19627(02-03-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19627  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

Aprobado Acta 14  

Bogotá,  D.  C.,  dos  de  marzo  de dos mil  cinco   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  del  16  de  noviembre  de 2.001,  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá a través  de  la cual modificó la sentencia emitida contra los señores SEGUNDO NOE RUANO  SANTACRUZ  y MELQUISEDEC CASTAÑEDA PRIETO, imponiéndoles a cada uno la pena de  93  meses  y  10  días  de  prisión  e  interdicción  de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  término,  como coautores de un delito de tráfico de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

    

1. HECHOS     

El 20 de septiembre de 2.000, a eso de las 10  p.m.  la  Policía  Judicial  –  SIJIN  dispuso  un operativo en el sector de la  Avenida  Boyacá, a la entrada del barrio Quirígua de ésta ciudad, con miras a  ubicar  un  vehículo  tipo  camión  de  placas VSD-414, procedente del sur del  país,  del  cual un informante señaló que transportaba municiones y granadas.  El  vehículo  fue localizado en una estación de servicio entre el río Bogotá  y  la  glorieta  de  Siberia,  siendo conducido por SEGUNDO NOE RUANO SANTACRUZ.   

Efectuada   la  inspección  respectiva  se  encontraron  camufladas en la plataforma del contenedor unas cajas que guardaban  munición   (15.044  proyectiles)  y  80  granadas  de  fragmentación.  Se  verificó  que  dichos  objetos  iban a ser recogidos por MELQUISEDEC CASTAÑEDA  PRIETO  y  HÉCTOR  RODRIGO GARCIA PULIDO, quienes se pusieron de acuerdo con el  conductor  del  camión  para el efecto, cuando éste ya había sido aprehendido  por las autoridades.   

    

1. ACTUACIÓN PROCESAL     

     

1. El  22  de septiembre de 2.000 la Fiscalía delegada ante los jueces  penales  del  circuito  especializados   –  Unidad  SIJIN  MEBOG  –  abrió  instrucción   formal   (Fol.   61   C-1).     

     

1. El  22  y  25 de septiembre de 2.000 fueron indagados los procesados  en  presencia  de  sus respectivos defensores (Fol. 71,  79 y 83 C-1).     

     

1. El  26 del mismo mes y año se definió su situación jurídica, por  parte  de  la Fiscalía 09 Especializada de Bogotá, Sub Unidad de Terrorismo, y  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento  consistente en detención preventiva  (Fol. 99 C-1).     

     

1. El  12  de  marzo  de 2.001 se celebró audiencia de formulación de  cargos,  los cuales fueron aceptados por parte de los señores RUANO SANTACRUZ y  CASTAÑEDA    PRIETO    (Fol.   23   C-3),  en  tanto  que para el otro procesado siguió el curso normal del  proceso.  Los  cargos  se  concretaron  en:  ser coautores de un delito de porte  ilegal  de  armas y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas, previsto  en  el art. 2 del Dcto. 3664 de 1.986, adoptado como legislación permanente por  el  art.  1  del  Dcto. 2666 de 1.991, delito agravado por la casual primera del  art.  201  del  C.P., por la utilización de medios motorizados, en concordancia  con el inc. 2, del art. 202 ibídem.     

     

1. El  6  de  agosto  de  2.001  el  Juzgado Segundo Penal del Circuito  Especializado   de   Bogotá   profirió   sentencia   anticipada   (Fol.  19 C-4), y se les impuso una pena de  72  meses  de prisión, decomiso de la munición y la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un termino igual a la pena privativa de  la  libertad;  se  les  negó  el  subrogado de la suspensión condicional de la  ejecución de la pena, lo mismo que la prisión domiciliaria.     

     

1. El  fallo  fue  apelado  por  los  procesados  y  por el defensor de  CASTAÑEDA  PRIETO.  Sin  embargo,  sólo fue sustentado el recurso por parte de  SEGUNDO     NOE    RUANO    SANTACRUZ    (Fol.    57  C-4).     

     

1. El  16  de  noviembre  de  2.001,  el  Tribunal  Superior de Bogotá  declaró  desierto  el recurso de apelación interpuesto por CASTAÑEDA PRIETO y  su  defensor.  A  su  vez,  desatando  la  alzada elevada por el otro procesado,  modificó  la  sentencia  de  primera instancia  en sus numerales primero y  segundo,  señalando  que  la pena de prisión a imponerles era la de 93 meses y  10  días.  Dispuso  también  que  la  interdicción  de  derechos  y funciones  públicas   corría   por  el  mismo  tiempo  (Fol.  3  C-6).     

     

1. La  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación contra el  fallo    (Fol.   26   7   27    C-6),   el   cual   fue   concedido   por  el  ad  quem.  Presentada  la  correspondiente      demanda      (Fol.     47  C-6) ésta fue admitida por la Corte.     

3. LA DEMANDA  

Se  presentó  por el abogado de confianza de  los  procesados  y   contiene  dos  cargos principales bajo el amparo de la  causal primera de casación.   

3.1             Primer   cargo   principal   –  Causal  primera   

En el fallo se incurrió en violación directa  de  la ley sustancial (art. 207 del C. de P.P.) por cuanto no se dio aplicación  al  principio  de  legalidad  previsto  en  el  art.  6  de  la  Ley 599/ 2.000.   

La  dosificación  punitiva  efectuada por el  Tribunal  fue  incorrecta  pues, en el caso de SEGUNDO NOE por su buena conducta  anterior  debía moverse dentro de los cuartos medios, es decir dentro del marco  punitivo  señalado  entre 72 y 120 meses, incrementar 4, para alcanzar un total  de  76  y  luego  aplicar  la  rebaja de pena por sentencia anticipada, quedando  entonces la sanción en 52 meses.   

En  el caso de MELQUISEDEC CASTAÑEDA, había  que  moverse  en  el  cuarto máximo (por el antecedente y la coparticipación),  partir  de  72  meses, incrementar 6 en razón del art. 67 del C.P. y 6 más por  el  grado  de  culpabilidad, para un total de 84 y aplicar la rebaja de pena por  sentencia anticipada, para arribar a la condena final de 56 meses.   

3.2             Segundo   cargo   principal  –  Causal  primera   

El Tribunal no dio aplicación al art. 204 del  C.  de P.P., relacionado con que el superior sólo puede decidir sobre los temas  inescindiblemente vinculados con el objeto de la apelación.   

No  se  podía agravar la sanción, en virtud  del  art.  31  de la C.P., el cual prohíbe la reformatio in pejus cuando existe  un único apelante.   

Al aplicar una pena mayor se incurrió en vía  de  hecho, siendo que el procesado RUANO SANTACRUZ fue el único sujeto procesal  que  apeló.  Por  eso  el incremento de pena de 72 a 93 meses y 10 días no era  procedente.   

4.                    EL CONCEPTO DE LA PROCURADURIA   

El   Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal,  solicitó  a  la  Corte  casar la sentencia  y para ello  argumentó en su concepto lo siguiente:   

El  interés  jurídico  para  recurrir  en  casación  surge,  para el no apelante del fallo de primera instancia, en razón  de  la  agravación de su situación jurídica (aumento de pena) impuesta por el  Tribunal.   

El  error  de  los juzgadores estribó en que  aplicaron  un  incremento  de  pena  tanto al mínimo como al máximo, cuando la  norma establece que sólo se incrementará el mínimo, al doble.   

Así  se  determinó  un  ámbito  punitivo  equivocado   (entre   135  y  156  meses)  violándose  el  principio  de legalidad de la pena. El máximo no  superaba  los  120  meses  y  el  Tribunal  fijó  como  pena, sin la rebaja por  sentencia anticipada, el tope de los  140 meses.   

Existió  entonces  falta  de aplicación del  art.   6   del   C.P.  y  del  precepto  constitucional  señalado  en  el  art.  29.   

La demanda evidencia una falta de técnica en  su  presentación  pues  confunde razonamientos propios de la vía indirecta con  los  de  la  vía  directa,  pero  aún  así,  la  Corte, en uso de la facultad  discrecional  señalada  en  el  art.  216 del C. de P.P. debe entrar a casar el  fallo  pues  se  aumentó la pena habiendo un único apelante, incurriendo en el  dislate  de  proceder sin competencia funcional a modificar la sanción del otro  procesado.  Sugiere  que  cobre  firmeza el monto de las penas señaladas por el  juez especializado.   

    

5. CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Tal  como  lo  advirtió la Procuraduría, la  demanda  no  reúne  en  estricto  sentido  la técnica de la casación, pero en  virtud  de la parte final del art. 216 del C. de P.P.1   se  entrará a casar la  sentencia, por las siguientes razones:   

     

1. La     legitimación     para     interponer     el    recurso    de  casación     

Dentro  de  la  actuación  se  encuentra que  existió  un   único  apelante  del fallo proferido por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Bogotá, esto es, el procesado SEGUNDO NOE  RUANO   SANTACRUZ.    De  tal  suerte  que  dicha  persona  era  la  única  legitimada,   en   principio,  para  interponer  el  recurso  extraordinario  de  casación, tal como lo ha señalado la Corte al indicar:   

(…) la pasividad manifiesta del procesado o  de   su  defensor,  al  omitir  ejercer  el  derecho  a  impugnar  la  sentencia  condenatoria  de  primer grado, descarta la posibilidad de controvertir por vía  extraordinaria       la       de       segunda       instancia      –   a   menos   que  de  este  último  pronunciamiento  resulte desfavorecido el status adquirido en el fallo de primer  grado  –  ,  no sólo porque esta actitud refleja conformidad con el mismo, sino  además  porque  la  ilegalidad de la sentencia de mérito no puede alegarse con  criterio  supletorio,  luego  de  haber  tenido a disposición la oportunidad de  cuestionar  la  decisión  dentro  de  la  misma instancia que ahora se pretende  deslegitimar.   

(…) la impugnación extraordinaria respecto  del  procesado  deviene  procedente  sólo  cuando  éste  o  su  defensor hayan  interpuesto  la  alzada  como  paso  previo  para  controvertir  la sentencia de  mérito;  o,  cuando,  sin haber apelado directamente, el fallo de segundo grado  afecte  su  situación  jurídica  y le cause agravio, tal como sucedería en el  evento  en  que  se  transgreda  la prohibición de reformatio in pejus. En este  caso,  se  impone  para  el  recurrente  la  carga  procesal de acreditar con la  interposición  del  recurso,  el  interés  que  le  asiste  para  impugnar  en  casación  el fallo de segundo grado, a pesar de haber omitido incoar el recurso  de apelación. 2   

En el presente caso quien presentó el recurso  extraordinario   de   casación   fue  el  defensor  del  procesado  MELQUISEDEC  CASTAÑEDA  PRIETO  (Fol.  26   C- 6),  el  cual  no  había  apelado  el  fallo  de  primera  instancia.   

Sin   embargo,   siguiendo   la  línea  de  pensamiento  de  la  Corte,  esbozada  con  antelación,  dos situaciones claras  amparan    la    legitimidad    para    actuar    en   casación:   a)  En  el  fallo  de segunda instancia se  desmejoró  la  situación adquirida por el procesado CASTAÑEDA PRIETO, pues se  le   impuso   una   pena   mayor;   y   b)  El procesado SEGUNDO NOE RUANO SANTACRUZ, legitimado para recurrir  en  casación  por  haber  apelado el fallo de primer grado, otorgó luego poder  para  presentar  la  respectiva  demanda  al mismo abogado de CASTAÑEDA PRIETO.   

Así  las cosas, por una vía (afectación en  segunda  instancia  de  la  situación  de  CASTAÑEDA  PRIETO)  o  por otra (el  defensor  actúa  tanto  a nombre del apelante como del no apelante del fallo de  primera  instancia), se consolidó la legitimación para recurrir ante la Corte,  toda  vez que los dos procesados estimaban que la sentencia de segunda instancia  les causaba agravio.   

     

1. Los cargos     

Los  dos  cargos  presentados por el actor se  formularon  de  manera separada y como principales, por violación directa de la  ley sustancial.   

Para  recurrir  en  casación a través de la  causal      primera,      cuerpo      primero     (art.     207     –1  del  C. de P.P.), tal como lo viene  exigiendo  la Corte, se exige que el actor cumpla con los siguientes requisitos:   

2.1.   Afirmar   y  probar  que el  juzgador  de  2a.  instancia  ha  incurrido  en  error  por falta de aplicación  (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por aplicación indebida   (falso  juicio  de  selección)  o  por  interpretación  errónea  (  sobre  la  existencia  material,  sobre la validez o sobre el sentido o alcance ) de la ley  sustancial.   

2.2.  Abstenerse  de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia  de la errónea  interpretación  de la ley, ésta se deja de aplicar, o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de estas dos hipótesis y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley  pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

2.5. Si predica  aplicación indebida de  una  norma,  tiene  que  precisar  la  norma  inadecuadamente  utilizada  y  aquella que en su lugar debe ser atribuida.   

2.6. Respecto de una misma disposición legal  no   puede   predicar   simultáneamente  falta  de  aplicación  y  aplicación  indebida.   

2.7.  Indicar  en  forma clara y precisa los  fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar  las  normas  que  se  estiman  infringidas.    

2.9. Si por esta vía el proponente reprocha  al  Juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que demostrar  que  en  la  sentencia  el fallador ha reconocido formalmente la presencia de la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta  de  aplicación del artículo 445 del C. de. P. P. (art. 7 del C. de P.P.  de   2.000)   3   –   agregado  entre  paréntesis  fuera  de  texto  para  aclarar  -.   

El libelista se separó por completo de ésta  línea  para  simplemente  plantear  la  violación  directa  pero  construyendo  razonamientos  propios  de  la vía indirecta, pues no explicó si la violación  se  daba  por  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o interpretación  errónea;  se  abstuvo de reprochar la prueba, pero no hizo un estudio jurídico  de  la sentencia ya que se limitó a hacer un ejercicio de dosimetría penal que  no  correspondía  a  la  realidad;  se  citaron  las  normas  que  se estimaban  infringidas,  pero  no se indicó en forma clara y precisa los fundamentos de la  causal,  salvo  la  leve  referencia  que  hizo en el cargo segundo acerca de la  reformatio in pejus.   

El  recurso  extraordinario  que nos ocupa es  rogado,  por lo que la Corte no puede entrar a corregir los yerros en los que el  casacionista pudiese incurrir al momento de formular la demanda.   

Como se desprende de la propia Constitución  Política,  la casación es una etapa extraordinaria de los procesos judiciales,  encargada  de  mantener  o  de recuperar la estricta legalidad de las decisiones  emanadas  del Poder Judicial. No es, entonces, una instancia adicional a las dos  que  la  misma Carta y la ley han establecido para el normal decurso del proceso  penal.  Fundamentalmente, por esta razón la Corte se ciñe a las peticiones que  hace  el  actor  y,  desde  luego,  a  las  exigencias  que  emanan del estatuto  procesal,  especialmente  -para  este  asunto-  del artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal  de 1991 (art. 212 C. de P.P. /2.000). Es lo que se conoce,  simultáneamente,  con  los  nombres  de  principio  de rogación y principio de  limitación.  Por  el  primero,  el  demandante  debe  solicitar  y  desarrollar  exactamente  aquello que quiere, circunscrito, con plena precisión y nitidez, a  los  requerimientos de la norma citada; y por el segundo, la Corte debe realizar  su  estudio   solamente  con  base  en  aquello  que impetra el proponente,  salvo,   claro   está,   aquellas   hipótesis  en  que  puede  y  debe  actuar  oficiosamente  con  fundamento  en el artículo 228 de la ley procesal (art. 216  C.  de  P.P. /2.000), es decir, cuando se encuentra frente a abruptos motivos de  nulidad     y/o     a     ostensible    desconocimiento    de    los    derechos  fundamentales.4   –  agregados  entre  paréntesis  fuera  de  texto  para  aclarar  -.   

De  tal  suerte  que, en estricto sentido, la  demanda   estaba   llamada   al   fracaso   por   falta   de   técnica   en  su  presentación.   

Sin embargo, como ya se advertía, el art. 216  del  C.  de  P.P.  faculta  a  la  Corte  para  que case la sentencia cuando sea  ostensible  que atenta contra garantías fundamentales. Dos son las afectaciones  que  se  vislumbran  en  el fallo: el principio de legalidad de las penas,   previsto     en     el     art.     29    Superior5  y, dos, la prohibición de la  reformatio    in    pejus,    art.    31    ibídem6.   

Sobre  el  tema  de la casación oficiosa, la  Sala ha precisado:   

Ahora bien: la Corte Constitucional, al fijar  los  alcances  del término “podrá” incluido en el artículo 216 del Código de  Procedimiento Penal, señaló:   

“La expresión “podrá” no hace referencia a  una  especie  de  discrecionalidad  absoluta de la Corte Suprema de Justicia por  cuya  virtud,  ante  la  violación  de  las  garantías  fundamentales  por  la  sentencia  que  examina  en  casación,  estaría  facultada  por  la norma para  decidir  a su arbitrio si casa o no casa la sentencia. El correcto entendimiento  de  la  norma  enseña que mediante la expresión “podrá”, lo que el legislador  pretendió  fue introducir una autorización para que la Corte case la sentencia  en  la  que se perciba ostensiblemente el vicio anotado, a lo cual procederá de  oficio,  pues  de  lo  contrario,  se  expondría  ella  misma a quebrantar esas  garantías”7.   

Esa  autorización-deber para la Corte casar  la  sentencia  de  oficio  cuando  perciba  una  evidente  transgresión  de los  derechos  fundamentales  -se  reitera-  no  está   atada  a que la demanda  reúna  todos  los  requisitos  formales  pues  ello significaría desdibujar su  condición   de  órgano  límite  de  la  Jurisdicción  Ordinaria  y  de  Juez  Constitucional  garante  de  las  prerrogativas  esenciales en el caso concreto.  Vale decir:   

Un  caso  llega  a la Corte cuando el sujeto  procesal  ha  interpuesto  oportunamente  el  recurso extraordinario, le ha sido  concedido  y  ha  presentado,  también en término, la demanda correspondiente.  Entonces  verifica  la Sala que ese trámite se encuentre ajustado a la ley: que  la  sentencia  admitía  el  recurso, que se presentó y sustentó puntualmente,  que  el  impugnante  contaba  con   interés  para interponerlo y, además,  emprende  el  examen  formal  del  libelo  para  la calificación de la demanda,  momento  en  el  cual la Corte accede al conocimiento de los hechos, al trámite  de  la actuación y a variada información procesal que surge del estudio de los  cargos  y  de  la eventual comprobación de su contenido, que puede abocarla -no  obstante  la  improsperidad  de  las censuras- ante una situación de ostensible  violación  de  una  garantía fundamental, que no le es posible obviar a riesgo  de  contrariar  los  referidos  mandatos constitucionales y legales.8   

Con esa claridad, enseguida se pasa a detallar  las  dos  garantías  fundamentales  afectadas  con  el fallo, que permiten a la  Corte darle curso a la casación oficiosa:   

5.3 La legalidad de la pena  

     

1. El incremento punitivo     

Los  procesados  fueron condenados por hechos  ocurridos  en  el  año  2.000.  El art. 202 del C. P. /1.980, modificado por el  art.  2  del  Dcto.  3664  de  1.986,  establecía  una  pena de 3 a 10 años de  prisión  para  quien  sin  permiso  de  autoridad competente importe, trafique,  fabrique,  repare,  almacene,  conserve,  adquiera,  suministre  o porte armas o  municiones  de uso privativo de las fuerzas armadas. El art. 366 del C.P. /2.000  fijó el mismo monto punitivo.   

De  igual  manera  la  normatividad  anterior  disponía  un  incremento  punitivo  de  la  PENA  MINIMA  (en el doble), cuando  concurriera  alguna  de  las  circunstancias  previstas en el inciso segundo del  art.  201.  Similar  es  el  contenido  del art. 366 9  ya  mencionado, remitiéndose  al art. 365 ibídem.   

En este caso, la circunstancia que se estimó  que  concurría  era  la  primera, esto es, que la conducta se cometa utilizando  medios  motorizados.  Para  el evento, un camión que se movilizaba desde el sur  del país.   

Con estos parámetros legales era claro que la  pena  a  imponerse  oscilaba  entre  6  (el  doble  del  mínimo)  y 10 años de  prisión.  Sin  embargo,  tanto el a quo como el ad quem, incrementaron el rango  punitivo  también  en  el  máximo  (señalándolo  en  13  años),  dando  una  aplicación  indebida  al  art. 60  num. 1 de C.P., pues se pasó por alto,  que  esta  norma  de  carácter  general, debía ceder ante la norma específica  prevista  en  la  parte  segunda del código, donde de manera estricta y precisa  (principio  de legalidad de las penas) se señalaba un incremento tan sólo para  el mínimo mas no para el máximo.   

Desde  ahí el tratamiento punitivo empezó a  fallar,  pues  se  partió  de  un  rango amplio que no estaba autorizado por la  ley.   

5.3.2                  Los antecedentes penales   

El segundo error radicó en que se dieron por  probados  los  antecedentes  penales  de  los  procesados, cuando en realidad de  ellos  sólo  se  reportaron unas investigaciones que aún no habían culminado.   

En  efecto,  la Fiscalía informó que contra  MELQUISEDEC  CASTAÑEDA  existía  orden  de  detención  preventiva  dentro del  proceso  2245  por  los  delitos  de  hurto  y  concierto para delinquir, según  decisión  del  15  de  junio  de  1.995  (Fol. 144 C-  2)  y  otra detención similar en el proceso 26383 por  un  delito  de  tráfico de estupefacientes, según decisión del 8 de agosto de  1.995  (Fol.  145  C-  2). El  otro  procesado,  SEGUNDO  NOE  RUANO SANTACRUZ, también reportaba, fuera de la  anotación  del  proceso  en  curso,  un  registro derivado del proceso 9401 por  estupefacientes,  en el cual se le había impuesto detención preventiva, según  decisión   del   6   de  marzo  de  1.995  (Fol.  146  C-2).   Datos   estos   que   el   aquo  (Fol.  39  C  –  4),  y luego el ad quem (Fol.  8  C-6),  los tomaron como indicativos de antecedentes  penales,  para  concluir  que  tenían  una  personalidad  proclive  al  delito.   

Con  relación a los antecedentes penales, la  Corte ha manifestado:   

La  situación  frente  al nuevo estatuto es  distinta.  El  concepto  de  antecedente penal, que recoge el artículo 55 en su  numeral  primero,  implica  la  existencia  de  una  condena judicial definitiva  (artículos  248  de  la  Constitución  Nacional,  y  7º del estatuto procesal  penal),  al  momento  de  la  comisión  del  delito  que  se  juzga,  pues  las  circunstancias  de  mayor  o  menor  punibilidad  se  encuentran  referidas a la  conducta  investigada,  o  momento de su ejecución, no al del proferimiento del  fallo.10    

Luego,  no  era  posible  considerar  para la  época  del  fallo de primera instancia (8 de agosto de  2.001)  y  de  segunda (16 de  noviembre  del mismo año), en plena vigencia del nuevo  código   penal   (Ley   599   de  2.000)11,   que  los  procesados  tuvieran  antecedentes  penales  como  para  agravarles su pena.   

De  tal  suerte  que  ninguno  de  los  dos  procesados  tenía  antecedentes  penales,  por lo que en ese punto les amparaba  una circunstancia de menor punibilidad.   

5.3.3                  Las causales de agravación   

El  Tribunal,  por  otro lado, consideró que  para  los  procesados concurrían solo casuales de agravación: una la señalada  en  el  art. 201, inc. 2 del C.P. anterior  y, dos, la que preveía el art.  66-7  ibídem (reproducida por el art. 58-10 del C.P. de 2.000), relacionada con  el obrar en coparticipación criminal.   

Con  lo  primero  se volvió a incurrir en un  nuevo  error,  pues  si ya la agravante específica había sido considerada para  aumentar  el mínimo – y el  máximo,  como  ya  se  explicó  -,  no  podía tenerse en cuenta otra vez para  efectos  de  señalar  los  cuartos  de  punibilidad,  pues con ello se atentaba  contra  el  principio  del  non bis in idem (art. 29 constitucional 12).   

El   ad   quem  explicó  también  que  la  coparticipación  se  derivaba  de  la  manera como se formularon los cargos por  parte  de  la  Fiscalía,  al tratarlos como coautores de la conducta que se les  endilgaba.  Con esos datos, estableció que a los procesados debía ubicárselos  en  el  cuarto  máximo de punibilidad (135 a 156 meses), por concurrir tan solo  circunstancias de agravación.   

Aclaró  que  no se podía partir del mínimo  sino  de 140 meses, a lo cual le redujo una tercera parte de la pena por efectos  de  la terminación anticipada del proceso, concluyendo entonces en los 93 meses  y 10 días, que al final les impuso.   

Pero entonces, evidenciando que no era posible  incrementar  el  máximo, que tampoco se podían tener como antecedentes penales  los  registros  que  reportaban  en  la  Fiscalía,  y  menos  que  la agravante  específica  por  cometer  la  conducta  en  medio motorizado se podía tener en  cuenta   dos   veces,   la   dosificación   punitiva   debía   obrar  de  otra  manera.   

     

1. La dosificación punitiva     

Las  fallas  que se han podido evidenciar con  antelación   y  en  las  que  incurrió  el Tribunal, obligan a la Corte a  casar  el  fallo y en su lugar fijar el monto de la pena que en estricto sentido  correspondía.   

Para  tal  efecto  se  hará  el  ejercicio  dosimétrico  bajo  los parámetros del Código Penal de 1.980 y bajo el Código  de  2.000, a fin de establecer cual de los dos le resultaba más favorable a los  procesados.   

El delito por el cual se les procesó tenía y  tiene  prevista  una  pena  de 3 a 10 años. Como se aceptaron los cargos con la  agravante  contemplada en el art. 201 y 202 del C.P. anterior, el mínimo debía  incrementarse  al doble, esto es, a 6 años. En consecuencia la pena a imponerse  oscilaba entre 72 y 120 meses.   

El  sistema  de  dosimetría  penal  anterior  presentaba  un  alto  grado de  discrecionalidad para el juez al momento de  fijar  la  pena  (art.  61  del  C.P./80),  pues  se  podía mover entre los dos  extremos  indicados,  atendiendo  las circunstancias de gravedad y modalidad del  hecho  punible,  el  grado  de culpabilidad, las circunstancias de atenuación o  agravación y la personalidad del agente.   

El  juez  de  primera  instancia, partió del  mínimo  (72  meses)  e  hizo  un  incremento del 50%, para arribar a 108 meses,  atendiendo  a dos de las circunstancias expuestas: una, los antecedentes penales  que  en su criterio reportaban los procesados y dos, la gravedad de la conducta,  al  considerar  que  los  elementos bélicos incautados estaban destinados a los  grupos subversivos que operaban en el Departamento de Cundinamarca.   

En  vista  de que los antecedentes penales no  existían  – tal como ya se  explicó  en líneas anteriores -, sólo era válido tener en cuenta la gravedad  de  la  conducta.  Por ello se tomaría un porcentaje equitativo, esto es el 25%  de  incremento,  con  lo  cual  la  pena  arribaría  a los 90 meses (72/4 =18 y  72+18=90).   

Esta  pena  debía disminuirse en una tercera  parte  (90 /3 = 30 meses) por acogimiento a sentencia anticipada, con lo cual la  pena    final    a    imponerse    era    de    60    meses   (90   – 30 = 60).   

Enseguida  se  pasa  a  efectuar el ejercicio  dosimétrico  aplicando  la  normatividad  procesal  vigente  al  tiempo  de  la  condena, vale decir la Ley 599 /2.000.   

Aplicando entonces el art. 60 del C.P. /2.000,  era  viable  establecer  los  cuartos  de  punibilidad  así  (120  – 72 = 48 / 4 = 12) :   

CUARTO MINIMO             72                                         a          84 meses   

1  CUARTO  MEDIO                84  meses  y  un  día          a                      96 meses   

2  CUARTO  MEDIO              96  meses  y  un  día          a                      108 meses   

CUARTO  MÁXIMO             108  meses  y  un  día  a          120 meses   

En los procesados concurría una circunstancia  de  menor  punibilidad  (carecer  de  antecedentes penales: art. 64 –1  C.P.  /80, art. 55-1 C.P. /2.000) y  una  de  mayor  punibilidad  (la  coparticipación criminal: art. 66-7 C.P. /80,  art.  58  –10 C.P. /2.000).  Luego,  al  tenor del inciso segundo del art. 61 del C.P./2.000, el sentenciador  debía  ubicarse  en los cuartos medios de punibilidad. Es decir, la pena podía  oscilar entre 84 meses más un día y 108 meses de prisión.   

Establecido  éste  rango,  el  inciso  3 del  citado  art.  61  C.P.  /2.000,  exige determinar la pena teniendo en cuenta los  siguientes  aspectos:  la mayor o menor gravedad de la conducta, el daño real o  potencial  creado,  la  naturaleza  de  las  causales  que agraven o atenúen la  punibilidad,   la   intensidad   del   dolo,  la  preterintención  o  la  culpa  concurrentes,  la  necesidad  de pena y la función que ella ha de cumplir en el  caso concreto.   

El  a  quo,  se  recuerda,  tan sólo tuvo en  cuenta  la  gravedad de la conducta, y en efecto el despliegue comportamental de  los  procesados  indicaba  que hacían parte de un tráfico de munición y armas  (granadas)  incautadas  en  una  cantidad considerable, sin que a los mismos les  hubiese  importado  el  funesto  daño  que  tales  artefactos podían causar la  población.  Así  que  ante  tamaña  circunstancia  resultaba  apenas justo el  incremento  del  mínimo en 25%, lo que equivaldría a imponer 105 meses  (  84 /4 = 21 y 84 + 21 = 105).   

A  esta  pena  debía disminuirse una tercera  parte  (105  /  3 = 35 meses) por efecto del acogimiento a sentencia anticipada,  con  lo  cual  la  pena  final  a  imponerse  era  de 70 meses (105 – 35 = 70).   

Resultando más favorable el sistema anterior,  la pena se fijará en últimas en 60 meses.   

5.4             La   reformatio  in  pejus           

Se  dejó  establecido atrás que tan solo el  señor  RUANO  SANTACRUZ  apeló  el  fallo  de  primera  instancia,  por lo que  atendiendo  al  principio  de la no reforma en perjuicio, previsto en el art. 31  Constitucional,  el  Tribunal  no  estaba  en  posibilidad de agravar su pena, y  pasarla de 72 meses a 93 meses y 10 días.   

Menos  aun  podía  hacer  eso frente al otro  procesado,   quien   no  había  recurrido  en  últimas  del  fallo  de  primer  grado.   

El  principio  de la no reforma en perjuicio  puede  entrar en tensión con el principio de legalidad de la pena, toda vez que  el  juzgador  de  segunda  instancia  puede  encontrarse  ante  el  dilema de no  reformar  en perjuicio del único apelante o de incrementar la pena impuesta por  el a quo, al considerar que no respondió a la legalidad.   

En  el  caso  bajo análisis el Tribunal, sin  aludir  para  nada  al  tema  señalado,  entró  a  ajustar  la  pena según su  criterio.  Sin  embargo,  ya se observó en el acápite anterior, que ese ajuste  no  fue el más adecuado. Al contrario, se salió de la preceptiva legal vigente  y  en  consecuencia  la  tensión entre los dos principios fue resuelta en forma  indebida.   

Primaba  el  principio de la no reformatio in  pejus  y  así  las  cosas,  le  corresponde  a  la  Corte,  por tratarse de una  garantía fundamental, consolidarlo.   

Recapitulando,   el   juez   de   segunda  instancia   incurrió en violación directa de la ley sustancial (art. 29 y  31  de  la  C.P.) por lo que de conformidad con el num. 1 del Art. 217 del C. de  P.P.,  al  aceptarse  como  demostrada  la causal primera de casación, la Corte  debe  entrar  a  dictar  el  fallo que deba reemplazar la decisión del ad quem,  fijando    en    su   justa   medida   la   pena   que   debían   cumplir   los  procesados.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  oído  el  concepto del Procurador Cuarto  Delegado,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de  la ley,   

R E S U E L V E  

    

1. DESESTIMAR  los  cargos  planteados  en la  demanda    de    casación,    por   las   razones   expuestas   en   la   parte  motiva.     

    

1. CASAR  de  manera  oficiosa  la  sentencia  impugnada.     

    

1. Fijar  para  los  señores SEGUNDO NOE RUANO SANTACRUZ y MELQUISEDEC  CASTAÑEDA  PRIETO  una pena de SESENTA (60) meses de prisión. La interdicción  de    derechos    y    funciones   públicas   se   aplicará   por   el   mismo  término.     

    

1. En   lo   demás   se   cumplirá   lo   dispuesto  por  la  primera  instancia.     

    

1. Comunicar  de  esta  decisión a las mismas autoridades a las cuales  se  les  informó  de la medida de aseguramiento, la calificación del sumario y  la sentencia.     

    

1. Devuélvase el expediente al Tribunal de origen.     

NOTIFIQUESE    Y    CUMPLASE.                             

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ      HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                            EDGAR          LOMBANA  TRUJILLO           

ALVARO   O.   PÉREZ   PINZÓN                                              JORGE  L. QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS             MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1                     Art.  216.-  Limitación  de la casación. En principio la Corte no  podrá  tener  en  cuenta  causales  de  casación  distintas a las que han sido  expresamente  alegadas  por  el  demandante.  (…)  Igualmente  podrá casar la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que  la  misma  atenta contra las garantías  constitucionales.   

2                     CSJ,  Sala  de  Casación Penal, Auto del 5 de septiembre de 1.996,  radicado 11.322, M. P. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

3                     CSJ,  Sala  de  Casación Penal, Auto del 30 de noviembre de 1.999,  radicado 14535, M. P. ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

4                     CSJ,  Sala  de  Casación Penal, Auto del 28 de noviembre de 2.001,  radicado 16231, M. P. ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

5                     Art.  29.-  (…)  Nadie  podrá  ser juzgado sino conforme a leyes  preexistentes al acto que se imputa (…).   

6                     Art.  31.-  (…)  El  superior  no  podrá gravar la pena impuesta  cuando el condenado sea apelante único.   

7                     CC,  Sentencia  C-657  /96,  M.  P.  FABIO MORON DIAZ, reiterada en  Sentencia C-252 /01, M.P. CARLOS GAVIRIA DIAZ.   

8                     CSJ,  Sala  de  Casación  Penal,  Auto  del 19 de agosto de 2.004,  radicado 21302, M. P. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.   

9                     Art.   366   (…)  La  pena  mínima  anteriormente  dispuesta  se  duplicará  cuando  concurran las circunstancias determinadas en el inciso 2 del  artículo anterior.   

10                     CSJ,  Sala  de  Casación  Penal,  Sentencia  del  18 de febrero de  2.004, radicado 20597, M. P. MAURO SOLARTE PORTILLA   

11                     Código que entró a regir el 25 de julio de 2.001   

12                     Art.  29.-  (…)  Quien sea sindicado tiene derecho (…) a no ser  juzgado dos veces por el mismo hecho.     

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