17088dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     Nº  17088   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO  ACTA  No.  209  (13 de diciembre de  2000)   

          Bogotá,   D.   C.,   diecinueve   (19)  de  diciembre  de  dos  mil  (2000)   

VISTOS  

          Se  ocupa  la  Sala  de resolver sobre la responsabilidad del doctor  CARLOS    HERNÁN    LÓPEZ   GUTIÉRREZ,   contra   quien  se  adelanta  este  proceso  por  el  delito  de  celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales.   

El  doctor  LÓPEZ  GUTIÉRREZ  es  hijo  de  don  Hernán  y  doña  Ana  Bertilda,  natural  de  Bogotá,  de  52  años de edad, separado, de profesión  ingeniero  civil,  se  desempeñó  como  Ministro  de  Transporte desde el 8 de  febrero  de  1996  hasta el 19 de mayo de 1997 y se identifica con la cédula de  ciudadanía No. 17.164.283 expedida en Bogotá.   

HECHOS  

          En  su calidad de Ministro de Transporte, el ex funcionario celebró  el  30  de  diciembre de 1996 seis contratos de prestación de servicios para la  actualización,  investigación e impresión de mapas fluviales correspondientes  a  nueve  ríos  colombianos, acudiendo a la figura de la contratación directa,  para  lo  cual se cursaron invitaciones privadas a varias empresas litográficas  del país.   

          Las  sociedades seleccionadas, a su vez, celebraron sendos contratos  de  prestación  de  servicios  con  LUIS  FERNANDO  ROMÁN  FERNÁNDEZ  para la  recolección  de la información que se requería con miras a la elaboración de  las  cartillas,  quien  además  asumió  la representación de aquellas ante el  ministerio.   El   señor  ROMÁN  FERNÁNDEZ,  a  su  turno,  subcontrató  con  ECOINTEGRAL    LTDA.    la   consultoría   técnica   para   las   evaluaciones  geomorfológicas,           hi­dráulicas e hidrológicas correspondientes.   

          No  obstante que el incumplimiento de los contratistas era evidente,  en  lugar  de  declararse  la  caducidad  se  prorrogó  el plazo. Finalmente se  entregaron  las  cartillas,  pero  con notorios errores y una considerable fe de  erratas.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Después   de   unos   debates   adelantados   en   la   Cámara  de  Representantes  en  los  que  se cuestionaba la gestión del doctor CARLOS  HERNÁN LÓPEZ GUTIÉRREZ al frente  del  Ministerio  de  Transporte, por resolución del 27 de octubre  de 1998  el  Fiscal  General  de  la  Nación  dispuso iniciar investigación previa (Fl.  2,   C.O.  1)  y  posteriormente,  el  10 de mayo  de 1999, ordenó la  apertura  de  proceso  en  su  contra  y su vinculación mediante in­dagatoria  (Fl.  94  ibídem),  la  que  rindió el 10 de junio del mismo año (Fl. 173 ib.).   

          Por  resolución  del  8 de octubre de 1999, el Fiscal General de la  Nación     le     impuso     al    doctor    LÓPEZ  GUTIÉRREZ  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva   –la  que  de  inmediato  sustituyó  por  domiciliaria- por el delito de celebración indebida  de  contratos  en  la  modalidad  de contrato sin cumplimiento de re­quisitos   legales   esenciales,   en  concurso homogéneo (Fls. 212 a 235 C.O. 2).   

          Cerrada  la  investigación  el 14 de enero de 2000 (Fl. 64 C.O. 4),  el   11   de  febrero  le  fue  concedida  la  libertad  provisional  por  haber  transcurrido  más  de  120  días  de  detención  sin  que se cali­ficara  el  mérito del sumario (Fl. 76  ib.),  lo  que vino a hacerse el 17 de febrero (Fl. 157 ib.), fecha en que se le  acusó  por  la  men­cionada  pluralidad de ilícitos y se revocó la libertad.   

          Contra   esta   decisión,   el   defensor   interpuso   recurso  de  re­posición,   resuelto  desfavorablemente el 21 de marzo (Fl. 241 C.O. 4).   

          Recibido  el  proceso  por  la  Corte,  el  31  de  marzo se dejó a  disposición  de los sujetos procesales para los fines previstos en el artículo  446  del Código de Procedimiento Penal (Fl. 3,  C. C. 1). El 4 de julio se  dictó    auto    de    pruebas    (Fl.   147   C.C.   1),   parcial­mente  repuesto el 2 de agosto (Fl. 176  ib.).   

          La   audiencia   pública  se  instaló  el  día  30  de  agosto  y  prosi­guió  durante  los  días 1, 11 y 13 de septiembre, fecha en que concluyó.   

LA  ACUSACIÓN   

          Para  el  señor  Fiscal  General  de la Nación, como quiera que el  tipo  penal  contenido  en  el  artículo  146  del código sustantivo es de los  llamados  en  blanco, debe acudirse a la Ley 80 de 1993, por la cual se expidió  el  Estatuto  General  de  Contratación  de  la  Administración  Pública, con  fundamento   en   el  cual  concluye  que  los  contratos  relacionados  con  la  actualización,   investigación   e   impresión   de   los   mapas   fluviales  correspondientes    a    9   ríos   –aunque  la providencia alude apenas a 8- fueron  celebrados por  el   Ministro  de  Transporte  CARLOS  HERNÁN  LÓPEZ  GUTIÉRREZ   con  desconocimiento  de  los  requisitos  legales esenciales, por las siguientes razones:   

          1.  No  se  cumplió  el  mandato  previsto  en  el  parágrafo  del  artículo  30  de  la  Ley,  que imponía efectuar una invitación pública para  seleccionar  al  contratista mediante concurso por cuanto el objeto del contrato  era    la    realización    de    estudios    o    trabajos    téc­nicos,  intelectuales o especializados,  características  que  se  cumplían  en  este  caso porque se requería acopiar  “información   que   permitiera   la   localización   de   las   principales  características   de  los  tramos  de  los  ríos,  el  curso  de  los  mismos,  cartografía,  pobla­ción,  zonas   portuarias   y  de  navegabilidad  restringida,  muelles,  kilometrajes,  abcisado  de  los  ríos,  localización de coordenadas, empresa que solo podía  asumirse   con   expertos   en   la   materia,   tal   y  como  estaba  previsto  inicialmente”.   

          En  estos  eventos,  dice  la  resolución  acusatoria,  la especial  naturaleza  de  los convenios prima sobre la cuantía para efectos de determinar  los  requisitos esenciales de la contratación que, además, se cumplió bajo la  modalidad  de  la  prestación  de servi­cios  –que son  los  únicos  exceptuados  de  formalidades  como  la licitación o el concurso-  desconociendo  lo  preceptuado por el nu­meral 3º del artículo 32 de la Ley.   

          2.  Aun  admitiendo que la cuantía sí tiene incidencia en la forma  de  contratación,  tampoco  se hizo una selección objetiva de los contratistas  pues  el  requisito  de  las dos ofertas que el inciso 1º del artículo 3º del  Decreto  855  de  1994 exige obtener apenas se observó formalmente mas no en la  realidad,    como    que    el    ver­dadero  contratista  fue  LUIS  FERNANDO  ROMÁN  FERNÁNDEZ,  quien  contactó   las  firmas  editoras  antes  de  ser  invitadas  a  pre­sentar  las propuestas que también él  habría de redactar.   

          3.   Que   el   propósito  evidente  fue  el  de  favorecer  a  los  con­tratistas, se deduce de  los siguientes indicios:   

          3.1.  Desconociendo  los principios de transparencia y de selección  objetiva,  se  adjudicaron los contratos a unas firmas que no eran idóneas, sin  tener  en  cuenta  los  estudios  previos que indicaban que la selección debía  hacerse       mediante      convoca­toria   pública  y  que  se  refería  a  un  contrato  único,  no  fraccionado, como ocurrió.   

          3.2.  Para  cada  trabajo  fueron  invitadas  dos  empresas  con  el  objetivo  de  garantizar  que  cada  una resultara favorecida con dos contratos,  según instrucciones dadas desde el despacho del Ministro.   

          La  manipulación  se  advierte  también  en  los  valores  de  las  propuestas,  todas cercanas al presupuesto oficial de $ 28.000.000 y sin grandes  diferencias  entre  sí,  lo  que  denota  la connivencia entre funcionarios del  ministerio   y   las   firmas   invita­das.   

          3.3.  Algunos  socios de unas empresas también lo son de otras, con  lo  cual  se  evidencia  que se pretendía garantizar su escogencia y evitar que  otras  sociedades o personas pudieran participar en la contratación en igualdad  de oportunidades.   

          3.4.  Todas  las contratistas le otorgaron poder a una misma persona  -LUIS    FERNANDO    ROMÁN    FERNÁNDEZ-    para    que   las   re­presentara   en   el   desarrollo  del  convenio.  En realidad, aunque ellas cumplían tareas de edición, no realizaban  el  objeto  más im­portante  del contrato que era el técnico y los beneficios eran para ROMÁN.   

          3.5.   Por   la  forma  como  fueron  ideados  y  desarrollados  los  contratos,  la  administración  buscó  favorecer los intereses eco­nómicos  del  real  contratista,   ROMÁN  FERNÁNDEZ,  desconociendo los principios de igualdad y transparencia en  la  adjudicación  de  los  mismos  a  personas completamente inidóneas para su  ejecu­ción.   

          4.   A   pesar   de   las   explicaciones  del  doctor  LÓPEZ  GUTIÉRREZ en el sentido de que el  proceso  contractual  se  inició en la División de Transporte Fluvial, entidad  ejecutora  que for­muló las  invitaciones  y  evaluó  las  propuestas  sin  intervención  suya; que tampoco  escogió  la  forma  de contratación porque eso le correspondía a la División  de  Adquisiciones  y Contratos; que no supo de incumplimientos ni interfirió en  la      declaratoria      de      ca­ducidad;   que  actuó  de  buena  fe  al  suscribir  los  contratos  con­vencido  de  que todas  las       dependencias       los      habían      revisado      ade­cuadamente,   para   la  Fiscalía  la  responsabilidad le es atribuible por las siguientes razones:   

          4.1.   El   Ministro   ejercía   su   autoridad   y   expresaba  su  volun­tad  a través de su  asesor       LUIS      JESÚS      SÁNCHEZ      BARBOSA,      consi­derado  el jefe del gabinete, quien fue  la  persona  que  varió  la forma inicial de contratación e instruyó para que  determinadas firmas fueran invitadas y seleccionadas.   

          4.2.  El  Director  de  Transporte  Fluvial  y  otros  empleados del  Ministerio  aseguraron  que  SÁNCHEZ  era el funcionario más influ­yente, era el asesor general y revisaba  previamente  todos los contratos. Tanto el Ministro como su asesor, dice aquél,  intervi­nieron  ante  él  para    que    no   se   declarara   la   caducidad   de   los   con­tratos,  lo  que demuestra no sólo que  el  doctor  LÓPEZ sí tenía  conocimiento  de  éstos, sino su interés en favorecer a los contra­tistas   incumplidos   e   inidóneos.   

Si  los  contratos  pasaron  los  filtros  y  controles  de  legalidad,  fue  porque  las personas encargadas de los trámites  recibieron  precisas  instrucciones  que  provenían  de  funcionarios  con gran  influencia  en  el Ministerio. Además, para lograr igual finalidad se dejó una  gran   cantidad   de   contratos  para  los  dos  últimos  días  del  año  de  1996.   

4.3. El Ministro concentró todo el poder de  contratación  en  él, de manera que si antes de su llegada la delegación para  con­tratar   se   fijaba  atendiendo    a    las   cuantías   del   literal   a)   del   nume­ral  1º  del artículo 24 de la Ley 80  de  1993,  mediante  resolución  1063 del 26 de febrero de 1996 la redujo a 250  salarios  mínimos legales mensuales y a 100 en resolución 4323 del 26 de julio  del  mismo año. Con esta conducta, pretendía monopolizar la contra­tación directa.   

          4.4.  LUIS  JAVIER  SÁNCHEZ  BARBOSA es amigo de infancia de ISABEL  CELIS,  de  la  que  fue  su secretario privado en la Cámara de Representantes,  quien  junto  con  CARLINA RODRÍGUEZ y otros parlamentarios dio el aval para la  designa­ción  del  doctor  LÓPEZ   GUTIÉRREZ   como  Ministro  del  Transporte.  STELLA RODRÍGUEZ, asesora del Ministro, es familiar  de  CARLINA RODRÍGUEZ. SÁNCHEZ BARBOSA conoció a ROMÁN FERNÁNDEZ porque los  presentó  LUIS  ÁNGEL  RODRÍGUEZ, esposo de ésta. Se infiere sin duda que de  esas  relaciones  provino la idea del fa­vorecimiento   en   la   contratación  estatal,  que  se  demuestra  tam­bién  con el contrato  celebrado   con  CARLOS  HERNANDO  RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ,  hermano  de  STELLA.   

          5.  En  el  auto que negó la reposición, agregó el Fiscal General  de   la  Nación  que  tan  importante  era  SÁNCHEZ  BARBOSA  para  el  doctor  LÓPEZ  y  tan cierto que su  voluntad  se  expresaba  a  través  de  él,  a quien se le consideraba jefe de  gabinete   –denominación  contenida  en  la  resolución  00233  de  enero 12 de 1996-, que posesionado el  Ministro  el  jueves 8 de febrero, el lu­nes  12  lo  designó  como  asesor  del  Despacho y asumió casi de  inmediato,  el  día  14,  lo  que  indica la urgencia de tenerlo a su servicio;  además, lo encargó como viceministro.   

          Alude  a  los  cuestionamientos  que  a  la valoración de la prueba  testimonial   hizo   el   impugnante   y  explica  que  la  interven­ción directa del Ministro ante MARCIAL  QUIÑONES  para  favorecer  a los contratistas dándoles un trato considerado se  produjo  no  en la etapa precontractual sino cuando los contratos se hallaban en  ejecución  y  se  iban  a  cancelar  por  el incumplimiento de aque­llos.   

          Anota  que  en  la  ejecución  de  los  contratos 385 a 390 de 1996  existieron  dos  períodos  muy  concretos: el que va del 12 de febrero de 1997,  fecha  en  que  se  entregaron  los  anticipos,  hasta  el 20 de mayo, cuando se  firmaron  las  actas  de  iniciación de obra, etapa en la cual al recibo de los  dineros  se desaparecieron los contratistas y no se iniciaron los trabajos; y el  que  va  del 20 de mayo hasta finales de agosto y mediados de septiembre, cuando  se prorrogaron los contratos.   

AUDIENCIA PÚBLICA.  

          Durantes  este  debate,  que como se dijo tuvo lugar los días 30 de  agosto  y  1,  11 y 13 de septiembre, intervinieron todos los sujetos procesales  cuyos  alegatos,  contenidos  en  la  grabación  magnetofónica  que se ordenó  anexar al expediente, se pueden sintetizar así:   

          1. Delegado del Fiscal General de la Nación.   

          Tomando  la  resolución  acusatoria  como  columna  vertebral de su  exposición,  el  señor  Fiscal  Delegado  ante  la Corte reitera, con apoyo en  citas  doctrinarias,  que  cuando el contrato estatal hace referencia a estudios  técnicos  siempre  tiene  que  seleccio­narse  el contratista mediante el sistema de concurso, sin que tenga  relevancia  alguna  la  cuantía pues los aspectos económicos se subordinan, en  el  proceso  de  escogencia, a la idoneidad de la persona que habrá de realizar  el estudio.   

Afirma  que  el  contrato  de prestación de  servicios  tampoco  es  admisible,  porque  no  se  dan las previsiones que para  cele­brarlo  consagra  el  numeral 3º del artículo 32 de la Ley 80/93.   

          Insiste   en   que,   aun   admitiendo   que   no  se  trata  de  un  con­trato  técnico,  el  trámite  previsto  en  el  Decreto 855 de 1994 fue manipulado porque detrás de  todos  los contratos se encuentra el señor ROMÁN FERNÁNDEZ, quien contactó a  las  firmas oferen­tes antes  de   que   se   les   invitara   a  proponer.  Señala  que  la  per­sonalidad   interpuesta   viola   los  requisitos   esenciales   de   los  con­tratos  y  se  refiere  a  los indicios que la Fiscalía dedujo para  de­mostrar      el  favorecimiento de aquél.   

          Dice  que  la  voluntad  del Ministro se expresaba a través de LUIS  JESÚS  SÁNCHEZ  BARBOSA,  a  quien  se le denominaba jefe de gabinete conforme  aparece  en  la  resolución  233  del  12  de  enero de 1996. Para demostrar su  afirmación,  hace  referencia a los dichos de algunos testigos y anota cómo el  propio  procesado  reconoció en la versión libre rendida ante la Procuraduría  General  de  la  Nación  que  en  realidad  el señor SÁNCHEZ era el principal  asesor del ministro y ocupaba un cargo bastante importante.   

          Otro   indicio,   agrega,   se  deduce  del  hecho  de  que  si  los  con­tratos  pasaron tantos  filtros      fue      porque      un      funcionario     de     pri­mera   línea  dio  las  instrucciones  pertinentes.   Precisamente  para  burlar  esa  vigilancia  no  se  realizó  el  concurso,    que    tiene    muy    es­peciales  controles,  ni  tuvo  participación en la elaboración de  los  convenios  la  división de adquisiciones y contratos, dependencia a la que  el  artículo  20  del  Decreto 2171 de 1992 le asigna esa función, no obstante  que  al decir de la testigo LILIANA GARCÍA no es normal que se realicen minutas  por fuera de esa sección.   

          Constituye  igualmente  indicio  la  entrega del anticipo sin que se  hubieran  legalizado  las  actas  de  iniciación  de  obra,  lo que no pudo ser  dispuesto  sino por el ordenador del gasto, es decir, el Ministro de Transporte,  quien  además  intervino  activamente –lo  mismo  que  su asesor- para que no se declarara la caducidad, lo  que  debió  ocurrir  después  del  14 de abril, fecha en que ROMÁN FERNÁNDEZ  solicitó   la   prórroga   de   los  contratos.  Y  tanta  injeren­cia  tuvo  SÁNCHEZ  BARBOSA, que de su  puño  y  letra  escribe  en  la  mencionada  solicitud, dirigiéndose a MARCIAL  QUIÑONES, que le busque salida a ese problema.   

          Para  el  Fiscal  Delegado,  la  concentración de la capacidad para  contratar  que  el doctor LÓPEZ GUTIÉRREZ  se  arrogó a mediados de 1996 constituye igualmente un indicio de  la   partici­pación  del  Ministro    en    estos    hechos,    tanto   más   cuanto   que   –se  pregunta-  ¿si  no  tenía tiempo  para  revisar  detenidamente  los  contratos,  cómo  podría  ejercer  los más  adecuados  controles que, según dice, pretendía establecer con la disminución  de la cuantía para delegar?    

          Insiste  en  que las relaciones demostradas entre ROMÁN FERNÁNDEZ,  SÁNCHEZ   BARBOSA,   LUIS   ÁNGEL  RODRÍGUEZ,  STELLA  RODRÍGUEZ  y  CARLINA  RODRÍGUEZ   crearon   el   clima   pro­picio  para  favorecer  a  ROMÁN  y  a  LUIS  ÁNGEL, quien además  terminó recibiendo de manos de aquél parte del anticipo.   

          Concluye   que   SÁNCHEZ  BARBOSA  manipuló  todo  el  proceso  de  contratación  con  la  anuencia  del  Ministro  LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  quien  además  trazaba las directrices y  los     cometidos    que    el    ase­sor     debía     cumplir.     Solicita    se    dicte    sentencia  condenatoria.   

          2. Delegada del Procurador General de la Nación.   

          El  fraccionamiento  de  contratos,  la celebración de contratos de  prestación  de servicios contrariando la previsión contenida en el numeral 3º  del   artículo   32   de   la   Ley   80/93  no  sólo  por  el  ob­jeto  propio  de  ellos  sino porque se  hicieron    con    personas    jurídi­cas,  y  la  farsa  en la invitación de las sociedades proponentes,  constituyen  a  su  juicio  las  irregularidades  de que da cuenta este proceso.   

          Comparte  la  construcción  indiciaria  elaborada  por la Fiscalía  General  de  la  Nación en el pliego de cargos y manifiesta que al procesado le  asistía   mayor   interés   en   la   celebración   de   los  con­tratos  que  a SÁNCHEZ BARBOSA, porque  beneficiaría  directa­mente  al  esposo  de  CARLINA  RODRÍGUEZ,  el  señor  LUIS  ÁNGEL RODRÍGUEZ, quien  recibió  parte  importante  de  los  dineros  que  se  le  entregaron  a ROMÁN  FERNÁNDEZ.   

          3. Apoderada de la parte civil.   

          Repite   las  apreciaciones  y  los  argumentos  expuestos  por  los  anteriores   intervinientes,   cuyas   solicitudes  de  condena  tam­bién comparte.   

          4. Vocera.   

          Critica  la calificación que se le ha dado a los contratos, pues si  el  objeto  lo  constituía  la  recopilación, impresión y actuali­zación, no son de naturaleza técnica.  Se  trata  de  contratos de edición, que son de prestación de servicios según  doctrina  del  Consejo de Estado, no de trabajos especializados de cartografía,  los   que   tampoco   se   podrían   realizar   apenas   con   27  millones  de  pesos.   

          Sostiene   que   en   virtud  de  la  delegación,  prevista  en  la  Constitución  Política,  la  ley  y  la  resolución  0233  de  1996,  toda la  actuación  precontractual y de ejecución de los contratos estuvo a cargo de la  Dirección  Fluvial,  al  paso  que  al  Ministro  únicamente  le correspondió  firmarlos.   

          Expresa  que el 30 de octubre de 1996 ENGELBERTO CAÑAVERA le envió  a  MARCIAL  QUIÑONES  una  comunicación  a  la  que adjunta el borrador de los  términos  de  referencia  para la elaboración de las cartillas, documentos que  en  la  misma  fecha  éste  remite  al  doctor  NIETO,  jefe de Adquisiciones y  Contratos,   para   su   conocimiento,   revisión   y   apertura   del  proceso  corres­pondiente. Se obtuvo  el        certificado        de       disponibilidad       presupues­tal  y,  como  había  delegación, las  invitaciones    para    proponer   fue­ron   formuladas   por   MARCIAL   QUIÑONES;   se  suministran  los  tér­minos  de referencia,  se    delimita    el    objeto    que    se    refiere   a   la   re­copilación   de   información,   se  autoriza  la  subcontratación  para  los  aspectos  técnicos  y se reciben las  propuestas  que  son  calificadas  por  un subalterno del doctor QUIÑONES, JOHN  CARVAJAL.  Luego  la  propia  Dirección  Fluvial  adjudica  los contratos y las  minutas,  que debería elaborar Adquisiciones y Contratos, las hacen en la misma  dependencia  como  en  ocasiones  sucedía  por  el  exceso  de trabajo, pero en  papelería  y  con  los  modelos  suministrados  por aquella división. Después  vendría     la     firma    del    doctor    LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  y  esa  sería su única intervención en  este asunto.   

          Señala  que  el  responsable  de  controlar  tanto  la  entrega del  anticipo  como  el  cumplimiento  de  los  contratos era el interventor ARGEMIRO  REINOSO;  que si los contratos se suscribieron el 30 de diciembre de 1996 y para  marzo   de   1997  no  se  habían  ini­ciado,  la  culpa  es  predicable  no  del  Ministro sino de MARCIAL  QUIÑONES,  a  quien  en  abril  de  ese  año le escribe insistente­mente   ROMÁN   FERNÁNDEZ   una  vez  adjuntándole  las  actas de iniciación para que las firme el interventor, otra  solicitando  reu­nión con  la  firma  Ecointegral que realizaría el estudio técnico, una más pidiendo la  prórroga  de  los  contratos,  petición esta última a la que QUIÑONES apenas  responde   en   mayo   22   cuando   ya   el   procesado  había  renunciado  al  ministerio.   

          Refuta  las  acusaciones  que  se  le  hacen  al doctor LÓPEZ   GUTIÉRREZ  relacionadas  con  la  intervención   para   que   no  se  de­clarara  la  caducidad,  indicando cómo solamente en agosto de 1997  es  solicitada  por el interventor pero MARCIAL QUIÑONES la niega y en su lugar  prorroga los contratos.   

          Destaca  la  vocera  el  testimonio  del doctor REINOSO MARÍN en el  sentido  de  que  el  doctor  QUIÑONES  era autónomo en los contratos y podía  decidir  si  los  liquidaba  o  les daba plazo. Igualmente, resalta el dicho del  señor   JAIME   RAMÍREZ,   quien   re­conoce  haber  revisado  los  contratos  en  la jurídica y haberlos  considerado  ajustados  a  la  ley  sin advertir fraccionamiento por­que   el   objeto   de  cada  uno  era  distinto.   

          5. Defensor.   

          Manifiesta    que    la   información   contenida   en   documentos  ofi­ciales  sobre  lo  que  constituiría    el    objeto    del    contrato    ha    sido    re­petidamente  tergiversada,  pues  en el  proveniente   del   Departamento   Nacional   de  Planeación  se  anota  en  el  encabe­zamiento de su hoja  3   que   “el  proyecto  consiste  básicamente  en  adecuar  la  información  disponible  obtenida  de  los  estudios  de navegabilidad de los ríos de la red  primaria   fluvial,   de   las  investi­gaciones  que  se  adelantan  mediante  convenios  con  los  países  limítrofes  y otras investigaciones batimétricas y geomorfológicas necesarias  en  los ríos, para la impresión, publicación, divulgación y complementación  de    las    cartas    de    navegación    fluvial,    para    faci­litar   la   navegación  y  disminuir  notablemente  la accidentalidad de embarcaciones”. En síntesis, no se trataba  de        investigar        técni­camente  ni  de  ejecutar  mediciones sino de realizar un trabajo de  impresión.   

          Siguiendo  estos  parámetros  y  la  cuantía  de la inversión, el  Ministerio  elaboró  unos  términos de referencia insistiendo que el objeto de  la  invitación  se  relacionaba  con  la  contratación del servicio “para la  recopilación  de  la  cartografía  y  de  la  información  de  ge­neral   existente,   así   como   las  principales  características topográfi­cas,  población,  servicios,  sitios de interés, y con base en esa  in­formación proceder a la  elaboración  e  impresión  de  500  cartillas del mapa fluvial” de cada río  perteneciente  a  la  red  primaria  flu­vial nacional.   

          Por   esa   razón,   las   invitaciones   se  cursaron  a  empresas  ca­paces de recaudar datos  e  imprimir  cartillas,  sugiriéndoles  que  la  información podía tomarse en  diversas  entidades.  Y  para  la  labor de campo, se previó expresamente en el  numeral      6.15      la     subcon­tratación.   

          Luego  si  el  objeto era tan claro, no se comprende cómo el señor  Fiscal  General  de  la  Nación hace un reproche penal sobre la base de simples  conjeturas      y      testimonios      interesados     y     desvir­tuados.   

          Además,  los  datos  suministrados  por  un  testigo  experto en la  materia  indican que con 28 millones de inversión por río no se hubiera podido  hacer  el amplio estudio que dice la Fiscalía debía realizarse. Así lo afirma  ENGELBERTO  CAÑAVERA,  para  quien  el  costo sería de 8 millones de pesos por  kilómetro fluvial.   

          En  el Presupuesto Nacional de la Nación, Ministerio de Transporte,  programa  0410-0606006,  se  relaciona  la  suma de la inversión que se comenta  para  la  “actualización  investigación,  impresión,  publicación,  uso  y  complementación  mapas  de los ríos de la red primaria fluvial nacional previo  concepto  DNP”.  Como  se  ve,  no  se  menciona estudio técnico. Y si quedan  dudas,  al  des­componerse  los  términos  de  la  inversión  general  de  este  rubro,  del  total de 170  millones,     60    corresponden    a    las    labores    de    edi­ción  y publicación, mientras que las  tareas  complementarias  de  recolección de datos apenas asciende a 50 millones  de  pesos  y  los 60 millones de pesos restantes se refieren a viáticos y otros  gastos adicionales del contrato.   

          Por  otro  lado,  el  competente para suscribir los contratos era el  Ministro  de  Transporte  porque  así lo prevé el literal a) del numeral 3 del  artículo  11  de  la  Ley 80 de 1993; la licitación o concurso público no era  operante,  de conformidad con el artículo 24 de la misma ley, porque se trataba  de  contratos de menor cuantía y de servicios personales en tanto su naturaleza  tecno­lógica   así  lo  señala  (art.  24, literal d) pues tal es la actividad de impresión editorial.   

          Tampoco  hubo  fraccionamiento,  porque cuando se trata de cosas del  mismo  género  es  admisible  celebrar varios contratos. Distinto si se hubiera  dividido  cada  trabajo  respecto  del mismo río, pues en este caso sí habría  irregularidad.  Así  lo  enseñan conceptos expedidos por la Sala de Consulta y  Servicio Civil del Consejo de Estado en los años 1983 y 1989.   

          Que   el   contrato   de   prestación   de   servicios   no   puede  cele­brarse  con  personas  jurídicas     es     un     error     de    interpretación,    por­que  el  numeral  3º  del artículo 32  permite  inferir  que  la  limitación  “sólo podrán celebrarse con personas  naturales”  opera en forma exclusiva respecto de esa clase de personas -cuando  en    la    planta   de   la   entidad   no   existe   personal   suficiente   o  especiali­zado-  y no como  una     prohibición     para    celebrar    contratos    de    pres­tación   de  servicios  con  personas  jurídicas.   

          Solicita   el   señor   defensor   que  se  compulsen  copias  para  in­vestigar  la violación  del      régimen      de      inhabilidades     e     incompatibili­dades,  imputable  a  John Carvajal y a  los  contratistas,  porque  participaron  en  la  misma  convocatoria sociedades  compuestas  por  socios  que  a la vez integraban otras empresas proponentes, lo  cual transgrede los artículos 8-h y 26-7 de la Ley 80 de 1993.   

          Sobre  la responsabilidad del doctor LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  afirma que no se le puede imputar el pago  del  anticipo  porque  es  competencia de la pagaduría según el artículo 23-2  del  Decreto  2171  de  1992;  si  no es obligatorio declarar la caducidad, nada  puede  reprochársele  al  respecto  además  de  que  meses  después  de haber  renunciado  el  Ministro,  el interventor hizo la solicitud y no se decretó; la  disminución  del  monto  de  la  delegación  era  para  aumentar controles; la  jefatura   de   gabinete  fue  creación  del  anterior  ministro,  Juan  Gómez  Martínez;  la  Dirección  Fluvial  era  la  encargada  de  escoger  el tipo de  contratación   e   impulsar   la   eje­cución  de  los  contratos, como lo dijo el procesado y lo señalan  la  ley  y el reglamento; la invitación para presentar propuestas fue hecha por  el  jefe  de  esa dirección, MARCIAL QUIÑONES, quien en realidad era el único  interesado  en  los  contratos.  Tan  es  así,  que  el  acta de iniciación se  suscribió      cuando     el     doctor     LÓPEZ  GUTIÉRREZ  ya no ejercía ningún poder y pese a  que  en  agosto,  muchos  meses después del retiro del Ministro, el interventor  so­licitó la declaratoria  de caducidad, QUIÑONES no la atendió.   

          El    testimonio    de    MARCIAL    QUIÑONES    incriminando    al  proce­sado  no es creíble  porque     primero     lo     excluye     de    cualquier    partici­pación   en   los   trámites  de  la  contratación,  luego sugiere que la orden recibida de SÁNCHEZ para favorecer a  los  contratistas  provenía de aquél y finalmente manifiesta que lo llamó por  telé­fono una o dos veces  y     le     recomendó     a    los    editores.    Y    se    inte­rroga:  ¿se  le  puede  creer  cuando  afirma  que creía o suponía o estimaba que el ministro debía estar detrás de  SÁNCHEZ BARBOSA?   

          Concluye  que se está deduciendo una responsabilidad ob­jetiva   derivada  únicamente  de  la  suscripción    de    los    contratos,   desconociendo   fenómenos   como   la  desconcentración     y    la    dele­gación,  que  en  otras  investigaciones  respecto del mismo doctor  LÓPEZ  la Fiscalía General  de  la  Nación  ha  aceptado  para proferir decisiones inhibitorias. En último  caso,   el   procesado   sería  instru­mento  del  autor  mediato, del hombre de atrás, lo que lo exime de  responsabilidad.  La  irregularidad,  si  acaso  existe,  tuvo  lugar  en  otras  oficinas   distintas   al   despacho  del  Ministro;  los  seis  con­tratos  le  fueron colocados a la vista  bajo  el supuesto de que reunían todos los requisitos y los suscribió inducido  en un error invencible.   

          En consecuencia, demanda la absolución del acusado.   

CONSIDERACIONES   

          Con  fundamento  en  el  contenido  del artículo 247 del Código de  Procedimiento  Penal,  de  acuerdo  con el cual para condenar es menester contar  con  certeza  sobre  la  tipicidad,  la  antijuridicidad  y  la culpabilidad del  acusado,  la Sala realiza las siguientes reflexiones.   

          1) EL ASPECTO OBJETIVO DEL DELITO.   

          El  hecho  imputado  en  el  pliego  de  cargos  es  definido  de la  siguiente manera en el artículo 146 del Código Penal:   

“Contrato  sin  cumplimiento   de   requisitos  legales.  El  servidor  público    que    por    razón    del   ejercicio   de   sus   fun­ciones  y  con el propósito de obtener  un  provecho  ilícito  para sí, para el contratista o para un tercero, tramite  contrato  sin  obser­vancia  de  los  requisitos  legales  esenciales o lo celebre o liquide sin verificar el  cumplimiento  de  los  mismos,  incurrirá en prisión de cuatro (4) a doce (12)  años  y  en  multa  de  veinte  (20) a ciento cincuenta (150) salarios mínimos  legales mensuales”.   

El  artículo  transcrito  define una de las  conductas  que  desconocen el reglamento previsto para los convenios adelantados  por  el  Estado,  junto  a  las  denominadas “violación del régimen legal de  inhabilidades  e  incompatibilidades”  ( artículo 144) e “interés ilícito  en  la  celebración  de contratos” (artículo 145), componentes del Capítulo  Cuarto  (“De  la  celebración  indebida de contratos”), del Título Tercero  (“Delitos  contra  la  administración  pública”),  del  Libro  Segundo del  Código  Penal.  El  legislador,  con  esas  descripciones,  trata de resguardar  penalmente  una  de  las  concreciones  o especificaciones de la administración  pública,  el  sistema  que  regula  y  rige  los  contratos  de  las  entidades  estatales.   

De  otra  parte,  como  se  expresa  en  la  resolución  acusatoria,  se  trata  de  un  tipo  penal  en blanco, exactamente  impropio,  porque  para  su  aplicación  requiere  que  su  supuesto de hecho o  precepto  sea  complementado  con otras normas, para el caso las que consagra el  Estatuto  General  de Contratación de la Administración Pública, adoptado por  la  Ley 80 de 1993 y demás disposiciones que la desarrollan, en cuanto precisan  el alcance del concepto “requisitos legales esenciales”.   

El análisis que hace la Sala del “Aspecto  objetivo  del delito” entraña, entonces, comparar la conducta imputada con el  tipo  penal, a partir de la Constitución Política y de lo pertinente de la Ley  80  de  1993,  es decir, con fundamento en una concepción material, axiológica  jurídica,   conjunta   y   conglobada   de  tipo penal, de acuerdo con la cual este comporta una definición  que  se  extrae  de  los valores sustanciales que prevé la Carta. Dicho de otra  forma,  su  estudio  implica  ubicarlo dentro del ordenamiento jurídico entero,  que se mira en sus interrelaciones.   

Con base en los anteriores presupuestos y en  las  explicaciones  que  siguen,  la  Sala  concluye  que  la  conducta juzgada,  objetivamente es típica.   

          Uno. La Constitución Política sienta los  principios  que  regulan  toda  actividad.  La  conducta  de la administración,  entonces,  está  genéricamente  plasmada  en  ella  y la normatividad legal la  desarrolla.  El  marco  que la norma superior establece en pos de la protección  del  bien  jurídico  administración pública y, de manera más específica, de  lo  relacionado  con la sana contratación estatal, surge de su propio contexto.   

          Para  ejemplificar  lo  anterior, basta tener en cuenta que ya desde  su  Preámbulo  encumbra el derecho a la igualdad, la democracia participativa y  la  garantía  de un orden económico justo. Estas tareas también las indica en  los  artículos  2o.,  que  entre  los  fines  esenciales del Estado fija los de  servir  a  la  comunidad,  promover  la  prosperidad  general  y  garantizar los  principios  que  la  componen,  así como facilitar a todos la participación en  las  decisiones  administrativas;  6o.,  que responsabiliza a los servidores del  Estado  por  violación  de  la  Constitución  y  de las leyes y por omisión y  extralimitación  de  sus  funciones;  13,  en  cuanto protege la igualdad real;  95-2,   que   impone   a  todas  las  personas  la  obligación  de  cumplir  la  Constitución  y  las  leyes;  122-2,  que  compele a los funcionarios hacia ese  deber  bajo  la  presión  del juramento; y 333-2, que expresamente garantiza el  derecho a la libre competencia.   

          Pero  la  norma  mayor  más  nítida,  la  que  irradia  directa  y  exhaustivamente  la contratación, es el artículo 209 de la Constitución, que,  en lo pertinente, dispone:   

          “La  función  administrativa  está  al servicio de los intereses  generales  y  se  desarrolla  con  fundamento  en  los  principios  de igualdad,  moralidad,      eficacia,      economía,     celeridad,     imparcialidad     y  publicidad…”.   

          Es  claro,  así,  que las reglas constitucionales señaladas en los  ejemplos  anteriores tienen que ser acatadas y cumplidas cuando se labora con la  administración  y,  en  concreto,  cuando  se  tramitan,  celebran  y  liquidan  contratos.   

          Dos.   La   normatividad  constitucional,  frente  al  tema  que ocupa la atención de la Sala, a plenitud se refleja en el  artículo  3º.  del  Código  Contencioso  Administrativo,  que  dentro  de los  principios  generales-orientadores de la actuación administrativa establece los  de  economía,  celeridad, eficacia, imparcialidad, publicidad y contradicción,  norma  que,  además,  en forma expresa dice que las actuaciones administrativas  se deben desarrollar con arreglo a ellos.   

Y la Constitución, igualmente, es expandida  por  el  Estatuto General de la Contratación de la Administración Pública, la  mencionada  Ley  80  de  1993,  cuerpo  legal que, ceñido a la Carta, reitera y  sienta   postulados   o   principios   infranqueables   que  deben  guiar  a  la  administración  cuando  realiza convenios, tal como indiscutiblemente lo ordena  la misma ley en su artículo 23, con estas palabras:   

          “De  los  principios en las actuaciones  contractuales   de   las   entidades   estatales.  Las  actuaciones    de    quienes    inter­vengan  en  la contratación estatal se desarrollarán con arreglo a  los  principios  de  transparencia, economía y responsabilidad y de conformidad  con    los    postulados    que   rigen   la   función   administra­tiva.  Igualmente, se aplicarán en las  mismas     las    normas    que    re­gulan  la  conducta  de  los  servidores  públicos,  las  reglas de  inter­pretación  de  la  contratación,  los  principios  generales  del  derecho  y los particulares del  derecho administrativo”.   

          Leer  en la norma algo diverso a que los principios constitucionales  subyacen  a  las  actividades  de  trami­tación,  celebración y liquidación de los contratos, resulta vano  y necio.   

          Esos   principales   principios   o   postulados  dimanantes  de  la  Constitución y de la ley son, entonces, los siguientes:   

1.  Principio  de  Transparencia.  Transparencia  quiere  decir claridad,  diafanidad,  nitidez,  pureza  y  translucidez.  Significa  que  algo  debe  ser  visible,  que puede verse, para evitar la oscuridad, la opacidad, lo turbio y lo  nebuloso.  Así,  la  actuación  administrativa,  específicamente la relación  contractual, debe ser perspicua, tersa y cristalina.   

El principio se concreta legalmente en varios  aspectos,  tal  como  surge del artículo 24 de la Ley 80 de 1993: la escogencia  del   contratista   se   debe  efectuar  siempre  a  través  de  licitación  o  con­curso públicos, salvo  los  casos expresamente previstos en el numeral 1º. de esta norma; se garantiza  la      publicidad      y     contra­dicción  de  los  informes,  conceptos y decisiones que se rindan o  adopten  en el proceso de contratación; los proponentes pueden solicitar que la  adjudicación    de    una    licitación    se   haga   en   audien­cia  pública;  se  puede,  así mismo,  obtener  copia,  con  las  limitaciones legales, de las actuaciones y propuestas  recibidas;  se elaboran los pliegos de condiciones o términos de referencia con  reglas  obje­tivas, justas,  claras,    completas    y    precisas    que    permitan    la   ade­cuada  confección  de  las ofertas; se  señalan    las    reglas    de    ad­judicación  del contrato en los avisos de apertura de licitación o  concurso  y  en  los  pliegos  de condiciones o términos de referen­cia;    se    motivan    los    actos  administrativos   que  se  expidan,  ex­cepto  los  de  mero  trámite; se actúa sin desviación o abuso de  poder  y  sin  elusión  de  los  procedimientos de selección objetiva y demás  requisitos previstos en el estatuto.   

          Se  trata,  sin  duda,  de  un  postulado  que  pretende combatir la  corrupción  en  la contratación estatal, que en sus grandes líneas desarrolla  también  los  principios constitucionales  de  igualdad,  moralidad,   eficiencia,          imparcialidad      y     publicidad   aplicados   a  la  función  administrativa (artículo 209 de la Constitución Política).   

          2.  Principio  de  economía.  Está consagrado en el artículo 25 del estatuto y en el 209 de la  Constitución  Política.  Apunta  a garantizar que en la actuación contractual  se  observen  rigurosamente  los  principios  de celeridad y eficacia eliminando  trámites  innecesarios,  reclamando la adopción de mecanismos y procedimientos  ágiles,    exigiendo    la    existencia    de   partidas   y   dis­ponibilidades   presupuestales   y  la  apropiación de reservas y compromisos.   

          3.          Principio          de  responsabilidad.  Con base en él, el artículo 26 del  Estatuto  obliga  a  los  servidores  públicos  a buscar el cumplimiento de los  fines  de  la  contratación,  vigilar  la  correcta  ejecución  del contrato y  proteger  los  derechos  de  la  entidad,  del contratista y de los terceros que  puedan    verse    afectados    por    la    ejecución    del   con­trato,   además   de   señalar   las  consecuencias    que    sufren    aque­llos  por  sus acciones y omisiones, así como la responsabilidad de  los  contratistas  en  los  casos  expresamente  previstos en la dis­posición en comento.   

          Íntimamente  vinculado  con estos principios, el artículo 29 de la  Ley  80  de  1993 ordena que la selección        de       los       contratistas       sea       objetiva,   tanto  en  la  contratación  directa  como  cuando  hay lugar a adelantar el proceso licitatorio; precisa que  se  tendrá  por objetiva aquella “selección en la cual la escogencia se hace  al  ofrecimiento  más  favorable a la entidad y a los fines que ella busca, sin  tener  en  consideración  factores  de  afecto  o  de  interés  y, en general,  cualquier  clase  de motivación subjetiva”. Expresa la misma disposición que  el  “ofrecimiento más favorable es aquel que, teniendo en cuenta los factores  de  escogencia,  tales  como  cumplimiento, experiencia, organización, equipos,  plazo,  precio  y  la  ponderación precisa, detallada y concreta de los mismos,  con­tenida  en los pliegos  de  condiciones  o  términos  de  referencia  o  en  el  análisis  previo a la  suscripción  del contrato, si se trata de contratación directa, resulta ser el  más    ventajoso    para    la   enti­dad,  sin  que la favorabilidad la constituyan factores diferentes a  los  contenidos en dichos documentos, sólo alguno de ellos, el más bajo precio  o el plazo ofrecido”.   

          4.  Principio de imparcialidad.   Imparcialidad   equivale   a   rectitud,  equidad,  neutralidad,  objetividad,  ecuanimidad  y legitimidad, por oposición a la subjetividad, a la  parcialidad,    a    la    tendenciosidad,    a    la    arbitrariedad    y   al  exclusivismo.   

          5.  El principio de eficiencia  apunta a la necesidad de hacer todo aquello apropiado en búsqueda  del  efecto  deseado;  el  de  competencia  se  relaciona  con  el establecimiento de reglas que garanticen la  parificación  de  los  contendientes  que se dirigen hacia la misma meta; el de  igualdad  se  refiere  a la  posición  similar  que  deben  tener  los aspirantes, con los mismos derechos y  expectativas,   y   el   de   publicidad  quiere  materializar,  como  presupuesto  ineliminable de la libre  concurrencia, la pulcritud y nitidez de los procedimientos.   

          Si  la  Constitución establece los principios reseñados y si el C.  C.  A.  y la Ley 80 de 1993 los reitera e incrusta dentro de todo lo relacionado  con  el  proceso  de  contratación,  es  obvio que los encargados de ello deben  hacerlo  con  sujeción absoluta y franca a tales axiomas, y que estos se hallan  implícitos   en  todos  los  tipos  penales  vinculados  con  la  contratación  estatal.   Afirmar  lo  contrario, es decir, pretender prescindir de ellos,  haría  pensar  en  la  banalidad  y  vacuidad  de  la  Carta  Política y en el  aislamiento    de   las   diversas   áreas   que   componen   el   ordenamiento  jurídico.   

          La  conclusión,  entonces,  es  obvia: dentro de la definición del  artículo      146      del      Código      Penal,     están     materialmente  incorporados también como  componentes  suyos y por encima de los demás, los principios constitucionales y  legales  de  la  contratación, en el entendido que las exigencias esenciales de  los  trámites,  las  celebraciones  y  las liquidaciones de los contratos de la  administración   devienen   y   se   impregnan   en   todo   momento   de  esos  axiomas.   

          Tres.  Ciertamente,  como  lo  sostiene la  Fiscalía  en  la  resolución acusatoria, existe una coherente y firme serie de  indicios   que   permite   concluir  que,  con  la  finalidad  de  beneficiar  a  determina­das personas, el  proceso  de  invitaciones  y  de propuestas fue completamente amañado, como que  “todo  estaba  destinado  a  favorecer  a  ROMÁN  FERNÁNDEZ”  (Fl. 169, C.  4).   

          Baste,  para  tal afirmación, recordar las conclusiones consignadas  en  la  resolución  de  acusación,  que  se apoyan en hechos plena­mente verificados en la investigación,  según  las  cuales  antes  de  que  el  Ministerio de Transporte solicitara las  cotizaciones  a  las  empresas  que  finalmente fueron convocadas, LUIS FERNANDO  ROMÁN  FERNÁNDEZ  ya  las  había  contactado,  directamente en casi todos los  casos,  y  él  mismo  elaboró las propuestas, lo cual explica, como lo dice la  acusación,  que  frente al presupuesto de $ 28.000.000 ninguna de ellas difiera  en  más  de $ 100.000 y, de las adjudicadas, cuatro se presentaron por valor de  $ 27.900.000 y las dos restantes por $ 27.940.000.   

          Tampoco    es    casual,   sino   en   extremo   confirmatorio   del  con­tubernio  develado por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  que  el  mismo ROMÁN FERNÁNDEZ fuera  designado   por   todos   los   contra­tistas   como   su   apoderado  para  que  los  representara  en  el  desa­rrollo   de   los  contratos,   que   celebraran   con   él   un   contrato   de   con­sultoría por valor superior al 50% del  precio  pactado con el Ministerio (cfr., por ejemplo, fls. 307 a 310 C. 2) y que  se  en­cargara de contactar  al  ingeniero  forestal  LUIS ENRIQUE GÓMEZ BLANCO para que realizara a través  de  su  firma  ECOINTEGRAL la parte técnica de los contratos, tanto más cuanto  que,  según  lo  informa  éste  en  su  declaración  visible  a  folios 132 y  siguientes  del  cuaderno número 3, desde septiembre u octubre de 1996 ROMÁN y  él  habían entrado en conversaciones para “hacer cosas conjuntamente” (Fl.  135).   

          Esa  previa  escogencia  de  eventuales  proponentes que hace ROMÁN  FERNÁNDEZ,  con  quienes  pacta las condiciones del negocio particular antes de  ser      invitados      a      ofertar     (cfr.     las     declara­ciones  de  MANUEL RODRÍGUEZ MENDOZA y  NUBIA  LUCÍA  PARRA  FONSECA  visibles  a folios 1 y ss. y 6 y ss. del cuaderno  número  3)  y  les  elabora las propuestas (Fl. 7 ib.) una vez  convocados  gracias  a  la  intervención de su amigo LUIS JESÚS SÁNCHEZ BARBOSA según lo  relata  MARCIAL ENRIQUE QUIÑONES (Fls. 83 y ss. C. 1), obliga a concluir que no  se  respetó  en  lo  más  mínimo  el  principio de  transparencia que orienta la actuación contractual de  la  administración  pública  ni  mucho menos se cumplió con el deber de hacer  una  selección  objetiva de  los  contratistas  que  sabían  de  antemano, dada la trama urdida, que serían  privilegiados con la adjudicación.   

          En  este  sentido,  la  exigencia contenida en el artículo 3º. del  Decreto  855  de  1994 no fue observada en la tramitación de los contratos 385,  386,  387,  388,  389  y  390  suscritos  por el Ministro de Transporte el 30 de  diciembre  de 1996, pues las dos ofertas solicitadas y presentadas con relación  a     cada    uno    fueron    obteni­das  fraudulentamente,  de  manera  tal  que  en  realidad,  como ha  quedado  evidenciado  al  descubrirse  la  farsa, se produjo la adju­dicación  directa  de  los contratos a  unos       proponentes       previa­mente  escogidos  y  cuyas ofertas se habían confeccionado para ese  fin,  sin permitir que se presentara el libre juego de  la                 compe­tencia,   ínsito   en   todo   proceso  contractual,   con   abierto   incumpli­miento   del   deber   de  la  selección  objetiva   del   contratista   y   con  repercusiones  indiscutibles        en        los        principios       de       imparcialidad,        economía       e       igualdad.    

          Desde   esta   perspectiva,   es  incuestionable  que  los  aludidos  contratos    fueron    tramitados    con    violación   de   los   principios      constitucionales     y  legales   que   rigen  la  contratación  estatal  y  que,  por  tanto,  la tipicidad objetiva del hecho es  indiscutible,    adecuación    referida   también   al   doctor   LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  como  quiera  que los  firmó  sin  verificar  el  cumplimiento  de los requisitos superiores y legales  esenciales,          específica­mente  respecto del previsto en el citado artículo 3º. del Decreto  855  de  1994.  La realización del tipo material, con perceptible división del  trabajo es, entonces, inobjetable.   

          Y   esta   aseveración  exime  a  la  Sala  de  entrar  al  estudio  específico     del    cumplimiento    de    otros    requisitos    formales           –la     posibilidad    o    no    de  fraccionamiento,  la  idoneidad o no de los contratistas, la posibilidad o no de  convenir  con  personas  jurídicas,  lo atinente a la cuantía y lo relacionado  con  la  necesidad o no de licitación- pues que en uno y otro casos el trámite  estaría   viciado,   contaminado   por  el  incumplimiento  de  los  requisitos  esenciales superiores.   

          2) EL ASPECTO SUBJETIVO  DEL DELITO.   

          Para  la  Sala  no  hay  certeza sobre la existencia de culpabilidad  dolosa   del   doctor   LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  como  tampoco sobre la plena ausencia de la misma, lo que conduce  a  su  absolución  con  base  en  los  principios  de  duda y de presunción de  inocencia,  también  de origen constitucional, y desarrollados por el artículo  445  del  Código de Procedimiento Penal. Las razones son las siguientes, que se  presentan  acompañadas  de  los  motivos  que  engendran la incertidumbre de la  Corte.   

          Primera.  El  dolo, como dice el artículo  36  del Código Penal, significa actuación voluntaria previo conocimiento de la  definición   típica   y  de  la  antijuridicidad.  Con  otras  palabras,  obra  dolosamente  quien  sabe  que  aquello  que  hace  está descrito en la ley como  punible   y   que   con   ello   genera   un   daño  o  un  riesgo  a  un  bien  jurídico.   

          Su   momento   intelectivo   -conocimiento   de   tipicidad   y   de  antijuridicidad-,  implica  realizar  el  comportamiento con conciencia integral  del  hecho típico –con sus  elementos,  ingredientes  y  circunstancias-, del resultado de la conducta y del  daño o puesta en peligro que se puede causar.   

          Segunda. Como el delito de celebración de  contratos  sin cumplimiento de requisitos legales solamente admite esta forma de  culpabili­dad, es necesario  establecer  si  el doctor LÓPEZ GUTIÉRREZ  celebró los contratos materia de este proceso con el conocimiento  de   que   realizaba   una   conducta   típica  y  antijurídica  y  consintió  voluntariamente  en  ello  o,  dicho  en  otros  términos,  si sabía que en la  tramitación  de  los  contratos  se  había  omitido cumplir con las exigencias  establecidas  en la ley y que aquello que suscribía aparecía ante él como una  falsificación de la realidad.   

          Tercera.  Aunque  en el vocatorio a juicio  se  afirma  que  las  invitaciones  privadas  se  hicieron “con base en claras  instruccio­nes dadas desde  el  despacho  del  señor  Ministro”  (Fl.  170  C.  4)  y  que “todo venía  direccionado”  (Fl.  171  ib),  no  se  demostró  que  el  procesado  tuviera  conocimiento  de  lo  que  sucedió  en  la etapa precontractual y, por la misma  razón,  no  se  le podría atribuir nin­gún  comportamiento  encaminado  a propiciar, tolerar o encubrir el  inadecuado   procedimiento   observado   para  seleccionar  los  con­tratistas.   

Por ello, en el auto que niega la reposición  del  pliego acusatorio, la Fiscalía destaca un aparte del testimonio de MARCIAL  QUIÑONES    cuando,   interrogado   sobre   si   recibió   instruc­ciones   del   Ministro  en  la  etapa  precontractual  relacionadas  con  la  invitación a los oferentes, dijo: “No,  nunca,  antes  de  los  contratos  yo sólo hablé con JOTA SÁNCHEZ, aunque él  decía  que  era  por  órdenes o por instrucciones del Ministro CARLOS HERNÁN.  Con  el  Ministro  sólo  hablé  directamente  ya en el año de 1997, cuando yo  tenía  pensado  iniciar  los  trámites  de  la  caducidad”  (Fl.   269,  C.4).    

          En  la  misma  decisión,  al  referirse  a la premura en cursar las  invitaciones,  señala la Fiscalía que “no debe olvidarse que tal proceso fue  ordenado  y  conducido  por SÁNCHEZ BARBOSA” (Fl. 281) quien, como se dijo en  la  primera  resolución,  aceptó “que los trámites para la contratación se  iniciaron  para  la  época  en  que  se  encontraba  encargado de la Dirección  Fluvial”  (Fl. 170). Y agregó la acusación: “No debe perderse de vista que  SÁNCHEZ  BARBOSA  le  antecedió  en  el  cargo a MARCIAL QUIÑONES y fue aquel  quien  desmontó  la  idea  de  realizar  la  contratación  por  la  vía de la  licitación pública” (Fl. 282).   

          Reitérase  que del haz indiciario deducido por el Fiscal General de  la   Nación   se   puede   concluir   que   “todo   estaba  desti­nado a favorecer a ROMÁN FERNÁNDEZ”  (Fl.     169     C.4).     Sin     em­bargo,  ninguna prueba con plena fortaleza cara al artículo 247 del  Estatuto  Procesal  Penal  permite  atribuirle tal conducta al proce­sado, como que ni siquiera se acreditó  el  conocimiento  entre  ellos.  De  SÁNCHEZ  BARBOSA,  en  cambio, no sólo se  demostró  la  relación  personal  que  sostenían  sino  la  negociación  que  realizó  con  la  esposa de ROMÁN FERNÁNDEZ en el año de 1996, cuando estaba  encargado  de  la Dirección Fluvial, para la adquisición de un apartamento que  en efecto compró (Fl. 54, C.4).   

          Cuarta. La investigación aclaró que todo  el  proceso  de  selección  del  contratista  se  cumplía  en  las Direcciones  Generales  del  Ministerio  y luego, de acuerdo con las cuantías, se suscribía  en  esas  dependencias  o  pasaba  al  despacho  del  Ministro.  Así  se acepta  igualmente  en  la resolución de acusación, cuando se afirma que “el impulso  de  los  trámites surge de las Unidades Ejecutoras del Ministerio”, lo que es  plenamente  admi­sible y se  acompasa  con la previsión constitucional contenida en el artículo 209, según  la      cual      la     función     administrativa     se     desa­rrolla       “mediante       la  descentralización,      la      delegación     y     la     descon­centración              de  funciones”.   

          Y  si  bien la delegación para contratar, autorizada por el numeral  10  del  artículo  25 de la Ley 80 de 1993 y para el caso específico contenida  en  la  Resolución 4323 del 22 de  julio 1996 (Fl. 333 C.3), se limitaba a  la  celebración  de  contratos  que  di­rectamente  podía efectuar la respectiva Dirección, no hay duda de  que,  como  lo  señalan  los  testimonios  de MARCIAL QUIÑONES (Fl. 79 C. 1) y  CARLOS  JULIO  GARCÍA  FERNÁNDEZ (Fl. 186 C. 2), entre otros, todo el trámite  precontractual  y  contractual  que  debía  celebrar  cada  unidad ejecutora se  surtía  en  la Dirección correspondiente, excepto la firma que después de las  pertinentes  revisiones  estampaba  directamente  el Ministro cuando la cuantía  excedía el marco de la delegación.   

          Ajustado   a   la   realidad   fáctica   y   procesal  se  aprecia,  enton­ces,    en    su  integridad,  el  testimonio  de  JAIME  HUMBERTO  RAMÍREZ  BONILLA  que  resume  exactamente lo que hasta el momento se ha dejado planteado:   

                      “…  la  Oficina   Jurídica   consideró   que   el   objeto   de   los  con­tratos  era  diferente  en  cada uno de  estos  en  conside­ración a  que    se    trataba    de    ríos   diferentes   y   cuya   finali­dad  principal  o  lo que pretendía la  entidad  pública al celebrar el contrato era la impresión de 500 cartillas que  recogieran  la  actualización  de  una serie de datos que correspondían a cada  uno  de  los  ríos  contratados.  La  Oficina Jurídica también consideró que  dichos  contratos  se  enmarcaban dentro de la prestación de servicios …, por  tal   razón,   la   Oficina   Jurídica,   de  acuerdo  a  los  ele­mentos  suministrados  por  la  unidad  ejecutora  que  en  este caso era o es la Dirección de Transporte Fluvial quien  suministró  los  términos  de referencia y quien además hizo la invitación a  los  contratistas  e  hizo la valoración de las propuestas se encasillaban esos  con­tratos   en   el  de  prestación  de  servicios  que  de  acuerdo con el presupuesto de la entidad se  podían  realizar  mediante el mecanismo de la contratación directa” (Fl. 179  C. 2).   

          Dicho  lo  anterior, aparece razonable la explicación que el doctor  LÓPEZ GUTIÉRREZ suministró  en     cuanto    a    la    decisión    de    reducir    la    cuan­tía  para  la  contratación  directa  delegada,   consignada   en   las  reso­luciones  1063 de febrero de 1996 y 4323 de julio del mismo año -lo  que  para  la  Fiscalía constituye un indicio de responsabilidad en tanto “el  Ministro  concentró  todo  el  poder  de  la  contratación  en él, con claros  propósitos  de  facilitar  su  manejo y la asignación de contratos, sobre todo  los     de     la     órbita     de     la     contratación     di­recta  (Fl.  302 C. 3), precisamente el  tipo  de  contrato  escogido para llevar a cabo la contratación manifiestamente  irregular  de  que  se  ha dado cuenta” (resolución de acusación, Fls. 136 y  137  C.  4)-,  justificación  según  la  cual  lo  que  se  pretendía  era el  es­tablecimiento  de  los  mayores  controles  que  se podían hacer en virtud de otras diversas revisiones  que    cada    proceso    de    contra­tación recibía.   

          En  efecto:  de las declaraciones de JAIME HUMBERTO RAMÍREZ BONILLA  (Fls.  178  a  181 C. 2) y CARLOS JULIO GARCÍA FERNÁNDEZ (Fls. 186 a 190 ib.),  quienes  como  encargado  y  titular  respectivamente ocuparon la jefatura de la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio  entre  1996  y  1997,  se  advierte que los  contratos  que  debía  suscribir  el  Ministro  eran  objeto  de  revisión por  distintas  dependencias  y  funcionarios,  pues  luego  de  que  la División de  Adquisiciones     y     Contratos    elaboraba    la    minuta    pa­saba  a  la  Oficina  Jurídica para su  examen,    después    a    una    ase­sora  del  Ministro  con  el mismo objeto y “cumplido este último  paso  se  enviaba  al  despacho  del  señor Ministro para otra revi­sión,  que  la hacía otra asesora del  despacho,  en  consideración  a una revisión previa de lo que en el Ministerio  se  llamaba  jefe  de gabinete, después firmaba el señor Ministro si no había  ningún  reparo  u  objeción”  (Fl. 187, C.2). En el mismo sentido declara la  doctora LILIANA GARCÍA MOSCOTE a Fl. 195 del C.3.   

          El   mayor   control  no  era,  entonces,  como  equivocadamente  lo  entendió  la Procuradora Delegada en el interrogatorio que le hizo al procesado  en  la  diligencia  de audiencia pública, el que personalmente pudiera hacer el  propio  Ministro  –quien,  por   lo   demás,   reconoció   su   insuficiencia  de  tiempo  para  ocuparse  ple­namente   de   esos  menesteres,  sobre  todo a finales del mes de diciembre, afirmación corroborada  por  amplio  material  testimonial,  incluido el recibido en audiencia pública-  sino  el  que  se  derivaba  de  los fil­tros   o  verificaciones  adicionales  que  otras  personas  debían  ejer­cer  en  el recorrido  que  hacían  los  documentos  desde  la oficina jurídica hasta el despacho del  Ministro.   

          De    otra    parte,   indirectamente   acepta   la   Fiscalía   la  existen­cia   de   esa  diversidad  y  cantidad  de  controles  cuando en el ítem 2.3 de la resolución  acusatoria  (Fl.  185, C.4) concluye que del hecho de que los contratos lograran  superarlos  se  infiere  que  los  funcionarios  encargados de ejercerlos fueron  instruidos  a  ese  respecto  por  “servidores  con  decidida influencia en el  Ministerio”,  deducción que olvida considerar la apariencia de le­galidad  que  tenían  los  documentos,  hasta  el  punto  de  que  la  propia  acusación  admite que los requisitos del  Decreto   855   de   1994   “formalmente  se  cumplieron”  (Fl.  169,  ib.).   

          Y   aunque   en   el   plano   subjetivo   podría  ser  cierto  que  algu­nos  empleados  del  Ministerio  apreciaran al doctor SÁNCHEZ BARBOSA como representante directo del  doctor  LÓPEZ GUTIÉRREZ, el  gran    poder    que   le   atribuye   la   Fiscalía   no   se   en­cuentra  plenamente demostrado ni mucho  menos  que la inter­vención  que   aquél  hubiese  tenido  en  la  tramitación  de  los  contra­tos  fuera expresión de la voluntad de  éste    quien,    según    lo    pro­bado  en  el  proceso,  no obstante la suscripción de los contratos  sólo    vino    a    adquirir   conciencia   de   ellos   cuando   –si   se   acepta  en  este  punto  el  testimonio  de  MARCIAL  QUIÑONES  al que más adelante se hará referencia- se  comunicó  con  el  director  de  transporte fluvial a propósito de la eventual  declaratoria  de ca­ducidad,  hecho muy posterior desde luego al 30 de diciembre de 1996.   

          Téngase  en  cuenta  además  que SÁNCHEZ BARBOSA no era el único  asesor   del  Ministro  LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  pues  idéntico  papel  cumplieron  otras  personas  como  STELLA  RODRÍGUEZ,  MARÍA  CRISTINA  CASTAÑO  SUÁREZ  y  MERY  CLEMENCIA  SANTOS  DE  FUENTES,   quien  precisamente  según  lo  relató  en  su  declara­ción  (Fls. 56 a 61 C. 3) y lo aclaró  en  la  audiencia  pública,  a la específica labor de asesoría que prestaba a  través  de  un con­trato de  prestación   de   servicios   añadía   otra,  más  o  menos  oca­sional,  que debió cumplir por la gran  confianza  que  le  tenía  el  Ministro,  relacionada  con  la revisión de los  contratos  que por di­versas  causas éste temía firmar.   

          Quinta.   Otro  indicio  más  deduce  la  Fiscalía,  derivado  de  la  supuesta  intervención  del  doctor  LÓPEZ  GUTIÉRREZ para lograr que MARCIAL  QUIÑONES  no  iniciara  el  trámite de la declaratoria de caducidad, cuestión  tampoco  suficientemente  probada  como que las imprecisiones e incoherencias en  que    incurre    el   testigo   dismi­nuyen notoriamente su credibilidad.   

          En    verdad,    aunque    inicialmente   dice   que   no   recibió  instruc­ciones del Ministro  (“no  de  parte  del  ministro no” –Fl.  81 C.1-) e insiste en que no habló con él sobre los contratos  (“no,  no,  que  yo  recuerdo  no” –Fl.  82  C.1-),  cuando el fiscal instructor le pone de presente que  fue      él      mismo     quien     formuló     las     invitacio­nes  a  los proponentes en diciembre de  1996    (ibídem),    ya    sí    re­cuerda  que  en  realidad  en  alguna  ocasión  le solicitó “que  aten­diera a los señores y  les  colaborara  en  el  problema  que tenía, él me llamó por teléfono…”  (Fl.  89 C. 1) y siete meses después precisa que “en concreto sí me dijo que  le     colaborara     a    los    con­tratistas  en  el  sentido  de  que  les  diera un tiempo para ellos  ini­ciar  los contratos”  (Fl.  79  C.  3), pero ya no una vez sino “en algunas oportunidades” (Fl. 81  ib.),  a  pesar  de  que  no  recuerda si él le había expresado al Ministro el  propósito    de   solicitar   la   de­claratoria  de  caducidad  del  contrato  (Fl. 82 ib.), que de todas  maneras  le  correspondía  pedirla  al interventor  “y desde luego yo le  hubiera dado el apoyo respectivo” (Fl. 81).   

          Resulta   insólito   que   precisamente   sea   la  per­sona   a   quien   le  correspondería  declarar   la  caducidad  la  que  soli­cite   a   su  subordinado  que  no  la  impulse,  no  obstante  que  tam­poco es a éste a quien  le      compete     requerir     la     iniciación     del     trá­mite   sino  al  interventor,  cuando,  además,   imponer  esa  sanción  es facultativo de la administración que  siempre  debe  procurar  en  primer  término  la satisfactoria realización del  objeto   de   los   contratos,   y   sólo   acudir  a  esta  figura  cuando  el  compor­tamiento    del  contratista    le   haga   prever   fundadamente   que   el   contrato   no   se  ejecutará.   

          Con  todo, aun admitiendo que QUIÑONES QUIÑONES hubiera narrado la  verdad  en  sus  últimas  intervenciones,  su  dicho no es lo considerablemente  sólido  como  para  deducir  a  partir  de  ese  dato  que el procesado tuviera  conocimiento  acerca  de la manera como se urdió la escena para la formulación  de   las   invitaciones   y   la  selec­ción  de  los  contratistas,  pues  su  recomendación bien podría  obedecer  al  propósito  de  que  los  contratos  se ejecutaran ade­cuadamente.   

Con  mayor  razón resultaría equívoca una  semejante  infe­rencia si se  para  mientes  en que para el 19 de mayo, día en que se aceptó la renuncia del  Ministro  (Fls.  67  y  68  C.  1), todavía no se habían suscrito las actas de  iniciación  porque  los  borradores  de  las mismas, firmados el 20 de febrero,  tenían       unas      inconsisten­cias  que  debían ser corregidas, al decir del interventor ARGEMIRO  REINOSO  (Fl.  110  C.  3),  y por hallarse próxima la fecha de vencimiento del  plazo    contractual    se    optó    por    acatar    la   sugeren­cia  de la abogada LILIANA GARCÍA para  que  quedaran  con  fecha  20  de  mayo,  testimonio  que es corroborado en este  aspecto   por   la   doctora   GARCÍA   MOSCOTE   (Fl.   193   C.   3).   Estas  circunstan­cias, en las que  no       aparece      rotundamente      involucrado      el      doc­tor   LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  explican  adicionalmente  por  qué  las  pró­rrogas apenas vinieron  a  definirse  en  la  reunión de agosto 20 a que aluden los testigos QUIÑONES,  REINOSO y GARCÍA MOSCOTE, entre otros.   

Sexta. Tampoco tiene  capacidad  probatoria  plena  el  enlace  que se ha querido establecer entre dos  congresistas,  el asesor SÁNCHEZ, la asesora RODRÍGUEZ, ROMÁN FERNÁNDEZ y un  familiar  de esta última, aun si se quisiera pensar en que los uniera el cheque  finalmente  llegado a manos del señor RODRÍGUEZ, primero porque no se sabe con  exactitud  el origen de tal título-valor, segundo porque no se conoce el motivo  de  la emisión o transferencia del mismo a RODRÍGUEZ y tercero porque, y es lo  más  importante,  la  prueba no enseña relaciones estrechas al punto de llegar  al  plano  de  la  criminalidad  entre el doctor LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  la  familia  RODRÍGUEZ, el señor ROMÁN  FERNÁNDEZ,    el    asesor    SÁNCHEZ    y    las    congresistas    CELY    y  RODRÍGUEZ.   

La conclusión a que llega la Sala sobre este  aspecto  del  hecho  punible al examinar en detalle los argumentos blandidos por  el  Fiscal  General  de  la  Nación en su escrito acusatorio, por el Ministerio  Público  y  la  Parte  Civil,  es  la  de  que no encuentra certeza positiva ni  negativa  sobre  la  culpabilidad  dolosa  del procesado, es decir, oscila entre  afirmar y desechar su responsabilidad.   

Por  ello,  persuadida  de que no se reúnen  los  presupuestos  legales  para   condenar,   en   estricta  obser­vancia  de  los  principios  proclamados  por el artículo 445 de la  misma    obra,     procederá    a    absolver   al   doctor   CARLOS   HERNÁN  LÓPEZ  GUTIÉRREZ,  por  incertidumbre  sobre  su  comportamiento  doloso, comportamiento que, a lo sumo,  podría  serle imputado a título de culpa en cuanto habría debido verificar el  cumplimiento  de  los  principios  generales de la contratación antes de signar  los  convenios.  No  obstante,  como  el  hecho atribuido no admite tal forma de  culpabilidad, no se le puede acreditar la comisión de un delito.   

         

          De  otro  lado,  no se atenderá la solicitud que formula la defensa  en   el   sentido   de   compulsar   copias   para  que  se  investi­gue la presunta violación del régimen  de     inhabilidades     e     incom­patibilidades  derivado  de  la  participación  en  el  proceso  de  selec­ción   de  varias  empresas  que  registran  socios  comunes, porque si, como se ha examinado, cada  contrato  tiene  una identidad propia que lo distingue de los demás, no resulta  contraria  a  la  ley  la práctica de invitar a una misma sociedad –y  mucho  menos  a  dos sociedades con  idéntica  o similar conformación societaria- para que presente ofertas para la  realización    de   obras   que   pre­tenden  desarrollar  objetos diferentes. Lo que prohibe la ley es la  presencia  de  tales  empresas o proponentes miembros de una familia en un mismo  proceso      de     selección,     situación     que     no     su­cede   en   el   sub   judice   porque  “Industrial  Papelera  S.A”.  y  “Editora  Nacional  de Colombia”, de un  lado,  y “Editorial Delfín” y “Editora Géminis”, del otro, no hicieron  ofertas   para   unos   mismos   contra­tos.   

          Tampoco   se   accederá   a   la   petición   de   desestimar  los  me­dios    probatorios  allegados  en  el  curso  de la inspección judicial practicada al proceso   que   por   estos  mismos  hechos  se impulsa contra el  doctor  SÁNCHEZ  BARBOSA  -en  la  cual,  “paradójicamente”,  se obtuvo la  declaración  del  señor   CAÑAVERA-,  recaudo  que cuestiona el defensor  porque  considera  que el funcionario comisionado por el magistrado sustanciador  excedió  los límites de la comisión al obrar contra decisión ejecutoriada de  la Sala. Los siguientes motivos sustentan esta decisión:   

          1.  El  inciso  2º.  del artículo 313 del Código de Procedimiento  Penal  autoriza  al  funcionario  comisionado para “extender su ac­tuación   a  la  práctica  de  otras  pruebas  técnicas o diligencias que surjan del cumplimiento de la comisión”.   

2.  Específicamente  referido al tema de la  inspección  judicial,  el  artículo  260  del  mismo  estatuto  permite que el  funcionario  que  lleva  a cabo la diligencia, de oficio o a petición de parte,  amplíe  su  objeto  siempre  que, como ocurrió en este caso, en el curso de la  misma se encuentren documentos que interesen al proceso.   

3.  Los  documentos  que  se  obtuvieron  en  desarrollo  de  la diligencia hacían todos relación a la cuestión debatida en  este  proceso,  como  puede  colegirse  del  objeto del estudio realizado por el  Cuerpo  Técnico  de Investigaciones de la Fiscalía General de la Nación (Fls.  218  y  ss.  C.1 de la Corte), al que igualmente interesaba el documento visible  al  folio  217  en  el  que  ROMÁN FERNÁNDEZ solicitaba a MARCIAL QUIÑONES un  plazo adicional para la ejecución de los contratos.   

          4.  No se vulneraron los derechos de contradicción y de­fensa   a   los   sujetos  procesales,  efectivamente   ejercidos   por  el  señor  defensor  del  doctor  LÓPEZ    GUTIÉRREZ    quien   conoció  di­rectamente la prueba que  se   aportaba   al  proceso  e  inclusive  pudo  discutir  la  legalidad  de  su  incorporación.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  Justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

ABSOLVER  al doctor  CARLOS    HERNÁN    LÓPEZ   GUTIÉRREZ  del  concurso  homogéneo  de  celebración  de  contratos  sin el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  que le fue imputado en su calidad de  Ministro de Transporte.   

           En  consecuencia,  ORDENAR su libertad inmediata  y  la  devo­lución  de la  caución  que  otorgara para disfrutar del derecho a la detención domiciliaria,  salvo  que sea requerido por alguna auto­ridad,   evento  en  el  cual  quedará  a  disposición  de  ésta.   

               Notifíquese y cúmplase.   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                              

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                          JORGE A. GÓMEZ GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

No  hay  firma            

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                                          NILSON      PINILLA     PINILLA                                                     

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *