15967(21-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 15967  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente   

          Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

          Aprobado Acta No. 24   

Bogotá  D.  C.,  veintiuno  (21)   de  febrero de dos mil dos (2002).   

VISTOS  

1-.  Mediante  sentencia  del  17 de mayo de  1998,  un Juzgado Regional de Bogotá condenó a la señora ANA DELIA GARCÍA DE  PECHTHALT,  por  el  delito de enriquecimiento ilícito de particular, a la pena  principal  de  setenta  y  dos  (72)  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el mismo lapso, al pago de  multa  por  $ 12.950.000 equivalentes al incremento ilegítimo del patrimonio; y  le negó el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

2-. Al desatar la apelación interpuesta por  el  defensor, el Tribunal Nacional, en fallo del 2 de octubre de 1998, confirmó  la  sentencia  de primera instancia, con la modificación consistente en reducir  la pena principal a sesenta y seis (66) meses de prisión.   

3-.  En esta oportunidad la Corte Suprema de  Justicia  resuelve  de  fondo  sobre  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto por la defensa.   

HECHOS  

Fueron  resumidos de la siguiente manera por  el Tribunal Nacional en el fallo de segunda instancia:   

“Al  iniciar los  diferentes  estamentos  del  Estado  Colombiano  una  lucha  frontal  contra  el  narcotráfico,  los  organismos  investigadores  y  la  Fiscalía  General de la  Nación  en las múltiples diligencias de allanamiento y registro, encaminados a  lograr    la    captura    de    los    presuntos    jefes    del   ‘Cartel     de     Cali’,  se  logró  detectar varias cuentas  corrientes  pertenecientes  a  empresas  de fachada o de personas inexistentes o  que  desconocían la utilización de sus nombres para tales fines, dirigidas por  los  hermanos  MIGUEL y GILBERTO RODRÍGUEZ OREJUELA para girar grandes sumas de  dinero  a  diferentes  personajes  de  la  vida  nacional aspirantes a cargos de  elección popular.   

En desarrollo de la investigación, se logró  el  hallazgo  del  cheque  No.  3288946  por  la  suma de DIEZ MILLONES DE PESOS  (10.000.000)  de  la cuenta corriente No. 8060-024804-0 del banco de Colombia, a  nombre    de    “EXPORT  CAFÉ”, girado a nombre de  “ANA  PETHAL”  (sic),  el  que fue hecho efectivo a  través  de  la  cuenta  de  ahorros  No.  000-54259-7  del banco Ganadero, cuya  titular  es  BELDA  MARIA  GONZÁLEZ TURNER, Secretaria de la Representante a la  Cámara  ANA  DELIA  GARCÍA  DE  PECHTAL  (sic).  Igualmente  se aportó el cheque No. D2979099 de la cuenta  corriente  No.  2197-315253-1  del banco de Colombia, de ROBERTO TRONCOSO POSSE,  por  valor de DOS MILLONES NOVECIENTOS CINCUENTA MIL PESOS ($ 2.950.000) (cuenta  ésta   que   recibió   recursos   de   la  también  empresa  de  “fachada”,      denominada     “COMERCIALIZADORA   DE   CARNES   DEL  PACÍFICO  LTDA.”), girado  a  nombre de JULIO EDGAR GARCÍA AGUDELO, conductor de la aludida Parlamentaria,  de  fecha  marzo  15  de  1995  y  cobrado  a través de la cuenta corriente No.  049-232514-7    del    Banco    de   Bogotá,   cuya   titular   es   la   aquí  procesada.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1-.  La Dirección Regional de Fiscalías de  Bogotá,  dentro  del  proceso  No.  24294 (radicación No.8.000 en la Fiscalía  homóloga  de  Cali),  compulsó  copias  con  destino  a  la  Corte  Suprema de  Justicia,  con  el  fin  de que se investigara penalmente a la señora ANA DELIA  GARCÍA  DE PECHTHALT, en consideración al fuero constitucional que dimanaba de  su  calidad  de congresista, con ocasión del hallazgo de un cheque por valor de  $  10.000.000  girado a  nombre de “ANA  PETHAL”, y  procedente   de   una   cuenta   de   “Export  Café”,  empresa   fachada   del   denominado   “Cartel  de Cali”  (folio 1 cdno. 1).   

2-.  Con  base en ello, la Sala de Casación  Penal,  por  auto  del  26  de  marzo  de  1996, dispuso adelantar averiguación  preliminar,  durante  la  cual se recaudaron diversos medios de prueba (folio 15  cdno. 1).   

Los  elementos  de  juicio  compilados en la  etapa  anterior  fueron  suficientes para que el 9 de febrero de 1996 se abriera  investigación  y  se  vinculara  mediante  indagatoria  a  la señora ANA DELIA  GARCÍA DE PECHTHALT (folio 260 cdno. 1).   

3-.  En  inspección  judicial practicada al  expediente  radicado  bajo  el  número  10.741,  adelantado  por la misma Sala,  contra  el ex parlamentario Jaime Lara Arjona, se constató que de la cuenta No.  2197  315253  del  Banco  de  Colombia,  que recibía aportes de la “Comercializadora    de   Carnes   del  Pacífico”, catalogada como  “fachada”         de         “El    Cartel    de   Cali”,  el  señor  Roberto  Troncoso  Posse  giró  el  cheque  No.  D2979099,  por  $ 2.950.000 a la orden de Julio García,  título  que  más tarde fue consignado por endoso en la cuenta No. 049-232514-7  del  Banco  de  Bogotá,  perteneciente  a  la  señora  ANA  DELIA  GARCÍA  DE  PECHTHALT, y se produjo el pago (folio 409 cdno. 1).   

4-.  Al  resolver  la  situación  jurídica  provisionalmente,  el  13 de junio de 1996, la Sala de Casación Penal afectó a  la   señor   ANA  DELIA  GARCÍA  DE  PECHTHALT  con  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva,  sin  excarcelación,  por el delito de  enriquecimiento  ilícito  de  particular,  previsto  en  el  artículo  1° del  Decreto  1895 de 1989, adoptado como legislación permanente por el artículo 10  del   Decreto  2266  de  1991;  ordenó  la  captura,  y  embargó  los  dineros  depositados  en  su  cuenta No. 492-32514-7 del Banco de Bogotá. (f 433 y 520 c  1).   

5-. En vista de tal determinación, el 14 de  junio  de  1996, la procesada se presentó voluntariamente ante las autoridades,  y  fue  recluida  en  la  Academia Superior de Inteligencia y Seguridad Pública  “Aquimindia”,     adscrita    al    Departamento  Administrativo de Seguridad DAS (folio 35 cdno. 2).   

6-.  El  defensor  de  la  señora ANA DELIA  GARCÍA  DE  PECHTHALT  interpuso  recurso  de  reposición  contra  la anterior  providencia,  pero  fue  confirmada  a  través del auto del 25 de julio de 1996  (folio 148 cdno. 2).   

7-.  Después de recaudar numerosas pruebas,  el  17  de  enero de 1997 se declaró cerrada la investigación y se concedió a  los  sujetos  procesales  el  término  que  la  ley  establece  para  alegar de  conclusión (folio 1 cdno. 3).   

8-. Al calificar el mérito del sumario, por  auto  del 7 de febrero de 1997, la Sala de Casación Penal profirió resolución  de  acusación  contra  la señora ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT, por el delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particular  en cuantía de $ 12.950.000, suma  alcanzada  al  computar  los  dos  cheques provenientes de empresas “fachada”         de         “El    Cartel    de   Cali” (folio 158 cdno. 1).   

9-. El defensor de la procesada interpuso el  recurso  de  reposición, pese al cual la Corte, con providencia del 13 de marzo  de   1997,   mantuvo  incólume  la  convocatoria  a  juicio  (folio  246  cdno.  3).   

10-.   Ejecutoriada   la   resolución  de  acusación,  la  señora  ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT renunció a su curul de  Representante  a  la  Cámara,  con  lo  cual  la Corte perdió competencia para  continuar tramitando las diligencias.   

Así,  mediante  auto  del el 10 de abril de  1997,  la  Sala  de  Casación Penal declinó competencia y ordenó el envío de  los   expedientes  a  los  Juzgados  Regionales  de  Bogotá,  atendiendo  a  la  naturaleza de la conducta endilgada (folio 267 cdno. 3).   

11-.  Correspondió  el  asunto a un Juzgado  Regional  de Bogotá; abrió el juicio a pruebas, dispuso la práctica de varias  solicitadas  por  la  defensa,  y  después  conceder los traslados para alegar,  mediante  sentencia  del  17  de mayo de 1998, declaró responsable a la señora  ANA  DELIA  GARCÍA  DE  PECHTHALT  del  delito  de  enriquecimiento ilícito de  particular,  previsto  en  el  artículo  1° del Decreto 1895 de 1989, adoptado  como  legislación  permanente  por el artículo 10 del Decreto 2266 de 1991; la  condenó  a  la  pena  principal  de  72  meses  de  prisión; y tomó las otras  determinaciones anotadas en precedencia (folio 262 cdno. 5).   

12-. Al desatar la apelación interpuesta por  la  procesada  y su defensor, el Tribunal Nacional, en fallo del 2 de octubre de  1998,  confirmó  la  decisión  de  primera  instancia,  con  la  modificación  consistente  en disminuir la pena de prisión a sesenta y seis (66) meses (f 132  cdno. Tribunal).   

13-.Finalmente, el apoderado de la procesada  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación, cuyo fondo resuelve la Sala  en este proveído.   

LA DEMANDA  

Un  solo  cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Nacional  propone  el defensor, bajo el amparo de la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  establecida  en  el  artículo  220 del Código de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700  de 1991), por error de hecho, originado en  falso  juicio de identidad, por haber distorsionado el sentido de varias pruebas  relativas  a  acontecimientos  esenciales:  el  testimonio  del señor Guillermo  Alejandro  Pallomari,  la  venta  del  “Restaurante     Guacamole”,  y  la  compra  de  un  computador,  cuya temática desarrolla por  separado.   

Con  la  incursión  en  tales  errores  el  Tribunal         violó         “directamente”:  los  artículos  254  (apreciación  de  las  pruebas)  y 294 (criterios para la  apreciación  del  testimonio)  del  Código  de Procedimiento Penal ibídem, en  relación con la sana crítica.   

De    igual    manera,    “aceptando      en     gracia     de  discusión”  que  existe  duda,  se  habrían  vulnerado  en forma directa los artículos 247 (prueba para  condenar) y 445 (presunción de inocencia) del mismo estatuto.   

Además    cita    como   transgredidos,  indirectamente,  por  aplicación  indebida,  los artículos 21 (causalidad) del  Código   Penal,   Decreto   100   de  1980;  y  el  artículo  10  del  Decreto  Extraordinario  2266  de  1991  (enriquecimiento ilícito de particular), puesto  que  sin el influjo de aquellos errores la decisión necesariamente habría sido  absolutoria.   

Introduce  el  cargo indicando que aunque la  sana  crítica  confiere cierta libertad al funcionario judicial para derivar su  convicción  en  el  análisis probatorio, no es aceptable que las pruebas digan  una  cosa y que el Tribunal las haga decir otra, pues el discernimiento del Juez  se  encuentra  limitado  por  la  lógica,  la  sociología, la sicología y las  reglas  de  la  experiencia,  y  tiene  que  respetar los principios de la recta  razón.  “Este es el meollo  del  asunto  y  por  tal razón al ser vulnerada la sana crítica, es posible su  ataque        en        casación”.   

Solicita  a  la  Corte  casar  totalmente la  sentencia    impugnada    y    proferir    el    fallo   de   sustitución   que  correspondiere.   

1-.  El  testimonio  de  Guillermo Alejandro  Pallomari González   

Con  relación  a esta prueba, compuesta por  versiones  recaudadas  en Colombia y en los Estados Unidos de Norte América, el  demandante eleva las siguientes críticas:   

1.1-.  El  Tribual  Nacional sobrevaloró el  testimonio  del  señor Pallomari, encontró en él un grado de credibilidad que  no  tenía,  e  interpretó de manera falsa su contenido, pues no tuvo en cuenta  los vacíos y contradicciones que lo componen.   

1.2-.  Si  se  efectúa  adecuadamente  el  ejercicio  de apreciación crítica del testimonio, en este estadio procesal, se  percibe  que  la  credibilidad  del  señor Pallomari González no existe, y por  ende  no  tiene  la  fuerza  probatoria “incontrovertible”   que   en   él  encontró  el  Tribunal  Nacional  para  cimentar  condena.   

1.3-. Transcribe algunas consideraciones del  fallo  (folios 26 y 27), para concluir que el Tribunal Nacional erró al aceptar  que  Pallomari  era  quien podía despejar cualquier duda que existiere sobre la  responsabilidad  de la procesada, porque era el encargado de manejar las cuentas  de    “El   Cartel   de  Cali”,   y   porque  los  documentos  que él manejaba tienen aptitud para revelar que el cheque por valor  de  $  10.000.000  fue  girado  por esa organización para financiar la campaña  política de ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT.   

1.4-.  De  ese  modo,  el  Tribunal Nacional  desconoció  el  alcance  y  validez  de  varios  aspectos  que  componían  tal  testimonio,   como   las  contradicciones  en  que  incurrió  al  relatar  tres  situaciones distintas para explicar un mismo hecho.   

En  efecto, con relación al conocimiento de  la  señora  ANA  DE PECHTHALT, inicialmente lo negó; en otra versión señaló  que  creía  conocerla;  y  finalmente  que la conoce muy bien casi “como   una  amiga  íntima”.   

Para  el  demandante,  como  lo  aconseja la  razón,  sólo es posible tener una clase de conocimiento sobre las personas que  nos  rodean  o con quienes debemos desarrollar actividades; se les conoce poco o  se  les  conoce bien y lo lógico es que por el transcurso del tiempo la memoria  vaya  impidiendo  los  recuerdos  y  no  reafirmándolos  como  ocurrió  con el  testigo.   

1.5-.  De otro lado, existen contradicciones  entre  ese  testimonio  y  la prueba documental recogida por el Comando Especial  Conjunto,  pues  Guillermo  Pallomari  en  su  tercera  versión  indicó que la  procesada   recibió   diferentes   cheques,  en  tanto  que  en  los  registros  practicados  por las autoridades sólo apareció el giro de un título valor, el  que originó este proceso.   

Si  se  hubiese  adelantado  una  correcta  investigación,  tal  contradicción  no  existiría. Con ese aserto verifica la  incidencia del error que demanda.   

1.6-. El Tribunal tampoco tuvo en cuenta otra  contradicción   importante  que  se  destaca  en  el  testimonio  de  Guillermo  Pallomari:   

En su versión del 8 de julio de 1994 (folio  123   cdno.   1),   sobre   el   mismo   cheque   manifestó  que:  “Quien  lo giró no sé, ni a qué grupo  político  se  (sic) ni conozco a la señora ANA PELMAL (sic), las chequeras son  de     Don     MIGUEL     RODRÍGUEZ”.   

En cambio, en la versión de los días 13 y  17  de  noviembre de 1995 (folios 171 y 198 cdno. 6 anexo), en su orden, indicó  que:  “…folio 203, colilla  3288946,  girado  a  nombre  de  ANA  PETHAL  (sic),  por  concepto de POLÍTICA  CHAMPAÑA  1,  creo  que ella es una política de San Andrés y que se le ayudó  para  la campaña al Senado”  (…)    “Personas   que  postularon  al  Congreso  que tuvieron reunión personal con MIGUEL RODRÍGUEZ o  lo  llamaban  por  teléfono,  que  yo  me  haya dado cuenta, son las siguientes  …ANA   PETHAL”   (…)  “el    señor   MIGUEL  RODRÍGUEZ  denominó  los  siguientes  conceptos:  CHAMPAÑA  o  CHAMAPAÑA  I,  significaban    FINANCIACION    PARA    POLÍTICOS    AL    CONGRESO”.        (…)       “De  las  que  recuerdo  (se  refiere  a  quienes   recibieron   dineros  de  esta  cuenta)  son  los  siguientes:  …ANA  PETHAL…”.   

Y que finalmente, el 5 de diciembre de 1995  (folio  191  cdno.  1)  sobre  la  señora ANA PECHTHALT, declaró: “Si  la  conozco es una política de San  Andrés  Islas,  (…)  efectuó varias visitas y recibió dinero de las cuentas  corrientes  de  fachada  como ayuda política del señor MIGUEL RODRÍGUEZ (…)  Con  el señor MIGUEL RODRÍGUEZ es amiga personal y el señor MIGUEL RODRÍGUEZ  la  ayudaba  económicamente  para  sus  campañas  políticas, los cheques eran  girados  de  las  cuentas de fachada que fueron incautadas, por las autoridades.  (…)  Recuerdo de ella que era una persona extrovertida, habladora, con una voz  característica,  ronca,  fuma  bastante,  (…) cada vez que visitaba al señor  MIGUEL  RODRÍGUEZ  salía  con su respectivo cheque, los cuales eran girados de  las  cuentas  de  fachada incautadas por las autoridades, (…) Sobre la colilla  3288946,  la  caligrafía  es mía. Pertenece a la chequera de la empresa EXPORT  CAFÉ,  significa  que  fue  girado  a  ANA  PECHTHAL (sic), congresista por San  Andrés.      El    concepto    ‘POLITICA’  significa  ayuda  política recibida por ella, el concepto CHAMPAÑA 1 significa  ayuda a la campaña  para la elección del congreso.   

1.7-. Otra contradicción inadvertida por el  Tribunal     recae    sobre    las    expresiones    en    clave    “Champaña”         y         “Champaña         1”,  pues  Pallomari indicó inicialmente  que  “Champaña”   hacía  referencia  a  la  campaña  presidencial  de  Ernesto  Samper;  y  “Champaña  1”, a  la financiación de la campaña al congreso.   

Después   afirmó   que   “Champaña”  hacía  referencia a la campaña para  el Congreso.   

En criterio del casacionista, al no advertir  esas  contradicciones  el  Ad-quem  incurrió  en  un falso juicio de identidad,  porque  “existen elementos  para  considerar  la  prueba  como errática en torno del contenido informativo,  sin  que  en  momento  alguno  por  parte  de  ninguna  de  las  autoridades que  conocieron  del  caso, se haya intentado dilucidar por lo menos una sola de esas  contradicciones”.   

2-.    La    venta   del   “   Restaurante  Guacamole”   

Recuerda el demandante que el negocio sobre  el  mencionado  establecimiento  está  comprobado  con las versiones de Hernán  Rosas  y  Germán Daniel Pechthalt, con los documentos de oferta, con las copias  de  las  remisiones  expedidas  por la sociedad Aviomar, y la publicación en el  diario El País de la ciudad de Cali.   

En  la  apreciación  de  esa  operación  comercial  -dice  el  censor-  el  Tribunal  Nacional  cometió  los  siguientes  errores:   

1-.  El  Juez  colegiado afirma que aquella  venta  constituye  la forma mediante la cual la defensa quiere eludir la acción  de   la   justicia,   al  extremo  de  apuntar  en  el  fallo  que  “La historia sobre la existencia del Bar  Guacamole  puede  ser  cierta  y,  parcialmente,  está probada con documentos y  testimonios.  También  es  posible  y  aún  probable que hubiera sido vendido.  Igualmente    es    posible    que    “El   Flaco”  o  cualquier  otra  persona  hubiera comprado parte de los muebles y enseres. Pero,  que  precisamente,  el cheque de marras fuera producto de su venta, nunca podrá  ser    probado,   ya   lo   expresamos”.   

2-.  Para  el Tribunal Nacional la venta de  ese  restaurante  no  alcanza  para  justificar  el giro de los diez millones de  pesos  como  producto de un negocio lícito, pues su evocación esta destinada a  “tratar  de  justificar la  consignación  de  marras,  lo  que  nunca se logró, porque es imposible que un  dinero  que,  sí  se  probó,  fue  recibido  para la campaña política de Ana  García  de  Pechthalt,  fuera,  al mismo tiempo, el pago de unos muebles, hecho  por  un  apersona  que  no  tenía  por  qué  haberlos  obtenido de las cuentas  fantasmas de Rodríguez Orejuela…”   

3-. Para el censor, se pone en evidencia el  error  del  Juez  de segunda instancia, si se observa que los medios probatorios  son  convergentes  y  conducentes  para acreditar la existencia del “Restaurante         “Guacamole”,  que  fue  de  propiedad  de  Daniel  Pechthalt,  el  cual se vendió fraccionadamente, su oferta se hizo el 8 de mayo  de  1994  y la compra se realizó quince días después, pagando parcialmente su  precio,   ya   que   la   parte   final  se  entregó  mediante  un  cheque  por  $10.000.000.oo,  título valor que a la postre resultó provenir de las empresas  fachadas  de  “El Cartel de  Cali”.   

El  error  de  hecho  en  que  incurrió el  fallador  radicó  precisamente  en el desconocimiento del alcance probatorio de  esos  medios,  porque  no  fueron  apreciados  conforme a la sana crítica, pues  “nótese  que  no  existe  argumento  alguno  distinto  de  considerar  como  posiblemente  cierta  o no la  negociación  respecto  del restaurante, pero eso sí que el giro de los dineros  nunca   pudo   ser   consecuencia   de   la   negociación  misma…”.   

4-.  Se fractura el análisis efectuado por  el  operador  judicial  cuando  al  formular  el  juicio de valor respecto de la  venta,  no  acepta  que  el  cheque  por  los  $ 10.000.000 tuviera relación de  causalidad  con  ese  negocio,  sin  soportar  ese  aserto  en  ningún elemento  jurídico,   pues   no  existe  medio  probatorio,  ni  raciocinio  lógico,  ni  demostración  fáctica,  ni  desarrollo teórico jurídico, que permita aceptar  que  el  discernimiento  del  Tribunal  se  corresponda  con  la  verdad  de los  hechos.   

Entonces,  el Juez colegiado desconoció el  contenido  pleno  del medio de prueba, cayendo en una interpretación falsa, que  lo  llevó  a  acreditar la existencia del hecho, su autoría y responsabilidad,  pero  con  base  en  reflexiones  que  no  equivalen  a  la  reconstrucción del  acontecer histórico.   

3-.  La  transacción  sobre  un computador  entre  Janeth Arjona Forero y Julio García, en la cual actuó como intermediara  la señora ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT   

El  demandante  empieza  advirtiendo  que  “el      paquete  probatorio” de este aspecto  está  conformado  por la copia del cheque por valor $2.950.000; los testimonios  de  Julio  García,  Janeth  Arjona  y  José Sabbat Castillo; las copias de las  facturas    expedidas    por    el    “Almacén       Chévere”; y la inspección allí realizada.   

1-.  Asegura  que  el  Tribunal  Nacional  desconoce  el  valor probatorio de ese conjunto de medios de convicción, cuando  en    la   sentencia   apunta   que   “tanto  la  prueba documental aducida, como la testimonial, presentan  tal  cúmulo  de  inconsistencias,  que  llevan  a  la  certeza  de  que  fueron  prefabricadas,   todas,   para   inducir   en  error  a  la  Administración  de  Justicia”,  olvidando así  dicha  Corporación  que,  inclusive  la  misma  Corte  Suprema al valorar tales  pruebas     (folio     16     cdno.     2)     concluyó     que    “…la Sala no encuentra demeritadas las  versiones  entregadas sobre el origen de ese dinero por el propio Julio García,  el  señor Jorge Enrique Vargas y la doctora Arjona Forero que lo atribuyen a la  venta      de      un     computador”.   

2-. De igual forma destacó el defensor que  las  inconsistencias  en la acreditación tributaria de la venta del computador,  arrojan   solamente   como  resultado  que  los  propietarios  del  “Almacén      Chévere”  de  San Andrés Isla, tienen desorden  administrativo  en  el registro de sus ventas, situación que en esa región del  país es un hecho notorio.   

Sin  embargo,  el  Tribunal  al  hacer  el  análisis   incurrió   en  error  de  hecho  por  falsa  interpretación,  pues  “prolonga más allá de su  propia  esencia  cada  medio  probatorio”;  creyó  que  la  defensa  se  proponía  inducir  en  error  a la  Administración  de  justicia;  y  negó  el  valor probatorio reconocido por la  Corte en sus primeras decisiones.   

Además,  desconoce  la  reglas  de la sana  crítica  cuando  a partir de las inconsistencias probatorias acerca de registro  de  la venta del computador, demuestra el origen indebido de los dineros, ya que  esos  documentos  y  los  testimonios  no  conducen  ni  siquiera  por  la  vía  indiciaria a probar tal circunstancia.   

3-. Si las cuentas de Roberto Troncoso Posse  eran   alimentadas   con  dineros  de  “El    Cartel    de    Cali”   mediante   la  empresa  “Comercializadora     de     Carnes     del     Pacífico”,  tal  acontecimiento no tiene alcance  probatorio  para  concluir que el dinero de ese título valor fuera constitutivo  del   delito   de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  puesto  que  la  declarante  (Janeth  Arjona)  informa  que ella y su esposo prestaron asesorías  profesionales  a  los  hermanos  Rodríguez,  siendo en consecuencia actividades  lícitas  las  originarias  del cheque que ingresó al patrimonio del matrimonio  Troncoso  Arjona,  tanto  que mediante una providencia que hizo tránsito a cosa  juzgada les fue reconocida su inocencia.   

Para  concluir  insiste en que “el cúmulo de los tres grandes errores,  ya  mencionados  conduce  a la Administración de Justicia a condenar a quien no  ha  desplegado  comportamiento alguno descrito en el Ordenamiento Positivo, vale  decir,  si  se  hubiese  reconocido el valor probatorio escaso, contradictorio y  desvirtuado  documentalmente,  del  testimonio  de Guillermo Alejandro Pallomari  González,   al   tiempo  que  se  hubiere  atendido  adecuadamente  el  alcance  informativo  de  las pruebas relacionadas con la venta del restaurante Guacamole  y  se hubiese apreciado según la sana crítica, las pruebas relacionadas con la  emisión  del  cheque  de  dos  millones  novecientos  cincuenta  mil  pesos, la  sentencia  necesariamente  habría  sido  distinta,  tanto  como  que se habría  declarado       la       inocencia      de      mi      representada”.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

La  Procuradora  Cuarta  Delegada  para  la  Casación  Penal  advierte  que el libelista incurre en falencias técnicas y de  fondo  insalvables, que conducen inexorablemente al fracaso de sus pretensiones,  pues  no  concreta ningún error de hecho por falso juicio de identidad; y en el  único  cargo  que  postula,  en  sus  distintas  facetas, trata de anteponer su  criterio  personal  acudiendo  a las mismas reflexiones que la defensa esgrimió  en  las  instancias,  en  lugar  de  sustentar  con arreglo a las exigencias del  recurso extraordinario.   

A continuación el resumen de las críticas  que   la   Delegada  resalta  en  torno  de  la  argumentación  vertida  en  la  demanda:   

1-.  Al formular la proposición jurídica,  además   de   que  ningún  ejercicio  realizó  el  censor  para  efectuar  la  demostración  que  se  proponía,  incluyó  como norma directamente violada el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2790 de 1991),  desconociendo  que  la  institución  del in dubio pro  reo,   pese   a   estar   consagrada  en  el  Código  instrumental,   tiene  un  claro  contenido  sustancial;  además,  adoptó  una  posición  contradictoria,  ya  que  asegura  que  tal precepto resultó violado  directamente,  no  obstante  haber  elegido  el sendero del cuerpo segundo de la  causal primera de casación.   

2-. Olvidó que el principio de resolución  de  la  duda  tiene un especialísimo tratamiento en sede de casación, atacable  bien  por  la  vía  directa, cuando el juzgador reconoce la existencia de dudas  pero  no  las  tiene en cuenta al proferir el fallo de condena;  o bien por  vía  indirecta,  derivada  de  un  error  de  derecho  o  de  hecho que debe el  libelista  precisar y demostrar, cuando el sentenciador, no obstante existir, no  las  admite.  Estas  exigencias  no fueron cumplidas por el recurrente, quien se  limitó  a  mencionar  entre  las  normas  vulneradas, sin desarrollo alguno, al  artículo 445 del estatuto procesal penal entonces vigente.   

3-. Al referirse al testimonio de Guillermo  Alejandro  Pallomari,  con  el objeto de demostrar el falso juicio de identidad,  el  demandante presenta su personal punto de vista, para negarle credibilidad al  testigo  Pallomari,  de  manera  que evidenciado finalmente su propósito, ha de  concluirse  que   dado  que el ataque se centró a hacer, como expresamente  lo  afirmó,  el “ejercicio  de         apreciación        crítica        del        testimonio”   para   atribuirle   la   falta  de  credibilidad,  es  claro  que  desvió  el  camino  de  la argumentación que le  imponía la modalidad del error propuesto.   

4-.  El  falso  juicio  de  identidad es de  naturaleza  objetiva, porque apunta a la materialidad o contenido de la prueba y  se   concreta  cuando  al  apreciarla  el  fallador  tergiversa,  distorsiona  o  desfigura  el  hecho  que  revela la misma, esto es, que le da un sentido que no  corresponde  a  su  contenido fáctico; y ese error exige para su demostración,  que  se  evidencie la contraposición entre lo que señala la prueba y lo que el  sentenciador  dice  que  contiene,  requisito  que  no  atendió  el  libelista,  precisamente  porque  no  se  atuvo al tenor del significado del falso juicio de  identidad, por donde introdujo la censura.   

5-.  Aunque,  por  la redacción de algunos  párrafos,  pareciera  enfilar el ataque por la senda del falso raciocinio, toda  vez  que  este  es  de  carácter  valorativo,  su discurso se quedó solo en la  huérfana  manifestación  de  que  la  aludida  prueba  testimonial  no  ofrece  credibilidad,  sin  indicar  la  defensa,  como  era su deber, si el Tribunal al  apreciarla se apartó de los postulados de la sana crítica.   

6-.  Se  concluye que el demandante intenta  derrumbar  la  credibilidad  que el sentenciador le otorgó a la declaración de  Guillermo  Pallomari,  pero  al  hacerlo  no  acata  las reglas que gobiernan el  recurso  extraordinario,  pues  concretó  sus  críticas  a  la  valoración, a  través  de  citas  de  la sentencia, frente a algunos apartes del testimonio en  cuestión,  que  no correspondían al tema que se trataba en aquellas, olvidando  que  la  casación  no  constituye  una  instancia  y  que  en razón de ello la  contraposición  de  criterios  entre el recurrente y el sentenciador en torno a  la   apreciación   probatoria,   no   puede  ser  asumida  como  un  error  del  fallo.   

7-.  El  libelista  tampoco  se  ocupó  en  demostrar  la  trascendencia  del  error  que  pregona,  de ahí que limitara su  exposición  a  la  simple  relación  de  las contradicciones del testimonio de  Pallomari,  en  aspectos  que  no  eran  de  la esencia del tema, soslayando los  motivos  aludidos  por  el  Tribunal  para  dar  por  demostrada la “verdadera  procedencia  y  razones del  cheque   cuestionado”,  entre  los  cuales no sólo tuvo en cuenta lo afirmado  por    ese    testigo,    sino   el   “estudio  detallado  de  su dicho, frente a la objetividad procesal y  al  dicho  de  los  demás  testigos,  poniéndolo  en  relación  con la prueba  documental”.   

8-.   En   ese   orden   de   ideas,  las  contradicciones  que  destaca  el  recurrente  en  las diferentes intervenciones  procesales  de  Guillermo  Pallomari,  no fueron determinantes en la valoración  que  acertadamente  realizó el sentenciador, ni le restan credibilidad frente a  aspectos  sustanciales  que, además, se encuentran respaldados por otros medios  probatorios,  que  tampoco  atacó,  pues sólo tangencialmente se refirió a la  prueba  documental  recogida  por  el  Comando  Especial  Conjunto, para afirmar  escuetamente,  sin  argumentos,  que  se  desvirtuaba con las contradicciones de  Pallomari.   

9-. La misma observación cabe en relación  con     el     reproche     derivado    de    la    venta    del    “Restaurante    Guacamole”, acápite en  el  cual omite señalar cuál medio de prueba es el que sopesa el error de hecho  que  invoca,  lo que evidencia con mayor énfasis su personal postura en torno a  las  conclusiones  a  que  llegó  el  sentenciador, a partir de la prueba   examinada  en  conjunto, para tratar de desestimarlas sin fundamentos jurídicos  serios.   

10-.  En esas condiciones el tema propuesto  con   relación   a   la   venta  del  “Restaurante     Guacamole”  resulta inabordable en sede de casación,  por  falta  de  objeto, pues aunque se anunció frente a él la existencia de un  error  de  hecho,  en  su  desarrollo no se especificó, ni se determinó, ni se  individualizó  medio  probatorio  alguno sobre el que pudiera recaer tal yerro,  lo  que  en  virtud  del principio de limitación y la naturaleza rogada de este  recurso,  impide  a  la  Corte  y  a  la  Procuraduría  Delegada  considerar el  asunto.   

11-. Las mismas críticas son válidas en lo  relativo  a “la compra de un  computador”,  pues,  no  obstante  que frente a ese aspecto el recurrente aduce la  existencia  de  un  error  de  hecho,  no  concreta la prueba sobre la que en su  sentir  recae,  pretendiendo  suplir  tal  falencia, con la simple alusión a un  “paquete  probatorio”, compuesto por  “por la copia del cheque,  girado   por  valor  de  dos  millones  novecientos  cincuenta  mil  pesos,  los  testimonios  de  Julio García, Janeth Arjona, José Sabbat Castillo, y las copias de las facturas expedidas  por  el  almacén  el  Chévere  así  como  la Inspección  Judicial allí  efectuada”, cuyo contenido simplemente enuncia.   

Lo que sí deja en claro el recurrente es su  personal     apreciación     de     lo     que     llamó    el    “paquete     probatorio”,   en   contraposición   a  la  del  Tribunal,  postura  que  además  de no ser procedente en casación, ni siquiera  permite   analizar   el  asunto  por  ausencia  de  objeto  frene  a  la  causal  propuesta.   

12-.  El  libelista  pretende  desviar  la  atención  de  la  Corte  para  que  a  manera  de instancia vuelva a valorar el  material  probatorio,  en la misma forma que lo hizo cuando la Sala de Casación  Penal  conocía  del  proceso,  olvidando  que el pronunciamiento que cita está  contenido  en  la  decisión  por  medio  de  la cual se resolvió la situación  jurídica,  y  que  fue  con  posterioridad  a  ella que se realizó inspección  judicial  al  almacén  “El  Chévere”, diligencia donde  se  halló  una  factura con adulteraciones, circunstancias que obviamente y con  razón,    cambian    los    presupuestos    procesales    que    entonces    se  tenían.   

13-.  La  argumentación  propuesta  por el  demandante  no  evidenció error alguno del sentenciador con trascendencia en la  ley  sustancial o en los derechos y garantías procesales, pues no confrontó la  actuación  surtida  ni  el  material  probatorio con la decisión del Tribunal,  razones  suficientes que impiden, como ya se dijo, abordar de fondo el análisis  de la demanda.   

Solicita  a  la  Corte  no  casar  el fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Razón  asiste  a  la  Procuradora Delegada  cuando  advierte que el libelo fue estructurado de manera diversa a la que exige  la técnica casacional, por lo cual el cargo único no sale avante.   

1-. El demandante radica la queja en que el  Tribunal  Nacional  distorsionó  o  tergiversó varias pruebas, incurriendo por  ello  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad;  y,  sin embargo,  paralelamente  señala  que  el  desatino se manifiesta en el desconocimiento de  los  postulados  de la sana crítica, por evaluar sin lógica e irrazonablemente  el acopio probatorio.   

2-. De otra parte, le aqueja una confusión  conceptual  que  desde  los  prolegómenos  aleja  de  la técnica casacional la  formulación  del  cargo,  pues  enuncia  que disertará acerca de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho  en  la valoración  probatoria  y,  en  seguida,  asegura  que  por  el  influjo  de tales yerros se  transgredieron              “directamente”  los  artículos  254  (apreciación de las pruebas – sana crítica), 247 (prueba  para  condenar),  294  (criterios  para  la  apreciación  del testimonio) y 445  (presunción  de  inocencia) del Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de  1991).   

Los   cargos  por  violación  directa  e  indirecta  de  la  ley  sustancial  son  excluyentes entre sí, y por tal razón  deben  presentarse  en  forma  autónoma  y  separada, toda vez que si el censor  elige  el cuerpo primero de la causal primera de casación, es decir, violación  directa  de  la  ley sustancial, acepta los hechos, las pruebas y la valoración  que  de  ellas  se  hizo en las instancias, sin que pueda discutir cuestiones de  facto,  porque  la  impugnación es de estricto orden jurídico y recae sobre la  ley  sustancial por falta de aplicación, aplicación indebida o interpretación  errónea;  en  cambio, si el reproche se aborda con arreglo al cuerpo segundo de  la  causal  primera,  esto  es,  violación  indirecta  de la ley sustancial, la  discusión  planteada  es  de  índole  probatoria  e  implica  demostrar que el  Tribunal  redactó el fallo bajo el influjo de errores de juicio, que pueden ser  de hecho o de derecho, en la valoración del recaudo probatorio.   

Aquella  manera  de  postular  la  censura  conspira  contra  las  pretensiones  de la defensa, pues dificulta en extremo la  comprensión  del  cargo,  y aleja la posibilidad de que la Corte compare lo que  dice    la   demanda   con   la   estructura   lógico   jurídica   del   fallo  impugnado.   

Aún  así,  como  quiera  que  se  alude  claramente  a  la  tergiversación  de  los  principales  medios  de  prueba, se  expondrán  las  razones  por las cuales el cargo por violación indirecta de la  ley sustancial no está llamado a prosperar.   

4-.  La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  reiterado  en  múltiples  ocasiones que puede demandarse la casación del fallo  con  fundamento  en  la causal primera, cuerpo segundo, por violación indirecta  de  la  ley  sustancial,  cuando  el Tribunal en el ejercicio de la apreciación  probatoria haya incurrido en errores de hecho o de derecho   

El  error  de  hecho, camino seguido por el  casacionista,  puede  estar  determinado  por: falso juicio de existencia, falso  juicio de identidad y falso raciocinio.   

4.1-.  Incurre  en error de hecho por falso  juicio  de  existencia el juez que omite apreciar una prueba legalmente aportada  al  proceso,  o  cuando,  contrario  sensu,  infiere consecuencias valorativas a  partir  de  un  medio  de  convicción que no forma parte del mismo por no haber  sido incorporado.   

Corresponde  al  demandante  indicar  con  precisión  cuáles  medios  de  prueba,  no  incorporados  al  plenario, fueron  aducidos  por la invención unilateral del Tribunal, o cuáles de los existentes  no tuvo en cuenta.   

4.2-. El error de hecho por falso juicio de  identidad  supone,  en  cambio,  que  el  juzgador  sí tiene en cuenta el medio  probatorio  legal  y  oportunamente  practicado;  no  obstante,  al sopesarlo lo  distorsiona,  tergiversa,  recorta o adiciona en su contenido literal, de suerte  que  arriba  a  conclusiones  distintas a las que habría obtenido si lo hubiese  considerado en su integridad.   

En este evento, el censor tiene la carga de  confrontar  por  separado  el  tenor  literal  de  cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo  que  el  Tribunal pensó que ellas decían; y así,  demostrada  la diferencia y el desfase, debe continuar hacia la trascendencia de  aquella impropiedad.   

4.3-.  Si  la prueba existe legalmente y es  valorada  en  su  integridad,  pero  se  le asigna una fuerza de convicción que  vulnera  los postulados de la sana crítica, en decir, las reglas de la lógica,  las  máximas de la experiencia común y los aportes de las ciencias, se incurre  en error de hecho por falso raciocinio.   

Esta  especie  de  error  tiene  su  propia  técnica,  especialmente en cuanto exige al demandante demostrar cuál postulado  científico,  o  cuál principio de la lógica, o cual máxima de la experiencia  fue  desconocido  por  el juez. A continuación deberá indicar la trascendencia  de  ese  error,  de  modo  que  sin  él  el  fallo  hubiera  sido  diferente, y  concomitantemente  indicar  cuál era el aporte científico correcto, o cuál el  raciocinio  lógico,  o cuál la deducción por experiencia que debió aplicarse  para esclarecer el asunto debatido.   

5-. En cada evento el yerro demostrado en la  forma  antes  señalada,  en operación de causa a efecto, debe enlazarse con la  verificación  de  su  trascendencia  sobre  el  sentido  del  fallo,  y  con la  violación  de  determinada ley sustancial por falta de aplicación, aplicación  indebida  o  interpretación  errónea,  todo  en  procura  de  verificar que la  sentencia  impugnada  es  manifiestamente  contraria a derecho, pues se trata de  cuestionar   su   estructura   lógico-jurídica;   no   de  reabrir  el  debate  probatorio.   

6-. Como equivocadamente se hace en el caso  que  se  examina,  no  es  compatible dentro del mismo cargo y frente a la misma  prueba  mezclar  indistintamente  argumentos  para  defender  la tesis del falso  juicio  de identidad y la del falso raciocinio. En aquel, se insiste, el dislate  se  produce  sobre  el  contenido  material  de  la  prueba  y  de ahí surge la  distorsión  en su sentido cabal e íntegro; en éste, en cambio, el problema se  presenta  porque  la  prueba se sopesa con distanciamiento de los parámetros de  la sana crítica.   

7-.  El  defensor  de  la señora ANA DELIA  GARCÍA   DE  PECHTHALT  hizo  un  enorme  esfuerzo  por  demostrar que las  deducciones  que él propone, luego de mencionar sin mayor análisis el conjunto  de  pruebas,  son  las  correctas,  las  justas  y  las  adecuadas a la realidad  fáctica y procesal.   

A  pesar  de  ello, no desarrolló frente a  ninguna  prueba el error de hecho por falso juicio de identidad que anticipó en  la   fase   introductoria  de  su  demanda,  pues  no  identificó  la  supuesta  distorsión,  ni  la  tergiversación,  ni  el  recorte  o  parcelamiento, ni la  adición en su contenido literal por parte del Tribunal Nacional.   

En lugar de indicar a la Corte con claridad  las  incidencias  del  error por falso juicio de identidad sobre cada prueba que  menciona,  extendió  su protesta genérica sobre el conjunto de reflexiones del  Juez  de  segunda instancia, y por ello se constata que su descontento radica en  el  poder  de  convicción que el Tribunal percibió en los testimonios y en las  pruebas documentales que sirvieron de fundamento al fallo.   

El principio de limitación que rige en esta  sede,  impide  a  la Sala readecuar el contenido de la demanda, o complementarlo  hasta   tornarlo  inteligible,  pues  la  única  excepción  la  constituye  el  pronunciamiento  oficioso frente a situaciones generadoras de nulidad, que deben  corregirse   para   no   sacrificar   derechos   fundamentales  de  los  sujetos  procesales.   

8-.  Con  frecuencia, y así ocurre en este  caso,  lo  que  se  presenta  en  realidad  es  una disparidad de criterios, una  diversa  óptica  de entendimiento entre el casacionista y el Tribunal Nacional,  motivo  demás para que el cargo no tenga acogida, en la medida que, so pretexto  de  los errores de hecho postulados, como si se tratara de ahondar en el debate,  se  pretende imponer la opinión jurídica del interesado sobre el raciocinio de  la Corporación, como pasa a verificarse.   

Independientemente de la inexactitud con la  cual  el recurrente combina los errores que atribuye al Juez plural, al anunciar  las  pruebas que fueron distorsionadas o valoradas sin arreglo a los parámetros  de  la  sana crítica, sin identificar unas y otras, la demanda está enfocada a  censurar,   de  una  parte,  la  credibilidad  concedida  al  testigo  Guillermo  Alejandro  Pallomari;  y  de  otra,  a  rebatir  las deducciones que el Tribunal  obtuvo  con  base en dicha prueba y en las atinentes a la venta del “Restaurante    Guacamole”, y a la compara de un computador donde  supuestamente la procesada fue intermediaria.   

La  fundamentación  de  este  postulado en  manera  alguna  incluye  el  descubrimiento de una cualquiera de las modalidades  posibles  de  errores de hecho; menos aún la vulneración de los parámetros de  la  sana  crítica, que tanto reitera el demandante, pero sin avanzar más allá  de  la  simple  mención,  porque nunca expresó cuáles fueron las reglas de la  lógica,  ni  los  aportes  científicos,  ni  las  deducciones  por experiencia  excluidos  en  la  estimación  probatoria  que  hizo  el  Tribunal; y porque al  reprochar  el  análisis  testimonial,  basa  su  crítica  en  la  credibilidad  otorgada,  sin  edificar  un  cargo  por  distorsión,  recorte o adición de su  contenido.   

9-.   El   Tribunal   Nacional   analizó  ampliamente  a  la  luz del acopio probatorio varios tópicos, que finalmente lo  llevaron  a  la  convicción de certeza acerca de la responsabilidad penal de la  señora  ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT, tales como: a) la condición del sujeto  activo  del delito y su incidencia en la tipicidad; b) la real existencia de las  organizaciones  delictivas  que  expidieron  los  cheques  y  de sus empresas de  “fachada”; c) el origen de los cheques por valor  de  $  10.000.000  y  $ 2.950.000, respectivamente, las razones de su emisión y  las  concordancias y discordancias de los testigos con relación a esos títulos  valores;   d)   del  incremento  patrimonial  no  justificado;  y  e)  sobre  la  culpabilidad;  ninguno  de  los cuales fue abordado críticamente en la demanda,  como  era  debido,  si  se  tiene en cuenta que a ese grado de convencimiento se  arribó básicamente a través de indicios.   

10-.   En   su  intento  de  rebatir  las  deducciones  que hizo el Tribunal Nacional, el casacionista dejó de cuestionar,  con  la  técnica del recurso extraordinario, el camino analítico recorrido por  esa  Corporación  hacia la construcción de su convencimiento, empezando por la  confesión  de  los  hermanos  Miguel  y  Gilberto Rodríguez Orejuela sobre sus  actividades  de  narcotráfico entre 1982 y 1995, y en cuanto a que el manejo de  las   cuentas   bancarias  de  ellos  estaba  a  cargo  de  Guillermo  Pallomari  González.   

Con el testimonio de Guillermo Pallomari el  Tribunal   Nacional   apenas  constató  la  procedencia  de  un  título  valor  perteneciente   a   una  chequera  de  “El    Cartel    de    Cali”.   En   adelante,   desvirtuó   que   la  venta  del  “Restaurante    Guacamole” por parte de Daniel Pechthalt, hijo de  la  procesada,  hubiese  sido  la causa de que la suma de $ 10.000.000, derivada  del  mismo  título,  terminara  en  manos  de  la  señora ANA DELIA GARCÍA DE  PECHTHALT por concepto de una donación.   

El Juez de segunda instancia estudió uno a  uno  los  pasos  de  esa  transacción  y  fue  desvirtuando cada testimonio que  trataba  de  hacer que las cosas coincidieran hasta llegar al abono de esa cifra  en  beneficio  de  la  procesada. Era, entonces, deber del procesado enseñar en  qué  consistió  el  falso juicio de identidad sobre las pruebas relativas a la  venta  de  ese  establecimiento, pero omitió ese ejercicio para dedicarse a una  crítica   genérica   las  deducciones  que  el  Tribunal  obtuvo  después  de  sopesarlas en conjunto.   

Luego,  el Tribunal descartó la existencia  real   de  una  confusa  negociación  de  un  computador,  en  el  “Almacén      Chévere”  de  San Andrés Isla, perteneciente a  un  pariente  la  procesada,  pagado  a  la  postre con un cheque por valor de $  2.950.000,   que   curiosamente   provenía   de   otra   empresa   “fachada”         de         “El    Cartel    de   Cali”   y   que  terminó  acrecentando  el  patrimonio de aquella.   

11-. El demandante se abstuvo de extender el  reproche  hacia  los  indicios  derivados  de  la  unión  de estas “coincidencias”,  pues ni siquiera atacó la prueba de  indicios  como  tal,  sino,  aisladamente  la  apreciación  de varios medios de  convicción  que contribuyeron a construirlos, pues ni siquiera determinó si la  inconformidad  se  arraigaba  en  la  verificación  del  hecho indicador, en la  inferencia  del  hecho indicado, o en la estimación individual o conjunta de su  poder suasorio.   

12-. Aunado a lo anterior, cabe destacar que  ningún  aporte  hace  el  demandante  en  cuanto  a  la  trascendencia  de  las  contradicciones  del  señor  Guillermo  Pallomari en la formación del criterio  del  Tribunal Nacional, pues, como se dijo, el convencimiento de la Corporación  no  dimanó exclusivamente de ese testimonio, sino básicamente de contrastar la  prueba  documental  -y  en concreto la detección de los cheques de “El    Cartel    de   Cali”  que  terminaron  beneficiando  a  la  procesada-  con  lo  afirmado por ese testigo, en el sentido de que los hermanos  Rodríguez  Orejuela apoyaban la causa política de la señora ANA DELIA GARCÍA  DE PECHTHALT.   

La  afirmación  aislada  de  que Pallomari  González  se  contradice  en  algunos  aspectos  de  su  declaración,  en nada  desdibuja  la  deducción  del  compromiso  doloso  de  la  señora  GARCÍA  DE  PECHTHALT  con  la recepción de los dineros sin justa causa, cuando en criterio  del  Tribunal  Nacional  el  hallazgo  de  los  cheques girados sobre cuentas de  empresas                 “fachada”  de  “El     Cartel    de  Cali”   es   un   hecho  incontrovertible;  y  la venta del “Restaurante     Guacamole”  y  la  “compra  de   un   computador”,  no  pasaron   de   ser   pretextos   para  excusar  el  incremento  ilícito  de  su  patrimonio.   

12-.  En concreto, con relación a la venta  del     “Restaurante  Guacamole”  el defensor ni  una  palabra  dice  para  explicar  en  qué  consistió  la  distorsión  o  la  “falsa  interpretación”  de  los  testimonios  de  Hernán  Rosas,  Germán  Daniel  Pechthalt,  los documentos de  oferta,  las  copias  de  las  remisiones expedidas por la sociedad Aviomar y la  publicación  en el diario El País, pues no refiere su contenido y menos lo que  el Tribunal Nacional apuntó acerca de esos medios de prueba.   

Cabe recordar que en el fallo no se duda de  la  negociación de ese restaurante. Lo que sí se pone en tela de juicio es que  de  ahí hubiesen salido los $ 10.000.0000 que el señor Jesús Zapata consignó  en  la  cuenta  de  la secretaria de la señor ANA DELIA GARCÍA DE PECHTHALT, y  que  supuestamente  provenían  de  la  venta  de muebles y utensilios del mismo  establecimiento que era de su hijo Daniel Pechthalt.   

El  Tribunal  Nacional refutó por falta de  credibilidad  lo  dicho  por  cada  uno de los mencionados, y le concedió mucha  importancia  al  hecho de que no existiera un documento serio en el que constara  la  venta  del restaurante por su precio real, lo cual le permitió concluir que  hubo  de inventarse la venta de unos muebles y enseres de ese establecimiento, a  un    personaje   no   identificado,   mencionado   apenas   como   “El           Flaco”      ó      el      “Doctor        Delgado”,   para  tratar  de  completar  así,  artificialmente,  la  suma  de  $  10.000.000,  con el ánimo de hacer creer que  correspondían  al  precio  de  los  elementos  varios que había vendido Daniel  Pechthalt  después  de  negociar  su  “Restaurante     Guacamole”.   

La prueba de indicios, pues, no fue atacada.  En  tales  condiciones,  no  puede  la Corte, so pena de arrasar el principio de  limitación,  estudiar  ningún  error de hecho en la valoración de esos medios  de  convicción  que, por demás, en rigor ninguno se postula, porque la critica  se  reduce  a  protestar  porque  el  Tribunal  Nacional  no  aceptó  que los $  10.000.000  que  ingresaron  al  patrimonio  de  la señora ANA DELIA GARCÍA DE  PECHTHALT  provinieron  de  ese  negocio,  y  a  asegurar que en tal postura esa  Corporación  se  muestra irracional, e ilógica, pero sin demostrar tampoco por  qué piensa que incurrió en error por falso raciocinio.   

13-.       El       “paquete      probatorio”  relativo  a  la transacción sobre un  computador,  compuesto  por  la copia de un cheque por valor de $ 2.950.000, los  testimonios  de  Julio  García,  Janeth  Arjona  y  José Sabbat Castillo, y la  factura     expedida    por    el    “Almacén       Chévere”,  tan  solo  se  menciona  en  la  demanda. Omisión de insuperable  incidencia  contra  la  técnica  del  recurso  extraordinario, puesto que si el  Tribunal  Nacional  sopesó  por separado cada uno de esos medios de prueba, del  mismo  modo  ha  debido  el  censor  abordarlos  para indicar el falso juicio de  identidad que reprocha.   

En  cuanto  hace  a este tópico el Juez de  segunda   instancia   empezó  por  adverar  que  la  factura  expedida  por  el  “Almacén  Chévere” era falsa, porque  fue  adulterada  en  la  fecha, en el valor del artículo vendido y en el nombre  del comprador:   

“Del análisis  del  anterior  documento,  se  colige,  sin  lugar  a  dudas,  que  se trató de  engañar,  nuevamente  a  la  justicia, presentando una copia de una factura que  debió  corresponder  a  cualquiera otra transacción, como archivo de la que se  quiso  mostrar  como  base de la emisión del cheque por $ 2.950.000”       (folio      61      cdno.  Tribunal).   

En  adelante,  en  la  sentencia de segundo  grado  se  hace  un  concienzudo  análisis  del  testimonio de las personas que  intervinieron  en  la  supuesta  negociación  del computador en el “Almacén      Chévere” de propiedad de José Sabbat Castillo,  y  encuentra  las  inconsistencias  que presenta cada una de esas declaraciones,  con  lo  cual  concluye  nuevamente que la pretendida venta nunca existió, sino  que se trata de otro montaje para eludir la acción de la justicia.   

Ninguna   crítica  fundamentada  con  la  técnica  del  falso  juicio  de  identidad  sobre  el  pensamiento del Tribunal  Nacional,  respecto  de  cada  prueba, ni con relación a lo que estimó de esos  medios  en  conjunto,  hace  el  casacionista,  por lo cual el cargo se agota en  retórica  deleznable  frente  al  rigorismo  lógico  que  se  exige en sede de  casación para cuestionar la estructura lógica del fallo.   

14-. Otro indicio autónomo que contribuyó  a  fortalecer  la convicción de responsabilidad de la señora ANA DELIA GARCÍA  DE  PECHTHALT,  frente  al cual el demandante guardó silencio, fue derivado por  el  Tribunal  a  partir  del hecho cierto e incontrovertible de la existencia de  los      dos      cheques      provenientes     de     empresas     “fachada”         de         “El    Cartel    de   Cali”:   el   girado   contra   fondos   de  “Export  Café”, por $ 10.000.000; y el respaldado con  dineros        de        la       “Comercializadora     de     Carnes     del     Pacífico”, por $ 2.950.000.   

Así  expresó  sus  conclusiones  el  Juez  Colegiado en el fallo de segunda instancia:   

“Las  casualidades  son  posible,  pero, en el presente caso, no se presentó ninguna,  sencillamente,  porque  ambas operaciones hacían parte del mismo andamiaje para  hacer     acrecer     el    patrimonio    de    la    parlamentaria.”       (folio      58      cdno.  Tribunal).   

Esta  prueba  indiciaria, independiente, no  fue  incluida  en  los  reparos que eleva el casacionista, razón adicional para  demostrar  que  el  cargo  no  tiene  vocación  para  afectar la presunción de  legalidad y acierto que acompaña al fallo.   

15-.  No  puede  pasarse  por  alto  que el  casacionista  insinúa  a  la  Corte  que  no  existe  certeza  probatoria  para  condenar,  y  por  ende que resuelva las dudas que puedan aflorar en favor de la  señora  ANA  DELIA  GARCÍA DE PECHTHALT. Sin embargo, desconoció una vez más  la  técnica  de  casación,  pues  el  in  dubio pro  reo  requiere un desarrollo  armónico  a ésta vía extraordinaria y excepcional con la que se busca quebrar  la condena.   

En  cuanto  a la aplicabilidad del in dubio  pro  reo,  que el demandante apenas enuncia, debe recordarse que no es aceptable  en  técnica  de  casación esperar que la Corte deduzca o infiera que no existe  certeza  a  partir del cuestionamiento superficial y generalizado a las pruebas,  cual  si  fuese  en  un recurso de instancia, y menos si, como en este caso, los  reproches  se  enfilaron  exclusivamente  contra  las  pruebas  que  el defensor  estimó  conveniente,  dejando  de  lado el resto de medios de convicción y los  procesos   de   inferencia   lógicas   llevados   a   cabo   por   el  Tribunal  Nacional.   

Si  la  pretensión consistía en demostrar  que  era  necesario absolver por falta de certeza, el cargo debió estructurarse  de  manera  autónoma  por vía directa o indirecta según las circunstancias lo  aconsejaren.   

La   Sala   de   Casación  Penal  en  su  jurisprudencia ha reiterado los siguientes lineamientos:   

-.  Cuando el Tribunal a pesar de reconocer  en  su  discurso  la ausencia de certeza deja de aplicar el in dubio pro reo, se  debe  demandar  la  violación  directa, por falta de aplicación, del artículo  445  del  Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de 1991), equivalente hoy  al  artículo 7° (presunción de inocencia), norma rectora del nuevo Código de  Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000).   

-.  Por  el  contrario,  si  lo que hace el  Tribunal  es suponer certeza cuando en verdad no se puede llegar a este grado de  convencimiento,  la  violación  a  la  ley  sustancial  se  presenta  por  vía  indirecta  y  los  cargos  en  casación deben presentarse por error de hecho en  cualquiera de sus modalidades.   

Es  claro  que para el Tribunal Nacional el  acopio  probatorio no dejó resquicio de duda acerca del compromiso doloso de la  procesada  y  así  lo  declara  en  el texto del fallo, de suerte que optó por  condenar  ante  su  convicción de certeza, quedando únicamente por explorar la  violación  indirecta  de  la ley, a través de errores de hecho o de derecho en  la valoración probatoria.   

En la casación que se resuelve, como viene  de  explicarse,  el  cargo por error de hecho, por falso juicio de identidad, no  fue  desarrollado  ni  siquiera  en  mínima  parte,  pues, el censor limitó su  alegato  a  indicar  lo  que él pensaba acerca de algunas pruebas, apartándose  así  de  la  concepción del Tribunal Nacional, pero sin llegar a demostrar que  el  juzgador  incurrió  en  errores estructurales con aptitud para que la Corte  Suprema de Justicia case la sentencia.   

16-.  En  definitiva, no se encuentra en la  sustentación  del  cargo  un  argumento  que  compruebe  válidamente  el yerro  judicial  que  puestula.  Se  vislumbra, en cambio, el propósito de llevar a la  Corte  a  efectuar una tercera evaluación del acopio probatorio, cuyo resultado  habría  de  enmarcarse  dentro de las reflexiones planteadas por el recurrente,  vale  decir,  enfilando  los testimonios y pruebas documentales que le interesan  hacia  la  conclusión  según  la  cual  persisten  dudas  que  favorecen  a la  procesada.   

Entonces,  el  problema  subyacente  en  la  credibilidad,  la  fuerza  de  convicción  o  el  poder  de  persuasión que el  Tribunal  Nacional  otorgó  al  conjunto  de pruebas, asunto en el que prima la  sana  crítica  de  los funcionarios judiciales como método de interpretación,  en  el  cual  no  existe  tarifa  legal  o asignación ex ante del mérito a las  pruebas,  sino  que  el  Juez tiene cierto grado de libertad o discrecionalidad,  para  arribar  a  un  estado  de  conocimiento  acerca  de  los  sucesos y de la  responsabilidad   penal.   Ese  margen  para  la  movilidad  intelectual  en  la  asignación  del  mérito  a  las pruebas encuentra límite en los postulados de  las  ciencias,  las  reglas  de  la  lógica  y  las  máximas de la experiencia  común.   

17-.  En tales condiciones, se concluye, de  acuerdo  con el criterio de la Procuradora Delegada para la Casación Penal, que  la  censura  no  puede  prosperar, y por ello no se casará la sentencia materia  del recurso extraordinario.   

18-. Por disposición del artículo 187 del  Código  de  Procedimiento  Penal (Ley 600 de 2000), la presente providencia, en  tanto  no  sustituye  a  la  sentencia  materia  del  recurso  extraordinario de  casación,  queda  ejecutoriada  el  día  en  que se suscribe, y contra ella no  procede ningún recurso.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO   CASAR  la  sentencia motivo de la impugnación extraordinaria.   

Contra  la  presente  sentencia  no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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