16215(15-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16215  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado  Ponente:   

      Dr.  JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

      Aprobado  Acta  N°  55   

          Bogotá, D. C., quince de mayo de dos mil tres.   

VISTOS  

Juzga  la  Corte  en  sede  de  casación la  sentencia  de  segundo  grado  del 6 de abril de 1999, proferida por el Tribunal  Superior  Militar,  mediante  la  cual  se  modificó  el fallo proferido por el  Comandante  de  la  Octava  Brigada  del  Ejército  contra  el procesado My. ®  ALEJANDRO  OSPINA  CHAMORRO,  quien quedó condenado a la pena principal de tres  (3)  años  de prisión  como autor de los delitos de concusión y abuso de  función pública.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  Departamento  Administrativo  de Seguridad “D.A.S.”, puso en  conocimiento  de  las  autoridades  militares  las  irregularidades  que  venía  cometiendo  el  Mayor  del  Ejercito ALEJANDRO OSPINA CHAMORRO, quien durante el  año  de 1997, aprovechando su condición de Comandante del Grupo Gaula con sede  en  Pereira, prestó servicios de escolta y seguridad a comerciantes y ganaderos  de  la  región,  utilizando para ello a soldados bajo su mando y a particulares  sin  ningún  vínculo  con  la  institución,  a  los  que dotó de armamento y  carnetizó  para  que  además cumplieran labores de inteligencia, servicios que  fueron  pagados  por los beneficiados mediante la entrega de considerables sumas  de   dinero,  en  unas  ocasiones  en  forma  personal  y,  en  otras,  mediante  consignaciones  en  la cuenta de ahorros del Banco Ganadero abierta a su nombre.   

          De  igual  manera  se  le  atribuyó  la utilización indebida de un  vehículo  Toyota hurtado en la ciudad de Medellín, al cual se le cambiaron las  placas   por  unas  adscritas  a  otro  automotor  de  la  unidad  a  su  mando,  manifestando  ante  las  autoridades de Policía que el vehículo le había sido  asignado   por   una   Fiscalía,   hecho   que   negó   posteriormente  en  su  injurada.   

          El  Juzgado 121 de Instrucción Penal Militar con base en las copias  del  proceso disciplinario iniciado contra el My. ® OSPINA CHAMORRO, inició la  correspondiente  investigación  penal  el  2  de  junio  de  1998 y escuchó en  indagatoria  al  imputado,  contra  quien,  después  de  la práctica de varias  pruebas,  se  profirió  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva sin  derecho  a  excarcelación,  por  los delitos de concusión y abuso de funciones  públicas,  según  resolución fechada del 24 de junio de 1998 y confirmada por  el Tribunal Superior Militar el 25 de agosto siguiente.   

          Tras  resolver  adversamente la petición formulada por el procesado  ALEJANDRO  OSPINA  CHAMORRO en el sentido de que se dictara sentencia anticipada  y  sin auto previo que ordenara el cierre de la investigación, el Comandante de  la  Octava  Brigada  del  Ejército Nacional, como Juez de primera instancia, en  auto  del  7  de  octubre  de  1998  decidió  convocar un Consejo de Guerra sin  intervención  de  vocales,  en la Guarnición de Armenia, Quindio, para que por  los  trámites  propios  de  esta  clase  de  juicio, se juzgue al My. ® OSPINA  CHAMORRO,   por  los  delitos  de  concusión  y  abuso  de  función  pública,  tipificados  y  sancionados  en  los  artículos  216  y  198  del Código Penal  Militar.   

Mediante  auto  del 16 de octubre siguiente,  una  vez  adquirió  firmeza  la  convocatoria,  se declaró abierto el juicio y  celebrada  la  diligencia  respectiva,  el  Comandante  de la Octava Brigada del  Ejército  Nacional,  quien  la presidió, dictó sentencia de primera instancia  el  9  de  diciembre  de  1998,  mediante la cual condenó al Mayor Retirado del  Ejército  Nacional  ALEJANDRO  OSPINA CHAMORRO a la pena principal de cincuenta  (50)  meses  de  prisión, como autor responsable de los delitos de concusión y  abuso de función pública.   

El sentenciado impugnó la condena, pero por  falta  de  sustentación  del  recurso  fue declarado desierto. No obstante, por  razón  de  la  consulta el fallo fue revisado por el Tribunal Superior Militar,  quien  mediante  el  suyo  del  6  de  abril de 1999, modificó la pena impuesta  rebajándola  a  tres  (3)  años de prisión e interdicción en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso, imponiendo la sanción  accesoria  de  separación  absoluta  del  procesado  de  las Fuerzas Militares,   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  ha  impugnado  en casación el  fallo  del  Tribunal  Militar, exponiendo un único cargo al amparo de la causal  tercera  del  artículo  442 del anterior Código Penal Militar (decreto 2550 de  1988)  al  estimar que la sentencia recurrida se emitió en un juicio viciado de  nulidad  por  haberse  incurrido  en irregularidad procesal que afecta el debido  proceso  y  el  derecho  de defensa de su representando (numerales 2º y 3º del  artículo  442  ídem), al no  haberse   dictado   el   auto  que  ordena  clausurar  la  investigación.    

         

          Para  fundamentar  el cargo, el recurrente empieza citando de manera  textual  el  concepto previo a la sentencia de segunda instancia, emitido por la  Procuradora  318  Judicial Penal II, solicitando la nulidad de la actuación por  la  misma  razón,  el  cual  coteja  con el pronunciamiento del Tribunal que lo  desestimó  y  luego  de  reproducir  parte del texto de esta última decisión,  estima  que  la estructura del proceso penal consagra tres etapas diferenciadas,  a  saber  la  investigación  previa,  la  etapa  de  instrucción  y la fase de  juzgamiento,  y  cada  una  de  ellas  contiene  actos procesales instituidos en  defensa  del  procesado, entre ellos el cierre de la investigación que consagra  el  artículo  653,  inciso  final,  del  Código  Penal  Militar  que rigió el  trámite,  para  cuya  procedencia  debía  tenerse  en  cuenta  el  término de  instrucción  y  el  perfeccionamiento de la misma, que para el caso de autos no  se  consolidaban,  pues el primero no había vencido, y para el segundo, faltaba  la  prácticas  de  las  pruebas sugeridas por el Tribunal Militar al desatar el  recurso   de   apelación   contra   el   auto   que   resolvió  la  situación  jurídica.      

          No  obstante,  agrega,  además  de  que no se daban las condiciones  para  el  cierre, se pretermitió esta etapa, saltándose a la calificación del  sumario  a través de la resolución de convocatoria a consejo de guerra, con lo  cual   se  desconocieron  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y  el  juzgamiento,  pues  con  tal  proceder  se mutó el trámite previsto en la ley,  máxime  cuando  se dejó de evacuar las pruebas que había indicado el superior  con  el  claro  y  manifiesto  propósito de afirmar o infirmar los elementos de  defensa que argumentó el sindicado en su indagatoria.   

          En   su  concepto,  con  la  omisión  del  auto  preclusivo  de  la  investigación  se  afectó  la  garantía  de  un  debido  proceso y de paso el  derecho  de  defensa  al  no practicarse las pruebas insinuadas, configurándose  una verdadera nulidad de la actuación.   

          Dice  que  la omisión del auto en cuestión no pudo tener su origen  en  un  simple  olvido  del fallador de la instancia, sino en el hecho de que el  investigado  se  encontraba  detenido  desde  el  19 de junio y por tanto estaba  próximo   a   recobrar   su   libertad   provisional  por  vencimiento  de  los  términos.   

          Pide  en  consecuencia  que  se  case  la  sentencia y se declare la  nulidad  de  lo  actuado a partir de la convocatoria al Consejo Verbal de Guerra  para  que  el  proceso vuelva a la primera instancia, con el fin de que se dicte  el  auto  omitido.  Solicita  igualmente  se  ordene la libertad provisional por  vencimiento  de  los términos sin la calificación del mérito probatorio de la  instrucción.   

              

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación Penal, empieza  destacando  que  aunque  para la postulación del cargo se hubiere acudido a las  disposiciones  sobre  casación  previstas  en  el  anterior estatuto castrense,  contenidas  en el decreto 2550 de 1998, contrariando la posición de la Corte en  cuanto  a  que  en  tales eventos debe acudirse a la normatividad procesal penal  ordinaria,  tal  remisión  desafortunada  no  tiene  la entidad suficiente para  tornar  inabordable  en  el fondo el reparo, como quiera que existe coincidencia  de texto entre la causal tercera de uno y otro ordenamiento.   

          Para  responder  el  cargo  y tras recordar la tendencia inquisitiva  que  caracterizó  en  épocas pretéritas el procedimiento penal militar,   el  Procurador  hace  énfasis en la naturaleza jurídica que en el decreto 2550  de  1988 tenía la determinación del cierre de la investigación prevista en el  artículo  653  de  ese ordenamiento. Esta providencia, agrega, no estaba dentro  de  la  enumeración  de  aquéllas  susceptibles  de notificación , lo cual le  atribuía  el  carácter  de  providencia  de  simple impulso, contra la cual no  procedía recurso alguno.   

          Tal  esquema,  lleva  al  Procurador  a  concluir  que el acto de la  clausura  de  la investigación no era una decisión medular dentro del proceso,  únicamente  impedía  la  práctica  de  nuevas  pruebas,  puesto  que  la  que  delimitaba  las  etapas  de  instrucción  y  juzgamiento  era la resolución de  llamamiento a Consejo Verbal de Guerra una vez adquiría firmeza.   

          Por  ello,  aunque  en  el  presente caso es incontestable que no se  profirió  el  auto de clausura de la instrucción por parte del Juez de primera  instancia,  la  trascendencia que a tal omisión le atribuye el censor no es tal  y menos tiene la capacidad de invalidar lo actuado.   

          La  plenitud  de  las  formas  propias  de  cada  juicio  y  la real  afectación   de   la   estructura  procedimental,  debe  analizarse  de  manera  inescindible  con  las  garantías  procesales,  fundamentalmente  el derecho de  defensa, publicidad, impugnación y contradicción.   

          La   supuesta   falta   de  pruebas  importantes  para  aclarar  los  argumentos  de  defensa  propuestos  por  el  procesado,  que  en su intento por  denotar  la  trascendencia  de la omisión acerca de la falta de pronunciamiento  judicial  del  cierre  de  la  investigación,  alega  el  recurrente,  quedaron  indemnes  con  la  posibilidad  de  recurrir el mismo llamamiento a juicio, o ya  dentro  de  esta  fase  solicitar  la  práctica  de  las pruebas o diligencias,  oportunidades  que  fueron  desaprovechadas  por  la defensa para ejercer de esa  específica  manera  el  derecho  de  contradicción,  que  como es sabido está  ligado  de  manera  íntima con el de publicidad, de donde al conocer los cargos  con  la  convocatoria,  podía  aportar  y  solicitar  pruebas, intervenir en su  práctica, objetarlas y sobre todo controvertirlas.   

          De  otro  lado,  agrega,  las  pruebas  a  las  que  se  refiere  el  casacionista,  sugeridas  por  el Tribunal Superior Militar, cuando conoció del  recurso  de alzada respecto de la medida de aseguramiento, se hizo de manera muy  general,  sin  precisar  qué  clase  de pruebas habrían servido para variar la  situación de su cliente y mutar la decisión de condena.   

          Olvidó  además  el  demandante,  dos  aspectos  importantes, de un  extremo,  que  la  investigación ha de manejarse con criterios racionales en el  entendido  que  no  es  menester la práctica de todas las pruebas imaginables y  posibles  para proceder a dar por terminada esa etapa y,  en segundo lugar,  que  de  acuerdo  con  el  artículo  425  del  otrora  estatuto  castrense,  la  apelación  de  los  autos  interlocutorios  apareja  la  no  suspensión  de su  cumplimiento,  ni  el  curso de la actuación, por ello, en el entretanto en que  el   ad  quem  resolvió  la  apelación  de  la  medida  de  aseguramiento,  el  instructor  practicó varias  pruebas  relacionadas  con  los hechos investigados, con las cuales se demuestra  la indagación cabal por parte del comisionado.   

          Concluye   el   Procurador   que  la  omisión  del  cierre  resulta  intrascendente,  lo  que  lo  lleva  a  predicar  que  a  pesar  de  su efectiva  inexistencia,  no  tiene  el gravamen suficiente para la anulación procesal. En  consecuencia, el cargo no tiene vocación de prosperidad.   

          Con  base  en tales consideraciones, solicita a la Corte no casar la  sentencia recurrida.   

         

                                              CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          Ha  sido  criterio  uniforme  y pacífico de la Sala que quien no ha  apelado  la  sentencia  de  primer  grado  ni  ve desmejorada su situación como  sujeto  procesal  con la decisión de segunda instancia fruto de la impugnación  de  un  homólogo  suyo  o  por  efecto del grado jurisdiccional de la consulta,  carece  en  principio de legitimación para recurrir por la vía extraordinaria,  en  razón  a que lo atacado en esta sede es la legalidad del fallo judicial que  se  presume  con  los  atributos  de  veracidad  y acierto, de tal manera que si  habiendo  podido  impugnarlo  se  guarda  silencio  frente  al que fue objeto de  refrendación  sin  reformas perjudiciales en la segunda instancia, es porque se  está   conforme   con   la   determinación   del   a  quo   -que  resulta ser la misma del ad  quem-,  o por cualquier otro motivo no  se  tiene  interés  en  que  la  respectiva  actuación  sea  revisada  por  el  superior.   

No  obstante, a dicha afirmación general de  la  carencia de interés para acudir en casación, si no se agota la apelación,  la  jurisprudencia  ha  establecido  salvedades  acordes con la sistemática del  ordenamiento  jurídico  y  la  coherencia  de  los  valores  involucrados en el  mismo.   Así,  se ha dicho que aunque no se haya interpuesto el recurso de  apelación,  el  sujeto  procesal podrá acudir en casación cuando, entre otras  posibilidades,  se  proponga la nulidad por la vía extraordinaria, a condición  de  que la irregularidad alegada como sustento le represente un eventual daño a  la  parte  proponente,  siendo  tal  el caso en que precisamente se encuentra el  ahora  recurrente  en  casación, quien como sustento de su pretensión alega la  omisión  de un acto procesal esencial, que en su criterio generó violación al  debido  proceso y al derecho de defensa del procesado ALEJANDRO OSPINA CHAMORRO,  razón   por   la   cual   la   Corte  abordará  el  estudio  de  fondo  de  la  censura.   

De otro lado, como con acierto lo destaca el  Procurador,  no empece a que el recurrente acudió a la  causal  de  casación  contemplada  en  el  numeral  3º  del  artículo 442 del  anterior  Código  Penal  Militar (decreto 2550 de 1988), cuando lo correcto era  sustentar  la  demanda  en  los  motivos casacionales del decreto 2700 de 1.991,  vigente  a la sazón, como insistentemente lo señaló la jurisprudencia de esta  Corte  en  vigencia  de  dicho  estatuto  castrense,  así  por  ejemplo  en las  decisiones  de  septiembre  16  de  1992 y enero 23 de 1998, con ponencia de los  Magistrados   Ricardo   Calvere   Rangel   y   Carlos  Augusto  Gálvez  Argote,  respectivamente,  es  evidente  que  como la causal tercera objeto de la censura  comporta  una  perfecta  similitud  entre  los dos ordenamientos, tanto desde el  punto  de  vista  de  su  descripción legal, como de su contenido y alcance, la  Sala   responderá,   previa  esta  advertencia,  el  libelo  sustentatorio  del  recurso.    

          Es  incuestionable  el  supuesto  fáctico  de que parte la censura,  pues  como lo afirma el demandante, en este caso particular que se rigió por el  trámite  especial  del consejo de guerra sin intervención de vocales, regulado  en  el Capítulo II, Título I, Sección Segunda del decreto 2550 de 1988, no se  profirió  el  auto  de  clausura  de  la  investigación  por parte del juez de  primera  instancia,  como  lo  estipulaba  el  inciso final del artículo 653 de  dicho estatuto.      

          Pero   para  el  cabal  entendimiento  del  cargo  aducido,  resulta  indispensable  tener en cuenta la estructura del trámite procesal que rigió el  caso,  pues aunque ha de reconocerse que en el procedimiento penal ordinario, el  debido  proferimiento  y la correcta sustanciación del cierre de investigación  se  ha  tenido  y  se  tiene  como  un  presupuesto procesal de la calificación  sumarial,  de  tal  manera  que  la  inexistencia o invalidez del primero impide  proveer  sobre  el segundo (artículo 438 del anterior estatuto procesal penal y  393  del  actual), tal premisa no puede asimilarse al trámite especial que para  este  tipo de juicios regulaba el decreto 2550 de 1988, como pasa a demostrarse.   

El  procedimiento  regulado  en  el referido  Código  Penal Militar de 1988 exhibía importantes diferencias sustanciales con  el  sistema  procesal  ordinario.  Así,  el auto de cierre de la investigación  estaba  contemplado  en  el  ya  citado  artículo  653,  dentro  del  siguiente  contexto:   

“Estudio   del   proceso.  Recibido  el  expediente, el juez de primera instancia procede a su estudio.   

Si  encuentra que el funcionario instructor  dejó  de  practicar  pruebas,  las practicará o comisionará al mismo o a otro  para que las practique en el término de quince (15) días (…).   

Si  no  hubiere  pruebas  para  practicar o  practicadas  las ordenadas en la ampliación, cerrará  la    investigación    mediante   auto   de   sustanciación”.   (se                    ha                   destacado).          

El  auto  en  cuestión  no  se  encontraba  incluido   dentro   de  aquellos  de  sustanciación  que  debían  notificarse,  taxativamente  señalados  en  el numeral 2º del artículo 412 del decreto 2550  de  1988,  y  por  tanto se le consideraba como de simple impulso procesal, pues  además  no le seguía trámite alguno distinto al de la decisión calificatoria  del  sumario  que  debía  proferir el juez de primera instancia, ya mediante la  resolución  de  convocatoria del consejo de guerra si se daban los presupuestos  señalados   en   el  artículo  654  idem, o con cesación de procedimiento en caso contrario.   

Así, el decreto 2550 de 1998 no establecía  un  traslado  previo  para  que  los  sujetos  procesales  alegaran  antes de la  calificación  del  sumario, por lo que en estricto sentido no existía una fase  precalificatoria,  donde  los sujetos procesales tuvieran alguna participación.  La  simplicidad  del  trámite lleva a concluir que la mera ausencia del auto de  impulso  que  disponía  el  cierre  de  la  instrucción  no  configura, en tal  contexto,  vicio  esencial  que  conlleve  la  nulidad  de la actuación, pues a  diferencia  de  lo  que  sucede en el esquema adoptado en el nuevo Código Penal  Militar  (Ley 522 de 1999), que asimiló el trámite al señalado en el estatuto  procesal  ordinario  (el  auto  puede  recurrirse  en  reposición  y  existe un  período  precalificatorio  de 8 días para que los sujetos procesales presenten  las  solicitudes  que  consideren  necesarias  con  relación a las pretensiones  sobre        calificación       –artículo      553     idem),  en el derogado estatuto castrense, el auto de la clausura no era  una  decisión  medular  dentro  del  proceso,  sino  que  como  lo  destaca  el  Procurador,   únicamente   impedía   la  práctica  de  nuevas  pruebas.    

Es  reiterada  la  doctrina  de  la Corte al  sostener  que no toda irregularidad que se produzca dentro del trámite procesal  implica  o  redunda  en nulidad de la actuación, pues es de su esencia tanto la  sustancialidad  del  acto  viciado como su capacidad para afectar las garantías  de   los   sujetos  procesales  o  implicar  un  desconocimiento  de  las  bases  fundamentales que estructuran el debido proceso.   

          Por ello, ha insistido la Sala, cuando se  acude  a  la  invocación  de la causal tercera de casación, el impugnante debe  acreditar  que  la  irregularidad  sustancial  argüida  como  causal de nulidad  conculca   garantías   de   los   sujetos  procesales  o  desquicia  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  o  del  juicio,  amén de probar que con su  conducta  no  contribuyó  a la producción del acto tachado de irregular, salvo  que    se   trate   de   la   ausencia   de   defensa   técnica   -principio  de  protección-, ni que por una  actuación  posterior  de  su parte haya dado lugar a la convalidación de dicha  irregularidad  -principio de convalidación-,  conforme  con lo normado en los artículos 308-3 y 4º  del  Código   de   Procedimiento   Penal  vigente  a  la  sazón,  y  aplicables  al  procedimiento  especial  que  rigió  este juicio, por integración, conforme al  mandato contenido en el artículo 13 del decreto 2550 de 1988.   

Teniendo  en  cuenta  tales presupuestos, la  Sala  encuentra que si en el procedimiento cuestionado el acto de la clausura de  la  investigación  tenía  como  único  objetivo  el de impedir la práctica o  allegamiento  de  nuevas  pruebas,  si se cumplieron tales fines, como en efecto  ocurrió  -principio  de  la  instrumentalidad  de las  formas-,    y  si además el sujeto procesal que se reputa ahora afectado con la  determinación  no  comunicó  la  omisión  en debida oportunidad, convalidando  tácitamente  el  acto  viciado por una intervención posterior suya, al recibir  notificación  personal  del  auto  que convocaba al consejo de guerra (fl. 395)  -principio      de      convalidación-,  resulta  obvio  que  la  nulidad  en razón de una tal anomalía  deviene improcedente.   

Si  el procesado ALEJANDRO OSPINA CHAMORRO y  su  defensor  tuvieron una adecuada participación en el trámite posterior a la  convocatoria   del   consejo   de  guerra,  del  cual,  se  reitera,  recibieron  notificación  personal,  la  irritualidad pretextada carece de sentido, sin que  de  otro  lado  se  sepa  de  qué  manera pudo haberse conculcado el derecho de  defensa,  si como quedó expresamente señalado, en el procedimiento aplicado no  existía  un  período precalificatorio que posibilitara la alegación previa de  los sujetos procesales.   

Ahora  bien,  en su intento por denotar la  trascendencia  de la omisión del auto del cierre de la investigación, alega el  recurrente  que  faltaban  pruebas  importantes  para  aclarar los argumentos de  defensa  propuestos  por  el  procesado,  las que habían sido insinuadas por el  Tribunal  Militar  al  desatar el recurso de apelación contra la resolución de  la  situación  jurídica. Pero como lo reflexiona el Procurador, la posibilidad  que  establecía  el  artículo  653  del estatuto castrense vigente a la sazón  para  ampliar  el  período  probatorio  antes  de  proceder  al  cierre  de  la  investigación,  no  significaba  el agotamiento total de las pruebas, porque la  valoración  de la calidad de la prueba en orden a hacer viable la calificación  corresponde  en  últimas  al  juez,  sin  más  condicionamiento  que el de una  proyección  en  sana  crítica  sobre  el  conjunto  de  pruebas  que  lleve al  funcionario    a    concluir    que    ya   se   puede   impartir   dicho   acto  procesal.           

Por  lo  demás, como la alegación tiende a  sugerir  la  violación  al  principio  de  la  investigación  integral,  ha de  recordarse  que la escueta afirmación de que se omitieron pruebas encaminadas a  comprobar  los  argumentos  del  procesado, no es razón suficiente para estimar  válida  la  anhelada  declaración  de  nulidad  del  rito penal, pues no puede  perderse  de  vista  que  la  trascendencia  del  vicio generador de nulidad por  violación  al  principio de investigación integral, ha de examinarse de cara a  los  principios  de  presunción  de  inocencia,  in dubio pro reo y valoración  conjunta   de   los   medios  probatorios,  pues  sólo  de  esta  manera  puede  establecerse  una violación a las garantías del sindicado, en la medida en que  la  prueba  o  las  pruebas que se echan de menos, dentro de un ejercicio mental  hipotético  de  suponerlas  al  lado  de  las demás probanzas y examinarlas en  conjunto,   deben  tener  la  fuerza  suficiente  para  generar  duda  sobre  la  comprobación  de  los  extremos  de  la  relación jurídico-procesal (delito y  responsabilidad).   

En  el  presente  caso,  razón le asiste al  Procurador  cuando  destaca  que  la  alegación  del  recurrente  carece  de la  concreción  necesaria,  pues  ni  siquiera  se  precisó  qué clase de pruebas  dejaron  de  practicarse;  de  qué  manera  habrían  servido  para  variar  la  situación  del  procesado y qué incidencia para mutar la decisión de condena,  lo que hace que el cargo carezca de razón suficiente.   

Finalmente, pasa por alto interesadamente el  casacionista,  la  intensa  actividad  probatoria asumida por el juez de primera  instancia  mientras  el  ad  quem  resolvió  la  apelación  de  la  medida  de  aseguramiento,  pues  se  solicitó  y  allegó  información  del  Director del  Programa  para  la  Defensa  de  la  Libertad  Personal  de la Presidencia de la  República   respecto   del  envío  de  personal  conocido  con  los  motes  de  “Peluca”,   “Cocuy”,   “Careniño”  y  “Blademir”,  respecto  de  quienes  precisamente  se  insinuó  indagar  en  el  aludido  auto  de  segunda  instancia  (fl.86);  además se recogió información sobre la cuenta de ahorros  que  el  procesado  tenía  en  el  Banco Ganadero, acreditándose la equivocada  consignación  de $3.000.000.oo hecha en la misma, y se recepcionó declaración  a  su esposa, con lo cual se demuestra que sí hubo una cabal indagación frente  a aquellas circunstancias que podían beneficiar al implicado.   

Así   las   cosas,   no   prospera   la  censura.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

No casar la sentencia recurrida.  

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL     HERMAN GALÁN CASTELLANOS        

        No hay firma   

CARLOS        A.       GÁLVEZ  ARGOTE             JORGE       ANÍBAL      GÓMEZ  GALLEGO      

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN            JORGE     LUIS     QUINTERO  MILANÉS   

Teresa Ruiz Nuñez  

Secretaria    

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