16847(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16847  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta No. 40   

          Bogotá D. C., once de abril de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación   formulada   por   el   defensor   del  procesado   JORGE  ALIRIO  HURTADO  CARVAJAL, contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de Antioquia el 4 de agosto de  1999  que  confirmó,  con  modificaciones,  la  dictada  por  el Juez Penal del  Circuito  de  Cisneros,  condenando al procesado a la pena principal de 45 años  de  prisión  como  responsable  de los delitos de homicidio doloso y agravado y  porte ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

            En  las  horas  de  la  noche del 22 de mayo de 1998, JORGE  ALIRIO HURTADO CARVAJAL se dedicó a  la  ingestión  de  bebidas  embriagantes  mientras  su  compañera Gloria  Patricia  Naranjo  asistía  a una  reunión  de  madres  comunitarias,  situación  que  disgustó a su compañero,  generando  una  discusión cuando aquélla arribó a su residencia ubicada en el  barrio   San   Germán  de  Cisneros,  en  el  curso  de  la  cual  HURTADO  le propinó una herida con arma de  fuego.  La  lesionada  fue  conducida  por  el  mismo  implicado hasta un centro  asistencial,  pero  debido  a la gravedad de las lesiones se dispuso su traslado  al  Hospital  San  Vicente de Paúl de Medellín, donde falleció quince minutos  después.  A  eso  de  las 00:30 horas del 23 de mayo fue capturado el agresor y  puesto a órdenes de la autoridad competente.   

         

          El  Fiscal  Seccional 126 de Cisneros asumió la investigación  y   por   resolución  del  22  de  septiembre  de  1998  acusó  formalmente  a  JORGE ALIRIO HURTADO CARVAJAL  como  presunto  responsable  de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal  de arma de fuego de defensa personal.   

          El  conocimiento  del  juicio  estuvo  a cargo del Juzgado Penal del  Circuito  de  Cisneros, despacho que mediante sentencia fechada el 9 de marzo de  1999  condenó  al procesado a la pena principal de 16 años 8 meses de prisión  por  el  delito  de homicidio en la modalidad de preterintencional al tiempo que  lo  absolvió  del  cargo  que  por  el porte ilegal de arma de fuego de defensa  personal  se  le  hizo  en la acusación. Impugnada esta decisión por el Fiscal  Delegado, se reformó en los términos antes especificados.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, un  sólo  cargo formula el impugnante extraordinario contra el fallo recurrido, por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivado del error de hecho en la  apreciación    de    la    prueba   “lo  que  trajo  como  consecuencia  la  no aplicación y por ende la  violación  del  art.  329  del  C.P.,  que  tipifica  el  llamado  ‘HOMICIDIO      CULPOSO’”.   

          La  sentencia  da  como  hecho  probado  la  intención  dolosa  del  condenado  cuando  ello  no  es  así, “ya  que  su dicho no desvirtuado está demostrando lo contrario, que  su     accionar     fue     culposo”.   

         En  lo  que  dice  ser  el  fundamento  de  la censura, el libelista  sostiene  que  el ad-quem no apreció en su conjunto lo que afirmó el procesado  y  lo  que  de  él  afirman los primeros testigos. A continuación cita algunos  apartes  textuales  de la versión del procesado y de las declaraciones vertidas  por  María  Ofelia  Noreña Pulgarin y Gustavo Adolfo  Valencia  Quintana,  para señalar que tales medios de  convicción         fueron         “distorsionados,  tergiversados  por el  fallador,   no   fueron   apreciados   como  la  lógica  lo  estaba  indicando,  irrogándose    con    ello    grave    perjuicio   para   los   intereses   del  procesado”.   

          Agrega    que    las    anteriores   pruebas   debieron   apreciarse  concordantemente  con  el  incidente  que  el  procesado  tuvo  con Francisco   Agudelo   alias  “Kiko”     ,    ya    que    “esto  fue  el  florero de llorente que  desató   tan   lamentable   tragedia”.   La   noche   de   los   hechos  Gloria  Patricia  recibió en su humanidad uno de los disparos  que  iba  dirigido  a  Francisco Agudelo, a  quien  el  procesado  quería  amedrentar.  Tanto  la médica que  prestó  auxilio  a la lesionada como la diligencia de necropsia sólo hablan de  una herida, dando a entender que se produjo un solo disparo.   

          Abundante  prueba  testimonial  da  razón  de  la existencia de dos  disparos,  “el primero de  ellos  fue el que hizo HURTADO CARVAJAL con el ánimo de amedrentar a su enemigo  FRANCISCO  AGUDELO  “alias  KIKO” y el segundo disparo  fue   el   que   se   produjo   en  el  forcejeo  que  sostuvieron  procesado  e  interfecta”.   

          Bajo   lo   que   titula  “incidencia      del      error      en      el     fallo”, señala que el error que se atribuye  al  fallador  de  segunda  instancia  es  transcendental  y  manifiesto, pues el  desconocimiento   del   verdadero  alcance  de  las  pruebas  que  descartan  la  intención  homicida  del procesado, incidió de manera determinante en el fallo  impugnado.   

          Concluye  solicitando  que  se  case  la sentencia profiriendo en su  lugar  la  que  en  derecho  corresponda  de  conformidad  con  los lineamientos  planteados.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          No  se aprecia en el escrito examinado ni siquiera una aproximación  a  las  reglas  básicas  de la demanda de casación, pues, aunque evidencia una  inconformidad,  a  lo  sumo  alcanza  a  ser  un  memorial de libre factura, sin  sujeción  a  las  elementales exigencias de claridad y precisión en los cargos  formulados.   

          Pues  bien,  lo  primero  que se echa de menos es una revelación de  los  errores  supuestamente  cometidos  por  el Tribunal en el texto mismo de la  sentencia  atacada,  pues  lo  determinante en casación no es la exhibición de  otra  perspectiva  en  la  valoración de las pruebas, sino la muestra exacta de  las equivocaciones cometidas por el fallador en su apreciación.   

          Así,  se  alega  por  el  demandante  que  tanto  la  versión  del  procesado  como  las  declaraciones vertidas por María  Ofelia   Noreña   Pulgarin   y  Gustavo  Adolfo  Valencia  Quintana,         fueron        tergiversadas   por   el  juzgador  de  segunda  instancia,  lo  que  llevaría  a suponer que lo que quiso plantear fue un falso juicio de identidad,  pero  a  renglón  seguido  aduce que el error se generó porque tales medios de  valoración   “no  fueron  apreciados     como     la     lógica     lo    estaba    indicando”, omitiendo el actor cualquier cita de  los  argumentos  del  Tribunal, como para demostrar de esa manera, y a partir de  dicha  premisa,  que los mismos fueron el fruto de una libertad sin cortapisa en  la  evaluación de las pruebas, y no el ejercicio de una libertad razonada, como  debe ser.   

               Además, es evidente que al falso  juicio  de identidad y al falso raciocinio así planteados, les da el demandante  una  configuración  tal, que los refunde en uno solo, desatendiendo que a pesar  de  ser  errores  de hecho tienen conformaciones distintas: en aquél, que es de  carácter  objetivo  y contemplativo, hay una tergiversación de la prueba, para  hacerle  decir  algo que no aparece en su contenido; en el falso raciocinio, que  es  apreciativo,  se  da  un  desconocimiento  manifiesto  de  la sana crítica,  debiendo  demostrarse  que  la  inferencia  no  corresponde  a la dictada por la  lógica, la ciencia y la experiencia.   

         Pero  con  independencia  de  ser  contradictorio  el  enunciado del  cargo,  observa la Sala que el censor no logró en ningún momento una propuesta  susceptible  de  examen  en  casación.   Nunca  superó el escenario de la  simple  discusión  sobre  la  valoración  otorgada  a  los  medios  de prueba,  revistiendo  el  ataque  en tales condiciones las características propias de un  alegato   de   instancia   y   resultando  sus  términos  ajenos  al  medio  de  impugnación.   

         Ello  se  evidencia  aún  más  cuando  reclama  que  se  valore el  supuesto  incidente  que  en  la fecha de los hechos habría tenido el procesado  con  Francisco  Agudelo alias  “Kiko”, para deducir de allí que el disparo  recibido  por  la hoy occisa no iba dirigido a su humanidad sino a la de aquél,  pretendiendo      así      que      se      configuró      un     “homicidio      culposo”,  con  lo cual lo que el casacionista  persigue  es  la  revaloración por la Corte de los medios recaudados durante el  proceso,  a  manera  de  tercera  instancia,  sin  tomar en cuenta que el juicio  feneció  con  el  proferimiento del fallo de segundo grado y que éste se halla  amparado  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad, la cual no resulta  conmovida con los planteamientos que expone.   

         Por  último,  los  escuetos  razonamientos  del impugnante sobre la  trascendencia  de  los  errores  denunciados  en  la  parte resolutiva del fallo  muestran  aún  más  deficiente  la  demanda,  al limitarse aquí a asegurar de  manera  genérica  y vacua que de no haberse configurado el fallo habría tenido  un    sentido   diferente.                  

          Así las cosas, concluye la Corporación,  del  examen  previo  de  la  demanda  surge  ostensible  la inobservancia de los  requisitos  contemplados en el artículo 212 del Código de Procedimiento Penal,  en   consecuencia,   se  impone  su  inadmisión  al  tenor  del  artículo  213  ibídem.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

         

          R E S U E L V E:   

         INADMITIR   la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado  JORGE     ALIRIO    HURTADO    CARVAJAL,  y  en consecuencia DECLARAR DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud de lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991,  aplicable al caso.   

          Cópiese,     cúmplase     y    devuélvase    al    Tribunal    de  origen.   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJIA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

         

         

    

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