18248(13-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18248  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 196  

          Bogotá, D. C., trece de diciembre de dos mil uno.   

          Se  tramita  la  extradición del ciudadano colombiano HÉCTOR JAIME  IBARRA,  quien  igualmente  se ha individualizado con el nombre de JAIME ALBERTO  VÉLEZ,  en  razón  de la solicitud que en ese sentido presentó el gobierno de  la  República  de  Panamá,  pues en contra del mismo fue dictada una medida de  detención  como posible coautor del delito de homicidio consumado en la persona  del  empresario  hindú SURESH VALIRÁN MIRANI, conforme con hechos ocurridos en  la   ciudad   de   Colón,   Estado   de   Panamá,   el  28  de  septiembre  de  1999.   

          Atendido  el  traslado  para alegar que dispone el artículo 518 del  Código  de Procedimiento Penal, la Corte debe emitir el concepto que le incumbe  de conformidad con el artículo 519 del mismo ordenamiento.   

DE LOS HECHOS Y LO ACTUADO  

          1.   Según lo narra el mandamiento detencionario proferido por  la  Fiscalía  Auxiliar de la República de Panamá, el día 28 de septiembre de  1999,  aproximadamente  a  las 8 de la noche, varios sujetos simularon un retén  de  tránsito  en el kilómetro 10 del Corredor Norte-Colón, Estado de Panamá,  de  la  República del mismo nombre, lugar en el cual interceptaron el vehículo  en  el  cual  se  desplazaba  el  empresario  hindú SURESH VALIRÁN MIRANI y le  dieron  muerte,  mientras  viajaba  acompañado  de  su conductor ELADIO BONILLA  BONILLA.   La  acción  homicida  se  atribuye  a  MOHAMED TAKTAK ALCALÁ o  MICAHEL  ZAMORANO,  MUZA  YAZDA  LAIL,  SAID  AHMAD MAMUN, MIGUEL ANGEL RAMÍREZ  BENAVIDES y JAIME ALBERTO VÉLEZ.   

          2.   El  28  de  agosto  del  pasado año, por medio de la Nota  Verbal  EP/COL/N°  1343/00,  la Embajada de la República de Panamá en Bogotá  intermedió  ante  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  de  Colombia para  entregar  la  solicitud  del  Procurador  General  de  su  país, según la cual  pretendía  la  detención  con  fines  de  extradición  del individuo “JAIME  ALBERTO  VÉLEZ”,  ciudadano  colombiano  identificado  con  el  pasaporte N°  71.314.185,  serie  correspondiente a la cédula de ciudadanía del requerido, y  nacido  en la ciudad colombiana de Medellín el 10 de enero de 1999 (Carpeta, f.  1).   

          3.    De   conformidad   con   la  petición  de  la  autoridad  extranjera,  el Fiscal General de Colombia dictó la resolución del 26 de enero  de  2001,  según  la  cual  dispuso  la  captura  requerida, hecho cumplido por  unidades  de  carabineros  adscritas  a  la Policía Metropolitana del Valle del  Aburrá el 8 de febrero del año en curso (fs. 4 a 16 y 45 a 48).   

          4.    La   Embajada   de   Panamá   formalizó  el  pedido  de  extradición,  según lo consignado en la Nota Verbal EP/COL/N° 354/01 del 7 de  marzo  de  2001,  solicitud  complementada con la documentación que el gobierno  del vecino país estimaba pertinente (f. 64).   

          5.   Ante  la  reseñada petición, el Ministerio de Relaciones  Exteriores  conformó  el  expediente  y lo remitió al Ministerio de Justicia y  del  Derecho,  tras indicar que, de conformidad con el artículo 552 del Código  de  Procedimiento  Penal derogado, en este caso debía procederse de conformidad  con  el Tratado de Extradición vigente entre Panamá y Colombia, suscrito entre  las  partes el 24 de diciembre de 1927, y aprobado en nuestro país por medio de  la Ley 57 de 1928 (f. 66).   

          6.   Recibido el expediente en la Corte Suprema de justicia, se  dispuso   preferentemente  garantizar  la  defensa  técnica  del  requerido  en  extradición,  después  fue abierto el período probatorio y, por medio de auto  del   6   de  septiembre  pasado,  se  negaron  por  inconducentes  las  pruebas  solicitadas por el defensor (cuaderno Corte, fs. 5, 10 y 35).   

          7.   Finalmente,  en  el  curso  del  traslado  concedido  para  alegar,  presentaron sus argumentos tanto el Procurador Segundo Delegado para la  Casación    Penal    como    el    defensor    de    solicitado   (idem, fs. 50 y 60).   

PROPUESTA DEL PROCURADOR  

          Después  de  describir  la  actuación  cumplida  en el trámite de  extradición  y hacer una reseña de la conducta investigada por las autoridades  de  Panamá, el Procurador concluye que es válida la documentación acompañada  a  la  solicitud, conforme con las previsiones del tratado vigente entre las dos  naciones;  que  está  plenamente  identificado  el  ciudadano requerido; que se  cumple  el  principio  de la doble incriminación; y que igualmente se satisface  el requisito de la equivalencia de las providencias.   

          A  pesar  de  congregarse  las  exigencias  señaladas, continúa el  Ministerio  Público,  no  será  posible acceder a la solicitud de extradición  del  ciudadano  HÉCTOR  JAIME  IBARRA  (o  JAIME  ALBERTO  VÉLEZ),  por cuanto  expresamente  el artículo 5° del Tratado vigente señala que no habrá lugar a  la  extradición  si  la  persona  es  nacional  nativo  del  Estado requerido o  nacionalizado  en él, salvo que en este último caso la naturalización se haya  producido con posterioridad a la petición.   

          El  Procurador  explica  el concepto de “nativo” o “natural”  adjudicado  a  un  individuo, a la luz del diccionario de la Real Academia de la  Lengua  y  también  del  artículo  2°  de la Ley 43 de 1993, calificativo que  llena  la  condición de HÉCTOR JAIME IBARRA, porque éste se identifica con la  cédula  de  ciudadanía  N°  98.552.353 expedida en el municipio de Envigado y  donde  consta que aquél nació en la ciudad de Medellín.  Por otra parte,  según  lo  dice el artículo 3° de la mencionada ley, el referido documento de  identidad sirve para acreditar la nacionalidad colombiana.   

          De  modo  que,  conforme  con  el  artículo  5°  del  Tratado,  el  Ministerio   Público  recomienda  que  se  emita  concepto  desfavorable  a  la  extradición  solicitada,  sin  perjuicio  de  que  las  autoridades colombianas  investiguen  y  juzguen  las  conductas  delictivas  cometidas  por el ciudadano  HÉCTOR  JAIME IBARRA, conforme con el principio “aut  dedere  aut judicare” previsto en el inciso 2° de la  norma citada.   

ALEGATO DE LA DEFENSA  

          Opina  el  defensor que, conforme con las declaraciones hechas en su  momento  por  el  Ministerio  de Relaciones Exteriores y el Fiscal General de la  Nación,  no hay duda de que en el caso es aplicable el Convenio de 1927 y, como  también  se  ha  acreditado  la  identidad,  nacionalidad  y  residencia  de su  representado  como  nativo  colombiano,  entonces  no procede la extradición de  HÉCTOR  JAIME  IBARRA o JAIME ALBERTO VÉLEZ, conforme con el artículo 5° del  Tratado.   

          Tampoco  procede  la  extradición  en  virtud de lo dispuesto en el  artículo  6°  del  mismo  Pacto,  porque,  antes de la solicitud, el ciudadano  requerido  había  sido  condenado por un Juzgado Penal Municipal de Medellín y  se  le  requiere  entonces para purgar la pena en Colombia; además, en vista de  que  fue  sorprendido  con  un documento de identidad falso, de igual manera las  autoridades   colombianas  deben  investigarlo  y  juzgarlo  por  el  delito  de  falsedad.   

          Como  quiera que la misma Corte ha declarado la vigencia del Tratado  suscrito   entre  Colombia  y  Panamá,  además  se  ha  pronunciado  sobre  la  posibilidad  del  concepto  negativo  respecto  de  nacionales  colombianos  por  nacimiento,  el  defensor solicita a la Corte que emita un concepto desfavorable  a la petición de extradición del ciudadano HÉCTOR JAIME IBARRA.   

EL CONCEPTO  

          1.    De   acuerdo   con   el  artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal, el concepto demandado de la Corte debe fundamentarse en la  validez  formal  de  la  documentación  aportada  por  la  autoridad extranjera  requirente,   la   demostración  de  la  plena  identidad  del  solicitado,  la  satisfacción  del principio de la doble incriminación, la constatación de una  equivalencia  entre  la  decisión proferida en el extranjero y las previstas en  el  procedimiento  penal  colombiano “y, cuando fuere  el    caso,    en   el   cumplimiento   de   lo   previsto   en   los   tratados  públicos”.   

          En  vista de que el Ministerio de Relaciones Exteriores expresamente  conceptuó   “que  el  Convenio  aplicable  para  el  presente  caso  es  el Tratado de Extradición suscrito entre Panamá y Colombia  el  24  de  diciembre  de  1927”, aprobado en nuestro  país  por  medio  de  la  Ley 57 de 1928 (octubre 9), la Corte debería indagar  preferentemente  las  condiciones y requisitos formales plasmados en el Convenio  y,  sólo  por integración y en subsidio, se aplicarían las normas del Código  de  Procedimiento  Penal,  como  lo  dispone  el  artículo  499 de este último  ordenamiento.   

          2.    Sería   del   caso   entonces   entrar  a  verificar  la  satisfacción  de  las  normas  y  exigencias  internacionales  previstas  en el  Tratado  de  1927,  cuya  vigencia  certifica  la Cancillería Colombiana, si no  fuera  porque  un  elemento  se  erige como presupuesto procesal en el artículo  quinto del instrumento bilateral, norma cuyo tenor es el siguiente:   

“Tampoco  habrá  lugar  a la extradición si el individuo reclamado es nacional nativo del Estado  requerido  o  nacionalizado  en  él,  salvo, en este  último  caso,  que  la  naturalización  sea posterior al acto que determina la  solicitud de extradición.   

“Empero,  cuando  la  extradición  de un  individuo  se  niegue  por  esta  causa,  el  Estado  requerido queda obligado a  juzgarlo  de  conformidad  con  sus  propias  leyes  y  mediante las pruebas que  suministre  el  Estado  requirente  y las demás que las competentes autoridades  del  Estado  requerido  estimen  conveniente allegar”  (se ha subrayado).   

          3.   De  modo  que,  según  el  Convenio de extradición entre  Colombia  y  Panamá,  no habrá lugar a la extradición activa ni pasiva de los  nacionales  por  nacimiento de ambos países; sin embargo podría ofrecer alguna  duda  el  hecho  de  que  el  Acto Legislativo N° 1 de 1997 (diciembre 17), que  modificó  el  artículo  35  de  la Constitución Política, hubiese autorizado  expresamente  la  extradición de nacionales colombianos por nacimiento a partir  de  la  fecha  indicada, lo cual pondría en evidencia una supuesta contrariedad  entre  el  texto constitucional y un tratado anterior a su vigencia, máxime que  la  norma  superior  originalmente  (antes  de  la  reforma  indicada)  también  prohibía   expresamente   la   extradición   de   nacionales  colombianos  por  nacimiento,  quienes  debían  ser  investigados  y juzgados en Colombia por los  delitos cometidos en el exterior.   

          En  efecto, el texto modificado del artículo 35 de la Constitución  Política, muestra el siguiente tenor:   

“ART.  35.—Modificado.   A.L.  01/97,  art.  1º.  La  extradición  se podrá  solicitar,  conceder  u  ofrecer  de acuerdo con los tratados públicos y, en su  defecto con la ley.   

“Además,   la   extradición   de  los  colombianos  por  nacimiento se concederá por delitos cometidos en el exterior,  considerados   como   tales   en   la  legislación  penal  colombiana.  La  ley  reglamentará la materia.   

“La extradición no procederá por delitos  políticos.   

“No  procederá la extradición cuando se  trate  de  hechos  cometidos  con anterioridad a la promulgación de la presente  norma”.   

          4.   Podría pensarse entonces en un tránsito de legislación,  según  el cual la reforma constitucional habría modificado el Tratado de 1927,  en  el  sentido  de  autorizar  la  extradición  de  nacionales colombianos por  nacimiento   que   el  último  prohibía,  mas  sobre  el  particular  resultan  pertinentes  las  reflexiones  consignadas en la sentencia C-087 de 1997, con la  aclaración  de  que  el  problema  contemplado en fallo era inverso (el tratado  permitía  y  la  Constitución  prohibía),  pero  en todo caso se relievaba el  choque   entre   los   dos   ordenamientos.    Dijo   entonces   la   Corte  Constitucional:   

“Empero,  aun en estos casos, no se trata  de  que  la  Corte  considere  que  se  puede  producir siquiera remotamente una  especie  de  derogatoria  directa  y  automática  de los tratados que prevén y  regulan  la  extradición  de los nacionales colombianos por nacimiento por obra  de  la  Constitución  Nacional  de 1991, como lo plantea el actor, por fuera de  las  consideraciones  mínimas  de orden jurídico relacionadas con la armónica  concurrencia  y unidad de los ordenamientos jurídicos de diverso orden, como es  el  caso  del  tema  de  las  relaciones  entre  la Constitución y los tratados  públicos,  y  la  ausencia  de  jerarquía  formal  entre  ambos  ordenamientos  jurídicos.   

“En efecto, ni la Carta Política de 1991  pretende   la   derogatoria  de  ningún  tratado  público  por  su  mandato  o  disposición,  ni  los  tratados  públicos pueden sustituir los términos de la  Carta  Política,  ni  condicionar su vigencia, eficacia o aplicación internas;  en  este  sentido,  una  cosa  es  la  eficacia interna de la prohibición a las  autoridades  nacionales  de  extraditar  nacionales por nacimiento, por ejemplo,  que  condiciona  la interpretación constitucional de una ley como en este caso,  y  otra  es  la  pretendida  y  absurda  eficacia  derogatoria  de  los tratados  públicos  internacionales,  por una u otra disposición constitucional de orden  interno,     como     resulta     del     parecer    del    actor”.     

         5.   Obviamente,  ante  una  eventual  contradicción  entre el  tratado  de  extradición  y  la  Constitución  Política,  no habría duda del  imperio  y  prevalencia  de ésta en el orden interno,            conforme con el artículo  4°,  pues, según el texto del artículo 93 de la misma y la decantada doctrina  de  la  Corte  Constitucional,  solamente  los tratados sobre derechos humanos y  derecho  internacional  humanitario  y  los  de  fronteras  prevalecen  en orden  interno,  mas  al  mismo  nivel  de la Carta Fundamental y no por encima de ella  (sentencia C-400 de 1998, entre otras).   

6.  Con todo, de acuerdo con las reglas  hermenéuticas  del  sistema  y  el  efecto  últil, será necesario examinar la  autorización  de  extraditar nacionales colombianos por nacimiento, prevista en  el  inciso  2°  del  artículo 35 modificado, dentro del contexto de la norma y  fundamentalmente   atada  al  inciso  1°,  máxime  que  ambos  cuerpos  están  conectados    lógicamente    por    la   expresión   aditiva   “además”   que   encabeza   el  segundo  apartado,  lo  cual  indica  que la acción de extraditar nacionales colombianos  por  nacimiento funcionará añadida a la ya expresada en el primer párrafo del  precepto, cuyo tenor señala:   

“La  extradición  se  podrá  solicitar,  conceder  u  ofrecer  de acuerdo con los tratados públicos y, en su defecto con  la ley”   

          7.    Así   pues,   fue   la  misma  Carta  Política  la  que  expresamente,  dentro  del  diseño  de  las  fuentes  formales  y materiales en  materia  de  extradición (sin discriminar aún los sujetos), las circunscribió  al  tratado internacional y la ley, y además le dio prelación al primero sobre  la  segunda.   De  modo  que, a tono con un enfoque interpretativo integral  del  texto  del  artículo 35 de la Constitución Política, el Tratado de 1927,  en  cuanto  impide  la  extradición de nacionales por nacimiento de los países  involucrados,  no  riñe sino que compagina con el precepto constitucional, pues  dicho  instrumento internacional tiene preferencia sobre la ley por vocación de  la misma Carta Fundamental.   

8.   Esta  interpretación se compadece  con  la que plasmó la Corte Constitucional en la sentencia C-740 de 2000.   Dijo la Corporación:   

“La  decisión  sobre  las fuentes de las  cuales  pueden  extraerse  las  normas  aplicables  a  la  extradición, ha sido  directamente  adoptada  por  el  Constituyente.   No  es este un asunto que  dependa  de  la  voluntad  del  legislador.   El  artículo 35 de la C. P.,  define   el   asunto  de  manera  vinculante  y  definitiva:   ‘La  extradición se podrá solicitar,  conceder  u  ofrecer  de  acuerdo  con  los  tratados  y,  en su defecto, con la  ley’.   Esto quiere  decir   que   solamente  dos  normas  –tratado  público  o  ley-  pueden  servir  de  fuentes  formales y  materiales  de  disposiciones  para los efectos de solicitar, conceder u ofrecer  la extradición.   

“Igualmente,  la jerarquía y el orden de  aplicación  de  estas dos fuentes no se ha dejado librada a la discrecionalidad  del  legislador,  pues  ha  sido  el  mismo  Constituyente el que ha considerado  necesario  elevar  un  criterio  a  nivel constitucional.  La Constitución  expresamente   ha   concedido   al  tratado  público  aplicación  principal  y  preferencial.   La ley, de acuerdo con el tenor literal del artículo 35 de  la  C.  P.,  se aplica ‘en  defecto’ de los tratados  públicos, o sea, de manera subsidiaria o supletoria.   

“…”  

“…  Sin  embargo, la situación varió  sustancialmente  con la entrada en vigencia del Acto Legislativo 01 de 1997, que  reservó  esta  definición (se refiere a las fuentes) a la propia Constitución  Política.        Para       todas      las      personas      –extranjeros    y   nacionales   por  nacimiento   o   adopción-,   rige  la  norma  constitucional  según  la  cual  ‘la   extradición  se  podrá  solicitar,  conceder  u ofrecer de acuerdo con los tratados públicos y,  en su defecto, con la ley”.   

         9.   Así  las  cosas,  salvo  lo  atinente  a  la  identidad y  nacionalidad  del requerido, resultaría inútil el esfuerzo argumentativo sobre  los  elementos  que  configuran  el  contenido  del  concepto,  conforme  con el  artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  pues  la  condición de  “nacional  nativo”  o  nacional  por  nacimiento,  constituye  una causal de  improcedencia  de  la  extradición  legalmente  solicitada  por las competentes  autoridades panameñas.   

         Por   último,  recibido  el  atinado  argumento  que  esgrimió  el  Procurador,  la  cédula  de  ciudadanía  constituye  prueba  documental  de la  nacionalidad  colombiana,  conforme  con  el  artículo  3°  de  la  Ley  43 de  1993.   Sólo  que,  en  vista del uso de dos documentos de identidad de la  misma  naturaleza  por  el  requerido  HÉCTOR  JAIME  IBARRA, uno de los cuales  resultó  falso  en  los  exámenes  practicados  en  el  laboratorio  del  DAS,  solamente  puede  atribuírsele mérito probatorio al distinguido con el número  98.552.353,  expedido  en  el  municipio  de  Envigado,  según  el  cual aquél  ciudadano  nació  en  la ciudad de Medellín (Colombia), el 21 de septiembre de  1970.   

         Se   concluye   entonces   que  no  es  procedente  la  extradición  solicitada  por  las  autoridades de Panamá, mas deberá recalcarse al Gobierno  Colombiano,  conforme  con la previsión del inciso 2° del artículo quinto del  Tratado,  que  habrá de pedirse la documentación y pruebas necesarios para que  la  Fiscalía de este país adelante la investigación del homicidio que motivó  la petición frustrada.   

         Así  las  cosas,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   conceptúa   desfavorablemente  a  la solicitud de extradición hecha por el Gobierno de Panamá, en  relación  con  el  nacional  colombiano  por  nacimiento  HÉCTOR JAIME IBARRA,  también conocido en este trámite como “JAIME ALBERTO VÉLEZ”.   

         En   consecuencia,   devuélvase  la  actuación  al  Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho para lo de su cargo, pero se aclara al Gobierno que en  este  caso debe cumplirse con el precepto del inciso 2° del artículo quinto de  la  Ley  57  de 1928, por medio de la cual se aprobó el Tratado de extradición  celebrado entre los Gobiernos de Panamá y Colombia.   

         Comuníquese y cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

No hay firma  

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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