17756(27-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 17756  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  97  

          Bogotá,   D.C.,   veintisiete  (27)  de  agosto  de  dos  mil  dos  (2002).   

          Se   pronuncia   la   Sala  sobre  la  admisibilidad   de  la  demanda  de  revisión  presentada  en  defensa  de  los  sentenciados   TRIUNFO   CHAPARRO   FLÓREZ,  MANUEL  y   GRACIANO   MANRIQUE  LÓPEZ, quienes fueron condenados a la pena principal  de  veinte  (20)  años  de  prisión  en calidad de coautores de los delitos de  homicidio agravado, y hurto calificado y agravado.   

HECHOS  

          De  los  fallos  de  instancia  se  sabe  que en la tarde del 25 de  noviembre  de  1989,  por  la  carretera  que  conduce  a la vereda “Las   Tapias”,  jurisdicción  del  municipio  de Covarachía (Boyacá), se desplazaba Gonzalo Delgado Fuentes en el  camión  de  su  propiedad,   junto con Vicente Isaías Ardila Sepúlveda y  Gilberto     Rojas     Vargas,     chofer     y    ayudante    del    vehículo,  respectivamente.                                    Sin embargo, al llegar  a  una  curva fueron sorprendidos por un disparo que impactó la parte delantera  del  automotor,  y  como  la  vía se encontraba obstruida se vieron obligados a  detener  la  marcha.   Los ocupantes del camión se apearon entonces con el  propósito  de  remover  tales  obstáculos,  pero en ese momento se presentaron  tres  individuos  que con los rostros tiznados e intimidándolos con revólveres  y  escopetas  exigieron  la entrega del dinero que portaban.  Después, los  asaltantes  le  dieron  muerte  a  Delgado  Fuentes,  no sin antes ordenar a sus  acompañantes que se retiraran del lugar.   

  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   Con  fundamento  en  los  resultados  de  las diligencias  previas,   el  Juzgado  17 de Instrucción Criminal dispuso la apertura del  sumario  y vinculó legalmente a los imputados TRIUNFO  CHAPARRO         FLÓREZ,         MANUEL        y       GRACIANO MANRIQUE LÓPEZ.   

          Clausurada  la  etapa  investigativa,  en  providencia  del  12  de  diciembre  de  1990, el Juzgado 23 de Instrucción Criminal de Soatá convocó a  juicio   a  los  procesados  atrás  relacionados,  a  quienes  les  imputó  la  coautoría  en  los  delitos  de homicidio simple y hurto calificado y agravado,  decisión  que  el Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo confirmó el 27 de  junio  de  1991  al  resolver las apelaciones presentadas por el apoderado de la  parte  civil  y  el defensor, con las modificaciones en el sentido de derivarles  la  agravante  del  homicidio prevista en el artículo 324-2º del Código Penal  anterior,  la  circunstancia  de  calificación  establecida para el hurto en el  artículo  350-2º  ibídem,  así  como  las  de  agravación para este último  contempladas   en   los   ordinales   4º,   9º   y   10º  del  artículo  351  ejusdem.   

          2.   El entonces Juzgado 2º Superior de Santa Rosa de Viterbo  celebró  la audiencia pública y en fallo del 20 de mayo de 1992 condenó a los  procesados  CHAPARRO FLÓREZ  y   MANRIQUE  LÓPEZ,  en  consonancia  con  el  pliego de cargos, a la pena principal de veinte (20) años  de prisión.   

          Por  virtud de la apelación interpuesta por la defensora común de  los  sindicados,  del  pronunciamiento  de  primer  grado  conoció  el Tribunal  Superior  de  esa  misma  ciudad,  que  en  decisión del 28 de julio de 1992 lo  confirmó   con  modificaciones  en  el  monto  de  la  condena  de  perjuicios,  exclusivamente.    El  recurso  de  casación  interpuesto  contra  la  sentencia  del  ad quem no fue sustentado, por lo tanto, se declaró desierto en  auto del 12 de enero de 1993.   

LA DEMANDA  

          1.   El  libelista  reseñó  las actuaciones, el contenido de  las  pruebas  acopiadas  y  los  fundamentos  de las decisiones proferidas en el  curso  del  proceso,  para  plantear después la causal tercera de revisión del  artículo  232 del Código de Procedimiento Penal anterior, con apoyo en la cual  argumentó  la  aparición de hechos y pruebas nuevas, no conocidas al tiempo de  los  debates,  que  establecen  la  inocencia  de sus representados los hermanos  MANRIQUE    LÓPEZ   y  CHAPARRO              FLÓREZ.   

          Seguidamente  relaciona  los  medios  de persuasión que le brindan  sustento a su pedido así:   

          1.1   Testimonio de Neftalí Oviedo, quien afirmó haber visto  en  la  noche  del  25  de  noviembre  de  1989 a cuatro sujetos que lavaban sus  rostros  en  el  río  cercano  al lugar de comisión del asalto.   De  igual  modo,  que  para  la época de su ocurrencia en la región de Covarachía  operaba  una  banda  de  delincuentes  llamada  “Los  Tiznados”.   

         1.2    Testimonio  de Lucinio Corzo Gómez.  Reseñó que en la fecha  señalada  para  la  diligencia  de  reconstrucción  de  los hechos, presenció  cuando  Heráclito  Chaparro  fue  abordado por la esposa de la víctima, según  supo   después,   quien   le  manifestó  a  aquél:   “tiémplece  ,  o  si no le toca devolverme la  plata”.   Posteriormente  al  interrogar a Chaparro, sobre tal advertencia este último le  indicó:    “porque  recibí  una  plata  por  una  joda,  sic y que me voy a ir para que no me jodan  más”.    El demandante agrega que si  bien  el  deponente compareció a la audiencia pública a rendir su versión, de  acuerdo  con  el  relato  del  mismo,  no  le  fue  recibida “porque ya era tarde”.   

          1.3    Testimonio  de  Luis  Alfredo  Hernández  Díaz.   Refirió  haber  visto  el día de los hechos a MANUEL  MANRIQUE  hasta  las  dos  de la tarde cuando aquél  araba  la tierra en la finca de su progenitora.  Adujo que cuando acudió a  rendir  su testimonio durante el proceso, “pero que  le   dijeron   que  ya  no  era  necesario”.   Confirma  por  último   la existencia de la referida banda de “Los  Tiznados” y su incursión en  la hacienda Las Tapias de propiedad de Jorge Pinto.     

           1.4    Testimonio   de   José  Fonseca.   En  coincidencia con el anterior deponente, señaló que para la  fecha  de  comisión  del  homicidio,  cuando  trabajaba  en  la finca de Félix  Manrique,  vio  que los hermanos GRACIANO    y   MANUEL   MANRIQUE  también  se  encontraban  en  dicho  predio.   El primero,  dedicado  a  la  recolección  de  tabaco,  mientras  que  el  segundo araba con  bueyes.   Acota  que “estuvo también pronto a  declarar,  pero  que el abogado les dijo, que no era necesario, porque ya había  bastantes declaraciones”.     

         El declarante admite que Marco Aurelio  Guerrero  y Ariosto Manrique se encontraban en la misma finca, como atestiguaron  en  el proceso, “y explica la hora, en que llegaron  dichos señores”.    

         Resalta  el  demandante en este punto,  que  los testigos “son coincidentes en afirmar, por  qué,  a  los  campesinos  de  la  vereda Las Tapias, les queda más fácil ir a  Capitanejo  que a Covarachía”, dada la cercanía a  la cabecera municipal de esa primera localidad.   

         1.5   Por  último,  el libelista anexa la certificación del  Hospital   Regional  de  San  Antonio  de  Soatá  (Boyacá),  donde  recibieron  atención  médica Jorge Pinto y su hijo, propietarios de la hacienda Las Tapias  luego  del  asalto  allí  efectuado  por  integrantes  de  la  temida  banda de  “Los            Tiznados”.   

        2.   El  apoderado  reseña  las pruebas cuyo acopio pretende  durante  el  período  probatorio  de la acción interpuesta.  Seguidamente  precisa  que  el  objeto  de  las  mismas  y de la incorporadas a la demanda, es  demostrar  que  los  autores de los hechos juzgados fueron los integrantes de la  banda  “Los Tiznados”,  posibilidad  totalmente  ignorada  por  los  funcionarios judiciales no obstante  haber  sido  sugerida  en  su oportunidad por los testigos Dionisio Prada, José  Antonio  y  Luis  María  Prada  Guerrero,  quienes resultan coincidentes con la  versión extra-procesal de Neftalí Oviedo.   

          Bajo   el   epígrafe   “Fundamentos  de  hecho y de derecho y comedidas consideraciones  jurídicas”,     plantea    que    “cuatro   fueron   las   versiones   o   sendas  o  caminos  del  crimen”.   Concretamente,  la  que imputó la  autoría  a una facción guerrillera comandada por Fidel Duarte; la que sugirió  que  los  homicidas  habían  sido unos individuos apellidados Prada, señalados  así  por  la  Policía  de  Capitanejo;  la  que  endilgó la ejecución de los  sucesos  a  los  miembros  de  la  banda  de  “Los  Tiznados”;  y  finalmente, la orientada a atribuir  tales  delitos  a  los aquí condenados, que es “la  más  endeble,  la  más  apartada  de  la  realidad,  pero  la  más  fácil de  investigar,  o  seguir…”, a cuya comprobación se  encaminó la investigación en detrimento de las restantes pistas.   

         Por  el  motivo  anterior, la condena se cimienta en el testimonio  manipulado  y  comprado  de  Heráclito  Chaparro,  como  se  demuestra  con  la  declaración  rendida extra-procesalmente por Licinio Corzo Gómez, que a su vez  le  resta  todo  valor  a  la  versión de Excelina Chaparro, hija del primero y  quien  siempre  estuvo  acompañada  de  su  padre.   De igual modo, en los  reconocimientos  efectuados sin las formalidades de ley y sin que los sindicados  estuviesen   representados   por   un   “defensor  idóneo”,   pero   que   además  no  encontraron  confirmación  al  ser  practicados  por  el propio Juzgado.  En síntesis,  colige    el    actor,    se    ofrecen    deleznables,    porque   “no  existe,  ni  siquiera  un indicio, que sea grave y serio en  las  condiciones  de  ley”  para forjar la certeza  sobre  la  responsabilidad  penal.                

         Tan  precaria se muestra la prueba de cargo, afirma el demandante,  que  el  Juzgado  luego  de  escucharlos  en  versión  optó  por  dejarlos  en  libertad.    Censura   la   falta   de   defensa   técnica,   “pues   los   primeros   apoderados   o  defensores  de  Soatá,  prácticamente  no  actuaron”.  Por su parte,  la  última  mandataria judicial no presentó la demanda de casación a pesar de  haber  tenido  dos  oportunidades para tal fin.  Critica finalmente, que se  omitieran  la  recepción  de  los  testimonios  de quienes estaban dispuestos a  declarar,  y  de  los  pedidos  en  tiempo  por  el  Personero  de  Covarachía,  “petición de pruebas…olímpicamente negada, por  el  Juzgado  instructor”,  constituyéndose uno de  los   “errores  evidentes,  que  pecan  contra  la  administración de justicia”.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.    De   conformidad  con  el  reiterado  criterio  de  la  Sala,  que  en  el  presente  asunto simplemente se  reitera,  la revisión en manera alguna constituye un recurso susceptible de ser  incoado  durante  el  trámite  del  proceso.   Por  el  contrario,  estaba  concebida  en  la codificación bajo la cual se interpuso la aquí examinada, en  connotación  mantenida  en  el  estatuto de reciente vigencia, como una acción  autónoma  e independiente orientada a remover la firmeza de cosa juzgada de que  está  revestida  la  providencia  ejecutoriada  a través de la cual termina la  respectiva  actuación  penal,  que  de  conformidad  con  el aparte in fine del  artículo  232  del Decreto 2700 de 1991, correspondiente al artículo 220 de la  Ley  600  de  2000,  bien puede ser la sentencia y en algunos casos también, la  cesación de procedimiento o la preclusión de la investigación.   

         Así  las  cosas, atendida la especial  naturaleza  de  dicha  acción  y  como lo ha precisado de manera pacífica esta  Corporación1,  cuando  se procede en nombre del sentenciado resulta ineludible  presentar  el mandato conferido para este específico fin, exigencia que aparece  soslayada tratándose de algunos de los condenados.   

                       Ciertamente,  el  abogado  que  solicita  la  revisión  del  fallo  proferido por el Tribunal Superior de Santa  Rosa   de   Viterbo   en   la   actuación   aludida,  presenta  la  demanda  en  representación   de   TRIUNFO   CHAPARRO  FLÓREZ,  MANUEL   y   GRACIANO  MANRIQUE  LÓPEZ. Más aún, anunció que allegaba el  poder  otorgado  por todos ellos, pero el escrito respectivo únicamente aparece  signado  por  el  último  de  los citados, con nota de presentación personal y  constancia  de  reconocimiento  notarial  (f. 22, cd.  Corte).   En  consecuencia, sin que resulte del  caso  esbozar  consideraciones  adicionales,  en  relación  con  los  restantes  sentenciados  el  libelo  deberá  inadmitirse  por  la  ostensible e insalvable  ilegitimidad en la personería.   

         2.  Tratándose  del condenado GRACIANO  MANRIQUE  LÓPEZ  la  demanda  corre idéntica surte  aunque   por   razones  diversas,  según  pasa  a  considerar  seguidamente  la  Sala.   

         El   apoderado  para  sustentar  la  revisión  invoca  la  causal  prevista  en  el artículo 232-3º del estatuto procesal penal entonces vigente,  que  corresponde  a  la del ordinal 3º del artículo 220 de la Ley 600 de 2002,  concretamente,  la  aparición  posterior  a  la  ejecutoria  de la sentencia de  hechos  y  pruebas  nuevas  ignoradas en el curso el proceso, que según afirma,  tendrían  la  entidad  para  establecer  la inocencia de su representado.    

         En  esta  propuesta  así  como  en el  pretendido  desarrollo  posterior,  el  libelista invoca en forma indiscriminada  las  dos circunstancias recogidas en la citada norma, que a pesar de su estrecha  relación  se  ofrecen  de todas maneras deslindables, esto es, la aparición de  hechos  nuevos y el surgimiento de pruebas igualmente novedosas, pero sin que en  el  contexto  de  la demanda concrete en últimas alguno de estos dos supuestos,  pues  el  escrito  se  redujo a una alegación a través de la cual pretende tan  sólo  la reapertura de los debates probatorios agotados durante las instancias,  en  el  que  formula  otros  reparos sustraídos con evidencia del ámbito de la  revisión.   

         Se  tiene  así que el defensor plantea la intención de demostrar  a  través  de la prueba anexa a la demanda, que los integrantes de la cuadrilla  denominada     “Los     Tiznados”  fueron  los verdaderos autores de las conductas punibles por las  que  se  condenó  a su representado, posibilidad que según sostiene, ignoraron  completamente  los  funcionarios  judiciales en el curso del proceso, sugiriendo  entonces  que  se  trata  de  un  hecho nuevo que por no haber sido informado en  autos  quedó  marginado  de  toda  controversia  durante los debates.  Sin  embargo,  el  propio demandante diluye la realidad de su aserto cuando sostiene,  a  renglón  seguido,  que  esta  hipótesis  fue  sugerida  en  algunos  de los  testimonios  recaudados  en  las  fases  probatorias del proceso, en concreto, a  través  de  las  versiones de Dionisio Prada, José Antonio y Luis María Prada  Guerrero,  dejando  entrever  de  trasfondo  y simplemente, que fue desechada al  encontrarse   mérito   probatorio   para   la   vinculación   de  GRACIANO   MANRIQUE   LÓPEZ   en  el  concurso   de   delitos  y  desde  luego,  en  su  momento,  para  la  posterior  condena.   

         Esta  falta de novedad del hecho por el cual propugna el libelista  so  pretexto  de  buscar  la  inocencia  del condenado, así como su invocación  asignándole  dicho  carácter  con  el velado e indebido propósito de abrir un  nuevo  debate  probatorio,  se  afianza cuando el propio actor admite que fueron  “cuatro  las  versiones  o  sendas  o  caminos del  crimen”  informadas  en  el  expediente,  esto es,  además  de  la  atrás  indicada,  la  que  imputó  la  autoría del execrable  ilícito  a una facción guerrillera comandada por Fidel Duarte, la que sugirió  que  los homicidas habían sido uno sujetos de apellido Prada, señalados en tal  sentido  por  la  Policía  de  Capitanejo  y,  finalmente, la que atribuyó las  conductas   punibles   a  los  aquí  condenados,  uno  de  ellos  el  susodicho  GRACIANO MANRIQUE LÓPEZ,  por  la  que  a  su   juicio  no debió optarse al estimarla apartada de la  realidad.   En fin, trasluce la aspiración de remover la firmeza del fallo  para  que  se  reorienten  las  diligencias hacia esos otros posibles frentes de  investigación,  independientemente  de  que  revistan  o  no trascendencia para  demostrar  una  realidad distinta de aquella asumida por el juzgador, forjada en  el acervo probatorio allegado al momento del fallo.   

         Desde  otra  perspectiva,  tampoco  puede  considerarse  que en el  presente  caso  la prueba aportada surja novedosa en relación con el mencionado  hecho  y  que  finalmente  el  apoderado  admite  fue conocido en el proceso, es  decir,  que  le  brinde  una  variable con entidad para derruir las conclusiones  probatorias de la sentencia en firme.    

         Ciertamente,  el  libelista aporta las  declaraciones   extrajudiciales  obtenidas  de  Neftalí  Oviedo,  Luis  Alfredo  Hernández  Díaz  y  José  Fonseca,  así  como la certificación del Hospital  Regional  de  San  Antonio  de  Soatá  donde recibieron atención médica Jorge  Pinto  y su hijo, propietarios de la hacienda Las Tapias, luego del asalto allí  efectuado  por  los  miembros  de la referida organización delictiva, pruebas a  las  que  simplemente les atribuye la entidad para demostrar la conformación de  la  mencionada banda de antisociales con influjo en la región donde ocurrió el  asalto  de  trágicos  resultados, acontecimiento que aún de tenerse por cierto  no  infirmaría  la  responsabilidad que fuera colegida respecto de GRACIANO    MANRIQUE    LÓPEZ.    

         Más  aún,  el  propio  demandante cuando en otro acápite aunque  recaba  sobre  la  comentada hipótesis, también propugna por otras diversas en  torno  a  la  autoría  de  las  conductas  punibles  de  las  que  fue  hallado  responsable  su  asistido, sugiriendo a través de este giro en su propuesta, no  la  trascendencia de la prueba que invoca para demostrar la inocencia de aquél,  sino la aspiración de sembrar una duda en torno a dicho hito.   

         

         Destaca  por otra parte, que la prueba  testimonial  enunciada  demuestra  que su asistido en el momento de la comisión  de  los  delitos  se  encontraba  laborando  en  la  finca  de  propiedad  de su  progenitora,  donde  afirmaron  los declarantes haberlo visto, de manera que mal  pudo  participar  aquél  en  el  asalto  que finalizó con la muerte de Gonzalo  Delgado  Fuentes.   Sin  embargo,  la desprevenida lectura de los fallos de  instancia  pone  de   manifiesto  que  la coartada erigida a partir de esta  atestada  dedicación  del  sentenciado  a las faenas agrícolas fue ampliamente  debatida  por  los  sujetos  procesales, pero además, que se desvirtuó por los  falladores  con fundamento en los medios demostrativos por entonces incorporados  a  los  autos.   Sobre  este  punto  el  a  quo  razonó  en los siguientes  términos:   

“…Si  se  tiene  en  cuenta  que  los  ilícitos  fueron  cometidos  aproximadamente  a  las  dos  de la tarde, resulta  evidente  que  esta declaración no puede servir para excusar a MANUEL sino todo  lo  contrario  pues  de  ella  se deduce indudablemente que lo relatado por este  testigo  corresponde  exactamente al sábado en que fue muerto GONZALO DELGADO y  que  si  bien MANUEL estaba arando en horas de la mañana, a partir de la una de  la  tarde  se  desapareció.   Igual puede afirmarse de GRACIANO y TRIUNFO,  quienes  sólo  fueron  vistos  a  las cuatro de la tarde, no antes…”.    

         Más  adelante,  luego de reseñar las versiones de Mario Manrique  Morantes,  Ana  Julia  Lizarazo,  Pausanías  Archila,  Marco  Aurelio Guerrero,  referidas todas a esa argüida actividad, el Juzgado concluyó:   

“…Se  deduce  indudablemente  de  lo  expuesto  que  los acusados si tuvieron tiempo y modo de cometer el ilícito, ya  que  todas las declaraciones con que pretendían demostrar lo contrario, así lo  dejan  establecido,  ya  que si bien MANUEL fue visto en horas de la mañana, no  lo  fue  en  las  horas  en que se cometió el ilícito y los otros dos acusados  colo  (sic)  fueron  vistos aproximadamente a las cuatro de la tarde, existiendo  tiempo  más  que  suficiente  para  ir  y  volver  del  sitio donde ocurrió el  ilícito,   habida   cuenta   de   que   el   asalto   no  duró  más  de  diez  minutos….”.   

         También  en  la  decisión  de segunda instancia se abordó dicho  aspecto  a  partir  de las explicaciones del entonces acusado, quien sostuvo que  en   el   instante   de   los  sucesos  “pañaba”  tabaco  con  TRIUNFO    CHAPARRO,   como   podían  atestiguarlo  Ariosto  Manrique  Rivera y Mario Manrique Morantes, de quienes el  ad  quem  concluyó  su  falta  de veracidad por los vínculos de parentesco con  MANRIQUE  LÓPEZ,  pero  primordialmente,  por  las  contradicciones  en los aspectos sustanciales de sus  relatos.   De  ahí  que  afirmara   en  la sentencia de segundo grado  “que conlleva es la no demostración excusante del  comprometido”.   

         3.   Alejándose  de  la  causal  de  revisión  invocada y a  partir  del  testimonio  extra  judicial  de Lucinio Corzo Gómez, el demandante  aduce  que  el fallo atacado encontró asidero en la versión mendaz del testigo  Heráclito  Chaparro,  de  quien  insinúa  recibió  dinero  de la esposa de la  víctima  a  cambio  de incriminar a su defendido.  Planteamiento en el que  pasó  por  alto que si pretendía la remoción de la sentencia condenatoria por  estimarla  sustentada  en  esta  prueba falsa, le correspondía acreditarlo así  mediante decisión judicial ejecutoriada.     

         En  otros términos, de acuerdo con el  criterio  acuñado  de  antaño  por  la  Sala,  no le basta  con aducir la  falsedad  del  medio  demostrativo  tenido  en  cuenta  por  los juzgadores como  fundamento  de  la  providencia  en  firme,  sino  que le resultaba “preciso  agotar  anticipadamente  todo un debate procesal hasta  contar  con  el fallo en firme dentro del cual se de por cierto y demostrado que  al  proceso  de origen se impidió el conocimiento de la verdad real mediante la  aportación  de  medios  mentirosos o falaces…”2 .   

         No  sobra  añadir  en  todo  caso,  que este cuestionamiento a la  versión  del  citado  y  de  su  menor  hija  Excelina Chaparro no fue ajeno al  análisis  de  los juzgadores por haber sido invocado durante las instancias, de  manera que en su momento halló la siguiente réplica:   

“La  aseveración hecha por la defensora  sobre   la   presunta  “compra”  de  esta  declaración  no  merece  ninguna  consideración  del  Despacho  pues no fue ratificada, ni fundamentada.  No  existe  en  el  proceso  ningún  indicio  de  que la familia del occiso tuviera  interés  particular  en perjudicar precisamente a los acusados, cuando antes ni  siquiera  los  conocían. Además como adelante se analizará, esta declaración  coincide  en  forma  nítida  con  las  otras  declaraciones  que  tienen alguna  referencia a los mismos puntos…”.   

         

         4.   Además de las impropiedades  anteriores,  el  demandante  incurrió  en el desatino de presentar argumentos a  través  de  los  cuales  pretende  un  nuevo  e  inoportuno  examen  del acervo  probatorio,  toda vez que a la manera de un alegato de instancia sostiene que la  prueba  de  cargo  se ofrece deleznable, porque “no  existe,  ni  siquiera un indicio, que sea grave y serio en las condiciones de la  ley”,   para   forjar   la   certeza   sobre   la  responsabilidad  penal  de su asistido.   Similares consideraciones se  pregonan  frente  a  los  reparos  que  eleva  el  actor  a  los reconocimientos  efectuados   con   los   sindicados   sin   la   presencia  de  un  “defensor  idóneo”,  al igual que  frente  a  la  sugerida  ausencia  de  defensa  técnica, perdiendo de vista que  escapa  al  ámbito de la revisión la corrección de errores de procedimiento o  en la formación de la prueba.   

         En  síntesis, el demandante en manera  alguna  satisfizo  los  presupuestos  para la admisión del libelo presentado en  defensa    del    sentenciado   GRACIANO   MANRIQUE  LÓPEZ.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

         1.    INADMITIR la demanda de  revisión  presentada  por  el  doctor  Roberto Cárdenas Ulloa en nombre de los  sentenciados  MANUEL  MANRIQUE  LÓPEZ  y  TRIUNFO CHAPARRO FLÓREZ,   por  carecer  de  poder  para  actuar en representación de los mismos.   

          2.   Reconocer  al  Dr.  Roberto  Cárdenas  Ulloa como defensor del condenado GRACIANO  MANRIQUE  LÓPEZ, en los términos y para los efectos  del poder conferido por su representado.   

               3.        INADMITIR  la  demanda  de  revisión  presentada   en   nombre  del  sentenciado  GRACIANO  MANRIQUE   LÓPEZ,   de   acuerdo   con   las   motivaciones consignadas en la parte motiva de esta providencia.   

        Notifíquese y cúmplase.   

         Contra     esta     providencia     procede    el    recurso    de  reposición.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                         CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                           ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                    NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1   En  ese  sentido,  entre  otros,   los  autos  de  marzo 10 de 1998, M.P. Dr. Nilson  Pinilla  Pinilla,  radicado  14.009;  diciembre  16  de 1998, M.P. Dr. Carlos E.  Mejía  Escobar,  radicado  15.192;  julio  6  de 1999, M.P. Dr. Ricardo Calvete  Rangel,  radicado  15.921;  septiembre 20 de 2000, M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego; cfr. julio 23 de 2001, radicado 18.216.   

2  Auto  del  7  de  julio  de  1994,  M.P.  Dr. Juan Manuel Torres  Fresneda, radicado 9.518     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *