16264(27-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 16264  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 097  

          Bogotá   D.C.,   veintisiete   (27)  de  agosto  de  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  defensor del procesado Marco Antonio Espitia Hernández, contra la  sentencia  del  5  de abril de  1999, mediante la cual el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  confirmó  la sentencia proferida el 11 de  febrero  de 1999 por el Juzgado 21 Penal del Circuito de la misma ciudad, que lo  condenó  a  la  pena principal de 42 meses de prisión y multa de 8.75 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, como responsable del delito de tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  de  que  trata  la  ley  30 de 1986  (artículo 33, inciso 3).   

HECHOS  

El 18 de junio de 1998, aproximadamente a las  7:30  p.  m.,  agentes  de  la Policía Metropolitana capturaron a Marco Antonio  Espitia  Hernández,  quien se movilizaba a la altura de la Avenida 1ª. de Mayo  con  Diagonal 43 de Bogotá en un vehículo Dodge  de placas IB-4054, de su  propiedad,  porque  al  requisar  el  automotor  encontraron  en su interior una  mochila  con  dos  bolsas  plásticas  que  contenían 1.948 gramos de cocaína.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con  fundamento  en el informe de la Policía Nacional, la Unidad de  Fiscalía  de  Reacción  Inmediata   de  Bogotá  ordenó  la  apertura de  investigación  el  19  de  junio  de  1998  y  ese mismo día vinculó mediante  indagatoria  a  Marco  Antonio  Espitia  Hernández.  Al definirle la situación  jurídica,  lo afectó con medida de aseguramiento de detención preventiva como  responsable  del  delito  de  tráfico de estupefacientes, mediante proveído de  junio 24 de 1998.     

          Cerrada  la etapa instructiva, la Fiscalía 255 Seccional de Bogotá  calificó  el  mérito  del  sumario  el  8  de  octubre  de  1998,  profiriendo  resolución  de  acusación  en  contra de Marco Antonio Espitia Hernández como  autor  del  delito  de tráfico de estupefacientes. Esta decisión no fue objeto  de   recurso   alguno,  y  quedó  ejecutoriada  el  3  de  noviembre  de  1998.   

          La  causa  la adelantó el Juzgado 21 Penal del Circuito de Bogotá,  en  cuyo  trámite  el  procesado  Espitia  Hernández se acogió a la sentencia  anticipada,  siendo  condenado  11  de febrero de 1999 a la pena principal de 42  meses  de prisión y multa de 8.75 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  como  responsable  del delito de tráfico de estupefacientes de que trata la ley  30 de 1986 (artículo 33, inciso 3).   

          Apelado   este   fallo   por   el   procesado   y  su  defensor,  el  Tribunal    Superior   de   Bogotá   lo   confirmó   el  5  de  abril  de  1999   

El defensor del procesado inter­puso  el  recurso  extraordinario  de  casación,     presentó     oportuna­mente       la      de­manda,      fue      ad­mitida  y se recibió concepto del Procurador 2º. Delegado para la  Casación Penal .   

LA  DEMANDA   

          Primer cargo (violación directa)   

          La  sentencia  impugnada  es  violatoria  de  la  ley sustancial por  desconocimiento  de  la  parte  última  del  artículo  5º.  del Código Penal  anterior que proscribe toda forma de responsabilidad objetiva.   

          Sostiene  que  el  Tribunal amparado en el hecho de que el procesado  aceptó  su responsabilidad en el marco de la figura de la sentencia anticipada,  omitió  hacer  un  análisis de los aspectos alegados en su defensa. Agrega que  la  aceptación  de  los cargos corresponde al hecho objetivo del hallazgo de la  sustancia,  pero  ello  no  implica  que  no se pueda discutir su participación  criminal como autor o partícipe.        

          Asegura  que  de  las  actuaciones cumplidas no se puede inferir con  certeza   que   Espitia   Hernández   sea   autor   de  los  hechos  objeto  de  investigación.  Insiste  en  que  las  afirmaciones del procesado así como las  pruebas  que  lo  favorecen, como son su buena conducta anterior, la ausencia de  antecedentes  y  su ocupación como conductor, merecen ser evaluadas en conjunto  con  las  pruebas  de  cargo,  pues  la  aplicación de la justicia no puede ser  producto  de un exclusivo monólogo de la acusación. Concluye señalando que en  razón  a  las pruebas que favorecen a su representado la sentencia condenatoria  debió  haberse  dictado no como autor sino como cómplice, pues tales elementos  de convicción no fueron en ningún momento desvirtuados.   

          Solicita,  por  lo  tanto, se case la sentencia y, en su lugar se le  declare  responsable  no  a  título  de  autor  sino de “auxiliador” y, por  consiguiente, se le reduzca la pena impuesta a la mitad.   

          Segundo cargo ( nulidad)   

          Lo plantea en forma subsidiaria y lo hace  consistir  en  que  la  sentencia  impugnada fue dictada en un juicio viciado de  nulidad  por  violación  al  derecho a la defensa técnica, en razón a que los  apoderados  de  confianza  que tuvo y el abogado de oficio que se le designó no  realizaron  absolutamente ninguna actividad defensiva, pues no pidieron pruebas,  ni  intervinieron  en la práctica de las decretadas de oficio o solicitadas por  el  procesado,  no  presentaron  alegatos,  ni  interpusieron recursos contra la  medida de aseguramiento y la resolución de acusación.   

          Indica  que  todo  el  despliegue  defensivo  fue  adelantado por el  propio  procesado sin recibir orientación alguna por parte de los profesionales  a  quienes  se  les  confió  tal  misión,  por cuanto éstos nunca adelantaron  acciones  concretas  tendientes  a favorecer la situación del acusado dentro de  la  actuación  procesal,  lo  cual  se  traduce  en  la  escasez de soporte que  reflejan  las  declaraciones  recibidas  y  en  especial las de los testigos que  hablaron   sobre   las   circunstancias   en   que   ocurrió   la  captura  del  acusado.   

          Pide  se  declare  la  nulidad  de  todo  lo  actuado a partir de la  ampliación  de  indagatoria  del  8  de  julio  de  1998,  con el fin de que se  garantice  el  ejercicio  del  derecho de contradicción del material probatorio  recaudado.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

Cargo segundo (nulidad)  

Luego de precisar que el censor omitió tener  en  cuenta el principio de prioridad que implica respetar el orden lógico en la  postulación  de  los  cargos, en virtud del cual las nulidades deben plantearse  en  primer  lugar  como  cargos  principales  y  no  de  manera  subsidiaria, el  Procurador  Delegado  considera  que  esta censura no está llamada a prosperar.   

En  primer  lugar,  porque  durante  toda la  actuación  el  procesado  contó  con  defensor y no siempre la tarea que éste  debe  cumplir  se  traduce  en  formulación  de peticiones concretas durante el  mandato,  pues  como  ocurre en el presente caso la actuación puede referirse a  la  asistencia  a las diligencias judiciales en que interviene el procesado para  velar  por  sus  derechos fundamentales, a solicitar algunas diligencias como la  ampliación   de   indagatoria  o  coadyuvar   la  petición  de  sentencia  anticipada;  además,  una  situación  de  flagrancia como la advertida en este  proceso,  no  siempre  ofrece  las posibilidades probatorias que son posibles de  escrutar    bajo   otras   circunstancias   de   ocurrencia   de   la   conducta  punible.   

Por  otra  parte, el reiterado relevo de los  profesionales  del  derecho,  seis  en  total,  impide  hacerle un seguimiento y  ponderación a la actividad de cada uno de ellos.   

En  segundo término, las razones esgrimidas  por  el  censor  responden  a  su particular punto de vista, pues las pruebas se  ordenaron  a  instancia de la fiscalía y ante esa actividad probatoria no puede  argumentarse  que  se  violó  el  derecho  de  defensa  porque  los abogados no  solicitaron  las  pruebas  que fueron decretadas por el funcionario instructor y  otras,  cuya  omisión  se  explica porque se renunció a la etapa del juicio al  acudirse  al  mecanismo  de  la  defensa  anticipada,  cuando aún no corría el  término   previsto   en   el   artículo   446   del   C.  de  P.  P.  entonces  vigente.   

Cargo      primero      (violación  directa).   

Estima que de conformidad con las previsiones  del  artículo  37 B, numeral 4, del C. de P. P. entonces vigente, el impugnante  carece  de  interés para plantear desconocimiento del principio que consagra la  proscripción   de   la   responsabilidad   objetiva  o  pretender  degradar  la  responsabilidad  del  implicado,  pues  de  acuerdo con la norma citada sólo se  puede  impugnar  la  sentencia  respecto  de  la  dosificación  de  la pena, el  subrogado  de  la  condena  de ejecución condicional y la extinción de dominio  sobre bienes.   

Agrega   que   el   censor   incurre   en  inconsistencias  de  técnica  casacional,  pues  no  obstante haber invocado la  violación  directa de la ley sustancial, incursionó en el análisis del caudal  probatorio,  lo  cual  no  sólo  es propio de la violación indirecta sino que,  además,    resulta     improcedente    en    tratándose    de   sentencia  anticipada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Segundo cargo (nulidad)   

          1.  Como  lo  señaló el Procurador Delegado, el libelista vulneró  el  principio  de prioridad que rige este recurso, conforme con el cual el cargo  de  nulidad,  como  norma  general,  debe  aducirse  y  desarrollarse  en primer  término,  pues,  dada  su  naturaleza  y  alcances, de prosperar sería vano el  estudio  de  fondo  de  cualquier  otra censura fundada en causal diferente a la  tercera,  pues  habría  de  invalidarse  la  actuación  y,  por  lo  tanto, la  sentencia objeto de ataque quedaría sin sustento procesal.   

          2.  El  casacionista  acusa la sentencia del Tribunal por haber sido  dictada  en  un  juicio viciado de nulidad por violación al derecho de defensa,  en  razón  a  la  presunta  inactividad  de  los  apoderados  que asistieron al  procesado durante la fase instructiva y parte de la causa.   

3.  Según  lo  registra  el  expediente, el  incriminado  Espitia Hernández en el curso de la actuación procesal contó con  la   asistencia   profesional   de  seis  (6)  abogados.  En  la  diligencia  de  indagatoria,  que  se realizó el 19 de junio de 1998, nombró a un apoderado de  confianza  (C.  1,  fol.9),  quien  lo acompañó en dicha diligencia, pero cuyo  poder  le  fue  revocado  a  los  cinco  días, pues el 24 de junio siguiente el  procesado  designó  a un nuevo abogado (C. 1, fol. 24), que se notificó, el 26  de  junio, de la resolución que le definió la situación jurídica y coadyuvó  al  imputado  en  su  solicitud  de  sentencia anticipada, pidió ampliación de  indagatoria  “para  clarificar varios puntos que no  fueron   consignados   en  la  primera  versión”  e  intervino  en la recepción del primer testigo citado por el imputado (C.1, fol.  35,  38  y  43),  pero  renunció  al cargo el 27 de julio de 2003, por no haber  llegado   a   un   acuerdo  con  su  representado  respecto  a  los  honorarios.   

Ese  mismo  día  el  juzgado  le aceptó la  renuncia  al  abogado  y al día siguiente se le comunicó al procesado para que  designara  a  un  nuevo  apoderado. Como aquél no procedió a ello, el despacho  judicial   le  nombró  a  una  abogada  de oficio el 5 de agosto siguiente  (C.1, fol. 81).   

El  8  de  octubre  del  mismo  año (1998),  Espitia  Hernández  le otorgó poder a un defensor público, quien se notificó  de  la  resolución  de acusación emitida ese mismo día (C.1, fol. 122 V/to. y  124),  pero  cuyo  mandato  le fue revocado el 30 de noviembre siguiente, cuando  corrían  los  términos  de traslado para la audiencia pública (C. 2, fol.13).  El  nuevo  abogado  logró que a su representado se le sustituyera la detención  intramuros  por  la detención domiciliaria y coadyuvó al procesado en su nueva  solicitud   de   sentencia  anticipada  (C.2,  fols.15,  34  y  43).     

El   1º.  de  febrero  de  1999,  Espitia  Hernández  le  confirió  poder  a otro profesional del derecho (C2., fol. 48),  quien  lo  asistió  en  la  diligencia de formulación de cargos para sentencia  anticipada,  interpuso  y  sustentó el recurso de apelación contra el fallo de  primer  grado y presentó la demanda de casación contra la sentencia de segunda  instancia (C.2, fols.51, 71; C. Tribunal, fol. 20).   

4.  Significa  lo anterior que no es cierto,  como  lo alega el censor, que el procesado hubiera estado desamparado en la fase  instructiva,  pues  los  seis  (6)  abogados que lo asistieron en los diferentes  momentos   procesales     estuvieron   pendientes   del  curso  de  la  actuación   y   su  intervención  estuvo  determinada  por  la  situación  de  flagrancia  en  que  fue  capturado  el  procesado,  las  pautas  defensivas que  consideraron  pertinentes  y el poco tiempo en que cada uno de ellos permaneció  en  el  cargo,  dada  la frecuencia inusitada como el incriminado les revocó el  mandato                en               el               curso               del  proceso.           

          5.  Además, la censura se quedó en su simple enunciación, pues el  libelista  se  limitó  a  señalar  en  forma  genérica  y  abstracta  que los  distintos  abogados  omitieron  pedir pruebas, presentar alegatos e impugnar las  resoluciones  que  definieron  la  situación jurídica y calificaron el mérito  del  sumario,  sin  tener  en cuenta que cuando se aborda la demostración de la  vulneración  al  derecho  de  defensa, por la inactividad del abogado, no basta  mencionar  la  irregularidad,  sino  que  se  debe  partir de concretas y reales  posibilidades  de  obrar  que  emanan  del  proceso;  se  deben  trascender  los  enunciados  generales  e  hipotéticos  para  señalar  cuáles eran las pruebas  susceptibles  de  practicarse,  aquello  que  en concreto podía lograrse con su  aducción  en  pro  de  los intereses del reo; cuáles y en qué sentido podían  formularse  impugnaciones;  bajo qué estrategia defensiva era posible lograr un  pronunciamiento menos severo para el procesado   

          Así  mismo,  el  casacionista tampoco acreditó la trascendencia de  la  presunta  inactividad de los diferentes defensores que lo antecedieron en el  cargo,  pues  no  demostró que en realidad se tratara de una omisión lesiva de  los  intereses del procesado. Tal demostración no se cumple, como erróneamente  lo  estima  el  censor,  con  sugerir  que  debió  presentarse  una  estrategia  profesional  diferente,  porque una óptica distinta no significa en modo alguno  restricción  de la garantía fundamental, por cuanto la idoneidad de la defensa  técnica  no  puede  medirse  a partir de los resultados del proceso, sino de la  razonabilidad  de  las  posiciones  asumidas  por  quienes  tuvieron  a cargo su  ejercicio dentro del proceso.   

          6.  Debe  señalarse  por  último  que  la censura planteada por la  presunta  vulneración  del  derecho  a la defensa técnica deviene realmente en  una   forma   disfrazada   de   retractación  de  la  responsabilidad  libre  y  voluntariamente  aceptada  por  el  procesado,  dado que el reproche se sustenta  especialmente   en  la  supuesta  falta de análisis y contradicción de la  prueba  testimonial  en  que  inicialmente  el  incriminado  intentó  basar  su  inocencia  en  relación  con  la  droga  encontrada  en  el  automotor  que él  conducía.   

Si  bien  cuando  se trata de este abreviado  trámite  al  impugnante  le  asiste  interés  para acusar las nulidades que se  hayan   cometido   (por   ejemplo,  por  falta  de  competencia  del  juez,  por  inasistencia  del  defensor  a  la  diligencia  de formulación y aceptación de  cargos,  por  haberse  incurrido  en  el  acta respectiva en error relativo a la  denominación  jurídica  del  punible  etc.),  ello  no  significa que se pueda  acudir  a  ellas  como  pretexto  para  retractarse  de  la  aceptación  de los  cargos.   

Sobre    este    punto    la   Sala   ha  señalado:   

“Así, no resulta suficiente para legitimar  un  cargo  en  eventos  como  el presente, es decir, de sentencia anticipada, el  afirmarse  que  se  formula  por la vía de la nulidad, cuando su argumentación  tiende  es a demostrar la retractación de la aceptación de cargos que previa y  oportunamente  ha hecho el procesado,  ya que el interés para recurrir que  inicialmente  podría  amparar  la  solicitud de invalidez no puede surgir de la  habilidad  en  mimetizarlo  frente al texto de la demanda, sino de la permisión  legal     que     ampare     la     pretensión”1.   

             

          La censura, por lo tanto, no prospera.   

          Primer cargo (violación directa)   

          1.   Sostiene   el   libelista   que  el  Tribunal  Superior  violó  directamente  la  ley  sustancial  por  desconocimiento  de  la  parte final del  artículo  5º.  del  Código Penal anterior que consagra la proscripción de la  responsabilidad  objetiva, por cuanto basado en que el procesado se acogió a la  sentencia  anticipada y aceptó la totalidad de los cargos y la responsabilidad,  el  juez  colegiado  no tuvo en cuenta las “pruebas de descargo”, tales como  la   ausencia  de  antecedentes  penales,  las  buena  conducta  anterior  y  su  ocupación  laboral  como  conductor,  las  cuales, según el defensor, permiten  ubicar  su  intervención  en calidad de cómplice, mas no como autor del delito  de tráfico de estupefacientes.     

2.   En   relación  con  la  impugnación  extraordinaria   de    sentencias  anticipadas  emitidas  en  vigencia  del  derogado  estatuto  procesal  penal,  la  Sala  ha reiterado que en virtud de lo  dispuesto  en  el  artículo  37  B  numeral 4º. del referido ordenamiento, que  restringía  el  interés  del  procesado  y  de  su defensor para interponer el  recurso   de   apelación  a  cuestionar  exclusivamente  la  individualización  judicial  de  la pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional y la  extinción  del  dominio  sobre  bienes, tal restricción se hacía extensiva al  recurso   de  casación,  sin  que  entonces  resultara  viable  plantear  temas  diversos.   

Lo expuesto se encuentra ahora consagrado en  el  inciso  10º  del  artículo  40  de la Ley 600 de 2000, precepto al que fue  adicionada  la posibilidad de censurar las decisiones referidas a los mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad y a la indemnización de  perjuicios.   

3. En el caso que convoca la atención de la  Sala,  el  recurrente  con  evidente  falencia  técnica  postula  la violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  presunto  desconocimiento de la norma que  consagra  la  proscripción  de  la  responsabilidad  objetiva,  pero  apoya  su  fundamentación  en  apreciaciones  y  críticas  que  tienen  que  ver  con  la  apreciación  probatoria;  olvidó  que  cuando se plantea violación directa de  una  norma  de derecho sustancial, el debate debe desarrollarse dentro del marco  del  raciocinio  puramente  jurídico,  con  abstracción absoluta de la prueba,  pues  implica reconocer que los juzgadores  acertaron en la declaración de  los  hechos  y en el análisis probatorio, pero se equivocaron en la aplicación  del  derecho,  por  exclusión  evidente, aplicación indebida o interpretación  errónea de una norma de derecho sustancial,   

Además,  el censor invocó la vulneración  del  artículo  5°  del  Código  Penal, pero no efectuó su relación con otra  norma  sustancial,  dejando   incompleta  tanto  la  formulación  como  la  sustentación  del  cargo,  al  no especificar la descripción típica  que  debió ligar y ni siquiera mencionó.   

4.  Por  otra  parte,  como  lo  señaló el  Procurador  Delegado,  el cargo deviene claramente improcedente, en razón a que  el  mismo  está  dirigido  a  cuestionar  la  “apreciación probatoria” que  sirvió  de sustento a la sentencia anticipada con la pretensión de degradar la  responsabilidad   del  procesado,  alegando  que  éste  actuó  en  calidad  de  “auxiliador”  o  cómplice  y  no  como autor del delito que se le atribuye,  todo  lo  cual  no  es  más  que  un  pretexto  para intentar retractarse de la  aceptación  del  cargo  contenido en la resolución de acusación ejecutoriada,  es    decir:    autor    de    la    conducta    delictiva    de   tráfico   de  estupefacientes.   

5.  El libelista pasó por alto que al haber  aceptado  el  cargo  como  autor  del  delito  antes referido, no había lugar a  impugnar  la  apreciación probatoria del fallo para solicitar que la condena se  produjera  como  partícipe  y  no  como  autor  de  la conducta delictiva, cuya  responsabilidad   aceptó   en  forma  plena  en  la  respectiva  diligencia  de  formulación de cargos.   

El  defensor  ignoró  que, precisamente por  carecer  de  interés  para  reclamar  la  aplicación  del  citado  dispositivo  amplificador  del  tipo  penal,  el  Tribunal  Superior de Bogotá se abstuvo de  examinar  el punto relativo a la forma de coparticipación reclamada, puesto que  habiéndose  sometido  a  sentencia anticipada como autor del delito de tráfico  de  estupefacientes,  el  tema  de  la complicidad ya no tenía lugar en sede de  segunda instancia.   

Lo anotado ilustra suficientemente el motivo  por  el  cual  el  cargo  resulta  claramente improcedente, pues al no acatar el  defensor  la  disposición legal que limita su interés para recurrir, optó por  extender  el  reproche hacia aspectos no impugnables de la sentencia anticipada,  desbordamiento  que,  así  el  libelo  cumpliera  con las demás exigencias, de  antemano   se   sabe  que  impide  cualquier  pronunciamiento  de  fondo  de  la  Corte.   

          Esta  censura,  entonces,  se  desestima  por  falta de interés del  recurrente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR el fallo  motivo del recurso extraordinario.   

Contra  la  presente  sentencia  no procede  recurso alguno.   

         Cópiese,  notifíquese  y devuélvase el expediente al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                    CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                  EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                            Comisión de servicio   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                                 MARINA  PULIDO  DE  BARON             

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

               

1   Sentencia  del  11  de agosto de 1999, Rad. 11.856, M. P. Carlos Augusto Gálvez  Argote.     

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