16551(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 16551  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá,  D. C, nueve (9) de julio de dos mil  dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   revisión   presentada  por  la  defensora  del  sentenciado  EDUARDO    MURILLO   GIL,  condenado por el delito de homicidio.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   

La citada profesional promueve la acción para  que  se  ordene  la  revisión  del  proceso  en el cual el Tribunal Superior de  Villavicencio,  mediante  sentencia  de  segunda  instancia,  fechada  el  27 de  septiembre  de 1990, condenó al acusado Eduardo Murillo Gil a la pena principal  de  10  años  de  prisión,  a  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y  funciones  públicas por el mismo período y al pago de los daños y perjuicios,  como autor del delito de homicidio.   

La  causal  con  la  cual pretende obtener la  revisión  del  proceso  es  la  5ª de las contempladas en el artículo 232 del  Código  de  Procedimiento Penal, vigente para la época, sustentándolas en los  siguientes argumentos:   

Manifiesta que el fallo condenatorio proferido  por  el  Tribunal  Superior  de Villavicencio se sustentó en prueba falsa, toda  vez  que  se  apoyó  en  los testimonios de Juan Carlos Vallejo Araujó, Hurley  Moyano  Bellizzia,  Santiago  Forero  y  Carlos  Moyano, quienes señalaron a su  defendido  como  la  persona  que  percutió  el  arma  de fuego en contra de la  víctima,  cuando  tales personas tenían la calidad de hijos, hermanos y amigos  cercanos  de  aquélla,  aspectos  que,  conforme  a  la  doctrina,  les quintan  imparcialidad  y,  por  lo  mismo, credibilidad, razón por la cual debieron ser  desechados por el sentenciador.   

Igualmente,  asevera que quedó demostrada la  falta  de  veracidad  de  la declarante Beatriz Yolanda Bellizzia Ángel, esposa  del  occiso,  quien maliciosamente afirmó que el comportamiento del sentenciado  fue  producto de una venganza y no, como lo indica el acervo probatorio, un acto  de  defensa  “ante  el inminente peligro que tenía,  como  era  el  de  estar  frente  al  arma y por eso forcejeó y vino el disparo  mortal  que  segó la vida de su agresor, pero al dejarse de practicar la prueba  del  guantelete  y no estar la carga de la prueba, es inocente de los cargos que  se le hace”.   

Afirma   que  el  Tribunal,  en  una  pobre  providencia  y  sin fundamento probatorio, revocó el fallo absolutorio y, en su  lugar,  condenó  a  su  poderdante,  sosteniendo, incluso, que el testimonio de  Moyano Bellizzia era sospecho.   

Dice que las explicaciones de su defendido no  se  encuentran  desvirtuadas, máxime cuando obran testimonios que corroboran la  citada   causal  de  justificación,  lo  que  conllevó  a  que  el  a  quo  lo  absolviera.   

Resalta  que  causó  grave  perjuicio  a  su  patrocinado  que  su  defensor  no  hubiese  presentado  la demanda de casación  dentro  del  término legal, lo que implicó que el recurso extraordinario fuera  declarado desierto.     

Finalmente,   advierte  que  la  Sala  debe  confrontar  los  fallos  de instancia para que advierta que se ha condenado a un  inocente  “con fundamento en la prueba testimonial de  sus  familiares  y  amigos  íntimos  y  se  deja  de  lado  una  prueba como el  guantelete,  prueba  reina,  pedida  a  tiempo  por  el  procesado.  La suscrita  considera  que  no hay plena prueba para condenar y que la tesis de la legítima  defensa     está     clara     y     se     le     debe     otorgar”.   

En    lo   que   llamó   “FUNDAMENTOS  DE DERECHO”, anota que funda  la  presente  acción  en  lo reglado en los artículos 172 del C. Penal y 232.5  del C. de P. Penal.   

Anexa  a  la demanda fotocopias informales de  las   declaraciones  en  precedencia  citadas  y  de  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Como lo ha sostenido la Sala, la remoción de  la  cosa  juzgada sólo es posible cuando frente a la demostración de alguna de  las  causales  taxativamente  señaladas en la ley, se evidencia que se cometió  una  injusticia.  Por  tal  circunstancia, la demanda debe confeccionarse con la  más  rigurosa técnica, encontrándose entre sus requisitos, los fundamentos de  hecho  y  de derecho en que se apoya la solicitud, para que la Corte, al momento  de  estudiarla,  se  forme  un  juicio  anticipado  respecto  de  la  seriedad y  viabilidad  de  la acción instaurada, pues de lo contrario la inadmisión será  la decisión a adoptar.   

En  el  presente  asunto,  se  observa que la  demandante  no  sólo  desconoce los soportes filosóficos y doctrinales de este  instituto,   sino   que   ignora  que  el  proceso  ya  terminó  con  sentencia  ejecutoriada  que  ha  hecho tránsito a cosa juzgada y que, por lo mismo, no se  trata  de  una  instancia  más en la que se pueda repetir o ampliar los debates  jurídicos  o  fácticos  cumplidos  en  el  diligenciamiento,  o reexaminar los  elementos  de  juicio  que  sirvieron de fundamento a una decisión que tiene el  carácter de definitiva e inmutable.   

En  consecuencia,  toda  esa  argumentación  dirigida  a cuestionar la valoración que en su oportunidad realizó el Tribunal  de  los  testimonios  de  Juan  Carlos Vallejo Araujó, Hurley Moyano Bellizzia,  Santiago  Forero,  Carlos  Moyano  y  Beatriz Yolanda Bellizzia Ángel y, por lo  tanto,  pretender que se reconozca que su defendido actuó en legítima defensa,  no  sólo  no compagina con la causal aducida, sino que en el caso de existir el  yerro   de  apreciación  probatoria  que  reclama,  sólo  habría  podido  ser  enmendado  al  interior del proceso y a través de los recursos ordinarios o del  extraordinario de casación.   

Finalmente,  recuérdese que cuando se trata  de  la causal 5ª de revisión que contemplaba el artículo 232 del Decreto 2700  de  1991 (hoy prevista en el numeral 5 del artículo 220 de la Ley 600 de 2000),  es  menester que se demuestre no solo que el fallo se sustentó en prueba falsa,  sino  que  se  debe  aportar  la decisión judicial debidamente ejecutoriada que  así la declare, deber que tampoco cumplió la libelista.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer a la doctora Flor Alba Cely de  Vera  como  apoderada  del  condenado  EDUARDO MURILLO  GIL.   

2.   INADMITIR  la  demanda  de revisión contra el fallo proferido el  27 de septiembre de 1990 por el Tribunal Superior de Villavicencio.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                           JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                           CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                    EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR                    NILSON   PINILLA   PINILLA                     

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *