16198(27-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16198  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 097  

Bogotá  D.C., agosto veintisiete (27) de dos  mil tres (2003).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por el  defensor  de  MIGUEL ANTONIO CARO ZULUAGA contra el fallo del 9 de marzo de 1999  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que confirmó la sentencia  anticipada  expedida  por  el  Juzgado  Veintisiete  Penal  del Circuito de esta  ciudad  el  18  de enero de ese año y le impuso la pena principal de cuarenta y  cuatro  (44)  meses de prisión y multa de veinticinco mil pesos ($25.000.oo), y  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por tiempo  igual  a  la  principal,  en  su  calidad  de  autor responsable del concurso de  conductas  punibles  de  concierto  para  delinquir,  destrucción, supresión y  ocultamiento    de    documento    privado,    y    estafa   agravada   por   la  cuantía.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  Se desprende de  las  diligencias  que a finales del año 1996 y mediados de 1997, MIGUEL ANTONIO  CARO  ZULUAGA,  quien  se  desempeñaba como comisionista del Banco de Colombia,  procedió,  en  acuerdo  con  otros  empleados  de la misma entidad, entre ellos  Carlos  Arturo  Aguirre  Martínez  y  Alexánder  Mejía,  a consignar títulos  valores  de  cuenta  corriente  a  su  nombre o de otras cuentas ya canceladas o  saldadas,  y con ellos efectuar el pago por facturación de tarjetas de crédito  expedidas  a  nombre  suyo,  de  su progenitor Miguel Caro Galindo, de Jabreidis  Cárdenas y de Alexánder Arguello, entre otros.   

          Antes  que  fueran  devueltos  los  cheques,  se  reclamaban  en  la  gerencia  operativa  de  la citada entidad para evitar que fueran enviados a los  respectivos  bancos, haciendo aparecer los valores como abonos a las tarjetas de  crédito,  permitiendo  así  que se incrementara la capacidad de consumo de las  mismas.   

          La  defraudación  logró  superar  el monto de los ciento cincuenta  millones  de pesos, pero en el caso concreto de CARO ZULUAGA la entidad afectada  pudo   determinar   que   los  abonos  a   las  tarjetas  de  crédito  Nos  4513071190592173,    4570210000437025    y   4988580858149023   a   su   nombre,  45130717170121801  a  nombre de Jabreidis Cárdenas y 4506589100021727 de Miguel  Caro     Galindo,     ascendieron     a     la     suma    de    $19’972.801.oo   

          2.  Ordenada la apertura de instrucción y  admitida  la  demanda de parte civil presentada a nombre del representante legal  del  Banco  de  Colombia,  la  Fiscalía 76 Delegada ante los Jueces Penales del  Circuito  vinculó  mediante  indagatoria,  entre  otros,  a MIGUEL ANTONIO CARO  ZULUAGA,  le resolvió la situación jurídica el 30 de julio de 1998 con medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, que posteriormente se le sustituyó  por  la de detención domiciliaria, por los delitos de concierto para delinquir,  sustracción,   destrucción  y  ocultamiento  de  documento  privado  y  estafa  agravada        por        la        cuantía1.   

          3.  El  implicado,  en  la  diligencia  de  ampliación  de  indagatoria que rindiera con posterioridad, manifestó su deseo  de  acogerse  a la terminación anticipada del proceso, razón por la cual el 30  de  noviembre  de  ese  año  se  llevó a cabo la diligencia de formulación de  cargos,   los   cuales   aceptó  en  su  totalidad2. Y,   

          4.  En providencia del 18 de enero de 1999,  el  Juzgado  Veintisiete  Penal  del  Circuito  de  la  ciudad  dictó  el fallo  condenatorio  a  que se hizo referencia atrás y que resultara confirmado por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Bogotá a través de providencia  contra   la   cual   el   defensor   del   procesado   interpuso  el  recurso  a  desatar3   

.  

LA DEMANDA DE CASACIÓN:  

Cargo Único.  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero,  el libelista acusa la sentencia de ser violatoria de la ley sustancial  por  falta  de aplicación de los artículos 61 y 64 del Código Penal y 299 del  Código de Procedimiento Penal.   

Aduce  al respecto, que desde el día en que  rindió  indagatoria  el  procesado  MIGUEL  ANTONIO  CARO  ZULUAGA  confesó la  comisión  de  los  punibles  que  posteriormente  aceptó  en  la diligencia de  formulación  de  cargos  efectuada  por la Fiscalía General de la Nación, que  indudablemente,  y  así  lo  reconoció  el  señor  Juez Veintisiete Penal del  Circuito,  sirvió  de base para el proferimiento de la sentencia condenatoria y  sin  embargo,  no  fue tenida en cuenta al momento de tasar la pena a imponer al  procesado.   

En  efecto,  el  procesado  en  su  extensa  indagatoria  hizo  un  recuento  claro  de  la comisión de los hechos que se le  imputaron   y   de   la   forma   como  estos  ocurrieron,  al  punto  que  él,  voluntariamente,  se  presentó ante la Fiscalía 76, para que fuera procesado y  juzgado, tal como sucedió.   

Así  las cosas, con la falta de aplicación  de  los  artículos  61  del  Código  Penal  y 299 del Código de Procedimiento  Penal,  se  vulneraron las normas de derecho sustancial que deben ser aplicadas,  siendo  el  único  mecanismo  legal disponible el del recurso extraordinario de  casación.   

Y  en  consecuencia,  solicita  se  case  la  sentencia  recurrida  y en su lugar se modifique la pena impuesta a CARO ZULUAGA  que,  al  aplicarle  la  diminuente  por confesión, quedaría en treinta y seis  (36) meses y veinte (20) días de prisión.   

CONCEPTO  DE LA PROCURADORA PRIMERA DELEGADA  PARA LA CASACIÓN PENAL:   

Inicialmente la representante del Ministerio  Público  se  refiere al aspecto del interés para recurrir en sede de casación  y  recuerda  que  este  se  hace  evidente no solo cuando se deja de impugnar la  sentencia  de  primera  instancia,  sino también cuando no se objetan aquéllos  puntos   del   fallo   que  finalmente  se  vienen  a  cuestionar  por  la  vía  extraordinaria.   

En el caso materia de examen, el defensor del  procesado  impugnó la sentencia de primera instancia para que se le reconociera  una  rebaja de pena por colaboración eficaz y sometimiento a la justicia, se le  tuviera  en  cuenta la aceptación de los cargos para la terminación anticipada  del  proceso  y  se  le  reconociera  el  subrogado  de la condena de ejecución  condicional,  pero  guardó absoluto silencio en relación con la rebaja de pena  por  confesión, pese a que estaba legitimado para impugnar la sentencia por ese  aspecto,  conforme  al  artículo  37B  – 4 Decreto 2700 de 1991.   

Esto  significa que estuvo de acuerdo con su  no  reconocimiento  por  parte  del  juzgador  de  primera instancia, sin que el  Tribunal  pudiera  referirse  al  tema en virtud de lo dispuesto en el artículo  217  ejusdem y, por tanto, mal puede alegarse un yerro sobre un aspecto respecto  del  cual  no  hubo  pronunciamiento,  de  donde  deduce  la  falta  de interés  jurídico para recurrirlo en casación.   

Considera importante resaltar que cuando a la  terminación  del  proceso  se  ha  llegado por vía de la sentencia anticipada,  donde  la  aceptación  de  responsabilidad del procesado le permite avizorar de  manera  aproximada  el  quántum  punitivo,  su  cuestionamiento  no puede estar  circunscrito  a  su  particular  apreciación  de la dosificación punitiva, por  cuanto  el  Estado le ha otorgado al Juez libertad para su determinación dentro  de los límites constitucionales y legales.   

Adicional  a  lo anterior puntualizó que el  cargo  tampoco podría prosperar porque en su presentación el libelista no hizo  ningún   esfuerzo   dialéctico  por  demostrar  el  error  de  juicio  en  que  presuntamente  incurrió  el  fallador  y  así puede decirse que el reproche se  quedó  en el enunciado, en tanto no contiene las razones de orden jurídico por  las  cuales  considera  que  se dejaron de aplicar los artículos 61 del Decreto  100  de  1980  y  299 del Código de Procedimiento Penal anterior, y aunque cita  como  vulnerado  el artículo 64 de aquel estatuto punitivo, no indica cuál fue  la causa de su quebranto.   

Omitió  de  esa  manera  cumplir  con  el  ineludible  requisito  de técnica relativo a exponer una argumentación lógica  y  coherente,  en  aras de demostrar, en forma acabada y completa, una tesis con  reflexiones  jurídicas  o  probatorias,  porque no se trata de poner en tela de  juicio  la  conclusión  del  fallador  ad  quem, sino de construir el juicio de  certeza que reclama como auténtico.   

Al  margen  de  las  referidas  deficiencias  técnicas,   estima   la  Procuradora  Delegada  que  no  le  asiste  razón  al  casacionista  cuando  expresa  que la confesión del procesado fue el fundamento  de  la  condena,  pues  la  simple lectura de la parte motiva de la sentencia de  primera  instancia,  demuestra que el instructor ya contaba con los elementos de  juicio suficientes para derivar de allí su responsabilidad.   

Al efecto, menciona la denuncia formulada por  Jairo  Ernesto  Pineda  Cepeda, Director de Fraudes de la Banca Electrónica del  Banco  de  Colombia,  y  los documentos anexos a ésta, el testimonio del citado  denunciante,  las  indagatorias  de los otros sindicados y las fotocopias de los  comprobantes  de  pago,  de  los  que  se  dice,  son de puño y letra del aquí  procesado.   

En tales condiciones, la confesión no podía  ser  fundamento  de la sentencia en la forma como lo entendía la jurisprudencia  en  vigencia  del  artículo  299  del anterior Código de Procedimiento Penal y  ahora lo exige expresamente el artículo 283 de la Ley 600 de 2000.   

Por  todo lo anterior considera que el cargo  se  debe  desestimar  y  sugiere  a  la  Corte,  no casar la sentencia objeto de  impugnación.   

CONSIDERACIONES:  

CARGO ÚNICO.  

Aduce el libelista que la sentencia proferida  en  contra  de  MIGUEL  ANTONIO CARO ZULUAGA, es violatoria de la ley sustancial  por  la  vía  directa,  por  falta de aplicación de los artículos 61 y 64 del  Código  Penal  anterior y 299 del Decreto 2700 de 1991, en tanto el fallador no  tuvo  en  cuenta  que  éste  confesó la comisión de los hechos punibles y que  sirvió de base para el proferimiento de la sentencia condenatoria.   

1. Al respecto, la  representante  del  Ministerio  Público  estima  que  el casacionista carece de  interés  jurídico  para recurrir, como quiera que ese aspecto, el de la rebaja  de  pena  por  confesión,  no fue materia del recurso de apelación interpuesto  contra la sentencia de primer grado.   

1.1. La Sala se ha  pronunciado  en  diversas  oportunidades  acerca del interés para recurrir como  uno  de  los  presupuestos  para  acceder  a la casación y frente al cual deben  considerarse  dos  aspectos:  uno, que el sujeto procesal haya sido afectado con  la  decisión  que  recurre y, el otro, que haya promovido recurso de apelación  contra  el  fallo  de  primera  instancia.  Si   ha  guardado  silencio, se  entiende   que  comparte  la  decisión,  salvo  que  demuestre  que  estuvo  en  imposibilidad  de  ejercer el derecho de impugnación, o que a raíz del recurso  propuesto  por  otro  sujeto  procesal  el  fallo  de  segundo  grado agravó su  situación  o que ésta derivó de la revisión del mismo por haberse surtido el  grado  de consulta, o si la propuesta en casación está referida al tema de las  nulidades4   

.  

          1.2.  A  través  de la jurisprudencia, la  Sala  también  ha fijado las pautas atinentes a la identidad temática que debe  existir  entre  las  pretensiones  aducidas  por el recurrente en las diferentes  instancias.  En principio, es cierto que no existe interés para recurrir cuando  el  asunto  que  se postula en la demanda de casación no ha sido planteado ante  los  falladores de instancia, pues en virtud del principio de preclusión de los  actos  procesales,  es  obligación  de las partes hacer uso de los instrumentos  consagrados  por  el ordenamiento jurídico para la defensa de sus intereses, en  el  momento  previsto  por  la ley, a riesgo de perder la oportunidad de ejercer  una determinada facultad.   

          1.2.1.   La  identidad  temática  no  se  determina  a  través  de  la  simple  comparación  textual  de  los argumentos  expuestos  por  el  recurrente, para derivar de allí su falta de interés, como  equivocadamente lo plantea el Ministerio Público.   

          Sobre  este  punto también se ha precisado que no es la pretensión  en  sí  misma  considerada la que da la pauta para determinar si le asiste o no  interés  al sujeto recurrente, sino la unidad de materia que se conforma de las  distintas  manifestaciones  de  inconformidad  del recurrente, de tal manera que  sea  fácilmente  detectable  que  en  ningún  momento  éste  ha  renunciado a  procurar  un  debate  en  torno  al  tema  que  ha puesto a consideración de la  Corte.   

          En  otras  palabras,  existirá unidad de materia si se advierte que  ha  sido  la  responsabilidad  o  la inocencia del procesado, o la dosificación  punitiva   o  el  monto  de  los  perjuicios,  el  asunto  que  ha  motivado  al  casacionista  a  impugnar  las  respectivas  decisiones, así no se formulen los  mismos                   argumentos5.   

          1.3.  En  el  asunto  que  es  materia  de  examen,  observa  la sala que una vez expedido el fallo de primera instancia, el  abogado  que  para  ese  momento  defendía los intereses de MIGUEL ANTONIO CARO  ZULUAGA   solicitó  la  rebaja  de  la  pena  impuesta y la concesión del  subrogado  de  la  condena  de  ejecución condicional, con fundamento en que el  procesado  colaboró  con  la  justicia,  contribuyó  a  esclarecer  los hechos  investigados,  aceptó  los cargos que le fueron formulados para la terminación  anticipada     del    proceso    y    además,    no    requería    tratamiento  penitenciario6   

.  

          Ninguno  de  tales argumentos tuvo acogida por parte del fallador de  segunda  instancia,  quien  confirmó  en  su  integridad  la  decisión  del  a  quo.   

          En  esta  oportunidad  el libelista, recurre la sentencia con el fin  de  obtener  una  rebaja  de  la  pena que le fue impuesta a su representado por  virtud de haber confesado la comisión de los punibles.   

          En  el  marco  de las anteriores precisiones, es fácil advertir que  le  asiste  interés  jurídico  al  casacionista  para debatir el asunto que se  comenta,  pues  si  su  pretensión  es  insistir en el tema de la dosificación  punitiva  impuesta  por  el  fallador  de  primer grado, como en efecto así es,  existe  unidad temática frente al motivo propuesto en el recurso de apelación,  porque   ambos   tienen   el   mismo   objetivo   de   obtener   una  rebaja  de  pena.   

2.   Dilucidado  entonces  que  se  cumple el presupuesto del interés para recurrir, se ocupará  la  Sala  de  analizar  si  le asiste o no razón al casacionista en reclamar la  rebaja  por  confesión  a favor de CARO ZULUAGA, por considerar que el fallador  vulneró  de  manera  directa  la  ley  sustancial,  al  dejar  de  aplicar  los  artículos  61  y 64 del Código Penal y 299 del Código de Procedimiento Penal,  vigentes para ese momento.   

          2.1.  La  violación  directa  de  la  ley  sustancial  comporta como exigencia ineludible, que el casacionista acepte en su  integridad  los hechos que se declaran como probados en el fallo impugnado y las  pruebas  en  la  forma  como fueron apreciadas y valoradas por el fallador pues,  como  se  sabe,  en  esta  clase  de  censuras  lo  único  que se discute es la  aplicación del derecho.   

          Así,  cuando  se  reclama la aplicación de un determinado precepto  sustancial,  es  porque  existe  plena  conformidad  con  el  aspecto fáctico y  probatorio  que, por la forma como fue contemplado por el juzgador, determina la  obligatoria  aplicación  de  la  norma  que  lo  regula  y  cuyos efectos no se  surtieron en la sentencia impugnada.   

          2.2.  Frente  a  la reducción de pena por  confesión   (artículo   299  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  modificado  por los artículos 38 de  la ley 81 de 1993 y 283 de la Ley 600  de  2000),  para que prospere un ataque por la vía directa, es necesario que el  fallador  haya  reconocido  la  existencia  de  la  confesión  desde la primera  versión,  que  no se trate de un caso de flagrancia y que dicha confesión haya  sido el fundamento de la decisión.    

          2.3.               Al  referirse el Juez de primera  instancia  en  la  sentencia  a  la versión que suministró el procesado MIGUEL  ANTONIO  CARO  ZULUAGA  en  el  acto de su vinculación procesal, lo hizo en los  siguientes términos:   

         

“Por último, ha de tenerse como confesión  plena  la  otorgada  en  su  indagatoria,  al aceptar de manera clara, precisa y  contundente  que efectivamente él canceló con cheques las tarjetas de crédito  personales,  así  como  contribuyó  para  que  por  el  mismo procedimiento se  cancelaran  las  obligaciones  de  Jabreidis  Cárdenas,  Wilson  Alberto Peña,  Fernando    Calderón,    Alexánder    Arguello   Sarmiento   y   Miguel   caro  Galindo”7.   

          El   interrogante   que   surge   de   lo   anterior,  es  si  dicha  manifestación  judicial  es  comprensiva  de las exigencias fácticas que deben  concurrir  para  que  se  produzca  la  rebaja  de pena por confesión y la Sala  piensa  que sí.  Es innegable que CARO ZULUAGA aceptó la comisión de los  hechos  delictivos  en  su  primera intervención procesal, que no se trataba de  una  hipótesis  de flagrancia y que, de acuerdo con el Juez, la admisión de su  participación  en  los  crímenes  fue  clara,  precisa  y contundente, lo cual  traduce  que  la  confesión  le  sirvió  de fundamento a la sentencia, así se  contara  con  otras  evidencias  que  lo señalaban como penalmente responsable.   

Acerca  de  éste último requisito, dijo la  Sala en pasada oportunidad:   

“Que la confesión sea el fundamento de la  sentencia  no  significa,  como  a  veces se entiende, que constituya su soporte  probatorio  determinante.   Si  así  fuese,  la  norma  de  la  reducción  punitiva  sería  virtualmente inaplicable pues si la  ley impone verificar  el  contenido  de  la  confesión  (art.  281  cpp), es normal que al hacerlo se  logren  otros  medios  de  prueba  con la aptitud suficiente para fundamentar el  fallo.   El  significado  de la exigencia legal está vinculado es, como lo  ha  señalado la Corte, a la utilidad de la confesión. Y si se considera que su  efecto  reductor  de  la pena se condiciona a que tenga ocurrencia en la primera  versión  y  en  casos  de  no  flagrancia,  la lógica indica que fundamenta la  sentencia  si  facilita  la  investigación y es la causa inmediata o mediata de  las  demás  evidencias  sobre  las  cuales finalmente se construye la sentencia  condenatoria”.8   

En el evento examinado, aparte de que el Juez  implícitamente  le  reconoció  trascendencia  probatoria  a  la confesión del  acusado,  es  evidente  para  la  Sala  que  además  de  haber  sido  un  medio  demostrativo  determinante  en  la  construcción  de  la  condena, facilitó la  investigación   y  en  esa  medida  su  utilidad  resulta  innegable.   El  procesado,  en  efecto,  al  no  negar  ni  contradecir  los  cargos presentando  planteamientos   o   argumentaciones   que   hubiesen  demandado  significativos  esfuerzos  dirigidos  a  su  corroboración  o contradicción, produjo ahorro de  actividad  jurisdiccional, que es lo que explica, en últimas, el reconocimiento  de  la  rebaja  punitiva desde el punto de vista de su concepción etiológica y  de la política criminal.   

          2.4.  Así, pues, considera la Corte que el  juzgador,  tal  y  como  lo  planteó  el  recurrente, declaró concurrentes los  requisitos  legales  previstos  en el artículo 299 del Código de Procedimiento  Penal  de  1991 para la rebaja de pena por confesión y, sin embargo, no aplicó  la  consecuencia  jurídica  allí  prevista,  cuyo  carácter  sustancial nadie  discute.   

2.5. Demostrada la  transgresión  directa de la ley, entonces, se casará parcialmente la sentencia  materia  de  impugnación, para proceder al reconocimiento de la disminución de  la  sanción  que  omitió  hacer  el fallador. Y como tal determinación afecta  exclusivamente  el  aspecto  punitivo  del  fallo,  es  necesario  que  la Corte  efectúe  la  correspondiente  redosificación,  rebajando  la  pena impuesta al  procesado  en una sexta (1/6) parte, al tenor de lo dispuesto en la disposición  violada,  que  corresponde  a  la  que contempla el artículo 283 del Código de  Procedimiento Penal vigente.   

          Lo  anterior en aras de la efectividad de las garantías que asisten  a  las partes, de las cuales hace parte el principio de legalidad de la pena y a  cuyo  restablecimiento  inmediato  debe  proceder  la  Corte  como  Tribunal  de  Casación.   

          2.6. En esas condiciones, ha de tenerse en  cuenta  que  para  la  imposición de la pena de cuarenta y cuatro (44) meses de  prisión  a MIGUEL ANTONIO CARO ZULUAGA, el fallador partió de 36 meses por ser  la  pena  más  grave,  a  la que le aumentó 30 meses por el concurso de hechos  punibles  y  le  disminuyó  una  tercera (1/3) parte por efecto de la sentencia  anticipada.  Dicho  resultado  debe  disminuirse  en  una  sexta (1/6) parte por  virtud  de  la confesión y la pena a imponer es, entonces, la de treinta y seis  (36)  meses  y  veinte  (20) días, término al que igualmente queda reducida la  pena accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

CASAR  PARCIALMENTE  el  fallo impugnado para reconocerle al procesado MIGUEL ANTONIO CARO ZULUAGA la  rebaja  de  pena por confesión. La misma se fija, en consecuencia, en treinta y  seis  (36)  meses  y veinte (20) días de prisión e interdicción de derechos y  funciones públicas por el mismo lapso.   

En  todo  lo  demás,  se  mantiene el fallo  objeto del recurso.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            CARLOS   AUGUSTO   GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          ÉDGAR                  LOMBANA  TRUJILLO                                         

         Comisión de servicio   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN                       

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                  MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

1  Folios 38 y 202 C.1., 34. C.2 y  5 y 266 C.3.   

2 Folio  76 C.2.   

3  Folios 23 y 42 C. Tribunal.   

4 Cf.,  auto  del  11  de febrero de 1999, M.P. Dr. FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL Y sentencia  del 18 de abril de 2002, M.P. Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO.   

5 Cf.,  sentencia   del   13   de   marzo   de   2003,   M.P.,  Dr.  CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE.   

6 Folio  36 C. 3.   

7   Folio 27 C.3.   

8.      CORTE     SUPREMA     DE     JUSTICIA.     Sent.  Casación 11960, Abr. 10 de 2003,  M.P., Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.     

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