16820(18-04-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16820  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 58  

Bogotá,  D.  C., abril dieciocho (18) de dos  mil uno (2001).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado de la parte civil,  contra  la  sentencia  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto que  absolvió  a LUIS ANTONIO MARTINEZ RICAURTE, de la acusación que le había sido  formulada por un delito contra la libertad sexual.   

HECHOS  

La  noche del 24 de octubre de 1997, unidades  de  la  Policía Nacional que patrullaban en Pasto avistaron un automotor Suzuki  azul,  de  placas  ecuatorianas,  parado  en  un  lugar solitario aledaño a los  barrios  Santa  Mónica  y  Guamuez,  en  cuyo  interior se hallaba LUIS ANTONIO  MARTINEZ  RICAURTE  sobre Dilia Esperanza Rosero, ambos alicorados y con parcial  desplazamiento  de  algunas prendas. Ella denunció que el individuo, a quien no  conocía,  le ofreció transporte, volteó por distintos sitios de la ciudad, la  presionó para que ingiriera licor y finalmente intentó violarla.   

ACTUACION  PROCESAL   

La Fiscalía Segunda Seccional de Pasto abrió  investigación,  oyó  en indagatoria a LUIS ANTONIO MARTINEZ RICAURTE y el 2 de  noviembre  de 1997 le impuso detención preventiva (fs. 50 y Ss. cd. 1). Cerrada  la  fase instructiva, el 10 de agosto de 1998 profirió en su contra resolución  de  acusación,  por tentativa de violación (fs. 150 y Ss. ib.), enjuiciamiento  recurrido   por  el  defensor  y  parcialmente  modificado  en  reposición,  al  calificarse  los hechos como “actos sexuales diferentes al acceso carnal, pero  con  presencia  de  violencia,  los  cuales  fueron  consumados”.  Después se  desistió de la subsidiaria apelación (fs. 178 y v. ib.).   

Correspondió  al  Juzgado  Segundo Penal del  Circuito  de Pasto adelantar el juicio y, celebrada la audiencia pública, el 29  de  junio  de  1999  condenó  a LUIS ANTONIO MARTINEZ RICAURTE por el delito de  acto  sexual  violento,  imponiéndole  4  años  de prisión, igual período de  interdicción  de  derechos y funciones públicas y la obligación de indemnizar  los  perjuicios causados (fs. 222 y Ss. ib.), sentencia apelada por el apoderado  de   la  parte  civil  en  cuanto  al  monto  de  la  indemnización  y  por  el  defensor.   

El 23 de agosto de 1999, el Tribunal Superior  de  Pasto,  en Sala de Decisión Penal ocasionalmente dual, revocó la condena y  absolvió  al  acusado  (fs.  270 y Ss.), motivando que el apoderado de la parte  civil se alce en casación.   

   

LA DEMANDA  

Acudiendo a la casual primera, “por error en  la  apreciación  de  las  pruebas  recaudadas  en  el  curso del proceso”, el  impugnante  expresa  que  no  comprende cómo el Tribunal restó credibilidad al  testimonio   de   Dilia   Esperanza  Rosero,  quien  siempre  ha  mantenido  sin  alteraciones  los cargos contra el encausado, en narración lógica y coherente,  apoyada  en  las  declaraciones  de  los  agentes de Policía que conocieron los  hechos y en el dictamen pericial.   

Que  haya tenido oportunidades para abandonar  el  vehículo  no es argumento que denote consentimiento, frente a las maniobras  utilizadas  por  MARTINEZ RICAURTE para mantenerla engañada, siendo lógico que  si  ella  deseaba  tener una relación íntima hubiesen ido a un motel y no a un  paraje solitario y peligroso.   

Manifiesta  también el casacionista que “a  los  testimonios  de  los  policiales  se les hacen decir situaciones que no han  expresado”,  en cuanto al estado de embriaguez de Dilia Esperanza, cuando nada  expresan  sobre  dicho estado, “lo que significa que la sentencia desfigura la  prueba”.   

Se  presentó  “violación  indirecta de la  ley,  se  desconoció  en  forma  flagrante  los  arts.  247,  248, 254, 294 del  C.P.P.”.  En  el  expediente  obran  las  pruebas  suficientes  para  dar  por  demostrado  el  hecho  punible  y  la  responsabilidad  del  sindicado, quien se  aprovechó  de  la ingenuidad de la víctima y de “tener vehículo, la soledad  del  sitio,  la  utilización  de  bebidas  embriagantes”, encerrándola en el  automotor.   

Glosa el apoderado de la parte civil que el ad  quem  “no  evaluó  con detenimiento y cuidado los otros medios probatorios…  como  testimonios,  dictamen  pericial, indagatoria, etc.”, que si se hubieran  tenido  en  cuenta  a  la  luz  de  la  sana  crítica,  “otro hubiera sido el  pronunciamiento”.   

Según  el  censor,  al  observar el dictamen  médico   equimosis   en   “codo,   rodilla,  glúteos”,  se  determinó  la  utilización  de  violencia  para  doblegar  el consentimiento de su poderdante,  pero  el  Tribunal  no  le  reconoció  valor  probatorio a tal peritación. Por  provenir  de  la  autoridad,  también  debían creerse las declaraciones de los  policiales,  a  quienes  el  sentenciador de segunda instancia critica por “un  afán  notorio  de perjudicar al procesado”, cuestión que no corresponde a la  realidad   pues   no  le  conocían,  ni  hay  prueba  que  demuestre  que  eran  enemigos.   

Agrega   el   demandante  que  la  indebida  apreciación  de  las  pruebas  “provocó  que  ciertas normas sustanciales se  hayan  afectado,  como  son  los arts. 2, 3, 4, 5, 61 y 299 del C.P.”. Destaca  que   la   conducta   está   tipificada  como  punible  y  fue  desplegada  con  culpabilidad,  por  quien actuaba conociendo el carácter delictivo de su acto y  lesionó el bien jurídico de la libertad sexual.   

De   no   remplazarse   el  fallo  por  uno  condenatorio,  “los  hechos  realizados  por  el  procesado  quedarán  en  la  impunidad,  y  así  la  justicia  pierde  su  credibilidad  y  confianza  en la  sociedad”.  De  tal manera, se solicita a la Sala casar la sentencia impugnada  y proferir una “acorde a la probatoria realidad”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cualquiera  que  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos completos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

En   el  asunto  bajo  estudio,  el  censor  circunscribe  los  aspectos  cardinales de su alegación a reclamar credibilidad  para  Dilia  Esperanza  Rosero  acerca  de  la  forma como se desenvolvieron los  hechos,  al  igual que se debió confiar en todo lo atestado por los policiales,  en  quienes  no  cabía  suponer  animadversión  hacia  el  acusado, pues no le  conocían.  Desconoce  así  que  de  la  simple discrepancia sobre la fuerza de  persuasión,  libremente  razonada  frente  a  unos  medios  de prueba, no puede  derivarse  un  error  demandable  en  casación  y  que  le correspondía, en un  enfoque  como  el  ensayado,  establecer  que  se violaron las reglas de la sana  crítica,  por  desconocimiento de los postulados de la lógica, las enseñanzas  de la ciencia o las máximas de la experiencia.   

Habiendo enunciado expresamente “violación  indirecta”  y  “error  en  la apreciación de las pruebas”, bien ha podido  especificar  si  consideraba  que  el ad quem había incurrido en error de hecho  por  falso  raciocinio,  o  por  el falso juicio de existencia que parece querer  derivar  de  no  observarse que médicamente se dictaminó equimosis en “codo,  rodilla,  glúteos”,  lo  cual podría haberse tomado como hecho indicador del  empleo  de  violencia  para  doblegar el consentimiento de la denunciante, o por  falso  juicio  de identidad, también sugerido en cuanto “a los testimonios de  los  policiales  se  les hacen decir situaciones que no han expresado”, acerca  del  estado  de  embriaguez  de  Dilia Esperanza, cuando aduce el impugnante que  nada  expresan  sobre  dicho  estado,  “lo  que  significa  que  la  sentencia  desfigura la prueba”.   

Pero  en  lugar  de  concretar alguna de esas  diversas   hipótesis,  individualizarla  y  fundamentarla  de  manera  clara  y  precisa,  el casacionista lanza sus observaciones de manera abigarrada, tratando  llanamente  de  hacer  prevalecer  su  criterio por encima del sustentado por el  Tribunal,  dejando  de  lado  que  el  de  éste  se halla investido de la doble  presunción   de   acierto  y  legalidad,  la  cual  debe  ser  abatida  con  el  establecimiento  pleno de un verdadero yerro, que haya trascendido de tal manera  que,   de   no   haberse   incurrido   en   él,   la   sentencia  habría  sido  diferente.   

También   incurre  el  apoderado  en  planteamientos  que  se  contradicen,  pues  parece  desechar  la  embriaguez  de  su  asistida  al  quejarse  de  que  se  la  hubiera tenido como  testificada  por los uniformados, pero luego la acoge como argumento, al referir  que  fue  aprovechada  la utilización de bebidas embriagantes para debilitar la  resistencia de Dilia Esperanza Rosero.   

Como   la   Corte   no   puede  suplir  las  deficiencias,  ni corregir las imprecisiones de la demanda, se impone su rechazo  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por los artículos 225 y 226 del Código de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conduce  a  declarar  desierta la impugnación,  mediante  providencia  que  adquiere  ejecutoria  en la fecha en que es suscrita  (art. 197 ib.) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN LIMINE la demanda presentada por  el  apoderado  de  la parte civil, contra la sentencia del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Pasto que absolvió a LUIS ANTONIO MARTINEZ RICAURTE, de  la  acusación  que  le  había  sido formulada por un delito contra la libertad  sexual     y,     en    consecuencia,    declarar    desierta    la    casación  interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE              JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                       ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON    

No hay firma  

NILSON    PINILLA  PINILLA                               MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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