19734(29-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19734  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 107  

          Bogotá,  D.  C.,  veintinueve  (29)  de septiembre del dos mil tres  (2003).   

VISTOS  

          Concluida  la audiencia pública, la Sala decide el fondo del asunto  dentro  de  la  causa  que, por los delitos de peculado  por       apropiación       y       celebración    de   contrato   sin   cumplimiento   de   requisitos  legales,  cursó  en  contra  del  doctor Carlos   Ómar   Avilán   Prada,  en  su  condición    de    ex    Gobernador    (encargado)    del    Departamento   del  Guainía.   

HECHOS  

          Mediante  Decreto  287  del  3  de agosto de 1998, el doctor Arnaldo  José  Rojas Tomedes, Gobernador titular del Departamento del Guainía, encargó  de  esas  funciones  -durante  los días 4, 5, 6, 7 y 8 de agosto siguientes- al  doctor   Carlos   Ómar   Avilán  Prada,  dependiente de la Secretaría de Obras Públicas y Transportes, y  lo  facultó  “para  tramitar  cuentas,  resoluciones, decretos, nóminas y la  contratación     necesaria     para    el    buen    funcionamiento    de    la  administración”.   

          El   6   de  agosto,  el  doctor  Avilán  Prada  suscribió  con  el  señor Juan Jairo Chingate  Torres  el  contrato  044,  que  también firmó el Secretario de Educación del  Departamento,  doctor  Salvador Ruiz Espinel, mediante el cual, con destino a la  última  dependencia,  el  Departamento  adquirió  7 computadoras que el señor  Chingate    Torres    le    vendió    por    un    valor   de   $34’860.000.  Mediante  resoluciones 270 y  427  del  18  de  agosto  y  del 9 de noviembre de 1998, el doctor Rojas Tomedes  ordenó  el  pago  de  la  suma  convenida.  Los bienes fueron recibidos el 7 de  septiembre.   

          Los  equipos  obtenidos por la administración resultaron con fallas  en  su  funcionamiento,  su precio fue superior al promedio en el mercado, no se  correspondían  con  las  especificaciones  acordadas,  no eran originales, y el  software instalado carecía de la licencia del fabricante.   

          En  los archivos de la Gobernación no se encontraron soportes sobre  el  proceso  pre-contractual.  Sólo se anexó una cotización que, con fecha 31  de   julio   de   1998,   el  señor  Chingate  Torres  dirigió  al  Gobernador  titular.   

          Juan  Jairo  Chingate Torres manifestó que el verdadero contratista  fue  José  Mauricio  Zambrano  Alonso –profesor  vinculado  con  el  Departamento-,  quien  por $200.000 le  solicitó  figurara en los documentos, le llevó el contrato para que lo firmara  e  hizo  lo  propio con una autorización para que Zambrano Alonso se hiciera al  dinero pagado.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Funcionarios  de la Contraloría General de la República realizaron  un  estudio  sobre  todas  las  actividades de la administración departamental.   

          Verificados  los anteriores hechos, los pusieron en conocimiento del  Fiscal  General de la Nación, quien, luego de adelantar una indagación previa,  el 7 de noviembre del 2001 abrió investigación.   

          El   doctor   Avilán  Prada  fue  escuchado  en  indagatoria  y  el  5  de  febrero del 2002 se  decretó  su detención como autor de los delitos de peculado por apropiación y  celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

          El    12    de    junio    siguiente,    fue    acusado   por   esas  conductas.   

          Remitido  el  expediente  a  la  Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  en audiencia pública fueron recibidas las declaraciones  de  los  doctores Salvador Ruiz Espinel, quien en su condición de Secretario de  Educación  signó el contrato 044, y de Arnaldo José Rojas Tomedes, Gobernador  titular,    quien   encargó   al   doctor   Avilán  Prada y autorizó las órdenes de pago.   

EL PROCESADO  

          Carlos  Ómar  Avilán  Prada nació en El  Espinal  (Tolima)  el  11  de  enero  de  1961;  se identifica con la cédula de  ciudadanía       número       93’119.614  de  aquella  ciudad; vive en unión libre con Inés Yolanda  Parra  Ramírez –secretaria  de  la Gobernación del Guainía-; es ingeniero de sistemas; para enero del 2002  llevaba  dieciseis meses ejerciendo como Jefe de la Oficina de Planeación de la  Secretaría  de  Salud  Departamental  del  Guainía;  durante  los  siete años  anteriores  se  desempeñó  como  funcionario de la Gobernación, en calidad de  Profesional   de   la   Unidad   de   Cofinanciación,   Jefe   de   la  Oficina  Socioeconómica,  Secretario  de  Planeación,  Secretario  de Obras Públicas y  dependiente de la Empresa de Energía Eléctrica.   

LA ACUSACIÓN  

          El  Fiscal  General  de  la  Nación  fundamentó  sus cargos en las  siguientes razones:   

          1.     El     doctor     Carlos  Ómar  Avilán Prada suscribió el  contrato  044  el 6 de agosto de 1998, y con ello comprometió la voluntad de la  Administración, para lo cual se encontraba facultado.   

          2.  En  la  celebración del convenio, se  vulneraron  de  manera  manifiesta  los  principios  que  rigen la contratación  pública  -publicidad,  transparencia,  legalidad  y  selección  objetiva-,  en  cuanto:   

     

a. No se invitó a los particulares a intervenir.     

     

a. No hubo publicación de avisos.     

          c)     No     fueron     explicadas     las     razones     de    la  contratación.   

          d) Se omitió la recepción de otras propuestas.   

          e)  Se  aprobó  la  cotización  presentada  por  un  desconocido e  ignorante en esas materias.   

          f) No se allegó ningún soporte pre-contractual.   

          3.  El  contratista  Juan  Jairo Chingate  Torres  sólo  sirvió  de  agente  simulado, pues quien en realidad vendió las  computadoras  fue  Mauricio  Zambrano  Alonso. El primero, sin experiencia en la  materia,  prestó  su  nombre  por  $200.000,  porque  el  último  –empleado    del   Departamento-   se  encontraba inhabilitado para contratar.   

          4. Se causó un detrimento patrimonial al  Departamento.    El    precio    pactado    fue   superior   en   $9’577.750 al valor comercial promedio de  los  equipos,  aparatos que no tenían las características pactadas, no eran de  marca definida y su software no contaba con soporte legal.   

          5.  El  procesado  cometió  el delito de  contrato  sin cumplimiento de requisitos, porque  desdeñó  las exigencias de la Ley 80 de 1993 y del Decreto  855  de  1994.  Así  el  trámite  correspondiera  a otra dependencia, su deber  –previo   a  firmar  el  convenio-  era  constatar  que  en verdad se habían cumplido esos presupuestos,  responsabilidad que por mandato legal no podía delegar.   

          6.  No  es  admisible la excusa de que el  doctor   Carlos   Ómar   Avilán  Prada  fue utilizado como un “instrumento”, dada su trayectoria en el  sector  público,  su condición de ingeniero y el hecho de que al ser encargado  se  lo facultó para contratar. Así, conocía que con su conducta infringía la  ley penal, no obstante lo cual se decidió a celebrar el convenio.   

          7.  Lo anterior, igualmente era aplicable  al  peculado.  El  irregular contrato enriqueció a un particular, en detrimento  del  Departamento,  pues  los  costos  fueron  “inflados”  y  se  recibieron  computadoras  de  calidad  deficiente y sin licencia. La invitación exclusiva a  un solo proponente, denotaba el interés de favorecerlo.   

LA AUDIENCIA PÚBLICA  

          1.   El   funcionario  delegado  por  el  Fiscal    General   de   la   Nación   solicitó fallo condenatorio. Sus argumentos fueron:   

          a)  A  pesar  de  que en su indagatoria negó el hecho, lo cierto es  que  el  doctor Carlos Ómar Avilán Prada  suscribió el contrato 044 del 6 de agosto de 1998 y se encontraba  expresamente facultado para hacerlo.   

          b)  En  el  trámite  de la contratación se llevaron de calle todas  las  normas  aplicables.  No  se  encontró  documento  alguno sobre la gestión  pre-contractual.  Solamente  se  obtuvo una cotización, cuando eran necesarias,  mínimo, dos. Y no hubo invitación pública por medio de avisos.   

          c)  Las computadoras no poseían las características especificadas:  no  funcionaron correctamente, eran simples “clones” y el software instalado  no  tenía  autorización.  La  Gobernación  fue engañada, en detrimento de su  patrimonio.   

          d)   El   doctor  Salvador  Ruiz  Espinel,  entonces  Secretario  de  Educación,  indicó  que  el Gobernador fue quien autorizó la suscripción del  contrato  y  que  la  cotización  tenía el visto bueno del doctor Avilán   Prada,   requisito  éste  que  comportaba su aval para efectuar el convenio.   

          e)  El  acusado actuó con dolo, porque no era un advenedizo en esos  procedimientos.  Se  desempeñó en varios cargos en la Administración, los que  estaban  relacionados  con la contratación y conocía perfectamente el trámite  legal  al  respecto.  Por  esto  no  se  puede  admitir  la excusa de que fue un  “instrumento”  del Gobernador titular. Sus conocimientos le impedían ser un  “firmón”:  si  hubiera  revisado  -como  debía-  los  soportes  del pacto,  habría constatado que no cumplían ninguna exigencia legal.   

          f)  El Gobernador encargado aprobó una cotización, sin fórmula de  juicio   previo  –ningún  documento  acreditó  trámites  antecedentes-, con lo que dio orden de realizar  el negocio.   

          g)  Se  tipificó  el  peculado,  porque, en provecho de un tercero,  hubo apropiación de dineros oficiales.   

          h)  Su condición de ingeniero y su experiencia laboral, hacían que  tuviera    conocimiento;    además,    contaba    con    el    apoyo    de   la  tecnología.   

          2. El Procurador  Delegado   elevó   igual  petición,  con  similares  planteamientos. Además, explicó:   

         a)  El  delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales es  un  tipo  en  blanco,  para cuyo análisis se debe acudir al artículo 209 de la  Constitución  y  a  la  Ley  80  de  1993, sobre el respeto a los principios de  transparencia,   igualdad  y  selección  objetiva,  postulados  que  no  fueron  acatados.   

         b)  El  mandatario  encargado seleccionó al contratista con base en  la    simple    subjetividad,    en    detrimento    de    la    economía   del  Departamento.   

         c)  Como  se  estableció  que  se  cobró y pagó un sobreprecio de  $9’577.750,  éste  es el  monto del peculado por apropiación.   

         d)    La    acusación    que    hizo    el    doctor   Avilán    Prada   al   Secretario   de  Educación,  doctor Ruiz Espinel, sólo era un mecanismo de defensa inexcusable,  porque  el  artículo 12 de la Ley 489 de 1998 dispone que el acto de firmar por  expresa delegación no exime de responsabilidad.   

         3.         El         defensor  solicitó  condena  por peculado  culposo   –no  doloso-  y  absolución  frente  al cargo de celebración de contrato sin acatamiento de las  exigencias   legales.  Sería  iluso  –aclaró-  que  propusiera  una  exoneración  de responsabilidad, en  cuanto el sindicado violó el deber objetivo de cuidado. Expuso:   

         a)  Objetivamente  se demostró  la existencia de un compromiso  que  irrespetó  todos  los requisitos de la contratación. Pero la culpabilidad  no puede derivar del hecho exclusivo de firmar el documento.   

         b)  El  sindicado  no  tuvo  conocimiento  de  la  obligatoria  fase  pre-contractual    –que  eludió  todas  las  exigencias  legales  y  fue  simulada-,  en  la que no pudo  intervenir  por  absoluta  carencia  de  relación  funcional,  pues  no  era el  Gobernador ni sabía que sería encargado.   

         El    doctor    Carlos   Ómar   Avilán  Prada desconoció todos los mecanismos espurios de esa  etapa previa, porque ignoraba que se estaba adelantando.   

         c)  La  defraudación  no se posibilitó exclusivamente por la firma  del  contrato,  sino  por  la autorización de las cuentas de cobro y el pago de  las  mismas, que realizaron el Gobernador titular y el Secretario de Educación.  Estos    –quienes   se  mostraron  ajenos  al  trámite-  tuvieron  la posibilidad de darse cuenta de lo  sucedido  y  por  ello  no  debieron  cancelar  el  dinero, pues era evidente la  ausencia de todos los requisitos.   

         d)   El   fraude   principal,   entonces,   no  provino  del  doctor  Avilán  Prada. Por eso, la  Sala  se  debe  pronunciar,  para  que  se eviten las maniobras en virtud de las  cuales se delega para esquivar responsabilidad.   

         Culpable  no  fue quien suscribió el acuerdo en los cuatro días en  que  estuvo  encargado  de  la  Gobernación,  sino quien sí podía conocer los  trámites  antecedentes,  las  necesidades  para  contratar  y  que el verdadero  vendedor era el profesor Mauricio Zambrano.   

         e)  El visto bueno que sobre la única cotización colocó el doctor  Avilán  Prada,  se explica  porque era necesario para la legalización del convenio.   

         f)  Hubo,  entonces, “autoría mediata”, porque el procesado fue  utilizado  como  “instrumento”,  porque  erró  al firmar y a través de esa  equivocación  se  dominó  su  voluntad,  consecuencia  de  lo  cual actuó sin  dolo.   

         g)  El  acusado  obró  con  culpa. No existe duda sobre su autoría  directa  accesoria  en  el  peculado.  Pero esa culpa no se permite respecto del  delito    de    celebración    de    contrato    sin    el    cumplimiento   de  requisitos.   

         El    doctor    Carlos   Ómar   Avilán  Prada no era tan conocedor del tema, como indicaron la  fiscalía  y  el  Ministerio  Público.  Fue  asaltado  en  su  buena  fe al ser  encargado  -lo que siempre se acepta como un honor y una gran oportunidad-. Pero  detrás  de  esos encargos, muchas veces se ocultan maniobras dirigidas a que se  firme por otros, para eludir responsabilidad.   

         Su   acudido   fue   negligente,  apresurado.  Debió  estudiar  los  documentos  y  no lo hizo, circunstancia que le generó responsabilidad fiscal y  da lugar a la penal, pero a título de culpa.   

         La  Sala  ha  sido  insistente en lo importante que resulta la parte  subjetiva   en   la   conducta  de  celebración  de  contratos  sin  requisitos  legales.   

         h)  El  Gobernador titular explicó que la parte previa la realizaba  la  Secretaría  de  Educación,  dependencia  que  fue  la  que  posibilitó la  defraudación,  a  todo  lo  cual  fue  ajeno  Avilán  Prada,  quien  objetivamente  no tenía posibilidad de  conocer  esas  maniobras  de  atrás,  que  requirieron  de  una tramoya, de una  preparación, de unos pasos previos.   

         i)  No  existe  certeza  sobre  “el  hombre  de atrás”, pero se  limita  a  uno  de  dos  nombres:  Arnaldo  José  Rojas Tomedes o Salvador Ruiz  Espinel,  quienes  curiosamente negaron todo conocimiento. Cualquiera de los dos  pudo direccionar el contrato.   

CONSIDERACIONES  

Generalidades.   

         1. Para que el funcionario judicial pueda  dictar  sentencia  condenatoria,  el  artículo 232 del Código de Procedimiento  Penal  exige  que  las  pruebas  legal,  regular  y oportunamente allegadas a la  actuación, conduzcan a la certeza de la conducta punible.   

         2. El Fiscal General de la Nación acusó  al  ex  Gobernador  del  Guainía, doctor Carlos Ómar  Avilán  Prada,  como autor del concurso de delitos de  contrato    sin    cumplimiento    de    requisitos  legales,  previsto  en  el  artículo  146 del Código  Penal  de  1980, modificado por el 57 de la Ley 80 de 1993 y por el 32 de la Ley  190     de     1995;     y     de    peculado    por  apropiación,  tipificado  en  el  artículo  133  del  anterior Estatuto, modificado por el 19 de la Ley 190 de 1995.   

         En  su  orden, las normas señaladas del Decreto 100 de 1980 definen  las siguientes conductas:   

         “Contrato    sin   cumplimiento   de  requisitos  legales.  El  servidor  público  que por  razón  del  ejercicio  de  sus  funciones  y  con  el  propósito de obtener un  provecho  ilícito  para  sí,  para  el  contratista o para un tercero, tramite  contrato  sin  observancia  de  los requisitos legales esenciales o lo celebre o  liquide  sin  verificar el cumplimiento de los mismos, incurrirá en prisión de  cuatro  (4)  a  doce  (12)  años,  multa de diez (10) a cincuenta (50) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones  públicas de uno (1) a cinco (5) años”.   

        “Peculado por apropiación.  El  servidor  público  que  se apropie en provecho suyo o de un  tercero  de  bienes  del Estado o de empresas o instituciones en que éste tenga  parte  o  de  bienes  o  fondos  parafiscales,  o de bienes de particulares cuya  administración,  tenencia  o  custodia  se  le  haya  confiado por razón o con  ocasión  de  sus  funciones,  incurrirá  en prisión de seis (6) a quince (15)  años,  multa equivalente al valor de lo apropiado e interdicción de derechos y  funciones públicas de seis (6) a quince (15) años.   

        Si  lo  apropiado  no  supera  un  valor de cincuenta (50) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  dicha  pena  se disminuirá de la mitad  (1/2) a las tres cuartas (3/4) partes.   

        Si  lo apropiado supera un valor de  doscientos (200) salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, dicha pena se aumentará hasta en la mitad  (1/2)”.   

         3.  Mediante  dictamen pericial del 11 de  marzo  del  2002,  profesionales  del  Cuerpo Técnico de Investigaciones, en un  detallado  y  argumentado  estudio  que  no  fue  objetado  por las partes y que  resulta  eficaz  en  cuanto  previo  el  acopio  de  diversas  cotizaciones y la  explicación  técnica  de  sus  conclusiones,  establecieron  en $9’577.750   la   diferencia   entre  lo  contratado  -$34’860.000- y  lo     realmente     entregado     a     la     Gobernación    -$25’282.250-.   

         Esa  cifra,  entonces,  constituye  el  detrimento al patrimonio del  Departamento.   

         4.   Para  agosto  de  1998,  época  de  ocurrencia  de  los  hechos,  el  salario mínimo legal mensual (Decreto 3106 de  1997)   era   de   $203.826.   Como  50  sueldos  ascendían  a  $10’191.300, significa que por el monto de  lo  apropiado  –inferior a  este  límite-,  la  conducta se ubica dentro del inciso segundo de la norma que  define   el   peculado,   esto   es,  que  las  sanciones  señaladas  se  deben  disminuir  de la mitad a las tres cuartas partes.   

         En   estas   condiciones,   con   fundamento   en  el  principio  de  favorabilidad,  en materia de peculado resulta más benigna para el procesado la  legislación  derogada,  como  que  en  la vigente en la actualidad –artículo  397 de la Ley 599 del 2000-  la  sanción  imponible  oscila entre 4 y 10 años de prisión e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y multa equivalente al  monto  de  lo  apropiado. Por ultractividad de la ley más benéfica, en fin, se  aplican las disposiciones suplidas.   

         Lo  mismo  ocurre  con  el  delito  de  contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales:  el  artículo  410  del  Estatuto  actual  señala pena de  prisión  de 4 a 12 años, multa de 50 a 200 salarios mínimos e inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas de 5 a 12 años, en tanto  que  el  artículo  146  derogado establece topes inferiores respecto de los dos  últimos conceptos.   

         Aclarado  ese  aspecto,  la Sala abordará el estudio de lo actuado,  para  determinar  si  se  reúnen la exigencias del artículo 232 del Código de  Procedimiento Penal.   

El    aspecto    objetivo    de    las  infracciones.   

         1.  Mediante constancia del 22 de octubre  del  2001,  de  la Jefe de Personal de la Gobernación, y copia del Decreto 0287  del  3  de  agosto siguiente, suscrito por el titular del Despacho, se acreditó  que  el  doctor Carlos Ómar Avilán Prada,  dependiente  de  la  Secretaría de Obras Públicas y Transporte,  ejerció  como  Gobernador Encargado, durante los días 4 a 8 de agosto de 1998.   

         En  el  último  acto,  expresamente  fue facultado “para tramitar  cuentas,  resoluciones,  decretos, nóminas y la contratación necesaria para el  buen  funcionamiento  de  la  administración,  mientras  dura  la  ausencia del  titular, doctor ARNALDO JOSÉ ROJAS TOMEDES”.   

         El  literal  (b)  del  numeral 3°. del artículo 11 de la Ley 80 de  1993,  fijó  en  los  gobernadores de departamento la competencia para celebrar  contratos a nombre de la entidad.   

         Así,   por  mandato  legal  y  delegación  expresa,  el  procesado  cumplía  las  funciones  de  ordenador  del  gasto  para el 6 de agosto, cuando  suscribió   el   contrato   044.   Mediante   éste,   en  representación  del  Departamento,  compró a Juan Jairo Chingate Torres siete computadoras por valor  total  de $34’860.000, suma  que  el  último  recibió  mediante  dos  cheques, del 12 de agosto, y del 9 de  noviembre de 1998.   

         2.    Los   elementos   entregados   al  Departamento  del  Guainía,  no  tenían  las  especificaciones  de  los que se  compraron  según  la  transacción:  el  software  instalado  no contaba con la  licencia   del  fabricante,  esto  es,  se  recibieron  equipos  “clones”  o  “compatibles”;  fallaba  su  funcionamiento; y hubo sobrecostos en el precio  acordado.  Esto  quedó demostrado con los documentos que la Contraloría obtuvo  en  el proceso de responsabilidad fiscal, con la inspección a los equipos y con  el dictamen pericial dispuesto.   

         Tan   deficientes   eran   las   máquinas  que,  luego  de  recibir  comunicaciones  del ingeniero de sistemas de la Secretaría de Educación en ese  sentido     y    de    solicitar    –sin  éxito-  que  el contratista corrigiera lo pertinente, mediante  resolución  034 del 30 de marzo de 1999, el Gobernador hizo efectiva la póliza  que  cubría  el  amparo por calidad y buen funcionamiento. Más adelante, el 28  de  junio  de  ese  año,  argumentando  que  las fallas fueron solucionadas, se  revocó la decisión anterior.   

         3.   La   Secretaría   de   Educación  certificó  que  “revisada la carpeta del Contrato No. 044 de 1998 a nombre de  JUAN  CARLOS CHINGATE TORRES, referente al suministro de COMPUTADORES, no reposa  ningún  documento  de soporte Pre-contractual que se hubiese realizado en dicha  contratación”.   

         El   único  documento  recibido,  base  para  la  suscripción  del  convenio,  fue  la  cotización  que  con fecha 31 de julio de 1998 presentó el  señor  Juan  Carlos  Chingate Torres, quien ofrecía el suministro de los siete  equipos,  por  valor  unitario  de  $4’980.000,       para       un      total      de      $34’860.000.   

         4.   En  diferentes  intervenciones,  el  contratista  Juan  Jairo  Chingate  Torres  manifestó  que  quien  realmente  pactó  con la Gobernación fue  José   Mauricio   Zambrano   Alonso  –profesor  vinculado  con  el  Departamento-,  quien  por $200.000 le  solicitó  figurara en los papeles, le llevó el documento para que lo firmara e  hizo  lo  propio con una autorización para que Zambrano Alonso hiciera efectivo  el pago.   

         La  versión del señor Chingate Torres resulta eficaz, en cuanto se  mostró  coherente,  espontáneo  y  fue  corroborado por los escritos anexos al  contrato.   

         Inclusive  fue ratificado por el profesor Zambrano Alonso, quien dio  cuenta  del nexo y si bien se quiso mostrar ajeno a la ilicitud argumentando que  sólo  hizo un favor de cambiar un cheque, su explicación contraría la verdad,  pues  se  opone a la lógica que el “contratista”, luego de realizar todo el  trámite  –que  comportó  elaboración  y suscripción de peticiones- tuviera que acudir a un tercero para  hacer efectivo un título.   

         Una  conducta  tan  inocente  como la alegada por el señor Zambrano  resulta  incoherente  con  actitudes  tales como que ante la falla de uno de los  equipos  fue  él  –y no el  “vendedor”-  quien  acudió  a  su  reparación,  según  lo  expresó  a la  Contraloría   Ligia  Dolores  Martínez  de  Mancipe,  quien  lo  tenía  a  su  cargo.    

         Estas   circunstancias   muestran   conforme   con   la   verdad  la  “confesión”  del señor Chingate Torres, máxime que la comparación de las  firmas  que  como  suyas se observan en todos los documentos relacionados con la  suscripción,  ejecución  y pago del contrato, evidencian diferencias. Así, se  ratifica  la  sinceridad  del  relato,  en  cuanto  afirmó  que  varias de esas  grafías no eran suyas.   

         5.  De  la  relación  de  cuentas  de la  Administración  para  el año de 1998, deriva que, en términos del literal (a)  del  artículo  24  de la Ley 80 de 1993, eran “contratos de mayor cuantía”  aquellos  celebrados  por  montos  superiores  a  250  salarios mínimos legales  mensuales,     esto     es,     $50’956.500.  Por  sumas  iguales  o inferiores a ésta, se consideraban  como  “de menor cuantía”, en cuyo caso la norma habilitaba la contratación  directa.   En   el   último   supuesto   se   ubicaba  el  convenio  objeto  de  investigación.   

         6.   De   los   artículos   209  de  la  Constitución  Política  de  Colombia, 3°. y 23 de la Ley 80 de 1993, 2°. del  Decreto  855  de  1994  y  3°.  de  la  Ley  489 de 1998, surge que la función  administrativa    –que  comprende   la   celebración   y   ejecución  de  contratos-  debe  buscar  el  cumplimiento  de  los  fines  del  Estado,  estar  al  servicio de los intereses  generales.  Consecuencia  de  lo  cual es que se debe desarrollar conforme a los  principios    de    igualdad,   moralidad,   eficacia,   economía,   celeridad,  imparcialidad,  eficiencia,  participación,  responsabilidad,  transparencia  y  publicidad.   

         Según  los  elementos  de  juicio  reseñados  y  que las partes no  controvirtieron    –la  defensa  sólo  cuestionó  la culpabilidad que consideró culposa y no dolosa-,  estos  mandatos  no  se  cumplieron en la suscripción y ejecución del contrato  044 del 6 de agosto de 1998.   

         En efecto:   

         a)  No  se acreditaron las calidades técnicas del señor Juan Jairo  Chingate  Torres,  dado  que  en su condición de contratista fue quien proveyó  los  equipos  adquiridos.  La omisión llevó a que una persona sin conocimiento  alguno de computadoras, las vendiera a la Administración.   

         b)  Más  grave  aún:  no  se  pidieron  ni  facilitaron  datos que  permitieran  la  ubicación del vendedor. La cotización, las cuentas de cobro y  las   facturas   entregadas,   ninguna   información   suministraban  sobre  el  particular.  No  existía forma alguna de localizar al proveedor para informarle  la  deficiencia en el funcionamiento de los equipos y para que cumpliera con las  especificaciones técnicas convenidas.   

         c)  De  conformidad  con el artículo 3°. del Decreto Reglamentario  855  de  1994,  tratándose  de  la contratación directa, “y para efectos del  cumplimiento  del  deber  de selección objetiva, se requerirá de la obtención  previa  de  por  lo  menos dos (2) ofertas”. No se cumplió la orden: sólo se  obtuvo la que hiciera llegar el “contratista”.   

         d)  Tampoco  se  dio cumplimiento a lo previsto en el inciso 5°. de  la  última  norma,  en  cuanto  la  cuantía  del contrato obligaba a hacer una  invitación  pública  “a  presentar propuestas a través de un aviso colocado  en  un  lugar  visible  de  la  misma  entidad  por  un término no menor de dos  días”.  La  única  actuación  previa  a  la suscripción del acuerdo fue la  cotización del vendedor.   

         En  el  evento  analizado no se podía prescindir del aviso, a pesar  de  que la disposición lo habilitaba, porque no se acató la exigencia legal de  que  por escrito se hiciera constar que “la necesidad inminente del bien” no  lo  permitía.  Por  lo demás, la forma como se desarrollaron las cosas permite  inferir   que   no  existía  ninguna  urgencia  manifiesta  para  adquirir  los  máquinas.   

         e)  La  omisión a la obligación de dar publicidad, significó para  la  entidad  departamental  la adquisición de equipos -además de deficientes y  con  software ilegal- por un valor superior al promedio existente en el mercado,  con  infracción  manifiesta  del principio de economía -artículo 25 de la Ley  80  de  1993-  y  del deber de selección objetiva, en cuanto el Departamento no  tuvo  posibilidad  de  escoger  una  propuesta  más  favorable  a los intereses  oficiales,  toda  vez  que  no  contó  con  otras  que  permitieran  un estudio  comparativo -artículo 29-.   

         7.   Con  los  elementos  analizados  se  adquiere  la  convicción  de  que  el procesado, en su condición de Gobernador  encargado  del  Guainía,  y  con  ocasión  de sus funciones como ordenador del  gasto,  suscribió  el contrato 044 del 6 de agosto de 1998, sin el cumplimiento  de  los  requisitos  legales  esenciales,  circunstancia  que  significó,  como  consecuencia,  un  provecho  ilícito  real,  material, para  un  tercero,  representado  en  el  dinero  que  fue cancelado en detrimento del  patrimonio estatal.   

         Queda  así demostrado que el ex Gobernador incurrió en los delitos  de   contrato   sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  de  peculado  por  apropiación,  porque producto de aquél, un tercero obtuvo provecho ilícito. Y  estos  comportamientos  fueron realizados en concurso heterogéneo y sucesivo: a  la  firma del convenio carente de las exigencias legales con el fin de lograr un  provecho  para  otro  (artículo  146  del  Código  Penal), siguió el evidente  incremento  injusto  adquirido  por el “contratista” (artículo 133 Id), con  deterioro del tesoro departamental.   

         8.  Ubicado  el  tema  en la legislación  aplicable,  las conductas, además de típicas, son materialmente antijurídicas  ,  porque  de  manera  real  y  efectiva  se  lesionó  el  bien jurídico de la  administración  pública,  entendido como el conjunto de reglas necesarias para  el  cumplimiento,  conservación  y  fomento  de  los intereses generales y para  regular  las  relaciones  entre  los  asociados y el Estado. No se demostró, de  otra  parte,  que esos daños hubieran sido consecuencia de actuación realizada  en  concurrencia  de  alguna  de las denominadas causales de justificación, tal  como las denominaba el Código Penal de 1980.   

El    aspecto    subjetivo    de   las  infracciones.   

         Es  evidente  que  el  primer  delito  imputado,  la celebración de  contratos  sin  el cumplimiento de los requisitos, solamente admite la modalidad  dolosa,  mientras  el  peculado  puede  ser  cometido  con dolo o con culpa. Sin  embargo,  la prueba indica que el doctor Avilán Prada  actuó  con  dolo en las dos hipótesis delictivas, es  decir,  sabía que incurría en las conductas punibles, que con ello perjudicaba  a  la administración pública – finalmente a su patrimonio económico- y que al  hacerlo  beneficiaba  ilícitamente  a  un  tercero.  Las  siguientes pruebas lo  corroboran:   

         1.  El  ex  Gobernador  fue  acusado como  autor.  Basta mirar la documentación para percibir su firma como responsable de  la  contratación  y  de la ordenación del gasto. Y sabía que cumplía las dos  funciones,  circunstancia  que,  por  lo  demás,  no  han  negado  ni él ni su  defensor.   

         2.  En  sus diversas intervenciones, pero  en  especial  en la versión libre y espontánea que el acusado rindió ante los  investigadores  de  la  Contraloría  General de la República, hizo un recuento  detallado  de su paso por diferentes dependencias del Departamento del Guainía,  en   la   mayoría   de  los  casos  en  contacto  directo  con  el  proceso  de  contratación.  Así  mismo,  especificó  varios  de  los convenios en que tuvo  participación directa, y aclaró que   

         “la  contratación  de  la  administración se llevaba a cabo con  base en la Ley 80”.   

         Igualmente, en la audiencia pública reiteró que   

         “Aprendí  a  reconocer los factores de la contratación pública  (Ley 80)”.   

         Es  claro, entonces, que el doctor Avilán  Prada  era  conocedor de la normatividad que regula la  contratación  y  del  procedimiento que debía ser seguido, como también lo ha  explicado con suficiencia.   

         3.  Si  lo  anterior  no  fuera  fuerte,  importaría  recordar  la  formación  profesional  del  acusado,  así como los  varios  encargos  que  tuvo  como  Gobernador, aparte de los otros cargos que ha  detentado  en  la  dirección  del Departamento. Todo ello permite afirmar, aún  más,  que  sabía  cómo  eran celebrados los contratos, qué pasos debían ser  seguidos  y  cuál  debía  ser  su  comportamiento como máxima autoridad de la  Región.   

         4.  Si  a  pesar  de su experiencia y del  conocimiento  que  tenía de la ley, al suscribir el contrato 044 omitió exigir  el   cumplimiento   de  requisitos  tan  evidentes  como  el  aporte  de  varias  propuestas,  la  invitación  pública  a  la  ciudadanía,  o  el  elemental de  acreditar  las  calidades  técnicas  del  proveedor  o  siquiera  su  lugar  de  residencia,  se  concluye  que  actuó  con  conciencia  y  voluntad,  pues  que  contraría   la   común   ocurrencia  de  las  cosas,  que  quien  tiene  tales  antecedentes  de un momento a otro se muestre tan inexperto, máxime si se tiene  en  cuenta  que el servidor público sabe que tratándose del manejo de recursos  oficiales  se  debe  ser  celoso  al extremo, y aún más, cuando la función se  cumple   de   manera   tan  precaria  –un encargo por escasos días-.   

         5.    En   su   exposición   ante   la  Contraloría,  el  incriminado,  en forma razonada y coherente, es decir, veraz,  afirmó que   

         “cuando  suscribía  un  contrato  lo  hacía  siempre  y  cuando  estuvieran  diligenciados  los  documentos  requeridos  por el señor Gobernador  titular,  es  decir,  que  tuvieran  el  visto bueno del señor Gobernador, este  visto  bueno  consistía  según  el patrón precontractual de contratación era  que  tuviera  las  cotizaciones, una de ellas firmada por el Gobernador titular,  de  pronto el oficio en la cual se ofrecía el servicio, el suministro, también  con el visto bueno del Gobernador titular”.   

         En  su  indagatoria  se  pronunció  en  similares  términos. Dijo:   

         “yo  como  funcionario  encargado del Despacho, siempre tenía la  prudencia  de  que la cotización seleccionada tuviera el visto bueno del señor  Gobernador Titular”.   

         Es  nítido,  pues,  según  sus  mismas palabras, que el Gobernador  encargado  sólo  firmaba  los  contratos  puestos  a  su  consideración  si la  cotización   seleccionada  llevaba  el  visto  bueno  del  gobernante  titular.   

         Pero  esto  no  sucedió  en  el  caso  del  contrato  044:  con los  documentos,  como  en  la  audiencia  ante  pregunta  de  la  fiscalía,  quedó  evidenciado,  de  una  parte,  que  el  convenio  no tenía la autorización del  Gobernador  titular  Rojas Tomedes; y, de la otra, que la aprobación o “visto  bueno”  posado  sobre  el  mismo,  había  sido  obra  del doctor Avilán  Prada, hecho que, desde luego, ya  no  pudo  negar  ni  ocultar.  Dicho  de  otra  forma, directamente el procesado  aprobó la contratación.   

         Con  lo  expuesto  se  demuestra,  entonces,  que el procesado obró  dolosamente  en  toda  la cadena comportamental que dio lugar a la tipificación  de las dos infracciones.   

Respuestas     a     los     sujetos  procesales.   

         El  defensor  ha  planteado  fundamentalmente dos puntos: en primer lugar, que se trata de un caso  de   autoría   mediata   porque  el  doctor  Avilán  Prada  fue  utilizado como mero medio, seguramente por  el  Gobernador Rojas Tomedes o por el secretario de Educación, Ruiz Espinel; y,  en   segundo   término,   que   el   doctor  Avilán  Prada  fue  autor  de  peculado  pero  a  título  de  culpa.   

         Se contesta:   

         1.  Los  argumentos expuestos por la Sala  necesariamente  conducen  a  excluir las dos formulaciones defensivas pues si el  procesado  fue  autor  de  los  hechos,  no  puede  ser  estimado como objeto de  utilización  por  parte de otra persona. Es claro que si incurrió en conductas  típicas,   antijurídicas   y   culpables,   no   es   posible   exonerarlo  de  responsabilidad,  como sí sucede con el hombre usado por el autor mediato. Y si  se  ha establecido que obró dolosamente, no es pensable acreditarle el peculado  a  título  de  culpa  pues  que estas dos formas de subjetividad, frente a este  delito,  se  repelen, y frente al de contratación indebida no está prevista la  segunda.   

         2. La autoría mediata se presenta cuando  una   persona,  sin  pacto  tácito  o  expreso,  utiliza  a  otra  como  simple  instrumento  para  que  realice  el  hecho  objetivamente  típico. El fenómeno  ocurre,  entonces,  cuando  el  “hombre de atrás” es el único responsable,  porque  el instrumentalizado no realiza conducta, o despliega conducta que no es  típica,   u   obra   en  concurrencia  de  una  causal  de  no  responsabilidad  –excluyente     de  antijuridicidad o de subjetividad- o es inimputable.   

         Ninguna  de  estas  hipótesis es predicable del doctor Avilán Prada.   

         3. Afirma la defensa que el autor mediato  pudo  ser  el  ex  Gobernador  Rojas Tomedes o el Secretario de Educación, Ruiz  Espinel,  quien  o  quienes  se  valieron  de  Avilán  Prada  para  la  firma  del contrato, pues seguramente  ellos  ya  habían  realizado  todo  lo  atinente  a  la fase precontractual del  mismo.   

        Ante ello, la Sala dice que:   

         a)   El   expediente  no  enseña  esa  hipótesis.  Por  tanto,  el  postulante  de  la misma parte de simples conjeturas, es decir, de aseveraciones  sin  fundamento  alguno  pues,  como se ha expuesto antes, lo evidente es que no  existió    la   denominada   fase   precontractual.   Agréguese   –para  reiterar-  que el único soporte  de  la  transacción fue la cotización del señor Chingate Torres, con la cual,  únicamente,   se  suscribió  el  acuerdo.  Recuérdese,  además,  que  no  se  acreditaron  las  calidades  técnicas  del  vendedor,  ni su domicilio, no hubo  invitación  pública,  ni  el  aporte  de varias propuestas. Por modo que si no  tuvo  lugar  el  diligenciamiento  previo,  dentro de este expediente a nadie se  puede señalar como responsable del mismo.   

         b)  Si  Rojas  Tomedes  y/o Ruiz Espinel tuvieron algo que ver en la  contratación,  es  su  responsabilidad,  responsabilidad  ajena  a Avilán   Prada,   que  no  disuelve  la  suya.   

         4.   El   defensor   acudió   a   otra  circunstancia  en  pro  de  su  poderdante:  que Rojas Tomedes y Ruiz Espinel no  hubieran  sido diligentes y evitado el pago de lo convenido, con posterioridad a  la firma del contrato.   

         Tal    aspecto    no    elimina    la   conducta   de   Avilán  Prada.  Puede  significar,  sí,  soporte  para  reprocharles  sus  propias  conductas. Mas no incide en los actos  previos llevados a cabo por quien signó el pacto.   

         Como   en   esencia   la   Sala   coincide   con   la   Fiscalía    y   con   el   Ministerio  Público, se entiende que acoge  sus argumentos y por ello se abstiene de entrar en detalles.   

Consecuencias de los delitos.  

Consecuencias    penales.   

         1.  La  norma  que  define  el  delito de  contrato  sin  cumplimiento  de los requisitos legales  prevé  como  penas  principales  prisión  de  4 a 12  años,  multa  de 10 a 50 salarios mínimos legales mensuales e interdicción de  derechos y funciones públicas de 1 a 5 años.   

         Como   ya   se  dijo,  comparada  esta  disposición  con  la  nueva  normatividad, es más favorable en un todo.   

         Si  se  hubiera  cometido  solamente  este  delito,  es decir, si se  mirara aisladamente, se tendría lo siguiente:   

         Como  al  doctor Avilán Prada  no le fue imputada ninguna causal de agravación en la resolución  acusatoria,  pero  sí opera respecto de él la gravedad del hecho (artículo 61  del  Código  Penal  de  1980)  mirada  frente al bien jurídico administración  pública   –y  su  mayor  concreción: patrimonio público-, las penas imponibles serían:   

         Prisión,  cuatro  (4) años, aumentada en  tres  (3)  meses  por  la  gravedad del hecho (artículo 61 del Código Penal de  1980), para un total de cuatro (4) años y tres (3) meses.   

         Multa  de  quince  (15)  salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  es  decir,  el  mínimo,  diez  (10),  más cinco  (5).   

           Interdicción de  dos (2) años: el mínimo, un (1) año, adicionado en otro.   

         2.  El  delito  de  peculado  que  se  ha  imputado  (artículo  133.2 del Código Penal de 1980) establece prisión, multa  e  interdicción, disminuidas de la mitad a las tres cuartas partes respecto del  artículo 133.1. En efecto:   

         El  peculado  tiene señaladas las sanciones principales de prisión  e  interdicción,  de  6  a 15 años, así como multa equivalente al valor de lo  apropiado.     Este     monto    -$9’577.750-  resulta  inferior  a  los  50  salarios  mínimos  legales  mensuales      vigentes     para     agosto     de     1998     -$10’191.300-,   previstos  en  el  inciso  segundo  del  artículo  133. En estas condiciones, “dicha pena se disminuirá  de  la  mitad  (1/2)  a  las tres cuartas (3/4) partes”, con lo cual  los  límites punitivos son 1,5 y 7,5 años.   

         Como   se   percibe,  entonces,  el  delito  más  grave  es  el  de  contratación  sin  el  cumplimiento de los requisitos, razón por la cual se le  toma  como  punto  de  partida para la dosificación del concurso. Así, la Sala  impondrá las siguientes penas:   

         Prisión  de  cuatro  años  y nueve meses  (4.9),  consecuencia  de  cuatro  años  y  tres  meses  (4.3)  por el delito de  contrato indebido, más seis (6) meses con motivo del concurso.   

         Multa  de dieciocho (18) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes,  producto  de  quince  (15)  por  la contratación  indebida, más tres (3) por el concurso.   

         Interdicción  del ejercicio de derechos y  funciones  públicas  durante  tres (3) años, consecuencia de dos (2) años por  el delito base, más otro por el peculado.   

         Sobre  el  tema  circunstancias  de  mayor  punibilidad  importa acotar:   

         En   la   resolución  acusatoria  se  hizo  énfasis  en  el  cargo  desempeñado  por  el doctor Avilán Prada  y  en  las  funciones y deberes que en desarrollo del mismo debía  cumplir.  Se  reiteró  que  se  trataba  de  un Gobernador Encargado, hecho que  permitiría  pensar,  como  lo  venía  haciendo  la  Sala  repetidamente, en la  deducción  de  la  causal  de  agravación  prevista  en el artículo 66.11 del  Código     Penal     de    1980    –hoy,  artículo  58.9  del  Código Penal del 2000-. Sin embargo, es  necesario precisar:   

         a)  Las referencias del acusador apuntan a la calificante del autor,  para  ubicar  su  conducta  en los dos tipos penales imputados, ambos con sujeto  activo  cualificado. En parte alguna, como ya se dijo, la fiscalía le acreditó  el factor mencionado como motivo de incremento punitivo.   

         b)   Si   bien   tradicionalmente   para  la  Sala  bastaba  con  el  planteamiento  fáctico de la  investidura  para  deducir  la  agravante, en decisión del 23 de septiembre del  año  en  curso  (M.  P.  Herman Galán Castellanos, radicación número 16.320)  amplió  su criterio y a partir de allí comenzó a exigir que en la resolución  acusatoria  tanto  la imputación del delito o de los delitos, como toda         causal        de        agravación        –genérica  y  específica-  debía  ser  determinada  diáfanamente  desde  el punto de vista  fáctico  y desde el punto de  vista jurídico.   

           

         3.  Debido a la pena que se impone, no se  puede  reconocer el derecho a la condena de ejecución condicional por cuanto no  se  satisface  el  presupuesto  objetivo  de  los  artículos 68-1 y 63-1 de los  Estatutos penales, derogado y vigente.   

         4.  Es  viable  la  sustitución  de  la  prisión  física  por  la domiciliaria, en los términos del artículo 38 de la  Ley  599  del 2000 -aplicable por resultar benéfico al procesado-, en cuanto de  su  situación  personal, laboral, familiar y social, se deduce que no colocará  en  peligro a la comunidad y que no evadirá el cumplimiento de la pena, como no  lo  hizo  cuando  en  el  curso  de  la  investigación  le  fue  reemplazada la  detención preventiva por la de carácter domiciliario.   

         Para  gozar  su  derecho,  se  tendrá como caución la que prestara  cuando  fue detenido en su domicilio. Pero deberá suscribir diligencia en donde  se  comprometa  a  cumplir con los requisitos del mismo artículo 38, so pena de  que en caso de incumplimiento se haga efectiva la pena de prisión.   

Consecuencias    civiles.   

         Se  condenará  al  doctor  Carlos  Ómar  Avilán  Prada a indemnizar los daños y perjuicios de  orden  material  causados  al Departamento del Guainía, que se fijan en la suma  de  $9’577.750 –valor  de la defraudación al erario-,  más  los  intereses legales que se hubieren causado desde el 7 de septiembre de  1998  –fecha  en  que  se  entregaron   las   computadoras-   hasta   el   momento  en  que  se  cumpla  la  obligación.   

Otra      consecuencia.   

         Es    de    orden    Constitucional.    Del    doctor   Avilán  Prada se predica, obviamente, el  contenido del artículo 122.5 de la Carta Política:   

         “Sin  perjuicio de las demás sanciones que establezca la ley, el  servidor  público  que  sea  condenado  por  delitos  contra  el patrimonio del  Estado,    quedará    inhabilitado    para    el    desempeño   de   funciones  públicas”.   

Otra decisión.  

         Se  compulsarán  copias  del expediente y se remitirán al Despacho  del  señor Fiscal General de la Nación para que se determine si hay lugar o no  a  investigar  a  los  doctores  Arnaldo  José  Rojas  Tomedes  y Salvador Ruiz  Espinel,  en  su  orden,  Gobernador  titular y Secretario de Educación, pues a  pesar  de  que  en sus declaraciones en audiencia pública se mostraron ajenos a  cualquier  falta,  pudieron  incurrir  en irregularidades respecto de la firma y  pago del contrato 044 del 6 de agosto de 1998.   

         En  efecto,  el último suscribió el convenio y los dos autorizaron  la  entrega  de  los  dineros,  a  pesar  de  que  eran  evidentes las falencias  señaladas  en  esta decisión: las computadoras eran deficientes y con software  ilegal,  no  se  exigió  al  vendedor  establecer  un domicilio ni acreditar su  capacidad  técnica,  no se aportaron varias cotizaciones ni se hizo invitación  pública,   el  llamado  a  reparar  daños  detectados  fue  alguien  ajeno  al  contratista,  y  las  firmas que se hicieron figurar como de Juan Jairo Chingate  Torres parecían diferentes a las suyas.   

         

         Con  base  en  lo  expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.              Declarar    al    doctor   Carlos    Ómar    Avilán   Prada,   de  condiciones  civiles  y  personales  relacionadas  en  la  parte  motiva de esta  sentencia,   autor  responsable  del  concurso  de  las  conductas  punibles  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y    de   peculado   por  apropiación,  definidas en los artículos 146 y 133.2  del  Código  Penal  de  1980,  con  las modificaciones hechas por la Ley 190 de  1995.   

         2.              Imponer    al    doctor    Carlos  Ómar Avilán Prada las siguientes  penas:   

         a) Prisión de cuatro años y nueve meses (4.9).   

         b)  Multa  de  dieciocho  (18)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes.   

         c)  Interdicción  del  ejercicio  de derechos y funciones públicas  durante tres (3) años.   

         3.              Imponer    al    doctor    Avilán  Prada  la  inhabilitación   establecida   en   el   inciso  5º.  del  artículo  122  de  la  Constitución  Política.           

         4.     No  reconocer  al doctor Avilán  Prada   el   derecho   a  la  condena  de  ejecución  condicional.   

         5.              Reconocer    al   doctor   Avilán    Prada   el   derecho   a   la  sustitución  de la prisión física por la prisión domiciliaria, en la forma y  condiciones establecidas en la parte motiva de esta decisión.   

         6.              Condenar    al    doctor   Avilán  Prada  al pago de nueve millones  quinientos  setenta  y  siete  mil  setecientos  cincuenta  pesos ($9.577.750) a  título  de daños y perjuicios, más los intereses causados hasta el momento en  que cumpla la obligación.   

         7.  Compulsar y  remitir las copias a las que se hizo alusión al final  de la parte de sustento de este fallo.   

         8.  Tener  como  parte  cumplida  de  la  sanción,   el   tiempo   que   el   doctor   Avilán  Prada    estuvo    en    detención   preventiva   y  domiciliaria.   

         9.   Oficiar   al   Instituto   Nacional  Penitenciario   y   Carcelario   para   que  ejerza  el  control  de  la  medida  sustitutiva.   

         10.   Expedir   las  comunicaciones  que  dispone el artículo 472 del Código de Procedimiento Penal.   

Notifíquese y cúmplase.  

         

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                      

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                  ÉDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                        

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN               MARINA          PULIDO         DE  BARÓN                          

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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