18837(27-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18837  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  116  

          Bogotá,  D.C.,  veintisiete  (27)  de  septiembre de dos mil dos (2002).   

          Decide   la   Corte  sobre  la  demanda  de  casación  excepcional  presentada   en   defensa   de   XXXXXX  contra  la  sentencia  de  fecha  junio 11 de 2001, por medio de la  cual  el  Tribunal  Superior de Barranquilla revocó la de carácter absolutorio  dictada  a  favor  de  la procesada por el Juzgado 4º Penal del Circuito de esa  misma  ciudad,  para  condenarla  a la pena principal de un (1) año de prisión  como  coautora  del  delito  de  secuestro simple con finalidad erótico-sexual,  agravado  de conformidad con las circunstancias previstas en los numerales 1º y  2º  del  artículo 270 del anterior Código Penal, modificados por la Ley 40 de  1993,  conducta  punible atenuada a su vez por el estado de ira e intenso dolor,  al tenor del artículo 60 ibídem.   

          En  el  referido  pronunciamiento,  el Tribunal también revocó la  absolución    con    la    que    había    sido    beneficiado    XXXXXXXX,   quien   fue   condenado   a  idéntica pena en calidad de coautor de ese mismo delito.   

HECHOS  

         Del  fallo de segunda instancia se sabe  que  el  “día  23 de mayo de 1997, cerca del medio  día,  en  la  ciudad de Barranquilla, el joven xxxxxx  era   esperado   por   sus   vecinos,   los  esposos  xxxxx,  en las afueras del  edificio  donde  residen.   Al  llegar  el  menor,  el  señor xxxxxxx lo tomó bruscamente del brazo y  lo  embarcó  en la camioneta que habitualmente utiliza, en la que se encontraba  como   conductora   la   señora   xxxxxx;  por  este  medio  lo condujeron, hasta la carretera que lleva al  balneario  Solinilla.   Una  vez allí, se despojó al menor de sus ropas y  se  le  introdujo un palo en el ano.  Luego, Andrés Sarmiento (sic)  fue  devuelto  a  su  residencia,  lugar  en  que  fueron  aprendidos  (sic)  los  agresores  por  los  agentes  de la Policía Nacional que se  encontraban  allí,  a instancia de xxxxxx padre de la víctima.   

         “La  actuación  de los procesados se  debió  a  que  el  joven  agredido  abusó  sexualmente en forma repetida de su  primogénito  de  8  años de edad, circunstancia que  conocieron dos días  antes”.   

  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   Con  fundamento  en  las  diligencias  efectuadas  por la  Unidad  Investigativa  de  Policía  Regional  Gaula  Urbano de Barranquilla, la  Fiscalía  3ª  de  la  Unidad  de  Reacción Inmediata de esa ciudad dispuso la  apertura  de  la investigación en providencia del 24 de mayo de 1997, en la que  ordenó vincular en injurada a los imputados.   

          Posteriormente,  la  Fiscalía  5ª adscrita a la Unidad de delitos  contra  la  vida,  la libertad y la dignidad sexuales asumió el conocimiento de  las   diligencias,   escuchó  en  indagatoria  a  los  capturados  xxxxxxx   y  xxxxxxx,   admitió   la  demanda  de constitución de parte civil, y resolvió la situación jurídica de  los  sindicados en decisión de junio 3 de 1997, por medio de la cual se abstuvo  de afectarlos con medida de aseguramiento.   

         

          Sin  embargo,  en  pronunciamiento  de  agosto 25 del mismo año la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla resolvió la  apelación  interpuesta  por  el  apoderado  de la parte civil, mediante el cual  afectó  a los procesados con detención preventiva como coautores del delito de  secuestro  simple  agravado  (numerales 1º, 2º y 9º  del  artículo  3º  de  la  Ley  40  de  1993), pero  también  atenuado  por  el  estado  de  ira  e intenso dolor.  En la misma  providencia  concedió la detención domiciliaria, y excluida la comisión de un  atentado  contra  la  libertad  sexual,  con  fundamento  en las previsiones del  artículo  32  de  la  Ley 228 de 1995, dispuso la expedición de copias para la  investigación  separada  de  la  contravención especial de lesiones personales  dolosas,   como   quiera  que  respecto  de  la  víctima  Diago  Sarmiento  fue  dictaminada una incapacidad de ocho (8) días sin secuelas.   

          2.   Cerrada  la investigación y agotado el traslado de rigor  para  presentar  las  alegaciones correspondientes, con fecha agosto 28 de 1998,  la   Fiscalía   4ª   Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  del  Circuito  de  Barranquilla   elevó   acusación   en   contra  de  los  esposos  xxxxx    y  xxxxxx    como  coautores  del  delito  de  secuestro  simple  imputado en la  medida  de  aseguramiento,  agravado  por  las  circunstancias  descritas en los  numerales  1º  y  2º  del  artículo 3º de la Ley 40 de 1993, exclusivamente,  pero  también  atenuado  por  la  ira  e  intenso  dolor  de conformidad con el  artículo  60  del  anterior  Código  Penal;  decisión  que  mantuvo el 1º de  octubre  del mismo año, al pronunciarse sobre la reposición interpuesta por la  defensa  (fs. 119 a 130, 172 a 181 cd. 2).   

          El  apoderado de los procesados y el Agente del Ministerio Público  desistieron  de  la apelación presentada con carácter subsidiario (fs. 202, 2023 cd. ib.).   

          3.   El Juzgado 3º Penal del Circuito de Barranquilla inició  la  etapa  del  juicio,  otorgó  la  libertad  provisional a los sindicados, no  accedió  a  la  solicitud de extradición solicitada por el representante de la  parte  civil,  negó  la  cesación de procedimiento pretendida por el defensor,  esta  última  a  través  de providencia confirmada por el Tribunal Superior de  esa  misma  ciudad  al  resolver  la  alzada  incoada  por  el  defensor  de los  enjuiciados;  y  finalmente,  en  auto  de  marzo  28  de  2000,  el titular del  mencionado  despacho  se  declaró impedido con fundamento en la causal prevista  en    el   artículo   103-10º   del   anterior   estatuto   de   procedimiento  penal.   

          El  control  del  proceso  fue  asumido entonces por el Juzgado 4º  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,  que  luego  de  celebrar  la  audiencia  pública,  en  fallo  de fecha octubre 3 de 2000, absolvió a los procesados del  cargo imputado en la resolución acusatoria.   

          El  Tribunal  Superior  de  esa misma ciudad, al pronunciarse sobre  las  apelaciones  interpuestas  por la Fiscalía y los representantes de quienes  fueron  reconocidos  como  parte civil en la actuación respectiva, en sentencia  de  junio  11  de  2001  revocó  en su integridad la dictada por el a quo, para  condenar   a   los   sindicados   xxxxxx          y         xxxxxx a la pena atrás precisada como  coautores  de  la  modalidad  de secuestro simple con finalidad erótico-sexual,  agravada  de conformidad con las circunstancias previstas en los numerales 1º y  2º  del  artículo 270 del anterior Código Penal, modificados por la Ley 40 de  1993,  conducta  punible atenuada a su vez por el estado de ira e intenso dolor,  al tenor del artículo 60 ibídem.   

         4.   Recurrieron  en  casación  los  apoderados  de  quienes  fueron   admitidos   como  parte  civil  en  la  actuación  penal  (f.  51,  cd.  Tribunal), al igual que  los  defensores de los sindicados, pero únicamente el mandatario judicial de la  acusada  xxxxxxmanifestó  el  carácter  excepcional  de la misma (fs. 49 y 75,  cd.  ib.).   Por  lo  anterior,  el Tribunal en  decisión  de  agosto  15 de 2001, negó  “los  recursos  comunes  interpuestos”  y tratándose de  “la       solicitud       de       casación  excepcional”    se    limitó   a   “remitir  el  expediente  a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia   para   lo   de  su  cargo”.     

         El defensor del implicado xxxxxxx          interpuso  el recurso de reposición contra tal providencia.   Adujo  en  sustento  que  al momento de presentar la impugnación extraordinaria  invocó  las  disposiciones  legales atinentes a la casación excepcional.   Esta  argumentación fue acogida por el Tribunal de Barranquilla, que en auto de  septiembre   7  de  2001,  dispuso  tenerlo  “como  recurrente  en  la casación excepcional, para que la Sala de Casación Penal de  la   Corte   Suprema  de  Justicia  resuelva  lo  en  (sic)     derecho     corresponda”     (fs.     140     y     141,     cd.     Tribunal).   

          Así   las   cosas,   en   firme  el  pronunciamiento  reseñado, la citada Corporación remitió las diligencias a la  Corte,  donde  al  advertirse  que  ninguna  decisión  había  sido adoptada en  últimas  respecto  de las impugnaciones de los defensores, con miras a subsanar  tal  deficiencia,  se  ordenó  devolver  el  expediente  al  despacho   de  origen.   

         

         El  Tribunal  finalmente  en  providencia de fecha noviembre 26 de  2001   concedió   los   “recursos  de  casación  excepcional” presentados por los defensores de los  acusados  y ordenó surtir los traslados correspondientes.  El apoderado de  xxxxx   presentó  la  correspondiente  demanda.   Por  su  parte, el  representante   judicial   de   xxxxxxx  desistió del recurso, de manera que  admitida  tal  manifestación  en  providencia de abril 29 último, y agotado el  traslado   a  los  no  recurrentes,  las  diligencias  fueron  enviadas  a  esta  Corporación   (fs.   156,  172,  177  a   cd.  Tribunal).   

JUSTIFICACIÓN   DEL  RECURSO   

         En  el  escrito  por  medio  del  cual  interpuso  el  recurso  de  casación    excepcional,    el    defensor    de    la   acusada   xxxxxx  luego  de  discurrir sobre los  presupuestos  de  tal  instituto  y  los  eventos  en los cuales resulta viable,  plantea  que  pretende  a  través  del mismo la protección para las garantías  fundamentales   menoscabadas  a  su  asistida  en  el  curso  de  las  presentes  diligencias.     Alude    concretamente   entonces,   a   la   “incidencia  sustancial del derecho penal de acto” y al derecho de defensa.   

         1.   Con  miras  a  demostrar  el  primero  de  los argüidos  quebrantos,  el libelista sostiene de antemano y a partir de los conceptos de un  doctrinante  en  la  materia,  que el catálogo de principios y garantías en la  actuación  penal, entre los cuales se encuentran los del derecho penal de acto,  de  tipicidad, antijuridicidad, culpabilidad, presunción de inocencia, in dubio  pro  reo, reformatio in pejus y exclusión de analogía, conforman la categoría  compleja e integral del debido proceso.   

         Añade  más  adelante que el referido  postulado  del derecho penal de acto significa, de una parte, que no puede haber  delito  sin conducta humana adecuable a la descripción que el legislador brinda  en  torno  a  los  elementos  normativos  del mismo, de donde emerge entonces el  principio  de  tipicidad inequívoca.  Así mismo, desde una perspectiva de  garantía  fundamental,  que  surge  obligada  la  confrontación de la conducta  humana  concreta e individualizada con el respectivo tipo penal, desde luego, en  sus fases objetiva y subjetiva.     

         En  este orden de ideas, el impugnante  colige  que  cuando  se  condena  a  pesar  de  echarse de menos tal adecuación  típica    se   vulneran   los   principios   de   tipicidad   y   de   conducta  punible.   

         Bajo  este  entendimiento  el casacionista afirma seguidamente que  el   fallo  del  Tribunal,  en  cuanto  condenó  a  la  procesada  xxxxxx  por  el  delito  de  secuestro simple con fines erótico- sexuales, violó el aludido  principio  de  derecho  penal  de  acto,  pues  la prueba incorporada al proceso  demuestra  que  la conducta “por ella desplegada no  se  trató  de  una acción adecuada típicamente al injusto de secuestro, y que  correlativamente   en   la   misma   tampoco”  se  consolidó ese específico propósito pregonado.    

         Con  idéntica orientación insiste en  que  la  citada  en  compañía  de su esposo en ningún momento desplegó actos  violentos  privativos  de  la  libertad  de  la  supuesta  víctima,  ni tuvo el  designio  de placer propio del ilícito atribuido, pues el menor Diago Sarmiento  ingresó  al  automotor  de  su  asistida  como resultado de una invitación que  voluntariamente  aceptó, realizada por los sindicados para confirmar con él la  versión    de   su   hijo   xxxxxxx   de  haber  sido  accedido carnalmente en forma violenta y repetida  por dicho joven.   

         En  la  crítica  de  la  versión  incriminatoria del denunciante  Diago  Sarmiento,  el libelista invoca los testimonios obtenidos de xxxxxxx       y      xxxxxx,   quienes   descartan   toda  coacción  física  en  detrimento  del  citado menor; la propia ampliación del  ofendido,  pues  relató que al abordar la camioneta no opuso resistencia; y por  último,  la veracidad que desde su personal análisis ofrecen las explicaciones  de los acusados.   

         El  recurrente  admite  que  los procesados transportaron al menor  Diago  Sarmiento  hasta  un  desolado  paraje,  pero asegura que tal conducta no  puede  valorarse  con  criterios  de  responsabilidad  objetiva,  al  extremo de  deducir  que  se  adecua  a la modalidad del secuestro simple con fines erótico  –     sexuales,  “pues  desde  la  perspectiva  de la teoría de la  acción   final”,   su   defendida   “nunca  concibió  mentalmente  el consolidar un acto último de  secuestro,  es  decir,  una  acción  injusta  de  privación de la libertad, ni  muchos  menos…el  despliegue  de propósitos de placer erótico – sexuales con  dicho  menor”,  sin  que  pueda  pasarse  por alto  además,  que  respecto  del  hecho  de  haberle  pedido  que  se desnudara para  propinarle   lesiones   en   los  glúteos  se  predicó  la  comisión  de  una  contravención  de  lesiones  personales  que  el Juzgado 9º Penal Municipal de  Barranquilla declaró prescrita.   

         Adicionalmente,  como  la  prueba  de  cargo  representada  en las  declaraciones    del    celador   xxxxx   y   del   menor   xxxx   aparece   seriamente   cuestionada   en   sus   contenidos,  el  casacionista    colige    que    la    conducta   realizada   por   xxxxxx  lejos  estuvo de configurar el  secuestro  con la finalidad a la cual se alude en la sentencia impugnada, ni con  ningún     otro     propósito.      Por     consiguiente,    “es  justamente  esta verificación probalística la que permite  sin  discusión  predicar la infracción al derecho penal de acto”,  que  a  juicio  del defensor, habilita la casación excepcional  para     la    necesaria    protección    de    esa    garantía    fundamental  conculcada.   

         2.   Tratándose  de la violación del derecho de defensa, el  impugnante  arguye  que  en  la  resolución  de  acusación  se  endilgó  a su  representada  la  coautoría  en  el delito de secuestro simple, sin imputación  fáctica  o  jurídica  respecto  de los fines erótico-sexuales referidos en el  inciso  2º  del artículo 269 del anterior Código Penal, por el que finalmente  el Tribunal Superior de Barranquilla dictó la condena.   

         Así  las  cosas,  aunque  en  el  fallo  se  degradó  de  manera  favorable  para  la acusada la responsabilidad, razón por la cual no es posible  afirmar  un  evento  de  incongruencia,  “desde los  rigores     del     derecho     de     defensa     se     torna    absolutamente  incuestionable”  que  la  sindicada  “no  tuvo  la  oportunidad  ni  formal  ni  real  de desarrollar  ejercicios  defensa  (sic) técnica y material” que  permite   platear   por   lo   tanto  la  afectación  de  dicha  garantía,  en  consecuencia,     la    viabilidad    de    la    impugnación    extraordinaria  propuesta.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         1.   Sea  lo  primero  advertir,  que  de  conformidad con la  reseña  anterior  se  tiene  que  el  fallo  de segunda instancia impugnado fue  proferido  el  11  de  junio  de  2001,  esto  es, luego de producir efectos las  sentencias  C-252,  C-260  y  C-261 del mismo año, mediante las cuales la Corte  Constitucional  declaró  inexequibles  algunos preceptos de la Ley 553 de 2000,  pero  en  todo  caso,  antes  de  iniciarse la existencia jurídica de la actual  codificación de procedimiento penal.   

         En  este orden de ideas, fuerza colegir de antemano que en el caso  examinado  los  requisitos  de  procedibilidad  de  la casación, referidos a la  legitimidad,  al interés jurídico y a las sentencias respecto de las cuales es  admisible,  bien  por  la  vía  ordinaria  o  excepcional,  se  rigen  por  las  previsiones    de    la   citada   ley   (artículo  1º),  que  en  todo  caso,  coinciden  con  las del  estatuto      procesal     vigente     (artículo  206).   De ahí también, que el discernimiento  obligado  de la Sala antes de examinar si el defensor de la acusada xxxxxxx  satisfizo  tales exigencias y  la  de  justificar  la impugnación excepcional propuesta, dice relación con el  trámite  al  que  debió  sujetarse,  máxime ante los notorios desaciertos del  Tribunal  Superior  de Barranquilla en dicho aspecto, superados en este momento,  pero  que  ameritan  la  correspondiente  rectificación  en  aras  de una mayor  claridad en torno a ese tema.   

         En  cumplimiento  de dicho cometido, de acuerdo con el criterio de  la  Corte  simplemente  aquí  reiterado,  se  tiene que ante la declaratoria de  inexequibilidad  de  las  disposiciones  que  en  las  Leyes  553  y 600 de 2000  regulaban  el trámite de la casación, excepcional o no, quedaron revividas las  disposiciones  otrora  contempladas  en  este específico aspecto en el anterior  estatuto de procedimiento penal.   

          Lo   anterior,  porque  los   fallos   de   inconstitucionalidad   si   bien  tienen  como  consecuencia  principal  retirar  del  ordenamiento  jurídico  la  disposición  objeto  de  una  decisión  de  esta naturaleza, no es menos cierto también que  derivan  otra  catalogada  en algunos sectores de la doctrina como de legislador  positivo,  pues  según  la  materia  que  la  norma  declarada inexequible haya  previsto  y  “siempre  que ello  se   requiera   para   asegurar   la  supremacía  del   texto                 fundamental”1,  reincorporan  el  precepto  que  entra a regir la situación jurídica que por virtud del pronunciamiento de  control  constitucional sobreviene sustraída de regulación, concretamente y en  principio,  la  derogada  a  través  de aquella encontrada contraria a la Carta  Política.    

           Resta  añadir de otra parte, que en  este  último efecto las sentencias de inexequibilidad se distancian entonces de  los  que  son propios de la derogatoria, que al tenor del artículo 14 de la Ley  153  de  1887,  en  manera  alguna  revive  la norma derogada, pues “solo   recobrará  su  fuerza  en  la  forma  en  que  aparezca  reproducida en una ley nueva”.   

         Bajo  esta  comprensión,  en  lo atinente al trámite del recurso  extraordinario,  luego  de  los  fallos  de  control constitucional referidos en  precedencia,   la   Corporación   específicamente  precisó  que  “…cuando  la  ley  encontrada  inexequible  regula también la  actividad  del  Estado,  o  la  manera  como  el  particular puede acceder a las  esferas  de  poder en procura de satisfacer sus pretensiones, o ejercer, o hacer  exigibles  sus  derechos, pues en tal evento, porque toda función pública debe  estar  prevista  en  la  ley,  no siéndole posible al funcionario realizar nada  diferente  a  lo que la Constitución y la ley le señalen, aquella declaración  sí  tiene  la  virtud  de  reincorporar  los preceptos derogados, toda vez que,  además  que  en ese ámbito si no resulta lógico hablar de espacio no regulado  legalmente,  de  concluirse lo contrario podría llegarse a extremas situaciones  de  afectación  de  derechos  fundamentales,  verbi  gratia,  el  acceso  a  la  administración  de  justicia,  si  declarada como fue, inexequible la norma que  regulaba  la  manera  de interponer la casación, no se entendiera reincorporada  la  que  había  sido derogada por ésta, porque entonces habría que concluirse  que  esa específica materia, que atañe a la actividad del Estado y a la manera  como    el    sujeto    procesal    ejerce    su    derecho,    quedaría    sin  reglamentación…   

         “Pero además de que, indudablemente,  el  vicio  de  constitucionalidad,  afectando  la  validez  de  la  norma por no  avenirse  a  la  Carta Política del Estado, le niega los efectos jurídicos que  en  ella  se hayan previsto, también la desposee de cualquiera otro que llegare  a  producir en el ámbito que pretendía regular; así, dicho defecto le suprime  la  consecuencia  derogatoria  a  la  norma  en  sí  misma,  que  fue declarada  inexequible  y  hace  a  la  vez  ineficaz  cualquier disposición que tácita o  expresamente  prevean  un  tal  efecto,  pues es obvio que ni aún en el último  caso  podría  entenderse  suprimida  o reemplazada una norma por aquella que no  tuvo  en  cuenta  los  principios  constitucionales regentes de la organización  estatal….   

         “4.  Así  pues,  restablecidas  las  normas  que  del  Decreto  2.700 de 1.991 se referían a la casación, derogadas  por  aquellas que fueron declaradas inexequibles, bajo el entendido que el mismo  efecto  se  surte  en  frente  de  la  Ley  600 de 2.000, como que los preceptos  relacionados  con  el extraordinario medio de impugnación, siendo reproducción  de  los  contenidos  en  la  Ley  553,  también  se  declararon contrarios a la  Constitución,  y  comprendiéndose,  por  tal  razón,  la  ineficacia  que  en  relación  con  las  primeras  se  predica  del artículo 535 de aquella ley, el  recurso  extraordinario, a partir de la fecha en que el fallo de inexequibilidad  produjo  sus  efectos,  ha  de  proponerse,  sustentarse y tramitarse, según el  procedimiento  que  pasa  a  precisarse, fundado tanto en la nueva normatividad,  esto  es  Ley  600  de  2.000,  como en las disposiciones que se reincorporan al  ordenamiento,  por  consecuencia  de la inconstitucionalidad de aquellas que las  habían  derogado,  mientras  que,  si  la  sentencia  de  segunda  instancia se  profirió  antes del 17 de marzo de 2.001, valga decir durante la plena vigencia  de  la  Ley  553  de  2.000,  el  medio  extraordinario  de  impugnación, ha de  tramitarse  con  exclusivo apego a dicha normatividad, idéntica a la que en esa  materia  estableció  la  Ley  600, pues, como ya se expresara, “los términos  que  hubieren  empezado  a  correr,  y  las  actuaciones  y  diligencias  que ya  estuvieren   iniciadas,  se  regirán  por  la  ley  vigente  al  tiempo  de  su  iniciación…”2   

         2.   En  este  orden  de  ideas, en situaciones como la aquí  examinada,  el  recurso de casación, ordinario o excepcional, debe interponerse  dentro  de  los quince días siguientes a la última  notificación  del  fallo  de  segunda  instancia,  sin que del impugnante pueda  exigirse  fatalmente  y  como  parece  entenderlo  el  ad  quem en las presentes  diligencias,  que señale desde entonces por cual de estas dos mencionadas vías  opta,  menos  aún,  para  determinar la concesión  o no del recurso, toda  vez  que  tal  discernimiento  surge  ajeno  al  arbitrio  del  sujeto  procesal  legitimado para proponerlo.   

En  efecto,  la posibilidad de acudir a la  casación  ordinaria  o  excepcional  está  determinada  por la ley atendida la  naturaleza  del  fallo desde el factor funcional – de  segunda  instancia,  exclusivamente  -, la autoridad  judicial  que  lo  dictó  –  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  Tribunal  Superior Militar o un Juzgado de Circuito, según  el  caso  -, la pena máxima privativa de la libertad  prevista  para  el  delito por razón del cual se procede, en cuanto exceda o no  de  los  ocho (8) años  y desde luego, tratándose de la última modalidad  mencionada, la finalidad que a través de ella se pretenda.   

Así  las  cosas, resulta indiferente para  discernir  la  concesión  del recurso, mas aún, ante la actual identidad en el  trámite,  como  quiera  que  la  casación  ordinaria  y  la  excepcional deben  ajustarse  al  mismo  procedimiento,  que  al  momento  de  ser  interpuestas el  impugnante  omita  señalar  a  cual de dichas figuras acude o que verifique una  indicación  equivocada  al respecto, pues lo que en verdad resulta trascendente  para  los  fines  señalados, dando prevalencia además a lo sustancial sobre lo  puramente  formal,  es  la  satisfacción de las exigencias que para cada una de  ellas se reivindica.   

         Por   otra   parte,   como   también   señaló  la  Sala  en  el  pronunciamiento        aludido        en        precedencia,        “Si   el   recurso   se   interpone  oportunamente,  el  funcionario ad quem, dentro de los tres días siguientes, al  vencimiento  de  los  quince  referidos en el numeral anterior, decide, mediante  auto  de  sustanciación  si  lo  concede  o  no,  haciéndose extensiva una tal  determinación  cuando  el  recurso  se  interponga  de  modo  excepcional, pues  indudablemente  en  ello,  las  leyes  553   y 600 de 2.000 comportaron una  modificación  en  la  medida en que establecieron que “de manera excepcional,  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  discrecionalmente  puede  admitir  la demanda…”  (negrilla  fuera  de  texto),  mientras  que  el  procedimiento  derogado en ese  aspecto   enseñaba   que   la   Corte,   “puede   aceptar   un   recurso   de  casación”.   

         “Por  tanto, se reitera, corresponde  al  funcionario  de  segunda  instancia conceder o no el recurso extraordinario,  bien  que  se  trate  de  casación  común  o  discrecional,  mediante  auto de  sustanciación,  pudiendo  negarse a su concesión sólo en cuanto se interponga  de  manera  extemporánea,  pues  las demás condiciones de viabilidad, salvedad  hecha  también de la presentación oportuna de la demanda, atañe analizarlas a  la  Corte  en el momento en que proceda a calificar el libelo de conformidad con  el artículo 213 de la Ley 600 de 2.000.   

           “Contra   esa   providencia   de  sustanciación,  luego del citado fallo de inexequibilidad, cabía el recurso de  reposición  y  el  de hecho, si por alguna circunstancia el ad quem denegaba la  concesión  del  medio  extraordinario.  A  partir de la vigencia de la Ley 600,  sólo  procede  en  su  contra  el  de reposición, según se infiere del inciso  final  de su artículo 210 y de la exclusión que, en relación con el de queja,  se hizo en el artículo 195…”   

         3.   Las consideraciones anteriores se traen al caso de autos  porque  el  Tribunal  Superior de Barranquilla perdiendo de vista el ámbito del  control  que le era posible al momento de conceder las impugnaciones propuestas,  restringido  al requisito de la oportunidad en su presentación, denegó las que  fueron  incoadas  por  los  apoderados  de quienes fueron reconocidos como parte  civil  en  estas  diligencias  y el defensor del también sindicado xxxx,  pues  como  ninguna  precisión  efectuaron  sobre  el carácter ordinario o excepcional de las mismas, entendió  que   se  trataba  de  la  primera  y,  en  este  orden  de  ideas  coligió  su  improcedencia,  “Por  cuanto la infracción por la  que   se   procede,   esto  es,  secuestro  simple  atenuado  por  la  finalidad  erótico-sexual,  tiene  señalada  una  pena  máxima que no alcanza el límite  requerido  para  la  procedencia  del recurso extraordinario de casación” (f.  123, cd. Tribunal).   

         No  obstante,  tratándose  de  la  impugnación presentada por el  defensor   de  xxxx,  el  Tribunal  en  pronunciamiento  de septiembre 7 de 2001, esto es, en vigencia del  actual  estatuto  procesal penal, al resolver la reposición interpuesta por tal  apoderado,  modificó la denegatoria que le concernía para tenerlo “como  recurrente  en  la  casación  excepcional”,  defiriendo  a  la  Corte la concesión o no de la misma; sujeto  procesal  que  finalmente  y en todo caso, como quedó reseñado en oportunidad,  desistió de la casación propuesta.   

         Por  otra  parte,  en  lo  atinente  a  los apoderados de la parte  civil,  no  es  menos  cierto  que exteriorizaron conformidad con la providencia  adversa  a  la concesión de la casación, decisión hincada en el entendimiento  del  Tribunal  de  haber  sido  propuesta  la  ordinaria porque ninguna mención  hicieron  a la excepcional, recuerda la Sala, y que bien pudieron recurrir en su  momento;  actitud que denota entonces la convalidación del vicio que por razón  de  ello  podría atisbarse, al tenor del numeral 4º, artículo 310 del Código  de  Procedimiento  Penal,  máxime  que  la  eventual  irregularidad simplemente  comprometió  un  acto  de  postulación  discrecional de los reseñados sujetos  procesales.   

         Ahora  bien,  el  desatino incurrido por el Tribunal al remitir el  expediente  a la Corte sin haber concedido la casación discrecional incoada por  los  defensores  de  los procesados fue finalmente subsanado, pues devueltas las  diligencias  al  despacho  de  origen,  el ad quem dictó la decisión echada de  menos  y se agotaron los traslados correspondientes, de manera que nada se opone  en  este  momento  a  que la Sala examine el libelo presentado por el mandatario  judicial    de    la    acusada   xxxxx  exclusivamente,  pues  como  quedó reseñado en precedencia, el  apoderado    del    restante    sindicado    desistió    de   la   impugnación  propuesta.   

         4.   Partiendo  de  las  anteriores premisas, se tiene que de  conformidad  con el artículo 1º de la Ley 553 de 2000, norma vigente al tiempo  de  interposición  del  recurso,  la casación excepcional procede “a    la    solicitud    de    cualquiera    de    los   sujetos  procesales”,   cuando   la   Corte  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  contra  las sentencias de segundo grado proferidas por  los  Tribunales  Superiores,  el  desaparecido  Tribunal  Nacional y el Tribunal  Penal  Militar, en actuaciones adelantadas por delitos que tengan señalada pena  privativa  de la libertad cuyo máximo no exceda de los ocho (8) años. De igual  modo,  respecto  de  las  dictadas  por  los  Jueces  Penales  de  Circuito  con  prescindencia  del  monto  punitivo  previsto  para la conducta punible; pero en  ambos  casos, siempre que se reúnan los demás requisitos señalados en la ley.   

         Por  esta  última razón, de la casación excepcional se reclama,  además  de  las  condiciones  que  le  son  propias,  que  su interposición se  verifique  en  forma  oportuna,  por  sujeto  procesal  legitimado  para  ello y  revestido  también  de  interés  jurídico,  a  tal  punto,  que sólo una vez  determinada  la  concurrencia  íntegra  de  tales  exigencias resulta viable la  calificación de la demanda.   

         En  el  caso examinado el libelo fue presentado en forma oportuna,  por  sujeto procesal legitimado para ello y respecto de sentencia susceptible de  tal  vía  de  ataque,  como  quiera que el delito de secuestro simple con fines  erótico-sexuales      endilgado      a      la      procesada      xxxxxx  en  el  fallo  impugnado,  a pesar de las circunstancias específicas de agravación  deducidas  y  dada  la  atenuación predicada por la ira e intenso dolor, tenía  prevista  en  el estatuto preexistente a la comisión de la conducta punible una  sanción  privativa  de la libertad cuyo máximo no excede de los ocho (8) años  de  prisión (artículos 269, inciso 2º del anterior  Código  Penal,  modificado por la Ley 40 de 1993, 270 y 60 ibídem).   

         Pero la satisfacción de los anteriores  presupuestos  en  modo  alguno  obliga  a darle curso a la demanda, pues como ha  precisado  la  Sala  a  través de criterio en el cual insiste, al impugnante le  corresponde  demostrar  también  la  concurrencia de alguna de las causales que  determinan  la  discrecionalidad  de  la  Corte  frente  al  referido instituto,  concretamente,  que  su  intervención  surge necesaria para el desarrollo de la  jurisprudencia  o  la  garantía de los derechos fundamentales, de manera que en  el  evento de incumplirse tal constatación, o de resultar precaria o deficiente  la  argumentación  esbozada  con este específico fin, se impone la inadmisión  del  libelo  sin que haya lugar a su examen formal, pues la justificación de la  impugnación constituye requisito previo e ineludible.   

         Resta  añadir  en  este  punto,  en particular frente al trámite  actual  de  la casación excepcional, donde la concesión del recurso le compete  al  juzgador  de  segunda instancia mediante un control restringido a establecer  la  oportunidad  en  su  interposición,  en  tanto  que la Corte al examinar el  libelo  asume  la  constatación de las restantes condiciones de viabilidad, que  la  justificación  referida puede cumplirse al momento de incoarse el recurso o  junto  con la demanda a través de la cual se sustenta, bien en escrito separado  o  en  motivación  incorporada al libelo, pues lo trascendente es que el censor  fundamente,   así   sea   en   forma   sucinta  pero  clara,  las  razones  que  determinarían   a   la   Sala   a  admitir  su  procedencia  al  tamiz  de  las  circunstancias   que   normativamente   deslindan  la  discrecionalidad  que  el  legislador le confiere en relación con dicho instituto.   

         5.  Trasladadas  las anteriores consideraciones al caso examinado,  se  tiene  que el censor invoca la protección para las garantías fundamentales  de  su  asistida  desde dos aristas diferentes, y frente a esta aspiración, sea  lo  primero  reiterar,  que en dichos eventos al recurrente no le basta con este  específico  señalamiento, pues le corresponde precisar también la forma cómo  fueron  desconocidas  en  el  proceso  y  la incidencia de su vulneración en el  fallo  censurado, de modo que surja necesario permitir con carácter excepcional  la  revisión  en  sede  de  casación  de  una  sentencia que por regla general  estaría sustraída de ella, insiste la Sala.   

         5.1          Ahora  bien, para el cumplimiento de estos requerimientos el   demandante  invoca  en  primer  término, la garantía del derecho penal de acto  como  componente del debido proceso, pero al momento de concretar de qué manera  resultó  quebrantada  en  la  actuación  seguida  en contra de su representada  xxxxx,  prescinde  por  completo de ella, de la que con evidente barullo  conceptual  deriva  la  exigencia de una tipicidad inequívoca, pasando por alto  que  esta  última  encuentra  fundamento  en  el  principio de legalidad, y sin  intentar  demostrar  la  vulneración  de  ninguno  de  tales  postulados en las  presentes   diligencias,   simplemente   acude   a   la  confrontación  de  las  conclusiones   probatorias   de  los  sentenciadores  de  instancia.   

         En   efecto,   la   Sala  admite  el  arraigo  constitucional  del  denominado  principio del derecho penal de acto, que no sólo se armoniza con el  actual  esquema de Estado social de derecho, sino que también encuentra expresa  consagración  en  el  inciso  2º del artículo 29 de la Carta Política, en el  cual  se señala que “Nadie podrá ser juzgado sino  conforme  a  las  leyes  preexistentes  al  acto que se le imputa”.    Así  mismo,  que  de  este  principio  se  derivan  dos  trascendentales  consecuencias,  de una parte, como afirma el demandante, que no  hay  delito sin conducta humana; pero además, que el ilícito no puede erigirse  a partir de la personalidad del agente, de su modo de ser.    

         Sin  embargo,  las  consideraciones  del  recurrente en ostensible  alejamiento  de  la  garantía  expresamente  así  invocada,  en modo alguno se  perfilan  a  demostrar  que  en  el  proceso  la  imposición  de la pena estuvo  vinculada  a  un  acto  interno  de  la  acriminada  ni  a  sus características  personales,  como  en  rigor  le  resultaba  indispensable  de  acuerdo  con  el  enunciado  del  cual  parte.  Por el contrario, diluyendo la realidad de la  vulneración  atestada,  admite  que  el  enjuiciamiento  se hizo en la presente  actuación  por  la conducta que efectivamente desplegó la acusada xxxx,  cuando       en       compañía       de       su      esposo      xxxxxxx          trasladaron  al  menor  David Andrés Diago Sarmiento al balneario  Solinilla,  donde luego de desnudarlo le propinaron las lesiones investigadas en  forma separada.   

         El  impugnante  desdibuja  también el  argüido  desconocimiento  del  principio  de tipicidad inequívoca, pues acepta  que  a  su representada, con ocasión del comportamiento atrás referido, le fue  atribuida  la  comisión  del  secuestro  simple,  descrito  de  manera previa y  estricta  en  la ley como delito, para esbozar en últimas, simple y llanamente,  un  personal  e  interesado análisis de los medios demostrativos incorporados a  las  diligencias,  con  sustento  en  el  cual colige, en mero enfrentamiento de  criterios  valorativos,  que  no se configuró la conducta punible y, menos aún  el  propósito  erótico-sexual  finalmente predicado respecto de la misma en el  fallo impugnado.   

         Con   esta   orientación   argumentativa,  soslayando  de  manera  ostensible  la  específica  exigencia  del recurso interpuesto, el casacionista  plantea  que  la  prueba  de cargo, restringida a los testimonios de la víctima  xxxx     y     del  celador  xxxx, se muestra  cuestionable  y  carente de veracidad, para propugnar entonces la prevalencia de  las  versiones  de  los  procesados,  que encuentra respaldadas a través de las  declaraciones    obtenidas    de   xxxx        y        xxxx.   

         En  síntesis,  revela  al  extremo  la  pretensión de acceder al  recurso  extraordinario,  no  con  miras  a  obtener  el restablecimiento de las  garantías  fundamentales  de  la  inculpada,  conforme lo posibilitan de manera  excepcional  las  normas  reguladoras del instituto, sino el desviado propósito  de reabrir el debate probatorio inherente a las instancias.   

         5.2   En  la  restante  alegación  del  libelista,  la Corte  advierte  con  evidencia  la  falta de interés jurídico, que como se anotó en  precedente  acápite  no  es  ajena  a  la  impugnación  extraordinaria,  en el  entendido  que  a  través  de  los  recursos se propende por la reparación del  agravio  causado  con  la  decisión  judicial  de  la  cual  se disiente.              

         Ciertamente,  si  bien  el  impugnante  admite la imposibilidad de  predicar  la falta de congruencia entre la resolución de acusación y el fallo,  plantea   en   todo  caso  que  resulta  contraria  al  derecho  de  defensa  la  degradación  que  se  hizo  de  la  responsabilidad penal, del secuestro simple  imputado  en  el  pliego  de  cargos  a  la  modalidad atenuada por la finalidad  erótico-sexual,  sugiriendo  de manera inadmisible con tal propuesta la condena  de  su  representada  por una conducta punible reprimida con mayor severidad, en  otros términos, un resultado que le sería más gravoso.   

          6.   En  conclusión,  como  el  demandante  no acreditó ninguna vulneración de las garantías fundamentales en  la  actuación  procesal  cuestionada,  a  cuya  protección  se contribuiría a  través  de  una decisión de la Sala, la demanda de casación excepcional será  inadmitida   mediante   providencia   contra  la  cual  procede  el  recurso  de  reposición.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la  demanda  de  casación  excepcional    presentada    en    defensa    de   la   procesada   xxxxxxx.   

         

         Contra     esta     providencia     procede    el    recurso    de  reposición.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                        NILSON    E.   PINILLA   PINILLA                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  C-501  de  mayo  15  de 2001, M.P. Dr. Jorge Córdoba  Triviño.   

2  Auto  de  octubre  22  de  2001,  M.P.  Dr.Carlos  A.  Gálvez  Argote, radicado  18.631.     

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