17468nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17468  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 198  

          Bogotá,    D.C,    noviembre    veintitrés   (23)   de   dos   mil  (2000).   

VISTOS  

          Resuelve  la  Sala  la solicitud de cambio de radicación presentada  por  una  Fiscal Especializada adscrita a la Unidad Nacional de Derechos Humanos  de la Fiscalía General de la Nación.   

ANTEDECENTES  Y SOLICITUD   

Según  la  documentación  allegada  con la  referida  solicitud,  se  tiene  que a la investigación adelantada con ocasión  del  secuestro de que fue objeto el ciudadano Sixto Tulio Quintero Rengifo en la  ciudad  de  Valledupar  el  27  de  enero  de  1998, fue vinculado en calidad de  sindicado, entre otros, MIGUEL CASTRO GNECCO.   

          La  Fiscalía  Especializada  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos  a cuyo cargo estuvo la etapa instructiva, mediante resolución de enero  25  del  año en curso, acusó formalmente al antes nombrado como presunto autor  responsable   del   concurso  de  secuestro  extorsivo  y   concierto  para  delinquir  en  la modalidad de los incisos 3° y 4° del artículo 168 del C. de  P. P., modificado por el artículo 8° de la Ley 365 de 1997.   

En  la  misma  oportunidad  se  precluyó la  investigación    por    la   muerte   violenta   del   plagiado,   “por  no  encontrar suficiente prueba que lo señale como autor de  ese  delito”,  según  la precisión contenida en la  referida resolución calificatoria.   

         

          Remitidas  las  diligencias al Juez Penal del Circuito Especializado  de  Valledupar,   competente para adelantar la etapa de la causa por razón  del  territorio  y la naturaleza de los delitos, la  fiscal acusadora   le  solicitó  el  cambio  de  radicación  aduciendo  para ello las razones que  concreta en el siguiente aparte del respectivo escrito:   

“Primero:  Calidad  del  sindicado, MIGUEL  CASTRO  GNECCO,  goza  de reconocimiento público, se sabe plenamente que es una  personas  (sic)  con extirpe arraigada en esa región, su prestigiosa familia es  reconocida  en  todos  los  ámbitos  sociales,  políticos y económicos de esa  región,  sus  primos  y  parientes  cercanos ejercen cargos públicos (de) alto  rango.   

Segundo: La calidad de la víctima, se trata  de  SIXTO  TULIO  QUINTERO,  anciano  ampliamente  conocido  en el ámbito de la  sociedad  urapense,  y  quien gozaba también de un pleno respeto y afecto entre  su (sic) conciudadanos.   

Tercero.-  Muerte de los testigos, el primer  declarante  que dio luces a la investigación, y que esta determinado dentro del  proceso  CESAR  AUGUSTO  MOLINA  AROCA,  fue  vilmente  asesinado  el día 14 de  octubre de 1998, en VALLEDUPAR.   

Cuarto:  Muerte  de  RUBEN  DARIO  QUINTERO  FUENTES,  hijo  de  SIXTO  TULIO QUINTERO RENGIFO, asesinado en Bogotá el 14 de  octubre  de  1999,  después  de  haberse  ratificado  en todo el contexto de su  declaración  en  este  despacho  Fiscal  dos días antes, investigación que se  adelanta en otro despacho fiscal de la Unidad de Derechos Humanos.   

Quinto:  Amenazas, se tiene conocimiento que  el  hermano,  esposa  e hijos de RUBEN QUINTERO, tramitan diligencias para salir  del país por amenazas recibidas”.   

Con  fundamento  en  el  artículo  85  del  estatuto  procesal  penal,  el Juzgado Penal Especializado remitió la solicitud  al  superior  funcional,  pero  el  Tribunal Superior de Valledupar al encontrar  atribuida  la  competencia para conocer de esta clase de procesos a los Juzgados  Penales  del  Circuito Especializados, según lo previsto en el artículo 71 del  C.  de  P.  P., modificado por el 5° de la Ley 504 de 1999, y considerar que no  podía  ser  variada  por  virtud del trámite de cambio de radicación toda vez  que  no  funcionaba  sino un solo juzgado de esa especialidad en el Departamento  del  Cesar,  a  su  turno, remitió las diligencias a esta Corporación para los  efectos propios del presente trámite.   

Ante  la  Corte  concurrió  el defensor del  procesado  MIGUEL  CASTRO  GNECCO  para  oponerse  al  cambio  solicitado por la  Fiscalía,  aduciendo  fundamentalmente  que  no  se demostraron los motivos que  sustentan  la  petición porque, en primer lugar, no obstante ser cierto que dos  de  los  testigos  fallecieron  con  posterioridad a sus intervenciones, ninguna  vinculación  con  los hechos objeto de investigación se logró demostrar menos  cuando  los  homicidios ocurrieron en sitios diferentes a aquel donde se tramita  el proceso, y por causas totalmente ajenas a la misma.   

Al   referirse  a  las  amenazas de que  según  la  peticionaria  han  sido objeto algunos parientes del secuestrado, el  defensor  rechaza el argumento porque su vaguedad impide conocer el destinatario  de  las  mismas  y  también su intensidad, amén de que, en todo caso, ellas no  están dirigidas contra los sujetos procesales.   

Así,  como  en  su criterio no se configura  ninguna  de  las causales previstas en el artículo 83 del C. de P. P., o lo que  es  lo  mismo, nada demuestra la necesidad de variar la radicación del proceso,  solicita  de  la  Sala se desestime la petición que, de otra parte, se sustenta  en  simples  conjeturas  y frágiles e injurídicos argumentos sin potencialidad  para   poner   en  entredicho  “la  imparcialidad  y  honestidad de la funcionaria sentenciadora”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En  torno  a  la  competencia  de  la  Sala para decidir el presente  trámite  incidental  en forma directa, esto es, sin la intervención previa del  superior  funcional  del  juez  que  adelanta  la etapa de juzgamiento del   proceso  adelantado contra MIGUEL CASTRO GNECCO, obligado se impone precisar que  ello   obedece   a   una   situación   asaz   particular,   como   se  verá  a  continuación.   

En  efecto,  se  trata  en  este caso de una  investigación   por  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  concierto  para  delinquir,  cuyo  conocimiento  en  la  etapa  de  juzgamiento corresponde a los  Jueces  Penales del Circuito Especializados, al tenor de la previsión contenida  en  el  artículo  71  del  estatuto  procedimental  penal,  modificado  por  el  artículo 5° de la Ley 504 de 1999.   

Según  el  Acuerdo  527  de 1999 de la Sala  Administrativa  del  Consejo Superior de la Judicatura,  por medio del cual  se  crearon  y  organizaron  los  circuitos  penales  especializados  en todo el  territorio  nacional en cumplimiento de lo establecido en la Ley 504 de 1999, se  creó    el    Distrito    Judicial    de    Valledupar,    “cuya  cabecera  es la ciudad del mismo nombre, con competencia sobre  los municipos que conforman el Distrito Judicial de Valledupar”.   

Posteriormente, a través del Acuerdo 531 del  mismo  año,  teniendo  en  cuenta  “la  demanda  de  justicia  no  satisfecha,  las  cargas  de  trabajo, el costo de operación y lo  preceptuado   en  el  artículo  41  de la Ley 504 de 1999”, el   Consejo  Superior  de  la  Judicatura  estableció  el  número  de   juzgados,  señalándose  para  el  Distrito Judicial referido un solo  despacho de aquella especialidad.   

Finalmente,  por   Acuerdo  No. 532 del  citado   año,   se   conformaron  los  referidos  despachos  a  través  de  la  transformación  de  los  juzgados regionales, siendo del caso resaltar que para  la  sede  donde  se  tramita  este proceso se dispuso lo siguiente: “De  la  conversión  del  Juzgado  Quinto Regional de Cúcuta, el  cual  se  denominará  en  adelante Juzgado Penal del Circuito Especializado del  Circuito   Penal   Especializado   de  Valledupar,  con  sede  en  Valledupar”  (sic).   

Así  pues,  si en el Departamento del Cesar  funciona  exclusivamente  un  Juzgado  de la categoría a la cual corresponde el  trámite   de   esta   causa   adelantada  contra  MIGUEL   CASTRO  GNECCO,  innecesaria  se  ofrecía  la  intervención  previa  del  Tribunal  Superior de  Valledupar,  pues  en el evento de resultar exitosa la petición de la fiscalía  que  no  incluyó  señalamiento  de  despacho  judicial  alguno  donde  pudiera  radicarse  el  proceso,  la  remoción   hacia otro Distrito Judicial sólo  podría  ser  dispuesta  por  la  Corte, porque en ella radica privativamente la  facultad para proveer en tal sentido.   

Precisado lo anterior, se tiene que, como lo  ha  reiterado la Sala, la finalidad del instituto procesal de que ahora se trata  constituye  una  excepción al principio del juez natural desde la óptica de la  competencia   por   razón   del   territorio,  con  el  fin  de  garantizar  la  consolidación  de  la   administración  de  justicia,  ajena  a cualquier  factor  de  perturbación  que  pueda  incidir en el debido proceso, la vida del  justiciable  o el orden público.    

Es así como para garantizar incólumes estos  cometidos,  la procedencia del instituto depende de la certera demostración por  parte  del  peticionario,  que bien puede ser uno de los sujetos procesales o el  mismo  juez de la causa, de los supuestos de hecho que a la luz de la preceptiva  del  artículo  83  del estatuto procesal penal autorizan esta medida residual y  extrema,     esto     es,     porque     se     acrediten      “circunstancias   que   puedan   afectar  el  orden  público,  la  imparcialidad  o  la  independencia  de  la  administración  de  justicia,  las  garantías   procesales,   la  publicidad  del  juzgamiento,  la  seguridad  del  sindicado o su integridad personal”.   

Y   la  acreditación  de  esas  taxativas  circunstancias   corresponde   al   peticionario,  porque  durante  el  trámite  incidental  previsto  para  definir su procedencia no existe etapa probatoria, y  la   Corte   carece   de   facultades  para  suplir  las  deficiencias  en  esta  materia.   

          Ahora  bien,  en  relación  con  la  solicitud  que  ahora ocupa la  atención  de  la  Sala,  como  bien lo señala el defensor del procesado CASTRO  GNECCO,  de  bulto  surge  su  inconsistencia  e  imprecisión,  pues además de  incluir  motivos  no previstos por la ley, en cuanto a los que sí lo están, el  respectivo  escrito  se limita a la nuda mención de los mismos, sin señalar el  efecto  que éstos pudieran  tener en la actividad judicial que se pretende  precaver.   

          Es  así  como  al hacer referencia a las condiciones personales del  procesado,  el  enunciado  se  queda  en  la  simple mención de que se trata de  persona  prestigiosa  y  con  amplio  reconocimiento  en los círculos sociales,  políticos  y  económicos  de  la región del Cesar, sin que se ensaye siquiera  una  presentación  de  las  consecuencias  mínimas  que  ello pudiera tener en  relación  con  la  imparcialidad e independencia de la juez a cuyo cargo quedó  la  etapa  de  juzgamiento,  condiciones  de  las cuales la fiscal incluso no se  atreve a dudar.   

Como  ya sobre situaciones similares la Sala  ha  consignado  su  criterio  para  concluir  en  la  improcedencia de la medida  solicitada  por  este  aspecto,  suficiente  resulta  traer  a  colación lo que  entonces    se    dijo    con   ponencia   de   quien   ahora   cumple   similar  cometido:   

“En realidad, no resulta sensato aducir que  el  poder  político  de  un  personaje  de  la  región  puede poner en vilo la  independencia  o  imparcialidad de los funcionarios judiciales, como sentimiento  motivado  en  esa  mera  consideración,  porque  ello  equivale a decir que los  administradores  de  justicia no quieren exponerse cuando se trata de investigar  a  quienes  están vinculados de una u otra manera con el poder, sin que existan  razones   objetivas   y   manifiestas   de  intereses,  lazos  o  perturbaciones  generalizadas  puestas  por  órganos  que  institucionalmente  deben  apoyar la  administración  de  justicia  (corrupción  grave  de  los  cuerpos de policía  judicial,  por ejemplo), que por sus dimensiones sí comprometen extendiblemente  la   capacidad   de   acción   de   un   número  indeterminado  de  servidores  judiciales.   

Semejante pretexto, sí que desprestigiaría  la  administración  de  justicia,  porque,  de  un   lado,  le  queda a la  comunidad  esa  amarga  sensación  de  una  discriminación en el ejercicio del  poder  punitivo,  en atención a la posición social, política o económica del  imputado,  y  de  otra  parte, a quienes tal privilegio detentan, el regocijo de  que,  por  su  sola  condición  y  la  exteriorizada  incomodidad  de  sentirse  investigados,  bastaría  para inhabilitad a los jueces, sin que por los actores  se  hayan  desplegado  acciones  claras  de  obstaculización  a la marcha de la  administración  de  justicia,  las  cuales  deben ser generalizadas, porque, en  tratándose   del   cambio  de  radicación,  no  se  trata  de  descalificar  a  funcionarios  individualmente  considerados  sino  a  todos  los  que  tienen la  facultad   de  resolver  conflictos  en  la  región”  (Auto  de  marzo  2  de  1999).   

Si  en  este  caso  no  se  ha  demostrado  contubernio  alguno entre los miembros del grupo Gaula al mando del Mayor Miguel  Angarita  Santos  y  la  juez  de  la  causa, pues lo que muestra el informe del  C.T.I.  allegado  como  prueba  es  que la amistad que se cuestiona se dio entre  este   oficial   y   el   procesado  CASTRO  GNECCO,  la  conclusión  sobre  la  improcedencia  se impone con mayor énfasis con sustento en el anterior criterio  interpretativo.   

Tampoco  logran  el  objetivo  propuesto las  consideraciones  sobre las condiciones personales de la víctima del secuestro o  la    muerte    violenta    de    algunos    de    los   testigos   –acontecimiento   este   último  cuya  relación   con  el  proceso  cuestiona  el  defensor-;  lo  primero,  porque  a  apreciaciones  de  ese  jaez la ley no le ha atribuido connotación alguna capaz  de  promover  la  remoción  de  la  sede  de  un  juzgamiento, y en cuanto a lo  segundo,  los  factores  de seguridad o de protección a la integridad personal,  como   motivo   para   variar  la  radicación  de  un  proceso,  se  encuentran  exclusivamente  referidos  al  sindicado  y sólo para cuando ello pueda afectar  las garantías procesales que le son inherentes.   

En  cuanto a la  genérica referencia a  amenazas  de  que  supuestamente  han sido víctimas parientes del plagiado, que  han  originado  trámites  para  salir  del  país,  su  inidoneidad  para   modificar  la  competencia  por  razón  del  territorio  deviene, además de lo  señalado  en precedencia, de la falta de vínculo con la seguridad o integridad  del  enjuiciado,  que  es  en  la  que  la  ley finca el fundamento de la medida  residual y extrema que se estudia.   

Con  base  en  los  argumentos que vienen de  exponerse, el cambio de radicación solicitado será negado.   

          En  mérito a lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          Primero.-  Negar  el  cambio  de  radicación del proceso adelantado  contra  MIGUEL  CASTRO GNECCO por los delitos de secuestro extorsivo y concierto  para  delinquir, solicitado por la Fiscalía Especializada de la Unidad Nacional  de Derechos Humanos.   

Segundo.-             Remitir la presente actuación al  Juzgado Penal del Circuito Especializado de Valledupar.   

Cópiese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                                 JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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