17278dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17278  

           CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                               Magistrado Ponente   

                               Dr. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                               Aprobado Acta No.203   

Bogotá,D.C., cuatro (4) de diciembre de dos  mil (2.000).   

          VISTOS:   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de casación presentada por la defensora de JOSE JOAQUIN  RODRIGUEZ  HORTUA  contra  la  sentencia  del  Tribunal Superior de esta capital  fechada  el  4  de  febrero del año en curso, por medio de la cual confirmó el  fallo  dictado  por  el Juzgado 35 Penal del Circuito el 19 de octubre de 1.999,  que  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  40  años  de prisión como autor  responsable del delito de homicidio agravado.   

          HECHOS:   

La síntesis que de ellos hace el Tribunal en  la sentencia es del siguiente tenor:   

“Obra  en el proceso que el día 3 de agosto  de  1.998,  en  la  transversal 17 No.163 D 61, de ésta ciudad, se precticó el  levantamiento  del  cadáver  de quien en vida se llamó LUZ MARINA GAITAN BOSA,  por  aviso  que diera su compañero permanente JOSE JOAQUIN RODRIGUEZ, residente  en  la  misma dirección. El cadáver se encontró en la cama en donde la occisa  dormía,  con  su  menor hija y presentaba como causa posible de muerte violenta  producida con arma de fuego.   

Desde  el  momento  mismo  en que se hizo el  levantamiento  del  cadáver  de  la  occisa  se dejó constancia en el acta del  posible  autor  del ilícito, señalando a su compañero permanente JOSE JOAQUIN  RODRIGUEZ HORTUA.   

Se encaminó la investigación en contra del  procesado  porque  sólo  él,  con  su  hija,  se encontraban en el lugar de la  tragedia,  tenía motivos para matarla originados en las malas relaciones con su  pareja  producidos por la celotipia que padecía y el anuncio que la víctima le  hiciera  pocas  horas antes, de su perentoria partida del inmueble. Como posible  móvil  del  homicidio  informó  el  procesado,  inicialmente,  a  sus vecinos,  parientes  y  autoridades  la  probable aparición de extraños con el ánimo de  robar”.   

         DEMANDA:   

Tres  son  los  cargos  que la defensora del  procesado  RODRIGUEZ  HORTUA propone contra la sentencia objeto de la casación,  con  fundamento en la causal primera del art. 220 del C. de P.P. (modificado por  el  art.  3� de la Ley 553  del  año  en  curso),  de  ser  violatoria  por  la  vía  indirecta  de la ley  sustancial.   

Acusa     en     el     primer  reproche el fallo por manifiesto  error  de  hecho  en  la  apreciación de las pruebas, derivado de “desconocer o  negar  valor  probatorio  a  los dictámenes periciales rendidos por los peritos  del  Instituto  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses  y  de  la  División  Criminalística  de  la Dirección General de Investigaciones del DAS, error que  lo  condujo  a  violar los arts. 246, 247, 248 y 445 del C. de P.P. y de contera  los arts. 29, 228 y 30 de la Constitución Política”.   

De acuerdo con dichos experticios se sabe que  en  el  cuerpo  de  la  víctima  fueron  halladas partículas integrantes de un  cartucho  de  carga  múltiple  propio  de  una escopeta, también que según el  análisis   instrumental  para  residuos  de  disparo  por  absorción  atómica  practicado  al  procesado  fue  negativo. Sin embargo, dichas pruebas “no fueron  siquiera  tenidas  en  cuenta  por  el  Tribunal”,  siendo  descartadas  con  el  argumento  de que la camisa que tenía puesta el imputado “no necesariamente era  la  que  llevaba”  cuando  disparó  el  arma,  siendo  que  este  asunto no fue  demostrado  en  el  proceso  y  sin  considerar  que  dicha prueba técnica bien  valorada,   dada   su   objetividad,   permite   “no   dejar  a  la  deriva  una  responsabilidad” como la atribuída.   

Desecharon pues los sentenciadores la prueba  técnica,  asegura,  sin  hacer  reparo alguno a la misma ni desvirtuar su valor  científico,  sustentando  la condena en diversos indicios construídos a partir  del “chisme” y la “conjetura”.   

En        el        segundo  reproche, también esbozado por  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  bajo la misma cita de  preceptos  vulnerados,  recuerda  el  actor  que el Tribunal habría tenido como  fundamentos  de  la  sentencia  los  indicios  de  móvil y mala justificación,  deducidos  de  los  testimonios  rendidos  por Francia Liliana y María Victoria  Rodríguez, Israel Gaitán, Emilce y Luis Alfonso Quiroga.   

Critica el actor la valoración de la prueba  testimonial  y la indiciaria, pues estima que las desaveniencias existentes eran  las  normales  entre  una  pareja,  pero  no  para concluir que en razón de las  mismas  se  fuese  a  llegar  a  un  homicidio.  Encuentra también, que dado lo  imprevisto  del  crimen  pueda  entenderse según la versión del procesado, que  éste  no hubiera observado las características del asaltante, ni dado voces de  auxilio,    ni    hubiese    trasladado    a    la    occisa    a    un   centro  hospitalario.     

Estima,  pues, que no obra plena prueba para  condenar  y  un  fallo  de  tales  características  “no  puede  apoyarse en una  estructura  procesal  débil  carcomida  por  elementos  probatorios fácilmente  deleznables”,  como  los  que componen este proceso, máxime cuando los indicios  no  comportan  la  simple  subjetividad  del intérprete y no es viable condenar  mediando la duda.   

A     través     del     tercer  cargo  aducido, afirma el censor  haber  incurrido el Tribunal en error de hecho “por falso juicio de identidad al  suponerse  una  prueba,  la  del  agravante  previsto  en el artículo 324.7 del  Código  Penal”. Así, reconoce que si bien para el a quo el delito de homicidio  merece  una mayor sanción dado que se ejecutó cuando la mujer se encontraba en  “profundo  sueño”,  esto  es,  en  estado  de indefensión, no menciona en qué  prueba  funda tal afirmación, incurriendo, según el demandante, “en manifiesto  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad al suponer” dicha probanza y la  “allegada  al  plenario  carece  de una sólida demostración jurídica procesal  sobre  el  aspecto  relacionado  con  el agravante aducido a mi defendido”, y el  único  elemento  obrante  en  dicho  sentido  es  la  anotación  en el acta de  inspección  al  cadáver,  según  el  cual el cuerpo presentaba un “aspecto de  tranquilidad, como si durmiera plácidamente”.   

Por tanto, en su concepto, se “presenta así  un  error  improcedendo  (sic)  o  de  actividad  configurado  por  la  falta de  sustentación del agravante” por parte de los sentenciadores.   

Solicita  a  la  Corte, en consecuencia, que  case la sentencia y se dicte la que deba reemplazarla.   

         CONSIDERACIONES:   

1.    Es  verdaderamente  notable  la  falta  de técnica que se advierte en el escrito de  demanda  presentado  por  la  defensora del procesado RODRIGUEZ HORTUA, toda vez  que  la  proposición  de  las  tres  censuras  intentadas  contra  el fallo del  Tribunal,  si bien lo ha sido con sustento en la primera causal del art. 220 del  C.  de P.P. (modificado por el art. 3 de la Ley 553 del 2.000), específicamente  por  violación indirecta de la ley sustancial, acusando la presencia de errores  de  hecho,  este  marco  de  ataque  no  guarda  ninguna  correspondencia con el  fundamento que dice servir para demostrarlas.   

2.  En efecto, el  primer  reparo  se  supone  postulado   por   omisión   probatoria  y  está  referido  a  los  dictámenes  periciales.  No  obstante, simultáneamente reclama el actor habérsele negado a  esta  prueba  “el  valor  científico”  que  le  correspondía,  terminando  por  descalificar  el análisis efectuado por el sentenciador al momento de sopesarla  de   manera   conjunta  con  los  demás  elementos  de  convicción  allegados.   

No se trata, como es manifiesto, de un yerro  fáctico  oponible  al  fallo  por  vía  de  casación,  sino de la discrepante  postura  del  demandante  con la valoración de la diversa prueba acopiada en el  proceso,  siendo  este  un  aspecto  que  no guarda ningún nexo con el marco de  ataque    inicialmente    fijado   y   que   por   lo   mismo   no   puede   ser  admitido.   

3. Lo propio sucede  con  el  segundo  reproche  también  por  error de hecho planteado, en donde el cuestionamiento que se hace  al  fallo,  que  lo  es  de  índole  ciertamente probatorio, ya no define si la  “apreciación   errada”   de   la   prueba   es   por  omisión,  suposición  o  tergiversación,  sino  que decididamente expresa la controversia en el plano de  la  valoración a la prueba testimonial e indiciaria, aspecto sobre el cual, una  vez  más debe la Sala reiterarlo, no es viable un ataque en casación, toda vez  que  mientras el sentenciador respete los principios de la ciencia, la lógica y  la  experiencia,  es  decir,  la  sana  crítica, el mérito que le asigne a los  diversos  medios  no  puede  ser  materia  de  refutación  por  esta vía, pues  ciertamente  no  corresponde  a  ninguno  de los supuestos que el yerro fáctico  admite.    

4. Por último, en  lo  atinente  con la tercera  censura,  aun  cuando la casacionista procura determinar la índole del error de  hecho  que  aduce,  manifestando que se trata de un “falso juicio  de   identidad   al  suponerse una prueba”, particularmente la del agravante del  homicidio   imputado   a   su   cliente,  en  dicho  aserto  está  inmersa  una  contradicción,  como  que  el falso juicio de  identidad tiene que ver con  el  contenido  objetivo  de  la  prueba,  que  es obviamente diverso al hecho de  suponers  su   existencia.  Pero  además, a renglón seguido igual termina  por  discrepar  con  la posibilidad de que en la anotación dejada en el acta de  inspección  al  cadáver  se  dejara  una  constancia sobre el estado en que se  apreciaba  la  víctima  al  momento  de producirse el levantamiento, pues en su  criterio  se  trata  de  un  aspecto que no prueba la indefensión, concluyendo,  para   mayor    equívoco  y  perplejidad,  en  que  el  error  acusado  es  “improcedendo   (sic) o de actividad configurado por falta de sustentación  del  agravante”,  toda  vez  que  esta  afirmación  desvía la censura hacia la  causal  tercera  que  no  ha sido propuesta, estableciendo  así una mezcla  indebida  de  causales,  que  impiden  cualquier posibilidad de respuesta.    

En  estas  condiciones  y al no reunirse los  requisitos  formales  de  la  demanda  señalados por el art. 225 del C. de P.P.  (modificado   por   el   art.8   de   la   Ley   553/2.000),   la   misma  ser{a  inadmitida.   

En razón y mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, en SALA DE CASACION PENAL,   

        RESUELVE:   

INADMITIR la demanda de casación presentada  por la defensora de JOSE JOAQUIN RODRIGUEZ HORTUA.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  Comuníquese  y  devulvase  el  expediente al Tribunal de origen.   

          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE           JORGE   ANíBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES              CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN               NILSON PINILLA PINILLA    

        Teresa Ruiz Núñez   

        Secretaria     

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