19001(27-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 19001  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 116  

         Bogotá,     D.    C.,    veintisiete (27) de septiembre de dos mil dos (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  27  de  abril  de 2001, el Comandante del  Batallón   de  Contraguerrilla  número  41,  “Héroes  de  Corea”,  en  su  condición   de   Juez  de  Primera  Instancia,  declaró  al  Sargento  Primero  Carlos     Alberto    Tapia    Herrera  penalmente  responsable,  como  autor, del delito de abandono del  servicio y le impuso la sanción de 6 meses de prisión.   

         El  fallo  se sometió al grado jurisdiccional de la consulta y fue  confirmado  por  el  Tribunal  Superior  Militar, el 28 de septiembre siguiente,  pero  lo  aclaró, en el sentido de que la pena era de arresto y no de prisión,  y lo adicionó para no conceder la condena condicional.   

         En  escrito  del  15  de noviembre de 2001, el defensor manifestó:  “demando en casación discrecional esa sentencia”.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         El  19  de  septiembre  de  1999,  el Sargento Primero Carlos  Alberto  Tapia Herrera, orgánico  del  Batallón  de  Contraguerrilla número 41, “Héroes de Corea”, con sede  en  Valledupar  (Cesar),  salió con 12 días de permiso. Se debía presentar el  30  del  mismo  mes, sin que lo hiciera y, a pesar de que vía telefónica se le  insistió  para  que  compareciera,  se  negó  a  hacerlo,  manifestando que la  prioridad   era  su  familia,  que  estaba  aburrido  y  no  le  importaban  las  consecuencias.   

         

         Adelantada  la respectiva investigación, el 19 de julio de 1999 se  decretó  la  detención  preventiva  del  sindicado,  como  autor del delito de  abandono  del  servicio,  previsto en el artículo 113 del Código Penal Militar  (fl.  31). El 19 de junio de 2000, se clausuró al investigación y se abrió la  etapa del juicio (fl.139).   

         Proferidas  las sentencias de primera (fl. 171) y segunda (fl. 200)  instancias,  se  recurrió  a la casación (fl. 211). La Sala se pronuncia sobre  el escrito.   

LA PETICIÓN  

         El  apoderado expresó que “demando en casación discrecional esa  sentencia  de  segundo  grado”,  con la intención de que la “jurisprudencia  desarrolle  los  temas  relativos  al derecho de defensa, al debido proceso y al  juicio    desvarolativo   de   la   prueba”.   La   solicitud   la   sustentó  así:   

         1°)   No   hubo   una   adecuada   asesoría  técnica  porque  la  investigación,  en su mayoría, se adelantó en Valledupar y, por la distancia,  aquella  se  hizo  difícil. La abogada desconocía el trámite militar, pues en  el  alegato  previo  a  la  sentencia  reclamó cesación de procedimiento, y no  absolución.  Si  la profesional solicita y aporta pruebas, “posiblemente otra  hubiera  sido  la  determinación”,  porque  pudo  demostrar que el suboficial  acusado  se vio en la necesidad de atender en Bogotá la enfermedad de su esposa  e hija y que obtuvo permiso expreso del coronel Alfonso Zapata.   

         2°)  Los  fallos no tuvieron en cuenta los documentos que probaban  la  enfermedad  de  las familiares del sindicado y, por tanto, que era necesario  que  éste permaneciera a su lado hasta su recuperación. La decisión de primer  grado  dijo  que  esas  constancias  no acreditaban la justificación. Considera  equivocado  el  razonamiento, porque los escritos no fueron tachados de falsos y  se  imponía  reconocer  la  eximente.  Se  necesita  que  la  jurisprudencia se  pronuncie    para    que    no    se    sigan    cometiendo    tan    aberrantes  injusticias.   

         3°)  Se quebrantó la estructura básica del proceso, porque ni se  permitió  ni  se  ejerció  la  defensa técnica y se hizo una investigación a  distancia    del    apoderado,    a   quien   no   se   permitió   conocer   el  expediente.   

         4°)  La doctrina de la Corte no ha profundizado sobre el delito de  abandono  del servicio, en especial para determinar sus alcances y las causas de  la dejación.   

CONSIDERACIONES  

         1.  El  artículo  368  del  Código de Procedimiento Penal Militar  establece  que  “Habrá recurso de casación, contra las sentencias de segunda  instancia,  por  delitos que tengan señalada pena privativa de la libertad cuyo  máximo sea o exceda de seis (6) años”.   

         El  artículo 113 del Código Penal Militar de 1988, por el cual se  dictó  la  sentencia  de  condena, tiene señalada una sanción de arresto de 6  meses  a  2  años.  El  126 de la Ley 522 de 1999, la establece de 1 a 3 años.  Ninguno  de  los  dos  estatutos, en consecuencia, habilita su concesión por la  vía común.   

         2.  La  única  posibilidad de acudir a esa impugnación está dada  por  el  inciso  final  de  la  norma  procesal  que  afirma  que  “De  manera  excepcional,  la  Sala  Penal de la Corte Suprema de Justicia, discrecionalmente  puede  aceptar  un  recurso  de  casación  en  casos  distintos  de  los arriba  mencionados,  a  solicitud  … del defensor, cuando lo considere necesario para  el   desarrollo   de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales”.  En  forma  expresa el apoderado del suboficial sindicado dijo  que se acogía a esta especie de la casación.   

         3.  Para  que  la  Corte  ejerza  su facultad de otorgar este medio  potestativo,  es  carga  del  sujeto  procesal  presentar  los  fundamentos  que  demuestren  uno cualquiera de los dos únicos motivos, o ambos, que habilitan su  concesión.   

         3.1.  Si  se  considera  necesario  que la Sala amplíe su doctrina  sobre  determinado  punto  jurídico,  el actor debe precisar que el mismo no ha  sido  tratado,  o  que  si  lo  fue,  existen  posiciones  encontradas  sobre el  particular  que  imponen  la necesidad de la unificación, o que es necesario se  actualice  el criterio. Finalmente, debe probar que ese adelanto jurisprudencial  es  indispensable  tanto  para aunar los conceptos jurídicos, tarea que compete  al tribunal de casación, como para resolver el asunto concreto.   

         3.2.  En  punto de la lesión a una garantía fundamental, se exige  del  demandante  que  demuestre  en  forma específica que ella se produjo en el  trámite   de   las   dos   instancias   procesales,   que  indique  las  normas  constitucionales  que  la  definen y que el fallo censurado se negó a reconocer  el hecho.   

         4.   El  recurrente  no  cumplió  ninguno  de  esos  lineamientos.   

         La  Corte  ha  sido  repetitiva  y  pacífica  sobre  el derecho de  defensa  y  no  halla,  ahora,  motivo para variar ni para ahondar. Sin embargo,  insiste:   

         4.1.  La  afirmación  de  que  el  derecho  de defensa técnica se  afectó  porque  el  proceso  se  adelantó en Valledupar y no en Bogotá, no la  justifica.  Tampoco  explica  las  razones  por  las  cuales esa garantía sufre  lesión  cuando  el  expediente  lo  adelanta  el  juez  competente –que lo era el de aquella ciudad donde  se  cometió  la  conducta-,  dado  que  esto  es  lo  que manda el artículo 29  constitucional  dentro de los derechos fundamentales que recoge bajo el concepto  del debido proceso.   

         4.2.  El  impugnante  deriva  la  ausencia de gestión profesional,  exclusivamente  de  la  misma circunstancia: la sede del juicio que, según él,  no  permitió que el abogado estuviera al tanto de la actuación. Pero no expone  las  actividades  concretas  que  se  pudieron llevar a cabo y que fue imposible  postular.   

         La  doctrina  de  esta  Corporación  ha  sido reiterativa, sin que  exista  confusión  alguna  sobre  el particular, respecto de que la inactividad  del  apoderado  durante algunos periodos de la investigación no se puede tener,  por  sí  sola y de manera aislada, como abandono de la asesoría técnica, toda  vez  que, conforme a cada caso particular y concreto, ella puede ser producto de  una  táctica  que  al  amparo de la omisión busca beneficios que pueden surgir  del   paso   del   tiempo   o   de   la   ausencia   de   actividad   probatoria  judicial.   

         No  es  suficiente, además, que de manera abstracta se anuncie una  inactividad  del  anterior  abogado.  Se  debe probar una concreta omisión y su  incidencia  en  detrimento  del  acusado,  pues  que  “la  ausencia  de  actos  positivos  de gestión en el ejercicio de la defensa técnica, no necesariamente  implica  menosprecio  de la función encomendada, puesto que el silencio, dentro  de  los límites de racionalidad, es también una forma de estrategia defensiva,  no  menos efectiva que una entusiasta postura controversial” (Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, febrero 25 de 1999, radicado 9.998, M. P.  Fernando  Arboleda Ripoll, posición reiterada el 2 de febrero de 2002, radicado  10.983, M. P. Nilson Pinilla Pinilla).   

         Por  otra  parte,  el  defensor  calla  que  la  vinculación de su  acudido  fue  como  persona  ausente  y  se  le designó para su asistencia a un  profesional  de  la  ciudad donde se cometió el comportamiento, lo que deja sin  base  el  argumento  de  que  no  pudiera  viajar  para  estar  al  tanto  de la  investigación.   

         4.3.  La  Sala  también  ha  sido  clara  en  relación con que la  subjetiva  valoración del nuevo apoderado sobre lo que ha debido hacer quien lo  precedió,  no  estructura lesión alguna, pues sólo existe cuando se demuestra  una  específica  agresión,  lo  que  no  sucede  cuando  el censor se limita a  “decir  según  su  criterio  qué  hubiera  hecho,  pues  es lógico que cada  profesional,  frente  a  un  caso  concreto, diagnostique y establezca su propia  estrategia  defensiva,  de  manera  que no coincidir en ello no significa que se  haya  infringido  la  garantía  constitucional”  (radicados  13.315 y 12.534,  sentencias de abril 29 y 1° de septiembre de 1999).   

         En  ese  contexto, entonces, nada tiene que ampliar o rectificar la  jurisprudencia de la Corte.   

         4.4.  La  alusión  a  que la práctica de algunas diligencias pudo  permitir  probar  la enfermedad de la esposa e hija del sindicado, se refuta con  las  mismas  frases  del  reclamante  que  aclara que el asunto se acreditó con  otros  medios  y  fue  valorado  por  el  Tribunal  que  rechazó  la  causal de  justificación  que  se  esgrimió  con  ese  soporte.  La  oposición  personal  respecto  del  proceso  estimativo  judicial  no  estructura  ninguna de las dos  hipótesis  por  las  que  procede la casación facultativa, pues sólo pretende  que  la Sala se convierta en una tercera instancia para, así, reabrir un debate  ya superado.   

         5.   En   una  glosa  final,  el  recurrente  dice  que  no  se  ha  profundizado  “en  materia  del  delito  militar de Abandono de Servicio”, a  efectos  de  “determinar  los  alcances  del  servicio,  las  causas  o no del  abandono”.   

         El  actor  no  menciona  ni  demuestra providencias antinómicas ni  antagónicas  sobre  el  particular, ni aspectos de derecho sustancial que hayan  ocasionado  aplicaciones  confusas  o encontradas de la norma. Parece que lo que  anhela  es  que  se  trate  el tema, en el errado entendido de que ello no se ha  hecho. Se equivoca, por cuanto la Sala sí lo ha estudiado.   

         Así,  por  ejemplo,  en sentencia del 23 de mayo de 2001 (radicado  12.878,  M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego), aclaró que “en relación con el  concepto  de  servicio, tal  como  sin  dificultad surge de la previsión contenida en el estatuto castrense,  se  tiene  que es término referido a los específicos deberes que atañen a los  miembros  activos  de  la  Fuerza  Pública  a  quienes  se  asignan  labores de  dirección  …  las  faltas contra el servicio sólo son atribuibles al militar  en  servicio  activo  a  quien  a  través  de  trámites  formales  previamente  establecidos  se  le  haya  asignado una función, tarea o cargo específico …  que luego incumple”.   

         Como  el apoderado no demostró ninguno de los dos presupuestos que  abren la puerta a la casación discrecional, se negará el recurso.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

No  conceder  la  casación  discrecional  solicitada  por  el  defensor  de Carlos Alberto Tapia  Herrera.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

        Notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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