18244(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18244  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 201  

          Bogotá, D. C., diecinueve de diciembre de dos mil uno.   

VISTOS  

          Según  sentencia  fechada  el  19  de diciembre de 2000, el Juzgado  Cincuenta  y  Cinco  Penal del Circuito de Bogotá confirmó la condena impuesta  al   procesado   LUIS   ANTONIO   CASTRO   MURCIA,  como  autor  del  delito  de  estafa.   

          En  relación  con  el  mencionado fallo, según la comprensión del  juzgado    de    segunda   instancia,   el   defensor   interpuso   “casación  discrecional”  y,  de  conformidad  con  las normas procesales que le resultan  aplicables, la Corte se pronunciará sobre su admisibilidad.   

ANTECEDENTES  

          1.   El  asunto  fue  tramitado  en  primera  instancia  por el  Juzgado  Ochenta y Cuatro Penal Municipal de Bogotá y, de acuerdo con sentencia  del  16  de  mayo  de  2000, condenó al acusado LUIS ANTONIO CASTRO MURCIA a la  pena  principal de dos (2) años de prisión y multa por valor de cien mil pesos  

($   100.000.oo),   como   autor  del  delito  de  ESTAFA.    Apelada  la  decisión,  tanto  por  el  defensor  como  por  el  representante  de  la  parte  civil,  el  Juzgado  Cincuenta  y  Cinco Penal del  Circuito confirmó la condena.   

          2.   El  fallo de segundo grado fue notificado personalmente al  Ministerio  Público  el 11 de enero de 2001 y, por medio de edicto desfijado el  25  del  mismo  mes, se enteró de él a los demás sujetos procesales (cuaderno  de segunda instancia, fs. 43vto. y 46).   

          3.     Según   constancia   secretarial,   el   fallo   quedó  ejecutoriado  el 30 de enero de 2001 y, a partir de las 8 de la mañana del día  siguiente,  comenzó  a  correr  el término de treinta (30) días hábiles para  los  efectos  del  inciso 2° del artículo 6° de la Ley 553 de 2000, lapso que  venció el 13 de marzo siguiente (fs. 48).   

          4.   El  día 6 de marzo, el defensor interpuso “recurso   de   casación”   contra   la  sentencia  de  segundo grado, porque si bien el fallo fue dictado en vigencia de  la  ley  553  de  2000,  y  además  la declaración de inexequibilidad de ésta  produce  efectos hacia el futuro, de todas maneras el principio de favorabilidad  le   permite   interponer  el  recurso  “con  nuevos  términos  para  la  confección  de la demanda” (fs.  47).   

          5.   El juez penal de circuito entendió que el defensor había  interpuesto    la    casación    como    “recurso  excepcional”,   motivo   por   el  cual  envió  al  expediente   a  la  Corte,  única  autoridad  facultada  para  concederlo  (fs.  49).   

CONSIDERACIONES  

          Debe  destacarse, en primer lugar, que la ley 553 de 2000, por medio  de  la  cual  se reformó la casación, fue declarada inexequible en buena parte  según  sentencia  C-252  del  28  de  febrero  de  2001, proferida por la Corte  Constitucional.    Entre  las  normas  afectadas  por  la  declaración  de  inconstitucionalidad  están los artículos 1° y 6°, que habían modificado en  su  orden  los  artículos 218, 223 y 224 del Código de Procedimiento Penal, el  primero    de    ellos    en    cuanto    a    la   expresión   “ejecutoriadas”  atribuida  por  la nueva  ley  a  la  sentencia  de  segundo  grado,  y el segundo porque en el inciso 1°  ordenaba  enviar  el  expediente  al  juez  de ejecución de penas para lo de su  cargo,  y  en  el  inciso  2°  disponía un término de treinta (30) días para  presentar  la  demanda  de casación, a partir de la ejecutoria de la sentencia,  sin  necesidad de interponer antes el recurso extraordinario que como tal había  desaparecido.   

          Pues  bien,  producida  la inexequibilidad de una norma se genera un  tránsito  de  legislación,  porque,  en principio, la disposición afectada de  inconstitucionalidad  será  inaplicable  hacia  el  futuro,  pero automática y  simultáneamente  reviven  los preceptos que ella había derogado, con el fin de  mantener  la  supremacía  de  la  Carta  y  la  seguridad  jurídica, y además  garantizar  la integridad del ordenamiento jurídico.  Es lo que se infiere  del  texto  del  artículo  45  de  la  Ley  270  de  1996  (Estatutaria  de  la  Administración    de    Justicia),   según   el   cual   las   sentencias   de  constitucionalidad  “tienen efectos hacia el futuro a  menos      que      la      Corte      resuelva     lo     contrario”.   

          Es  decir, si el propósito de la declaración de inexequibilidad es  el  de  guardar  la integridad de la Constitución Política y preservar así la  consistencia  del  ordenamiento  jurídico,  mediante el retiro de normas que la  Corte  establece que son extrañas al sistema, la más lógica inferencia es que  automáticamente  se reincorporan al plexo jurídico las disposiciones que antes  habían  sido  derogadas por la que ahora se declara inexequible, máxime que en  principio  los efectos de tal determinación judicial son hacia el futuro.    

Tal  reviviscencia inmediata de los preceptos  antes  derogados,  en  cambio,  no puede preverse para el caso de la derogación  posterior  por el mismo legislador de la norma derogatoria, porque el hacedor de  las  normas  se pronuncia mediante preferencias políticas y de conveniencia que  sólo  pueden  resucitarse  mediante  actos  del mismo tenor, como lo dispone el  artículo 14 de la Ley 153 de 1887.   

          De  modo  que,  como  en  este caso, la Corte Constitucional no hizo  salvedad  para  darle  efectos  retroactivos  a  la  sentencia  C-252  de  2001,  significa  que  la  ley 553 de 2000 tuvo plena validez y eficacia hasta el 16 de  marzo  del  año  en curso, cuando se cumplió la notificación por edicto de la  sentencia,   conforme   con  el  artículo  45  de  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de  Justicia.  Ahora bien, como el 17 de marzo del año en  curso  es  el  punto  de  partida  para  la desaparición e inaplicación de los  incisos  1°  y  2°  del  artículo  6°  de  la ley 553, pero también para el  resurgimiento   de   los   anteriores  artículos  223  y  224  del  Código  de  Procedimiento  Penal hoy derogado, significa, como ya se dijo, que se produjo en  ese momento un tránsito de legislación.   

          Determinada  la  posibilidad  del tránsito de legislación en casos  de  inexequibilidad,  será  necesario acudir entonces al texto del artículo 40  de  la  ley  153 de 1887, con el fin de solucionar las situaciones límite o las  que  aparecen  en proceso de configuración durante la vigencia de los preceptos  que se suceden en el tiempo.  Dicha disposición prevé:   

“Las leyes concernientes a la sustanciación  y  ritualidad de los juicios prevalecen sobre las anteriores desde el momento en  que  deben  empezar  a regir.  Pero los términos  que  hubieren  empezado  a  correr,  y  las  actuaciones  y  diligencias  que ya  estuvieren   iniciadas,  se  regirán  por  la  ley  vigente  al  tiempo  de  su  iniciación”     (se  subraya).   

          Ocurre  que  para  el 16 de marzo de 2001, fecha en que se agotó la  notificación  de  la  sentencia  de  inconstitucionalidad,  en  este proceso ya  había  transcurrido el término de treinta (30) días dispuesto en el artículo  6°,  inciso  2°  de la ley 553 de 2000 para presentar la demanda de casación,  lapso  que,  según  constancia  secretarial,  fue  iniciado  el  31  de enero y  feneció el 13 de marzo (fs. 48).   

          De  modo  que  si aún era aplicable el inciso 2° del artículo 6°  de  la  ley  553  de 2000, el impugnante debió allanarse a presentar la demanda  dentro  del  lapso  indicado,  y no simplemente a hacer la manifestación de que  “interponía  recurso  de  casación”.   Ahora  bien,  la  ausencia  de  demanda  daría  lugar  a  que se declare desierta la casación, conforme con el  inciso  final  del texto original del artículo 224 del Código de Procedimiento  Penal  vigente  a  la sazón, que regía el caso y sería la norma aplicable por  haber  revivido en su momento en virtud de la inexequibilidad de la disposición  sustituta.   

          Sin  embargo,  la  declaratoria  de  desierta supone lógicamente la  procedencia  de  la casación, conforme con los límites objetivos dispuestos en  el  artículo  218  del  anterior Código de Procedimiento Penal (equivalente al  205  de la ley 600 de 2000), y en este caso no resulta viable porque se trata de  una  sentencia  de segundo grado dictada por un juez de circuito, máxime que el  impugnante,  siendo  abogado  titulado,  no  hace  la  más leve seña de que se  propone   la   casación   discrecional,   pues   genéricamente   alude   a  la  “casación” y ni siquiera  invoca   el   desarrollo   jurisprudencial   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales,  únicos  motivos que legalmente allanan el camino a la casación  excepcional.   

          Sobre  el  tema,  la  Corte  en  auto  del  25  de mayo de 1999, con  ponencia de quien ahora cumple igual cometido, dijo:   

“Como el recurrente invocó genéricamente  al  vocablo  “casación”, el Juzgado de Circuito entendió que se refería a  la  “casación  discrecional”,  tal  vez porque es evidente que la casación  común  no  procede  en  relación  con  las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por despachos de esa categoría.   

“Ya  se  sabe que la casación excepcional  legalmente  procede  sólo  por  dos  razones:   necesidad de desarrollar o  aclarar  la  jurisprudencia o por garantía de los derechos fundamentales (C. P.  P.,  art.  218,  inciso  3°).   Sin  embargo,  como no existe la más leve  sugerencia  a  los  motivos legales de la casación excepcional, la comprensión  del  juzgado no deja de ser arriesgada y sustitutiva del carácter rogado de los  recursos.   

“(…)”  

“El contexto de justificación es diferente  para  aquellos casos en que el procesado equivocadamente escribe “apelo”, al  momento  de la notificación de una sentencia de segunda instancia proferida por  un  Tribunal, en relación con delitos cuya sanción máxima es igual o superior  a  seis  (6)  años,  pues en estas eventualidades corriente y directamente, por  disposición  de  la  ley, procede el recurso de casación y, como esa sería la  única  vía  de  impugnación que le queda al agraviado, lo sensato es entender  de  ese  modo aquella antitécnica expresión.  En los eventos de fallos de  segunda  instancia dictados por los juzgados de circuito, o de los que profieren  los  tribunales por delitos cuya pena máxima no alcanza el requerimiento legal,  por  el  contrario,  lo corriente es que no proceda el recurso de casación y no  podría  declararse  que  indefectiblemente  lo  que  se  quiere es la casación  discrecional,    salvo   expresiones   que   así   lo   sugieran”.   

          En  la  decisión que en parte se transcribe, la Corte se abstuvo de  resolver  sobre  la  supuesta  casación  discrecional y envió el expediente al  juzgado  de  circuito  para  que  hiciera  uso  de  la  facultad  prevista en el  artículo  224  del  anterior  Código  de Procedimiento Penal, en el sentido de  declarar  la  procedencia  o  improcedencia del recurso extraordinario, pues tal  potestad  no  estaba deferida exclusivamente a los Tribunales sino que de manera  abierta  la  disposición  se  refería  al funcionario que hubiera proferido la  sentencia  de  segundo  grado.   Sin  embargo, como en este caso el juez de  circuito  no  tuvo  dicha  oportunidad  legal  porque entonces el trámite de la  casación  se  adelantaba  por los ritos de la ley 553 de 2000, y tampoco le era  posible  retrotraer  actuaciones válidamente cumplidas en su vigencia, la Corte  de  una  vez la declarará inadmisible no sólo por improcedencia legal sino por  falta   de   sustento,   en   caso   de   que   se   pensara   en  la  modalidad  discrecional.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

          Declarar  inadmisible  la  casación  propuesta  por  el defensor en  contra  de  la  sentencia  de segundo grado del 19 de diciembre de 2000, dictada  por el Juzgado Cincuenta y Cinco Penal del Circuito de Bogotá.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase al juzgado de origen.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                      

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                  EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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