18309(06-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18309  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

      Aprobado   acta   N°  060   

Bogotá, D. C., junio seis (6) de dos mil dos  (2002).   

ASUNTO  

Se  decide  la admisibilidad de la demanda de  casación  presentada  en  defensa  de OROSMAN ORTIZ VALDERRAMA, condenado junto  con  otros  por  homicidio  agravado, concierto para delinquir, hurto calificado  agravado,  lesiones  personales  agravadas,  porte  ilegal  de  arma de fuego de  defensa personal e infracción a la ley 30 de 1986.   

HECHOS  

1.-  La noche del 11 de agosto de 1996, en el  hotel  Budapest,  ubicado  en  la  carrera  9ª  N°  14-87  de Girardot, fueron  capturados  TIRSO ARMANDO SÁENZ ACERO, JAIME RODRÍGUEZ CASTELLANOS y GUILLERMO  SALAZAR  GIRALDO, en una de las habitaciones que arrendaron en el segundo nivel,  donde  habían  desprendido  unas  baldosas  y  perforado el piso, con el fin de  ingresar a varios locales comerciales del primer nivel.   

2.-  La noche del 23 de diciembre de 1996, en  el  barrio  Kennedy  de  Girardot,  cuatro  individuos que se desplazaban en dos  motocicletas,  una  de ellas conducida por OROSMAN ORTIZ VALDERRAMA, mediante el  empleo  de armas de fuego dieron muerte a Alonso Castañeda Flórez e hirieron a  Julia  Fonseca  de Castañeda, al oponerse al hurto de que eran víctimas.   Los  asaltantes   se  llevaron  un revólver, un bolso con $370.000 y joyas  valoradas en $10.000.000.   

3.- El 10 de febrero de 1997, al ser allanada  la  casa  ubicada  en la calle 18 N° 5-62 de esa ciudad, donde habitaba OROSMAN  ORTIZ  VALDERRAMA,  fueron encontrados 6 gramos de cocaína y unos derivados, en  peso aproximado de 8 gramos.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

1.- En la instrucción por los primeros hechos  fueron  indagados  y  enjuiciados,  previa  resolución  de situación jurídica  (agosto  27  de 1966, fs. 117 y Ss. cd 1), TIRSO ARMANDO SÁENZ ACERO, GUILLERMO  SALAZAR   GIRALDO  y  JAIME  RODRÍGUEZ  CASTELLANOS,  por  tentativa  de  hurto  calificado  y  agravado, calificación no recurrida (abril 25 de 1997, fs. 191 y  Ss. ib.).   

2.-  Por  el  segundo  suceso,  abierta  la  investigación  y  oídos en indagatoria inicialmente OROSMAN ORTIZ VALDERRAMA y  GIOVANNI  GARZÓN  CHICA,  el  8  de  julio  de 1997 les fue impuesta detención  preventiva  (fs.  400  y Ss., cd. 3). GARZÓN CHICA pidió sentencia anticipada,  por  lo  cual  el 14 de octubre de 1997 se rompió la unidad procesal (f. 80 cd.  4).   

También fueron indagados TIRSO ARMANDO SÁENZ  ACERO,  HÍMER  SÁNCHEZ LONDOÑO, LUZ MARINA DÍAZ SÁENZ MARIBEL GARZÓN   CHICA  y  MÓNICA  PAOLA GUZMÁN  ÁNGEL; contra los dos primeros se dictó  detención  preventiva, el 15 de julio de 1997, absteniéndose de imponer medida  de    aseguramiento   contra   la   tercera   y   precluyendo   para   las   dos  últimas.   

En  sus indagatorias iniciales, OROSMAN ORTIZ  VALDERRAMA,   GIOVANNI  GARZÓN  CHICA  y  TIRSO  ARMANDO  SÁENZ  ACERO  fueron  asistidos  por  el mismo defensor público; al terminar la injurada del tercero,  el   10   de   julio  de  1997,  dicho  profesional  expresó  que  por  existir  incompatibilidades  y  contradicciones  en  la defensa técnica de  GARZÓN  CHICA     Y     SÁENZ     ACERO,    “renuncio  como  defensor  público  de  los  mismos,  de conformidad  con      el     artículo    143    del    C.    de    P.    P.” (f. 458 cd. 3).   

De  allí  en adelante, ese letrado continuó  como  defensor  sólo de ORTIZ VALDERRAMA, asistiéndolo en un reconocimiento en  fila  de  personas  el  17 de julio de 1997, donde las testigos Julia Fonseca de  Castañeda  y  Edna  Rocío  Álvarez  Parra  no lo reconocieron como uno de los  asaltantes  (fs.  509  y  510  ib.);  después  solicitó  la  ampliación de la  indagatoria,  que  en efecto le fue recibida el primero de agosto siguiente (fs.  5  y Ss. cd. 4). El 27 de octubre de 1997, ORTIZ VALDERRAMA designó defensor de  confianza (f. 99 ib.).     

Cerrada la instrucción, el 23 de diciembre de  1997  se profirió resolución de acusación contra TIRSO ARMANDO SÁENZ ACERO y  OROSMAN  ORTIZ  VALDERRAMA,  por  homicidio agravado, hurto calificado agravado,  concierto  para  delinquir, lesiones personales agravadas, porte ilegal de armas  de  fuego  de defensa personal, y el segundo además por infracción a la Ley 30  de  1986. HÍMER SÁNCHEZ LONDOÑO fue enjuiciado por concierto para delinquir y  complicidad  en  el homicidio y LUZ MARINA DÍAZ SÁENZ por favorecimiento. Este  enjuiciamiento  fue  apelado,  entre  otros por la entonces defensora de OROSMAN  ORTIZ  VALDERRAMA  y  la  Fiscalía  Delegada  ante los Tribunales Superiores de  Bogotá  y  Cundinamarca le impartió confirmación, el 13 de marzo de 1998 (fs.  4 y Ss. cd. 5).   

Correspondió  al  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  de  Girardot  adelantar  el juicio originado en la primera acusación,  disponiendo  acumular  los  dos  el  13  de  julio  de 1999 (fs. 2 y Ss. cd. 8).  Celebrada  la  audiencia  pública,  el  30 de junio de 2000 fue condenado TIRSO  ARMANDO  SÁENZ  ACERO,  por  homicidio  agravado,  hurto calificado y agravado,  tentativa  de  hurto  calificado  y  agravado,  lesiones  personales  agravadas,  concierto  para  delinquir  y porte ilegal de arma de fuego de defensa personal,  imponiéndosele  52 años y 6 meses de prisión y multa de $4.000; OROSMAN ORTIZ  VALDERRAMA,  por  los mismos delitos e infracción a la Ley 30 de 1986, pero con  excepción  de  la citada tentativa, a 52 años de prisión y multa de $524.200;  HÍMER  SÁNCHEZ  LONDOÑO,  por  el delito contra el patrimonio, concierto para  delinquir  y  complicidad  en el homicidio agravado, 40 años de prisión; JAIME  RODRÍGUEZ  CASTELLANOS  y  GUILLERMO  SALAZAR  GIRALDO,  por tentativa de hurto  calificado  y  agravado,  18  meses  de prisión; y LUZ MARINA DÍAZ SÁENZ, por  favorecimiento, 6 meses de arresto.   

A   los  tres  primeros  les  fue  impuesta  interdicción  de  derechos y funciones públicas durante 10 años y a los otros  por  el  mismo lapso de la privación de libertad, quedando así mismo obligados  a indemnizar los perjuicios respectivos (fs. 489 y Ss., cd. 8).   

Apelado  ese  fallo  en  defensa,  el  7  de  noviembre  de  2000  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca absolvió a HÍMER  SÁNCHEZ  LONDOÑO  respecto  del  homicidio,  manteniendo  la  condena  por  el  concierto  para delinquir y cómplice en el hurto, bajando la prisión y la pena  accesoria  a  5  años y 4 meses. Confirmó todo lo demás (fs. 315 y siguientes  cd.  9),  siendo  ese  fallo  objeto de casación interpuesta por el defensor de  OROSMAN ORTIZ VALDERRAMA.   

LA DEMANDA  

El  censor,  luego  de  referirse  sólo a su  asistido   como  sujeto  procesal  y  de  efectuar  una  sucinta  relación  del  desenvolvimiento  del  proceso,  en el PRIMER CARGO acude a la causal tercera de  casación,     para     endilgar     “nulidad  por  violación  al derecho de defensa como sistema modular  del         debido        proceso”.   

Presenta  unas  consideraciones  generales  y  recuerda   lo   establecido  por  el  artículo  143  del  anterior  Código  de  Procedimiento   Penal,   para   reprochar  que  aunque  GIOVANNI  GARZÓN  CHICA  “elevara   imputaciones  contra  quien en esta acción represento”,     su     defensor    “paralelamente    actuaba   como   defensor   de   oficio”   de   OROSMAN   ORTIZ   VALDERRAMA,  transcribiendo  luego  la  inconformidad  que  éste expresó en un memorial, al  igual  que  apartes  de  un pronunciamiento de la Corte Constitucional sobre los  derechos     del     sindicado     (“SU-044/95”).   

Agrega  que  el Fiscal instructor designó el  mismo  defensor  público  a  los  sindicados  GARZÓN CHICA, ORTIZ VALDERRAMA y  SÁENZ  ACERO,  no  obstante  aparecer  manifiesta  contraposición de intereses  entre  los  dos primeros, pues aquél le formuló cargos de participación en el  homicidio  de  Alonso Castañeda Flórez a OROSMAN ORTIZ VALDERRAMA “y    éste    los   negó”,  por  lo  cual  no  tuvo “oportunidad  el encartado de rendir una  indagatoria  ajena  a cualquier interés”   y   se  le  privó  de  defensa  técnica,  pues  el  profesional  “asumió   una  conducta  completamente  pasiva  y,  por  lo  tanto,  se desentendió del problema y de la  suerte  de  su  defendido”,  sin     que     se     allegaran     “pruebas  suficientes  para desvirtuar los indicios que pesaban en su  contra,  no  se  presentó  alegatos precalificatorios y la gestión en la etapa  del  juicio  brilló  por  su  ausencia”.   

Por  lo  anterior,  pide  que  “se     respeten    las    garantías  fundamentales  del debido proceso y por ende, que se decrete la nulidad absoluta  de  toda  la  actuación  procesal  surtida con posterioridad a la irregularidad  procesal  aquí  debatida”  (f. 392 cd. 9).   

SEGUNDO CARGO: Refiriéndose al artículo 247  del  Código  de Procedimiento Penal, el recurrente aduce que la sentencia viola  indirectamente  normas  de  derecho  sustancial  y cita como tal el “art.    29    del    C.P.”,     efectuando     luego     otras  consideraciones genéricas.   

Indica  el defensor que el Tribunal incurrió  “en    errores    de  derecho”,  al  valorar los  diferentes      medios     de     prueba     sin     desestimar     “la    fuerza    vinculante    de   la  incriminación  efectuada  por GIOVANNI GARZÓN CHICA dado que éste también se  encontraba   incriminado   dentro   de   esta   causa  y  su  testimonio  no  es  imparcial”,  tomando  en  cuenta  “la  retractación  que   presentara   con   posterioridad   a   su   primera   versión” y la enemistad con su asistido, por lo  cual  no podía dársele “un  grado  confiable  de  credibilidad  si tenemos en cuenta que al interior de esta  organización  criminal  se  ventilaba  una vendeta que terminara con la vida de  varios     de     sus     integrantes”.   

Respecto a otros medios de prueba, indica que  de  las  declaraciones  de  Nayibe  Amanda  Malagón  Díaz,  Luz Marina Díaz y  Orlando  Ricardo  Rodríguez  Arenas,  no  se  deriva  certeza sobre la presunta  participación  de  OROSMAN  ORTIZ VALDERRAMA y, por el contrario, existen otros  medios que excluyen su intervención.   

Según     concluye,     “de  haberse  realizado  una verdadera y  justa  valoración  de  la  prueba,  otra  sería  la  decisión allí adoptada,  favoreciendo  los intereses del procesado en aplicación del principio universal  del  in  dubio  pro  reo…  cuya  no  aplicación,  viola indirectamente la ley  sustancial  aquí esgrimida”  y,  por  todo  ello,  se  debe  absolver  de  toda  responsabilidad  penal  a su  representado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1°  Cualquiera  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

2°    En    cuanto    al    primer   cargo,   la  causal  tercera  no  constituye  una  excepción  a  los  requerimientos  de  claridad  y  precisión  acabados  de  anotar,  pues es indispensable señalar la clase de nulidad que se  alega,   exponer   los   fundamentos,   determinar  los  actos  que  generen  la  irregularidad,  especificar  los  preceptos  que  el  censor considere violados,  establecer  cómo  el  vicio incide y trasciende grave e insubsanablemente en el  trámite  o  contra  el  derecho de defensa, con repercusión en la sentencia, e  indicar  motivadamente  el  instante  procesal  a partir del cual se solicita la  invalidación.   

Después de incumplir el sencillo requisito de  “la identificación de los  sujetos    procesales”,  legalmente  exigido  (art.  225-1  del  Código  de Procedimiento Penal entonces  vigente,  212-1 actual), el libelista, no  obstante enunciar que el derecho  de   defensa  es  “sistema  modular     del     debido    proceso”,   y   ubicarlo   como   “elemento     estructural”,  desdibuja que a pesar de derivarse aquél del derecho fundamental  general   del   debido   proceso,   la   Constitución,  la  legislación  y  la  jurisprudencia  le  han dado autonomía, contenido propio y naturaleza distinta,  que  permiten  diferenciarlo,  sin  perjuicio que algunas veces simultáneamente  una   irregularidad   se   conjugue   contra   ambos,  pero  sin  dar  lugar  al  abigarramiento   en   que   por   momentos   se   incurre  en  la  demanda  bajo  estudio.   

Aduce  que  se afectó la defensa técnica al  asignársele  a  OROSMAN  ORTIZ VALDERRAMA el mismo defensor que tenía GIOVANNI  GARZÓN  CHICA,  quien  en  principio  efectuó imputaciones contra el primero y  luego se sometió a sentencia anticipada.   

Pero  las aseveraciones de haber conducido la  argüida  dualidad  de intereses a que el abogado asumiera actitud pasiva frente  a  ORTIZ  VALDERRAMA,  sin  propiciar  que se allegaran pruebas suficientes para  desvirtuar  los indicios que pesaban en su contra, dejando de presentar alegatos  previos  a  la  calificación  y  quedando  ausente  de gestión en la etapa del  juicio   (cuando   ya  había  cambiado  defensor),  no  pasan  de  ser  asertos  incompletos  y  carentes de acreditación, empezando por no indicar qué pruebas  no   se   pidieron,   ni   qué   demostrarían,   ni   su  repercusión  en  la  sentencia.   

Tampoco  establece  de  dónde  deriva  como  obligación  que  se  alegue  antes  de  la  calificación,  pues es facultativo  hacerlo  y  la falta de exposición del criterio del defensor en tal oportunidad  no  tiene  porqué  constituir  nulidad,  cuando  puede  tratarse de una actitud  expectante;  ni  le  es dado a un abogado señalarle a otro cuál es la táctica  que  debió emplear, o vaticinar cómo una u otra posición hubieran influido en  los resultados del proceso.   

De otra parte, no es preciso sobre el momento  procesal  desde el cual, según su pretensión, habría que declarar la nulidad,  pues  aunque  alude  a “toda  la  actuación  procesal  surtida  con posterioridad a la irregularidad procesal  aquí  debatida”, no refiere  si  la  aducida  anomalía  la  ubica  en  el momento en que GARZÓN CHICA rinde  indagatoria  y lanza cargos contra el defendido por el casacionista (junio 19 de  1997,  f.  338 cd. 3), pero posteriormente se retracta (agosto 14 de 1997, f. 36  cd.   4),   o   cuando   ORTIZ   VALDERRAMA   lo   desmiente,   generándose  la  contraposición.   

Deja  así  mismo sin expresar en qué incide  que  la  situación  haya  sido  pronto  superada  con  la renuncia del abogado,  “de  conformidad con   el  artículo  143  del  C.  de  P.  P.”,  a  seguir  asistiendo  a  los  otros  dos indagados, expresada al  terminar  la  injurada  de TIRSO ARMANDO SÁENZ ACERO el 10 de julio de 1997 (f.  458   cd.   3),   siendo   luego  relevado  también  de  la  defensa  de  ORTIZ  VALDERRAMA.   

3°   Con   relación   al   segundo  cargo,  se observa que la demanda  tampoco   presenta   la  claridad  y  precisión  exigidas  en  la  impugnación  extraordinaria,  como si se pretendiera que la Corte complemente o deduzca cómo  construiría  el  censor  la  argumentación  que  sustente la supuesta falta de  aplicación   de   la  preceptiva  que  instituye  el  principio  in  dubio  pro  reo.   

Así,  no  es posible comprender lo que quiso  significar  con  algunas  referencias  desubicadas, como la incidencia que pueda  tener,  en este cargo por la causal primera de casación, que el debido proceso,  “Art.     29     del  C.P.”   (sic),  haya  de  aplicarse a toda clase de actuaciones judiciales o administrativas.   

Igualmente  aduce, en forma genérica, que el  juzgador  incurrió  en  errores  de derecho en la apreciación de los medios de  convicción,  pero  no  señala  en  qué  consistieron y aunque hace mención a  algunas    pruebas,    no    concreta   yerro   de   ninguna   índole   en   su  valoración.   

Se  muestra  inconforme  con  la credibilidad  otorgada  por  el  fallador  a GIOVANNI GARZÓN CHICA, lo cual no es atacable en  casación,  porque  el  sistema  de la sana crítica, adoptado por el Código de  Procedimiento  Penal, le confiere la facultad de asumir su propio convencimiento  racional,  siempre que respete las leyes de la ciencia, las reglas de la lógica  y las máximas de la experiencia.   

Tampoco determina cuáles fueron los yerros en  la  valoración  de  los  elementos  de  convicción que le habrían impedido al  juzgador  percatarse  de la incertidumbre alegada, ni qué probanzas excluirían  la  certeza a que arribó la administración de justicia, ni sobre qué aspectos  de  la  responsabilidad  versaría la duda o en torno a la existencia de cuál o  cuáles  de  las  conductas  punibles incluidas en la condena a su representado.  Por   ello,   este   cargo   tampoco  puede  ser  asido  para  un  análisis  de  fondo.   

4°  Como  la  Corte  no  puede  suplir  las  deficiencias  ni corregir los errores de la demanda, se impone su inadmisión de  conformidad  con  lo  que  disponían  los  artículos  225 y 226 del Código de  Procedimiento  Penal  entonces  vigente (212 y 213 del actual estatuto), lo cual  conlleva   la  consecuencia  procesal  de  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante  decisión que adquiere ejecutoria en la fecha en que es suscrita (art.  197 anterior, 187 actual) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO  ADMITIR  la demanda presentada en defensa  del  procesado  OROSMAN  ORTIZ  VALDERRAMA y, en consecuencia, declarar desierta  la  casación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN             

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                                     JORGE           E.           CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                    CARLOS    AUGUSTO    GÁLVEZ    ARGOTE          

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                          

CARLOS       EDUARDO       MEJÍA  ESCOBAR            NILSON   PINILLA  PINILLA                                            

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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