18424(25-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18424  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado  Acta No.013  

Bogotá  D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil cuatro (2004).   

V I S T O S:   

Resuelve la Sala lo que en derecho corresponda  respecto  de  los  requisitos formales de la demanda de casación presentada por  la procesada – abogada GLORIA INÉS GUZMÁN MANRIQUE.   

H  E  C H O S:    

La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá D.C., los relató así:   

“Para los días 2 y 3 de agosto de 1994, la  abogada  GLORIA  INÉS  GUZMÁN MANRIQUE se presentó en  la secretaría de  la  Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura de Bogotá D.C., y  Cundinamarca,  con  el  fin de notificarse del pliego de cargos que se le había  efectuado  por  faltas  a la ética profesional de acuerdo con el Decreto 196 de  1971,  por  su  actuación  dentro  del  proceso  de  separación  de  bienes  y  liquidación  de  la  sociedad  conyugal  de Gladys Stella Rubio de Gómez   contra  Manuel  Benigno  Gómez Quevedo, en el cual representaba judicialmente a  la   demandante.    Para  tal  fin  Ruth  Stella  Murcia,  empleada  de  la  secretaría  del  Consejo  Seccional,  la atendió y le facilitó el cuaderno de  copias  de  la  respectiva  actuación disciplinaria, radicada con el No. 6118A;  empero,  aquella  abogada,  luego  de haber transcurrido un tiempo razonable, le  solicitó  el  cuaderno  de  originales  con el fin de cotejarlo con aquél para  determinar    si    estaban   iguales.    Así,   cuando   la   funcionaria  momentáneamente  se  ausentó,  la  mencionada  abogada  se fue sin devolver el  expediente  ni  comparecer  después  a  devolverlo  al punto que ni siquiera se  presentó   el   18   de   agosto   de   1994   a   presentar   los  respectivos  descargos”.   

ANTECEDENTES:  

1. Un empleado de la  Secretaría  de la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la  Judicatura  de  Cundinamarca  formuló  denuncia  en contra de la abogada GLORIA  INÉS  GUZMÁN  MANRIQUE  con  fundamento  en  la  cual  se  dispuso apertura de  investigación  por  parte  de  la  Fiscalía  213  Seccional   de  Bogotá  D.C.   

2.  Escuchada  en  indagatoria  la  denunciada,  el 26 de febrero de 1996 se definió su situación  jurídica  absteniéndose  de imponerle medida de aseguramiento y el 19 de junio  siguiente  se  profirió resolución de acusación en su contra por el delito de  destrucción, supresión y ocultamiento de documento público.   

3.  El  Juzgado 21  Penal  del Circuito de Bogotá D.C. tramitó la fase de juzgamiento que culminó  con  la  sentencia  del  28  de junio de 1999 por medio de la cual condenó a la  acusada  GUZMÁN MANRIQUE a la pena principal de 2 años de prisión como autora  responsable del delito objeto de la acusación.   

4.  Por apelación  que  interpusiera  la   procesada,  la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  conoció  del  fallo  de primera instancia para  confirmarlo  integralmente  mediante  el  suyo  del  12  de  diciembre  de 2000.  Y,   

5.   Contra  esa  providencia  se  interpuso  recurso  extraordinario de casación por parte de la  abogada   encausada  que  sustentó  con  la  demanda  que  a  continuación  se  sintetiza.   

LA    DEMANDA:  

Se  presenta  con  fundamento  en  la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal  (207  actual), formulándose un único cargo de violación  indirecta  de  la  ley sustancial “proveniente de apreciación errónea de las  pruebas  por  error  de  hecho  manifiesto  en  autos  porque no se consideró e  ignoró   algunas   pruebas  (testimoniales  y  de  identificación)  legalmente  producidas y porque se distorsionó o tergiversó la prueba”.   

La  procesada-recurrente  hace  una  extensa  introducción  en  la  que  afirma  de  manera  general  y desde una perspectiva  puramente  lógica  formal  que  la  sentencia  incurre en varios errores de tal  naturaleza,  como  falacias,  sofismas, paralogismos y, principalmente,  en  petición  de  principio, todo lo cual adosa con algunas citas de tratadistas de  retórica,  de  lógica  inductiva  y deductiva y de autores sobre teoría de la  argumentación   jurídica,   que  señala  citar  a  manera  de  premisas  para  desarrollar a continuación el cargo propuesto.   

Para   el   efecto  hace  un  descripción  estrictamente  narrativa  del  contenido de la sentencia, destacando la fecha de  la   formulación   de  la  denuncia  –21   de  octubre  de  1994—      frente     a     la     de     los     hechos     –1   o   2   de   agosto   del   mismo  año—,  por  parte  de un  empleado  a  quien  no le constaba el acontecer, sino que le fue relatado por la  escribiente  Ruth  Murcia  Díaz,  no obstante lo cual uno y otra son sujetos de  plena credibilidad para el juzgador.      

Critica  que  el  Tribunal haya ignorado por  qué  la  procesada  no  tuvo  igual  diligencia  para  asistir a la Secretaría  durante  la  época  en  que  desapareció el expediente disciplinario y para la  fecha  de  las  citaciones,  pasando  por  alto  que  el Consejo Seccional de la  Judicatura  nunca  le envió las notificaciones a su dirección conocida, sino a  la  de  un  colega  “quien  cuando  podía nos comunicábamos y me enteraba de  dichos  telegramas”,  reclamando  que  se le exijan dotes de adivinación para  saber  el  estado  del  desarrollo  procesal  del asunto disciplinario al que se  hallaba vinculada.   

Así mismo le parece que la explicación del  Secretario  para  justificar  la  tardanza en la presentación de la denuncia no  debió  ser  aceptada,  pues si estaba esperando a que ella acudiera el 18   de  agosto  de  1994  a  esa  dependencia  como consecuencia del vencimiento del  término  del traslado, al no presentarse ha debido proceder al día siguiente y  no  2  meses  después,  todo  lo  cual  prueba, dice la censora, que no tenían  certeza acerca de lo ocurrido con dicho expediente.   

A  manera de queja se indica en la demanda  que  la  sentencia le dio plena credibilidad a la única testigo, la escribiente  Ruth  S.  Murcia Díaz, no obstante que al describir físicamente a la procesada  no  coincide con sus características, no obstante lo cual le negó la práctica  de  la  prueba  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  que  estima de vital  importancia  para  los  intereses de la encausada. Y,  “haber ignorado la  falta  de esa prueba constituye error de hecho manifiesto en autos”, remata la  demandante.   

También   constituye   error   del  mismo  tipo   la  tergiversación de los testimonios de la María Constanza Posada  de  Luna, Elsa González, Juan de Jesús Forero y María Yolima Aponte Rivillas,  que   fueren   declarados  “fantásticos  e  inverosímiles”.  Reclama  como  evidente  su  viaje  a Medellín (Antioquia) en compañía de María Constanza y  su  regreso  a  Bogotá  el  10  de agosto de 1994, así como su asistencia a la  Secretaría  de  la  Sala Disciplinaria donde no pudo tener acceso al expediente  por  no  habérsele  mostrado, señalando que de no ser cierta su versión, bien  habría podido dar otra para no facilitar su propia condena.   

Así  mismo  se  incurrió  en otro error de  hecho  por  haberse  ignorado  los  vacíos  que  acompañaron la causa, pues el  Juzgador  se  limitó a otorgarle plena credibilidad a la única testigo, por el  simple hecho de ser funcionaria de la Sala Disciplinaria.   

Todo  lo  expuesto,  remata  la  demandante,  generó  que  el  fallo  se  sostuviera sobre proposiciones dudosas y en esencia  falsas,  que  al  no  estar  demostradas   se  incurrió  en  petición  de  principio   “y   una   condena   no    se   puede   apoyar  en  semejante  sofisma”   por  lo que la sentencia debe casarse y en su lugar disponerse  la absolución de la acusada.   

En   escrito   adicional  se  reclamó  la  declaratoria  de  prescripción  de la acción, afirmando que el 20 de noviembre  de  2001  se  cumplieron  5  años  contados  a  partir  de  la ejecutoria de la  resolución de acusación.   

LA CORTE CONSIDERA:  

1.  Cuestión  Previa: La Petición de Prescripción:   

Dado  que  la  sentencia  del  Tribunal  se  profirió  el  12  de diciembre de 2000 cuando se hallaba en vigencia la Ley 553  de  2000,  que lo estuvo desde el 13 de enero de ese año y hasta el 17 de marzo  de  2001,  y  que  el  delito  por  el  que  aquí  se procede tiene un lapso de  prescripción  en  la fase de juzgamiento de 5 años, resulta claro que el fallo  obtuvo  ejecutoria  antes de superarse ese lapso, como quiera que la resolución  de  acusación  data del mes de octubre de 1996.  No se opone a lo anterior  la  sentencia  C-252  del  28  de febrero de 2001 de la Corte Constitucional que  declaró  la  inexequibilidad  de  varios  apartes  de esa ley, pues por mandato  expreso  del  artículo  45  de  la  Ley  Estatutaria  de  la Administración de  Justicia  los  fallos  de  constitucionalidad tienen efectos hacia el futuro, de  donde  surge  que  no hay lugar a la declaratoria de prescripción reclamada por  la censora.   

2.  La demanda  debe  ser  rechazada  por no reunir los requisitos del artículo 212 del Código  de  Procedimiento  Penal (225 del Código derogado), específicamente el ordinal  3°  de  tal  norma   que  le  impone  a  quien  recurre  en  casación  la  obligación  de  indicar  en  forma clara y precisa los fundamentos del ataque y  las normas que estime infringidas.   

3.   Aunque  la  casacionista   enunció   la   causal  primera,  cuerpo  segundo  de  casación,  señalando  que pretendía demostrar la existencia de errores de hecho, no logra  precisarlos,  sino  que  termina por entremezclar la mayoría de las especies de  esa  clase  de equivocación, pues indistintamente y sin señalar de cuál medio  en  concreto predica el yerro, menciona que hubo apreciación errónea, falta de  consideración   y   distorsión  o  tergiversación  del  material  probatorio.   

4. Así por ejemplo,  la  crítica  en  contra  de  la  credibilidad  otorgada por los Juzgadores a la  testigo  Ruth  S.  Murcia Díaz, no está sustentada en la existencia de ningún  error  sino  en  la  simple  afirmación  general  de que su dicho fue impreciso  acerca  de  la  descripción  física de la procesada y que por ello no merecía  crédito,  pasándose  por  alto  que  en  materia de apreciación probatoria el  sistema  jurídico  nacional  es  de persuasión racional, de modo que cualquier  ataque  sobre  el  particular  debe  sustentarse  en  la vulneración concreta y  específica   de   alguno   de   los  componentes  de  las  reglas  de  la  sana  crítica.   Cualquier  otra  forma  de  censura  en  torno  al  tema  de la  apreciación  probatoria  es  inaceptable  en  sede de casación, máxime cuando  como  en  este  caso  el  ataque  se  queda en la incorrección y vaguedad de su  enunciación.   

5. Tampoco resulta  admisible  como  fundamento del extraordinario recurso la afirmación general de  haberse  incurrido  en  tergiversación  de  los testimonios de María Constanza  Posada  de  Luna,  Elsa  González, Juan de Jesús Forero y María Yolima Aponte  Rivillas,   pues tal afirmación nunca se desarrolla,  limitándose la  demanda  a la exposición del personal criterio de la demandante alrededor de la  fuerza  demostrativa de un hecho en particular, supuestamente demostrado con uno  de  esos  testimonios,  pero sin identificar ningún error de los demandables en  casación. Y,   

6. Finalmente y sin  que  se  presente en capítulo separado o, tan siquiera como un cargo diferente,  también  al  abrigo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, e  identificado  como  error  de  hecho,  se  reclama  por  la falta de pruebas, en  concreto  un reconocimiento en fila de personas, y en general por “vacíos que  acompañaron  la causa”, vicio que aunque también es demandable en casación,  lo  es  por  vía  de  la  causal  tercera,  por  infracción  al  principio  de  investigación  integral  y  que, de ninguna manera, puede proponerse como aquí  lo  hace  la  demandante  como un problema de violación indirecta, pues resulta  lógicamente   imposible  predicar  la  ausencia  de  una  prueba  y  su  errada  estimación al mismo tiempo.   

A   mérito  de  lo  expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

PRIMERO: NEGAR por  improcedente la petición de prescripción de la acción penal.   

SEGUNDO: INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  abogada  procesada GLORIA INÉS  GUZMÁN MANRIQUE. Y,   

TERCERO:  Declarar  desierto  el  recurso  de  casación  concedido  por  el  Tribunal  Superior del  Distrito Judicial de Bogotá D.C.   

Téngase  presente  que  en  contra  de esta  decisión,  no  procede  recurso  alguno.  Y, devuélvase al Tribunal de origen.   

NOTIFÍQUESE         y   CÚMPLASE           

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE         A.        GÓMEZ  GALLEGO                            ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                               JORGE L. QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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