18044(20-10-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18044   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 080  

Bogotá D. C., veinte (20) de octubre de dos  mil cinco (2005).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  por el defensor de RUBELIO  TANGARIFE  contra la sentencia de la Sala Especial de  Descongestión  del  Tribunal  Superior  de  Distrito Judicial de Bogotá, D.C.,  proferida  el  24 de marzo de 2000, mediante la cual confirmó la dictada por el  juzgado  regional   de Medellín, fechada el 24 de noviembre de 1998, en la  que  lo  condenó a las penas principales de 34 años de prisión y multa de 100  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  a  la  accesoria  de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de 10 años, como coautor de la  conducta punible de secuestro extorsivo agravado.   

H   E   C   H   O  S   

El   Procurador  Delegado  los  reseñó,  así:   

“En horas de la  mañana  del  3  de  agosto  de  1995,  Luis  Guillermo Escobar, Silvia Escobar,  William  Otálvaro  Correa  y Jhon Jairo Rendón descargaban en la zona aduanera  de  los  Almacenes  Generales de Depósito (Almaviva) de la ciudad de Medellín,  una  mercancía  que  en  parte  no estaba debidamente legalizada, cuando fueron  abordados  por  dos  individuos  que  se  presentaron  como  funcionarios  de la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  acompañados  de  tres  uniformados  de la  Policía  Nacional  quienes  los  obligaron a trasladarse al lugar donde tenían  aquellos  sus  oficinas  supuestamente para recepcionar la indagatoria de uno de  ellos  por  la  investigación  de  los  delitos  de  enriquecimiento ilícito y  evasión    de    impuestos    que    se    adelantaba    en    la   ciudad   de  Barranquilla.   

“En  el  inmueble,  donde  se  encontraba  Camilo  Alberto  Londoño,  despojaron a éste  del teléfono celular y del  beeper  a  William  Otálvaro, procedieron a un reconocimiento de la oficina y a  la  desconexión   de  los  teléfonos  fijos, encerrándolos a todos en un  salón,  hasta  cuando  el supuesto Fiscal dio inicio a la indagatoria, que  se  interrumpió  por  más de una vez en procura de que arreglara la situación  con  el  asistente  del  funcionario  quien exigió ciento cincuenta millones de  pesos  ($150.000.000), suma que posteriormente rebajó a veintisiete millones de  pesos ($27.000.000).   

“Una     vez     se   concretó        el        arreglo,       se   permitió    la   salida   de  William  Otálvaro  y  Jhon  Jairo  Rendón,  acompañados  por  uno de los captores vestido de civil e identificado  como  el  cabo  Guisao,  para  que  retiraran  la  mitad de la mercancía de las  instalaciones  de  Almaviva.  También  la  de Silvia Escobar y su esposo Camilo  Alberto  Londoño  con  el encargo de reunir el dinero, pero éstos aprovecharon  la  oportunidad  para  comunicarse  con  un  amigo  y  pedirle que verificara la  legalidad del procedimiento.   

“De  esa  forma  intervino  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  y  mediante  un  operativo logró la captura de Carlos  Alberto  Gómez  Avendaño  y  Harold Antonio Sánchez Estrada cuando mantenían  retenida  a  las  otras  personas en espera de la entrega del dinero”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por  los  anteriores  hechos,  la Fiscalía  Regional  Delegada  del C.T.I de Medellín, mediante resolución del 4 de agosto  de  1995, declaró la apertura de la instrucción, ordenando, entre otras cosas,  vincular a las personas capturadas.   

Escuchados  en  indagatoria  Carlos Alberto  Gómez  Avendaño  y  Harold  Sánchez Estrada, el 10 de agosto de 1995, les fue  resuelta  la  situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención  preventiva  por  los  delitos  de  secuestro  simple,  extorsión  en  grado  de  tentativa,  concierto  para  delinquir  y  usurpación  de  funciones públicas.   

De  igual manera, escuchado en indagatoria,  entre    otros,    Rubelio    Tangarife,  la  situación  jurídica le fue resuelta el 23 de agosto de esa  anualidad  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por los delitos  de secuestro simple y extorsión en grado de tentativa.   

Allegados  plurales elementos de juicio, la  investigación  se  clausuró el 8 de abril de 1996. No obstante, Carlos Alberto  Gómez  Avendaño,  deprecó  la  celebración  de  audiencia  especial, y Fabio  Albeiro     Jaramillo     Meneses     y     Rubelio  Tangarife   solicitaron  acogerse  al  instituto  de  sentencia  anticipada,  peticiones que fueron despachadas desfavorablemente, por  haber  sido  incoadas, según el fiscal, por fuera del término legal, decisión  que no fue objeto de recursos por ninguno de los memorialistas.   

Débese   aclarar  que  el  defensor  del  coprocesado  Carlos  Alberto  Gómez  Avendaño interpuso recurso de reposición  contra  la  providencia  que clausuró el ciclo investigativo, alegando la falta  de  defensa  técnica,  el deseo de su procurado de acogerse a los institutos de  audiencia  especial  y  nulidad de la actuación por no haber sido modificada la  resolución   de   acusación   en  los  términos  sugeridos  por  el  superior  jerárquico    de    dicho   funcionario,   peticiones   que   también   fueron  denegadas.   

El  1  de  agosto  de 1996, se calificó el  mérito    del    sumario    en    contra,    entre   otros,   de   Rubelio  Tangarife  por los delitos  de   extorsión   en   grado   de   tentativa   y   usurpación   de   funciones  públicas.   

Apelada la anterior decisión por el agente  del  Ministerio  Público, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional, el 5  de  febrero  de  1997,  la  modificó,  en  el sentido de atribuirle a todos los  procesados  la comisión de los delitos de secuestro extorsivo. Aclárese que en  la  misma  providencia  a otros procesados en los que no está el procesado  recurrente,  se  les imputó igualmente la comisión del delito de usurpación y  abuso de funciones públicas.   

El  proceso  pasó  a un juez regional que,  luego  de  tramitar  el  juicio, el 24 de noviembre de 1998, dictó sentencia de  primera   instancia   en   la   que   condenó,   entro  otros,  a  Rubelio    Tangarife   a   las   penas  principales  de  39  años  de prisión y multa de 140 salarios mínimos legales  mensuales,  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  lapso  de  10 años y al pago de perjuicios, como coautor del delito de  secuestro extorsivo.   

Apelado  el fallo por los defensores de los  procesados,  la  Sala  Especial  de  Descongestión  del  Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá,  el  24  de  marzo de 2000, la modificó, en el  sentido   de   imponer,   entre   otros,   a  Rubelio  Tangarife  las  penas  principales  de  34  años  de  prisión y multa de 100 salarios mínimos legales mensuales.   

Presentada la demanda y tramitado el recurso  de  acuerdo  con  lo reglado en la Ley 533 de 2000, procede la Sala a resumir la  demanda, así:   

         LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El    defensor  de      Rubelio  Tangarife,  con  base en la  causal   tercera   de  casación,   presenta  un  único  cargo  contra  la  sentencia   de  segunda  instancia,  por  cuanto  considera que el Tribunal  dictó  fallo  en  un  juicio  viciado  de nulidad, por transgresión del debido  proceso,    “pues   se  desconoció  que  hasta  antes  de  ejecutoriarse  la  resolución  de cierre de  investigación  es  posible  presentar  solicitud  de  acogerse  a  la sentencia  anticipada,  lo  que  hubiera  significado  para  RUBIELO  TANGARIFE  lograr una  condenación       más       benigna”.   

Manifiesta  que  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  estatuye, entre otras cosas, que el juzgamiento de los  ciudadanos  debe  cumplirse  conforme  a  las leyes preexistentes al acto que se  imputa,  ante  juez  o  tribunal  competente  y observándose la plenitud de las  formas propias de cada juicio.   

Recuerda que la jurisprudencia de la Corte a  partir  de  abril  de  1998,  estimó  que  es  posible acogerse “al  agotamiento  anticipado  del  ius  puniendi  a  través  de  la  solicitud   de  sentencia  anticipada,  formulada  desde  la  ejecutoria  de  la  resolución   que   decreta   la   clausura   de  la  investigación.  Reiterada  jurisprudencia,  que  fuera acogida por el legislador a través del artículo 40  de     la     Ley     599     de     2000,    aun    sin    vigencia”.   

Afirma que los funcionarios judiciales, con  sentido   restrictivo,   interpretaban   que  el  término  para  manifestar  la  intención  de  acogerse  al  instituto  de sentencia anticipada precluía hasta  antes    “de la resolución que decretaba  el  cierre de investigación y no hasta su ejecutoria; de allí que se rechazara  por  improcedente  la solicitud de sentencia anticipada  entregada el 22 de  abril  de  1996, pretextada extemporánea por haberse presentado una vez cerrada  la  investigación,  a pesar de no haber sido aún notificados todos los sujetos  procesales     de     la    resolución    que    decretó    el    cierre    de  investigación”.   

Anota  que  para  la  época  del acontecer  procesal  la Corte no se había pronunciado sobre el punto en discusión, siendo  ese  el  motivo  por el cual la defensa no impugnó la decisión del 25 de abril  de    1996    que    declaró    improcedente    la   solicitud   de   sentencia  anticipada.   

En  esas condiciones, opina que a partir de  abril  de  1998,  la jurisprudencia y los funcionarios judiciales han reconocido  que  resulta  procedente la manifestación de acogerse al instituto de sentencia  anticipada    antes   de   ejecutoriarse   la   resolución  de  cierre  de  investigación.   

Acota  que  la negativa del fiscal regional  para  citar  a  diligencia de formulación y aceptación de cargos condujo a que  no  se le reconociera a su defendido la rebaja de una tercera parte de la pena a  que  tenía  derecho,  “pues que no le permitió al  procesado  participar activamente en la decisión que lo afectaba, renunciando a  parte  del juicio de responsabilidad penal, obteniendo, a cambio, una sustancial  rebaja  de  pena  que  no  lograría por los trámites ordinarios del proceso, y  como  para  tal  momento  la  jurisprudencia  no  se  había  desarrollado es de  justicia  aplicarla  retroactivamente  a la situación presentada, en virtud del  favor rei”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia   y,  por  lo  mismo,  declarar la nulidad de todo lo actuado  “a   la  Unidad  de  Fiscalía  Especializada  del  Municipio   de   Medellín,  delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados de Medellín”.   

             CONCEPTO    DEL  PROCURADOR    

         CUARTO DELEGADO PARA LA CASACIÓN PENAL   

Dice  que  se  advierte  que  cerrada  la  investigación   y   notificados   personalmente,   entre  otros,  el  procesado  recurrente  manifestó la intención de acogerse a la rebaja de pena contemplada  para  el instituto de sentencia anticipada, que fue negada por el instructor por  haber  sido solicitada cuando se cerró la investigación. De igual manera, dice  que  la  Corte  dos años después reconoció “sobre  toda   la  expresión  que  empleaba  ‘y   hasta   antes   de  que  cierre  la  investigación’ había producido incertidumbre en su  interpretación  y  de  las  dos  que  racionalmente  era  posible derivar de la  disposición,    entendió   que   por   su   sentido   jurídico   –    sistemático   y   racionalidad  teleológica  el  término  de  solicitud  de  la  sentencia  anticipada  debía  interpretarse  que se extendía hasta la ejecutoria del proveído que clausuraba  la investigación”.   

Recuerda  que  con la expedición de la Ley  600  de 2000, se aclaró el punto de discusión, para lo cual hace referencia al  artículo 40.   

Después  de informar que para efectos del  recurso  de  casación la denuncia debe ir referida a la infracción de la norma  jurídica,    que  algunos  autores  propugnan  por  retroactividad  de  la  jurisprudencia  y  la interpretación de la ley, anota que el actor busca que se  afecte  la  decisión que negó por extemporánea el trámite de la solicitud de  la  sentencia  anticipada,  “sólo porque el mejor  entendimiento  ulterior  de  la  inteligencia  del  precepto  que  aplicó dicha  determinación  no  proviene  de  una  ley interpretativa  sino del órgano  jurisdiccional  encargado  de  unificar  la  jurisprudencia, en el empeño de la  seguridad  jurídica  de  las decisiones que también es un principio del Estado  Social  y Democrático de Derecho. Pretende, en suma, que una regla que surge de  la  jurisprudencia, esto es, de la interpretación de una disposición normativa  por   parte   de   la   suma   autoridad  judicial  gobierne  una  decisión  de  instancia”.   

A  continuación  emite  concepto sobre la  razón  del instituto de sentencia anticipada y audiencia especial y dice que la  hipótesis  planteada  por  el  censor no constituye yerro de actividad, máxime  cuando   “no  existe  impedimento  legal  ni  nada  garantiza  al  sindicado  que sea el mismo cargo de Extorsión Agravada en grado  de  tentativa  formulado  en la medida cautelar personal y vigente cuando instó  la  celebración  de la diligencia de aceptación de cargos, y no la imputación  de  Secuestro  Extorsivo Agravado que dio mérito a la calificación del sumario  e  incluso  a  las  sentencias  de  condena  sobre  el  cual  se le requería su  consentimiento       o       asunción       de      responsabilidad”.   

Además,  dice  que  tampoco  se  podría  rebajar  la pena, por cuanto el procesado jamás ha aceptado la comisión de los  delitos  por  los cuales fue condenado y del mismo modo, afectaría el principio  de  congruencia.  Todo  lo  contrario  “su silencio  permite  inferir  que  no estaba dispuesto a aceptarlo de ningún modo ya que de  lo    contrario    habría    insistido    en    su   solicitud   de   sentencia  anticipada”.   

Por  lo  expuesto,  sugiere  a la Corte no  casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.  El  defensor  de Rubelio Tangarife, al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, acusa al Tribunal de haber dictado  sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad, por violación del debido proceso,  habida  cuenta  que  cerrada  la investigación y estando dentro del término de  ejecutoria,  el citado acusado, el 22 de abril de 1996, manifestó la intención  de  acogerse  al  instituto  de sentencia anticipada y de esta manera obtener la  rebaja  de pena de una tercera parte, petición que fue negada por el instructor  con  el  argumento  de  que  ya  se  había  clausurado  la  instrucción, tesis  jurídica  que  imperaba para ese entonces y que posteriormente fue recogida por  la Corte, en sentencia del  16 de abril de 1998.   

2.  Como lo destaca el Procurador Delegado,  el  casacionista  no  está  denunciando  un  error in procedendo sino que está  reclamando  la  aplicación  de  la  interpretación  que  la  Corte  le  dio al  artículo  37  del  Decreto  2700 de 1991, en cuanto al término “hasta   antes   de   que   cierre   la   investigación”   para   efecto  de  que  procesado  solicite  la  terminación  anticipada  de  la  actuación,  habida  cuenta  que  para  la  época en que la  deprecó  el  hoy sentenciado (1996), se entendía que emitida la resolución de  clausura  del  ciclo  investigativo,  sin  importar  el  término de ejecutoria,  fenecía dicho plazo.   

En esas condiciones, la acusación del fallo  con  apego  en  la  causal  tercera  de casación no resulta afortunada, pues el  mismo  casacionista  reconoce que el presunto yerro que se invoca para fundar el  reparo,  se  reduce  a  la  interpretación  que  se le daba al artículo 37 del  Decreto   2700   de  1991  y  no  a  una  transgresión  de  la  estructura  del  proceso.   En  últimas,  reclama  el  casacionista  que  se  le aplique la  interpretación   de  la  Corte,  en  cuanto  a  la  expresión  “hasta   antes   de   que   cierre   la   investigación”,  pues,  en  su criterio, debió ser aceptada por el instructor  la  manifestación  de  que  se  dicte  sentencia  anticipada  presentada  en el  término   de   ejecutoria   de   la   providencia   que   ordenó   cerrar   la  investigación.   

De  otro lado, es cierto que para la época  en  que  el  procesado  manifestó  su  intención  de  que se dictara sentencia  anticipada  y, particularmente, la expresión “hasta  antes  de  que  se cierre la investigación”, en ese  entonces  y  para dichos efectos, conducía a dos interpretaciones, a saber: que  se  hubiese  dictado  la  resolución  de  cierre de la investigación o que era  presupuesto que esa providencia no hubiese cobrado ejecutoria.   

Sin embargo, en sentencia del 16 de abril de  1998,  con  ponencia de los H. Magistrados Jorge Aníbal Gómez Gallego y Carlos  Eduardo  Mejía Escobar, se recogió la primera de las tesis, que necesariamente  tenía efectos en la dosificación punitiva.   

Es así como se advirtió que de acuerdo con  la  técnica  interpretativa  que  estatuyen  los artículos 28 y 30 del Código  Civil,  el  artículo 37 del Decreto 2700 de 1991, debía ser interpretado desde  un  ámbito  sistemático. Por ello, atendiendo a lo reglado en el artículo 438  del  último  estatuto  citado,  el  cierre de la investigación, desde el plano  jurídico,   desde  la  ejecutoria  de  la  providencia  que  así  lo  declare,  “la cual opera conforme los disponen los artículos  196  y  197  del C. de P.P. y da vía a la ejecución del mandato judicial o sus  efectos,  de  acuerdo  con  lo  previsto  en  el artículo 334 del C. de P.C. Lo  anterior   sin   dejar   de   considerar  factores  tan  trascendentales  en  la  interpretación  de  la  ley,  como  son  los  de  la  razón  teleológica,  la  eficiencia  de  la  norma,  ambos  referidos  al  artículo  37  en  comentario,  auspiciados  por  imperativos  de  racionalidad,  seguridad jurídica y eficacia  social  de  las  normas”  1.   

Tal  planteamiento  llevó  a  la  Corte  a  sostener   que   “De  la  norma  y  el  método  de  interpretación  antes expuestos, se infiere que una exigencia fundamental en la  interpretación  jurídica,  como  paso  previo  a  su  aplicación, es la de la  preservación  de la unidad o carácter sistemático del ordenamiento jurídico.  Por    ello,    la    expresión    ‘antes    de    que    se   cierre   la   investigación’,   no   puede   entenderse   como  escuetamente  lo  dispone  el artículo 37 del C. de P.P., sino que es necesario  precisarla  conforme  con  las  definiciones  y matizaciones que de la figura se  hace  bien sólo dentro de la ley de procedimiento penal ora dentro del resto de  reglas  y  principios  del  ordenamiento jurídico y, en especial, de las normas  constitucionales.   

Más adelante se agregó:  

“Se  concluye  parcialmente      que     ese     ‘antes’  escrutado  no  se  agota  con  la mera declaración de cierre de investigación,  sino  que  se  proyecta hasta la ejecutoria de la respectiva providencia. Aunque  se  pensara, en gracia de discusión, que el genuino querer de los redactores de  la  ley  se  orientaba  a sellar la oportunidad con el sólo proferimiento de la  resolución,  lo  cierto  es  que  no fue eso lo que expresaron claramente en el  texto  normativo, y por ello se impone esta suerte de interpretación contextual  o  sistemática que, frente a la ambigüedad de la letra de la ley, es el único  método       que      suministra      seguridad  jurídica,  uno  de  los  valores  fundamentales  del  derecho  –aunque  no el  único-,  en  el sentido de que fijar como punto de llegada la ejecutoria de las  resoluciones  es  algo  que,  no  sólo  por  su  sentido jurídico –sistemático  sino  también  por su  ambientación  en  la  práctica judicial para otras instituciones, resulta más  fácil    de    prever    a    los   destinatarios   de   la   norma”2.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  se advierte que cerrada la investigación, el 8 de abril de 1996, estando  en  el  término  de  ejecutoria  de  la  providencia, entre otros, el procesado  recurrente  presentó,  el 22 de abril siguiente, la solicitud  de acogerse  al  instituto  de  sentencia anticipada, aspecto que de acuerdo con lo precisado  en  precedencia, resulta lógico que se imponía la celebración de la audiencia  de  formulación  y  aceptación  de  cargos, que de ser aceptados, implicaba al  procesado un descuento de pena de la tercera parte.   

Empero,  ello no quiere decir que le asista  razón  al  casacionista,  puesto  que  el  procesado,  además de que él ni su  defensor  interpusieron  recurso  alguno  contra  la  decisión  del  fiscal que  rechazó  el  pedido de sentencia  anticipada, posteriormente no manifestó  su  intención de aceptar los cargos que por secuestro extorsivo se le atribuyó  en la acusación de segunda instancia.   

En otras palabras, aceptó la decisión del  fiscal,  al  punto  que solo viene a cuestionarla en esta sede y con el criterio  interpretativo  que  hizo  la  Sala  años  después,  aclarando  que  se  puede  solicitar  que  se dicte sentencia anticipada en el término de ejecutoria de la  resolución  que  ordena  clausurar  la  investigación  y hacerse acreedor a la  rebaja  de  una tercera parte de la pena, según lo que preveía el artículo 37  del Decreto 2700 de 1991.   

A  más  de lo anterior, como lo destaca el  Procurador  Delegado,  si se invalidara la actuación tampoco ello garantizaría  que  al  procesado se le imputaría el cargo de extorsión en grado de tentativa  que  se le atribuyó en la resolución que le resolvió la situación jurídica,  pues,   como   quedó   reseñado   en  la  actuación  procesal,  esta  última  calificación  jurídica  fue  objeto de controversia, al punto que el fiscal de  segunda  instancia,  al  desatar  el recurso de apelación interpuesto contra la  providencia  que  calificó  el  mérito  del  sumario, la revocó, e imputó el  delito  de  secuestro  extorsivo,  calificación jurídica que fue respetada por  los juzgadores de instancia al encontrarla ajustada a la legalidad.   

Y  en  el  evento  que el procesado hubiese  aceptado  los cargos en la etapa del juicio a través del instituto de sentencia  anticipada,  tampoco  la  nulidad  de  la  actuación  era la decisión adoptar,  habida  cuenta,  como  lo  ha dicho la Sala, “En tal  orden  de  ideas,  si la solicitud de sentencia anticipada se formula durante el  correspondiente   lapso   de   ejecutoria,  de  la  providencia  que  cerró  la  instrucción,  o  de  la  que  fijó  fecha para audiencia pública, o de la que  citó  para  sentencia,  esto  último  en  el  caso de la desaparecida justicia  regional  y,  en  consecuencia,  se  debe rebajar la pena, la solución tanto en  sede  de  apelación como de casación, no será la nulidad, sino la corrección  de  la  sentencia  para  ajustar la sanción, en la medida legalmente autorizada  según   la   respectiva   oportunidad”3   

De  esta  forma, no observa la Corte que al  procesado  se le hubiese transgredido el debido proceso, toda vez que se reclama  por  un beneficio interpretativo de un instituto al que nunca se acogió y, como  lo  dice  la Delegada, “por el contrario su silencio  permite  inferir  que  no estaba dispuesto a aceptarlo de ningún modo ya que de  lo    contrario    habría    insistido    en    su   solicitud   de   sentencia  anticipada”.   

Por lo expuesto, el cargo no está llamado a  prosperar.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

NO       CASAR      la             sentencia impugnada.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                           ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                          ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS             YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                             JAVIER     ZAPATA  ORTÍZ   

Cita medica  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Sentencia  del  6  de junio de 2002. M.P. Dr. Herman  Galán Castellanos. Rad. 11643.   

2  Sentencia  de  abril  16  de  1998.  MP.  Drs. Jorge  Aníbal    Gómez    Gallego    y    Carlos   Eduardo   Mejía   Escobar.   Rad.  10.397.   

3  Sentencia  de  17  de  mayo de 2001. M.P. Dr. Nilson  Pinilla Pinilla. Rad. 15.634.     

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