18676(24-10-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18676  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente:   

          Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta N° 114   

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de octubre  de dos mil tres (2003).   

  VISTOS  

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne los  requisitos  formales que condicionan su admisión, examina la Sala la demanda de  casación  discrecional  presentada  por  el  defensor  de  LEONILDE TUAY SIGUA,  contra  el  fallo  del 31 de mayo de 2001, proferido por el Tribunal Superior de  Yopal,   mediante   el  cual  revocó  íntegramente  la  sentencia  absolutoria  proferida  el  28  de marzo del mismo año por el Juzgado Promiscuo del Circuito  de  Paz  de  Ariporo  (Casanare),  y  en  su  lugar condenó a dicha señora y a  Efigenia  Pérez  Moreno,  en  calidad  de coautoras de peculado por aplicación  oficial  diferente,  a la pena principal de seis (6) meses de prisión cada una,  a  interdicción de derechos y funciones públicas por una año; y les concedió  el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

  LA  DEMANDA   

Dos  cargos propone el defensor de LEONILDE  TUAY  SIGUA  contra  la sentencia del Tribunal Superior de Yopal, con fundamento  en  la  causal  primera de casación contemplada en el artículo 220 del Código  de  Procedimiento  Penal,  Decreto  2700  de  1991, modificado por la Ley 553 de  2000, por violación indirecta de la ley sustancial.   

PRIMER CARGO  

Inicia recordando que, si bien es cierto, el  Instituto   Colombiano  de  Energía  Eléctrica  ICEL.,  giró  la  suma  de  $  107.000.000  al  municipio  de  Paz  de Ariporo (Casanare), los cuales deberían  consignarse  en  una  cuenta  especial  y destinarse exclusivamente a mejorar la  capacidad  eléctrica  de  esa  localidad,  fueron el Alcalde y la Secretaria de  Hacienda  (la  coprocesada  Efigenia  Pérez  Moreno) quienes, con su autoridad,  dispusieron  que  parte  de  esos  recursos  fueran  utilizados en el pago de la  nómina   de   la   administración,   y   para   solventar   otras  necesidades  distintas.   

Entonces,   ocurrió   que   el  Alcalde,  aprovechando  la inexperiencia de LEONILDE TUAY USÚA, quien ocupaba el cargo de  Tesorera  Municipal,  le ordenó que hiciera un préstamo interno, materializado  con  la Resolución No. 012 de 1984, suscrita por la Tesorera y la Secretaria de  Hacienda.   

Por  tanto,  aunque  “las  pruebas  eran  contundentes  a  favor  de  ella”, y estando acreditado que la Tesorera actuó  sin  dolo,  sino  en  obedecimiento  de una orden, y por ignorancia, el Tribunal  Superior  desconoció  la  presunción  de  inocencia  y  dejó  de  aplicar  el  principio  in dubio pro reo.   

Asegura  que  la  violación  recayó en el  artículo   29   (debido   proceso-   in  dubio  pro  reo)   de  la  Constitución  Política;  y  en  los  artículos  2  (presunción de inocencia)  y  445  (in dubio pro reo)   del   Código   de   Procedimiento   Penal,   Decreto   2700  de  1991.   

SEGUNDO CARGO  

En  criterio  del  censor,  en el fallo del  Tribunal  Superior  de  Yopal  se cometieron errores de hecho, por suposición o  invención  de  pruebas,  puesto  que  al  expediente no se allegó el manual de  funciones  de  la Tesorería de Paz de Ariporo, donde constara que la Tesorería  tenía  funciones  de  administración,  tenencia o custodia sobre el patrimonio  del  municipio; y tampoco se incorporó copia de la Resolución No. 012 del 8 de  febrero  de  1994,  en la cual, supuestamente, se autorizó el préstamo interno  con los fondos girados por el ICEL.   

Aporta  copia de la Resolución No. 037 del  24  de  enero de 1993, manual de funciones del municipio de Paz de Ariporo, para  afirmar  que  la  Tesorería sólo cumplía labores secretariales, y que todo lo  relativo  a  la  disposición  sobre el presupuesto recaía exclusivamente en el  Alcalde  y  en  la  Secretaría  de  Hacienda.  Igualmente,  anexa  copia  de la  Resolución  No.  012  del  8 de febrero de 1994, suscrita por el Alcalde de esa  localidad,  la  cual trata de una comisión de servicios otorgada a la procesada  LEONILDE TUAY SIGUA, y no sobre el préstamo interno.   

Concluye que sin pruebas suficientes, no era  posible  proferir  la  sentencia condenatoria; invoca como violados el artículo  29  (debido  proceso-  in  dubio pro reo)  de  la Constitución Política; y los artículos 246 (necesidad   de   la   prueba)   y  447  (prueba     para     condenar-certeza)   del   Código   de   Procedimiento   Penal,   Decreto   2700  de  1991.   

Con  base  en los anteriores planteamientos  solicita  a  la  Sala  casar el fallo impugnado y absolver a  LEONILDE TUAY  SIGUA.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.  En orden a examinar la viabilidad de la  casación  excepcional  es preciso acotar inicialmente que, en consideración al  monto  de  la  pena  para  el  delito  de peculado por  aplicación   oficial   diferente   establecida   el  artículo  136  del Código Penal anterior en topes de seis (6) meses a tres (3)  años  de  prisión,  el  fallo  del  Tribunal  Superior  de  Yopal no admite la  casación  común  y, por ello, podría aceptarse la impugnación extraordinaria  si  la Corte lo estima necesario “para el desarrollo de la jurisprudencia o la  garantía  de  los derechos fundamentales”, máxime que ningún reparo suscita  tal pretensión en punto de la legitimidad y oportunidad.   

2.  Se ha reiterado en la jurisprudencia de  esta  Sala  que  en tratándose de la casación excepcional es indispensable que  el   libelista   argumente   en  forma  clara  los  motivos  que  determinan  la  interposición  del  recurso, para que la Corporación examine su viabilidad, en  el   sentido   de   explicar   por   qué   piensa  que  debe  desarrollarse  la  jurisprudencia,  o  por  qué  el  recurso extraordinario es la única vía para  salvaguardar    las   garantías   fundamentales   del   sujeto   procesal   que  representa.   

Se  trata  de  dar  a conocer a la Sala las  razones  por  las  cuales  el  demandante  piensa  que  el  recurso de casación  excepcional  debe ser admitido, motivos que no siempre pueden confundirse con el  desarrollo  de  los  cargos  concretos  que se eleven por alguna de las causales  contra  el  fallo  de  segundo  grado, pues si así fuere, no existiría ninguna  diferencia     entre     la    casación    discrecional    y    la    casación  corriente.   

Ello  implica  que  el  estudio  acerca del  aspecto  formal  de  la  demanda  se  efectuará  a posteriori, siempre y cuando  previamente  la  Corte  haya  arribado  a  la  conclusión  de  que es necesario  tramitar,  por  excepción,  el  recurso extraordinario en pro de las garantías  fundamentales o con miras a desarrollar la jurisprudencia.   

3. También se ha reiterado que si aboga por  la   efectividad   de  los  derechos  fundamentales,  al  libelista  corresponde  identificar  la  garantía  objeto  del quebranto denunciado, así como la norma  superior  que  la  protege,  y  vincular  su afectación con las actuaciones del  respectivo  proceso,  esto  es, señalar en forma específica en qué consistió  la vulneración alegada.   

En    lo    relativo    al   desarrollo  jurisprudencial,  se  ha  sostenido  que  es  deber del impugnante indicar si lo  pretendido  es  fijar  el  alcance  interpretativo  de alguna disposición, o la  unificación  de  posiciones  disímiles de la Corte, o el pronunciamiento sobre  un   punto   concreto   que  jurisprudencialmente  no  ha  sido  suficientemente  desarrollado,  o  la  actualización  de  la  doctrina,  al  tenor de las nuevas  realidades   fácticas   y  jurídicas;  y,  además,  es  preciso  resaltar  la  incidencia  favorable  de  la  pretensión doctrinaria frente al caso y la ayuda  que   prestaría   a   la   actividad   judicial,   por   trazar  derroteros  de  interpretación con criterio de autoridad.   

4.  En  el  presente caso, el defensor de LEONILDE TUAY SIGUA interpone  la  casación  mencionando  expresamente que lo hace por vía excepcional y, sin  embargo,  no  desarrolla  este específico tema ni siquiera en mínima parte, de  suerte  que  la  Corte  no  tiene  posibilidad  de  enterarse  si la pretensión  consiste  en  que  se  restaure  un derecho fundamental de la procesada, o si va  dirigida   a  la  evolución  de  la  jurisprudencia  sobre  algún  tópico  en  concreto.   

La anterior omisión sería suficiente para  inadmitir  la  demanda  de  casación  excepcional,  máxime  que  tampoco en la  sustentación   de   los   cargos   se  encuentra  una  referencia  coherente  y  sistemática  a cualquiera de los aspectos que eventualmente posibilitarían esa  especie de recurso extraordinario.   

5.  Dado  que  el recurso extraordinario de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  técnica  que  le  es  inherente,  puesto  que  el  recurso  extraordinario  no fue concebido como un medio adicional para litigar libremente  igual  que  en  las  instancias,  sino  como  una excepcional manera de llevar a  conocimiento  del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el fallo  proferido  por  el Ad-quem, por las causales taxativamente señaladas en la ley,  que   hubiesen   sido   seleccionadas   y   adecuadamente  desarrolladas  en  la  demanda.   

Entonces,  el  recurso  de  casación  se  concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner  fin  a  la  violación de la ley que hubiese ocurrido en la sentencia de segunda  instancia,  por  errores  de  juicio  o  de  actividad,  y  como tal comporta la  elaboración  de un juicio lógico jurídico sobre la sentencia misma, siguiendo  el derrotero trazado en las causales invocadas.   

6. En el primer cargo, el defensor advierte  a  la  Corte que no existe certeza probatoria para condenar, y por ende aspira a  que   se   resuelvan   las   dudas   –no  dice cuáles- a favor de la implicada LEONILDE TUAY SIGUA. Sin  embargo,  tal  postulación la hace sin consultar la técnica de casación, pues  el   in  dubio  pro  reo  requiere  un  desarrollo  armónico  a  ésta  vía  extraordinaria    y    excepcional    con   la   que   se   busca   quebrar   la  condena.   

En   cuanto   a   la  aplicabilidad  del  in  dubio pro reo, que el  demandante  apenas  enuncia,  debe recordarse que no es aceptable en técnica de  casación  esperar que la Corte deduzca o infiera que no existe certeza a partir  del   cuestionamiento   superficial  y  generalizado  a  las  pruebas,  cual  si  fuese   un  recurso  de  instancia,  y  menos  si,  como  en este caso, los  reproches  se enfilaron exclusivamente sobre la fuerza de convicción o el poder  suasorio  atribuido  por  el  Tribunal  Superior  al acopio probatorio, pero sin  denunciar  ninguna  especie  de  error  de  hecho  o  de  derecho en que hubiese  incurrido.   

Si  la pretensión consistía en demostrar  que  era  necesario absolver por falta de certeza, el cargo debió estructurarse  de  manera  autónoma  por vía directa o indirecta según las circunstancias lo  aconsejaren.   

La   Sala   de  Casación  Penal  en  su  jurisprudencia ha perfilado los siguientes lineamientos:   

-. Cuando el Tribunal a pesar de reconocer  en  su  discurso  la  ausencia  de  certeza  deja  de  aplicar  el  in  dubio  pro reo, se debe demandar la  violación  directa,  por falta de aplicación, del artículo 445 del Código de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700  de 1991), equivalente hoy al artículo 7°  (presunción  de  inocencia),  norma  rectora del nuevo Código de Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000).   

-.  Por  el  contrario,  si lo que hace el  Tribunal  es suponer certeza cuando en verdad no se puede llegar a este grado de  convencimiento,  la  violación  a  la  ley  sustancial  se  presenta  por  vía  indirecta   y  los  cargos  en  casación  deben  presentarse  por  error  de  hecho  en cualquiera de sus  modalidades.   

En  el  libelo  que  se  analiza, el cargo  carece  de sustentación, pues el censor limitó su alegato a indicar lo que él  pensaba  acerca  de la manera cómo se produjo la destinación oficial diferente  del  presupuesto  del  municipio  de  Paz  de  Ariporo,  apartándose así de la  concepción  del  Tribunal Superior de Yopal, pero sin demostrar, o por lo menos  presentar  razonamientos  tendientes  a  enseñar  a  la  Corte  que el juzgador  incurrió  en  errores  en  la  valoración  de  las  pruebas,  de modo que, sin  elementos de juicio, no es factible que se admita la demanda.   

7. En el segundo cargo, que se enuncia como  error  de  hecho  por suposición probatoria, el censor se queja por la ausencia  de  la Resolución No. 012 del 8 de febrero de 2004, aduciendo que fue inventada  por el Ad-quem, toda vez que no se incorporó al expediente.   

Tal  afirmación genera perplejidad y pone  en  evidencia  la  superficialidad  con la que se confeccionó el libelo; de una  parte,  porque  en la página 65 del cuaderno original se observa un ejemplar de  ese  acto  administrativo,  suscrito  por  la  Secretaría de Hacienda, Efigenia  Pérez  de Moreno, y por la Tesorera, LEONILDE TUAY SIGUA; y de otra, porque esa  resolución  fue  exhibida  a la procesada en su indagatoria, quien aseguró que  la había firmado actuando de buena fe. (Folio 113 cdno. 1)   

En  consecuencia,  la demanda de casación  excepcional  no  será  admitida,  y  así se resolverá en este auto, contra el  cual  procede el recurso de reposición, de conformidad con el artículo 189 del  Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

Inadmitir  la  demanda  de  casación  excepcional presentada a nombre de la procesada LEONILDE  TUAY SIGUA.   

Contra el presente auto procede el recurso  de reposición.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

Cúmplase  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                             JORGE    A.    GÓMEZ  GALLEGO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                        MARINA PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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