17098(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 17098  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 103  

         Bogotá, D.C., veintitrés (23) de julio  de dos mil uno (2001).   

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la admisibilidad de las demandas de  casación    que    presentaron   el   defensor   del   procesado   Juan  Alberto  Gómez  Martínez,  y  el  mandatario  judicial  de  la  sociedad Vigilancia y Administración de Inmuebles  V.A.I. Limitada, en su calidad de tercero civilmente responsable.   

HECHOS  

          Dan  cuenta los autos que en la noche del 24 de abril de 1995, Jhon  Omar  Torres  Romero,  Juan  Humberto  Forero  Perdomo,  Edwuin  Fernando Torres  Romero,  Miguel  Rodríguez,  Francisco  Hernando  y  Jonnathan André Alcárcel  Gutiérrez  se dedicaron a ingerir licor y a escuchar música dentro  de un  vehículo  estacionado  en  inmediaciones del edificio ubicado en la carrera 101  No.  82-52  de  la  Urbanización  Bochica  III, manzana 7 de esta ciudad, donde  recibieron  el llamado de atención de la Policía por perturbar la tranquilidad  del  sector  ante  el  exagerado  volumen  del equipo de sonido; por tal razón,  pretendieron  ingresar  al  conjunto donde residían algunos de los miembros del  grupo,  sin  embargo, el celador de turno Juan Alberto  Gómez  Martínez se opuso a ello pues carecían de la  ficha  correspondiente  y  el  vehículo  no  era de propiedad de ninguno de los  moradores del lugar.     

          Los   jóvenes  continuaron   el  consumo  de  bebidas  embriagantes en el exterior del lugar, y al intervenir una  vez  más  los agentes del orden para solicitarles moderación, se instalaron en  uno  de  los  apartamentos  de  la  agrupación  residencial  para  proseguir la  reunión hasta la madrugada del día siguiente.   

          En  las primeras horas del 25 de abril de 1995 Juan Humberto Forero  Perdomo  se  percató  del  hurto del radio instalado en el automotor y  de  algunas  herramientas,  y en compañía de Jhon Omar Torres Romero se dirigieron  a  la  portería del Conjunto a elevar el correspondiente reclamo, suscitándose  entonces   un   altercado  con  el  vigilante  Gómez  Martínez  que  pronto  desencadenó  en la agresión  física.   La  disputa  finalizó  cuando  el  celador  utilizó el arma de  dotación  causando  la  muerte  a  Torres  Romero  y  graves  lesiones a Forero  Perdomo.   

ANTECEDENTES  PROCESALES   

          1.   La  Fiscalía  Seccional  de  Bogotá  abrió  la  investigación,  escuchó  en  indagatoria  a  Gómez   Martínez   y   resolvió   su  situación  jurídica  con  detención preventiva por los delitos de homicidio y  lesiones personales.   

         Clausurado  el  sumario  el  instructor  calificó  su  mérito probatorio con resolución de acusación.  Le dedujo  al  sindicado  la  autoría  de  los  hechos  punibles imputados en la medida de  aseguramiento  y  le  reconoció  el exceso en la causal de justificación de la  legítima defensa.   

          2.   El  Juzgado  12 Penal del Circuito de Bogotá celebró la  audiencia  pública  y  profirió  el  fallo  de fecha mayo 20 de 1999 en el que  absolvió  al  enjuiciado Gómez Martínez.   

         El Tribunal Superior de Bogotá conoció  de  la  sentencia  por virtud de la apelación interpuesta por los apoderados de  quienes  se  constituyeron  en parte civil, y en providencia del 6 de septiembre  de  1999  la  revocó  para  condenar  al procesado a la pena principal de cinco  años  de  prisión como autor de los delitos de homicidio y lesiones personales  cometidos  bajo  la  circunstancia atenuante atrás enunciada.  Así mismo,  le  impuso  la  obligación de indemnizar a Juan Humberto Forero Perdomo en suma  equivalente  en  moneda  nacional  a  mil ciento veintiún (1121) gramos oro por  concepto  de  los  daños materiales y morales; y la de cancelar a los herederos  de  Jhon  Omar  Torres  Romero  un total de ochocientos veinticinco (825) gramos  oro.   

          Finalmente,  el  Tribunal  condenó  a  la  empresa  de  Vigilancia  Administración   de   Inmuebles   V.A.I.   Limitada,  como  tercero  civilmente  responsable,    a    pagar    en    forma    solidaria    los   valores   atrás  precisados.   

LAS DEMANDAS  

Inconformes  con  el  fallo  del ad quem, el  defensor  del  acriminado  y  el  mandatario  judicial de la sociedad mencionada  interpusieron  el  recurso de casación.  En forma oportuna presentaron las  demandas   sobre   cuya   admisibilidad   se   pronuncia   la   Corte   en  esta  providencia.   

1.   Demanda  del  defensor del procesado Gómez Martínez.   

          Con  apoyo  en la causal primera de casación del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  cuerpo segundo, el demandante acusa la   violación   indirecta   de   la   ley   sustancial,  por  exclusión  evidente,  “de  la  norma  contenida  en  el  numeral  4º del  artículo   29   del   Código   Penal,   puesta   en   relación   –  de  manera  alternativa  –  con  la  prevista     en     el     artículo    30”   ibídem.   

         Cita como preceptos infringidos en forma  mediata  los  artículos  248,  294,  300,  302  y  303 del C. de P.P.; denuncia  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  identidad  y  de  existencia en la  estimación  de  las  pruebas  testimonial  e  indiciaria;  y  en  la pretendida  sustentación   de   tales  reproches  divide  el  libelo  en  varios  acápites  así:   

          1.   Errores en la estimación de los testimonios.           

          El  casacionista indica que el Tribunal se abstuvo de considerar un  “cúmulo      de     testimonios”  recaudados  en  el  proceso, pero destaca también, seguidamente,  que  en  las consideraciones del fallo impugnado se echa de menos el apoyo de la  sana  crítica  pues se trata de un discurrir subjetivo a través del cual se le  negó la legítima defensa a su asistido.   

          Posteriormente   transcribe   algunos   apartes   de  la  sentencia  recurrida,  y  plantea  sus  apreciaciones  personales  sobre  la  gravedad,  la  actualidad  e  inminencia  de  la agresión de la que fue víctima el sindicado;  connotaciones  que  tienen  asidero, afirma, en las unívocas versiones de José  Vicente  Arévalo,  Heliodoro  Vega,  Carlos  Efrén Torres y Benicio Mestizo, a  partir   de   las   cuales   encuentra  demostrado  en  autos  que  Gómez  Martínez fue tildado de ladrón,  desalojado  de  su  caseta de vigilancia y sometido a una actitud violenta sobre  la cual se fundamentó el fallo absolutorio de primer grado.   

         Por  otra  parte,  asegura  que  el  juzgador  ad  quem  incurrió  también  en  un  error  de hecho por falso juicio de identidad que deriva de la  omitida  consideración  del  dicho del sindicado, específicamente, en aquellos  apartes que revelan la necesidad de la defensa.   

         2.     Errores    en    la    estimación    de   la   prueba  indiciaria.   

         Bajo  este  epígrafe señala que la sentencia de segundo grado se  apoyó  en  indicios “que adolecen de sinnúmero de  fallas  en  su  estructuración  y  valoración”, y  seguidamente,  anunció la demostración de errores de hecho por falso juicio de  identidad y de existencia.   

         En  el  desarrollo  argumentativo  de  este reproche el demandante  critica  las  afirmaciones  del  Tribunal  y postula su propia percepción de lo  acontecido,  concretamente,  disiente  de  las  consideraciones con apoyo en las  cuales  se  desestimó la legítima defensa; conclusión que el ad quem formuló  sin   considerar   la  calidad  de  las  obligaciones  y  responsabilidades  del  encausado,  así  como  la  paciencia  y  la  resistencia que desplegó ante los  embates de los jóvenes agresores.   

         3.   Errores  en  la  estimación  probatoria de indicios que  obran   a   favor  de  Gómez  Martínez.   

         El  censor  aduce,  por  último,  que  el  fallador  incurrió en  errores  de  hecho  por “falso juicio de existencia  …en   lo   tocante   con   la   valoración  de  circunstancias”  que comprueban el actuar del acusado bajo el amparo de la causal  de  justificación  prevista  en  el  numeral  4º  del artículo 29 del Código  Penal.    A   este   respecto   precisa  “las  siguientes equivocaciones:”   

         –   No  se  tuvo  en cuenta que el encausado trató por todos  los  medios  de  evitar  el trágico desenlace, y que la Fuerza Pública omitió  los   correctivos   del   caso   y   nada   hizo   para  prevenir  consecuencias  mayores.   

         –  Tampoco,  que  con  antelación a los sucesos el acriminado fue  instigado  y vejado por los jóvenes comprometidos en el incidente; provocación  constante  que  desestabilizó  el  ánimo  de Gómez  Martínez.   

         –   Se  prescindió  del  estado de ebriedad de los agresores  del  sindicado  a  pesar  que el alicoramiento deja a la deriva la voluntad y la  dirección de los actos.   

         –  Se  pasó por alto la circunstancia evidente de haber irrumpido  los  jóvenes  en  el  sitio de trabajo del celador, de donde lo expulsaron para  agredirlo, situación que implica una grave provocación.   

         Con  los  fundamentos reseñados el demandante solicita a la Corte  casar el fallo impugnado, y en su lugar, absolver al procesado.   

         2.  Demanda del tercero civilmente responsable.   

         El  apoderado del tercero civilmente responsable advierte que como  la  casación  tiene por objeto la indemnización de perjuicios decretados en la  sentencia  de  condena,  de  conformidad con el artículo 221 del C. de P.P. las  causales  y  la  cuantía  para  recurrir se regulan en el presente caso por las  disposiciones previstas para la casación civil.   

         A   partir   de  tal  premisa  acusa  la  violación  “directa  de  la  ley sustancial por exceso en la aplicación de  los  artículos  2347 y 2356 del Código Civil por errores evidentes de hecho en  la  interpretación  de la prueba”; sin embargo, en  otros  apartes  del  libelo  arguye indistintamente la falta de aplicación y la  “interpretación      indebida” de tales normas.   

         1.   En la sustentación del reproche el casacionista expresa  en   forma  reiterada  su  conformidad  con  el  fallo  absolutorio  de  primera  instancia,  del  que  predica  valoró  certeramente  los  elementos  de  juicio  aportados  a  las  diligencias,  e  indica  en  contraste, que hay situaciones y  circunstancias  atenuantes  favorables  al imputado que no fueron analizadas con  profundidad  en  la decisión del ad quem.  Transcribe luego los artículos  2347   y   2356   del  Código  Civil  referentes  a  la  responsabilidad  extra  contractual,  sobre  los  cuales  se  cimentó  la  condena  sin detenerse en un  análisis pormenorizado de las pruebas.   

         Plantea  que  el  autor del delito actuó en legítima defensa; de  igual  modo,  que  obró  dentro  de  los  márgenes de prudencia exigibles para  evitar  el  resultado  antijurídico causado y determinado por las provocaciones  de  los  jóvenes que para la noche de los sucesos departían bulliciosamente en  el    conjunto    residencial.       Aduce    también   que   la  responsabilidad  solidaria  impuesta  a  la  empresa que representa es injusta y  desconoce  la  verdadera  dimensión  de  los  sucesos, porque la actuación del  subalterno      Gómez     Martínez  no  desbordó  el cuidado que le era exigible en el manejo de la  situación ocurrida esa noche.   

         2.     Bajo    la    misma    censura    acusa   “errores    de    hechos    en    la    apreciación    de    la  prueba”   recaídos,   según   indica,   en   la  valoración  de  los  testimonios  aportados  a  la  investigación mediante los  cuales  se  establecían  las  circunstancias en la ejecución de los hechos, la  condición   laboral   del   victimario,  las  provocaciones  de  los  muchachos  pendencieros  y  embriagados que crearon la situación determinante del trágico  desenlace;  elementos  de  juicios  frente a los cuales el Tribunal descartó de  plano la legítima defensa.   

         Con  apoyo  en  los anteriores fundamentos solicita de la Corte un  nuevo  examen  de  la  prueba  regido  por  la  sana  crítica y que consulte la  equidad;  asimismo,  que  case  la  sentencia  en  cuanto  a las declaraciones y  condenas  referidas  a  la  sociedad  que  representa para que en su lugar se le  absuelva  de  responsabilidad  como  tercero, y por ende, de resarcir los daños  materiales y morales concretados en la sentencia impugnada.   

INTERVENCION DEL NO RECURRENTE  

         El  apoderado  de  la  parte  civil solicita que se desestimen las  pretensiones  de la defensa “por no estar ajustadas  a  la  realidad y a la técnica procesal”.  En  primer  término,  porque  el  análisis del Tribunal fue minucioso en relación  con  las  pruebas  incorporadas  al  expediente,  coincidentes  en desvirtuar la  legítima     defensa     alegada    por    Gómez  Martínez;   otra  parte,  pues  el  recurrente  no  cumplió  el  deber  de  precisar  el  error de hecho alegado, que derivó de la  simple  valoración  de la prueba efectuada por el Tribunal en contra vía de la  postulada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  sentencia  impugnada, su notificación y la interposición del  recurso   extraordinario   se   produjeron  en  vigencia  de  las  disposiciones  originales  del  Código  de Procedimiento Penal en materia de casación, por lo  tanto,   ningún  análisis  debe  efectuase  en  el  presente  caso  sobre  las  incidencias   de   la   declaratoria   de  inexequibilidad  de  algunas  de  las  disposiciones de la Ley 553 de 2000.   

         1.    Demanda   del   defensor   de   Juan   Alberto   Gómez  Martínez.   

         De   la  reseña  del  libelo  presentado  por  el  apoderado  del  encausado      Gómez      Martínez  fácilmente  se  advierte  su  ostensible  marginamiento  de los  requisitos  de  forma  y contenido cuya satisfacción resulta ineludible para la  admisión de la demanda.   

         En  efecto,  ninguna  claridad se observa en la enunciación misma  de  la  propuesta  a través de la cual pretende desquiciar la doble presunción  de  acierto  y  legalidad  del  fallo recurrido, pues el casacionista sugiere de  manera  simultánea  y  contradictoria  la  violación  indirecta por exclusión  evidente  de la norma sustancial alusiva a la legítima defensa, así como la de  aquella  otra  que  regula  el  exceso  en los límites propios de las causas de  justificación,   sin   tener   en   cuenta  además,  que  como  ésta  última  circunstancia  fue  reconocida  a  favor  de  su asistido comporta un insalvable  contrasentido alegar su falta de aplicación.   

         En  la  sustentación  del reproche aduce, en primer término, que  el  Tribunal  se abstuvo de analizar un “cúmulo de  testimonios”,  orientando el ataque hacia el error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia en la modalidad de preterición de  prueba.   Sin  embargo,  en el posterior desarrollo argumentativo incurrió  en  dos  impropiedades  en  materia  de  técnica:  de una parte, aducir en  forma  simultánea  que tales medios de persuasión fueron valorados sin apego a  las  reglas de sana crítica, alegación propia de una expresión bien diferente  del  error  de  hecho,  esto  es,  del falso raciocinio; de otra y en todo caso,  dejar  el cargo en el mero enunciado pues  el demandante no cumplió con el  deber  de  demostrar  el yerro, menos aún, su trascendencia en las conclusiones  del fallo recurrido.   

          Ciertamente,   en   este   punto  el  impugnante  se  conformó  con elevar  una crítica genérica y abstracta a  las  conclusiones del ad quem, que complementó después mediante una alegación  propia   de   las   instancias  donde  simplemente  planteó  sus  apreciaciones  personales  sobre  la  configuración  de  la  legítima defensa y la prueba que  supuestamente  la  demuestra,  con  la  pretensión  que  la  Corte  le  conceda  preeminencia    frente   a   los   análisis   consignados   en   la   sentencia  impugnada.   

         Similares  deficiencias  se observan cuando argumentó el error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, incurrido según afirma, al valorar la  versión  del  sindicado Gómez Martínez,  pues no confrontó lo que objetivamente demostraba su dicho con  el  contenido  que  le atribuyó el fallador de segundo grado, como le resultaba  ineludible  para  acreditar  la  falta  de  coincidencia  reprochada,  y tampoco  precisó  aquí  la  trascendencia de ese supuesto desacierto en la apreciación  de dicha prueba frente a las conclusiones del fallo.   

         Tratándose  de  los indicios, el recurrente estuvo lejos también  de  estructurar  el  reproche con sujeción a las reglas técnicas que gobiernan  la  impugnación  extraordinaria.  Efectivamente, invocó en este aparte la  comisión  de errores de hecho por los falsos juicios de identidad y existencia,  pero  no  señaló  sobre  que  elementos  de juicio de esa naturaleza recayeron  tales   desaciertos,   menos   aún,  el  elemento  del  indicio  atacado  o  su  trascendencia,  pues  el  demandante  desvió  una  vez más la censura hacia la  postulación  de  los  hechos  que  estima establecidos en autos a partir de una  interesada   y  personal  apreciación  de  la  prueba  recopilada,  en  la  que  simplemente  insiste  en  el  disentimiento que guarda frente a las conclusiones  del  Tribunal  en  torno a la legítima defensa, alegada durante las instancias,  pero que fue descartada en la decisión recurrida.   

         Arguye  finalmente, que el ad quem incurrió en error de hecho por  falso   juicio  de  existencia,  recaído  no  sobre  los  elementos  de  prueba  incorporados    al    proceso,    sino    respecto   de   algunas   “circunstancias”    cuyo   valor  indiciario  ni  siquiera  perfila  y  que  en  todo  caso  tan sólo enuncia sin  atribuirles,  individualmente  o en conjunto, alguna incidencia en relación con  el  fallo  atacado;  reproche que aparece formulado además sin ningún apego al  contenido  de  la  sentencia  del  Tribunal,  donde  la  exclusión de la causal  justificante  estuvo  hincada  en  la  falta de proporcionalidad en la reacción  defensiva   del   acusado,   no   en  la  desestimación  de  esas  “circunstancias” que afirma fueron  omitidas en el análisis del ad quem.   

         Así   las   cosas,  imposibilitada  la  Sala  por  virtud  de  la  naturaleza  del  recurso  extraordinario,  como  también,  ante la vigencia del  principio  de  limitación  para  corregir  o enmendar oficiosamente la demanda,  deberá  proceder  a  inadmitirla al tenor del artículo 226 ibídem, modificado  por  el  9º  de la Ley 553 de 2000, decisión que conlleva a la declaratoria de  deserción  del  recurso interpuesto, y que adquiere ejecutoria en los términos  previstos en el artículo 197 del Código de Procedimiento Penal.   

         2.  Demanda del tercero civilmente responsable.   

         En  forma reiterada la Sala ha precisado que el interés jurídico  para  recurrir del tercero civilmente responsable se debe concretar frente a dos  aspectos:  de  una parte, en relación con la cuantía cuando la casación tiene  por  objeto exclusivamente la indemnización de perjuicios, evento en el cual al  tenor  del artículo 221 del C. de P.P. está determinada por la prevista en las  normas  que  regulan  la casación civil; de la otra, respecto a lo pretendido a  través     de    la    impugnación    extraordinaria    en    los    restantes  supuestos.   

         En  el  asunto  examinado  a  pesar  que  el  demandante invoca el  artículo  221  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  anuncia que el debate  pretendido  en  la  sede  extraordinaria  se restringirá a la indemnización de  perjuicios,  lo  cierto es que el apoderado del tercero civilmente responsable a  través  de  un farragoso escrito y no empece invocar la violación “directa”  de la las disposiciones  sustanciales  que  regulan  la  responsabilidad  civil  extra  contractual, deja  entrever   con   claridad   que   en  realidad  reclama  para  el  sindicado  el  reconocimiento  de  la legítima defensa, para obtener por esa vía y de soslayo  la   exoneración   frente  la  condena  indemnizatoria  impuesta  en  el  fallo  impugnado,  además,  en  el  entendido  según  señala,  que la obligación de  reparar  el daño es accesoria a la responsabilidad penal predicada del acusado,  quien era su subordinado en el plano laboral.   

         Así  las  cosas,  el interés jurídico para recurrir del tercero  civilmente  responsable  en  el  presente  caso  no se discierne por la cuantía  establecida  para  la casación civil, sino por la naturaleza de su pretensión,  orientada  dentro  de  las  facultades  que  les  son  propias,  a desvirtuar la  responsabilidad patrimonial deducida en estas diligencias.   

         2.   Precisada la legitimidad del  recurso  interpuesto por el tercero civilmente responsable, la Corte reitera una  vez  más  que la casación no constituye una tercera instancia en la cual pueda  aspirarse  a  un  nuevo examen de la prueba ante la inconformidad de los sujetos  procesales  con  los análisis de los juzgadores; adversamente, como se trata de  un  juicio  técnico  –  jurídico  orientado a la invalidación de la sentencia  proferida  en  segunda instancia, amparada por la doble presunción de acierto y  legalidad,  para que la demanda respectiva resulte admisible debe satisfacer las  exigencias  de  forma  y contenido contempladas en el artículo 225 del estatuto  procesal  penal,  echadas  de  menos  en el escrito presentado por el mandatario  judicial  del  tercero civilmente responsable.            

         En  efecto,  acusa  la violación directa de los artículos 2347 y  2356  del  Código  Civil,  disposiciones  alusivas  a la responsabilidad por el  hecho  ajeno  y  por actividades peligrosas, respectivamente; sin embargo, en el  pretendido  desarrollo  argumentativo  del cargo, sin señalar el concepto de la  transgresión  acusada  y  perdiendo  de  vista que ante la naturaleza del yerro  denunciado  se  imponía  la presentación de un debate estrictamente jurídico,  alegó  luego  la existencia de errores de hecho en la apreciación de la prueba  que deja además en el mero enunciado.   

         Ciertamente,   además  de  esas  deficiencias  advertidas  en  la  formulación  de  la  censura,  se tiene que el apoderado sin concretar respecto  del  fallo  recurrido  un  yerro  trascendente  de  lógica  jurídica  o  en la  estimación  de  la  prueba,  tras  la  desatinada presentación del reproche se  dedica  a  reclamar  la preeminencia del fallo absolutorio de primera instancia,  donde  la  exoneración  del sindicado se fundamentó en el reconocimiento de la  causal   de   justificación  de  la  legítima  defensa,  que  el  casacionista  simplemente  arguye  corresponde  a  la  realidad  histórica  establecida en el  proceso.   

         En  otros  de  los  apartes  del  libelo  y  por ese mismo sendero  argumentativo,  el  casacionista  se  limita  a  plantear las circunstancias que  estima  resultaban  relevantes  para  esclarecer  el  compromiso  del  encausado  Gómez  Martínez,  sin  intentar  siquiera  la  demostración del vicio in iudicando alegado, por cuanto  aduce  en  este  punto  tan  sólo que a pesar de ellas el Tribunal descartó la  causal de justificación aludida.   

         Tan  evidente  surge el equivocado concepto del casacionista sobre  la  naturaleza  de  la  impugnación  extraordinaria, que determinó a su vez la  presentación  en  esta  sede  de  un  alegato  propio de las instancias, que al  concretar  las pretensiones reclamó expresamente de la Corte un nuevo examen de  la  prueba  aportada  con  sujeción a los parámetros de la sana crítica y que  consulte la equidad.   

         Por  las razones esbozadas, entonces, la Sala también inadmitirá  esta otra demanda.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  las  demandas  de casación  presentadas  a  nombre  del  procesado  Juan Alberto  Gómez   Martínez   y   del   tercero   civilmente  responsable  Administración de Inmuebles V.A.I. Ltda., al tenor de lo dispuesto  en  el  artículo  226  y,  en  consecuencia,  declarar  desierta las casaciones  interpuestas.   

         Contra  esta  decisión  no  procede ningún recurso (art. 197 del  Código    de   Procedimiento   Penal).    Devuélvase   al   Tribunal   de  origen.   

         Comuníquese y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE            

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                               ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO              

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                               NILSON     PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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