho por falso juicio de identidad hacia el error de hecho por falso  raciocinio,  al  afirmar que si ese medio de convicción se hubiera valorado con  ayuda  de  los  postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o los dictados  de la experiencia, otro hubiera sido el sentido de la sentencia.   

A pesar del desvió del yerro planteado de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad  al  falso  raciocinio,  es  decir  de  contemplación   al  de  valoración,  tampoco  cumplió  el  libelista  con  la  exigencia  de  demostrar  cuál postulado científico, principio de la lógica o  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido  en el fallo, cuál aporte de las  reglas  de  la  sana  crítica  debía  aplicarse  para resolver el asunto y por  supuesto  omitió  acreditar la trascendencia del error al no indicar cuál debe  ser  la  apreciación  correcta  de la prueba que cuestiona, y cómo ella daría  lugar a proferir un fallo sustancialmente distinto al impugnado.   

Las   reflexiones   del   impugnante  no  cumplieron  el  cometido  indicado, aquellas ponen de presente su inconformidad,  afianzada  en  una  visión  distinta  acerca del alcance de las pruebas, lo que  deviene  intrascendente,  pues  si  el  juzgador  se  aparta del criterio de los  sujetos  procesales,  ello  no  constituye  un error demandable en casación por  distorsión,  tergiversación,  omisión  o  suposición  de  la  prueba, ni por  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.  Un  enfrentamiento de  criterios  como  el  planteado  por  el  recurrente  se resuelve a través de la  presunción  de acierto y legalidad con la que la ley ampara al fallo de segunda  instancia  y  la  facultad  otorgada  al  funcionario  judicial  de  valorar las  pruebas,  como  en  este  caso  se  ha  hecho,  acogiendo  los  postulados de la  persuasión racional.   

Como se indicara en la reseña procesal, el  Juzgado  6°  Penal  del  Circuito  de  Pereira en pronunciamiento de fecha 4 de  diciembre    de    2001    resolvió    absolver   al   procesado   CAMILO  HERNÁN  ÁLVAREZ  de los delitos  de  homicidio  agravado  y  hurto  agravado  por los cuales fuera acusado por la  Fiscalía  General  de  la Nación, al no haberse llegado a la actuación prueba  determinante  de  la  responsabilidad  penal  atribuida al sindicado, por lo que  consideró    obligado   dar   aplicación   al   principio   del   in dubio pro reo.   

El   a   quo  consideró,  entre  otros  aspectos,  que el hecho de  haber  salido  el  procesado  en compañía de la víctima del lugar donde éste  último  departía  con  amigos  y  donde  fue  visto  por  última  vez,  no es  indicativo  por  sí  solo  de  que  fue éste último quien le dio muerte. Ante  todo,  porque  nadie  lo  vio  ejecutando  esa  acción  y  porque  sus  propios  familiares  respaldan su dicho al decir que llegó temprano a su residencia y no  salió   sino  hasta  el  otro  día  al  dirigirse  nuevamente  a  su  trabajo.   

Además,  como  la  acusación se edificó  fundamentalmente  en  el  testimonio  de Jorge Hernán  Bedoya   Osorio,  sobre  la  credibilidad  de  dicho  testimonio  para llegar a la certeza requerida para condenar, el juez de primera  instancia razonó de la siguiente manera:   

“…no  hay  duda  que  esa  declaración  urdida  con  una  serie  de  conjeturas  a  nada conduce porque el declarante no  conocía  al  joven  que  se  bajó  de una camioneta azul solicitando gasolina,  sólo  después  hizo unos comentarios y a un hermano suyo le pareció que estos  se  relacionaban  con  la  muerte  del  profesor,  posteriormente el testigo fue  llevado  al  sitio  en  donde  trabajaba  el  presunto  implicado  y allí adujo  reconocerlo  como  el  hombre  que se bajó de la camioneta y le pidió en forma  extraña gasolina.   

En primer lugar no existe evidencia alguna  que  indique  que  la  camioneta  en  la  que se desplazaba el misterioso sujeto  untado  de  sangre  según  lo  narra  el  testigo  corresponda al vehículo del  profesor  asesinado. Tampoco podría asegurarse con total certeza que la persona  que  descendió de ese vehículo fuera el acusado, pero aún aceptando en gracia  de  discusión  que se trataba de Camilo Hernán ello tampoco prueba en grado de  certeza que él fue quien mató al docente.”   

Y  luego agregó:  

“Ahora  bien,  como  atinadamente  reflexiona  la defensa, ningún delincuente, por ingenuo que  sea,  se  va a descubrir o a poner en evidencia, preguntándole a un empleado de  una  gasolinera  si  le  observa manchas de sangre y en cual de las vías existe  menos  riesgo  de  hallar  policías  a  esa  hora,  al  menos que se tratase de  personas que no conocen esta región.”   

    

Razonamientos  estos  que  le sirvieron de  sustento  a  la  decisión  absolutoria  contra la cual se mostró inconforme el  Fiscal  acusador que procedió a interponer en relación con la misma el recurso  de  apelación,  que  fue  resuelto  de  manera  adversa  a las pretensiones del  impugnante  por el Tribunal Superior de Pereira mediante fallo de fecha marzo 22  de 2002, por virtud del cual confirmó la referida absolución.   

Al ocuparse el ad  quem    de    la   declaración   de   Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio,  medio de  prueba  que  para  la  fiscalía  resultaba  de  importancia  para  la reclamada  atribución de responsabilidad, de manera precisa así razonó:   

“. Aun  cuando  Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio  en  verdad  laboró la  madrugada  del  20  de  abril de 2000 en el Servicentro Matecaña, e identificó  días  después a Camilo Hernán Álvarez como la persona que de manera extraña  le  solicitó  en  aquella  ocasión  la  gasolina,  para la Sala existen serios  reparos  a  tal  señalamiento, debido al irregular procedimiento llevado a cabo  por el testigo para reconocer al implicado;   

. La probabilidad  de  que  Jorge  Hernán  Bedoya  Osorio  no  hubiere  sido sincero al momento de  señalar  al  aquí  sindicado;  ello,  por  cuanto de manera previa había sido  noticiado  por  su  hermano  Juan  Pablo  de  que Camilo Hernán Álvarez fue la  última  persona  de  que se tuvo conocimiento acompañó al profesor Gerardo de  Jesús Raigosa Cardona, la noche del 19 de abril de 2000;   

.   Ante  el  peculiar  rasgo  físico que presenta Camilo Hernán Álvarez (cicatriz desde la  fosa  izquierda  hasta  el  labio  superior  ),  resulta  extraño  a la Sala el  interés  que  le  asistió  a  Juan Pablo Bedoya Osorio de que su hermano Jorge  Hernán  conociera de manera previa a la declaración al aquí encartado; sería  a  caso  que  su  consanguíneo  no le refirió dicha cicatriz no obstante haber  tenido  contacto  directo  con la persona que de manera extraña le solicitó en  aquella ocasión la gasolina?;   

. La discordancia  existente  entre  la  cantidad  de cuero cabelludo presentada por la multicitada  persona  que le solicitó a Jorge Hernán Bedoya Osorio gasolina en la madrugada  del    20   de   abril   de   2000   ‘cabello   negro,   tenía   como   un   moño  adelante’,  con la constatada por la fiscal al  momento  de  vincular  a  Camilo  Hernán  Álvarez  a  través  de  indagatoria  ‘cabello castaño oscuro,  lacio,   en   el  momento  de  la  diligencia  se  encuentra  rapado’;   divergencia   que   aquí  cobra  importancia   suma   debido  a  la  manifestación  que  hiciera  el  particular  testificante     Fabián     de     Jesús     García    Zuleta    ‘por lo regular lo he visto como tuso,  en    ocasiones    lo    veo    tuso’,  la  fotografía que en el segundo semestre de 1999 le fue tomada  al  procesado, en la cual aparece con escaso cuero cabelludo y la manifestación  que    éste    hiciera   en   la   diligencia   de   indagatoria   ‘primero  tenía pelo largo, hace dos  años  para acá nunca me dejo crecer el pelo, en la casa me lo rapo … siempre  he  estado  así  calvito  … cuando saque la cédula estaba rapado’;   

.  La  manera  fortuita  en que se produjo el traslado a la ciudad de Pereira de Camilo Hernán  Álvarez  en  la  camioneta de Gerardo de Jesús Raigosa Cardona la noche del 19  de abril de 2000;   

.    Las  aproximadamente  setenta  y  nueve  heridas  cortopunzantes  de que fue víctima  Gerardo  de Jesús Raigosa Cardona, deja entre ver una situación pasional en la  realización  de  la conducta, la cual no se encuentra aquí acreditada entre la  víctima y el enjuiciado;   

.  La señora  Clara  Inés  Vélez  de  Raigosa declaró que Gerardo de Jesús Raigosa Cardona  ‘de un tiempo para acá  ocho  meses  para  acá … empezó a faltar a la casa de un día para otro, dos  días,  llegaba  al  amanecer borracho’;  además,  que  el  viernes  19  de  abril  de 2000 recibió una  llamada  telefónica  de una persona de sexo masculino, quien dejó la siguiente  razón   a   Gerardo   de   Jesús   ‘que  (le) dijera que fuera a la casa de él saliendo para Armenia,  mi   esposo  no  me  dijo  quien  era’.  Así  mismo  la  deponente  puso  de  presente que ‘unos compañeros de colegio decían  que  se  quedaba  (sic)  con mi esposo tomando pero se iba como a las once de la  noche      y     no     sabían     (sic)     para     donde     iba’;    situaciones    éstas    que  contribuyen aún más a enrarecer lo verdaderamente ocurrido.”   

Frente  a  las  valoraciones  probatorias  efectuadas  por  los jueces de instancia a todo el conjunto probatorio de manera  ponderada  y razonable, el  demandante no demuestra yerro alguno, limitando  el  reparo  a  oponer su propio criterio, postura esta inadmisible en casación,  porque  como  se reitera tal enfrentamiento de posiciones se decide a través de  la  presunción de acierto y legalidad con que la ley ampara al fallo de segundo  grado que el recurrente no logra derruir.   

Ante   la   falta   de   razón  en  la  fundamentación    del    único    cargo    formulado,   se   desestimará   la  demanda.   

Cuestión final.  

Al decidirse la casación sin sustitución  sobre  el  fallo contra el cual va dirigida, esta providencia queda ejecutoriada  el  día  en que es suscrita (artículo 187 Ley 600 de 2000, antes artículo 197  Decreto  2700  de 1991) y no admite recurso alguno. En todo caso, se notificará  en la forma prevista por la ley.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO  CASAR  la sentencia  impugnada.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL      GÓMEZ  GALLEGO                  ALFREDO            GÓMEZ  QUINTERO                     

ÉDGAR          LOMBANA  TRUJILLO                 ÁLVARO    ORLANDO    PÉREZ   PINZÓN          

MARINA        PULIDO       DE  BARÓN                  JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS           

YESID          RAMÍREZ  BASTIDAS                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Auto  mayo27/03, rad. 19.812, M. P. Fernando E. Arboleda Ripoll.     

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