16946(02-10-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16946  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 109  

          Bogotá   D.   C.,   dos   (2)   de   octubre   de   dos   mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  la Fiscalía 55 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de Medellín,  contra  la  sentencia  de  septiembre  22  de 1999, mediante la cual el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Quibdó, por una parte,  absolvió a  Argencys  Rentería  Chaverra  de  los  delitos  de Peculado por apropiación en  cuantía  superior  a  200  salarios  mínimos  legales  mensuales  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  con  el  de  falsedad en documento privado y,  por  otra,  lo  condenó  a  dos  (2) años de arresto, multa de 50 salarios mínimos  legales  mensuales,  a la interdicción de derechos y funciones públicas por el  mismo  término,  y  a  pagar  a título de indemnización de perjuicios la suma  de   $919.113.687.00,  como  responsable  del  delito  de peculado culposo.   

HECHOS    

          Durante  los  meses  de  octubre,  noviembre  y  diciembre de 1996,  cuando  el  señor  Argencys  Rentería  Chaverra  se desempeñaba como Tesorero  Pagador  del  Fondo  Educativo  Regional  del  Choco  – FER-, fueron sustraídos  aproximadamente  mil  millones  de pesos, representados en cheques supuestamente  cobrados  por  personal  del  magisterio  y que eran manejados en la cuenta  corriente  No.  0380-00206-3  del  Banco  Popular,  situación que fue detectada  cuando  la  entidad  bancaria  se  negó  a  cubrir  por insuficiencia de fondos  un   cheque  por más de 200 millones de pesos  a nombre del Instituto  de  Bienestar  Familiar.                 

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   Con   fundamento   en   las   diligencias  practicadas  en  la  investigación  previa,   que se inició en razón de la denuncia formulada  por  Argencys  Rentería  Chaverra  el  30  de  enero de 1997, la Fiscalía 7ª.  Especializada  de  Delitos contra la Administración Pública de Quibdó ordenó  la  apertura  de  instrucción el 19 de febrero de 1997, a la cual fue vinculado  mediante  diligencia  de  indagatoria,  entre  muchos  otros, el señor Argencys  Rentería  Chaverra,   a  quien,  al  definirle la situación jurídica, la  Fiscalía  le  impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva por los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  falsedad  en  documento privado, en  concurso  homogéneo  y sucesivo, según proveídos del 13 de marzo de 1997 y 14  de mayo de 1998 (C. 3, fol. 35; C. 9, fol. 182) .   

          2.  El  30 de septiembre de 1998, la Fiscalía 55 Delegada ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Medellín  decretó  el cierre parcial de la  investigación  en  relación  con  el procesado Rentería Chaverra (C. 12, fol.  221)  y,  al calificar el mérito del sumario, lo acusó como responsable de los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  falsedad  en  documento privado, en  concurso  homogéneo  y  sucesivo, mediante resolución de fecha noviembre 10 de  1998,  que  al  no  ser  objeto  de recurso alguno, quedó ejecutoriada el 16 de  noviembre de 1998.   

         3.  El  juicio  le  correspondió  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Quibdó,  despacho  que el 19 de julio de 1999 condenó a Argencys  Rentería  Chaverra  a 13 años y 6 meses de prisión, multa de $919.113.687.00,  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período de 10  años   y  al  pago  de  los perjuicios, que fueron tasados en 4.000 gramos  oro,  al  hallarlo  responsable  como  autor  de  los  delitos  de  peculado por  apropiación   y  falsedad  en  documento  privado,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

          Al  ser  apelado  este  fallo  por  el  procesado,  el  Tribunal Superior de Quibdó lo modificó mediante sentencia del  22  de  septiembre  de 1999, por medio de la cual absolvió a Argencys Rentería  Chaverra  de los delitos de peculado por apropiación en cuantía superior a 200  salarios  mínimos  legales  mensuales  y  falsedad  en  documento  privado,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo y, en su lugar, lo condenó a dos (2) años de  arresto,  multa de 50 salarios mínimos legales mensuales, a la interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,  y al pago de los perjuicios en favor del Fondo Educativo Regional del  Chocó,   en   cuantía   de  $919.113.687.00,  correspondiente  a  los  valores  extraviados  y  no  recuperados, indexados al momento del pago, como responsable  del  delito  de peculado culposo de que trata el artículo 137 del Código Penal  anterior.     

4.  La Fiscalía 55 Delegada ante los Jueces  penales  del Circuito de Medellín interpuso y sustentó el recurso de casación  cuyo fondo resuelve la Sala en este proveído.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación, cuerpo segundo,  consagrada  en  el  artículo  220  del  Código de Procedimiento Penal anterior  (Decreto  2700  de  1991), la casacionista formuló un  único cargo. Lo enunció, así:   

          Cargo único (violación indirecta)   

          La    sentencia   del  Tribunal  es  violatoria  en  forma  indirecta  de  la  ley sustancial, por haber incurrido en  error  de  hecho por falso juicio de identidad, al distorsionar objetivamente el  contenido  fáctico  de  los  testimonios  de  Francisco Javier Restrepo Torres,  Nilson   Díaz   Gámez,   Aníbal   Moreno   Arce   y  Roque  Enrique  Asprilla  Campaz.   

          Como demostración de la censura señaló:   

         a)  El  Tribunal  le restó credibilidad al testimonio de Francisco  Javier  Restrepo,  quien  señaló  a  Argencys  Rentería  Chaverra  como autor  intelectual  de  la  multimillonaria defraudación, por considerar que aquél se  había  retractado  de  dicha sindicación. Considera el censor que no es cierto  que   el   citado  testigo  se  hubiera  retractado  de  sus  dichos,  pues  tal  retractación  tuvo  lugar  en  su  última  ampliación  de  indagatoria, pero,  posteriormente,  al  acogerse  a  la  sentencia  anticipada, acusó nuevamente a  Rentería Chaverra de los cargos que inicialmente le imputara.   

         Agrega   que   contrario  a  lo  decidido  por  el  Tribunal,  este  testimonio  merece total credibilidad porque se trata de una persona que aceptó  haber  intervenido  en la empresa criminal, y las circunstancias por el narradas  encuentran  pleno  respaldo  en  la  realidad  procesal y son confirmadas, entre  otros,  por  Libardo Hurtado Botacio y Sedenia Rentería Chaverra. Considera que  desvalorar  lo manifestado por Restrepo Torres, “no es más que desconocer los  criterios  de  la sana crítica, pues a la prueba se le ha puesto a decir lo que  ella no expresa”.   

         b)  El  juez colegiado tampoco le dio credibilidad al testimonio de  Nilson  Díaz  Gámez,  aduciendo que éste se retractó de su versión inicial.  Sostiene  que aunque ello es cierto, el juzgador omitió tener en cuenta que esa  retractación  resulta  muy  sospechosa, pues el citado testigo está casado con  una   sobrina  de  la  esposa  de  Rentería  Chaverra  y,  además,  porque  la  retractación  ocurrió  después de que el testigo se reuniera con los abogados  de   Rentería Chaverra.   

         c)  Se desestimó el testimonio de Aníbal Moreno Arce, quien en su  primera   versión  reconoció  haberle  cambiado  varios  cheques  a  Rentería  Chaverra,  algunos  de  ellos  por  valor  de  5  millones  de pesos, porque con  posterioridad  aquél  se  retractó  de  dicha  sindicación.  No  advirtió el  Tribunal  que la última versión  fue acomodada para favorecer a Rentería  Chaverra,  en  virtud  de las presiones que éste ejerció sobre el  citado  testigo.  Indica  que  en  el  proceso  hay  varias  circunstancias que permiten  inferir  la  sinceridad de las sindicaciones que hiciera Moreno Arce, como es el  hecho  de  que  le  hubiera confiado al agente del DAS, Jeovanny Redondo Sierra,  sus   temores  en  relación  con  lo  que  estaba  sucediendo  en  el  FER  del  Chocó.      

         d)  El juzgador de segunda instancia tampoco le dio credibilidad al  testimonio  de  Roque Enrique Asprilla Campaz, en razón de que éste es hermano  de  Félix León Asprilla Rentería, quien aparece seriamente comprometido en la  empresa  criminal  que se investiga. Estima el censor que es un error desestimar  a  un  testigo únicamente por los vínculos familiares, sin demostrar realmente  los  intereses  que  pueda  tener  para  tergiversar  la  verdad  con  el fin de  favorecer  o  perjudicar a otra persona. Además, no es cierto que el testigo no  hubiera  tenido  ninguna  relación  con  el  FER;  según se indica  en el  informe  del  C.T.I.  aquél  sí laboró en el en el centro Experimental piloto  del   Chocó,    y    su  sueldo  le  fue  cancelado  con  fondos  del  FER.   

         e)   El  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta  varias  declaraciones  que  confirman  la  veracidad de los testimonios antes referidos, tal como la rendida  por  Marisol  Ramírez  Bermúdez,  así  como  tampoco  los  indicios  de  mala  justificación existentes en contra de Rentería Chaverra.   

Cita como normas sustanciales violadas, los  artículos  248,  253,  254,  273  y  294  del  Código  de  procedimiento penal  anterior.   

Señala  que en la demanda se ha demostrado  que  el  Tribunal  valoró  erróneamente pruebas contundentes que demuestran la  responsabilidad  de  Rentería  Chaverra,  las  cuales  impiden  que  se  le dé  aplicación    al   in   dubio   pro.   En   consecuencia,    solicita  a  la  Corte  se  case la sentencia y, en su reemplazo se  dicte  la que realmente consulte la verdad histórica, esto es, que el procesado  sí  se  apropio,  con  la ayuda de otras personas, de las altas sumas de dinero  que administraba.   

Alegato del no recurrente  defensor del procesado   

          El  defensor del procesado solicita a la Corte no casar la sentencia  impugnada  por  cuanto la demanda no consulta las pautas técnicas que gobiernan  el  recurso  extraordinario.  Indica  que  en lugar de demostrar que el fallador  distorsionó  el  alcance  y  sentido  de  la prueba testimonial relacionada, la  Fiscalía  se  limitó  a  contraponer su particular criterio de valoración del  caudal  probatorio  sin demostrar que realmente se hubiera incurrido en un error  de  hecho  por falso juicio de identidad. Agrega que en la demanda no se observa  el   rigor   lógico   que  supone  el  tratamiento  del  cargo,  pues  comienza  cuestionando  el  proceso  de valoración de la prueba testimonial, para lo cual  vincula  no  sólo los motivos por los cuales la justificación del procesado no  merecen  credibilidad,  sino  que  relaciona  algunos  medios probatorios que no  fueron  tenidos  en  cuenta y que en su opinión dejan sin piso la retractación  de  los testigos, con lo cual yerra la vía de ataque, incursionando en un error  de hecho por falso juicio de existencia.   

          En  conclusión,  la  censura  se  reduce a contraponer una personal  perspectiva  de  valoración  probatoria- la de la Fiscalía- a la efectuada por  el  Tribunal,  pero  sin  que  exista  error  que  pueda  ser aducido en sede de  casación.   

     

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          El  Procurador  Delegado  solicita se desestime la censura en razón  de  sus inconsistencias técnicas y sugiere, por lo tanto, no casar la sentencia  impugnada.   

          Señala  que  el  casacionista  se  equivocó  al  circunscribir  su  prédica  a  la  mera  apreciación probatoria, omitiendo indicar cuáles fueron  los  preceptos  sustanciales  quebrantados  además  de  los de orden procesal y  probatorio  igualmente  vulnerados,  con  el  fin  de  construir la proposición  jurídica  completa.  Sólo  citó  normas del procedimiento penal vigente en el  momento  de  presentación del escrito, sin indicar el sentido de su violación,  si    lo    fue    porque    se    dejaron    de    aplicar   o   se   aplicaron  indebidamente.     

         

          Indicó  que  además  de los yerros mencionados, que de por sí son  suficientes  para  predicar  la  improsperidad  del reproche, el libelista no se  ciñó   a   la  especial  naturaleza  del  error  propuesto  y  tergiversó  la  teleología del recurso extraordinario.   

          Lo  primero,  porque  no  obstante que invocó un error de hecho por  falso  juicio  de  identidad, la censora en lugar de demostrar que la prueba fue  tergiversada  o  distorsionada  por  el  fallador, porque se le cercenó o se le  hicieron  agregados,  haciéndole  decir  algo que no se extraía de su estricto  contenido  material,  terminó  señalando  que   el  Tribunal  desconoció  elementos  probatorios  existentes  en  el  informativo,  con lo cual desvió su  discurso    hacia    un    error    de   hecho    por   falso   juicio   de  existencia.   

          Lo  segundo,  porque  utilizó  el  recurso  extraordinario  no para  demostrar  que  la  sentencia  es  ilegal  por  haberse incurrido en errores que  determinaron  el quebranto de la ley sustancial, sino para presentar su personal  y  subjetiva  forma de apreciación del acervo probatorio, buscando que el mismo  prevalezca  sobre  el  criterio que se expuso en la sentencia impugnada. Olvidó  que  en  esa  forma no es posible demostrar la ilegalidad del fallo, y que éste  llega   a   la  sede  de  casación  con  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

         Concluye  señalando  que  estos desatinos son más que suficientes  para  dar al traste con su propuesta, máxime cuando se advierte que el Tribunal  acató  con  el  rigor  necesario  los  parámetros  de  la  sana crítica en la  apreciación de la prueba.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   La   Fiscalía  acusa  la  sentencia  impugnada   por   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial,  debido  a  que el Tribunal incurrió en error de hecho por falso  juicio  de  identidad  en la apreciación de los testimonios de Francisco Javier  Restrepo  Torres,  Nilson  Díaz  Gámez,  Aníbal  Moreno  Arce y Roque Enrique  Asprilla     Campaz,     al     distorsionar    objetivamente    su    contenido  fáctico.   

         Sostiene  la  libelista  que  en  la  valoración  de  los  citados  testimonios  se  desconocieron  los  postulados  de  la sana crítica, porque el  Tribunal  le  restó  credibilidad a los citados testigos en razón a que éstos  se  retractaron  de  sus  versiones  iniciales  en  las  que  le hicieron cargos  directos  al  procesado,  sin  tener  en  cuenta  que en el expediente existían  elementos   probatorios  que  respaldaban  tales  sindicaciones,  como  son  las  declaraciones  de  Libardo Hurtado Botacio, Sedenia Rentería Chaverra y Marisol  Ramírez  Bermúdez,  entre otros, así como los indicios de mala justificación  existentes   en  contra  de  incriminado  Rentería  Chaverra.      

Cita como normas sustanciales violadas, los  artículos  248,  253,  254,  273  y  294  del  Código  de  Procedimiento Penal  anterior.   

         2.   Como            lo señaló el Procurador  Delegado,   son   evidentes   los   desatinos  técnicos  en  que  incurrió  el  casacionista,  pues en el planteamiento y desarrollo de la censura se apartó de  las  exigencias  de  claridad,  precisión,  fundamentación y autonomía de los  cargos,  consagradas  en  los  numerales  3 y 4 del artículo 225 del código de  procedimiento penal entonces vigente.   

3.    En  efecto,  en  la  formulación  de  la  censura  la Fiscalía afirmó que el  Tribunal  incurrió  en  error de hecho por falso juicio de identidad, por haber  distorsionado  objetivamente  el contenido de los testimonios de  Francisco  Javier  Restrepo  Torres,  Nilson  Díaz  Gámez,  Aníbal  Moreno  Arce y Roque  Enrique  Asprilla  Campaz.  Sin  embargo,  en  la  demostración del reproche se  desvió  hacia   la  senda del falso raciocinio, criticando la vulneración  de  las  reglas  de  la  sana  crítica;  e  incursionó  en  un falso juicio de  existencia  por omisión, al asegurar que el Tribunal omitió la apreciación de  prueba  testimonial  e  indiciaria existente en el proceso y que comprometía la  responsabilidad  del  procesado  en los delitos de peculado por apropiación por  los           que           fuera          absuelto          en          segunda  instancia.         

4.  Si bien tanto  el  falso  juicio  de  identidad  como el error de raciocinio son desaciertos de  hecho,  y  que en relación con este último, para la época en que se presentó  la  demanda  (  diciembre de 1999) también se admitía su postulación  al  amparo  del  falso  juicio  de  identidad,  aún  entonces  se  exigía  que  su  planteamiento,  demostración  y desarrollo se realizara en forma separada, dada  su  distinta  naturaleza  y  la forma diversa en que cada una de tales falencias  afectaba el medio probatorio.   

El falso juicio de identidad está vinculado  estrictamente  con  el  contenido  material  de  la  evidencia, es de naturaleza  objetiva,   es  un  vicio que nace en la  contemplación de la prueba,  por  tergiversación  o  distorsión  de su expresión literal, al hacerle decir  por agregación o cercenamiento lo que en realidad no expresa.   

El  error  de  raciocinio  es de naturaleza  axiológica,  surge  en  el proceso de valoración de la prueba por vulneración  de         los        postulados        de        la        sana        crítica  .        

          La  demandante,  como  se  verá,  no sólo postuló ambos reproches  dentro  del mismo cargo, sino que omitió su desarrollo y demostración en forma  debida.    

          4.1.                       Como  ya se indicó, el error de hecho por falso  juicio  de identidad se presenta cuando el juzgador, al apreciar una determinada  prueba,  falsea  su  contenido  material,  bien  porque le hace agregados que no  corresponden  a  su  texto,  porque  lo  cercena  u omite tener encuenta apartes  importantes    del   mismo,   o   porque   transmuta   o   modifica   su   tenor  literal.   

Para  demostrar  esta  clase  de desacierto  lo  primero que debe hacer el censor es precisar qué  dice  en  concreto  la  prueba  que  se  afirma  tergiversada,  y cuál  el  contenido  que  el  juzgador  le atribuyó, con el fin de poner en evidencia que  entre  una y otra existen discrepancias, y que por razón de éstas se le puso a  decir  lo  que  realmente no dice.  Una vez comprobado el error a partir de  la  comparación  o  cotejo  objetivo entre lo que dice el medio probatorio y lo  que  le  hizo decir el fallador, se impone comprobar la trascendencia del yerro,  labor  que  implica realizar una valoración conjunta  del  acervo  probatorio  con  el  fin de mostrar que de no haberse presentado el  yerro, el sentido del fallo habría sido distinto.   

4.2.  El error  de  hecho por falso juicio de raciocinio, que como se dijo en el pasado reciente  era  una  de  las  especies  de falso juicio de identidad, se presenta cuando la  prueba  es  apreciada  por  el  juzgador  pero  deriva  de  ella deducciones que  contravienen  los  principios de la sana crítica, esto es, los postulados de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas de la experiencia. Por tal  motivo,  para  su demostración el casacionista debe indicar qué dice de manera  objetiva  el  medio probatorio, qué se infirió de él en la sentencia atacada,  cuál  fue  el  mérito persuasivo otorgado, determinar el principio desconocido  en  el fallo, debiendo a la par postular su corrección, identificar la norma de  derecho   sustancial   que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada,  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con  claridad   cuál   debe  ser  la  adecuada  inferencia  de  la  prueba,  con  la  indeclinable  obligación  de  acreditar que la enmienda del yerro da lugar a un  fallo esencialmente diverso y opuesto al censurado.   

4.3. La libelista no  sólo  omitió  tener  en  cuenta que no es posible predicar simultáneamente de  unos  mismos  medios  de  prueba  falso juicio de identidad y error de hecho por  falso  raciocinio, por la potísima razón de que este último no recae sobre la  materialidad  de  la  prueba  y,  por lo tanto, su postulación presupone que el  elemento  de convicción no ha sufrido desfiguración o distorsión alguna, sino  que    olvidó    por    completo    la    demostración    de   las   falencias  aludidas.   

Aseguró que el Tribunal había distorsionado  objetivamente    el    contenido    de    los    testimonios   de   Francisco  Javier  Restrepo  Torres,  Nilson  Díaz Gámez, Aníbal  Moreno  Arce  y Roque Enrique Asprilla Campaz, pero en ningún momento señaló,  con   fundamento   en  el  cotejo  correspondiente,  en  qué  consistió  dicha  adulteración,  qué  fue  en  concretó  lo que el juzgador de segundo grado le  hizo decir a los citados testimonios que éstos no expresaran.   

Igualmente,  afirmó que en su valoración  no  se  observaron  los  principios  la sana crítica, pero no dijo, como era su  deber  hacerlo,  cuál fue el postulado científico o de la lógica o la máxima  de  la  experiencia  que  no  se tuvo en cuenta por el fallador, ni indicó, por  consiguiente,  cuál  ha  debido ser el aporte científico correcto, la regla de  la  lógica  apropiada o la máxima de la experiencia  que debió aplicarse  para el cabal esclarecimiento del asunto debatido.   

La  demandante  no  realizó  esta  labor  dialéctica  de  demostración  de  los  errores  invocados.   En  lugar de  comprobar  en forma concreta las supuestas distorsiones al contenido objetivo de  los  testimonios  referidos,  o de demostrar el alejamiento de los principios de  la  sana crítica en que incurriera el Tribunal en la valoración de los mismos,  se  desvió  en  el  desarrollo  de los reproches a una serie de consideraciones  subjetivas   y  a  la  exposición de su criterio personal  en torno a  la   veracidad que le merecían esos medios de prueba, con fundamento en el  valor  que  según  ella  debía  habérsele  dado  a  las retractaciones de los  testigos,  olvidando  que  este debate ya precluyó en las instancias, no siendo  la  casación una tercera en que se propicie una nueva controversia probatoria a  través  del  cual  se  retorne sobre la mayor o menor credibilidad que merezcan  los elementos de persuasión incorporados a la investigación.   

5. En el desarrollo  del  cargo  acusó igualmente al Tribunal de haber incurrido en errores de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  debido  a  que  omitió  la apreciación de  supuestos  indicios  de mala justificación que existen en contra del procesado,  así   como  de  los  testimonios  de   Libardo  Hurtado  Botacio,  Sedenia  Rentería Chaverra y Marisol Ramírez Bermúdez, los  cuales,  según  la demandante, habrían permitido desvirtuar las dudas en torno  a    la  responsabilidad  del  acusado  en  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  por  los  que  fuera  absuelto  en  la sentencia de segundo grado.   

Estos reproches no sólo no fueron propuestos  en  forma separada, como correspondía, en virtud del principio de autonomía de  los  cargos,  sino  que  no tuvieron desarrollo ni demostración alguna. No dijo  cuáles  fueron  en  concreto  esas  “malas justificaciones”, ni con base en  cuáles  elementos  probatorios  se  podían  construir  los supuestos indicios.  Tampoco   indicó  con  claridad  cuál  es  el  contenido  de  los  testimonios  supuestamente  omitidos,  ni  cual  la  trascendencia  de los mismos frente a la  totalidad  del  acervo  probatorio  recaudado,  en  la  medida en que de haberse  tenido  en cuenta hubieran conducido indefectiblemente a una decisión contraria  a   la  que  finalmente  fuera  adoptada  por  el  Tribunal  y  que  suscita  la  inconformidad de la Fiscalía.   

6.   Aunque  las  falencias  advertidas son más que suficientes para que se desestime la censura,  debe  señalarse  a la libelista que no es suficiente citar como normas violadas  los  artículos  248, 253, 254, 273 y 294 del Código  de  Procedimiento Penal anterior, sino que debe indicar  el  sentido de la transgresión, para que la Corte se forme una idea completa de  los motivos que originaron el recurso extraordinario.   

7.  No  tuvo  en  cuenta,  además,  que  de conformidad con la preceptiva contenida en el numeral  1º  del  artículo  220  del  C. de P. P. derogado  ( hoy, numeral 1º del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000),  la  casación procede “cuando  la  sentencia  sea  violatoria  de  una  norma de derecho  sustancial”,  cuya  cita  resulta  imprescindible  de  conformidad  con  el  artículo  225-3,  ibídem,   y  que  sólo tienen el  carácter  de  normas sustanciales aquellas que describen conductas delictivas o  hacen  referencia a la punibilidad o a la responsabilidad, con independencia del  ordenamiento en el cual se encuentren ubicadas.   

7.     En  conclusión,  los  razonamientos  de  la  demandante  dirigidos  a  cuestionar  la  valoración  efectuada  por  el  Tribunal  de  los  elementos  de  convicción que sirvieron de fundamento a la sentencia impugnada,  que  absolvió  parcialmente  al  procesado Argencys Rentería Chaverra, si bien  los  fincó  la  casacionista en los supuestos errores de hecho por falso juicio  de  identidad por adulteración de la prueba testimonial, en el desarrollo de la  censura  no  logró  demostrar la existencia fáctica de los yerros denunciados.   

Todo   su  esfuerzo  dialéctico  estuvo  enfilado  a  cuestionar  la valoración probatoria efectuada por el Tribunal que  no a la demostración de los errores invocados.   

Olvidó que no constituye distorsión de un  medio  de prueba la discrepancia que el demandante tenga con respecto al mérito  suasorio   otorgado   por   el   fallador   a   un   determinado   elemento   de  persuasión,   y    que  el  Juez  goza  de cierta libertad en su  apreciación.  En  consecuencia,  las  conclusiones  que  derive  del  examen de  las    pruebas,   en  cuanto  no  se  aparten  de  la  sana  crítica,  son  indiscutibles  en  casación.  El  cuestionamiento  entonces  a  la  valoración  probatoria  efectuada  por  los  falladores  debe  basarse  necesariamente en la  demostración  de  un desbordamiento de la sana crítica, o  error de hecho  por  falso  raciocinio,  que le impone al censor la obligación de señalar  la  regla  transgredida ( de ciencia, lógica o experiencia) y su trascendencia,  es  decir  la  diferente  orientación  de  la  sentencia  de  no  haber  tenido  ocurrencia  la  irracionalidad  objeto  del  planteamiento.  Nada de lo cual, se  reitera, realizó la demandante.   

En lugar de demostrar la existencia real de  los  errores  denunciados y, como consecuencia de ellos, la violación indirecta  de  normas  sustanciales,  se  limitó  a  presentar  su  personal  y  subjetiva  apreciación   del   caudal   probatorio,   anteponiendo   su  criterio  al  del  Tribunal.   Olvidó,  como lo señaló el Procurador Delegado, que esa vana  confrontación  de  criterios   no  conduce  en  modo alguno a demostrar la  ilegalidad  del  fallo,  el  cual  arriba  a esta sede de casación con la doble  presunción de acierto y legalidad.   

El    cargo,    por   consiguiente,   no  prospera.   

CASACIÓN PARCIAL Y OFICIOSA  

         No  obstante  las reflexiones anteriores, es preciso casar parcial  y   oficiosamente   el   fallo   impugnado,  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad   con   motivo   de   la   sucesión   de   leyes  penales  en  el  tiempo.   

En   efecto,    el   principio   de  favorabilidad  consagrado   en  el  artículo 29 de la Carta Política como  garantía  del  debido  proceso,  encuentra  su  desarrollo en el inciso 2° del  artículo  6  del  Código  Penal  (artículo  6°  del Decreto 100 de 1980) que  prescribe  que  la  “La ley permisiva o favorable,  aún  cuando  sea  posterior  se  aplicará,  sin excepción de preferencia a la  restrictiva     o     desfavorable.     Ello     también    rige    para    los  condenados”  y  en el Código de Procedimiento Penal  su  aplicación  resulta  forzosa  en aquellos casos en que la ley procesal, con  efectos  sustanciales,  resulte  benéfica  o  favorable,  se  preferirá  a  la  restrictiva  o desfavorable, sin perjuicio de los efectos generales e inmediatos  de la ley procesal.   

Como se sabe, el Tribunal Superior al revocar  parcialmente  el  fallo de primera instancia, condenó a Rentería Chaverra a la  pena  principal  de  dos   años de arresto y multa de 50 salarios mínimos  legales  mensuales,  a la interdicción de derechos y funciones públicas por el  mismo  término,  y  a  pagar  a título de indemnización de perjuicios la suma  de   $919.113.687.00,  como  responsable  del  delito  de peculado culposo,  previsto  en  el artículo 137 del Código penal anterior (modificado por la ley  190 de 1995, artículo 32).   

Con  la  entrada  en  vigencia  de  la nueva  normatividad  penal (Ley 600 de 2000) el legislador suprimió la pena de arresto  para  el  delito  de peculado culposo y estableció la de prisión de uno a tres  años (artículo 400).   

Significa  lo  anterior  que  con  el fin de  respetar  el  principio  de legalidad,  ya no resulta procedente aplicar la  pena  de arresto para el delito de peculado culposo, pues esta sanción ya no la  contempla  el  actual  ordenamiento  punitivo.  Tampoco  se  puede aplicar la de  prisión  contenida  en  el artículo 400 del nuevo Código Penal, más grave en  tiempo  de  duración y en grado, porque  no era la preexistente al momento  de ocurrir los hechos.   

        En  relación  con  este punto, con sentencia del 13 de agosto del  año   en   curso,   con  ponencia  del  Magistrado  Herman  Galán  Castellanos  (Radicación 20.946), la Corte señaló:   

“… el legislador sí introdujo un notorio  cambio,  no solo en la cantidad sino también  en la calidad de la sanción  privativa  de  la  libertad, pues, desde luego, no puede ser asimilable una pena  de  arresto  a  una  de  prisión.  En  estas  circunstancias,  la  ley nueva es  desfavorable   y   por   tanto,   no   aplicable   a   la   conducta  objeto  de  juzgamiento.   

“Mas, debe considerarse, que el legislador  del  año  2000,  eliminó  la  pena de arresto para los delitos descritos en la  parte  especial  del  código penal. Esto, llanamente implica, que para aquellos  delitos  sancionados  con  pena  de  arresto,  la  pena ya no es privativa de la  libertad,  como lo aduce el recurrente, porque, justamente por favorabilidad, no  puede  imponerse  ya   una  pena  no  prevista  en la norma que describe la  conducta y le señala la sanción.   

“Que el arresto exista en otros estatutos y  para  otros eventos, puede ser, empero, bajo el principio de estricta legalidad,  cada  conducta tiene señalada su condigna sanción, es el sentido y el concepto  por excelencia de la norma penal completa.   

          “Pero,  simultáneamente,  a la vez que se eliminó del código la  pena  de arresto, para el delito de cohecho se señaló pena de prisión, por lo  cual,  en  este  sentido,  ya  se  había  dicho,  la  norma  es  restrictiva  o  desfavorable.  El  camino, por consiguiente y para esta precisa finalidad es que  se  propuso  y  admitió la casación discrecional en este caso, es acudir a una  interpretación  sistemática, conforme a la cual, tanto la pena de arresto como  la  de  prisión resultan inaplicables, la primera, porque desapareció como tal  del  listado  punitivo,  y  en este sentido, es favorable su retroactividad para  todos  aquellos  delitos  sancionados  con  arresto  y,  la segunda, porque, por  desfavorable,   sólo  tiene  aplicación para hechos cometidos a partir de  su    vigencia,    que,    por    tanto,    no    cobija   la   conducta   aquí  juzgada”.    

         

        En  esas  condiciones, se deberá casar parcial y oficiosamente la  sentencia  impugnada  en  el sentido de que la pena a imponer sólo puede ser la  pecuniaria,  en razón a que la pena de arrestó desapareció  como tal del  listado punitivo.    

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

       1. Desestimar la demanda.   

2.   Casar   parcialmente  y   de  oficio  el  fallo  impugnado,  de  fecha,   origen  y  contenido  consignados en esta providencia para dejar sin efecto la sanción que  por  dos  años de arresto le impuso el Tribunal Superior. En consecuencia fijar  como  pena  principal  la  de  multa  e  interdicción  de  derechos y funciones  públicas, conforme fueron impuestas en la sentencia impugnada.   

3.  En  los  demás aspectos el fallo proferido por el Tribunal Superior   

de Quibdó permanece incólume.  

         4. Contra la  presente sentencia no procede recurso alguno.   

       Cópiese,  notifíquese y devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

         

       Cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Excusa  justificada   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                   JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                            EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                         

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                                MARINA  PULIDO  DE  BARON            

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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