17887(17-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17887  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  009  

Bogotá. D. C., diecisiete (17) de febrero de  dos mil cinco (2005).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte los recursos de reposición  interpuestos  por  el  Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal,  el    defensor    del   procesado   WILLIAM   HERRERA  LANDAZÁBAL  y  el  apoderado  del  tercero civilmente  responsable    Rápido    Ochoa    S.A.,  contra  el  auto  del 10 de diciembre de 2004, mediante el cual se  negó  la  solicitud  de  extinción  de  la  acción  penal  por  razón  de la  prescripción.   

ANTECEDENTES   

    

1. Mediante  auto  fechado el 10 de diciembre de 2004, la Sala negó la  solicitud  de  prescripción  de  la  acción  penal incoada por el defensor del  procesado  William  Herrera  Landazabal,  en  el proceso adelantado en su contra  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio  culposo  en  concurso con lesiones  personales culposas.   

2. El   Procurador  Tercero  Delegado  para la Casación Penal, el  defensor  del  procesado  y  el  apoderado  del  tercero civilmente responsable,  interponen  recurso de reposición contra el auto en mención, pues sostienen   que   en  virtud  del  principio  de  favorabilidad,  ha  transcurrido  el  tiempo  que  señala  la  ley  para  que  se  proceda  en  ese  sentido.     

LA IMPUGNACIÓN  

1. Luego de realizar un pormenorizado relato  del  trámite  procesal  surtido  en  esta  actuación,  el  Procurador  Tercero  Delegado   para   la  Casación  Penal  inicia    el  sustento  de  su  impugnación,  transcribiendo apartes de la  sentencia  C-252 de 2001,  mediante     la    cual,    la    Corte    Constitucional,    “…cuando  aún  estaba  en  trámite  la  acción  de casación en el  proceso    de    la    referencia”   declaró   la  inexequibilidad   de  la Ley 553 de 2001, que establecía la procedencia de  la casación contra sentencias ejecutoriadas.   

Según  criterio  del  recurrente, el citado  fallo  de inconstitucionalidad, al no  tratarse de una disposición de mero  alcance  procesal,  efectivamente  trasciende  a  la  órbita  de afectación de  derechos  subjetivos;  por lo tanto, concluye que el tránsito legislativo a que  se   dio  lugar,  “impone  analizar  la  situación  específica     con     criterios     de    favorabilidad    constitucional    y  legal.”   

En  ese  orden  de  ideas,  transcribe  el  principio  de  favorabilidad  proclamado  en el artículo 29 de la Constitución  Política,  al igual que su fundamento legal  desarrollado por el artículo  6 de la Ley 600 de 2000.  Al respecto, considera:   

“En  materia de  normas  procesales,  el  principio general es el de su efecto general inmediato,  esto   es,  que  cada  disposición  entra  a  regir  desde  el  momento  de  su  promulgación,   con  prescindencia  del  estado  en  el  que  se  encuentre  la  actuación,  si bien la propia ley de antaño ha reconocido que los recursos que  se  hayan interpuesto y las actuaciones que se hayan comenzado a cumplir bajo el  imperio   de  una  ley  deberán  concluirse  con  ella,  de  preferencia  a  la  posterior.   

“Esta  última  regla,  sin embargo, debe  interpretarse  con  el  alcance  que  modernamente  se  reconoce al principio de  favorabilidad,  de forma que si la norma procesal tiene efectos sustanciales, su  efecto  general  inmediato  queda  supeditado  a  la  inexistencia de motivos de  aplicación favorable.”   

En  esas condiciones, acota que en éste, al  igual  que  todos  los  casos  adelantados  en  la  época  comprendida entre la  decisión  de  inconstitucionalidad  de  la norma y la entrada en vigencia de la  Ley  600  de  2000,  en los que no se haya resuelto definitivamente la casación  interpuesta,  la  Sala  al  revivir  el  contenido  del Decreto 2700 de 1991 que  establecía   la   casación   como  recurso  extraordinario  procedente  contra  sentencias  no  ejecutoriadas,  deberá  aplicar  ésta  normativa  al  ser más  favorable al procesado.   

Así  mismo,  reitera  que de continuarse el  trámite  de  casación  de acuerdo con los postulados de la Ley 553 de 2000, se  desconocerían   los   efectos   sustanciales  del  Decreto  2700  de  1991,  se  vulneraría  el  artículo  29  de  la  Constitución Política, al igual que el  artículo   6   del   Código   de   Procedimiento   Penal,   “…dando   mayor  importancia  a  las  reglas  procesales  que  a  las  sustanciales,  con  lo  que  se  infringiría  también,  el artículo 228 de la  Constitución Política”.   

Considera  que  en  el  caso  concreto,  el  procesado  en  virtud de las garantías constitucionales, tendría derecho a que  se  analizara  con  criterio  de retroactividad la sentencia C-252 de 2001 de la  Corte   Constitucional,   a   fin   de   resolver   la  casación  como  recurso  extraordinario  y  no  como  acción, desvirtuando la naturaleza de cosa juzgada  que  en  pretérita  oportunidad  otorgó  la  ley  declarada  inexequible  a la  sentencia condenatoria.   

De  igual  forma,  transcribe  apartes de la  sentencia  C-586  de  1992, para luego colegir que el fallo de segunda instancia  no  se encuentra ejecutoriado, lo que en consecuencia impone la no interrupción  de la prescripción de la acción penal.   

Por último, eleva a la Sala la petición de  reponer  el  numeral  tercero del auto recurrido y, en su lugar, declarar que la  sentencia  impugnada  no  se encuentra ejecutoriada, para efectos de analizar lo  concerniente  a la declaración de prescripción de la acción penal, de acuerdo  a lo solicitado por el defensor del procesado.   

2.-  Mediante escrito, el apoderado del  tercero  civilmente responsable Rápido Ochoa S.A., adhiere su impugnación a lo  solicitado   por  el  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal,  agregando   se   declare   en  consecuencia,  la  prescripción  de  la  acción  civil.   

Así  mismo,  resalta  que  las  conductas  punibles  objeto  de  este diligenciamiento, se cometieron en vigencia de la Ley  100  de  1980,  preceptiva  que  establece que”…el  término  de  prescripción  de  la  acción  cuando  se  ha interrumpido con la  resolución  acusatoria  se  inicia  su  recuento  y  sólo se interrumpe cuando  termina   definitivamente   el   proceso,   lo   que  no  ha  ocurrido  en  este  caso”.   

3.- De igual forma, el defensor del procesado  William  Herrera  Landazabal, se adhiere expresamente a los argumentos expuestos  por  el  representante  del  Ministerio  Público  y  el  apoderado  del tercero  civilmente responsable.   

LA CORTE CONSIDERA  

Como  bien lo dejó precisado la Corte en el  auto  objeto  de impugnación, la sentencia de segunda  instancia  se dictó el 28 de julio de 2000, es decir, en vigencia de la Ley 553  de  2000,  quedando  consolidada  la  situación  procesal  bajo los parámetros  establecidos  por  dicha  disposición,  razón  por  la  cual  el  fallo cobró  ejecutoria  el  15  de agosto del mismo año, de acuerdo con las constancias que  obran en el proceso.   

Por consiguiente, es necesario recordar que  según  lo  preceptuado  en  dicha  normatividad, los fallos emitidos durante su  vigencia,  es  decir,  desde  su promulgación hasta el 17 de marzo de 2001, son  decisiones  que  tienen  el  carácter de haber hecho tránsito a cosa juzgada y  sobre  las  cuales  ya no es posible contabilizar la prescripción de la acción  penal,   pues   se   interrumpió  definitivamente  ese  término,  toda  vez  que  como  anteriormente  se  había dicho, la situación  procesal  quedó  plenamente  en firme en vigencia de la ley 553 de 2000 y antes  de  proferirse el fallo C-252 de 2001 de la Corte Constitucional, lo cual impide  en  este  caso  invocar  la no ejecutoria de la sentencia, con las consecuencias  que   ello   implica   sobre   la   prescripción   de  la  acción.   

Esto  quiere  decir que simplemente se está  aplicando  la  normatividad  vigente  para  el  momento  en  que se profirió la  sentencia,   en   este   caso,   condenatoria,   sin  que  pueda  acudirse  como  erróneamente  lo  plantean  los  recurrentes, a la aplicación del principio de  favorabilidad  en  la  medida que, como se dijo antecedentemente por esta Sala y  se  cita  en la decisión impugnada, así debe concluirse al tenor del artículo  45  de  la Ley 270 de 1996 que señala que los fallos de la Corte Constitucional  rigen  hacia el futuro, mucho más cuando no se precisaron efectos retroactivos,  tal  como  se  advierte  en  la  sentencia  C-252  del  28  de  febrero de 2001.   

Por  lo  tanto,  no  comparte  la  Sala  la  posición  de los impugnantes de pretender derruir la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad con que  viene  amparada  la  sentencia  de segunda instancia,  aduciendo   que   el   procesado,   en   virtud   de   las  garantías  consagradas en la Carta Política, se  encontraría   favorecido   por  una  retroactividad  inexistente,   contraviniendo   lo   preceptuado   por   el   citado   fallo  de  inconstitucionalidad.   

En    esas    condiciones,    la   Sala  permanecerá     en     su    posición     acerca     de     la    imposibilidad    de    declarar    la  prescripción,  pues,  se  reitera,  la  sentencia de  segundo grado se encuentra debidamente ejecutoriada.   

Por   estas   razones,   la   Sala   no  repondrá         su         determinación.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

NO REPONER el auto  de fecha 10 de diciembre de 2004.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                          HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

                   TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                     Secretaria     

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