16560(06-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16560  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

Aprobado Acta Nº  030  

Bogotá  D. C., seis (6) de marzo de dos mil  tres (2003).   

VISTOS  

          Se  procede  a  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto  por  la defensa contra la sentencia de 3 de junio de 1999, mediante  la  cual   el Tribunal Superior de Cali confirmó el fallo del Juzgado 10ª  Penal  del Circuito de esa ciudad que condenó a ******  a  la pena principal de cuarenta y  cuatro  (44)  meses  de  prisión, a la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo período y al pago de una suma equivalente a  cien  (100) gramos oro a título de perjuicios morales, como autor del delito de  acceso carnal violento agravado, en concurso.   

HECHOS  

          Por  el  mes  de septiembre de 1993, ******,  de  aproximadamente 13 años de edad,  quien  llevaba  cerca  de  7 de ellos viviendo en la ciudad de Cali con su padre  ******, se  comunicó   con   su   progenitora,   ******  Rojas  que  residía en Villavicencio para solicitarle  que  fuera a recogerla por cuanto su padre había estado abusando sexualmente de  ella.   

          La  denuncia  la formuló la madre de la menor en una inspección de  policía  de  Villavicencio,  quien  adjuntó  un reconocimiento médico forense  practicado  a la menor a solicitud del Instituto de Bienestar Familiar, en donde  se  dictamina  que  no  presenta desfloración himeneal pero sí “esfínter      anal      hipotónico”  presuntamente secundario a penetración.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          La  fiscalía  abrió  investigación  y  una  vez  que  vinculó al  implicado    ******  mediante  indagatoria,  le  resolvió  la situación jurídica con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva como presunto responsable del  delito  de acceso carnal abusivo con menor de catorce años; provisionalmente le  concedió la libertad. (Fls. 58 a 63).   

          El  24 de febrero de 1997 se calificó el mérito de la instrucción  en  el  sentido  de  acusar  a ******  por  el  delito  de  acceso  carnal violento, agravado  conforme  a  los numerales 2 y 5 del artículo 306 del Código Penal (derogado),  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  además  de  otro  delito  de  la  misma  naturaleza   en  el  grado  de  tentativa,  modificando  así  la  tipificación  provisional  que  se  había  efectuado  al resolver la situación jurídica del  implicado. (Fls 105 a 114).   

          El  21  de septiembre de 1998, el Juzgado 10º Penal del Circuito de  Cali,   dedujo  responsabilidad  penal  contra  ******  como  autor  del  delito de acceso  carnal  violento  descrito  en  el  artículo  298  del  Código Penal anterior,  agravado  por el hecho de que la víctima es su hija y que para la época de los  hechos  ella  no  llegaba  aún  a los diez años de edad; infracción que se le  atribuye  con  carácter  de reiterada y sucesiva, además le imputa una última  transgresión  de  la  misma índole pero en grado de tentativa, no agravada por  cuanto  en  esta ocasión la víctima tenía trece años. Por tales conductas le  impuso  una  pena  principal  de  cuarenta  y  cuatro (44) meses de prisión, la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  término  y el pago de una suma equivalente a 100 gramos oro como indemnización  de  perjuicios  morales.  Por  lo  demás le negó el subrogado de la ejecución  condicional de la condena. (Fls 216 a 228).   

          No  obstante la apelación interpuesta por el defensor del procesado  contra  la  determinación  ya  reseñada,  el  Tribunal  Superior  de  Cali  la  confirmó en sentencia fechada el 3 de junio de 1999.   

LA  DEMANDA   

          En  esta  sede,  el defensor del procesado formula dos cargos contra  el  fallo de segundo grado proferido en este proceso por el Tribunal Superior de  Cali,  el  principal  al  amparo de la causal tercera de casación y el segundo,  con   carácter   subsidiario,  invocando  la  causal  primera,  por  violación  indirecta de la ley.   

          Primer cargo.   

          Pregona  el  actor que la sentencia impugnada se dictó en un juicio  viciado  de  nulidad, por cuanto en la resolución de acusación se incurrió en  error  en  el  nomen juris, lo  que  vulnera  el  contenido  de  los  artículos  1º y 304, numerales 2 y 3 del  Código de Procedimiento Penal.   

          Expresa  que el fiscal acusó por “acceso  carnal   violento,   agravado   y   en  concurso”  ,  señalando  no  solo  el  título  y  el  capítulo,  sino  el  artículo lo que  imposibilita  la variación del nomen juris  y  dificulta  la  defensa  técnica  respecto  de  otros ilícitos  descritos  en  el  mismo título o capítulo, por ello al juez solo le era dable  condenar  o  absolver  siguiendo  esa  adecuación  típica  de la conducta a la  descripción  del artículo 298 del C.P., pues de no ser así, la acción podía  haber prescrito.   

          El  recurrente  manifiesta  que  el  fiscal erró en la apreciación  probatoria  y  se  equivocó en la adecuación típica de la conducta por cuanto  ni  el  acceso  carnal  ni  la  violencia aparecen demostradas en la actuación;  yerro  que,  en  su  opinión, vulnera el debido proceso e incluso el derecho de  defensa.   

          Enseguida  esboza  su  propia  valoración probatoria, la que inicia  con   el   testimonio  de  ******,  la denunciante, destacando que no es testigo presencial; que ella  conoció  el  dictamen  forense que le practicaron a la menor, antes de formular  la  denuncia,  en  donde  consta  que no hubo desfloración, pero presentaba ano  levemente  hipotónico,  lo  que condujo a la madre a hablar de un coito rectal,  cuando la menor jamás habló de ello.   

          Prosigue  el  impugnante analizando dicho  dictamen pericial el  cual,  en  su entender, no da certeza acerca del posible acceso carnal violento,  como  lo  entendieron el fiscal y los jueces, pues cuando el perito dictamina el  ano  hipotónico,  presume  que  es secundario a penetración, es decir, acude a  suposiciones,   por   ello   estima   que  la  apreciación  es  “improcedente”.   

          El   casacionista   corrobora  esa  conclusión  apoyándose  en  la  ampliación  del  dictamen  que  efectuó  el  Instituto  de  Medicina  Legal de  Bogotá,  por  cuanto evidencia las deficiencias del primero e ilustra sobre las  múltiples   causas  que  pueden  ocasionar  la  hipotonía  anal,  incluida  su  presencia  en  menores  que aseguran no haber sido víctimas de abuso sexual, lo  que  hace  inconsistente el primer peritaje, surgiendo una inmensa duda sobre la  existencia del acceso carnal.   

          A  continuación,  pasa  al  testimonio  de la ofendida ******,  tomándolo  como  fundamental  en el proceso, dado que nunca relata que hubiera sido colocada boca  abajo  o penetrada rectalmente; de ahí concluye que se trató de actos sexuales  cuya   adecuación  típica  debió  efectuarse  en  otro  lugar  del  catálogo  penal.   

          Luego,  el  defensor  diferencia entre acceso carnal y acto sexual y  entre  acceso  o actos sexuales violentos y acceso o actos sexuales abusivos, de  donde  concluye que la resolución calificatoria y las sentencias se equivocaron  al  referir  el  acceso  carnal  cuando  la  prueba solo permite hablar de actos  sexuales.   

          Con   respecto  a  la  violencia,  el  defensor  manifiesta  que  el  procesado  no  tuvo que ejercerla por cuanto la víctima no ofreció resistencia  ya  que  ella  misma,  en  su  primer  relato explica que cuando “su   progenitor   la   incitó   a  realizar  actos  sexuales,  ella  asintió”,  habiendo  agregado que no comprendió lo  que le había sucedido.   

          Dado  que  los  hechos  ocurrieron  en  la época en que la víctima  tenía  de  7 a 12 años de edad, aproximadamente, cuando no tenía la capacidad  de  comprender y autodeterminarse, el recurrente concluye que se trató de actos  abusivos,  por  lo  que  la  conducta debió encuadrarse en el artículo 305 del  Código  Penal,  que  antiguamente  se  denominaba  corrupción y después actos  sexuales con menor de catorce años.   

          Enseguida  acota  que  el error en el nomen  juris de la infracción es trascendente por cuanto una  cosa   es  ser  acusado  de  acceso  carnal  violento  y  otra  ser  acusado  de  corrupción,  por  lo que advierte que se vulneraron las bases fundamentales del  juzgamiento  y se dificultó la defensa técnica.   

          En  consecuencia,  solicita  a la Corte que decrete la nulidad de lo  actuado  a  partir  del  traslado  para alegar que se corre con posterioridad al  cierre  de  la  investigación,  o  a partir del calificatorio para que se pueda  alegar  de  conclusión  y  se  denomine acertadamente el delito, disponiendo el  reenvío del expediente a la fiscalía seccional de Cali.   

          Segundo cargo.   

          El  actor acusa la sentencia de segundo grado de violar el artículo  247  del  Código  de Procedimiento Penal (derogado) por aplicación indebida, y  falta      de      aplicación      del      artículo      445     ibídem, al amparo de la causal primera de  casación,  por  yerro  en  la  apreciación probatoria, consistente en error de  hecho por falso juicio de identidad.   

          Así,  acusa al sentenciador de tergiversar el contenido material de  la  prueba  cuando  en  la  página  2  del  fallo  expresa  que “…  Desde  ese  momento  el  progenitor  de  la niña la sometió a  caricias   eróticas   y  la  accedió  carnalmente  por  la  vagina  y  por  el  ano…”,  pues  no  existe prueba de que la ofendida  haya sido  accedida carnalmente.   

          También  en  la  misma  página  2  encuentra  tergiversación  del  contenido   material   de   la   prueba  cuando  afirma  que  “…Ya    que   su   papá   había   intentado   nuevamente   accederla  carnalmente…”,   toda   vez   que   Sandra  Milena  se estaba refiriendo a que  su  padre  intentó besarla, lo que constituye tentativa de acto sexual, pero no  de acceso carnal.   

          El  recurrente  reitera  que  en  la  página  3  de la sentencia el  Tribunal  tergiversó la manifestación de la ofendida cuando le atribuyó haber  dicho   que  su  padre  la  accedía carnalmente, siendo que ella habló de  tocamientos, de movimientos, no de acceso carnal.   

          De  igual  manera,  en  la  página  5  del  fallo  el  censor halla  tergiversación  material  del  dictamen de Medicina Legal de Bogotá, cuando el  Tribunal  asegura que en él se concluye que el ano hipotónico puede originarse  en  casos  de abuso sexual, por cuanto lo que afirma la pericia médica es que :  “…  Toda  vez  que  no  hay  descripción  de  los  hallazgos  clínicos  encontrados  durante  el examen del área anal no se puede  afirmar   con   veracidad   científica   si  efectivamente  la  interpretación  cualitativa    de   ‘ano  levemente   hipotónico’  corresponde  objetivamente  a  la realidad fáctica”,  de  donde  ve  con nitidez que Medicina Legal aclara que no se puede afirmar con  certeza  lo  que presumió el perito en el primer dictamen, o en otras palabras,  que   la   víctima  fue  penetrada  rectalmente.  En  consecuencia,  según  el  impugnante,  el Tribunal no podía sostener que la segunda pericia no descartaba  el abuso sexual y que el segundo dictamen no varió el primero.   

          En  sentir del recurrente hay una ostensible tergiversación o falso  juicio  de  identidad en la página 8 de fallo cuando asegura que el tenor de la  denuncia   fue   confirmado  a  través  de  las  voces  de  la  ofendida  y  la  confirmación  del  dictamen  pericial, por cuanto la denunciante no fue testigo  presencial   y   la   ofendida   nunca   refirió   acceso   carnal  vaginal  ni  rectal.   

          Así  concluye  que  las  sentencias  de  instancia tergiversaron el  contenido  material  de la prueba dando crédito a lo narrado por la denunciante  que  no  fue  testigo presencial, poniendo a la ofendida a decir lo que no dijo;  al  igual  que  los  dictámenes  periciales  dado  que  el  primero, ante la no  desfloración,   descartó   el   coito   vaginal  y  supone  respecto  del  ano  hipotónico,   falencias   que   descubre  el  dictamen  de  Medicina  legal  de  Bogotá.   

          El  actor  puntualiza  la  trascendencia  de las tergiversaciones en  circunstancias  tales como que la denunciante fue testigo de oídas, la ofendida  nunca  habló  de acceso carnal sino de acto sexual, el primer dictamen descarta  el  acceso  carnal  vaginal  y conjetura el acceso anal, en tanto que la última  pericia  censura  a  la  primera.  Por  ello  estima  ligera la forma en que los  sentenciadores  concluyeron  que la víctima había referido acceso carnal y que  su  dicho  tenía  respaldo  de las experticias de los galenos oficiales, siendo  que  no  existió  certeza  sobre el acceso carnal, motivo por el cual se debió  capitalizar la duda a favor del reo.   

          Para  terminar,  solicita a la Corte que case la sentencia impugnada  y en su lugar absuelva al procesado.   

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURÍA   

          La  Procuradora  Primera  Delegada  para  Casación  Penal concluyó  que    la   sentencia  atacada  no  debe  ser  casada.  Basa  su  concepto,  inicialmente  en  los  desaciertos técnicos de la demanda, haciendo la salvedad  sobre  el  acierto del recurrente al escoger la causal tercera de casación para  proponer  el  error  en  la calificación jurídica de la conducta, en el primer  cargo;  solo  que,  no  la  sustentó  conforme  a  las  exigencias de la causal  primera,  pues  asumió  un  estilo  de  crítica  probatoria  de instancia, sin  precisar    la    clase   de   errores   que   hubieran   podido   cometer   los  falladores.   

          La  Delegada  censura  que el demandante  mezcle   argumentos   propios  del  falso  juicio  de  identidad  con  el  falso  raciocinio;  pero no tiene en cuenta la fecha en que se presentó el libelo, que  coincide  con  la  época  en que se estaba decantando la diferencia entre uno y  otro tipo de error.   

          Enseguida  contradice  al  demandante en cuanto acusa al Tribunal de  haber    tergiversado    la    versión    de    la   denunciante   ******,  propósito  que  cumple  acudiendo  a  los  apartes  pertinentes  de  los  pronunciamientos  de  las  dos  instancias;  a  ello  agrega  la potestad del juzgador de efectuar apreciaciones  integrales   de  las  pruebas  y  la  necesidad  de  que  en  casación  se  desvirtúe el raciocinio judicial en toda su extensión.   

          Por   otra   parte,   la  Procuradora  estima  que  los  cargos  son  infundados;  para  ello,  cita  jurisprudencia  de  la  Sala  y a partir de ella  concluye   que  ******  ejerció  violencia  síquica  sobre  su  hija, como lo refiere el  juzgador    de    primera    instancia   y  que,  por lo tanto no hubo equivocación al encuadrar la conducta  en el delito de acceso carnal violento agravado y en concurso.   

          En  opinión de la funcionaria que conceptúa, la prueba pericial no  descarta  el  acceso  por  vía  anal y confirma las manifestaciones tanto de la  denunciante  como  de  la  ofendida, así ésta no recordara si en efecto había  ocurrido o no.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          Cargo principal   

          El  censor  pregona la existencia de una causal de nulidad por error  en  la  calificación  jurídica  de  la conducta  y por ello la formula al  amparo  de  la  causal  tercera  de casación, habida cuenta que ******  fue  condenado  por  el  delito  de “acceso  carnal  violento” que hace parte del capítulo I del  Título  XI  del  Decreto 100 de 1980, cuando, en opinión del impugnante debió  serlo  por  el  delito denominado “actos sexuales con  menor  de catorce años” previsto en el capítulo III  del mismo título.   

          El  enfoque  de  la censura es técnicamente acertado por cuanto, de  llegar  a  establecerse  que  hubo  error  en  la  calificación jurídica de la  conducta,  la  Corte  no  podría dictar sentencia sustitutiva, ya que quedaría  incongruente  con  la  resolución acusatoria y daría lugar a la segunda causal  de  casación,  es decir, que se subsanaría una ilegalidad para recaer en otra.  De  ahí  que  el mecanismo para subsanar tal irregularidad sustancial, es el de  la  nulidad  de  la actuación para retrotraerla hasta el momento procesal de la  calificación,  de manera que los fallos sean consecuentes con aquella, por ello  la  vía  adecuada  para plantear la anomalía de que habla este primer cargo es  la de la causal tercera de casación.   

          Ahora  bien,  la  demostración de la causal tercera de casación en  el  caso  específico  de  error en la calificación jurídica de la conducta no  sigue  los  lineamientos de los restantes motivos de nulidad; dada su finalidad,  se   debe   desarrollar  con  la  técnica  de  la  causal  primera,  es  decir,  identificando   la   naturaleza   de   los   errores   en  que  incurrieron  los  sentenciadores,  sean  de  hecho o de derecho y la especie de cada uno de ellos,  seguido   de   la  precisión   e  individualización  de  ellos,  más  la  demostración  de  su trascendencia en el sentido de la decisión adoptada en el  fallo   que   se  impugna.  Así  lo  predica  reiterada  jurisprudencia  de  la  Sala.1   

          El  censor  de  esta  oportunidad  desconoció  esa  técnica,  pues  después  de  formular  la causal omitió identificar la clase de errores en que  pudo  haber  incurrido  el fallador y por tanto, también dejó de demostrarlos.  En  su lugar, asumió por cuenta propia la apreciación probatoria, aportando su  criterio   sobre  los  testimonios  de  ******  la   denunciante   y   de  la  víctima  ******,  así  como  del  dictamen  médico  forense  inicial  practicado  a  la  menor  ofendida  y de su  ampliación;  elementos que toma como sustento de sus conclusiones, consistentes  en  que  no  hubo  acceso  carnal,  que  se trató de otros actos sexuales y que  tampoco hubo violencia.   

          Tales  conclusiones  son  contrarias a las obtenidas por los jueces,  quienes  sobre  las  mismas bases probatorias y en una apreciación de conjunto,  compuesta  por  la  noticia  del  hecho  punible suministrada por la madre de la  ofendida,  quien como testigo de oídas referenció el relato de su descendiente  respecto  a  las  prácticas  sexuales  a  que la sometió su padre, incluido el  acceso  carnal  por  vía  anal,  sumado  a  la versión de la propia víctima y  agregada   a   la   experticia  forense  que  dictaminó  en  ésta  última  la  deformación  anal,  sustentaron  la  existencia  del  acceso  carnal.  El actor  tampoco   abordó  la  demostración  sobre  el  equívoco  que  condujo  a  los  sentenciadores  a  afirmar  que  en  la  conducta  del  sujeto activo del delito  concurrió la violencia síquica sobre su víctima.   

          En  esas  condiciones,  es irrefutable que el casacionista no logró  demostrar  la  causal  de  nulidad  alegada,  por cuanto, en esta sede, no basta  acudir  a un criterio diferente al del fallador para derrumbar la presunción de  legalidad  y  acierto  que acompaña al fallo de segunda instancia que es objeto  del  recurso de casación, lo que constituye motivo suficiente para que el cargo  no prospere.   

          Cargo subsidiario   

          Dentro  del  ámbito de la causal primera de casación y atribuyendo  al  tribunal  la  violación  indirecta  de la ley, el demandante construye este  reproche con errores de hecho, por falsos juicios de identidad.   

          En  concreto,  denuncia  un  primer  error  en  la  afirmación  del  Tribunal que dice:   

“… Desde ese  momento  el  progenitor  de  la  niña  la  sometió  a  caricias eróticas y la  accedió   carnalmente   por   la   vagina   y   por   el  ano…”,   

          A  este  respecto  resulta  oportuno  observar que la frase anterior  hace  parte  de  la  síntesis de los hechos que trae la providencia impugnada y  que  carece  de punto de referencia probatorio, es decir, que aquella expresión  no  es  el resultado de la apreciación de una prueba en concreto; es un relato.  De  esa  manera,  es imposible predicar de ella un falso juicio de identidad, lo  que  presupone  la apreciación de una prueba en cuanto a la verdad que contiene  y  a  la  inferencia  que  a  partir  de ella elabora el juez, supuestamente, en  contradicción     con     el     contenido    material    de    ese    elemento  probatorio.   

          En  esas  condiciones,  el  cargo  aparece mal estructurado, además  que,  se  observa,  el  escrito  de  demanda no incluye el análisis de cómo el  error expuesto incidió en el sentido de la sentencia atacada.   

          En  segundo  lugar,  el libelista también aduce tergiversación del  contenido material de la prueba en la afirmación que dice:   

“…Ya que su  papá   había   intentado  nuevamente  accederla  carnalmente…”.   

          Esta  postulación  merece  la  misma  crítica de la anterior pues,  igualmente,  se  trata  de  una  frase  que  hace parte del relato de los hechos  narrados  al  comienzo  del  fallo;  por  tanto,  no  es  la condensación de la  apreciación  que  recae  sobre  un  elemento de juicio en particular, de manera  que,  por  sustracción de materia, no se puede hablar de una prueba que hubiera  sido traicionada en su contenido material.   

          Agréguese  que el recurrente acusa al juez plural de tergiversar la  manifestación  de  la  ofendida  cuando  le  atribuyó haber dicho  que su  padre  la  accedía  carnalmente,  siendo  que  ella  habló  de tocamientos, de  movimientos,  no  de  acceso  carnal,  sin  que  para  demostrar  que hizo tales  afirmaciones  se  haya  remitido  a las expresiones concretas de la ofendida. Al  verificar  el  testimonio  de la ofendida, la Sala encuentra que ella pronunció  estas frases:   

“… de ahí que  cada  vez  que  quedábamos  solos  empezaba a tocarme o a hacerme el amor…”  (Folio 30).   

“…me  cogió  a  la fuerza y me hizo el  amor…”.(Folio 31).   

          En  tales  manifestaciones  se  advierte  que  la utilización de la  expresión   profana   “hacer  el  amor”  no  es  ajena ni opuesta al concepto de acceder carnalmente que  se  emplea  en  la  terminología forense; luego, cuando el Tribunal resumió el  testimonio   de   ******,  no  estaba traicionando el contenido material de la declaración,  en  la  medida en que su descripción tradujo en términos diferentes la noción  que  expresó  la  testigo; de manera que el pregonado error no se configuró; y  si  hubiera  existido,  al  demandante  le  correspondía  no solo alegarlo sino  demostrarlo.  En  consecuencia,  tampoco este supuesto falso juicio de identidad  aparece comprobado.   

          Prosigue  el  demandante  señalando  que el sentenciador tergiversa  materialmente  el  dictamen  de Medicina Legal de Bogotá al asegurar que en él  se  concluye  que  el ano hipotónico puede originarse en casos de abuso sexual,  cuando  lo  que  se  desprende  de  dicha pericia es que no se puede afirmar con  certeza  lo  que presumió el perito en el primer dictamen, o en otras palabras,  que la víctima fue penetrada por el ano.   

          En  efecto, en la página 5 de la sentencia, el Tribunal Superior de  Cali  al  referirse  a la prueba técnica en referencia, expresa “En  dicha  experticia  se  concluye  que  el  ano  hipotónico puede  originarse  en casos de abuso sexual”. Ahora bien, el  dictamen,    además   de   explicar   en   qué   consiste   esa   morfología,  comenta:   

“Este hallazgo se ha encontrado en niños  que  nunca  han  sido  sometidos  a  maniobras  sexuales  por  vía  anal,  pero  también  se  ha  encontrado  en  casos  de maniobras  sexuales  a  este  nivel como por ejemplo dilataciones  paulativas (sic) por penetración hechas lentamente.   

“En los casos de hipotonia y una luz mayor  de  0,5  cm de diámetro prácticamente en la totalidad de los casos los menores  aportaron   información   inequívoca   de   exposición  al  abuso”.  (Folio  201).   

          La  precedente  transcripción  evidencia  que  conforme al peritaje  forense,  una de las hipótesis sobre la etiología de la hipotonía anal, es el  abuso  sexual,  cuya  noción  coincide con la manifestación que el defensor le  critica  al  tribunal; ello significa que no hubo distorsión de la prueba; solo  que  la  conclusión  que  el  juez  extrajo  de  ella  no es la que presenta el  recurrente,  quien  acude  a  otro  fragmento  del  dictamen  para  plantear una  hipótesis  diversa;  pero  lo  cierto  es  que  el  juez no fue infiel al texto  emitido  por  el experto de Medicina Legal; por el contrario, acogió una de las  posibilidades  que  de  él  surgen.  Luego, por este aspecto el error por falso  juicio de identidad no existió.   

          En  cuanto  al falso juicio de identidad que el recurrente encuentra  en  la  página  8 del fallo de segundo grado, lo hace consistir en que allí se  asegura  que el tenor de la denuncia fue confirmado a través de las voces de la  ofendida  y  la  confirmación  del  dictamen  pericial, conclusión a la que se  opone  argumentando  que  la denunciante no fue testigo presencial y la ofendida  nunca  refirió  acceso  carnal vaginal ni rectal. Sobre ese planteamiento se ha  de  decir  que  no consulta el yerro que predica el impugnante, por cuanto, como  ocurrió  en  otras  situaciones  ya  comentadas,  en  aquella  aseveración  el  Tribunal  no  condensa  una  apreciación sobre una prueba en concreto de manera  tal  que  hubiera  extractado de ella lo que no era capaz de demostrar; se trata  de  una conclusión del juzgador, resultado de la apreciación de conjunto de la  denuncia,  el  testimonio de la víctima y el dictamen médico legal; por manera  que  el  reproche  que el demandante pudiera formular contra esa conclusión, no  podía   presentarse   como  un  error  predicable  de  un  elemento  de  juicio  individualizado.   

          Adiciónese  que el defensor critica al sentenciador por deducciones  que  no  obran  en el aparte citado; es así como en ese fragmento no se dice ni  que    la    denunciante    fue   testigo   presencial   ni   que   ******  refirió un acceso  carnal  vaginal  o  anal,  por  lo  que  la  censura  por  tales conclusiones es  infundada,  quedando  desvirtuado  que  se  haya  cometido  un  falso  juicio de  identidad.   

          De  todo  lo  anterior  queda  en  claro  que  la  inconformidad del  recurrente,  en  verdad,  recae sobre la apreciación probatoria de conjunto que  efectuó  el  juez colectivo, es decir sobre las inferencias lógicas que obtuvo  a  partir  de  la  noticia  criminal  aportada  por la madre de la ofendida, por  entonces  menor de edad, quien se enteró de los hechos no directamente sino por  el  relato  de  su  propia  hija;  por  la versión que suministró ******, la víctima, sobre  los  abusos  sexuales de que la hizo objeto su padre desde su infancia y durante  varios  años;  y,  finalmente  de los dictámenes de Medicina legal, el primero  que  encontró  una  morfopatía anal en la ofendida y, el segundo, que explicó  en  qué  consistía  la  deformación y las posibles causas que la originan. No  obstante,  el libelista no logró demostrar cuáles fueron las reglas de la sana  crítica,   la   ciencia  o  la  experiencia  que  supuestamente  infringió  el  sentenciador  al  deducir  responsabilidad  penal  contra  el procesado, ni como  trascendieron  en tal determinación esos desaciertos; se limitó a censurar los  fallos  de  las  instancias,  atribuyéndoles  errores  consistentes  en  falsos  juicios de identidad que no logró demostrar.   

          En  las condiciones anteriores solo se puede concluir que los cargos  formulados  en  la  demanda  de  casación  objeto  de  este  pronunciamiento no  lograron  quebrar  las  presunciones de acierto y legalidad del fallo impugnado,  el cual se mantendrá incólume.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación  Penal  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Contra esta sentencia no procede recurso alguno.   

          Devuélvase al tribunal de origen. Cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE                        JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto,  octubre  24/95,  rad.  10.986 M.P. Fernando Enrique Arboleda Ripoll. Auto, marzo  25/99,  rad.  12.638. Auto, julio 29/99, rad. 10.761 M.P. Jorge Enrique Córdoba  Poveda.    Auto,    junio    13/02,    rad.    11.428.   M.P.   Nilson   Pinilla  Pinilla.     

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