16146(04-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16146   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA  PULIDO  DE BARÓN   

Aprobado   Acta   Nº  099   

          Bogotá   D.   C.,   cuatro  (4)  de  septiembre  de  dos  mil  tres  (2003)   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  la  defensa  contra la sentencia de 16 de febrero de 1998 por cuyo medio el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó la condena impuesta por el Juzgado 15  Penal  del  Circuito  de  esta  ciudad  a RUBÉN DARÍO  CARVAJAL  MONOGA, LIBARDO ERNESTO CORONADO FLÓREZ, BAUDILIO GAMBOA RIVERA, JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO y ALBEIRO MUÑOZ OSPINA  en  su  condición  de  coautores  de  los  delitos  de  homicidio  agravado y hurto  calificado  y  agravado,  cometidos en concurso heterogéneo y sucesivo, en tres  episodios distintos.   

          El       a      quo      dosificó  la pena de prisión así: cuarenta y tres (43) años para  LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ,  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  Y  ALBEIRO  MUÑOZ  OSPINA; cuarenta y dos (42)  años   para  JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO,   quien   fue   absuelto   por  el  delito  contra  el  patrimonio  económico;  y cuarenta y un  (41)    años    para    RUBÉN    DARÍO   CARVAJAL  MONOGA.   

          La  duración  de  la  pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  se  fijó  en  el  término  máximo  legal para todos los  sentenciados.   

          Por   el   homicidio  de  Leonel  Espinosa  Alfaro,   se  les  impuso  la  obligación  de  pagar  solidariamente  la  suma  de  doce  millones  doscientos  noventa  y  cinco  mil  novecientos     dos     pesos    ($12’295.902)  a título de indemnización de los perjuicios materiales y  morales y una suma equivalente a quinientos (500) gramos oro.   

          También  se  impuso  la  obligación de cancelar en forma solidaria  una  suma  equivalente  a  treinta  (30)  gramos  oro  a  favor  de Humberto  Alfaro Muñoz, víctima de uno de  los delitos contra el patrimonio económico.   

          A   los   sentenciados   LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ,  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA Y ALBEIRO MUÑOZ OSPINA  se  les  impuso  la obligación de cancelar una suma equivalente a  sesenta  (60)  gramos  oro  a  favor  de  Ruby Orlando  Castañeda  Peñaranda;  y de cuarenta (40) gramos oro  para   Guido   Fernando  Ospina  Rendón.   

HECHOS  

          La  sentencia  impugnada adopta el relato de acontecimientos materia  del  juzgamiento  efectuado  por  el a quo,   sucedidos   en   tres  escenarios  distintos,  en  circunstancias  diferentes, descritos así:   

“Cuestión  primera:  A  la  1:30  de la mañana del 13  de  agosto de 1994, los señores Luis  Felipe  Coello  Hernández  y  Víctor  Manuel  García  García,  al abordar un  vehículo  de  servicio  público  con  el  fin  de  que  los  dirigiera  a  sus  residencias,  iniciando  el recorrido, repentinamente el conductor del automotor  lo  desvió  hacia  una  calle  oscura,  apagando  el vehículo y permitiendo la  presencia  de  tres individuos, para luego proceder, mediante la utilización de  arma  blanca,  a hurtarles los objetos personales que portaban para ese momento,  víctimas  que  al  poner en conocimiento oportunamente los hechos a los agentes  del  orden  (sic),  facilitaron  la  captura  en  la calle 63 con carrera 24, de  cuatro  individuos  que se movilizaban en el taxi de placas SDI 265, tratándose  de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  quien  conducía  el automotor, JUAN MANUEL ROMERO  OCAMPO,  Albeiro  Muñoz  Ospina y LIBARDO ERNESTO CORONADO FLÓREZ; sujetos que  fueron  reconocidos por los denunciantes, tratándose de las mismas personas que  momentos  antes,  los  habían  sometido  a  intimidación para arrebatarles sus  pertenencias,    de   las   cuales   algunas   les   fueron   halladas   en   su  poder.   

“Cuestión  segunda:  En  las  últimas  horas  de  la  noche del  12  de agosto de 1994, a la  altura  de  la  calle  22  sur con Avenida Caracas, los señores Leonel Espinosa  Alfaro  y  Humberto  Alfaro  Muñoz, abordaron un taxi para que los dirigiera al  barrio  Muzú,  quienes  se  ubicaron  en  la  parte  posterior;  luego de haber  avanzado  el  vehículo  un trayecto corto, el conductor desvió de la ruta para  frenar,  momento  en  el  cual  se  acercan  varios  sujetos,  abren las puertas  traseras  del  taxi y se abalanzan encima de los citados pasajeros, siendo estos  despojados  de sus pertenencias, mediante la fuerza y empleo de arma blanca, los  antisociales  al  percatarse  de  que el primero de los prenombrados era miembro  activo  de  la Policía adscrito al F2, porque le hallaron el arma de dotación,  los  brazaletes  y las esposas, decidieron continuar con él y a su acompañante  lo  pasaron  a  otro  automotor,  para  posteriormente  bajarlo y dejarlo en una  calle.   

“Aproximadamente   a  las  3:15  de  la  madrugada    del   13   de   agosto   del   referido  año,  en la carrera 27 con calle 30 sur, en donde se  halló  el  cuerpo sin vida de Leonel Espinosa Alfaro, se retuvo por parte de un  representante  de  la  autoridad  policial,  al  señor  RUBÉN  DARÍO CARVAJAL  MONOGA,  luego  de  que el uniformado escuchara unas detonaciones y lo observara  correr por el sector.   

“Cuestión  tercera:  A las 3:30 de la madrugada del 25  de  junio de 1994, los señores   Ruby  Orlando Castañeda Peñaranda y Guido Fernando Ospina Rendón, después de  departir  en  un  establecimiento público, salieron a conseguir transporte para  sus  lugares de habitación, abordando un taxi en la carrera 7ª con calle 19 de  esta  ciudad,  el  cual después de cierto trayecto, fue desviado de la ruta por  parte  de  su  conductor,  permitiendo  que  tres sujetos armados se subieran al  vehículo  y procedieran a despojar a los dos pasajeros del dinero en efectivo y  algunos  objetos  personales,  siendo  bajadas las víctimas y abandonadas en un  callejón  oscuro,  en  el  sector  de  la  calle  13 cerca de Puente Aranda”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          Con  respecto  al  primer  asunto, el 14 de  febrero  de 1995, la Fiscalía 165 Seccional de Bogotá  profirió  resolución de acusación contra JUAN MANUEL  ROMERO  OCAMPO,  BAUDILIO GAMBOA RIVERA, ALBEIRO MUÑOZ OSPINA y LIBARDO ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ, por los delitos de hurto calificado  y agravado. (Fls. 295 a 301 C.O. 2)   

          El   segundo   hecho   fue   calificado   mediante  resolución  del  7  de  febrero de 1995 por la  Fiscalía  36  Seccional  de  Bogotá,  acusando a JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO,  BAUDILIO  GAMBOA RIVERA, ALBEIRO MUÑOZ OSPINA, LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ  y  RUBÉN  DARÍO  CARVAJAL MONOGA   por  los  delitos  de  homicidio  agravado  por  el  numeral 2 del  artículo  324  del Código Penal y hurto calificado. (Fls. 240, 258, 259, 335 a  368).   

          El    28  de  abril  de  1995,  dicha  acusación  fué  confirmada.  (Fls. 4 a 17, C. 2ª inst. Fiscalía).   

          El  tercer  acontecimiento  también  dio  lugar  a  resolución  de  acusación   proferida   el   26   de  mayo  de  1995  por  la  Fiscalía  89  Seccional  de  Bogotá, por el  delito  de  hurto calificado y agravado contra BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA, ALBEIRO MUÑOZ OSPINA, LIBARDO ERNESTO CORONADO FLÓREZ y RUBÉN  DARÍO   CARVAJAL   MONOGA.   La   acusación  contra  JUAN    MANUEL    ROMERO    OCAMPO   la  dictó  la  misma  fiscalía el 11 de  septiembre  de  1995  dado  que se había producido la  ruptura de la unidad procesal.   

          Consolidada  la firmeza de las tres acusaciones, el Juzgado 33 Penal  del   Circuito   de   Bogotá   inicialmente  acumuló  las  causas  adelantadas  exclusivamente  por delitos contra el patrimonio económico y posteriormente las  acumuló con la referida a los delitos de homicidio y hurto.   

          El  31  de julio de 1997 el Juzgado 15 Penal del Circuito condenó a  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA,  JUAN  MANUEL ROMERO OCAMPO,  RUBÉN  DARÍO  CARVAJAL  MONOGA,  LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ y ALBEIRO  MUÑOZ  OSPINA   como  autores  de los delitos de  homicidio  agravado  y  hurto  calificado y agravado, confirmada por el Tribunal  Superior   de   Bogotá   en   sentencia   que  es  objeto  de  la  impugnación  extraordinaria  que  aquí  se  decide por parte de los mencionados implicados a  excepción  del  último  respecto  de quien se declaró desierto el recurso por  falta de sustentación.   

LAS  DEMANDAS   

          1.-   Demanda   de   JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          El  demandante  acusa  la  sentencia  de  ser  violatoria  de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del  artículo 24, numeral 2 del Código  Penal,  modificado  por  30  de  la  ley  40 de 1993 y del artículo 26 ibídem,  además  de  la  falta de aplicación de los artículos 246, 247, 250, 285, 292,  302, 365, 367 y 368 del Código de Procedimiento Penal.   

          Según  el  defensor  la violación de la ley sustancial proviene de  errores  de  derecho  por  falso juicio de legalidad, errores de hecho por falso  juicio  de identidad en las modalidades de tergiversación y yerros de lógica y  falso juicio de existencia por omisión.   

          Para   fundamentar  el  cargo  el  censor  trae  a  la  demanda  los  siguientes  apartes,  unos  pertenecientes a la sentencia de primera instancia y  otros a la de segunda:   

         “De  la relación permanente con GAMBOA RIVERA de la similitud de  las  modalidades  del  hurto calificado por el que se les capturó en flagrancia  con  aquel  del  cual  fueron  víctimas  Alfaro  Muñoz  y Leonel Espinosa, del  hallazgo  durante su retención del reloj de propiedad del occiso indicios todos  estos  de irrefutable gravedad, deviene cómo intervinieron en la desposesión a  los  primos prenombrados, hecho que concluyó por el querer y la voluntad de sus  ejecutores,  con  el  homicidio de Leonel Alfaro…” (Fl. 423, cd 5. Sent. 1ª  inst)).   

         “En  conclusión, la prueba para condenar respecto a todos y cada  uno  de  los  enjuiciados  se  reúne  a  cabalidad, pese a los esfuerzos de los  litigantes  por  demeritar  los  diferentes reconocimientos en fila de personas,  porque  ninguna  irregularidad  ostentan  como  para considerarlos inexistentes,  dado  que  se  realizaron  con la presencia de apoderados y bajo las condiciones  establecidas  en  el art. 368 del Código de Procedimiento Penal …” (Fl. 165  C. 1. Tribunal)   

          Respecto  al  testimonio  de  Humberto  Alfaro  Muñoz, se remite la  siguiente párrafo:   

         “Para  la  defensa  la falta de concreción en la hora, a más de  un  comportamiento  dudoso  por  no  haber recurrido esa noche a las autoridades  para  que  impidieran  el  atentado  contra la vida de su pariente, son factores  negativos  que demeritan al testigo debido al alto grado d embriaguez suficiente  para  quitarle valor como prueba de cargo, no obstante para la Sala, acorde a lo  consignado  por  la  juez  de  conocimiento,  los  reparos que los profesionales  formulan  a  la  declaración  en  comento no tiene la trascendencia que quieren  darle  ni  es  ajustado  a  la  realidad  que las condiciones físicas de Alfaro  Muñoz  limitaban  la  referencia  de  los  hechos.  De  una parte la completa y  detallada  relación  de  los  distintos  episodios  indica que las cervezas que  acepta   haber  tomado  no  hicieron  mella  de  la  capacidad  de  percepción,  tornándose  exagerada  y  sin  soporte  probatorio  la  apreciación  sobre  el  desmedido consumo de licor…” (fl. 158, cd Tribunal).   

          Entonces,  el  casacionista  inicia  el ataque contra los siguientes  hechos   y   pruebas   a   que   se   refiere   el  ad  quem.   

          a).-   Reconocimiento de José         Fernando         Ramírez        Cuéllar.   

          El  testigo  manifestó  que  reconocía  únicamente a GAMBOA    RIVERA    pero    ROMERO  OCAMPO no fue reconocido, luego se  elimina  el  hecho indicador, estructurado por el supuesto reconocimiento de los  dos  individuos,  de  manera  que  no  se  podía  inferir  que se conocían con  anterioridad  como  erradamente  lo  dedujeron los juzgadores, que pecaron en la  construcción  del  inicio,  haciendo  tabla  rasa  del  art  302 del Código de  Procedimiento   Penal   anterior.   Aquí,   afirma  el  impugnante,  se  violó  indirectamente  la ley sustancial por error de hecho motivado en un falso juicio  de  identidad  por  tergiversación  “dado  que  los  falladores  distorsionaron  totalmente  el  contenido  material  de esta prueba,  trocando   diametralmente    lo   que   ella   objetivamente   nos   estaba  demostrando”.   

          b).-   Reconocimiento   de   Wilson  Daza  Gómez.   

          Esta  diligencia  es inexistente conforme a los artículos 161 y 250  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y 29 de la Constitución Nacional porque  JUAN  MANUEL ROMERO OCAMPO no  fue  asistido  por  su defensor de confianza, el propio demandante a quien no se  le  informó  ni  se  le requirió para que interviniera en ella, sino que se le  designó  a un ciudadano común y corriente, lo que no es permitido en la ciudad  de   Bogotá   donde   existen   tantos  abogados  titulados  y  la  Defensoría  Pública.   

          Estima   que   “esta  prueba”  es violatoria de la ley sustancial por vía indirecta, motivada  por  error  de  derecho por falso juicio de legalidad, por cuanto no se tuvieron  en   cuenta   las   exigencias   mínimas   para   la  aducción  de  ese  medio  probatorio.   

          c).-   Reconocimiento   de  Ruby       Orlando       Castañeda  Peñaranda.   

          Dice  el  impugnante  que  en  la realización de esta diligencia se  infringió  el  artículo  368  del  Código  de  Procedimiento Penal , en tanto  que  el propio fallador sostuvo:   

“…Que  en una fila se incluyó a dos de  los  procesados, junto con 6 personas más, tampoco constituye una irregularidad  de  trascendencia  tal  que invalide el acto, como lo aspira la defensa, pues la  norma  no  prohibe  esa  situación,  aún  cuando  pueda  no  ser  prudente ese  procedimiento”. (fl. 435. Cd, 5).   

          Al  decir del demandante el yerro consiste en que la norma exige que  la  persona  que  va a efectuar el reconocimiento debe ser interrogada sobre las  personas  que va a reconocer sin que tenga contacto visual con ellas; formalidad  que  el  recurrente  asegura  no  fue  cumplida,  como lo deduce de la siguiente  afirmación del testigo:   

“La primera que era el gordo que no estuvo  hoy presente que es el que más reconocemos,…”.   

          De  esa  expresión extrae que antes de formarse la fila, el testigo  ya  había  tenido  contacto  visual  con  las  personas que supuestamente iba a  reconocer,  lo que desnaturaliza el reconocimiento.   

          Por  otra parte el impugnante reprocha que se hubiera desconocido la  orden  perentoria  de  conformar  con  un mínimo de seis personas una fila para  cada  procesado,  pues BAUDILIO GAMBOA RIVERA y Albeiro  Muñoz  Ospina fueron incluidos simultáneamente en la  misma  fila  siendo  que  las  características  físicas  de  los  dos difieren  totalmente.  También  protesta  porque  unos agentes del DAS que formaron en la  referida  fila,  también participaron en el reconocimiento de  CORONADO FLÓREZ.   

          Concluye  entonces  que  con  esa diligencia se infringió de manera  indirecta  la ley sustancial, por error de derecho por falso juicio de legalidad  por  haberlo  tenido  como  válidamente  producido,  siendo  que  no se habían  observado las formalidades para su aducción.   

          d). Hallazgo de un reloj propiedad del occiso.-   

          Manifiesta  el recurrente que este indicio está construido sobre la  supuesta  declaración  y  reconocimiento de objetos de la compañera del occiso  según  lo refieren el subteniente Cesar Humberto Rojas  Kekán    en    su    informe,    y    Humberto  Alfaro Muñoz en su declaración;  versiones  a las cuales los falladores les dieron el valor de prueba directa sin  que  Esperanza Villamil Sorza  jamás  hubiera  declarado  con todas las exigencias que rodea la validez de ese  medio probatorio.   

          Aduce  que  tampoco se probó la preexistencia y propiedad del reloj  ni  se  dio  cumplimiento a lo dispuesto en los artículos 364 y 365 del Código  de  Procedimiento  Penal  que ordenan que el testigo describa detalladamente los  objetos y los reconozca ante el funcionario judicial.   

          En  esas  condiciones  acusa  al sentenciador de haber infringido la  ley  sustancial  de  manera  indirecta respecto de la prueba del hecho indicador  del  indicio,  por  error  de  derecho  motivado en falso juicio de legalidad al  apreciar  la  sentencia,  como  prueba  una “supuesta  actuación” que no observó las formalidades para su  aducción.   

          e).-   Declaración  de  Humberto  Alfaro  Muñoz.-   

          Al  formular  esta  censura,  el  recurrente  acusa  al  fallador de  segundo  grado de haber descontextualizado la declaración, al haberla analizado  parceladamente  sin  tener  en cuenta la investigación de las circunstancias de  tiempo,   modo  y  lugar;  la  comprobación  del  estado  de  los  sentidos  de  percepción  del  testigo  y  otras singularidades; temas a los cuales dedica su  atención según se expone a continuación.   

          El  actor desaprueba que los falladores no le dieran relevancia a la  “imprecisión”    de  Humberto  Alfaro Muñoz sobre  la  hora  en que conjuntamente con su primo abordaron el taxi, ni la hora en que  llegó  a  su  residencia, porque por el contrario, el declarante nunca precisó  una  hora  siquiera  aproximada  en  la  que  se  produjo  el  atraco por cuanto  inicialmente  manifestó  que  “la hora aproximada de  los  hechos  fue  las  10:30  de  la  noche  del  viernes  pasado”,    pero   en   la   ampliación   aseguró   que   “en  ningún  momento  precisé  la  hora de las 10 y media, hice una  aproximación  de  10 y media a once lo cual como aproximación, pudo haber sido  más, pudo haber sido menos”.   

          De  lo  anterior el demandante deduce que el testigo se retractó de  la  aproximación  de  tiempo  que  suministró  en su primera versión y que en  realidad  no puedo precisar la hora en que ocurrió el atraco. Entonces acusa la  sentencia  de  haber  cercenado  aspecto de tan vital importancia, siendo que la  ley  obliga  al  funcionario  a esclarecer las circunstancias de “tiempo” y lugar en que se haya realizado  la conducta.   

          En  lo  atinente  con  el  estado  de  sanidad  de  los  sentidos de  percepción     de     Alfaro    Muñoz,   el defensor considera que los jueces erraron al afirmar que  las  cinco o seis cervezas que el deponente admitió haber consumido la noche de  los  acontecimientos,  no  fueron suficientes para alterar su psiquis; yerro que  extrae  de  la  concatenación  de  esa  circunstancia  con la de que los primos  ingirieron  la  misma  cantidad  de  licor  y  al  occiso  se  le dictaminó una  concentración  de  alcohol  en porcentaje superior al 1.5% en el cual el sujeto  entra en verdadero estado de embriaguez.   

          En    esas   condiciones   concluye   que    de   lo   anterior  “se   desprende   que   el  testigo  se  encontraba  embriagado  y  sus  facultades  mentales  ostensiblemente menguada, por no decir  anuladas”  y a ello atribuye que no pueda dar razón  de las distintas horas de los hechos narrados.   

          El  impugnante  censura  a  los  falladores  porque  al  apreciar el  testimonio  de  Humberto  Alfaro  Muñoz  no tuvieron en cuenta estos aspectos adicionales:   

          a).-  No  denunció  inmediatamente  la  retención  de Leonel   Espinosa  Alfaro  “máxime    cuando   sabía   que   lo   iban   a   matar”  Y  aun  cuando el Tribunal sostiene que nada se averiguó sobre  el  dicho  del  testigo en cuanto a que se presentó en el Comando o Inspección  del  Barrio Restrepo para comentar lo sucedido, esa afirmación no es cierta por  cuanto,  habiéndose  oficiado  a tales autoridades, ellas contestaron que no se  había formulado ninguna denuncia al respecto.   

          b).-  Haberse  ido  a dormir tranquilamente no obstante el inminente  peligro de muerte que pesaba sobre su familiar.   

          c)  Fabular  que  al momento del atraco, por cada una de las puertas  traseras   del   taxi   se   subieron   de  dos  a  tres  personas,  lo  que  es  imposible.   

          d)  Sostener que podía reconocer un arma blanca que le fue exhibida  durante dos segundo en el momento del atraco.   

          e)  Es  ilógico  e  irracional  retener  a una persona entre diez y  media  y  once  de  la noche con la finalidad de matarla y sin embargo deambular  con  ella  durante  más  de cuatro horas para finalmente ultimarla a las tres y  quince  la mañana en un lugar que dista unas quince cuadras de donde se produjo  la  retención  y  cuya  distancia en automóvil se recorre como máximo en diez  minutos.  De  ese  supuesto, el defensor concluye que el atraco se produjo a las  tres de la madrugada.   

          En  esos  términos  el  recurrente  acusa  al sentenciador de haber  estudiado    el   testimonio   de   Humberto   Alfaro  Muñoz en forma fragmentaria, dejando de lado aspectos  esenciales,  por  manera  que desfiguró su contenido objetivo, lo que condujo a  una  falta  de  identidad  entre  lo  que  el  medio  probatorio  revelaba  y la  conclusión que el fallador obtuvo de ella.   

          f).- Declaración de Nohora Esperanza Villamil Sorza.   

          Pregona  el  impugnante  que  este testimonio fue tergiversado en la  sentencia,  por  cuanto  el  fallador  elucubra  para hacerle decir que ella sí  estuvo  presente  en  la  sede de la SIJIN, que reconoció el reloj y que sabía  quién  era  uno  de  los  presuntos  autores  del  atraco, cuando la declarante  manifiesta que desconoce todos esos aspectos.   

          g).-   Omisión  del  dictamen  pericial  y  de los informes de  policía.   

          El  actor  denuncia  que el fallador omitió totalmente los informes  emitidos  por  distintas inspecciones de policía y específicamente la de la XV  estación  del  barrio Restrepo, en la cuales se da noticia de que en ninguna de  ellas   se   formuló   denuncia  en  las  circunstancias  en  que  Humberto  Alfaro  Muñoz  asegura  haberlo  hecho.  Por  ello,  dice  el  demandante,  la  sentencia es violatoria de la ley  sustancial  por  error  de  hecho motivado por falso juicio de existencia, en la  modalidad de omisión material.   

          Para  terminar  el  libelista  expresa  que  una vez demostrados los  errores  cometidos en todas las pruebas que sustentaban la sentencia de condena,  debe  proferirse   fallo  absolutorio y si subsistiera alguna suposición o  sospecha    en   contra   de   JUAN   MANUEL   ROMERO  OCAMPO,  debe  ser absuelto en virtud del principio de  la  duda  razonable  y  manifiesta.  Por  ello  solicita  a la Corte que case la  sentencia  acusada y profiera el fallo de remplazo absolviendo a su representado  de   los   cargos   que  se  le  formularon  en  la  respectiva  resolución  de  acusación.   

          En  razón  de  que  ninguno de los cargos adquirió la entidad para  derrumbar  las  presunciones  de acierto y legalidad que protegen la estabilidad  jurídica  del  fallo  de  segundo  grado  proferido  en  este  proceso, se debe  concluir  que  no  hay  lugar  para  casar el fallo de condena dictado contra el  recurrente   JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          2º.-  Demanda de LIBARDO ERNESTO CORONADO  FLÓREZ.   

          El  apoderado  del sentenciado en referencia formula un único cargo  contra  la  sentencia de segundo grado confirmatoria de la de condena, al amparo  de  la  causal  tercera de casación, por haberse dictado sentencia en un juicio  viciado de nulidad, por violación al derecho de defensa.   

          Precisa  el libelista que la causa que determinó la responsabilidad  de   CORONADO   FLÓREZ  es  aquella   que   se   refiere   a   los   hechos   denunciados  por  Luis    Felipe   Coello   y   Víctor   Manuel   García  los  cuales dieron lugar a la captura de dicho procesado cuando en  compañía  de  unos  amigos se encontraba en un taxi conducido por BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA a la altura de la  calle  63 con carrera 24 de esta ciudad. Acontecer que lo vinculó a lo sucedido  el  25  de  junio  de  1994  en la carrera 27 con calle 30,  a la muerte de  Leonel  Espinosa  Alfaro y al  hurto  del  que  fueron  víctimas Orlando Castañeda y  Fernando Ospina.   

          Continúa    el    defensor   argumentando   que   si   LIBARDO   ERNESTO   CORONADO   FLÓREZ  no  hubiera  sido  llevado  a  la  SIJIN  y  presentado  en una rueda de prensa como  integrante  de  “una banda de atracadores“    no    habría   estado   vinculado   a   las   últimas   dos  investigaciones.   

          Frente  a esas circunstancias el recurrente asegura que FLÓREZ  CORONADO  padeció  una  absoluta  carencia   de  defensa  en  las  imputaciones  que  se  le  hacían  el  proceso  “madre”;   aserto  que  intenta    demostrar    con    la    siguiente    relación    de    actuaciones  procesales:   

          LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ rindió  indagatoria  con  apoderado  de  confianza  y  se  le  resolvió  la  situación  jurídica  profiriendo  en  su  contra  medida  de  aseguramiento  de detención  preventiva   por  el  delito  de  hurto  calificado y agravado, sin que tal  determinación hubiera sido recurrida.   

          Ningún  apoderado  ejerció  la  contradicción de todo el personal  que  participó  en  el  operativo  que  culminó con la captura de CORONADO FLÓREZ.   

          El  19 de diciembre de 1994, después de  correr traslado de la  solicitud  que  formuló  el denunciante Víctor Manuel  García  para  que se le devolvieran los elementos que  le  habían  sido  hurtados,  la  Fiscalía  los entregó, no obstante subsistir  dudas  sobre  esa  propiedad respecto de todos los objetos  y sin que nadie  dijera   nada   en   defensa   de   CORONADO  FLÓREZ  contra   quien    se   exponían  temas  en  esa  providencia.   

          Quien  ejercía  la  defensa no recurrió la decisión que cerró la  investigación  a  pesar de que la investigación no estaba completa y se tenía  la  posibilidad  de pedir pruebas tales como contrainterrogar a los denunciantes  y a quienes participaron en el operativo.   

          Ignorando    que   a   LIBARDO   CORONADO  se le seguían otros dos procesos, uno por homicidio y  hurto  y  otro por hurto, el apoderado Francisco Cuesta  Hoyos  hizo consignar las sumas de $400.000 y $310.000  para  reparar  el  daño a las víctimas, cuya única finalidad era la de lograr  la  libertad  de  su  protegido,  en  una  actuación  absurda,  irresponsable e  inconsulta  de  la defensa técnica, por cuanto el sentenciado nunca ha aceptado  responsabilidad.   

          El  representante  judicial  del  implicado no presentó alegatos de  conclusión  previos  a la resolución de acusación dictada el 14 de febrero de  1995 por el Fiscal 165 y tampoco recurrió la acusación.   

          En  los  interrogatorios  que  le  fueron formulados en la audiencia  pública,  LIBARDO ERNESTO CORONADO FLÓREZ  siempre negó su participación en los hechos por los cuales se le  había   acusado,   incluida   la   imputación   formulada   por   Luis    Felipe   Coello   y   Víctor   Manuel   García;  sin  embargo,  su mandataria judicial admitió tales hechos y por  consiguiente  la  sentencia  que  hubiere  de  producirse,  como  lo  deduce  el  impugnante  del  siguiente  texto  de  la  intervención  de  quien por entonces  blandía la defensa:   

“…  Así  las  cosas  no  cabe más que  aceptar  la  inocencia  de  los procesados en el homicidio… muchas veces no es  buen  abogado  el  que  va en contra de la evidencia y de la prueba. Negar no es  siempre  buen  argumento  y  en este caso de acuerdo al informe de policía hubo  situación  de  flagrancia  para la retención. Además se encontró en poder de  algunos  de  los procesados elementos de propiedad del ofendido. Con ello quiero  decir  que  podrán  ser  responsables de hechos, pero no por esta razón podrá  decirse … que fueron coautores de la muerte de …”   

          En  tal  argumentación  el  recurrente  ve una absoluta carencia de  defensa  respecto  de  los hechos ocurridos en la carrera 24 con calle 63 puesto  que  además  de  contrariar  la  posición de CORONADO  FLÓREZ  se acepta la condena que por ellos se llegare  a  imponer;  lo  que se evidencia aún más por cuanto la sentencia condenatoria  no fue recurrida en ese punto.   

          Enseguida     el     censor     relaciona     los    “cuestionamientos”  que se imponían para  el   apoderado   en  el  “proceso  madre”  para  buscar la absolución de LIBARDO  ERNESTO CORONADO FLÓREZ:   

          No   se   dijo   que  Luis  Felipe  Coello  y  Víctor  Manuel  García  le   mintieron a la justicia sobre la cantidad de  licor  que habían consumido la noche de los hechos, pues el primero dijo que se  habían  tomado  media  botella de aguardiente y el segundo expresó que habían  pedido     dos     medias;     era     una    contradicción    que    ameritaba  contrainterrogatorio.   

          Tampoco  se hizo ver la mentira de Coello y  García  respecto  al  relevo de conductor, pues aquel  afirma  que  creían  que  había habido cambio de conductor y éste dijo que al  pedirle  el  número  de la tarjeta del cajero automático la persona que venía  manejando se bajó y cambió con otro individuo.   

          No  se  adujo que los policías que participaron en el operativo que  culminó   con   la   captura   de   LIBARDO  CORONADO  también  le  mintieron  a  la  justicia  porque en el  informe  con  que  se  dio  inicio  a la investigación se hace una relación de  objetos  encontrados  a  los  sindicados  asegurándose que ocho relojes estaban  dentro  del  carro;  pero  el agente José Daniel Rodríguez manifestó que cada  uno  de  los  detenidos  portaba  reloj  y  que  los  mismos  fueron  dejados  a  disposición.   

          El  titular  de  la  defensa  tampoco  hizo ver que si la captura se  produjo  en flagrancia en un lapso no mayor a tres minutos, qué se hicieron los  otros  elementos que los denunciantes aseguran les fueron hurtados, ni advirtió  que  la  policía estaba predispuesta en contra de los sindicados hasta el punto  de haberlos golpeado.   

          Con  apoyo  en  tales argumentos y en la copia de la sentencia de 22  de  septiembre  de  1998  proferida  por  esta  Sala con ponencia del Magistrado  Fernando    Enrique   Arboleda   Ripoll,  el  casacionista  solicita  que  se  case el fallo y se declare la  nulidad  de  todo lo actuado en las tres causas a partir de las indagatorias por  absoluta falta de defensa.   

          3º.-  Demanda  de  RUBÉN DARÍO CARVAJAL  MONOGA .   

          El  titular de la defensa que representa al citado procesado acude a  la  vía  extraordinaria  de impugnación para atacar la sentencia proferida por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al tenor de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  según  nomenclatura  de  la  codificación  procedimental  ya  derogada,  por  violación indirecta de la ley sustancial contenida en el inciso  1º  del artículo 247 de dicho estatuto, por aplicación indebida; y en las dos  partes    del   artículo   445   ibídem,  por exclusión evidente, en razón del quebrantamiento mediato de  los  preceptos  contenidos  en  los  artículos   248,  inciso 1º, segunda  parte,  300,  301,  302 y 303 de la misma codificación, en virtud de errores de  hecho, por falsos juicios de existencia en la prueba indiciaria.   

          El  demandante  indica  que los sentenciadores no tuvieron en cuenta  contraindicios  que  obran  a  favor  del  procesado  que  representa  por haber  incurrido   en   los   siguientes   errores   de   hecho  por  falso  juicio  de  existencia.   

          3.1.-  Indicio relacionado con la ausencia de huellas de pólvora en  las manos de CARVAJAL MONOGA.   

          Aduce  el  libelista  que  a  folios  363  y 364 del primer cuaderno  original   obra  un  dictamen  de  la  División  de  Criminalística de la  Dirección  General  de  Investigaciones, donde se consigna como resultado de la  identificación   y   análisis   de   residuos   de  disparo  por  microscopía  electrónica  de  barrido  que  las  micropartículas  presentes en las muestras  tomadas  a  los  dedos  índice  y  pulgar  de  cada  mano  del Sr. CARVAJAL    MONOGA    “…NO    SON    CONSISTENTES    a    partículas    de    residuos   de  disparo…”.   

          Prosigue  el  demandante  afirmando  que de ese dictamen se infería  que  el Sr. CARVAJAL MONOGA no  había  accionado  arma  de  fuego contra el interfecto y sin embargo, sin mayor  argumentación  científica  en  contrario,  este  contraindicio  que eximía de  responsabilidad  al procesado, fue rechazado en las instancias, desconociendo su  realidad  y  su  entidad demostrativa, que en forma grave indicaba que aquél no  había   tenido   participación   en   la   muerte   del   agente  Leonel  Espinosa  Alfaro   ni  en  el  hurto  cometido  contra  éste y contra Humberto Alfaro  Muñoz.   

          3.2.-   Indicio  de  no haber sido hallada arma alguna en poder  de  CARVAJAL  MONOGA  en  el  momento de ser capturado.   

          El   recurrente   manifiesta  que  del  hecho  de  que  CARVAJAL  MONOGA  fue  capturado  8  o  10  segundos  después  de  haberse  oído  unos  disparos  de arma de fuego, según  lo    declaró   el   Capitán   de   la   Policía  Nacional  Carlos  Enrique  Pachón  Tiuso, sin que se  encontrara  en  su poder instrumento de esa índole, se ha debido inferir que el  acusado   no  participó  en  la  muerte  de  Espinosa  Alfaro.  Indicio  que  favorecía  al  implicado y fue  descartado  por  los  juzgadores  bajo  el  argumento  absurdo  de  que  en esos  instantes  pudo  haber  arrojado el arma utilizada en el homicidio, la que nunca  fue hallada.   

          3.3.-  Indicio  de  no  haber  sido  hallados en poder del procesado  ninguno  de  los  elementos  hurtados  a  las  víctimas  de  los tres ilícitos  investigados.   

          Esa  circunstancia  que según el impugnante aparece evidente en las  diligencias,  conducía  a  inferir que CARVAJAL MONOGA  no  participó  en los delitos contra la propiedad que  se  le  atribuyeron.  Los juzgadores no efectuaron esa apreciación probatoria y  pasaron  por  alto  la realidad de ese contraindicio de características graves,  por   lo  que  también  por  este  motivo  incurrieron  en  el  yerro  que  les  atribuye.   

          3.4.-  Indicio  de  ausencia  de  compromiso  penal  de CARVAJAL  MONOGA con los hurtos imputados a  los demás procesados.   

          Argumenta  el  recurrente  que  de ninguna manera se pudo establecer  que   RUBÉN   DARÍO  CARVAJAL  MONOGA  hubiera  participado  en los otros dos ilícitos contra la propiedad  cometidos  en  condiciones  similares  al  ejecutado  en  contra de Espinosa     Alfaro    y    Alfaro  Muñoz que integran el conjunto de  causas  acumuladas;  situación  que  no  fue  tenida  en cuenta y de la cual ha  debido  inferirse  que  si no intervino en los delitos de hurto cometidos por el  grupo  delictivo,  tampoco  participó  ni en el hurto ni en el homicidio de los  mencionados consanguíneos.   

          A  manera  de conclusión el demandante advierte que aún admitiendo  que  contra  CARVAJAL  MONOGA  obran  los indicios de fuga y mala justificación de su presencia en el lugar de  los  hechos,  si  la  justicia  hubiera  tenido  en  cuenta  los  contraindicios  puntualizados  en  el  libelo,  al  menos  ha  debido  reconocerse que no había  certeza,  es  decir,  que  existía duda notoria sobre la participación de este  acusado  en  los  ilícitos  que  dieron  lugar  a la condena, la cual ha debido  resolverse  a  su  favor  absolviéndolo  de  los  cargos que contra  el se  formularon.   

          Agrega  que la justicia habría podido concluir que los dos indicios  que  se estructuraron en contra de su protegido sólo podían ser fruto del azar  o  la casualidad, que colocaron a esta persona en una situación comprometedora,  pese  a  su inocencia, por lo que se le debió eximir de responsabilidad como lo  exigía  la  situación probatoria descrita, dado que las contradicciones en que  pudo  incurrir respecto a su presencia en el sitio de los acontecimientos y a su  fuga  obedecían  a  que  casualmente  se  encontraba  en  el  plan  de ingresar  ilícitamente  a  una  residencia o establecimiento, el cual debió abandonar al  escuchar   los  disparos  que  pudieron  ocasionar  la  muerte  de  Espinosa  Alfaro,  y  que  pensó  estaban  dirigidos contra su humanidad, dado su empeño doloso.   

          El  demandante  concluye  su  intervención escrita solicitando a la  Corte  que  case  el  fallo   impugnado  y  en  su lugar profiera sentencia  absolutoria   a   favor   de  RUBÉN  DARÍO  CARVAJAL  MONOGA.   

          4º.-   Demanda   de   BAUDILIO   GAMBOA  RIVERA.   

          El  autor del referido libelo acusa la sentencia de segundo grado al  amparo  de  la  causal  primera de casación, consagrada en apartado segundo del  ordinal  1º  del  artículo  220  del estatuto procesal penal anterior, por ser  indirectamente  violatoria  de la ley sustancial, por haber incurrido en errores  trascendentales  en  la  apreciación  de  las pruebas, los cuales condujeron al  quebranto  de  los  artículos 324, numeral 2 y 26 del Código Penal derogado, y  2º,  247,  300,  302,  303,  364,  367,  368  y  445  del estatuto inicialmente  citado.   

          El   demandante   formula   un   solo  cargo  consistente  en  haber  desconocido  en  favor  del  procesado que apodera, el beneficio de la duda, por  causa  de  equivocaciones  originadas  en  errores  de  hecho y de derecho en la  valoración de las pruebas.   

          Parte  del supuesto de que dos hechos sirvieron al Tribunal Superior  para  dar  por  demostrada  la  coautoría  de BAUDILIO  GAMBOA   RIVERA   en  el  homicidio  de  Leonel  Espinosa  Alfaro y el hurto de sus  pertenencias    y    las    de    Humberto    Alfaro  Muñoz,  ambos  provenientes  de  la  declaración  el  último.   

          En    esa    declaración,    dice   el   impugnante,   Alfaro   Muñoz   informó  que  al  día  siguiente  de  los  hechos,  cuando se presentó en las dependencias de la SIJIN  averiguando  por  su pariente entre un grupo de personas que se encontraba allí  reconoció  al  conductor  del  taxi que había abordado la noche anterior en la  Avenida   Caracas   con   calle   22   sur,   identificado   como   BAUDILIO  GAMBOA RIVERA, sin que declarante  hubiera  podido  reconocer ninguno de los elementos incautados a ese procesado y  sus  compañeros,  motivo  por  el  cual  llamó  a  la  esposa  de Leonel,  señora  Esperanza  Villamil quien  sí reconoció el reloj que portaba el occiso la noche que murió.   

          Para   el   censor,  al  no  haberse  logrado  la  comparecencia  de  Humberto    y  Esperanza,  aquella primera declaración  quedó  como  única  prueba  de  cargo  y a ella los falladores de instancia le  asignaron  absoluta  veracidad  y  certeza  en  cuanto  a  la responsabilidad de  GAMBOA   RIVERA   y   sus  compañeros.   

          Después  de  comentar el contenido del artículo 368 del Código de  Procedimiento  Penal  anterior,  que indicaba cómo se realiza el reconocimiento  en  fila  de  personas,  el  libelista asegura que en la diligencia de esa misma  índole   practicada   respecto   de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  no  se  cumplieron las ritualidades que le dan  validez  y  legalidad  a  la  prueba,  a  pesar  de lo cual fue considerada como  válida      para      dar      por      demostrado      el      “reconocimiento“  de dicho encausado como  conductor   del   taxi  en  donde  ocurrió  el  atraco.  Con  ello,  segura  el  profesional,  se  violó  el  principio probatorio contenido en el artículo 246  ibídem.   

          Manifiesta   que  aunque  el  reconocimiento  en  fila  de  personas  complementa  la  prueba  testimonial,  no  puede  suplirse con el testimonio del  incriminante,   que   a   espaldas  del  implicado  lo  reconoce,  negándole  a  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  el  derecho  a  conocer el señalamiento de que era objeto y sin la asistencia de un  defensor.   

          El  profesional  de  la  defensa  admite el principio de la libertad  probatoria  para  demostrar la responsabilidad penal, consagrado en el artículo  253  del estatuto procesal penal, pero advierte que el mismo precepto excepciona  cuando  la  ley exige prueba especial, como ocurre con el reconocimiento en fila  de  personas, cuando se trata de determinar la participación de un individuo en  un  hecho  punible, siendo un imperativo para el funcionario instructor acudir a  ese  medio  probatorio, de manera que su omisión origina la invalidez de un “  reconocimiento“  producido  en  las  condiciones  expuestas,  lo  que  genera  un error de derecho por falso  juicio de legalidad.   

          Enseguida   el   defensor   se   refiere  al  indicio  derivado  del  reconocimiento  del  reloj  que portaba Leonel Espinosa  la  noche de su deceso, supuestamente efectuado por la  esposa   de   éste,   Esperanza  Villamil,  para  asegurar que no se efectuó por cuanto ella no se presentó  ante  funcionario  competente  para  el  efecto  y  que  a  él solo se refieren  Humberto  Alfaro  Muñoz y el  subteniente   de  la  Policía  Cesar  Humberto  Rojas  Kekán  en  cuanto avalan la presencia de Esperanza  en las dependencias de la SIJIN  y el señalamiento del reloj Citizen que portaba el occiso.   

          El  defensor  considera  que  esas pruebas resultan incompletas para  demostrar  el  hecho  indicador  del  cual  se  dedujo  la responsabilidad de su  representado,   pues   la   no   comparecencia   a   declarar   de  Esperanza  Villamil  pone  en evidencia la  falta  de  comprobación  de  la  propiedad  y  preexistencia del reloj, máxime  cuando     diez     días     después     de     los    hechos,    Esperanza  se  presentó  a  la  SIJIN  de  Cundinamarca  a  denunciar  el hurto del arma y de los elementos de dotación de  su ex compañero, sin aludir al reconocimiento del reloj.   

          En  opinión del casacionista, esa prueba arroja probabilidad mas no  certeza  sobre  el  hecho  indicador, no siendo posible inferir lógicamente que  uno  de  los  relojes  decomisados  a  BAUDILIO GAMBOA  RIVERA  y  a  sus  compañeros  era  el que llevaba el  occiso  la  noche  de  su  fallecimiento.  DE  ahí  concluye  que  en   la  configuración  del indicio se incurrió en un error de derecho por falso juicio  de legalidad.   

          Otro  punto  cuyo  estudio aborda en su tarea crítica el impugnante  es  el  relacionado  con  las circunstancias temporo espaciales en las cuales se  produjo    la    captura    de    BAUDILIO    GAMBOA  RIVERA  y  aquellas  en  que  se  causó  la muerte de  Leonel   Espinosa   Alfaro.   

          Al  efecto  destaca  que  la  aprehensión   se  produjo  en la  carrera  24  con  calle  63  a  las 1:30 de la mañana del 13 de agosto de 1994,  mientras  que la muerte de Espinosa Alfaro sucedió  a  las  tres de la mañana de ese día, en un sector de la  carrera   27  con  calle  30  sur.  De  ello  infiere  que  la  aprehensión  de  BAUDILIO   GAMBOA   RIVERA  antecedió  en  dos  horas  la  ejecución de la víctima, es decir, que para el  momento  en que se causaba la muerte violenta de Leonel  Espinosa  Alfaro, el procesado se encontraba privado de  la libertad en la estación de policía de San Fernando.   

          Entonces  el  defensor  acusa  a los falladores de no haberle dado a  ese  hecho  el  alcance  que  tiene  conforme  a  las  reglas  de la lógica, la  experiencia  y  el  sentido  común,  habiendo incurrido en un evidente error de  hecho por falso juicio de identidad.   

          Agrega     que     ante    la    imposibilidad    de    BAUDILIO y sus acompañantes de participar  en  el  homicidio  y en el hurto, la consideración razonable no podía ser otra  que  la  de  considerarlos  ajenos  a  tales ilicitudes; sin embargo el Tribunal  contrarió  esa  realidad  y los vinculó a título de coautores del homicidio y  hurto  agravados,  fundado  en  pruebas  irregularmente  recaudadas;  dio rienda  suelta  a  su  imaginación  y  supuso que el homicidio había sido cometido por  personas   diferentes   a   GAMBOA  RIVERA  y  sus compañeros, pero integrantes del mismo grupo delincuencial  que  se  había  dividido  el  trabajo  para  cometer varios delitos, sin que el  expediente  ofrezca  “datos atendibles para siquiera  suponer  que otras personas hubieses sido los autores materiales de la muerte de  Leonel  y que su deceso se produjo a corta distancia del ligar en que abordó el  taxi en compañía de su primo Humberto”.   

          A  manera de conclusión el libelista aduce que los errores de hecho  y  de  derecho  cometidos  en  la  apreciación  de las pruebas que sirvieron de  sustento   a   la   declaración   de   responsabilidad  penal  de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  por  los delitos  contra  la vida y el patrimonio económico, generan dudas que no permiten llegar  a  la  certeza  sobre  su  culpabilidad;  duda razonable que por ser insuperable  debió ser reconocida en su favor.   

          Después  de  señalar  que resultaron infringidas las disposiciones  de  los  artículos  247  y  445  del  Código  de  Procedimiento Penal y que se  quebrantaron  indirectamente  los artículos  324, numeral 2, 349 y 350 del  Código  Penal,  solicita  que  ante  la  duda  razonable e insuperable sobre la  responsabilidad  de  BAUDILIO GAMBOA RIVERA  en  las  delitos  agravados  de homicidio y hurto cometidos contra  Leonel    Espinosa    Alfaro   y   Humberto   Alfaro  Muñoz,  el  recurrente  solicita  a la Corte que case  parcialmente  la  sentencia  y  absuelva  a su patrocinado de los cargos por los  cuales se le condenó.   

INTERVENCIÓN  DE LOS NO  RECURRENTES   

          El  Procurador  Judicial  23  Delegado  en  lo  penal  descorrió el  traslado  de  las demandas a través de las cuales cuatro de los titulares de la  defensa  impugnan  por  la  vía  extraordinaria  el  fallo  confirmatorio de la  condena  irrogada  a  los  encausados  en  este proceso. Al analizar cada libelo  expresó su concepto en los siguientes términos.   

          Al  referirse  a  la  demanda  de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA,  destaca que la sentencia impugnada no  fundamenta  su decisión en el reconocimiento en fila de personas que no existe,  sino  en  el testimonio de Humberto Alfaro Muñoz , por lo que no se puede decir  que la prueba de cargo fue aducida ilegalmente.   

          Respecto   a   no   haberse  recibido  declaración  a  Esperanza  Villamil,  argumenta  que sobre  esa  circunstancia  no se puede alegar el error de derecho planteado, por cuanto  si  la  prueba  no se practicó, por sustracción de materia no se puede afirmar  la ilegalidad de su aducción.   

          Al  supuesto  yerro  de  lógica  propuesto  sobre  la  base  de que  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA fue  retenido  antes  de  que  se  le  diera muerte a Leonel  Espinosa  Alfaro,  opone  el  argumento  del  Tribunal  conforme  al  cual ese procesado y sus acompañantes no habían sido los autores  materiales  del  homicidio, pro se trataba de una organización delincuencial de  la  cual  participaban  los  capturados con otras personas. Así mismo encuentra  que  el  Tribunal  siguió  los  lineamientos  de  la  sana  crítica  al  darle  credibilidad al testigo excepcional.   

          Por  lo  que  atañe  con los falsos juicios de existencia que en la  demanda  de  RUBÉN DARÍO CARVAJAL MONOGA se  atribuyen  al  sentenciador  respecto  de  la  presencia  de los  contraindicios  conformados  por la ausencia de huellas de pólvora en las manos  del  implicado,  no  haber sido hallada en su poder arma alguna ni los elementos  hurtados  a  las  víctimas  y  la falta de compromiso penal en las infracciones  contra  la  propiedad,  el representante del Ministerio Público aduce que ni se  supuso   la   existencia   material   de   la   prueba,  ni  ésta  fue  omitida  “materialmente”, pues el  Tribunal  Superior  basó la responsabilidad penal del procesado en los indicios  de  presencia  en el lugar de los hechos y mala justificación, criterio al cual  el  libelista contrapone su propia valoración de cada una de las circunstancias  anunciadas.   

          Al   abordar   el   cargo   que   en   la  demanda  de  LIBARDO   ERNESTO   CORONADO   FLÓREZ  se  formula  contra  el  fallo  de segundo grado por la causal tercera de casación,  basada  en  la supuesta violación al derecho de defensa,  el representante  de  la  sociedad  admite  que  hubo desidia en el ejercicio de la defensa, no se  interpusieron  recursos ni se pidieron pruebas y se desconoció la existencia de  tres  causas  acumuladas,  a  pesar  de  lo  cual concluyó que el recurrente no  había logrado demostrar la incidencia de la irregularidad.   

          Al  examinar  la  demanda  de  JUAN MANUEL  ROMERO  OCAMPO,  el  agente del Ministerio Público no  encuentra   fundamento  al  reproche  por  la  supuesta  tergiversación  de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de personas efectuado por José  Fernando  Ramírez  Cuéllar durante  la  cual  ROMERO OCAMPO no fue  reconocido,  por  cuanto  el  Tribunal  Superior no dedujo la responsabilidad de  este implicado de esa prueba, de manera que no la tergiversó.   

          En  cuanto  a la inexistencia del reconocimiento en fila de personas  cumplido  por el testigo Wilson Daza Gómez  por  la supuesta ilegalidad cometida en razón de que el procesado  no  fue asistido por un profesional del derecho sino por un ciudadano común, el  Procurador  Judicial  en lo Penal estima que no se presentó por cuanto el error  pregonado  opera  respecto  de  pruebas ilegalmente aducidas, lo que no ocurrió  con  el  referido  elemento  de juicio; y, por otro lado, no es la única prueba  sobre  la  cual  el  Tribunal  Superior  sustentó  la  responsabilidad penal de  ROMERO OCAMPO.   

          Opina  el funcionario no recurrente que la censura de ilegalidad que  se  formula  al  reconocimiento  en  fila de personas efectuado por Orlando  Castañeda  Peñaranda,  basada en  que  éste  no  fue  interrogado,  es  una  crítica  al  incumplimiento  de las  ritualidades   establecidas   en   el  artículo  378  de  anterior  Código  de  Procedimiento Penal pero no a la aducción de la prueba.   

          Aludiendo  al  falso  juicio  de legalidad sustentado en el hecho de  que   Nohora   Esperanza  Villamil  Sorza   no  declaró  ante  las  autoridades  sobre  la  preexistencia  y  propiedad  del  reloj, el representante del Ministerio Público considera que no  se  atinó  en  la  formulación  del  cargo dado que la prueba no se practicó,  luego mal puede decirse que fue ilegalmente aducida al proceso.   

          El  mismo  sujeto  procesal  expresa  que  no analiza las objeciones  formuladas   por   el   demandante   respecto  del  testimonio  de  Humberto   Alfaro  Muñoz  por  cuanto  no  aparecen  puntualizados  los  errores supuestamente cometidos; y  lo que se  plantea  como  un  falso  juicio  de  identidad  se  sustenta  en  apreciaciones  valorativas del censor al estilo de un alegato de instancia.   

          Por  todo  lo  anterior  el  procurador  23  Judicial II en lo Penal  solicita  que no se case el fallo recurrido.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

          La  Procuradora  4ª  Delegada  en  lo  Penal,  después de analizar  detalladamente  las cuatro demandas, conceptúa que no hay mérito para casar la  sentencia   impugnada.   Los   argumentos   que   soportan  la  opinión  de  la  representante  del  Ministerio  Público  son, en términos generales, los que a  continuación de esbozan.   

          1º.-   Demanda  de  JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          La  funcionaria  comienza  por  señalar los errores técnicos en la  propuesta  de  este  defensor.  Luego,  comenta  que la fundamentación para los  cargos  dirigidos  contra el fallo reflejan el marcado interés de anteponer una  particular  visión  de  los  elementos  de  convicción,  en contra de su   percepción   objetiva,  además  de  conceder  un  alcance  distinto a las  normas que los regulan.   

          Sobre   los   reconocimientos   en  fila  de  personas  la  Delegada  manifiesta   que  del  hecho  de  que  José  Fernando  Ramírez  Cuéllar  sólo  hubiera  reconocido a   GAMBOA   RIVERA   y  no  a  ROMERO  OCAMPO no es posible  afirmar  que  el  sentenciador  se  equivocó  al  deducir  que  entre ellos dos  existía  una  relación  previa,  porque  esa  conclusión  la  obtuvo de otros  elementos   de   prueba.   Además,   destaca  que  el  testigo  compareció  al  reconocimiento    para    identificar    a    GAMBOA  RIVERA,  quien  aparecía  en  la  fotografía  de  un  diario,  por  haber participado en hechos delictivos ocurridos el 30 de julio de  1994, no los de 12 y 13 de agosto.   

          La  Procuradora descarta la ilegalidad que el demandante atribuye al  reconocimiento    en    fila    de    personas    efectuado   por   Wilson   Daza  Gómez  basado  en  que  el  procesado  fue asistido por una persona común y corriente, por estar demostrado  que  se  trató  de  un  estudiante de 5º de Derecho, cuya participación en el  proceso  estaba  autorizada por el artículo 30 del decreto 196 de 1971 y por el  artículo    148    del   Código   de   Procedimiento   Penal,   por   entonces  vigente.   

          Las  objeciones  a  la  legalidad  del  reconocimiento  en  fila  de  personas  cumplido por el testigo Ruby Orlando Castañeda Peñaranda respecto de  los   procesados  LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ,  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  y  Albeiro  Muñoz Ospina las  encuentra  intrascendentes dado que en esa diligencia no participó el procesado  demandante, JUAN MANUEL ROMERO OCAMPO.   

          Al  referirse  a la censura basada en la falta de la declaración de  Nohora  Esperanza  Villamil  sobre  el  reconocimiento  del reloj del occiso, la funcionaria considera que el  libelista  incurrió  en  confusión  en cuanto a la necesidad de contar con ese  reconocimiento  realizado  bajo  las formalidades del anterior artículo 364 del  Código  de  Procedimiento  Penal  con la valoración de los dos testimonios que  refirieren  las  manifestaciones  de  aquella,  por  lo  que  concluye que si la  inconformidad  era  con la apreciación de esos testimonios ha debido plantearse  como  un  falso  juicio  de  identidad, o como un falso juicio de existencia por  suposición  por  predicarse  la  presencia  de  un  reconocimiento  que  jamás  existió.   

          En  cuanto  a  las  réplicas  que  la  defensa  dirigió  contra la  declaración  de  Humberto  Alfaro Muñoz,  encuentra  que  están basadas en una apreciación personal por lo  que  las  glosas  resultaron infundadas. Así el cuestionamiento por la falta de  demostración  de  la circunstancia temporal quedó reducido a que el declarante  sí   aproximó   aunque   no   especificó   la  hora  en  que  ocurrieron  los  hechos.   

          Aludiendo   a   la   objeción   relacionada  con  la  capacidad  de  percepción  del  testigo,  la  funcionaria  la aprecia sustentada en argumentos  meramente   especulativos,   partiendo   de   la   necropsia   de   Leonel   Espinosa   y   del   presupuesto  equivocado    de   que   ambos   habían   ingerido   la   misma   cantidad   de  licor.   

          Los  comentarios atinentes a que el testigo no formuló denuncia por  la   desaparición  de  su  primo,  que  el  Tribunal  aseguró  que  sobre  ese  acontecimiento   nada   se  había  averiguado;  que  se  había  ido  a  dormir  tranquilamente  a  pesar  del peligro de muerte que pesaba sobre su familiar; la  excesiva  cantidad de personas que habían ingresado a la parte trasera del taxi  referida  por  Alfaro Muñoz,  la  manifestación  de  que  podía identificar el arma con que fue amenazado no  obstante  haberla  tenido a la vista sólo dos segundos y que resultaba ilógico  deambular  con  un  retenido  por cuatro horas para finalmente darle muerte, los  considera   la   representante   de   la  sociedad  como  glosas  deshilvanadas,  infundadas,  otras  ajenas  a  la  realidad  procesal, expuestas al estilo de un  alegato  de  instancia,  es  decir  con  la  visión particular que sobre el haz  probatorio tuvo el actor.   

          Sostiene  la  Procuradora  Delegada que el falso juicio de identidad  por    distorsión   predicado   respecto   del   testimonio   de   Nohora  Esperanza  Villamil  Sorza  no  se  estructuró  por  cuanto  las afirmaciones que se le endilgan al sentenciador se  alejan  de la realidad procesal, por cuanto no es verdad que el Tribunal hubiera  afirmado  que  la mencionada señora estuvo en la SIJIN, que reconoció el reloj  y que sabía quién era un o de los autores.   

          La  funcionaria  concluye que también carece de fundamento el cargo  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  que el demandante predica con  relación  a  los  informes  que  refieren la ausencia de denuncia formulada por  Humberto  Alfaro, por cuanto  el  Tribunal sí se refirió al asunto, para lo cual trae la cita pertinente del  folio  20 de la sentencia impugnada. Así mismo, quien rinde el concepto destaca  que  el  comentado  reproche carece de trascendencia frente al fallo, por cuanto  está basado en otros elementos de convicción.   

          Dado   que   la  representante  del  Ministerio  Público  encontró  deficiencias  técnicas  y  falta  de  fundamento  en  las  censuras planteadas,  concluyó  que  debía  desatender la petición de casar la sentencia de condena  dictada   contra   el  procesado  JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          2º.-  Demanda de LIBARDO EDUARDO CORONADO  FLÓREZ.   

          Con  respecto  a  la  causal  tercera  de casación planteada por el  defensor  del  implicado  que  se  acaba  de mencionar,  la  Procuradora  Delegada  en  primer lugar critica el  postulado   según  el  cual  la  nulidad  alegada  respecto  de  la  denominada  “causa   madre”  puede  afectar  las  otras  en  las  que  el procesado aparece vinculado, por cuanto se  trata  de  asuntos  que parten de supuestos fácticos diversos, investigados por  separado   y  luego  acumulados  en  la  causa,  apoyados  en  pruebas  también  diferentes,  pues  de  existir  una  causal  de  invalidez solo afectaría en la  actuación en la cual se produjo.   

          En  segundo  lugar,  observa  que  el  demandante  no  demostró  la  trascendencia  de  la inactividad de los profesionales que le antecedieron en el  encargo,  pues  no logró poner de manifiesto cómo la presunta inactividad y la  estrategia   defensiva   criticada   afectaron  de  manera  grave  la  garantía  reclamada,  cuál fue el perjuicio ocasionado con cada una de las omisiones o de  las desatinadas actuaciones de los apoderados.   

          Al  analizar  cada  glosa  propuesta por el censor, la representante  del  Ministerio  Público concluye que ninguna de ellas tendría la entidad para  urgir  la  reconstrucción  de  la  actuación,  por ello solicita a la Sala que  desestime este cargo.   

          3º.-    Demanda  de  RUBÉN  DARÍO  CARVAJAL MONOGA.   

          A  las  falencias  de  orden  técnico que formula a la propuesta de  este  defensor,  la  representante  de  la  sociedad  no  encuentra fundadas las  censuras  dirigidas  contra  el  fallador bajo la hipótesis de la incursión en  errores  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión relacionadas con  las  circunstancias  citadas  por  el  demandante  y  que  en  criterio de éste  constituyen contraindicios que favorecen a su representado.   

          Así  en  lo  que  atañe  con  la ausencia de pólvora en manos del  procesado,  la  funcionaria  que  colabora  con  la  Sala  advierte  que  es una  incidencia  que  sí fue valorada en la sentencia que se impugna, como consta en  la cita del folio 26 de ese pronunciamiento.   

          Sobre  la  no tenencia de arma alguna al momento de ser aprehendido,  aduce  la  Procuradora que es una situación a la cual se alude en la página 20  de  la  sentencia  de  primera  instancia, luego dada la unidad inescindible del  fallo es una censura que se encuentra desvirtuada.   

          El    hecho    de    que    tampoco   en   poder   de   CARVAJAL  MONOGA  se  hubieran  encontrado  elementos  hurtados,  estima  la  agente  del  Ministerio Público es uno de los  temas  que  ocupó  la  atención  de  los  juzgadores  al deducir la coautoría  impropia,  cuya  configuración implicaba precisamente la división de tareas de  manera  que  algunos  integrantes de la banda ejecutaron los actos que atentaban  contra  la  propiedad  y  otros  los  que significaron la muerte de Espinosa Alfaro.   

          Es  opinión  de  quien  representa los intereses de la colectividad  que  el  sentenciador  sí  tomó  en  consideración  la  no  participación de  RUBÉN DARÍO CARVAJAL en los  restantes   ilícitos  contra  la  propiedad  imputados  a  sus  compañeros  de  sindicación,   como   lo  encuentra  reflejado  en  la  dosificación  punitiva  efectuada  en  primera  instancia que refiere la sanción a él aplicada por los  delitos  de  homicidio  agravado  y  hurto  calificado con los cuales resultaron  afectados  Leonel  Espinosa  Alfaro  y Humberto Alfaro  Muñoz.  Por  ello  concluye  que  la  glosa  no tiene  vocación de éxito.   

          Para  la  Procuradora  Delegada  que  intervino en este trámite las  deficiencias  técnicas y la carencia de fundamentación apropiada solo conducen  a   aducir   que  esta  demanda  no  debe  conducir  al  rompimiento  del  fallo  impugnado.   

          4º.-   Demanda   de   BAUDILIO   GAMBOA  RIVERA.-   

          Con  relación  al  primero  de  los  temas  que  el  defensor aquí  impugnante  propone  para  derrumbar  el  fallo  condenatorio  dictado contra su  protegido,  consistente  en  pregonar  la incursión, por el sentenciador, en un  error  de  derecho  por  la  ilegalidad  del  reconocimiento que de GAMBOA   RIVERA   efectuó   Humberto  Alfaro  Muñoz,  la  Procuradora  Delegada  conceptúa  que  el libelista confundió el tal reconocimiento en fila  de  personas  que  nunca  existió con la observación que hiciera el segundo de  ellos  del  sujeto  que  la  noche  anterior estaba conduciendo el vehículo que  abordó en compañía de su primo y en donde fueron atracados.   

          Encuentra   contradictorio   que  el  mismo  censor  se  refiera  al  principio   de  libertad probatoria y que si, conforme al artículo 367 del  anterior     Código     de    Procedimiento    Penal    estima    “necesario”  el  reconocimiento, no hubiera  asumido la demostración de esa necesariedad.   

          En  punto  del  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad  atribuido  al fallador con respecto a la ilegalidad del reconocimiento del reloj  del  occiso,  la  Delegada  advierte  que  no concurrieron los supuestos para su  formulación;  que  existiera  el  elemento  de juicio para cuestionarlo; que se  identificaran  las  irregularidades  en  la  aducción  de  la  prueba  y que se  explicara  de  qué  manera  se  transgredieron  las  normas  que  gobiernan  su  producción,  requisitos  que  no se cumplieron porque el reconocimiento, en los  términos de la demanda, nunca existió.   

          Por  lo  que  atañe  con  el  error  de  hecho  por falso juicio de  identidad,  apoyado  en  que  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  no   pudo   haber   participado   del   homicidio  de  Espinosa  Alfaro por cuanto a  la   hora   del   deceso   ya   estaba   retenido,   destaca  la  agente  de  la  Procuraduría   que  no  recae  sobre  un elemento de prueba, sino sobre un  argumento  que  no  emitió  el sentenciador, dado que jamás le endilgó a este  procesado la autoría material del homicidio.   

          Advirtiendo  que  la demanda examinada adolece de fallas técnicas y  que  los  cargos  carecen  de un desarrollo correcto y apropiado, la Procuradora  concluye  solicitando  a  la  sala que desestime las censuras que perseguían la  absolución de BAUDILIO GAMBOA RIVERA.   

CONSIDERACIONES   

          El   análisis  de  las  demandas  sintetizadas  en  precedencia  se  efectuará  en  forma  conjunta  y  no  individual teniendo en cuenta que existe  coincidencia  en  la  mayoría  de  los cargos formulados contra la sentencia de  segundo  grado  que  es  objeto de este recurso. Además se iniciará el estudio  con   la   formulada   a  nombre  de  LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  por  cuanto se sustenta en la causal tercera  de  casación,   a  la  cual se le da prelación, dado que, en el evento de  prosperar, podría enervar las censuras restantes.   

          1º.- Causal tercera. Violación al derecho de defensa.   

          Demanda   de   LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ.   

          El  apoderado de dicho sentenciado formula un único cargo contra la  sentencia  de  segundo  grado  confirmatoria  de  la de condena, al amparo de la  causal  tercera de casación, por haberse dictado sentencia en un juicio viciado  de nulidad, por violación al derecho de defensa.   

          En  esta sede, la demostración de una causal de nulidad, cualquiera  que  sea  su  origen,  sigue  el  rigor  propio  del  recurso,  en  lo  que a la  comprobación   de   respectivo  cargo  se  refiere;  en  tal  sentido  se  debe  puntualizar   el   hecho,  la  actuación  o  circunstancia  que  constituye  la  vulneración,  demostrar  la  forma  como  la  garantía  constitucional resulta  conculcada   y   establecer   la   trascendencia   que  el  vicio  tiene  en  el  fallo.   

          Para  comprobar  ante  el Tribunal de casación que en un proceso se  ha  conculcado  el  derecho  de defensa, no basta denunciar la inactividad de la  defensa  técnica.  Mas  allá  de  enunciados  generales e hipotéticos aparece  necesario  señalar  cuáles  eran  las  pruebas  susceptibles  de  practicarse;  concretar  lo que pudo haberse logrado en pro de los intereses del reo; expresar  cuáles  y  en  qué sentido podían formularse impugnaciones; revelar bajo qué  estrategia  defensiva era posible lograr un pronunciamiento menos severo para el  sub judice.   

          Ahora  bien,  las  críticas  en  abstracto  que  un abogado formula  respecto  de  la  actuación  de  otro  o  la  presentación  de  una estrategia  profesional  diferente a la desarrollada por un colega en el decurso del proceso  son  argumentos  insuficientes  e  inadecuados para probar la restricción de la  garantía fundamental.   

          En    el    presente    asunto    el   apoderado   de   LIBARDO  ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ enmarca  el  vicio  alegado  dentro del trámite de la causa que denomina “madre “ o sea aquella que se originó en  la  denuncia formulada por Luis Felipe Coello y Víctor  Manuel  García  y que produjo la captura de aquél en  compañía  de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA,  JUAN MANUEL  ROMERO  OCAMPO  y Albeiro Muñoz Ospina, instantes  después  de  realizada  la conducta contra el patrimonio económico. Actuación  en  la que puntualiza las siguientes irregularidades que supuestamente vician el  procedimiento porque representan la ausencia de defensa técnica.   

          a).-  La medida de aseguramiento proferida contra  LIBARDO   ERNESTO  CORONADO  FLÓREZ  como  presunto   responsable  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado  no  fue  recurrida.   

          A  ese  respecto conviene recordar que la eficacia o buen desempeño  de  una  defensa  técnica  no  se  puede medir por el volumen de recursos a que  acuda  el  respectivo apoderado. El ejercicio profesional impone lealtad con los  intereses   que  se  representan  pero  igualmente  con  la  administración  de  justicia,  de  manera  que  las  vías  legales  se deben utilizar conforme a su  finalidad  y  no  por  el  prurito  de  multiplicar  las  intervenciones  de  la  defensa.   

          Cuando  un  investigador  somete  a  un  sindicado  a  una medida de  aseguramiento,  no  es  un  imperativo  que  la  determinación  restrictiva sea  recurrida  por  el mandatario judicial del afectado, pues si ella cumple con las  exigencias  probatorias  que  impone  la  ley  para  dictarla, carece de sentido  congestionar  los  despachos  judiciales con impugnaciones de decisiones que son  la  consecuencia  prevista  del desarrollo de un proceso penal. Otra cosa es que  la  resolución  carezca  del sustento que exige la normatividad, porque en caso  tal adquiere plena validez la utilización de un recurso.   

          De  frente  a  esos presupuestos, la demostración de la ausencia de  defensa  técnica  apoyada  en que no se impugnó la medida de aseguramiento que  afecta  la  libertad del procesado exige al demandante en casación demostrar la  necesidad  de  acudir al recurso y el detrimento sufrido por el sujeto pasivo de  ella.   

          En  el  asunto  que convoca la atención de la Sala, el libelista se  limitó  a  denunciar la ausencia de impugnación sin adentrarse en el análisis  de  la  necesidad  de proceder en tal sentido, vale decir, explicar cuáles eran  las  deficiencias  que  exhibía  la  medida  restrictiva  de  la libertad y que  justificaban  intentar  su modificación ante el mismo funcionario que la había  dictado  o  ante el superior funcional de éste. Ello significa que esa omisión  no    puede    calificarse    como   deficiencia   en   el   ejercicio   de   la  defensa.   

          b)  .-  Ningún  apoderado  ejerció  la  contradicción  de todo el  personal  que  participó  en  el  operativo  que  culminó  con  la  captura de  CORONADO FLÓREZ.   

          Un  enunciado  de  esta  naturaleza  exige  puntualizar los aspectos  sobre  los  cuales  habrían  de  ser  contrainterrogados  los  testigos  y  las  contradicciones  que  se  observan  en  sus  dichos. Tema que el casacionista no  desarrolló   por   cuanto  simplemente  protestó  porque  no  se  ejerció  la  contradicción  testimonial,  sin  indicar la importancia que para la situación  del procesado representaba volver a escuchar a los declarantes.   

          Así,  tampoco aparece que la falta de contradicción de los agentes  captores  haya  traducido un vulneración en cuanto a la defensa de LIBARDO         ERNESTO         CORONADO         FLÓREZ.   

          c)  .-  El  defensor  de  turno  no  objetó  los  temas  que contra  CORONADO    FLÓREZ    se  expusieron  en  la  resolución  del  19  de  diciembre  de 1994, esto es,   aquella  por  cuyo  medio se ordenó la devolución al denunciante de algunos de  los elementos que le habían sido hurtados.   

          La  manifestación  anterior  no  pasa  de ser una inconformidad del  recurrente,  quien  olvidó  que en esta sede tiene la carga procesal de aportar  todos  los  extremos  lógicos  y  probatorios que conduzcan a establecer lo que  pregona,  siendo  inadmisible  remitirse  a  contenidos  probatorios   o de  decisiones  judiciales  como  fundamento  de  la pretensión enarbolada. Es así  como  esa  afirmación  no  da cuenta de los temas a que se refiere el proveído  citado,  ni  en  qué  sentido pudieron afectar la situación jurídico procesal  del  implicado,  ni  cuál  fue  la  actitud omitida que se esperaba asumiera el  titular   de   la  defensa.  Por  consiguiente,  tampoco  por  este  aspecto  la  inactividad  denunciada da fundamento para predicar vulneración de la garantía  constitucional de la defensa.   

         d)  .-  El  apoderado   no recurrió la decisión que cerró la  investigación  a pesar de que no estaba completa y que se tenía la posibilidad  de  pedir  pruebas  tales  como  contrainterrogar a los denunciantes y a quienes  participaron en el operativo.   

          A  este  postulado  se  debe  responder en la forma ya consignada en  precedencia  respecto  de  omisiones  de  la misma índole,  esto es por no  haber  recurrido  una  decisión  y  no  haber solicitado la ampliación de unos  testimonios  para  ejercer  el  derecho  de  contradicción, reiterando que para  demostrar   que   la  falta  de  impugnación  de  una  providencia  constituyó  vulneración  al derecho de defensa, es imperativo argumentar fundadamente cómo  la  inactividad  denunciada en esos términos produjo perjuicios concretos en la  situación procesal vivida por el procesado.   

          En  la  circunstancia  que  se  comenta,  el  actor  no explicó los  motivos  por  los  cuales  se  debía  impugnar  el  cierre de la investigación  indicando  si  era  que  no  se  daban  aún  los  supuestos que el ordenamiento  procesal  penal  exige para concluir el sumario; tampoco adujo en qué sentido o  por  qué  razón  debían  ampliarse  los  testimonios. Argumentos que aparecen  infundados  habida  cuenta  de la posibilidad que subsistía de complementar los  aspectos probatorios en la causa,  si se llegaba a esa etapa.   

          Así  las cosas, tampoco encuentra la Sala que la omisión planteada  en  este punto hubiera significado un atentado contra la defensa de LIBARDO    ERNESTO    CORONADO   FLÓREZ.   

          e).-  El  libelista  califica de absurda, irresponsable e inconsulta  la   actuación   del   apoderado   Francisco  Cuesta  Hoyos en virtud de la cual hizo consignar las sumas de  $400.000  y  $310.000  para  reparar  el  daño a las víctimas, persiguiendo la  libertad  de  su  protegido,  no sólo porque a LIBARDO  CORONADO  se  le  seguían otros dos procesos, uno por  homicidio  y  hurto  y  otro  por  hurto,  sino  porque  el sentenciado nunca ha  aceptado responsabilidad.   

          El  hecho  de  que  el actual defensor no participe de la estrategia  defensiva  asumida  por  un  antecesor suyo no es argumento para concluir que el  primer  profesional desatendió sus deberes profesionales. Considerar estrategia  equivocada  o  improcedente  la  intervención  del  apoderado  por orientarla a  conseguir  la  libertad  provisional  de  su  procurado  por  el  mecanismo  del  reintegro  o  la  indemnización  integral,  no  es  argumento con eficacia para  censurar  ese  proceder, puesto que el resultado negativo  de una solicitud  o  un  planteamiento  de quien defiende a un procesado no es índice de ausencia  de  defensa,  lo  que  es  de  resaltar  es  el  interés  en acudir a todos los  mecanismos  que brinda el procedimiento para lograr cualquiera de los beneficios  que  el  mismo  consagra, independientemente de que produzcan el efecto deseado.   

          Por  ende,  la  petición  de libertad provisional para el procesado  basada   en   el  reintegro  o  la  indemnización  de  perjuicios,  así  fuera  improcedente, no aparece como una violación al derecho de defensa.   

          f)  .- El representante judicial del implicado no presentó alegatos  de  conclusión  previos a la providencia calificatoria dictada el 14 de febrero  de 1995 por el Fiscal 165 y tampoco recurrió la acusación.   

          En  este  punto  es  de  reiterar la tesis ya expuesta conforme a la  cual  la  simple  omisión  de  una  determinada actividad o intervención no es  suficiente  para  concluir  que  se  ha  conculcado  el derecho de defensa de un  procesado.  Cuando  el  casacionista  intenta  demostrar  una  causal de nulidad  basada  en  una inactividad de esa índole, no le basta denunciarla; es su deber  dar  una  explicación exacta y completa sobre cómo debió ser el contenido del  escrito  frente  a las concretas posibilidades que arrojaba el proceso y en qué  sentido  se  habría  solicitado  al  fiscal  que calificara el sumario. Y en lo  referente   a  la  resolución  de  acusación,  también  debía  señalar  los  desaciertos del instructor que ameritaban la impugnación.   

          Ninguno  de  tales argumentos trae la demanda de casación, luego no  hay  elementos  de juicio para deducir en qué forma y con qué alcance la falta  de  alegatos  precalificatorios  y  la  no  impugnación  de  la  resolución de  acusación    significaron   lesión   para   el  derecho  de  defensa  del  sentenciado  CORONADO FLÓREZ.   

          g)  .-  Para  el  recurrente  se configuró una absoluta carencia de  defensa  respecto  de  los hechos ocurridos en la carrera 24 con calle 63 puesto  que   la  defensora  de  CORONADO  FLÓREZ  además  de  contrariar la posición de éste quien nunca admitió  su  participación en tales hechos, acepta la condena que por ellos se llegare a  imponer;  lo  que se evidencia aún más por cuanto la sentencia condenatoria no  fue recurrida en ese punto.   

          Observa  la  Sala  que conforme al expresado criterio del demandante  la  defensa  únicamente se podría ejercer con estricto apego a la versión del  poderdante  y  aún  en  contra  de  la  verdad  que  pueda  arrojar  el  acervo  probatorio,  lo  que  no consulta los parámetros del ejercicio profesional y ni  siquiera  la  lealtad  con  el  propio mandante, a quien de nada le sirve que su  representante niegue las circunstancias que aparecen demostradas.   

          Olvida  el  censor  que  si la Constitución no sólo garantiza sino  que  impone  la  defensa  técnica en el curso de todo el proceso, es porque los  conocimientos  jurídicos son necesarios y útiles para aplicarlos en el proceso  de  deducción  de  responsabilidad  contra  un ciudadano, con el fin aprovechar  cualquier  circunstancia  probatoria o sustantiva que minimice las consecuencias  de su conducta, así él mismo no admita su condición de autor.   

          En  el  presente  asunto se advierte que la defensora que asistió a  LIBARDO    ERNESTO    CORONADO   FLÓREZ  en  la  diligencia  de audiencia pública, tomó en consideración  que   su   patrocinado  había  sido  capturado  en  situación  de  flagrancia,  circunstancia  de  la  cual  no podía hacer caso omiso o negarla; de manera que  admitir  que de ella podía deducirse responsabilidad penal contra el procesado,  cuando  esa posición se deriva de lo probado en la investigación, no configura  ningún  atentado  contra  el  derecho a la defensa; menos aún cuando lo que la  profesional   intentaba   era   que   al   implicado   se  le  excluyera  e  los  acontecimientos    que    culminaron    con   el   homicidio   de   Leonel Espinosa Alfaro.   

          Entonces,  tampoco  por  este  aspecto  hay  lugar  para  deducir la  transgresión a la garantía fundamental de la defensa.   

          h)  .-  Para  complementar sus acusaciones, el impugnante agrega una  serie  de  argumentos  que  debieron  aducirse  en  busca  de  la absolución de  LIBARDO    ERNESTO    CORONADO   FLÓREZ,  conforme  a  los  cuales varios de los testigos le mintieron a la  justicia   sobre   algunos   hechos   o   circunstancias;   así,   Luis   Felipe   Coello   y   Víctor  Manuel  García  sobre la cantidad  de  licor  que  habían  consumido  la  noche  de  los  hechos; los denunciantes  Coello  y García respecto al  relevo  de  conductor;  los  policías  que  participaron  en  el  operativo que  culminó   con   la   captura   de   LIBARDO  CORONADO  en  lo  atinente  con  los  relojes  encontrados a los  sindicados.   

          Fácil  resulta  advertir  que  tales postulados son deducciones que  el   recurrente  obtiene  al elaborar su propio análisis probatorio, y que  no  sirven  al propósito de comprobar que el derecho de defensa fue conculcado,  por  cuanto,  en  esencia se trata de la divergencia en cuanto a la apreciación  probatoria,  la  cual  no es discutible por la causal tercera de casación, sino  por  la  primera,   indicando  el tipo de yerro cometido, sobre la base del  tratamiento  que  el  sentenciador  le  dio   a la prueba censurada  y  señalando    cuál   es   la   forma  correcta  de  apreciarla  según  la  transgresión que con ella se hubiere cometido.   

          Igual  predicamento  le  cabe  al  argumento  según  el  cual no se  cuestionó  por el paradero de los elementos que los denunciantes aseguraron les  fueron  hurtados  pero  no hallados en poder de los implicados, capturados a los  pocos  minutos  de  ocurrido  el  atraco, como que se trata de una inconformidad  surgida   de   la   manera   como   fueron   apreciados   algunos  elementos  de  juicio.   

          En  los  términos expuestos, fuerza es concluir que la vulneración  al  derecho  de  defensa  de  LIBARDO ERNESTO CORONADO  FLÓREZ no se demostró, luego no hay lugar a casar el  fallo  impugnado  con  fundamento  en  la  demanda  presentada a nombre de dicho  sentenciado.   

          2.-    CAUSAL    PRIMERA.    Violación    indirecta   de   la   ley  sustancial.   

          1.-   Demanda   de   JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          El  apoderado de este sentenciado acusa el fallo de segundo grado de  ser  violatorio  de  la ley sustancial en virtud de errores de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  errores  de  hecho  por falso juicio de identidad en las  modalidades  de tergiversación y yerros de lógica y falso juicio de existencia  por  omisión,  respecto de los elementos de juicio que se relacionan a renglón  seguido.   

          a).-    Reconocimiento   de   José  Fernando Ramírez Cuéllar.-   

          Afirma    el    impugnante   que  los  falladores distorsionaron totalmente el contenido material  de  esta  prueba,  por cuanto el testigo manifestó que reconocía únicamente a  GAMBOA   RIVERA   y  no  a  ROMERO  OCAMPO; circunstancia  que  elimina  el hecho indicador, de manera que no se podía inferir que los dos  implicados  se  conocían  con  anterioridad  como  erradamente lo dedujeron los  juzgadores,  que  pecaron  en  la construcción del indicio, haciendo tabla rasa  del art 302 del Código de Procedimiento Penal anterior.   

          El   método   de  demostración  de  un  cargo  en  casación,  por  violación  indirecta  de  la  ley,  vale  decir,  por  errores  de apreciación  probatoria  obliga  a individualizar el elemento de convicción objeto del yerro  judicial,  a  especificar  en  qué consiste el error, cuál es la naturaleza de  éste,  cómo   debe  efectuarse  la  apreciación  correcta  indicando las  disposiciones  que se deben seguir al respecto y finalmente la trascendencia que  la   apreciación   subsanada   produce   en   la   el   acto  de  jurisdicción  censurado.   

          En  el  cargo que se estudia, el demandante atribuye al sentenciador  un  yerro que supuestamente consistió en que a partir  del  reconocimiento  en fila de personas efectuado por  el      testigo     José     Fernando     Ramírez  Cuéllar  dedujo que BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA y JUAN MANUEL ROMERO OCAMPO se conocían  con  anterioridad;  conclusión que en sentir del impugnante no podía obtenerse  dado    que   el   testigo   sólo   reconoció   al   primero,   pero   no   al  segundo.   

          Tal  postulado  aparece  totalmente  ajeno  a  lo  afirmado  por los  sentenciadores  en  el  fallo  atacado  y a la referencia que efectúa el propio  demandante  en  la  cual  no se encuentra la conclusión que éste les atribuye,  porque   si   bien   se   habla   de  la  “relación  permanente  “  de  BAUDILIO  GAMBOA  RIVERA  con  los  compañeros  de  captura, en  ninguna  parte se afirmó que el testigo José Fernando  Ramírez  Cuéllar  hubiera  reconocido a ROMERO  OCAMPO  y que esa circunstancia se  hubiera tomado como hecho indicador.   

          En  esas  condiciones,   la  crítica  resulta  sofística  por  cuanto  la tergiversación de la prueba citada no existió. Luego el reproche es  infundado.   

          b).-   Reconocimiento   de   Wilson  Daza  Gómez.   

          Al  decir  del casacionista, esta diligencia es inexistente conforme  a  los  artículos  161  y  250  del  Código  de Procedimiento Penal y 29 de la  Constitución   Nacional  porque  JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO  no  fue asistido por su defensor de confianza,  sino  por  un  ciudadano  común  y  corriente designado al efecto, lo que no es  permitido  en una ciudad como Bogotá en donde existen tantos abogados titulados  y    la   Defensoría   Pública.   Por   ello,   estima   que   “esta  prueba”  es  violatoria  de la ley  sustancial  por  vía  indirecta, motivada por error de derecho por falso juicio  de  legalidad,  por cuanto no se tuvieron en cuenta las exigencias mínimas para  su aducción.   

          El  acta de la diligencia reza que fue realizada por un fiscal local  el  22  de  agosto  de  1994 y que el designado para asistir al implicado era un  estudiante  de  5º  año  de  Derecho  de  la  Universidad  Libre.  (Fl. 78 cd,  2).   

          Para  la  fecha  indicada, el artículo 368 del Decreto 2700 de 1991  reglaba  las  ritualidades  del  reconocimiento en fila de personas, disponiendo  entre otras cosas:   

         “…  a tal acto asistirá el defensor del sindicado quien podrá  dejar  constancia  de  lo  ocurrido en la diligencia. Si aquél no se hallare en  ese  momento o no concurriere oportunamente, se nombrará un apoderado de oficio  para el reconocimiento”.   

          Así  mismo,  bajo esa legislación y al tenor de lo que establecía  el  inciso  2°  del  artículo 148 ibídem  se  permitía  a  los  estudiantes  de  derecho  intervenir en las  actuaciones  procesales, sin los condicionamientos a que se refiere el libelista  como  que  en la ciudad de Bogotá abundan abogados titulados o que el sindicado  a  reconocer  contara con un apoderado de confianza. La única condición que la  legislación   procedimental   penal   exigía   para  acudir  a  la  asistencia  profesional  de un estudiante de derecho en la realización de un reconocimiento  en  fila  de  personas  era  que  el  defensor  del  implicado  no se encontrara  presente,  que fue lo que sucedió en la diligencia tachada de ilegalidad por el  impugnante,  sin  las  limitaciones  de  índole  constitucional  por  cuanto la  sentencia de exequibilidad 049 es de 1996, posterior a los hechos.   

          De  lo  anterior se desprende que la diligencia no está afectada de  ilegalidad y por tanto el reproche es infundado.   

          c).-   Reconocimiento   de  Ruby  Orlando  Castañeda Peñaranda.-   

          El  impugnante se apoya en esta diligencia para censurar el fallo de  segundo  grado por infringir de manera indirecta la ley sustancial, por error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  por haberlo tenido como válidamente  producido,   siendo   que   no   se   observaron   las   formalidades   para  su  aducción.   

          En  sentir del actor, dos circunstancias significan la transgresión  al  artículo  368  del Código de Procedimiento Penal; una, no haberse cumplido  con  la  formalidad  de interrogar previamente a la persona que va a efectuar el  reconocimiento  sin  que  tenga  contacto visual con ellas, pues entiende que el  testigo  sí  había  tenido  contacto  visual  con  las  personas  que  iría a  reconocer,   lo  que  deduce  cuando se refiere al “gordo” que no está  presente.  La  otra, que se hubiera desconocido la orden perentoria de conformar  con  un mínimo de seis personas una fila para cada procesado, pues BAUDILIO   GAMBOA   RIVERA  y  Albeiro  Muñoz  Ospina  fueron  incluidos  simultáneamente  en la misma fila siendo que las  características físicas de los dos difieren totalmente.   

En  torno  a  este  reparo, es de ver que la  jurisprudencia  de  la Sala ha venido sosteniendo de manera reiterativa que para  recurrir  ordinariamente en casación varios son los presupuestos de procedencia  que se deben observar, a saber:   

a.  Que  el  recurrente  extraordinario  sea  sujeto    procesal    legitimado    para    actuar    (legitimación    en    el  proceso);   

b.  Que el derecho se ejerza oportunamente y  contra  fallos  de segunda instancia cuya pena supere los 8 años de prisión y,   

c.  Que  existe  interés  jurídico  para  recurrir  (legitimación  en  la  causa), esto es, que la decisión impugnada le  reporte al sujeto procesal un perjuicio.   

Esta última exigencia resulta obvia en tanto  que   la  impugnación  extraordinaria  constituye  un  enjuiciamiento  técnico  jurídico  a  la  legalidad  de  la  actuación y la sentencia, de manera que el  recurrente  debe proponer y demostrar errores trascendentes en la aplicación de  la  ley  sustancial o que conculquen garantías fundamentales que por ello hagan  necesaria   la  intervención  de  la  Corte  en  orden  a  reparar  el  agravio  causado.    

          Hechas  las precisiones anteriores, se tiene que el demandante está  censurando  una prueba en la que su representado ni fue reconocido ni intervino,  de  manera  que  en  este reproche carece de interés jurídico, pues si hubiera  existido  alguna  anomalía  en  la producción de esta prueba, carecería de la  eficacia  indispensable en esta sede para modificar la decisión adoptada por el  juzgador   respecto   del   procesado  demandante,  siendo  claro  que  en  esas  condiciones carece del presupuesto procesal antes visto.   

          El  cargo no prospera.   

          d). Hallazgo de un reloj propiedad del occiso.-   

          El  casacionista  acusa  al  sentenciador de haber infringido la ley  sustancial  de  manera  indirecta  respecto de la prueba del hecho indicador del  indicio,  por error de derecho motivado en falso juicio de legalidad al apreciar  en   la   sentencia,   como  prueba,  una  “supuesta  actuación”   que   no  observó  las  formalidades  establecidas  en los artículos 364 y 365 del Código de Procedimiento Penal, lo  que  condujo  a que no se demostrara la preexistencia y propiedad del mencionado  objeto.   

          El  primer  reparo  que  se  puede  formular  al cargo anteriormente  descrito  es  la  imprecisión  en cuanto a su naturaleza, por cuanto a pesar de  que  se  tacha  de  ilegalidad “la prueba”  del  hecho  indicador,  igualmente se aduce que se trata de una  actuación   supuesta;   en   esas   condiciones,   el  actor  está  planteando  simultáneamente  un  error  de derecho por falso juicio de legalidad y un error  de hecho por falso juicio de existencia por suposición.   

          Por  otra  parte, el censor no explica cómo fueron inobservadas las  disposiciones  cuya  violación  predica, por cuanto lo que arroja el expediente  es  que  justamente  la  testigo  Esperanza  Villamil,  esposa  de  la víctima,  identificó  el  reloj  que  era de propiedad de Leonel  Espinosa  Alfaro, entre varios objetos semejantes, como  rezaba  el  artículo  364;  acto  del  cual  dan fe el subteniente Cesar  Humberto  Rojas  Kekán y Humberto Alfaro Muñoz.  Ello  significa que existe prueba indirecta del hecho, sin que por  ello se pueda hablar de ilegalidad.   

          Ahora  bien, si lo que el recurrente deseaba desvirtuar era el grado  de  credibilidad  otorgado  por  el  sentenciador  a  las  pruebas testimoniales  indirectas,  debió abordar la demostración de la infracción de los principios  de  la  sana  crítica, por vía del error de hecho, en ese entonces, como falso  juicio de identidad; hoy en día, falso raciocinio.   

          En   la  ley  no  está  contemplada  una  prueba  específica  para  demostrar  la  propiedad  de  objetos; existe libertad probatoria, puede ser por  cualquier  medio, entre ellos los testimonios de oídas y de visu, como ocurrió  en   este   caso  en  que  el  testigo  Alfaro  Muñoz  y  un  suboficial  de  la policía fueron testigos del  reconocimiento  que  hizo  la viuda del reloj de su cónyuge. Luego, frente a la  libertad  probatoria,  mal  puede  afirmarse  que  la  señora  no  realizó tal  reconocimiento.  Es  una  prueba  indirecta, cuya validez no aparece desvirtuada  por el demandante.   

          La    censura   es  impróspera.   

          e).-   Declaración  de  Humberto  Alfaro  Muñoz.-   

          Para  el  recurrente  el fallador de segundo grado descontextualizó  esta    declaración,    habiendo   efectuado   un   análisis   “parcelado” y por tanto desfigurado de su  contenido  objetivo,  lo  que  condujo  a una falta de identidad entre lo que el  medio  probatorio  revelaba  y  la  conclusión  que  el fallador obtuvo de ella  conforme a los siguientes puntos.   

          Critica  al  juez  plural  la  falta  de  relevancia  respecto  a la  “imprecisión”    de  Humberto  Alfaro  Muñoz  en  cuanto  a  la  hora  en  que conjuntamente con su primo abordaron el taxi, ni la  hora  en  que  llegó a su residencia. Al efecto confronta varias intervenciones  del  testigo  de  las  cuales concluye que éste no pudo precisar la hora en que  ocurrió el atraco.   

          No  obstante reprochar que no se esclarecieron las circunstancias de  “tiempo”  y lugar en que  se  haya realizado la conducta, no se advierte cuál es el yerro judicial que el  demandante   denuncia,   pues   postula   un  cercenamiento  del  testimonio  de  Alfaro  Muñoz  pero  lo que  extraña  es  la  inferencia  que  él  mismo  construye,  consistente en que el  deponente  no  precisó  la  hora  del  atraco,  sin  que se conozca cuál es la  trascendencia  que  en  la  decisión  de  justicia  hubiera  podido  tener  esa  conclusión,  de  haber  sido  considerada.  Por consiguiente el cargo es inocuo  dado que nada prueba y nada desvirtúa.   

          En  opinión  del  libelista  los  jueces erraron al afirmar que las  cinco  o  seis  cervezas  que Alfaro Muñoz  admitió  haber  consumido  la  noche  de  los acontecimientos, no  fueron  suficientes  para alterar su psiquis. No obstante construye el error por  comparación  con el nivel de concentración de alcohol que exhibió el cadáver  de  Leonel  Espinosa Alfaro y  concluir  que  el  testigo  estaba  embriagado,  motivo por el cual no estaba en  condiciones  mentales  para  precisar  las  horas  que  en  que  sucedieron  los  hechos.   

          En  el  intento de rebatir el factor de credibilidad expuesto por el  fallador,  según el cual las cervezas que ingirió el testigo no obnubilaron su  mente,  el  casacionista elabora todo un proceso deductivo a partir de elementos  extraños  al  análisis  del  juez,  comenzando  por suponer que el occiso y el  declarante  ingirieron  la  misma  cantidad  de licor y que por ello el grado de  embriaguez  del  declarante debió ser igual a la del occiso, en un nivel que no  le  permitía al testigo dar razón de la hora en que ocurrieron los hechos. Ese  argumento  contraría  los  elementos  probatorios  pues  el señor Humberto  Alfaro Muñoz claramente explicó  que su primo había consumido aguardiente y él no.   

          Lo  relevante  es  que  la argumentación se reduce a una deducción  propia  y distinta de la que trae el fallo atacado, que además quedó trunca en  razón  de  que  según la propia apreciación del demandante, el testigo estaba  en  incapacidad de precisar la hora en que sucedieron los hechos, sin que revele  la  trascendencia  de  llegar  a  esa  conclusión;  eventualidad que de ninguna  manera  demuestra una tergiversación o cercenamiento del testimonio rendido por  Alfaro  Muñoz,  simplemente  contiene  el disenso del defensor con la credibilidad otorgada al declarante, la  cual,  en  esta  sede,  se  establece a partir de la demostración de que se han  infringido  las  reglas  de la sana crítica, no de razonamientos de cosecha del  litigante.   

          En  tales  términos  es evidente que el recurrente ha elaborado una  hipótesis  sin  entidad  para  comprobar  que el fallador incurrió en el error  postulado.   

          Prosigue  el  impugnante en su tarea de censurar a los falladores en  lo   que  atañe  con  la  apreciación   del  testimonio  de  Humberto  Alfaro Muñoz, porque  no  tuvieron  en  cuenta  estos aspectos  adicionales,  tales  como  que  no  denunció  inmediatamente  la  retención de  Leonel   Espinosa   Alfaro  “máxime    cuando    sabía   que   lo   iban   a  matar”; que no es cierta la afirmación del Tribunal  en  cuanto  a  que  nada  se  averiguó  sobre la presencia del testigo ante las  autoridades  para  reportar  los  hechos, por cuanto las autoridades contestaron  que no se había formulado ninguna denuncia al respecto.   

          Sobre  tales  hipótesis  corresponde  decir  que es un atrevimiento  sostener  que  Alfaro  Muñoz  sabía   que   los   delincuentes  habrían  de  matar  a  su  pariente,  porque  precisamente  en  desarrollo  de  la  diligencia  de  audiencia  pública  a  un  interrogante   de   esa   índole,   el   declarante  contestó  “Ellos   por   lo  menos  no  le    anunciaron    que    lo    iban     a   matar”,  luego  ninguna  inferencia puede extraerse del hecho de que el  testigo  esperara  al día siguiente para averiguar por el paradero de su primo.  (Fl. 181 Cd. 5).   

          En  cuanto  a  la segunda, quien distorsiona el contenido probatorio  es  el  propio libelista pues la expresión “sobre lo  cual  nada  se  averiguó” emitida por el Tribunal no  está  relacionada  con  la  formulación de una denuncia, aspecto sobre el cual  efectivamente  obra  la  respuesta  de varias autoridades de policía informando  que  no  se  formuló  denuncia  penal  por  la  desaparición  de  Leonel  Espinosa  Alfaro la noche del 12 de  agosto  de  1994.  La corporación refiere esa frase al hecho de la presencia de  Alfaro Muñoz en el Comando o  Inspección  del  Restrepo;  al  efecto  basta  leer el aparte pertinente que el  mismo inconforme transcribe en el libelo:   

”…  cabe  recordar  que  el  declarante  advirtió  que estuvo en el Comando o Inspección del  Barrio  Restrepo  comentando  lo  acontecido, sobre lo  cual nada se averiguó”. (Se destaca).   

          Así,  es  claro  que  en  la  cita  traída  por  el  demandante el  ad  quem expresó que nada se  había   averiguado   sobre  la  presencia  de  Alfaro  Muñoz,    no   sobre   la   formulación   de   una  denuncia.   

          Ahora  bien,  esta circunstancia es mencionada por el actor como una  inferencia  omitida  por  el  juez colegiado cuya importancia y trascendencia no  fue  expuesta;  por ello, queda reducida a la simple especulación del defensor,  que no acarrea efectos en esta sede.   

          La  misma  calificación cabe asignarle a otras situaciones aducidas  por  el  recurrente  sin que la Sala pueda vislumbrar qué se trata de demostrar  con  ellas y cuál es su incidencia en el acto de jurisdicción censurado. Es lo  que   ocurre   con   afirmaciones   como   que  Alfaro  Muñoz  se  fue a dormir tranquilamente no obstante el  inminente  peligro  de  muerte  que  pesaba  sobre  su  familiar; que fabuló al  relatar  que  al  momento  del  atraco, por cada una de las puertas traseras del  taxi  se  subieron  de dos a tres personas y que sostuvo que podía reconocer un  arma  blanca  que  le  fue  exhibida  durante  dos  segundo  en  el  momento del  atraco.   

          El  defensor agrega otro argumento en el que ni siquiera reprocha la  decisión  del fallador referida a lo ilógico e irracional que es retener a una  persona  entre diez y media y once de la noche con la finalidad de matarla y sin  embargo  deambular  con  ella  durante  más  de  cuatro  horas  para finalmente  ultimarla  a  las  tres  y  quince  la mañana en un lugar que dista unas quince  cuadras  de  donde  se  produjo  la retención y cuya distancia en automóvil se  recorre  como máximo en diez minutos. De ese supuesto, el defensor concluye que  el  atraco  se produjo a las tres de la madrugada, pero no indica qué dedujo el  sentenciador  y en qué radicó su equivocación. Ello significa que simplemente  adosó  un  juicio   de factura personal, sin trascendencia en el acierto o  la legalidad del fallo que impugna.   

          En  esas  condiciones  lo  que  le  censura  al Tribunal es no haber  extraído   las   conclusiones   que   él   mismo  deduce  de  algunas  de  las  circunstancias  conocidas,  las  cuales yacen en el plano de las probabilidades,  mas  no en el de las verdades procesales. Para él, el homicidio de Leonel  Espinosa  Alfaro debió ocurrir en  los  momentos  subsiguientes a la retención, pero esa es una deducción, que si  bien es probable, no tiene soporte probatorio.   

          En  síntesis, la crítica radica en que el sentenciador no apreció  ni    la    declaración    de    Humberto    Alfaro  Muñoz   ni su actitud frente a lo ocurrido, pues  el  demandante lo ve indolente frente a la suerte de su consanguíneo, mendaz en  ciertas  circunstancias  e incapaz síquicamente de referir alguna circunstancia  temporal  por  su  estado  de  embriaguez.  Sin embargo, con tales argumentos no  alcanza  a  demostrar  en  qué consistió el yerro que le atribuye al fallador,  pues,  como  se  expresó,  la  exposición  del  recurrente  sólo  concreta su  opinión  personal  respecto de lo que podría deducirse de la prueba, lo que no  basta  para  hacer  evidente  que  el  análisis contenido en el fallo impugnado  tergiversa la verdad revelada por la prueba en comento.   

          El  cargo  referido  a  la  prueba  considerada  en este acápite es  infundado.   

          f).- Declaración de Nohora Esperanza Villamil Sorza.   

          Pregona  el  impugnante  que “en el texto  de  la  sentencia  se analizó esta exposición” pero  tergiversándola,  por  cuanto  el fallador elucubra para hacerle decir que ella  sí  estuvo  presente  en  la  sede  de  la SIJIN, que reconoció el reloj y que  sabía  quién era uno de los presuntos autores del atraco, cuando la declarante  manifiesta que desconoce todos esos aspectos.   

          En  esta  sede  no  es  válido  lanzar conclusiones que carezcan de  sustento;  es  así  como  la  remisión al contenido de la sentencia atacada no  demuestra  nada,  es  preciso  traer  la  referencia  concreta  que  contenga la  apreciación  censurada y puntualizar la equivocación que deviene en violación  indirecta  de la ley sustancial, pues el Tribunal de Casación debe partir de la  doble  presunción  de  que el fallo es acertado y es legal, por ello una simple  postura  intelectual  o valorativa no basta para evidenciar un error de aquellos  que  conducen  al  rompimiento  del  acto  de  jurisdicción  puesto  en tela de  juicio.   

          El  reproche  al  análisis  de  este  testimonio quedó simplemente  postulado  mas  no desarrollado, por cuanto el libelista no precisó en concreto  cuáles  fueron  los  términos  y  los  adjetivos que describen la apreciación  errónea  que  presuntamente  el  Tribunal  hizo  recaer  sobre  este  medio  de  convicción.  Además  se  observa  que  el impugnante acusa al juez de no haber  apreciado   correctamente   la   declaración   de   la   señora   Nohora  Esperanza  Villamil, pero no alude  al  contenido  de esa versión jurada que contiene la denuncia de la pérdida de  los  elementos oficiales que utilizaba su esposo Leonel  Espinosa   Alfaro   como   miembro   de  la  Policía  Nacional.   

          Tampoco  en esta ocasión encuentra la Sala la estructuración de un  cargo con capacidad para modificar la decisión impugnada.   

          g).-   Omisión  del  dictamen  pericial  y  de los informes de  policía.   

          Dice  el  demandante  que  la  sentencia  es  violatoria  de  la ley  sustancial  por  error  de  hecho motivado por falso juicio de existencia, en la  modalidad  de  omisión  material,  refiriéndose  a  los  informes emitidos por  distintas  inspecciones de policía y específicamente la de la XV estación del  barrio  Restrepo,  en  la  cuales  se  da  noticia de que en ninguna de ellas se  formuló    denuncia    en    las    circunstancias    en    que    Humberto  Alfaro  Muñoz  asegura  haberlo  hecho.   

          Ya  en  párrafo  precedente la Sala comentó que la XV estación de  Policía   del   barrio   Restrepo  informó  la  inexistencia  denuncia  alguna  relacionada  con  la  desaparición  de Leonel Espinosa  Alfaro,  lo que no demuestra ninguna incongruencia con  la  versión del testigo Alfaro Muñoz dado que, al contrario de lo que sostiene  el  libelista,  nunca  dijo  que  había formulado una denuncia, sino que había  comparecido  a  la  Inspección de Policía del Barrio Restrepo para comentar lo  sucedido;   circunstancia   considerada   por   el  ad  quem y sin trascendencia alguna en los fundamentos del  fallo condenatorio.   

          En   cuanto   a  un  presunto  yerro  judicial  relacionado  con  la  apreciación  de  un  dictamen  pericial,  nada  hay para responder, dado que el  impugnante  olvidó  plasmar  su  criterio al respecto y manifestar cuál fue la  equivocación   judicial   cometida   con   respecto   a   la   prueba  técnica  citada.   

          Aparentemente  el  libelista  intentaba  demostrar  que  el  testigo  Alfaro  Muñoz  había  incurrido  en  una mentira, lo que no logró dado que la  supuesta  afirmación  que le atribuye no existió. Ello permite concluir que el  cargo  es  infundado pues ni siquiera el hecho sobre el cual se intentó asentar  existe.   

          En  razón  de  que  ninguno de los cargos adquirió la entidad para  derrumbar  las  presunciones  de acierto y legalidad que protegen la estabilidad  jurídica  del  fallo  de  segundo  grado  proferido  en  este  proceso, se debe  concluir  que  no  hay  lugar  para  casar el fallo de condena dictado contra el  recurrente   JUAN  MANUEL  ROMERO  OCAMPO.   

          3º.-  Demanda  de  RUBÉN DARÍO CARVAJAL  MONOGA .   

          El  casacionista  que  representa  a  este sentenciado fundamenta el  reproche  contra el fallo condenatorio atribuyéndole la violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  la  incursión en errores de hecho por falso juicio de  existencia  por  omisión con respecto a cuatro contraindicios que obran a favor  del  procesado  y  que  no fueron tomados en cuenta por los juzgadores. Entonces  menciona  los  indicios  relacionados  con la ausencia de huellas de pólvora en  las  manos de CARVAJAL MONOGA;  no  haberse hallado en poder del mismo en el momento de ser capturado ni arma ni  elementos  alguna; no haberle encontrado ninguno de los elementos hurtados a las  víctimas  de los tres ilícitos investigados; y la ausencia de compromiso penal  de  CARVAJAL  MONOGA con los  hurtos imputados a los demás procesados.   

          El  actor  no  atinó  a  enfocar  la  vía  correcta  de ataque con  relación  al  indicio basado en la ausencia de huellas de pólvora en las manos  de   CARVAJAL  MONOGA,  por  cuanto  ese  no  es un aspecto ignorado por el juzgador. Obsérvese que al folio  26 de la sentencia de segundo grado se lee:   

         “Frente  a  la  contundencia  de  la  prueba  de  cargo,  resulta  insuficiente  para  desvirtuarla  el  resultado  de  la  de  absorción atómica  favorable  a  los  intereses  del  procesado,  de una parte, porque así como no  tiene  fuerza de convicción por sí sola para sustentar una condena, tampoco la  posee  para descartar al homicida, y de otra, porque se presenta como posible la  intervención  mínimo  de  otra persona como ejecutor material, a más de quien  conducía  el  vehículo  de servicio público que a prudente distancia esperaba  con    el    motor    encendido    y    una    de    sus    puertas    laterales  abiertas…”   

          Bajo  tal  supuesto,  no  es  posible  acusar  al  fallador de haber  incurrido  en  un falso juicio de existencia por omisión respecto a la ausencia  de  huellas  de  pólvora en las manos de RUBÉN DARÍO  CARVAJAL  MONOGA;  por ese motivo, como la conclusión  judicial  no  era  del  agrado  del defensor, su objeción en esta sede, dada la  época  de  elaboración  de  la  demanda,  procedía  por  la vía del error de  derecho  por falso juicio de identidad en virtud del cual competía al libelista  demostrar  la  transgresión  a  los  principios  que  rigen  la  sana  crítica  probatoria.   

          Otro  defecto  que  se advierte en la argumentación relacionada con  el  indicio  mencionado  tiene que ver con el alcance que el impugnante le da al  peritaje  sobre  absorción  atómica, por cuanto asegura que de ese dictamen se  infería  que  CARVAJAL MONOGA  no  había  accionado  arma  de  fuego  contra  la  víctima,  cuando  la única  conclusión  indiscutible  que podía extraerse de esa experticia es la ausencia  de  rastros de pólvora en las partes corporales que fueron objeto de examen; de  ninguna  manera  la  ausencia  de  rastros  de  pólvora  permite deducir que la  persona  examinada  disparó  o  no disparó contra alguien o en qué momento lo  hizo.   

          En   consecuencia   el  libelista  no  logra  demostrar  que  en  la  apreciación   de   la   experticia   de  absorción  atómica  el  sentenciador  transgredió las reglas de la sana crítica.   

          El  argumento  de  no  haberse  hallado  en poder del implicado arma  alguna  es  un tema que sí fue considerado por las instancias cuando de deducir  la   responsabilidad  de  CARVAJAL  MONOGA  se  trató,  oportunidad en la cual se aludió a otras incidencias  en  las cuales se apoyó la participación de este sentenciado en los hechos. De  manera  que a ese respecto no es posible predicar falso juicio de existencia por  omisión.   

          La    circunstancia    consistente    en    que    a    CARVAJAL   MONOGA  no  se  le  encontraron  elementos  hurtados  no  alcanza  la  trascendencia  desincriminadora que quiere  adosarle  el  libelista,  principalmente  porque  la responsabilidad deducida en  contra  de  este sentenciado es a título de coautoría impropia; de ahí que no  baste  la  condición  planteada  para  concluir  la ajenidad del acusado en los  hechos  delictivos  contra  la vida y contra la propiedad por los cuales ha sido  condenado.   

          Ahora  bien,  no  resulta  pertinente  protestar  que no se tomó en  cuenta    a    favor    de    CARVAJAL   que  no  estuviera ligado a la ejecución de las infracciones contra  la  propiedad  imputadas a sus compañeros de acusación referidas en las causas  acumuladas,  por cuanto en verdad el sentenciador circunscribió la conducta por  la  cual  lo  sancionó a aquellos hechos que significaron el atentado contra la  vida   de   Leonel   Espinosa   Alfaro   y    contra    el    patrimonio   de   éste   y   de   Humberto  Alfaro  Muñoz. Por ende, no era  necesario  que  el juez advirtiera lo que no estaba tomando en consideración si  con  su  decisión  justamente estaba procediendo en tal sentido. Ello significa  que  tampoco  por  este aspecto se configuró el error de hecho por falso juicio  de   existencia   por  omisión  denunciado  por  el  defensor  de  CARVAJAL MONOGA.   

          Finalmente,  adviértase  que  para  el  recurrente era obligatorio,  además   de   hacer   manifiestas  las  omisiones  proclamadas,  derrumbar  los  fundamentos  sobre  los  cuales  se  dedujo  la responsabilidad de su protegido,  tales  como  las  condiciones  temporo espaciales en que fue capturado, su huida  del  sitio  de  los  acontecimientos;  la  infantil  coartada que presentó para  justificar  su  presencia  en  el  lugar,   su  actitud  ante  la inminente  aprehensión  y,  por  último  la  credibilidad  que  el juzgador le otorgó al  testimonio   del  suboficial  Carlos  Enrique  Pachón  Tiusso  ;  sin embargo, el aquí censor no asumió esa  tarea,   lo   que   implica   que   por   ese  aspecto  la  sentencia  permanece  incólume.   

          Habida  cuenta  que  con la demanda analizada no se logró demostrar  la  transgresión indirecta de la ley propuesta por el apoderado del sentenciado  CARVAJAL  MONOGA el objetivo  perseguido  fracasó,  cual  es  el rompimiento del fallo condenatorio; en otras  palabras,    la    sentencia    condenatoria    dictada    contra   RUBÉN  DARÍO  CARVAJAL  MONOGA  no será  casada.   

          4º.-   Demanda   de   BAUDILIO   GAMBOA  RIVERA.   

          El  profesional  que  asiste  jurídicamente  al  referido encausado  formula  los  cargos  contra  el  fallo  proferido  por  el Tribunal Superior de  Bogotá,  al  amparo  de la causal primera de casación, segunda parte; es decir  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por tres motivos, dos por la  incursión  en  errores de derecho por falso juicio de legalidad y uno  por  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, a consecuencia de los cuales se  generó   duda  sobre  la  responsabilidad  de  GAMBOA  RIVERA la que ha debido ser reconocida en beneficio de  éste.   

          El  primer  error de derecho por falso juicio de legalidad lo deduce  del     reconocimiento     de     BAUDILIO    GAMBOA  RIVERA   efectuado   por   el   testigo  Humberto   Alfaro   Muñoz    en  la  ocasión  en  que  compareció  a  las  instalaciones  de  la  SIJIN en busca de  información     sobre     el     paradero     de    su    primo    Leonel  y  vio allí retenido al conductor  del  taxi  en  donde con su pariente había sufrido el atraco la noche anterior;  circunstancias    todas   que   refirió   luego   en   su   declaración   bajo  juramento.   

          Al  confrontar  el  mandato  del artículo 368 del anterior estatuto  procesal  penal  con  las  condiciones  en  que  Alfaro  Muñoz       reconoció       a      BAUDILIO     GAMBOA    RIVERA,   el  casacionista  denuncia la realización de un reconocimiento sin las ritualidades  allí  impuestas,  las  cuales no pueden ser suplidas con la prueba testimonial,  porque  con  ello se le niega al procesado el derecho a conocer el señalamiento  de que está siendo objeto.   

          Por  otra  parte,  advierte que en el tema que trata, no hay lugar a  aplicar  el  principio  de la libertad probatoria consagrado en el artículo 253  del  estatuto procesal penal sino a la situación de excepción que ese precepto  consagra  puesto  que  el  reconocimiento  en  fila  de  personas  es una prueba  especial.   

          Lo  primero que advierte la Sala respecto del reproche en estudio es  que  recae  sobre  una prueba inexistente, pues nunca se efectuó una diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  para  que  el  testigo  Humberto  Alfaro  Muñoz identificara a los  sujetos  que intervinieron en el atracó del que fue víctima el 12 de agosto de  1994.   

          Aquello  que  el  titular  de  la  defensa  denomina “reconocimiento“  no  es  una  diligencia  judicial,  ni es una forma de prueba innominada, es la referencia que un testigo  hizo  en  relación  con  una  situación  vivida por él, consistente en que al  llegar  a  las  dependencias  de la SIJIN para indagar  por la suerte de su  pariente,  casualmente  estaba  retenido  el  conductor del taxi en donde había  sido  atracado  la  noche  anterior,  motivo  por  el cual lo pudo identificar y  enterarse  de  su  nombre.  Esas  incidencias  las  plasmó en una declaración.   

          Así  las  cosas  lo  que  el  demandante  denomina  “reconocimiento”  no es el reconocimiento  en  fila de personas reglado en el artículo 368 de la codificación procesal ya  derogada;  es  una experiencia personal relatada en una declaración; por tanto,  al  no  haberse decretado ni practicado aquella prueba no es posible reclamar el  incumplimiento   de   los   requisitos  que  para  su  recaudo  ha  impuesto  la  ley.   

          En  otras  palabras,  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad  predicado  por la defensa de BAUDILIO GAMBOA  RIVERA    no    existió    por    sustracción   de  materia.   

          El  impugnante  predica el segundo error de derecho por falso juicio  de  legalidad  con  respecto al indicio derivado del supuesto reconocimiento que  la    esposa    de   Leonel   Espinosa   hiciera  sobre el reloj que éste portaba la noche de su deceso, por  cuanto   aquella  nunca  efectuó  reconocimiento  de  esa  naturaleza,  dejando  huérfana  de  prueba la propiedad y preexistencia del reloj hallado en poder de  los   capturados,   que  presuntamente  pertenecía  al  fallecido  Leonel Espinosa Alfaro.   

          La  primera  inconsistencia  técnica  que se le puede formular a la  censura  es  que  si  el  error  en la construcción del indicio parte de que el  sentenciador  estimó  que  Nohora  Esperanza Villamil  había  reconocido  un  reloj  como de propiedad de su  esposo,  cuando  ello  nunca  ocurrió,  el yerro no sería de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  sino  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  suposición de prueba.   

          Por  otra  parte, el casacionista pretende fundamentar la ilegalidad  que  pregona  en  dos  modalidades  de  deficiencia  probatoria;  el primero por  ausencia  de  reconocimiento  y el segundo porque la prueba recaudada sobre  el  punto,  en  su  criterio, es incompleta, la estructurada con los testimonios  rendidos  por  Humberto Alfaro Muñoz   y  el suboficial Rojas Kekán,  que  dan  cuenta de las circunstancias en las cuales Nohora  Esperanza  identificó el reloj que  su esposo usaba el día que murió.   

          En  acápite anterior, al responder la demanda formulada a nombre de  JUAN  MANUEL ROMERO OCAMPO se  concluyó  que las declaraciones citadas constituyeron prueba indirecta, pero no  ilegal,  de  la  individualización  del  reloj de la víctima, en procedimiento  efectuado  por  su  viuda.  Así  mismo  se indicó que un error de apreciación  judicial  recaída  sobre  esos testimonios, no es de derecho sino de hecho y su  fundamentación  está  vinculada  a la demostración de la transgresión de los  principios de la sana crítica probatoria.   

          De  otro  lado, el actor toma el hecho de que diez días después de  ocurridos   los  hechos  Nohora  Esperanza  hubiera  formulado  una  denuncia por la pérdida de los elementos  oficiales  que  llevaba  su  esposo al ser asaltado como otro extremo probatorio  que  le  da  vida  al  argumento  de  la  ausencia  de  prueba sobre propiedad y  preexistencia del objeto que pertenecía a la víctima.   

          Ese  planteamiento  no  aparece  desarrollado  como un cargo; es una  opinión  del  censor  que además carece de lógica y es apto para demostrar el  presupuesto  contrario  al que quiere suministrar, pues sucede que al haber sido  recuperado    el    reloj    de    Leonel,  precisamente  por  haberlo  visto, difícilmente podría pensarse  que diez días después denunciara su pérdida.   

          Por   las   razones  indicadas el cargo no prospera.   

          La  última  censura  que  pone  a  consideración  de  la  Corte el  defensor    de    BAUDILIO    GAMBOA    RIVERA  está  planteada  como  un evidente error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  concretado  en  una  circunstancia: que a las tres de la  mañana,  hora  en  que se dio muerte a Leonel Espinosa  Alfaro,  el  encausado GAMBOA  RIVERA  y  sus  compañeros  coprocesados  ya  estaban  privados  de la libertad, pues la captura se había cumplido a la una y media de  la  mañana.  Adviértase  que  el  reproche no está dirigido contra una prueba  específica  sino  que  la apoya en una conclusión del acervo, sin indicar cual  es su soporte probatorio.   

          Pretende  el actor que como de acuerdo con las reglas de la lógica,  la   experiencia   y   el   sentido   común   era  imposible  que  BAUDILIO  y sus acompañantes participaran  en  el  homicidio  y en el hurto, el sentenciador los considerara ajenos a tales  ilicitudes;  por ello le censura que procediera en sentido contrario con base en  la  suposición de que el homicidio había sido cometido por personas diferentes  a   GAMBOA   RIVERA  y  sus  compañeros,  pero  integrantes  del  mismo  grupo  delincuencial  que se había  dividido   el   trabajo   para   cometer  varios  delitos,  sin  “datos  atendibles  para siquiera suponer que otras personas hubiesen  sido  los autores materiales de la muerte de Leonel y que su deceso se produjo a  corta  distancia  del  lugar  en  que  abordó el taxi en compañía de su primo  Humberto”.   

            La Sala observa que aun cuando el libelista intenta fijar el yerro  judicial  en  el  recorte del alcance probatorio del hecho de que los procesados  fueron   capturados   antes   de   que   se   le  diera  muerte  a  Espinosa   Alfaro,   lo  que  censura  es  precisamente  el argumento de inferencia con el cual el sentenciador los vincula  al  delito  contra la vida, concluyendo que se trata de una empresa criminal con  división de trabajo.   

          Sobre   el   tema,   en  la  demanda  consta  la  inconformidad  del  recurrente,  pero  no  obra la argumentación dirigida a demostrar técnicamente  cómo  y por qué esa deducción es errada. El titular de la defensa se limita a  predicar  que  no  hay  datos atendibles que le den soporte a la tesis judicial,  pero  no  se  ocupa  de señalar cada uno de los argumentos y situaciones que le  permitieron  al  juez  plural  elaborarla.  Por  lo  demás, como la crítica se  centra  en  la  inferencia ha debido abordar la demostración de cómo y en qué  sentido   la   elaboración   del   razonamiento  del  juzgador  significó  una  vulneración  a  los  principios  de la sana crítica probatoria, precisando las  reglas  de  la  lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia que debiendo aplicarse  resultaron     vulneradas.    Nada    al    respecto    contiene    el    libelo  censurador.   

          Así  las  cosas, este  cargo tampoco prospera.   

          En  conclusión,  en  vista  de  que  con  ninguna  de  las demandas  estudiadas  se  logró  derrumbar  las  presunciones  de acierto y legalidad del  fallo  impugnado,  la  aspiración  de  los defensores de que sea quebrantado se  denegará.   

CUESTIÓN  FINAL   

          Conviene  hacer constar que en virtud del cambio legislativo sufrido  mientras  se  tramitaba  el recurso extraordinario de casación surgió para los  sentenciados  una  situación  de  favorabilidad punitiva, dada la reducción de  pena  introducida  para  el  delito  de  homicidio,  que  no  es del resorte del  Tribunal  de  Casación  sino  del  juez  de  ejecución  de  penas y medidas de  seguridad,  conforme  lo  dispone el numeral 7 del artículo 79 de la Ley 600 de  2000.   

          Por  el  motivo  indicado  y  porque  ya  el Juez  15 Penal del  Circuito  de  Bogotá  en  proveído  del  30  de  noviembre  de 2001 aplicó el  mencionado  principio,  en  este  fallo  no  se  hará pronunciamiento alguno al  respecto. (Fls. 206 a 211 Cd. C.S.J.)   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación  Penal  y  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          NO  CASAR     el     fallo  impugnado.   

          Contra esta providencia  no cabe recurso alguno.   

          Cópiese, notifíquese  y cúmplase.   

YESID        RAMÍREZ   BASTIDAS   

HERMAN         GALÁN   CASTELLANOS                                        CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ   GALLEGO                                                         ÉDGAR   LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ   PINZÓN                                                      MARINA  PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE         LUIS         QUINTERO   MILANÉS                                                          MAURO  SOLARTE  PORTILLA   

TERESA  RUIZ  NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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