19636(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19636   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 32   

          Bogotá D.C., once de marzo de dos mil tres.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del procesado FELIPE  ORDÓÑEZ  GÓMEZ, contra el fallo  del  13  de  agosto  de  2001  proferido  por  el Tribunal Superior de Pamplona,  confirmatoria  de la condena de 4 años de prisión que el Juzgado Primero Penal  del  Circuito de dicha ciudad le impuso al hallarlo responsable de las conductas  punibles  de  homicidio  culposo  y  lesiones  personales culposas, en concurso,  causados en accidente de tránsito.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          A  eso de las 4:30 de la tarde del 14 de abril de 1998, en el paraje  “La  Posada del Libertador”, corregimiento La Donjuana, en jurisdicción del  municipio  de Chinácota, sobre la vía que de Cúcuta conduce a Pamplona, Norte  de  Santander,  tuvo  ocurrencia  una  colisión vehicular entre la buseta marca  Ford,   modelo   1994,  de  placas  UVF-585  y  afiliada  a  la  Cooperativa  de  Transportadores  Nacionales  de  Pamplona Ltda. -Cotranal-, cuando su conductor,  FELIPE  ORDÓÑEZ  GÓMEZ, al  intentar  realizar  una  maniobra  de adelantamiento chocó con el camión marca  Chevrolet,  modelo  1989,  distinguido  con  las  placas CUA-659, a cuyo volante  marchaba  José  Eduardo  Herrera  Pérez.   A  consecuencia  del accidente  perdieron  la  vida  Richard  Ernesto  Herrera Pérez y Gustavo Urbina Navas, en  tanto   José   Alfredo   Rojas  Barrera,  entre  otros,  padeció  lesiones  de  consideración.   

          Decretada   la   correspondiente   apertura  de  investigación,  la  Fiscalía  Tercera Delegada de Vida con sede en Pamplona escuchó en descargos a  ORDÓÑEZ  GÓMEZ  y decretó  en  su contra detención preventiva con beneficio de excarcelación. Admitida la  constitución  de  parte civil y fenecido el ciclo sumarial, el 15 de septiembre  de  1999  el  despacho  instructor profirió resolución de acusación en contra  del  implicado  por  el  concurso  de conductas punibles de homicidio y lesiones  personales culposos ocasionados en accidente de tránsito.   

          Al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito de la citada localidad le  correspondió  conocer  del  juicio,  dependencia  que luego de evacuar la vista  pública,  por  fallo  del 4 de junio de 2001 y conforme con el pliego de cargos  condenó  al  procesado  a  la  sanción  privativa de la libertad de 4 años de  prisión,  multa  de  $4.000  y  a  la suspensión en el ejercicio del oficio de  conductor  de vehículos automotores por un término de 3 años. Impugnada dicha  determinación,  el  Tribunal  Superior de Pamplona la confirmó por la suya del  13  de  agosto  siguiente,  como  se  anotara  en  el  acápite  inicial de esta  providencia.    

  LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la causal primera, un único cargo formula el censor  contra   la  sentencia  recurrida,  por  violación  de  una  norma  de  derecho  sustancial   al   estimar   que   el   juzgador   incurrió  en  “error    en    la    apreciación    de   las   pruebas.”   

          En  el  desarrollo  de  la censura afirma el actor que conforme a la  prueba  recaudada,  no  existe  certeza  de  la  responsabilidad de ÓRDOÑEZ  GÓMEZ  en la ocurrencia de los  comportamientos   punibles   que  se  le  endilgan,  en  la  medida  en  que  la  interpretación   que   de   aquellos  elementos  de  persuasión  hicieron  los  juzgadores   de   instancia,  “es  contraria  a  los  principios  jurídicos  que  informan  la  temática correspondiente”,   en   cuanto  atenta  contra  la  lógica  y  la  experiencia.   

En  efecto,  el informe que se rindió sobre  los   hechos  conlleva  a  la  demostración  plena  que  el  acusado  conducía  correctamente,  aduce  el  censor,  empero de improviso surgieron circunstancias  fortuitas  y constitutivas de fuerza mayor -la presencia en el carril opuesto de  otro  automotor-  cuando  intentaba ejecutar maniobra de adelantamiento sobre el  vehículo que le antecedía, impidiéndole éste retomar su vía.   

El    A-Quo  para  concretar  la  responsabilidad  del procesado se  basó  en  prueba  documental  -croquis del accidente y placas fotográficas-, y  testimonial  -María  del  Carmen  Suarez  y  Guillermo  Alexis  Rivera-;  estos  últimos   afirman   que  ORDOÑEZ  GÓMEZ  fue  imprudente porque no tomó las debidas precauciones. De tales  pruebas  dedujo  como  circunstancias  que  propiciaron  el  siniestro la manera  imprudente  como  el  procesado  intentó  sobrepasar  a  otro vehículo en zona  prohibida  toda  vez que se aproximaba a una curva, y el exceso de velocidad que  le imprimía al automotor que conducía.   

En  sentir  del libelista esas apreciaciones  son  equivocadas,  porque  no obstante que el croquis del accidente hubiese sido  levantado  tiempo  después  de ocurrido el acontecimiento -lo cual impide tener  un  conocimiento  real del suceso, deja entrever-, es lo cierto que dicha prueba  documental  lo que muestra son las características de la vía, esto es, recta y  plana,  calzada  en  doble  sentido  y  en buen estado. De ahí que las premisas  conclusivas  del  fallador  tengan  por  sustento  causas  probables,  porque en  ausencia  de  señal  prohibitiva alguna como la de no adelantar, o la presencia  de  avisos  o  vallas  que  indicaran la existencia de una curva, o que hicieran  saber  que en ese sector de la vía la visibilidad se hallaba disminuida, lo que  de  esa  prueba  cabe  inferir  es  que  allí  está  permitido el sobrepaso de  vehículos.   

“Con esta errónea  interpretación    de    la    prueba    -agrega   el  demandante- se conduce a la violación de una norma de  derecho  sustancial  cual es la declaración de culpabilidad de FELIPE ORDÓÑEZ  GÓMEZ  y la aplicación de una norma de derecho sustantivo cual es el artículo  329  del  código  penal.  Se  ha  violado porque se ha desconocido, de la misma  manera,  lo  dispuesto  en  el artículo 40 del código penal (Dto. 100 de 1980)  cuando  en  su  numeral  primero  describe  como  causal  de  inculpabilidad  la  realización  de  la  acción  por  caso  fortuito  o  fuerza mayor.”        

          Critica  pues  el  actor  al  Tribunal  por haberle dado crédito al  relato  que  acerca de lo ocurrido hicieron los testigos de cargo, narración de  la  cual  sólo  toma  apartes  para  cimentar  el  juicio de reproche, asegura,  procediendo a citarlos.   

Esa   apreciación   dice   el  censor  no  compartirla   por  subjetiva,  puesto  que  los  hechos  evidencian  otra  cosa:  “(…)  había  una  recta,  se  podía  iniciar una  maniobra  de  sobrepaso,  pero  el  otro  vehículo no lo permitió, y el que se  desplazaba  en  sentido  contrario  venía  a  exceso  de  velocidad”,  como  así  lo confirma uno de los pasajeros del vehículo que  conducía  el justiciable, José Alfredo Rojas Barrera, cuyo dicho desestimó el  Tribunal.   

Casar  el  fallo  impugnado  y  en  su lugar  proferir  el  que  en  derecho corresponda, es la aspiración del censor, porque  conforme  con  lo normado en el Art. 247 del anterior C. de P. Penal, afirma, el  procesado debe ser absuelto de todo cargo.   

  ALEGACIÓN  DEL  SUJETO  PROCESAL NO RECURRENTE    

-PARTE CIVIL-  

          La  demanda  de  casación adolece de protuberantes fallas técnicas  que  impiden  la prosperidad del cargo, aduce la parte no recurrente, puesto que  si  bien el impugnante extraordinario invocó como motivo de casación la causal  primera,  omitió  precisar  si  el  juzgador  en la apreciación de las pruebas  incurrió  en  errores  de hecho o de derecho. Ha sido posición reiterada de la  Corte,  afirma el apoderado de la parte civil, que en la demanda de casación ha  de  establecerse con exactitud la clase de error que se alega, lo cual es apenas  obvio  porque  tanto  el  error  de  hecho  como  el de derecho tienen distintas  connotaciones  jurídicas,  que  de no ser precisadas no es posible su examen de  fondo.   

          Por  no reunir los requisitos legales, la demanda de casación que a  nombre   del   acusado   presenta   su  defensor  debe  ser  inadmitida,  es  su  petición.   CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  entrada  advierte  la  Sala  que la censura entraña una abierta  discrepancia  del  actor  con  la  estimación probatoria hecha por el Tribunal,  pero  en  manera  alguna se alude a errores de hecho o de derecho verdaderamente  trascendentes  que  hayan conducido a una decisión ilegal, como tampoco atina a  señalar  las modalidades de tales yerros (falso juicio  de  existencia,  falso  juicio  de identidad, falso raciocinio o falso juicio de  legalidad),  y  mucho  menos  intenta   un juicio  sobre  la  violación  de  la ley sustancial cuya identidad y sentido igualmente  están ausentes del libelo.   

         

          Así,  ensaya  el  actor una valoración distinta de los testimonios  rendidos  por  María  del  Carmen Suárez de Contreras  y      Guillermo    Alexis   Rivera,  pero ni siquiera pone de presente el examen crítico que de dichas  pruebas   hizo   el   Tribunal,  salvo  su  insular  afirmación  acerca  de  la  apreciación  subjetiva  del sentenciador en relación con los mismos, dejando a  la  Corte sin saber si su inconformidad con el análisis probatorio del fallo se  debe  a  que  el  juzgador  distorsionó  el  contenido material de las pruebas,  poniéndolas  a  decir  lo que éstas en su genuino sentido no indican -error de  hecho  por  falso  juicio de identidad-, o si eventualmente hubo algún atentado  contra  las  reglas  de  la lógica y la experiencia común y científica -falso  raciocinio-,  porque  a  pesar  de  que  así  lo indica, omite señalar de qué  manera   se   produjeron   esas   violaciones   a  los  postulados  de  la  sana  crítica.   

Solamente se limita el demandante a destacar  en  relación  con  el primero, que el dicho de la mujer lo que deja en claro es  que  la  vía  en donde ocurrió el accidente es terreno recto y plano, y que el  automotor  en  el  que  marchaba  como  pasajera  intentó  sobrepasar al que le  antecedía;  en  tanto  que  respecto del segundo dice no compartir lo expresado  por  el  varón  acerca  de  lo  acaecido,  por  cuanto,  contrariamente  a  sus  aserciones,  los  hechos  indican que como transitaban por una calzada recta, se  podía  ejecutar  maniobra  de  sobrepaso,  lo  cual  no  fue  posible porque el  vehículo  que  circulaba  adelante  lo  impidió,  y el que avanzaba en sentido  contrario lo hacía a exceso de velocidad.   

         De  otro  lado,  el  discurso  del  censor  se  centra  en  reclamar  credibilidad  al  testimonio  de  José  Alfredo  Rojas Barrera porque, amén de  carecer  de  parentesco  con  el  procesado,  es  quien refiere lo que realmente  aconteció  al  aducir como causa de la colisión el hecho de que el rodante que  les  precedía en la marcha no les permitió el paso, maniobra de adelantamiento  que  era  factible  realizar, mas no la imprudencia y el exceso de velocidad que  la Suárez de Contreras y Rivera le achacan al justiciable.   

          Pretende  pues  el  censor  anteponer su personal criterio al de los  juzgadores  en  relación  con  el examen probatorio realizado por éstos en las  instancias  ordinarias,  en  posición inadmisible en  esta   sede  extraordinaria  dada  la  relativa  libertad  de  la  que  goza  el  funcionario  judicial  para  sopesar  el  mérito  persuasivo  de  los medios de  convicción  puestos  a  su  alcance,  limitada  sólo por las reglas de la sana  crítica,  cuya  transgresión  no solamente aquél omite relacionar, como ya se  anotó, sino que no desentraña del libelo.   

          La  Corte  no  puede  propiciar un nuevo  debate   sobre   las  pruebas,  pues,  si  no  se  han  demostrado  los  errores  trascendentes   de   la   sentencia,  las  conclusiones  del  Tribunal  devienen  prevalentes  por la doble presunción de acierto y legalidad que acompaña a sus  fallos.   

          La  informalidad de la demanda deviene mayúscula cuando el actor al  desgaire  protesta  por no reconocerse que el accidente vehicular tuvo su origen  en  un  caso  fortuito  o  en  una  fuerza  mayor, olvidando no sólo que dichos  eventos  de ausencia de responsabilidad son de naturaleza diversa, sino también  indicar  si  fue  que  a  pesar  de  haberse  admitido su existencia el fallador  rehusó  asignarle  sus  consecuencias  jurídicas,  caso  en  el  cual  la vía  correcta  hubiera  sido la formulación de la censura a través de la violación  directa;  o  si  fue  que  la equivocación devino por una indebida apreciación  probatoria,  lo  cual  ha  debido  plantear a través de la violación indirecta  señalando  los  protuberantes  yerros,  de  hecho  o  de derecho, en los que el  sentenciador  incurrió  al examinar el plexo probatorio, concretando además su  trascendencia  y  su   repercusión  en la decisión final que, de no haber  ocurrido  aquélla,  otra  muy  distinta  hubiese sido la determinación. Un tal  ejercicio,        brilla        por        su        ausencia        en       el  libelo.           

Como la  demanda  no  cumple a satisfacción el requisito de precisión y  claridad,  tanto  en  la  formulación  del  cargo como en la exposición de sus  fundamentos  conforme a lo normado en el Art. 212 de la Ley 600 de 2000, lo cual  le  da connotación de mero alegato de instancia mas no de demanda de casación,  se impone su inadmisión.   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

          INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado   FELIPE  ORDÓÑEZ  GÓMEZ.  En  consecuencia,  se   DECLARA DESIERTO el recurso, por lo  anotado      en     la     motivación     de     este     proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud a lo dispuesto en los artículos 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

                    

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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