18837(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 18837  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 106  

          Bogotá,  D.C.,  veintitrés  (23)  de  septiembre  de dos mil tres  (2003)   

VISTOS  

          Resuelve   la  Corte  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el  defensor de la procesada *********, contra la  providencia  de  fecha  27 de septiembre de 2002, mediante la cual se inadmitió  el   recurso   extraordinario   de   casación   discrecional   en  el  presente  asunto.   

             

ANTECEDENTES   

          1.   El  Juzgado  4º.  Penal  del Circuito de Barranquilla en  fallo  de octubre 3 de 2000, absolvió a los procesados ********* y ********* de  los  cargos  formulados  en  la  resolución  de  acusación  por  el  delito de  secuestro simple agravado.    

          Al   ser   apelado   el   fallo   de   primer   grado  por  la  Fiscalía  y  los apoderados de quienes fueron reconocidos  como  parte  civil,  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla  lo  revocó  en  su integridad y condenó a los acusados a la pena  principal  de  un  (1)  año  de prisión como coautores del delito de secuestro  simple   con   finalidad  erótico  sexual,  agravado  de  conformidad  con  las  circunstancias  previstas  en los numerales 1 y 2 del artículo 270 del anterior  Código   Penal,   realizado   en  la  circunstancia  atenuante  de  punibilidad  consagrada en el artículo 60, ibídem.      

          2.  Inconforme  con   el  pronunciamiento  de  segunda  instancia,  el  apoderado  de  *********  interpuso  el  recurso  de  casación  excepcional  y  con  miras a justificarla  señaló  que  su  propósito es obtener, a través del mismo, la protección de  las  garantías  fundamentales  del  derecho  penal  de  acto  y  del derecho de  defensa,  que  le  fueron  conculcadas  a  su  representada  en  el  curso de la  actuación.   La  primera,  porque  en  la  investigación  subyacen  principios  fundados  de  prueba  que  permiten  demostrar que la conducta desplegada por la  procesada  no  se  adecua  típicamente al injusto de secuestro ni se consolidan  los  fines  erótico-sexuales  de  que  trata  el  artículo 269 inciso 2º. del  Código  Penal  anterior. La segunda, porque la incriminada fue condenada por el  delito  de  secuestro  simple  “con  el  propósito  de  obtener una finalidad  erótico-sexual”,  siendo  que  en ninguno de los apartes del pliego de cargos  se  le  hicieron imputaciones fácticas ni jurídicas en relación con los fines  erótico-sexuales  a que hace alusión el fallo condenatorio, lo cual constituye  una  clara  vulneración de su derecho de defensa.        

          3.   En  decisión  del  27  de  septiembre  de 2002, la Corte  inadmitió  la  demanda de casación excepcional en razón de que el defensor no  acreditó  ninguna vulneración de las garantías fundamentales en la actuación  procesal  cuestionada  ni  que  para  su  protección  se  hiciera necesaria una  decisión de la Sala.   

  FUNDAMENTOS   DEL  RECURSO   

          El  defensor  de  *********  solicita  la  revocatoria del auto que  inadmitió    la   demanda   de   casación   con   base   en   los   siguientes  argumentos:   

          1.  El  legislador  dispuso en el artículo 213 del C. de P. P. dos  causales  para inadmitir la demanda: la carencia de interés del demandante o la  falta  de  requisitos  formales  en  la  demanda.  Sostiene que el libelo cumple  cabalmente  con  todos  los  requisitos exigidos en el artículo 212, ibídem, y  que,  contrario  a  lo  que  se afirma en el auto recurrido, a él sí le asiste  interés  para  interponer  la  casación,  por cuanto la sentencia impugnada es  “gravosa”  para  su  representada y con la impugnación se busca obtener una  providencia  absolutoria.  Indica  que  cuando en el libelo se asegura que en la  sentencia  de  segunda instancia se hizo una degradación de responsabilidad, no  se  está  sugiriendo  la  condena  de  su  defendida  con  una conducta punible  reprimida  con  mayor severidad; simplemente se está motivando la sustentación  del  recurso  de  casación,  y  por  ello  se alega la vulneración del derecho  fundamental  a  la  defensa  con  el  fin de obtener el acceso a la impugnación  extraordinaria.   

          2.  La  normatividad vigente no consagra como causal de inadmisión  de   la  demanda  de  casación  la  falta  de  constatación  de  los  derechos  fundamentales  vulnerados  o  la precaria o deficiente argumentación sobre este  tópico.  Agrega  que  de conformidad con lo dispuesto en la ley 553 de 2000, la  justificación  de la impugnación extraordinaria no constituye requisito previo  e  ineludible  para  la  admisión del libelo. Cita en su apoyo la trascripción  parcial  de  una  decisión  de  la  Sala   de  fecha julio 11 de 2000, con  ponencia del doctor Jorge Aníbal Gómez Gallego.   

          3.  Luego  de  reiterar  que  nuestra  Carta  Política consagra un  derecho  penal  de  acto,  indica  que  debe  concebirse  la  acción  como  una  categoría  esencial  que  envuelve  y  encierra  el marco del injusto penal, en  cuanto  sea  penalmente  relevante.  Agrega que en este proceso la acción no es  penalmente  relevante debido a que la nueva normatividad penal (ley 599 de 2000,  artículo  168)  descriminalizó  el  secuestro  con finalidad erótico-sexual a  partir del 24 de julio de 2001.        

         

         4.  Asegura  que  los  principios  de  derecho  penal  de acto y de  culpabilidad  fueron  igualmente  vulnerados en la sentencia impugnada porque la  conducta  de  la procesada se valoró con criterios de responsabilidad objetiva,  pues  en el fallo se consideró como factor para imponer la pena y desconocer la  voluntariedad  de  la víctima las circunstancias en que se dieron los hechos el  día   anterior   y  las  características  personales  de  su  defendida.  Como  demostración  de  este  aserto  transcribe  algunos  apartes de los testimonios  rendidos  por  el  menor  ****  y  su  padre *****, con cuyo apoyo concluye que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el Tribunal, el menor no fue maltratado el día  anterior de los hechos imputados a la procesada.   

         5.  En  este  proceso  se  han  violado la mayoría de los derechos  fundamentales  de  la  procesada,  pues  no  se  le permitió comunicarse con su  abogado  para  que  le  firmara  el  poder,  se  le  prolongó  ilícitamente la  libertad,   dado  que  no  se  le  suspendió  la  detención  preventiva  ,  de  conformidad  con  lo  previsto en el artículo 407-2 del C. de P. P., se omitió  darle  aplicación al principio de investigación integral, no se respetaron los  términos  para realizar la vista pública, y no se le dio traslado al apoderado  de  la  acusada para que presentara la demanda de casación, por lo que tuvo que  recurrir a un derecho de petición.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         1.  Teniendo en cuenta lo argumentos expuestos por el memorialista,  la  providencia  no  se  repondrá,  toda  vez que, como se dijo en la decisión  recurrida,  el  defensor  no  acreditó  ninguna  vulneración de las garantías  fundamentales  en  la  actuación procesal cuestionada. En lugar de demostrar la  necesidad   de   una   intervención   de   la  Sala  con  miras  a  obtener  el  restablecimiento  de  los  derechos fundamentales supuestamente conculcados, los  esfuerzos  argumentativos  del  defensor  se  centraron  en  la  discrepancia de  criterios  sobre  la  valoración de las pruebas, lo que, como se sabe, no sólo  no  constituye  fundamento  para acceder a la casación excepcional, sino que ni  siquiera podría sustentar la casación común.   

         2.  En  efecto, el actor apoyado en los presupuestos de protección  de  las  garantías  fundamentales, procede, como si se tratara de un alegato de  instancia,  a  cuestionar  la prueba de cargo, restringida a los testimonios del  menor  ****  y  del  ****, calificándola carente de veracidad, y a propugnar la  prevalencia  de  las  versiones  de los procesados, que encuentra respaldadas en  los  testimonios  de  ****  y  ****.  Todo  lo  cual le permite concluir que los  comportamientos  imputados  a  su  defendida no pueden ubicarse en la hipótesis  criminosa  del  secuestro  simple,  porque, según la valoración probatoria por  él  propuesta,  aquella “no arrebató, ni sustrajo,  tampoco  detuvo  y  mucho menos ocultó a **** con los fines erótico-sexuales a  los   que   alude   la   sentencia,   ni   desde   luego,   con   ningún   otro  propósito”.   

         Es  evidente,  entonces, que el defensor dejó la argumentación en  un  simple enunciado, pues no demostró, con la suficiente claridad y precisión  requerida,  en  qué  forma  el  Tribunal  desconoció  la garantía fundamental  invocada  del “derecho penal de acto”, máxime cuando él mismo reconoce que  la  conducta  atribuida  a los procesados se hizo consistir en haber obligado al  menor  *****  a subir a la camioneta de su propiedad y llevarlo hasta las playas  de  “Sabailla”,  donde  lo desnudaron y le introdujeron un palo en el recto,  en  venganza  por  lo  que  aquél le hiciera al hijo menor de los incriminados.   

          3.  De  otra  parte,  el  defensor  se  aleja  por  completo  de la  realidad,  en  tanto  pretende  que  el secuestro con finalidad erótico sexual,  dejó de ser conducta típica en el nuevo Código Penal.   

La exposición de motivos del nuevo Código  Penal  (Ley 599 de 2000), contenida en el oficio del 4 de agosto de 1998, que el  Fiscal  General  de la Nación envió al Presidente del Senado de la República,  cuyo  texto  fue  publicado  por  la  Fiscalía,  corrobora que el legislador en  ningún  caso  descriminalizó  la  conducta  de  secuestro simple con finalidad  erótico  sexual,  como  equivocadamente  lo  pretende  el impugnante; sino que,  llanamente,  eliminó  el  tratamiento  diferencial y más benigno que el inciso  2°  del  artículo  269  del  Código Penal anterior contemplaba para cuando el  propósito  del secuestrador “es contraer matrimonio  u         obtener        una        finalidad        erótico-sexual”.   

Así  se  expresa  en  la  exposición  de  motivos:   

“Frente      al      Secuestro  simple  se eliminó el inciso  segundo   –rapto-   al  resultar  sin  justificación  atendible  la  distinción en él contemplada, en  tanto  que  sea  cual  fuese la finalidad de la retención, se está frente a un  delito de secuestro.”   

Por  manera que, es completamente errada la  afirmación  de  la  defensa  según  la  cual  “el  legislador    descriminalizó    el    secuestro    con    finalidad    erótico  sexual”.   

La  descriminalización  de una conducta es  una  decisión  de  política criminal que ocurre cuando el legislador considera  que  ese  comportamiento  humano  ya no merece reproche penal, porque, a su vez,  deja de estimar que atenta contra algún bien jurídico.   

En  este evento sucedió algo completamente  diverso.  Bajo  el  régimen del nuevo Código Penal el secuestro simple, cuando  se  comete  con una finalidad erótico sexual, en lugar de haberse extraído del  catálogo  de  conductas  reprimidas, se sanciona de manera más grave que en el  marco   del  estatuto  punitivo  derogado  (Decreto  100  de  1980),  porque  el  legislador  que  expidió  la Ley 599 de 2000 no encontró justificación alguna  para  mantener  la  diferencia  punitiva  entre  aquella finalidad del secuestro  simple y los secuestros simples que persiguen objetivos distintos.   

Así  pues,  en  el  inciso  segundo  del  artículo  269  del Código Penal anterior, el secuestro simple con fin erótico  sexual  se  sancionaba  con  prisión  de  uno  (1) a tres (3) años; y el mismo  delito,  con idéntica finalidad, en el artículo 168 del nuevo Código Penal se  reprime con prisión de diez (10) a veinte (20) años.   

         4.  Contrario a lo señalado por el recurrente, el casacionista no  sólo  debe  invocar  uno  de  los  motivos  consagrados  en  el inciso 3º. del  artículo  218  del  Código  de  Procedimiento  Penal anterior, (hoy, artículo  205),  esto  es, el desarrollo de la jurisprudencia o la protección de derechos  fundamentales,  sino que también tiene la carga de presentar verosímilmente la  necesidad  de  uno  o de ambos fines. Así, deberá argumentar sobre la ausencia  de  definiciones  jurisprudenciales,  en relación con uno o varios de los temas  discutidos  en  el proceso; o también indicar demostrativamente que en el curso  del  mismo  hubo  infracciones  graves  a  los  derechos  fundamentales,  con la  suficiente  individualización de los que se estiman violados y las conductas de  la judicatura que a ello contribuyeron.   

        Como  lo  ha reiterado la Corporación, la discrecionalidad que la  norma  antes  citada  otorga a la Sala para admitir una demanda de casación por  la  vía excepcional no es una atribución absoluta, pues, en cualquier caso, se  trata  de  un pronunciamiento dentro de una vía legal rogada. Por manera que la  carga  de  demarcar  el  campo  de acción del Tribunal de Casación la tiene el  recurrente  a  quien  le  corresponde  poner  de  manifiesto  la necesidad de un  eventual  fallo  de casación. La exigencia no puede ser de otro modo, porque la  Corte  no  podría  entrar  a  auscultar  el  proceso para declarar motu  propio  que  el asunto merece un  tratamiento  jurisprudencial  aún  no  dispensado,  o  de  que  los  jueces  de  instancia  menoscabaron algunas garantías fundamentales, pues ello equivaldría  a  entrar  oficiosamente  en  el  fondo  de  la  cuestión,  sin la provocación  procesal  suficiente  y  propia  de  los recursos (Así lo ha señalado la Sala,  entre  otros,  en los autos del 5 de diciembre de 2002, Rad. 18.753, M. P.   Marina  Pulido  de  Barón;  12  de  diciembre de 2002, Rad. 20.267, M. P. Jorge  Aníbal  Gómez;  11  de  febrero  de 2002, Rad. 17.051, M. P. Carlos A. Gálvez  Argote)   

        Debe  señalarse que  de  la  decisión  citada por el recurrente1,    cuya   trascripción   parcial   presenta   en   el   escrito  sustentatorio,  no  puede  deducirse, como él lo hace, que “la justificación  de  la  impugnación no se constituye como requisito previo e ineludible para la  admisión     de     la     demanda”.   Para  desvirtuar   tal  conclusión  es  suficiente  con  citar  el  aparte  de  dicho  proveído,   omitido   por   el  censor:  “…todo  lo  cual  impone  la  necesidad  de  que  el libelo de  casación  excepcional  tenga  un  capítulo  preliminar,  o  introito, donde el  opugnador   consigne  los  motivos  suficientes  (necesidad  de desarrollo jurisprudencial o de garantía a  los  derechos  fundamentales)  que  lleven a la Corte a franquear el acceso a la  impugnación   extraordinaria   que   por  modo  general  le  niega  la  le”y.   

         “De  ser  satisfactorio  este  último condicionamiento, así se  reconocerá  en  la calificación de la demanda que será ajustada si cumple los  demás  requerimientos  del artículo 9° ibídem (226 C.P.P.); pero si no   se  anticipan  los  motivos  para  que  la Corte excepcionalmente se ocupe de la  demanda  o  éstos  son  insuficientes  para convencerla de la procedencia de la  casación,    el    libelo   será   inadmitido   con   arreglo   a   la   misma  norma”.   

                 5. Si bien  es  cierto que el recurrente presenta una relación de presuntas irregularidades  cometidas  en  el  curso  del  proceso  y en virtud de las cuales se le habrían  vulnerado  garantías  fundamentales  a  la incriminada, la Sala se abstiene del  estudio  de  las  mismas, por la potísima razón de que los hechos que ahora se  denuncian  no  fueron soporte de la demanda de casación, pues ni en ésta ni en  el  escrito  de  justificación  del  recurso extraordinario excepcional se hace  alusión alguna a tales irregularidades.   

    

En conclusión, como no se demostró yerro  alguno  en  la  decisión  impugnada y sus razonamientos continúan vigentes, la  providencia impugnada no se revocará.   

        En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         NO  REPONER el auto de fecha septiembre  27  de  2002, mediante el cual se inadmitió la demanda de casación excepcional  presentada  por  el  apoderado  de la  procesada  *********.   

        Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

           

        Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                                  CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO              EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN            MARINA PULIDO DE BARON   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Auto   de   julio   11  de  2000,  Rad.  16.936,  M.  P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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