16981mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16981  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                              Magistrado Ponente   

                                              Dr. Carlos E. Mejía Escobar   

                                              Aprobado  Acta No. 41 (17-III-2000)    

Santa  Fe  de  Bogotá  D.C., veintiuno   (21)      de      marzo      de      dos      mil   (2000).   

V    I    S    T   O   S    

Decide  la  Sala  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  procesado doctor JULIO CESAR ROJAS RODRIGUEZ en contra del  auto  de  la  Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali del  24  de  noviembre  de 1999, por medio del cual negó el beneficio de la libertad  provisional  solicitado  con  fundamento  en  la  causal 5 del artículo 415 del  Código de Procedimiento Penal.   

ANTECEDENTES  

1.-            El doctor JULIO CESAR ROJAS RODRIGUEZ se  encuentra  vinculado  al  proceso  que  en  causas  acumuladas se adelanta en su  contra  en  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de  Cali.   

2.-            Es  la quinta vez que la Corte conoce de  recursos  interpuestos  dentro  de  esta  actuación.   En  auto  del  1 de  septiembre  de  1998  confirmó la providencia de primera instancia que negó el  beneficio  de  la  libertad  provisional;  en  decisión del 9 de marzo de 1999,  confirmó,  entre  otras  decisiones,  la  de  primera  instancia  que negaba la  libertad  provisional  que  había  sido solicitada con fundamento en el numeral  5° del artículo 415 del Código de Procedimiento Penal.   

En esa ocasión la Sala encontró que “(…)  han  sido  múltiples  las  actuaciones  de la defensa dirigidas a evitar que la  audiencia   pública   fuese   inicialmente   señalada,  y  luego,  impedir  su  realización,  lo  cual  hace  que  se imponga la aplicación de la disposición  citada  (inciso  2°  del  numeral  5°  del  artículo 55 de la Ley 81 de 1993,  modificatorio  del  artículo 415 del Código de Procedimiento Penal)”. (folio  66, cuaderno original 8)   

El  11 de noviembre de 1999 la Sala confirmó  el  auto del 25 de junio del mismo año proferido por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Cali mediante el cual le negó el beneficio  de  la  libertad  provisional  por  pena  cumplida  al ex Juez JULIO CESAR ROJAS  RODRIGUEZ.     La   Corte  en  aquella  ocasión  hizo  una  tasación  anticipada  de  la  pena  en  la  que  la pena mínima superaría los 3 años de  prisión,   por  lo  que  estimó  que  no  estaba  acreditado el requisito  objetivo para estudiar la procedencia de la libertad provisional.   

3.-            Con  fundamento  en  la  causal  5° del  artículo  415  del Código de Procedimiento Penal, el procesado ROJAS RODRIGUEZ  vuelve a solicitar el beneficio de la libertad provisional.   

Estima el encartado que han transcurrido más  de  6  meses desde la ejecutoria de la resolución de acusación sin que se haya  instalado  la  audiencia  pública  de  juzgamiento.   Indicó que el 27 de  noviembre  de  1998  se  resolvió  negativamente  por  parte  del  Tribunal una  solicitud  similar  con  el  argumento  de que no se habían cumplido aún los 6  meses.   Como  ahora  –  más  de  un  año  después  –  tal  lapso  está  suficientemente   superado,   considera   que   tiene   derecho  a  la  libertad  provisional.   

Adiciona  a  su escrito copia de la sentencia  C-846  del 27 de octubre de 1999 de la Corte Constitucional, mediante la cual se  declaró  la  constitucionalidad  condicionada  del inciso 2° del artículo 415  del  Código  de  Procedimiento  Penal  “siempre  y  cuando se entienda que la  causal  por  la  cual  se  suspende  la  audiencia,  debe  ser razonable y estar  plenamente justificada”.   

4.-              Mediante  extensa  decisión del 24 de  noviembre  de 1999, la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali  negó  el  beneficio  de  la  libertad  provisional argumentando que la no  realización  de  la  audiencia  pública  ha  sido  por  causas  atribuibles al  defensor o al procesado.   

Señaló el auto del Tribunal que las sesiones  de  la  audiencia  pública programadas para el 20 de abril y 25 de mayo de 1999  no  se pudieron realizar por excusas personales del defensor.  La del 22 de  junio  de  1999  por  renuncia  al  poder presentada un día antes y la del 9 de  noviembre    de    1999   no   se   llevó   a   cabo   por   inasistencia   del  procesado.   

5.-            El  procesado  ROJAS RODRIGUEZ interpuso  recurso  de reposición y en subsidio apelación en contra del auto que le negó  el  beneficio  de  la libertad provisional.  Criticó al Tribunal por citar  abundante   jurisprudencia  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  de  la  Corte  Constitucional  para terminar negando el beneficio.    

Le reclama al Tribunal por haber citado “el  Pacto  de  San  José  de  Costa  Rica,  y más aún acostillando (sic) que toda  persona  tendrá  derecho  a  ser  juzgada  dentro de un plazo razonable o a ser  puesta  en  libertad,  sin perjuicio que continúe el proceso.  Su libertad  podrá  estar  condicionada  a  garantías  que  aseguren su comparecencia en el  juicio, para luego en un absurdo negar mi libertad”.   

Advierte  que  acepta con resignación que le  asistía  razón  a  la  Sala  Penal del Tribunal cuando  decidió el 16 de  noviembre  de  1998 que no tenía derecho a la libertad provisional porque “su  afán  y el de su defensor estuvo enderezado a que no se realizara la diligencia  de  audiencia  pública de juzgamiento”, máxime cuando la Corte confirmó tal  pronunciamiento,  pero seguir sosteniendo lo mismo 9 meses después lo considera  un desaguisado.   

En  escrito complementario el procesado ROJAS  RODRIGUEZ  cita  nuevamente la sentencia de constitucionalidad del 27 de octubre  de  1999, para señalar que cuando la mora en la realización de la audiencia no  haya  ocurrido  por  causa  atribuible  al  defensor o al encartado, éste tiene  derecho a la libertad provisional.    

Estima que ninguno de los aplazamientos puede  ser  imputable  a  él,  pues  las  enfermedades  de  él  o  de su defensor son  situaciones  fortuitas  e  imprevistas,  a  lo que se adiciona que en la última  fecha  señalada por el Tribunal para la realización de la audiencia pública –  7  de  diciembre  de  1999  –  tampoco  pudo  realizarse  por  excusa del Fiscal  Delegado.    

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.-             El  inciso  2°  del  numeral  5°  del  artículo  415 del Código de Procedimiento Penal señala que en tratándose del  vencimiento  del  término  de los 6 meses contados a partir de la ejecutoria de  la  resolución  de  acusación  sin  que  se  haya celebrado la correspondiente  audiencia  pública,  no  habrá  lugar  a  la  libertad  provisional en los dos  siguientes casos:   

a.-            Cuando la audiencia se hubiere iniciado.  Así esta se encuentre suspendida por cualquier causa.   

b.-            Cuando  habiéndose fijado fecha para la  celebración  de  la  misma,  no  se  hubiere  podido  realizar por causa   atribuible   al   sindicado   o  a  su  defensor.   

2.-            Respecto  del  primer  supuesto  la  Corte  Constitucional  mediante  sentencia  C-846  del  27  de  octubre  de 1999  señaló  que  “la  iniciación  de  la  audiencia  pública, no interrumpe el  término  establecido  en el primer inciso del numeral 5° del artículo 415 del  C.P.P  para acceder a la libertad provisional, es decir, que una vez iniciada la  audiencia,  si  ésta  no  culmina  dentro del término de seis meses contados a  partir  de  la resolución de acusación, el procesado tendrá derecho a obtener  la libertad provisional con fundamento en la norma citada.   

“De igual forma, la exequibilidad del aparte  analizado,  también  debe  estar condicionada al entendido de que la causal por  la  cual  se  ordena  la  suspensión  de la audiencia debe ser razonable, estar  plenamente  justificada  y  el término de duración debe ser el mínimo que las  circunstancias lo ameriten” (folio 13 del fallo citado).   

3.-            Respecto  de  la segunda hipótesis  exceptiva  a  la  concesión  del  beneficio de la libertad provisional, esta se  declaró   exequible  sin  que  en  el  juicio  de  constitucionalidad  se  haya  establecido  alguna  condición  especial   de  interpretación que lo haga  constitucional.   

Decidido  por la Corte Constitucional que ese  evento  es  plenamente exequible, sin condición alguna, entonces corresponde al  Juez  competente  en  cada  proceso penal concreto la evaluación sobre la causa  por  la que la celebración de la audiencia no se haya podido llevar a cabo y si  la  misma  es  “atribuible  al  sindicado  o a su defensor”.  A ello se  procede a continuación.   

4.-            A  la decisión de marzo 9 de 1999 de la  Corte  Suprema  de  Justicia mediante la cual se confirmó, entre otros, el auto  del  27  de  noviembre  de  1998  que negó la libertad provisional por la misma  causal  que  ahora reclama el procesado ROJAS RODRIGUEZ, éste aceptó “que su  afán  y  el de su defensor estuvo enderezado a que no se realizara la audiencia  pública de juzgamiento (…)” (folio 279, cuaderno original 8).   

4.1.-          Con posterioridad a tal providencia de la  Corte,  el  Tribunal  fijó  mediante  auto  del  6  de abril de 1999 el día 20  siguiente  para  la  celebración  de la audiencia pública. (folio 76, cuaderno  original  8).   En  la misma fecha se libraron comunicaciones a los sujetos  procesales  y  simultáneamente  se  notificó  personalmente  al procesado y al  agente del Ministerio Público (folio 85).   

El  16  de  abril  de  1999,  el defensor del  procesado  ROJAS  RODRIGUEZ  solicitó aplazamiento de la audiencia pública por  cuanto  para  la fecha programada (20-IV-99) deberá estar “fuera de la ciudad  atendiendo  diligencias de índole personal y familiar intransferibles” (folio  92).   

4.2.-          Como  consecuencia  de  lo  anterior, el  Tribunal  fijó,  mediante  auto  del  21 de abril de 1999, el 25 de mayo de ese  año  como  nueva  fecha para la celebración de la audiencia pública.  El  22  de  abril  le  fue  notificada personalmente esa decisión al procesado y el  día   siguiente  al  defensor  y  al  agente  del  Ministerio  Público  (folio  101).   

El 24 de mayo de 1999 (folio 120) el defensor  solicitó  otro  aplazamiento de la diligencia de audiencia pública.  Esta  vez  lo  fundó  en  la necesidad de atender ese mismo día (25-V/99) diligencia  similar  en  el  Juzgado 18 Penal del Circuito donde se adelantaba un juicio por  falso testimonio.   

4.3.-          Por  auto  del  27  de  mayo de 1999, el  Tribunal  vuelve  a  fijar fecha para audiencia pública.  Esta vez señala  el  22  de  junio  siguiente.   En  el  mismo  auto  deja constancia de las  suspensiones  anteriores  por  causa  atribuible  al  defensor  y  le  llama  la  atención  para  que  asista a la fecha para la que ahora se cita. (folios 130 y  131)   

Libradas las comunicaciones de rigor, el 18 de  junio  se  recibe  en  la  Secretaría  del  Tribunal  una solicitud de libertad  provisional  suscrita  por  el  defensor  del procesado.  El 21 de junio el  mismo  defensor  renuncia al poder que le había sido conferido. La audiencia no  se celebra.   

4.4.-          El  25  de  junio de 1999 se resuelve la  petición  de  libertad  mediante  auto que niega el beneficio  y el 28 del  mismo  mes  se  ordena  comunicar al procesado ROJAS RODRIGUEZ la renuncia de su  defensor.   El  29 (folio 151 vuelto) el encartado solicita la designación  de un abogado de oficio.   

El  6  de  julio  se  ordena  oficiar  a  la  Defensoría  del  Pueblo para el efecto, recibiéndose respuesta el 23 siguiente  en  la  que  señalan  que el perfil socioeconómico del procesado no permite su  inclusión en el programa de defensoría pública. (folio 155)   

El 30 de julio y el 13 de agosto se resuelven  peticiones  del procesado.  El 30 de agosto se recibe petición del acusado  ROJAS  RODRIGUEZ  en la que manifiesta su imposibilidad económica para designar  un defensor e insiste en solicitar que se le designe uno de oficio.   

El 1 de septiembre se ofició a la Defensoría  del  Pueblo recabando el nombramiento del defensor de oficio e informándole del  estado  de  insolvencia  económica del enjuiciado.  El 16 de septiembre de  1999  se  recibió comunicación de la Defensoría Pública en la que se informa  de  la designación del defensor de oficio (folio 180).  El 8 de septiembre  se  fija el 9 de noviembre como nueva fecha para la celebración de la audiencia  pública.   

El  5  de  octubre  se  concede un recurso de  apelación.  El  13 siguiente se corrige ese mismo auto y el 29 de octubre se le  autoriza  el  desplazamiento  del  acusado  a  la  Secretaría del Tribunal para  estudiar  el  expediente.   El  9  de  noviembre  el procesado doctor ROJAS  RODRIGUEZ   se   excusa   de  asistir  a  la  diligencia,  alegando  razones  de  salud.   Para  el efecto agrega una fórmula médica de un médico adscrito  a una Caja de Compensación.   

5.-            El  12 de noviembre de 1999, el Tribunal  recibe  la  petición  de  libertad  provisional  que  resolvió negativamente y  frente   a   la  cual  se  interpuso  el  recurso  de  apelación  que  acá  se  desata.   

6.-            De la detallada relación que se acaba de  hacer,  surge  claro,  tal  como lo manifestó el Tribunal a quo, que las causas  por  las  que  habiéndose  fijado  fecha  para  la celebración de la audiencia  pública  y  ésta  no ha podido realizarse, son atribuibles al sindicado y a su  defensor.   

El Tribunal ha actuado conforme se lo imponen  sus  deberes  legales  y  constitucionales.   Ha  fijado las fechas para la  celebración  de la audiencia pública con antelación suficiente para adelantar  el  proceso  de  enteramiento  de  los sujetos procesales y ha cuidado que todos  queden  informados de las fechas correspondientes, pero en vísperas de la misma  o  incluso  el  propio  día fijado para la realización de la diligencia se han  recibido diversas clases de excusas del defensor o del procesado.   

Esas  excusas  van  desde  la  necesidad  de  “atender  diligencias de índole personal y familiar instransferibles (sic)”  que  alegó  el  defensor en escrito del 16 de abril de 1999 (folio 92) hasta un  aparentemente  repentino  problema  de  salud  del  procesado,  certificado  por  médico  particular  (folio  206),  pasando por la renuncia al poder que hizo el  defensor,  justamente después de haber solicitado y obtenido el aplazamiento de  la  audiencia  en  2  ocasiones  anteriores  y  precisamente  cuando había sido  advertido  severamente  por  el  Tribunal  acerca de la identificación de tales  maniobras como dilatorias del proceso. (folio 130).   

7.-            Tales  maniobras  revelan  la intención  maliciosa  de  impedir  la  realización  de la audiencia pública.  Ya sea  porque  la  excusa  es  abiertamente  arbitraria  (razones personales sobre cuya  trascendencia  no se ofrece ninguna prueba); o porque decididamente denota falta  de  planificación profesional (necesidad de asistir a otra audiencia pública);  o  por  ser claramente dilatoria (renuncia intempestiva al poder en vísperas de  la  celebración de la diligencia); o definitivamente dudosa (una dolencia menor  certificada por médico particular).   

Los  calificativos  que  usa  la Corte no son  gratuitos,  corresponden  a lo que se deduce de la dinámica de la actuación y,  sobre  todo,  se  afincan  en el antecedente que procesado y defensor han creado  dentro  de  este  proceso  con  su  propia actuación.  Es el propio doctor  ROJAS  RODRIGUEZ,  ex  Juez  de  la  República,  quien  reconoce  “(…)  con  resignación,  que  la  razón  le  asistía a la Sala de Decisión Penal cuando  fulminó  la  providencia  de noviembre 16 de 1998, en donde no se me otorgó la  libertad  provisional,  cuando se remarcó que mi afán y el del defensor estuvo  enderezado  a  que  no  se realizara la audiencia pública de juzgamiento, sobre  todo  cuando  la  Corte Suprema de Justicia avaló tal determinación en marzo 9  de 1999” (folio 280).   

De este precedente de deslealtad procesal y de  mala  fe,  plenamente demostrado dentro de la actuación, no puede sustraerse el  Juez  competente  en  la  valoración  de  las  nuevas peticiones que defensor y  procesado  hicieron  para  obtener  la  no  celebración  de  la  audiencia  pública.   Ese antecedente, sumado a las mismas  razones específicas  que  se  alegaron  en  cada petición de aplazamiento, no pueden sino configurar  causas  atribuibles  al  defensor  y  al  procesado  que  tuvieron  como  único  propósito  el de impedir la celebración de la audiencia pública.  Al ser  ello  así,  se  revelan  como  actuaciones  que  infringen  el  principio de la  lealtad,   norma   rectora   consagrada  en  el  artículo  18  del  Código  de  Procedimiento  Penal  e  impiden  la  concesión  del  beneficio  de la libertad  provisional.   

8.-              Vale    la    pena    una    última  consideración.   Lo  prevalente es que el Estado administrador de justicia  no  haya  dejado  el  proceso  abandonado  a su propia suerte ni haya expuesto a  irrazonable  prolongación  de  la  privación  de la libertad al acusado.    

El  acceso  oportuno  a la administración de  justicia  y la protección de la libertad frente a las dilaciones injustificadas  se  desdobla  en  diversas consideraciones tanto objetivas como subjetivas a las  que  debe  acudir  el  Juez  en  cada  caso  concreto  confrontando  y aplicando  criterios  de  razonabilidad  tales  como  la extensión temporal del período o  períodos  de  interrupción  del trámite procesal, la apreciación axiológica  del  motivo,  que  va  desde  la  malicia  hasta  la  falta  de  diligencia o la  imprudencia,  el  cumplimiento  de las cargas probatorias respecto del carácter  grave  o  irresistible  de  una petición de aplazamiento, o las condiciones que  den a un particular evento una connotación especial   

También  habrá  de  considerarse  cómo  un  aplazamiento  injustificado  repercute en toda la planificación preordenada por  los  Juzgados,  introduce  distractivos en la gestión y origina una distorsión  en  cadena que a veces se convierte en causa futura de sucesivos retardos. Y que  en  otras  oportunidades  no  desvincula a la judicatura del cumplimiento de sus  deberes de dirección y ordenación del proceso.   

Por eso el análisis sobre la trascendencia de  la  causa  atribuible  al  procesado o al defensor no es válido llevarlo a cabo  como  si  cada aplazamiento fuere un episodio descontextualizado suficientemente  explicativo  en  sí mismo de cualquier retardo, menos aún como si una conducta  negligente   del   defensor   o   del   procesado   autoricen   a  paralizar  la  actuación.   

Ese es el norte que rige la apreciación de la  causal  de  excarcelación  y de sus excepciones y de él no se puede apartar la  autoridad judicial.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  La   Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Penal,   

administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la Ley   

R E S U E L V E  

1°.-           CONFIRMAR   el  auto  del  24  de  noviembre  de  1999 de la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Cali  que  negó  el  beneficio de la libertad provisional solicitada por el  enjuiciado JULIO CESAR ROJAS RODRIGUEZ.   

2°.-          Vuelvan  las  diligencias al Tribunal de  origen.   

CUMPLASE  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                                  JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                                                                                     CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                                NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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