18245(27-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18245  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No. 38   

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá  D.  C., veintisiete de marzo del dos  mil tres.   

Resuelve  la  Corte  la casación interpuesta  contra  la  sentencia  de  10  de octubre del 2000, mediante la cual el Tribunal  Superior   del   Distrito   Judicial   de  Bogotá  condenó  a  los  procesados  FLAMINIO  BASABE  MEDINA  y  GUILLERMO  BOLAÑOS a la pena  principal  privativa  de  la libertad de 47 años de prisión, como coautores de  los  delitos  de  homicidio agravado, hurto calificado agravado y porte de armas  de uso privativo de las fuerzas armadas.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

El  2 de febrero de 1997, pasadas las 6 de la  tarde,  tres  sujetos  llegaron  al  restaurante “Riki Pollo”, ubicado en la  avenida  7ª  No.162-28  de  esta  ciudad,  con el aparente propósito de comer,  siendo  atendidos  por  Adriana María Escobar, quien les sirvió pollo, papas y  cerveza.  En el momento de cancelar la cuenta, uno de ellos se acercó a Claudia  Patricia  Cruz  Silva  (cajera),  y  tras  intimidarla  con  un arma de fuego se  apoderó   de   $450.000.oo   que   se  encontraban  en  la  caja  registradora,  emprendiendo  la  huida.  Eduardo  Silva Rueda (propietario del establecimiento)  salió  en  persecución  de los asaltantes, logrando alcanzar al que portaba el  arma,  quien  al  verse  sorprendido decidió disparar en su contra, causándole  una   herida  en  el  brazo  izquierdo  que  le  hizo  perder  el  conocimiento.   

Alertados  por  el disparo y los gritos de la  gente,  los  agentes patrulleros de la policía Nacional John Carlos Saldarriaga  Jaramillo  y Gabriel Jaime Monsalve Rojas, adscritos al CAI Villa Nydia, ubicado  en   la   avenida   7ª   con   calle  163,  salieron  en  persecución  de  los  asaltantes,   haciendo  contacto con dos de ellos cuando intentaban prender  la  motocicleta  marca Honda de placa OBI-01, quienes los recibieron a tiros. En  el  enfrentamiento  resultó  muerto  el  patrullero  Saldarriaga  Jaramillo,  y  heridos     los     dos    sospechosos,    identificados    como    Flaminio  Basabe  Medina, en cuyo poder fue  hallada   una   pistola   marca   Astra   calibre   7.65   mm.,  y  Guillermo   Bolaños,  quien  portaba  una  granada   de  fragmentación  tipo  MK2  (fls.1,  5,  13,  23,  114,  192,  209,  214/1).     

En indagatoria ambos procesados se declararon  inocentes.   Flaminio   Basabe   Medina  se  negó  inicialmente  a contestar las preguntas formuladas por el  instructor  (fls.51-53/1), y después, en ampliación, afirmó haber sido herido  cuando  transitaba  por  el  sector  buscando una pieza para vivir. No conoce al  coprocesado,   ni   portaba   armas   de   fuego  (fls.237-239/1).  Guillermo   Bolaños  dijo  no  conocer  a  Basabe  Medina,  y  haber  sido  herido  cuando  se dirigía a tomar un bus para  trasladarse  a  su  casa (fls.46-49/1). Después, en ampliación, manifestó que  se  movilizaba  en  la  motocicleta  retenida  por la policía, y que fue herido  cuando  se  dirigía  al  Hopital Simón Bolívar a averiguar por la salud de su  propietario (fls.72-74/1).   

La   investigación   estableció   que  la  motocicleta  pertenecía  a  Angelmiro  Parada Forero, quien había sido llevado  esa  tarde  al  Hospital  Simón  Bolívar,  luego  de sufrir un accidente en el  barrio  San  Cristóbal  Norte  cuando  pretendía  regresar  en ella a su casa,  quedando   el   vehículo   al  cuidado  de  Guillermo  Bolaños,  quien  se  encontraba departiendo con otras  personas,     entre     ellas     Flaminio    Basabe  Medina,  en  cuyo  poder  fue  vista  una  pistola. Se  estableció  así mismo, que los proyectiles que impactaron al Agente patrullero  Jhon  Carlos  Saldarriaga  Jaramilllo correspondían a calibre 7,65 milímetros,  compatibles   con   pistola   de  iguales  características  (fls.72-74,  75-76,  194/1).   

Del proceso hacen parte, entre otras pruebas,  los    testimonios    de    Gloria   Isabel   Salcedo  Peña,  administradora  del  restaurante  objeto  del  asalto  (fls.15-18/1);  Claudia  Patricia  Cruz Silva,  cajera        (fls.19-21/1);        Angelmiro  Parada Forero, propietario de la  motocicleta  (fls.72-74/1,  199-204/2);  Angel  Darío  Amaya  Vargas, acompañante del anterior (fls.75-76/1,  205-211/2);  Gabriel  Jaime Monsalve Rojas,  agente patrullero de la policía Nacional (fls.88-90, 133-136/1);  Eduardo    Silva   Rueda,  propietario  del  restaurante (fls.137-139/1, 195-198/2). Se practicó, de igual  manera,  diligencia  de  reconocimiento en fila de personas con la intervención  de  los  testigos  Adriana María Escobar (mesera),    Gloria    Isabel    Salcedo  Peña     (administradora),     y     Eduardo    Silva   Rueda   (propietario),  respecto  del  procesado Guillermo Bolaños, con resultados negativos (fls.318-322/2).   

El  16 de octubre de 1997, un Fiscal Regional  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución de acusación  contra  ambos procesados por los delitos de homicidio agravado, hurto calificado  agravado,  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de uso privativo de las fuerzas  armadas,  de  conformidad  con  lo establecido en los artículos 323 y 324.8 del  Código  Penal  (modificados  por  la  ley  40  de  1993), 349, 350.1.2 y 351.10  ejusdem,   y   artículo  2º  del  Decreto  3664  de  1986  (incorporado  a  la  legislación  permanente  por  el  Decreto 2266 de 1991), agravado por la causal  prevista  en  el  literal c) (fls.30-50/2). Apelado este pronunciamiento por uno  de  los  procesados,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional, mediante  decisión  de  14  de  mayo  de 1998, la confirmó en los aspectos impugnados, y  ordenó  expedir  copias  para  investigar  las  lesiones  personales de que fue  víctima    Eduardo    Silva    Rueda    (fls.55-67    del    cuaderno   de   la  Delegada).   

Rituado el juicio, el juzgado de conocimiento  (Circuito  Especializado),  mediante  sentencia  de  29  de  septiembre de 1999,  condenó  a  los  procesados  a la pena principal privativa de la libertad de 47  años  de  prisión,  y  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  diez años, como coautores responsables de los delitos imputados  en  la  resolución  de  acusación  (fls.26-63/3).  Apelado  este fallo por los  procesados  y  sus  defensores,  el Tribunal Superior, mediante el suyo de 10 de  octubre   del  2000,  que  ahora  recurre  en  casación  el  defensor  de   Guillermo   Bolaños,   lo  confirmó   en   todas   sus  partes  (fls.56-74  del  cuaderno  del  Tribunal).   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el casacionista plantea violación indirecta de la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  en  la  modalidad  de  falso  juicio de  existencia  por  omisión,  derivado  de  la  falta  de  apreciación de pruebas  legalmente  incorporadas al proceso, como el reconocimiento en fila de personas,  y  algunos  testimonios.  Como  normas  violadas  relaciona el artículo 254 del  estatuto  procesal penal de 1991, y el 333 ejusdem, que consagra el principio de  investigación integral.   

Asegura  que  los  juzgadores  ignoraron  el  reconocimiento   en  fila  de  personas,  donde  ninguno  de  los  testigos  que  intervinieron   en   la   diligencia  (Adriana  María  Escobar,    Gloria    Salcedo    Peña    y    Eduardo    Silva)    lograron   identificar   al  procesado.  Si  hubiese  estado  en  el  escenario  de  los  acontecimientos  habría  sido  reconocido,  pero no estaba,  situación   que  es  confirmada  por  Eduardo  Silva,  cuando  sostiene   que el tipo que persiguió iba  sólo,   y  por  Gloria  Salcedo  Peña,  quien  asegura  que  solamente  uno  de  los  dos  heridos entró al  negocio.   

Si  el  Tribunal  hubiese  sometido  a  real  exégesis  todo  el  caudal  probatorio, habría encontrado un hecho cierto: que  Guillermo Bolaños no visitó  el  restaurante Rico Pollo. Prueba de ello es que tanto su propietario, como las  empleadas,  quienes  atendieron  a  los  sujetos  y pudieron verlos de cerca, no  lograron  reconocerlo,  hecho que no es común si se toma en cuenta que llegaron  a  plena  luz  del sol y sin capuchas. Esto le hubiera permitido concluir que el  procesado  no estaba con los sujetos que incursionaron en el restaurante, que no  participó  en  los  delitos  de  hurto  y  lesiones personales, y que no podía  responder  solidariamente  con  quien  causó  la  muerte del patrullero, por no  existir  ningún  vínculo  de  unión  entre  ellos, salvo la simple proximidad  física.   

Fundamentado en estas consideraciones solicita  a la Corte casar la sentencia impugnada y absolver al procesado.   

Concepto  del Ministerio Público.   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación   Penal   inicia  su  concepto  afirmando  que  el  cargo  adolece  de  inconsistencias  técnicas  y  de  fundamentación,  porque  el  casacionista se  limita  a  relacionar  la  prueba  que  los  juzgadores dejaron supuestamente de  apreciar,  sin  acreditar  la trascendencia del error, exigencia que le imponía  realizar  una evaluación conjunta de todos los elementos probatorios con el fin  de  demostrar  que  el  sentido de la decisión habría sido distinto de haberse  apreciado la prueba ignorada.   

Aparte  de  ello,  el  actor pasa por alto el  contenido  de  la  sentencias,   donde los juzgadores hacen un análisis de  todas  las  pruebas,  incluido  el  reconocimiento  en  fila  de  personas y las  versiones  de  los testigos presenciales, advirtiendo de su existencia procesal,  y  de  su  valor probatorio frente a otros medios que demuestran con suficiencia  el  compromiso  de Bolaños en  la  comisión  de  los  hechos, siendo evidente, de la lectura de los fallos, la  inexistencia del error denunciado.   

Tampoco  le  asiste razón al casacionista al  plantear  a  partir  del  error  denunciado  la  vulneración  del  principio de  investigación  integral, porque las sentencias muestran un trabajo de análisis  serio  de  cada  una de las pruebas recaudadas, incluida las indagatorias, donde  los  procesados  edificaron  la  coartada  para mostrarse ajenos a las conductas  delictivas.  Además,  resulta débil la posición que asume, al pretender hacer  un  estudio  aislado  de  la  diligencia  de  reconocimiento, dejando de lado el  testimonio  de  Gloria  Salcedo  Peña, que si bien no identificó al procesado,  fue  clara  en  señalar  que  uno  de  los  delincuentes (el que no ingresó al  restaurante)  fue  herido  cuando  trataba  de  prender la motocicleta. También  omite  tener  en  cuenta  la  versión  de Angelmiro Parada Forero, de la que se  infiere  que  la motocicleta que dejó al cuidado de los procesados después del  accidente, es la misma que fue utilizada en el asalto.   

El argumento sustentado en la ausencia de nexo  que  vincule  a  Guillermo Bolaños y Flaminio Basabe, orientado a cuestionar la  autoría  en  el  homicidio,  es  una  propuesta  que no guarda relación con el  motivo  de  impugnación,  y que busca promover un nuevo estudio de las pruebas,  con  fundamento  en  una  valoración  propia, totalmente alejada de la realidad  probatoria,  que, como se dijo, vincula al condenado como coautor en los delitos  imputados.   

Consecuente con sus planteamientos solicita a  la Corte no casar la sentencia impugnada.   

   

SE        CONSIDERA:   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  que  el casacionista denuncia, no existió. Para que  esta  clase de yerro se configure, es necesario que se cumplan dos presupuestos,  (1)  que  la prueba haga parte del proceso, y (2) que los juzgadores ignoren por  completo  su  existencia  material.  Si  la  prueba  ha  sido  de  alguna manera  valorada,  para  negarle  o  hacerle  producir  efectos  probatorios,  no podrá  afirmarse  que  existe  error  de  existencia  por omisión. Hacerlo, implica un  contrasentido  lógico, pues si fue apreciada, no es dable sostener válidamente  que los juzgadores ignoraron su existencia.   

En el caso sub judice el casacionista denuncia  la  configuración  de  un  error  de  existencia  por  omisión,  fundado en la  afirmación   de   que   los   juzgadores   ignoraron  el   reconocimiento   en  fila  de  personas,  y  los  testimonios  de  Eduardo  Silva  Rueda y Gloria Isabel Salcedo Peña. Pero si es  confrontado  el  contenido  de los fallos, se establece, sin mayor esfuerzo, que  las  referidas  pruebas  fueron  tenidas  en  cuenta,  y  que lo afirmado por el  libelista  no  corresponde a la verdad. En el fallo de primera instancia, que se  entiende  integrado  al de segundo grado, se hicieron por ejemplo las siguientes  precisiones  en  relación  con  la  primera  de  las  referidas  pruebas, y sus  resultados:   

“Diligencia  de  reconocimiento  en fila de  personas  practicada  con Adriana María Escobar, Gloria Salcedo Peña y Eduardo  Silva  Rueda,  quienes  manifiestan  no  reconocer  a  GUILLERMO  BOLAÑOS  como  integrante  de  la  banda  delictiva  que  ingresó  al restaurante Riki Pollo y  hurtó  la  suma  de  $450.000.oo  (…) Por último debe anotarse que aunque en  diligencia  de  reconocimiento en fila de personas, el señor GUILLERMO BOLAÑOS  no  fue  reconocido  como  uno  de  los  sujetos que ingresó al establecimiento  denominado     ‘Riki  Pollo’ y hurtó una suma de  dinero,  dicha  situación  debe obedecer lógicamente al lapso que transcurrió  entre  el día de los hechos y el de la diligencia (22 meses después, aclara la  Sala),  porque  recuérdese  que  en las primeras declaraciones rendidas por los  testigos  el  prenombrado  si  fue  reconocido  como  uno  de  lo  asaltantes”  (páginas  19 y 26 del fallo).   

    

Y en relación con los testimonios de Eduardo  Silva  Rueda  (propietario  del  restaurante)  y  Gloria  Isabel  Salcedo  Peña  (administradora),  se  dijo  lo siguiente, después de haber sido sintetizado su  contenido  en  los  apartados  1.2.3  y  1.2.15 de la parte considerativa: “De  igual  manera  se  sabe  que  el  propietario  de  dicho negocio, motivado en lo  sucedido  (sic),  salió  en persecución del delincuente, resultando herido por  este  último,  que  al  verse  alcanzado  desenfundó  el arma que portaba y le  propinó  un  disparo,  que ocasionó su traslado inmediato al hospital (…) Al  respecto  debe  recordarse  que  tanto la administradora como la cajera de dicho  establecimiento,  en sus respectivas declaraciones manifestaron que reconocieron  a  dos de los asaltantes cuando estaban heridos y tirados en el piso: al primero  que  corresponde  a  FLAMINIO BASABE MEDINA  como  el  individuo que asaltó el asadero de pollos y en su huida  disparó  con una pistola a su patrón y en contra de los agentes de la policía  que    lo    perseguían    para    detenerlo,   y   al   segundo   GUILLERMO   BOLAÑOS   como  uno  de  los  asaltantes  que pretendía escaparse en una motocicleta” (páginas 20 y 26 del  fallo).   

Estos  argumentos fueron complementados en el  fallo  de  segundo grado, donde se hizo un detallado análisis del testimonio de  Gloria  Isabel  Salcedo  Peña,  para  concluir  que  tanto  ella,  como Claudia  Patricia  Cruz  Silva  (cajera), afirmaron haber reconocido inmediatamente a los  procesados   cuando  yacían  heridos  en  el  piso,  el  primero  (Flaminio  Basabe Medina) como el sujeto que  sustrajo  la  plata  de  la  registradora  y  en  su  huida  disparó  contra el  propietario  del  establecimiento  y  el  agente patrullero de la policía, y el  segundo,     Guillermo    Bolaños,    como  quien  pretendía  dar encendido a la motocicleta para escapar  (páginas 13 y 17 del fallo).   

Aparte de que el error no existió, pues como  se  ha  dejado  visto, los juzgadores apreciaron las pruebas que el casacionista  da  por omitidas, el planteamiento del cargo resulta incompleto, puesto que nada  se  dijo  sobre  la trascendencia del yerro, aspecto que implicaba demostrar que  de  haber  sido las pruebas apreciadas, las conclusiones del fallo habrían sido  distintas,  lo  cual exigía realizar una valoración objetiva de todo el acervo  probatorio,  con  inclusión  de  los  elementos omitidos, en orden a establecer  dicha   incidencia.   Y  si  la  inconformidad  radicaba,  no  en  la  falta  de  apreciación  de  la  prueba, sino en la valoración que los juzgadores hicieron  de  su mérito, y sus implicaciones probatorias, la censura debió ser propuesta  dentro  del  ámbito  del  error  de hecho por falso raciocinio, y desarrollarse  conforme  a  los  requerimientos  técnicos que le son propios, ejercicio que en  modo alguno cumple.    

En  el  desarrollo  de  la  misma censura, el  demandante  asegura  que los juzgadores violaron el artículo 333 del Código de  Procedimiento,   que   consagra  el  principio  de  investigación  integral,  y  omitieron  tener  en  cuenta  que entre los procesados no existían vínculos de  conexión  distintos de la proximidad física en el momento de la captura. Estos  reparos,  además  de  resultar  ajenos  al  cargo  formulado, adolecen de total  ausencia  de  desarrollo,  y  por  ende,  de referente argumentativo que permita  intentar   una   respuesta   adecuada   a  las  afirmaciones  del  casacionista.   

Estas breves consideraciones, y las plasmadas  por  la  Procuradora  Delegada  en  su  concepto, que la Sala comparte, resultan  suficientes para desestimar la censura.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Comuníquese y devuélvase al tribunal de origen. CUMPLASE.   

  YESID RAMIREZ BASTIDAS  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN GALAN  CASTELLANOS   

CARLOS       A.       GALVEZ   ARGOTE                     JORGE                                  A.                                  GOMEZ  GALLEGO                         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                      ALVARO O. PEREZ PINZON   

MARINA        PULIDO        DE  BARON                       JORGE L. QUINTERO MILANES   

                                                    Teresa Ruiz  Núñez   

                                                        SECRETARIA     

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