15788(21-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  15788   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 095.  

          Bogotá D.C., veintiuno de agosto de dos mil tres.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de  fondo sobre la  demanda  de casación presentada por el Fiscal Tercero Delegado ante el Tribunal  Superior  de  Pereira y la Procuradora Judicial 150 en lo Penal, contra el fallo  de  segunda  instancia  proferido por el Tribunal Superior de la misma ciudad el  18   de   diciembre   de   1998,   por   cuyo  medio  absolvió  a  JULIO    CESAR    MARTÍNEZ    MARÍN   y  JHOVANNY ZAPATA por el delito  de  homicidio  de  Alberto Vásquez Gaviria,  el cual había motivado que se los condenara en primera instancia  a la pena principal de 25 años de prisión.   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a  la  Corte  casar  el  fallo  acusado y en su lugar  condenar a los procesados.   

HECHOS  

El  16 de agosto de 1995, en la orilla de la  carretera  que conduce a la finca Alicachín, ubicada en la vereda La Bodega del  corregimiento   de   Combia   Baja  de  Pereira,  miembros  de  la  Sección  de  Criminalística  de  la  Unidad de Policía e Investigación del Departamento de  Policía  de Risaralda practicaron el levantamiento del cadáver de Alberto   Vásquez   Gaviria,   el   cual  presentaba      múltiples      heridas      ocasionadas      con      elementos  cortopunzantes.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  el  acta de levantamiento del  cadáver   de   Alberto  Vásquez  Gaviria,  la  Fiscalía  Seccional  de  Pereira  dispuso la correspondiente  indagación  preliminar  el  23  de  agosto  de  1995; posteriormente, el 1º de  diciembre  de  1992,  declaró  abierta  la  instrucción,  en cuyo marco fueron  vinculados    mediante    declaratoria    de    persona   ausente   JULIO    CESAR    MARTÍNEZ    MARÍN   y  JHOVANNY      ZAPATA,  definiéndoles  su  situación  jurídica el 26 de septiembre de 1995 con medida  de  aseguramiento  de  carácter  detentivo  sin derecho a libertad provisional,  como presuntos autores del delito de homicidio.   

Cerrada  la investigación, el 3 de marzo de  1997  fue  calificado  el  sumario  con  resolución  de  acusación  contra los  procesados  como posibles coautores del punible que determinó la imposición de  medida de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Pereira, donde se surtió el rito  pertinente;   el   3   de   octubre   de   1997   fue   capturado   JULIO  CESAR  MARTINEZ  MARÍN, y luego de  realizada  la audiencia pública se profirió sentencia el 6 de octubre de 1998,  por  cuyo  medio  fueron condenados los procesados como autores del homicidio de  Alberto  Vásquez  Gaviria, a  la  pena  principal  de  25 años prisión, y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  lapso  de  10  años; a JULIO   CESAR  MARTINEZ  también  le  fue  impuesta  la  pena  accesoria  de  suspensión  de la patria potestad durante 10  años.   

MARTÍNEZ  MARÍN y  el  defensor  de  oficio de JHOVANNY ZAPATA   interpusieron   recurso  de  apelación  contra  el  fallo,  cuya  sustentación  se  realizó oralmente. Entonces, el Tribunal Superior de Pereira  revocó  la  sentencia  impugnada  y  en su lugar absolvió a los procesados del  delito  por el cual se les condenó, mediante providencia del 18 de noviembre de  1998, que ahora es objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

Conjuntamente el Fiscal Tercero Delegado ante  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  y  la  Procuradora Judicial 150 en lo Penal  presentan  demanda  de  casación,  proponiendo  un cargo único al amparo de la  causal  primera  de casación, cuerpo segundo, por la violación indirecta de la  ley sustancial, fundados en varios motivos.   

          Comienzan  por  destacar que los yerros del fallo atacado pueden ser  producto  de  la  ligereza  con  la  que  se  adoptó  la decisión, dado que se  profirió  media  hora  antes  comenzar  la  vacancia judicial de final del año  1998;  acto  seguido  señalan que con ocasión de la violación indirecta de la  ley  sustancial  que postulan fueron conculcados los artículos 323 del anterior  estatuto  penal  que  tipifica  el  delito  de  homicidio y 247 del ordenamiento  procesal  penal  derogado  que  establece  los  requisitos para dictar sentencia  condenatoria, por falta de aplicación.   

          Además  relacionan  como  normas  medio quebrantadas los artículos  247  (prueba  para condenar), 248 (medios de prueba), 253 (libertad probatoria),  254  (apreciación  de las pruebas), 294 (apreciación de los testimonios) y 300  a 303 (indicios) de la anterior legislación procesal penal.   

          El desarrollo del cargo es como sigue:   

    

1. Falso  juicio  de  existencia  por  omisión del informe del CTI.     

          Expresan  los  censores  que el Tribunal incurrió en error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión, al no tener en cuenta el hecho  indicador  constituido  por  el informe del Cuerpo Técnico de Investigación de  fecha  5  de  diciembre  de  1995,  en  el  cual,  el  Investigador Ruffo  Ebers  Cruz  Parra  relata  que  se  entrevistó  con  Efraín  Morales  Galves,  alimentador  de  la  finca Alicachín, quien le manifestó que la  noche   de  los  sucesos,  cuando  buscaba  a  Alberto  Vásquez     Gaviria     apodado    “El   Paisa”   habló  con  Fernando   Giraldo,  momento  en  el  que  Cesar   y   Jhovanny    llegaron    “muy  agitados diciendo que se iban de la finca, recogieron sus cosas  y  salieron”,  y  que  al  preguntarles  qué había  pasado,  el  primero  le dijo que habían tenido un problema con el paisa;  luego,  al  llegar  al  cruce  de  caminos    tomaron    el    rumbo    que    los   conducía   a   la   carretera  principal.   

          También  destacan  los  demandantes  que  en el referido informe se  señala   que   Efraín   Morales  Galves   dijo   al   Investigador   que   Julio  Cesar  vestía  pantaloneta,  camiseta  y  tenis  sin  medias,  que portaba una navaja y que “en sus piernas  presentaba  varias  heridas  producidas por un objeto filoso, lo que hizo pensar  que  antes del homicidio, el óbito trató de defenderse e hirió afanosamente a  sus  agresores”,  y que los trabajadores de la finca  comentaban    que   Cesar,  Jhovanny  y  el paisa  habían  tenido  una  conversación  “de  la cual los dos primeros quedaron muy ofendidos  y decidieron vengarse”.   

Adicional  a  lo  anterior,  los impugnantes  indican  que  el  informe  da  cuenta  de  la  entrevista  del  Investigador con  José  Arturo Galeano Gómez,  quien   le   expuso   que   la   noche   de   los  acontecimientos  Efraín  le  pidió  que  lo acompañara a  buscar   al   paisa,  pues  CESAR   y   JHOVANNY  estaban  como  sospechosos y muy  nerviosos,  y  que  José Fernando Giraldo,  alimentador de la Finca La María le comentó que el paisa  había estado allí “desde  las  18:30  horas hasta las 19:30 horas aproximadamente y que  estando  allí  en  la casa llegaron CESAR y JHOVANNY miraron como si estuviesen  buscando  a  alguien  y  salieron…  a  los  veinte  minutos salió el Paisa en  dirección  al campamento y como a la hora llego donde él el señor EFRAIN y le  pidió  prestada una linterna al momento en que le contaba lo sucedido referente  a    que    habían    matado   el   ‘Paisa’.  Le  comentó   que   Jhovanny   le  afirmó  que  habían  tenido  un  problema  con  ‘El   Paisa’  y que estaba aporriado o herido, que  por      esa     razón     se     marchaban     de     la     finca”.   

          Aducen  que  el  Investigador  identificó  a los dos agresores como  JULIO  CESAR MARTINEZ MARIN y  JHOVANNY ZAPATA.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  los  censores  manifiestan  que  si el  Tribunal  hubiera  tenido  en  cuenta  el  informe  proveniente  de  un servidor  público,  habría  confirmado  el  fallo  condenatorio, con lo cual se acredita  “la   relación  causal  de  esa  notoria  omisión  probatoria   por  parte  del  Tribunal  Superior  con  el  desenlace  del  fallo  absolutorio”.   

2.            Falso  juicio de existencia por omisión  del  testimonio  de  José Arturo Galeano.   

          Los   impugnantes   exponen  que  tampoco  el  Tribunal  valoró  el  testimonio   de   José   Arturo  Galeano,  compañero  de  trabajo  de  la víctima, quien manifestó que la  noche   de   los  hechos  Efraín  Morales  lo  despertó  para  que  le  ayudara  a  encontrar a Alberto  Vásquez, y en efecto lo hallaron  muerto;   aunque  no  sabe  nada  de  los  hechos  afirmó  que  “sospecha   de   ellos   (de  JULIO     CESAR     y    JHOVANNY,    se  aclara)  porque  desde  que  mataron  a  Alberto no se  volvieron  a  ver  en  la  finca,  cogieron  las  cosas  esa  misma  noche  y se  fueron”,  declaración  que corrobora lo expuesto en  el  informe  del  CTI,  en  la  declaración de Efraín  Morales   y   en   el   testimonio  del  Investigador  Ruffo Ebers Cruz.   

          Entonces,  señalan  que si el Tribunal hubiera valorado el referido  testimonio   “habría   entendido   que  era  pieza  fundamental   en   el  rompecabezas  probatorio  que  al  armarse  adecuadamente  conduciría  a  la  deducción  figurativa  de  la  plena responsabilidad de los  señores   Julio   Cesar   Martínez   Marín   y   Jhovanny  Zapata”.   

3.            Errónea  inferencia  lógica  sobre  el  testimonio   de  Efraín  Morales  Galves.   

          Luego   de   citar   apartes  de  la  declaración  de  Efraín  Morales en los cuales refiere que  aproximadamente  a las ocho y media de la noche de cuando ocurrieron los hechos,  JULIO  CESAR  y  JHOVANNY le  solicitaron  a  su  esposa que les entregara una ropa que estaba arreglando y se  fueron,  y  que  al verlos asustados le preguntó al primero por qué se iban, y  aquel  le  respondió  “que porque tenía un problema  con  el  Paisa”;  también  señala que JULIO  CESAR  tenía  una  puñaleta en la  pantaloneta,  que  era  la  primera  vez  que  se  la  había visto, pues en las  tomateras  no  requería  de  armas,  y  que  desde  esa  noche no los volvió a  ver.   

          Exponen  los  demandantes  que  el Tribunal únicamente señaló que  Efraín  Morales no sindicó  directamente   a   los   procesados,   de   donde   concluyen  que  el    ad    quem    incurrió   en   una  “errónea   inferencia   lógica   como   elemento  fundamental  del  indicio”,  pues si bien aceptó la  credibilidad  del  testimonio,  “no lo valoró en su  totalidad  dimensión  al  hacer la operación mental para arribar a la unívoca  conclusión  de  que  Julio  Cesar  Martínez y Jhovanny Zapata habían sido los  autores de ese repudiable crimen”.   

          Por  tanto,  consideran  que  el yerro señalado determinó el fallo  absolutorio que reprochan.   

4.            Falso  juicio de existencia por omisión  del  testimonio  de Ruffo Ebers Cruz Parra.   

          Los  censores  expresan que el mencionado testigo, agente del Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  ratificó  su  informe 767, y señaló que según  Fernando     Giraldo,  Efraín    Morales    y  Arturo  Galeano, los autores  del     homicidio     fueron     JULIO    CESAR    y  JHOVANNY,  “ya  que fueron  los  únicos  que  se  encontraban  fuera de los alojamientos y a quienes vieron  momentos  antes  del  hecho rondando por el lugar donde se encontraba el paisa o  sea  el  alimentadero donde estaba viendo televisión e igualmente la forma como  se   fueron   de   la   finca,   sin  ninguna  explicación  lógica”.   

          También     precisó     el     declarante     que     Efraín   Morales   le   dijo   que   los  trabajadores    comentaban    que   JULIO   CESAR   y  JHOVANNY  discutieron  muy  fuerte  días antes con el  occiso,   que   “habían  quedado  muy  ofendidos  y  decidieron vengarse”.   

          Indican  entonces  los  demandantes  que  el  Tribunal no valoró el  testimonio    de    Ruffo   Cruz   Parra,  pese a que correspondía apreciarlo como un testimonio de oídas,  que  según  jurisprudencia  de  esta  Sala  es  válido, quedando sometido a la  credibilidad que le otorgue el funcionario.   

En consecuencia concluyen que si el Tribunal  hubiera  valorado  la  citada  declaración,  el  fallo  proferido  habría sido  confirmatorio    de    la    sentencia   condenatoria   proferida   en   primera  instancia.   

5.            Falso  juicio de existencia por omisión  de   la  necropsia,  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  y  el  material  fotográfico complementario.   

Los  censores  indican  que  el  Tribunal no  valoró  la  clase de armas con las que se produjeron las heridas a la víctima,  dado  que  sólo  efectuó una somera referencia a ellas. Destacan que según se  deriva  de  la  necropsia, del acta de levantamiento del cadáver y de las foros  tomadas  al  mismo, se trató de navaja y machete, y que por tanto, de tal hecho  indicador  “la inferencia apuntaría a que se trató  de  la  navaja  que portaba Julio Cesar Martínez Marín y la peinilla o machete  que  siempre  solía  cargar  Alberto  Vásquez  Gaviria,  armas  con las que le  causaron la muerte” los procesados.   

          Para  demostrarlo transcriben la descripción de algunas heridas con  señalamiento  de  su  diámetro  e  indican  las  fotografías  que  apoyan  su  reproche,   y   entonces   concluyen   que  si  el  ad  quem  hubiera  valorado tales medios de prueba habría  confirmado el fallo condenatorio de primer grado.   

6.             Falso   juicio   de   identidad  sobre  “la   huida   intempestiva   y   abrupta   de  los  sindicados”.   

          Estiman  los  demandantes que la huida de los procesados de la finca  donde  laboraban  y donde se causó la muerte a Alberto  Vásquez         Gaviria,        “constituye     un     trascendente    hecho    indicador”  de  la  responsabilidad  de  los  procesados,  pese  a  lo cual  “el  discurso  del Tribunal en ese sentido es de una  candidez   asombrosa,  deviene  en  un  falso  juicio  de  identidad  porque  la  apreciación  errónea  es  evidente,  puso  a esa prueba como hecho indicador a  decir  algo  muy  distinto de la evidencia conjunta consignada en el proceso, al  contrario  quedaron como víctimas dignas de protección al haber presenciado un  crimen  y cuyo espectáculo les representaría inseguridades futuras”.   

          Y  agregan  que existen otras pruebas que debieron ser analizadas en  congruencia  con  el  mencionado  hecho  indicador,  como el oficio suscrito por  Ruffo   Cruz   en  el  que  complementa  su informe y hace entrega a la Fiscalía de la tarjeta de identidad  y    el    registro    civil    de    JULIO    CESAR  MARTINEZ,  diciendo  que  se  trata de “documentos   que   el   propietario  dejó  olvidados  en  la  finca  Alicachín  en  su  afán  por  marcharse  de  allí  en  compañía  de  JOVANY  ZAPATA”  y  de  una  fotografía  de  este,  que  se  “los  entregó el alimentador del predio”.   

          Finalmente   puntualizan   que   “si  el  juzgador  de  segunda  instancia hubiera valorado conforme a la sana crítica el  hecho  indicador  de  la huida de los sindicados, entendiendo además de todo lo  anterior  que  no  era  lógico  que  un  miércoles (16 de agosto) dos personas  abandonaran  en  forma  intempestiva,  repentinamente,  sin esperar siquiera les  cancelaran  el salario de esos tres días ya laborados, habría entendido que la  razón  obedecía  a  que  instantes antes habían acabado de asesinar a Alberto  Vásquez  Gaviria”,  circunstancia que determinaría  la confirmación del fallo condenatorio.   

7.            Falso  juicio  de existencia por suponer  respuestas   de   JULIO  CESAR  MARTINEZ.   

          En  este  motivo  los  demandantes  reprochan  que  el Tribunal haya  expresado:  “O  qué  decir de la respuesta dada por  MARTINEZ,  que  en  lugar  de encartarlos, se convierte en un medio de defensa a  favor  de  la  consideración  lógica  de  si  se  dieron cuenta de la muerte y  tuvieron  problemas  con  el  occiso,  era  elemental que a quienes encartarían  sería a ellos”.   

En efecto, advierten que en ningún aparte de  la  intervención  de  JULIO CESAR MARTINEZ  en  la audiencia pública efectuó tal aseveración, razón por le  cual  el  ad quem incurrió en error de hecho por falso juicio de existencia por  suposición  de  la  prueba,  que  fue  determinante  en  la  absolución de los  procesados.   

8.            Falso juicio de existencia por omitir la  valoración  de  la  falsa  coartada  de  JULIO CESAR  MARTINEZ.   

          Plantean    los   actores   que   el   ad  quem  omitió  tener  en  cuenta  el  hecho  indicador  derivado  de  las  mentiras  que  expuso  JULIO  CESAR  MARTINEZ  en la audiencia pública, pues dijo que para  la  época  de los hechos se encontraba laborando en el trapiche Palestina en la  vía  de  Florida  a  Miranda,  pero se comprobó que allí sólo trabajó en la  primera   semana  de  1995;  omisión  que  condujo  a  la  absolución  de  los  procesados.   

De lo expuesto concluyen los demandantes que  el   Tribunal   incurrió  en  múltiples  yerros  y  por  ello  “indebidamente  acogió  una  incertidumbre concretada en el in dubio  pro  reo  inexistente  en el proceso, vale decir, en la mente de los Magistrados  se  presentó  una  duda  insalvable,  no  surgida  de  las pruebas allegadas al  expediente  presentándose  una  colisión  con  la  evidencia  que  imponía en  condiciones     normales     del    razonamiento    proferir    una    sentencia  condenatoria”.   

          Con  fundamento  en  lo  anotado, el Fiscal Tercero Delegado ante el  Tribunal  Superior  de  Pereira  y  la  Procuradora  Judicial  150  en  lo Penal  solicitan  a  la  Corte casar el fallo impugnado, y en consecuencia dictar fallo  de  reemplazo  por  cuyo medio se condene a JULIO CESAR  MARTINEZ  MARÍN  y  JHOVANNY  ZAPATA  como  autores  del  delito  de  homicidio  de  Alberto       Velásquez      Gaviria.   

ALEGATOS   DEL   NO  RECURRENTE   

          En   el   traslado  dispuesto  en  favor  de  los no recurrentes, el defensor de JULIO  CESAR  MARTINEZ  MARÍN  allegó  escrito  en  el  que  se  refiere a la  demanda  de  casación  interpuesta  contra  el  fallo  de  segundo grado en los  siguientes términos:   

          Los  impugnantes  censuran  que  el  fallo haya sido proferido media  hora  antes  de comenzar la vacancia judicial de 1998, observación que no tiene  en  cuenta el estudio del Magistrado Sustanciador y de los demás miembros de la  Sala,  y  además desconoce que la Fiscalía “no pudo  estructurar  en  debida  forma  el conjunto indiciario que sustentara la certeza  para condenar”.   

          Olvidaron  los  demandantes  que  la  sentencia de primera y segunda  instancia   conforman   una   unidad   jurídica  inescindible,  “por  lo  cual,  no parece bien encaminado el esfuerzo que se hace en  la  demanda  tratando  de  demostrar lo indemostrable en este proceso cual es la  tesis  sostenida  por la Fiscalía y el Ministerio Público de endilgarles a los  procesados  responsabilidad  penal  a  partir  de  un  desarticulado  e inconexo  sistema indiciario”.   

          Aduce  el  defensor,  que inclusive en el fallo de primera instancia  se  hizo  referencia  a  la  deficiente investigación y a la falta de medios de  prueba,   pero  pese  a  ello  se  condenó  a  los  procesados  “con  evidente  aplicación  de  lo  que  se  ha  llamado  disonancia  cognitiva,  el  cual  es  un  proceso en virtud del cual evitamos la incomodidad  sicológica  que nos produce una opinión adversa, desechando mediante una falsa  racionalización  la  evidencia  que  contraría nuestras opioniones”.   

          Agrega  que  la  demanda  de  casación  se  asemeja a un alegato de  instancia,  donde los “censores presentan sus propios  criterios  de  apreciación  de  las  pruebas,  tomando de manera fragmentaria y  parcializada,  los  aspectos  probatorios  que  desfavorecen  la  causa  de  los  sindicados,  dejando  de  lado  el  análisis de las falencias, incongruencias e  irreconciliables  contradicciones  que  se  advierten  a  lo  largo  y ancho del  espectro     probatorio,     que     los    favorecen    ampliamente”.   

Finalmente concluye que si en el ordenamiento  procesalexiste  la sana crpitica para apreciar las pruebas no puede reabrirse el  debate  acerca de su valoración, más aún cuando en la demanda no se demuestra  el  yerro  judicial,  pues  algunos  hechos  indicadores aducidos en la misma no  fueron  debidamente  demostrados,  lo cual conduce “a  una  deficiente  elaboración  indiciaria  por desvío del proceso de inferencia  lógica”.   

          Con  base  en  lo  expuesto, el no recurrente solicita a la Corte no  casar el fallo atacado.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a  la  Corte  casar  el  fallo  acusado y en su lugar  condenar  a  los  procesados por las razones que continuación se anotan, no sin  antes  precisar  que  abordará  de  manera  separada  cada  uno  de los errores  alegados,  excepto  el  1º  y  el  4º  por  estar estrechamente ligados, y que  finalmente  se pronunciará sobre su capacidad para comprometer el fallo una vez  se valoren conjuntamente con el acervo probatorio.   

          1.                         Falso  juicio  de  existencia  por  omisión del  informe   del   funcionario   del   CTI   y   el   testimonio   de  Ruffo Ebers Cruz.   

          Estima  el  Delegado  que  asiste  razón  a  los libelistas pues el  Tribunal  no  consideró  el  informe rendido por el funcionario del CTI, que si  bien,  según  ha  sido  expuesto  por  la  jurisprudencia,  no  equivale  a  un  testimonio  o  a  una  versión,  debe  tenerse en cuenta que es rendido bajo la  gravedad    del    juramento    y   contiene   información   que   José    Fernando    Giraldo    Grisales  suministró  a  Ruffo Ebers, a  la  que  también se refirió cuando declaró ante la Fiscalía, convirtiéndose  en un testigo de oídas.   

Destaca  que  Ruffo  Ebers  señala que la víctima estuvo en la casa desde  las  18:30  horas  hasta  las  19:30  aproximadamente  y  estando ahí, llegaron  CESAR   y   JHOVANNY,  miraron  como  si  buscaran  a  alguien  y  se fueron diciendo que iban a tomar una cerveza; a los 20 minutos el  paisa salió en dirección al  campamento  y  a  la  hora  llegó  Efraín    solicitando   una   linterna   para   buscar   al   paisa, quien había tenido un problema con  JHOVANNY,  y estaba herido o  aporriado y que por esa razón se marchaban de la finca.   

Lo  expuesto es corroborado por Efraín  Morales  quien señala que cuando  JULIO  CESAR  y JHOVANNY  se  retiraron  aduciendo  que se  iban  a  tomar una cerveza, se trató de un pretexto para explicar su salida del  lugar.   

          Por  tanto,  el  Delegado  estima  que  el  informe suscrito bajo la  gravedad  del  juramento, así como la declaración del investigador en punto de  su   entrevista   con   Fernando  Giraldo,  permiten  construir  prueba indirecta sobre la responsabilidad de  los  procesados  desconocida  por  el  Tribunal,  y  de  donde  se  infiere  que  “estaban  buscando a Alberto Vásquez y al verificar  que  se encontraba donde Fernando Giraldo y al conocer que  posteriormente,  como  era  su  costumbre,  regresaría a dormir al otro alimentadero, salieron a  esperarlo   para   perpetrar   el   ilícito  en  un  paraje  oscuro”.   

          Además   resalta,   que   el  investigador  allegó  documentos  de  MARTINEZ   MARÍN   y  una  fotografía  de  ZAPATA, que  permitió   identicarlos  e  individualizarlos,  pues  tales  documentos  fueron  olvidados en su afanosa salida de la finca.   

2.            Falso  juicio de existencia por omisión  de   la   declaración   de   José  Arturo  Galeano  Gómez.   

          Inicialmente  el  Delegado  indica  que el Tribunal no hizo alusión  alguna  al mencionado testimonio, y que si bien a este declarante nada le consta  sobre   la   ocurrencia  del  suceso  pues  se  refiere  a  lo  manifestado  por  Efraín Morales, lo cierto es  que  tiene  la  seguridad  que  desde el día del homicidio los procesados no se  volvieron   a   ver  en  la  finca,  circunstancia  que  confirma  la  huida  de  JULIO CESAR y de JHOVANNY  y  que permite colegir de manera  lógica,   “que   la  misma  se  presentó  por  la  responsabilidad   que   tenían  en  la  muerte”  de  Vásquez.   

          Considera      que      el      testimonio      de      Galeano  coincide  con  el de Efraín  Morales  sobre  la  rutina  de la  víctima,  su  búsqueda  la  noche  de  los  sucesos y la huida de MARTINEZ        y       ZAPATA, y que la omisión de tal prueba de  carácter   trascendente   constituye   un  yerro  en  punto  de  esclarecer  la  responsabilidad los procesados.   

3.              Falso   juicio   de   identidad-falso  raciocinio   sobre   la   declaración   de   Efraín  Morales.   

          Manifiesta        el        Delegado       que       “efectivamente  se  advierte  que  el  Tribunal consideró en escasos  renglones  el  testimonio  de Efraín Morales para concluir que solo constituía  un  punto  de  referencia,  errando  en  tal consideración toda vez que como lo  destacan  los censores es fundamental dentro del caudal probatorio y aún cuando  no  presenció  el  momento en que se le dio muerte a Alberto Vásquez lo cierto  es  que  da  cuenta de los acontecimientos sucedidos antes y después del hecho,  que  permiten  inferir  que  los  procesados  fueron quienes le dieron muerte al  antes mencionado”.   

         Puntualiza  que  el  declarante expresó que la noche de los hechos  Alberto salió de la finca  Alicachín  hacia  la  finca  donde  laboraba Fernando  Giraldo,  como era su costumbre, y que al regresar de  allí  lo  mataron  a  las  ocho  de  la noche. Que salió a buscarlo a las 8:30  cuando  entraron  asustados  JULIO  CESAR  y  JHOVANNY  solicitando  a  Eva Muñoz,  su  esposa,  una  ropa  que  les  había  arreglado,  y  se fueron, y que al ser  preguntados  por  qué  se  iban,  el  primero  contestó  que habían tenido un  problema   con  el  paisa;  también    dijo    este    testigo    que    JULIO  CESAR tenía una puñaleta en la pantaloneta, que era  la  primera  vez  que  se  la  veía, y que nunca más los volvió a ver; que la  víctima  portaba  una  peinilla  pero  no  la  tenía  al  momento de hallar su  cadáver.   

         Por  tanto,  considera  el  Ministerio Público que “el Tribunal erró   

al  realizar  la inferencia lógica, pese a  contar  con  los hechos indicadores que se derivan de la declaración de Efraín  Morales,  tales  como la manifestación de Julio Cesar de haber tenido problemas  con  el  paisa,  la salida intempestiva de la finca a esa hora, el porte de unas  puñaleta  por  parte  de Julio Cesar cuando antes nunca lo había visto armado,  el  que al occiso no se le hubiera encontrado el machete que siempre cargaba, el  que  los trabajadores Julio Cesar y Jhovannny no hubieran regresado jamás. Todo  lo  anterior, permitía llegar a la inferencia lógica que la precipitud con que  se  marcharon  los  procesados respondía a la nacesidad que tenían de huir del  lugar  antes  de  que  se  descubriera  el  hecho. Además, que atendiendo a las  heridas  presentadas  por  el  cadáver y a la descripción que de las mismas se  hizo  en  el  acta  de levantamiento y en el protocolo de necropsia estas fueron  causadas  con  elementos  como  navaja  y  machete,  armas  que  responden a las  referidas por el declarante”.   

         Y  agrega  el  Delegado,  que  el  citado  testimonio  se  advierte  sincero,  coherente  y desprevenido, sin que se evidencia ánimo de retaliación  contra los implicados.   

4.            Falso  juicio de existencia por omisión  de   la  necropsia,  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  y  el  material  fotográfico complementario.   

         Indica  el  Ministerio  Público  que  las  mencionadas pruebas sí  fueron  valoradas por el Tribunal, al punto que concluyó que su utilización en  la  comisión  del  homicidio  corresponde  a  deducciones  no  confrontadas que  carecen de respaldo, y en tal medida no se trata de una omisión.   

No  obstante, expresa que el Tribunal erró  al  realizar  la  inferencia  lógica derivada de la descripción de las heridas  que  presentaba  la  víctima y que aparecen en el protocolo de necropsia, en el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  y  en las fotografías tomadas al mismo,  “lo  que  unido a la indicación del señor Efraín  Morales  de que Julio Cesar tenía una puñaleta metida dentro de la pantaloneta  y  que  Alberto  Vásquez,  el  paisa,  siempre portaba una peinilla, de la cual  había  sido  despojado la noche de los hechos, lleva a la inferencia lógica de  que  la  agresión se produjo con estas dos armas, pues no resulta alejado de la  realidad  concluirlo  de esta manera en consideración a que según lo indica el  mismo  alimentador  nunca  le había visto armas a Julio Cesar y esa noche notó  que  portaba  la ya indicada y adicionalmente el paisa, quien siempre andaba con  el  machete, aquella noche sólo tenía la cubierta, lo que explica que la misma  fue  utilizada  para  cometer el hecho, pues de lo contrario, no resulta lógico  que  tuviera  la  cubierta  terciada  en la cintura, sin la peinilla”.   

         Puntualiza  el  Delegado  que  en  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  se  describen  algunas  de las heridas y se indica que fueron causadas  con  arma  cortante;  también  en la nocropsia se afirma que las heridas fueron  causadas  “por  elemento  cortopunzante”,  y  las fotos evidencian las heridas de distintas dimensiones,  motivo  por el cual “resultaba razonable realizar la  inferencia  que reclaman los censores para concluir que el deceso se produjo con  las armas que señala Morales Galves”.   

5.            Error  de  hecho  por  falso  raciocinio  acerca de la huida intempestiva de los sindicados.   

         Precisa  el  Delegado  que  si  bien  los censores se refieren a un  falso  juicio de identidad y que la no valoración de las pruebas conforme a las  reglas  de  la  sana  crítica  corresponde  al falso raciocinio según reciente  postura  de  la  Corte,  no  puede  exigírseles  tal  connotación  dual  de la  apreciación  errónea  distinguiendo  entre  falso  juicio de identidad y falso  raciocinio,  toda  vez  que  la  demanda  fue  presentada  con anterioridad a la  referida posición jurisprudencial.   

Señala   entonces   que   Efraín   Morales  Galves  es  claro  en  afirmar   que   los   procesados   se   marcharon   de  la  finca  apresurada  e  intempestivamente  la  noche  de  los  hechos, luego de manifestarle que habían  tenido   un   problema   con   el   paisa,  testimonio  sincero  y desinteresado que no deja advertir ánimo  retaliatorio,  dadas  las  buenas  relaciones  que  tenía con la víctima y sus  victimarios.   

Adicional  a  lo  expuesto,  el  referido  testimonio  cobra especial valor al observar que JULIO  CESAR  MARTINEZ  no  consiguió  explicar  de  manera  convincente  su  salida  de  la  finca  Alicachín,  pese  a  que  señaló  que  voluntariamente  dejó  unos  documentos y prendas de vestir, además que quedó  desvirtuado  que  por  la  época  de  los  sucesos  no trabajaba en el trapiche  Palestina, como lo expuso en la audiencia pública.   

         El  Delegado  señala  que  la  queja  de los censores encaminada a  destacar   que   no   fue   valorado   el   oficio   suscrito  por  Ruffo  Ebers  a través del cual allegó  el  duplicado  de  la  tarjeta  de  identidad  y  el  registro  de nacimiento de  JULIO   CESAR,   permite  concluir  que  los  procesados  huyeron apresuradamente, pese a que MARTINEZ           MARÍN  dijo  que  había pensado volver  por  tales  documentos si no conseguía trabajo y más adelanté señaló que un  amigo  suyo  le  había  conseguido  trabajo en Palestina, y que por ello estaba  seguro de que iba a laborar.   

         Finalmente  concluye  el  Ministerio  Público  que la huida de los  procesados  evidencia  el  compromiso  de  responsabilidad  en  el  homicidio de  Vásquez              Gaviria.   

6.            Falso  juicio  de  existencia  sobre  lo  expuesto   por   JULIO   CESAR  MARTINEZ.   

         El  Ministerio  Público  destaca  que  tal  como lo expresaron los  demandantes,  JULIO CESAR no  aludió  de  alguna  manera  a  la  exculpación planteada por el Tribunal en el  fallo  atacado  en  el  sentido  de  haber presenciado la muerte de Vásquez  y  temer  que  “a    quienes    se    encartaría    sería   a   ellos”,  por  tanto,  estima  que  asiste  razón  a  los  censores al  expresar  “que  esta afirmación fue supuesta y que  en  consecuencia  la  prueba  se  encuentra  viciada  por  un  falso  juicio  de  existencia”.   

7.            Falso  juicio  de  existencia  sobre  lo  expuesto   por   JULIO   CESAR  MARTINEZ.   

         Advierte   el  Delegado  que  además  de  la  inseguridad  que  se  evidencia   en   lo   expuesto   por   JULIO   CESAR  MARTINEZ  en la audiencia pública, se demostró que  laboró  en el trapiche Palestina en la primera semana del mes de enero de 1995,  y  no  en  la  época  en  que ocurrió el suceso investigado, además de que no  brindó  explicación satisfactoria sobre su salida de la finca Alicachín en la  noche     en     que     se     produjo     la     muerte     de    Vásquez,   motivo   por   el   cual  “sus  contradicciones  constituyen un indicio más  que  compromete  su  responsabilidad  en el hecho”,  sin  que  con  ello  se  desconozca que la indagatoria, además de constituir un  medio  de  defensa,  también tiene la condición de medio de prueba, como lo ha  señalado esta Sala.   

        Agrega,  que  en  atención a que JULIO  CESAR  MARTINEZ  reconoció que trabajó en la finca  Alicachín,     que     conoció     a     Efraín  Morales  y  que  no  tuvo ningún problema con este,  ello   pone  de  presente  la  ausencia  de  cualquier  ánimo  de  venganza  en  Morales,   como   para  atribuirle un delito que no cometió.   

        A   partir   de   todo   lo   expuesto,  expone  el  Delegado  que  “el análisis probatorio realizado por el Tribunal  es  pobre y alejado del acervo probatorio, pues si hubiera valorado la totalidad  de  los  elementos  de juicio que se aportaron a la investigación a conclusión  distinta  de  la  absolución hubiera llegado, la declaración de Morales ofrece  plena  credibilidad,  por  ser  clara,  coherente  e  inclusive  roborada por la  indagatoria  del  sindicado,  las  aseveraciones de este sobre la estadía en la  finca  Alicachín a pesar de tratar ponerlas en tiempo distinto, el conocimiento  de  la esposa del alimentador como persona que le arreglaba la ropa, la ausencia  de  motivos  para  que  Morales se apartara de la verdad, la tenencia de la  navaja  y  la  inmediación  cronológica  entre  la  muerte de Alberto Vásquez  Gaviria  y  la huida de la finca sin que posteriormente retornaran a pesar de lo  que   habían   dejado,   son   consideraciones   que   permiten   predicar   la  responsabilidad  de  los  imputados  y solicitar a la Corte que dé razón a los  recurrentes”,    dado    que    “no  es dable reconocer el principio constitucional y de desarrollo  legal  del  in  dubio  pro  reo,  por  considerar  que  las probanzas existentes  permiten      superar      las     dudas     que     se     plantean”.   

        Sobre  los  alegatos  del  no  recurrente,  el Ministerio Público  considera  que  no  le  asiste  razón,  pues realmente el Tribunal incurrió en  violaciones  de  la  ley  sustancial  por vía indirecta; además señala que el  libelista  no  aborda  de  manera  detallada  sus  inconformidades  con el cargo  planteado  por  los  demandantes  y  que resulta desatinado expresar que la duda  imponía confirmar el fallo de segundo grado.   

Adicionalmente precisa que la unidad entre  los  fallos  de  primera  instancia  a la que se refiere el defensor sólo tiene  lugar  cuando  el  ad quem  imparte  confirmación  a  la  providencia  de  primer grado, razón por la cual  resultan  válidas  las  consideraciones  del  a quo en todo aquello que no haya  sido   modificado   o   corregido  por  el  funcionario  de  segunda  instancia,  circunstancia  diversa a lo acontecido en este caso, pues el Tribunal revocó el  fallo de condenatorio y absolvió a los procesados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          CUESTION INICIAL   

        Para  comenzar  bien  esta  indicar  que salvo las precisiones que  más  adelante  se  harán,  la Sala encuentra adecuadamente formulado el cargo,  habida  cuenta  que los yerros judiciales propuestos se relacionan entre sí por  estar  referidos  a  una  misma materia y conducir a idéntica conclusión, esto  es,  todos los reproches giran alrededor de la prueba de la autoría del hecho y  convergen  en  la  solicitud  de  condena,  circunstancia que hace procedente su  estudio de fondo por parte de la Corte.   

        Además,  tal como ha sido señalado en otras oportunidades por la  Sala,  nada  se opone a que, como ocurre en este caso, la demanda sea presentada  conjuntamente  por  el Fiscal Delegado ante el Tribunal  Superior   de   Pereira   y   la  Representante  del  Ministerio  Público,  en  la  cual  exponen  de manera unificada los motivos de  impugnación    y    las    pretensiones   comunes   que   persiguen1.   

          Como  los  censores fundan su cargo en la violación indirecta de la  ley  sustancial  en  punto  de  los  indicios  que  en su criterio determinan la  responsabilidad  de  los  procesados,  oportuno  resulta  señalar  que sobre el  particular  ha  dicho  la Sala que corresponde al censor precisar si el yerro se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos de los hechos indicadores, la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar la  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  estos  y  los  demás  medios  probatorios, que condujo a una conclusión  equívoca.   

          Si  el yerro recae sobre la apreciación del hecho indicador, habida  cuenta  que  este  debe acreditarse con otro medio de prueba, debe el demandante  señalar  si  se trató de un error de hecho o de derecho, cuál es su especie y  proceder  a  su  demostración  en  punto  de indicar lo que de aquel se infiere  (indicio)  una  vez corregido el error, de conformidad con las reglas de la sana  crítica,  así  como su convergencia con otros indicios o con los demás medios  de prueba.   

          Si  el  error  corresponde  al  proceso  de  inferencia  lógica, se  entiende  que  el  censor  acepta la validez del medio de prueba que acredita el  hecho  indicante,  y  debe  entonces  proceder a demostrar que el funcionario se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  la  experiencia,  con  señalamiento  preciso  del  contenido  quebrantado u  omitido, así como de su correcto entendimiento u operatividad.   

          Ahora  bien, si el equívoco se presenta en la labor de análisis de  la  convergencia  y  congruencia  de  los  diversos  indicios y de estos con las  demás  pruebas,  o  al  establecer  su  fuerza  persuasiva  con  ocasión de su  apreciación   conjunta,   compete  al  censor  establecer  que  el  funcionario  quebrantó  los  postulados  de  la  sana  crítica,  así como acreditar que la  corrección  del  yerro conduce a conclusiones diversas de aquellas a las que se  arribó en el fallo impugnado.   

          En  todo  caso,  es  deber  indeclinable del impugnante demostrar no  sólo  que  el error denunciado efectivamente ocurrió, sino que tuvo injerencia  en  lo  decidido  en  la  sentencia  atacada,  y  que  por tanto, su corrección  trastoca   las   conclusiones   del   fallador   y   deriva   en  una  decisión  sustancialmente               diversa2.   

CUESTION DE FONDO  

          Precisado  lo  anterior, procede la Sala a pronunciarse puntualmente  sobre  cada  uno de los motivos que configuran el cargo único propuesto por los  censores.   

    

1. Falso  juicio  de  existencia  por  omisión del informe del CTI.     

          Tal  como  lo  expresara  el  Procurador Delegado en su concepto, en  ningún  aparte  del  fallo de segundo grado se hace alusión al informe rendido  por  Ruffo Ebers Cruz Parra en  su  condición de miembro del Cuerpo Técnico de Investigación, quien ratificó  “bajo la gravedad del juramento que el contenido del  mismo corresponde a la verdad”.   

          En  efecto,  al  no ser valorado el referido informe, el Tribunal no  tuvo  en  cuenta que suministraba detalles trascendentales orientados a señalar  a  los  posibles  autores  del  homicidio  de  Alberto  Vásquez           (el           paisa),  pues  en  él  se  anotó  que el  Investigador  Cruz  Parra se  entrevistó  con  Efraín  Morales  Galves,   alimentador   de  la  finca  Alicachín,  quien  le  expuso  los  siguiente:   

Primero:  la  noche  de  los acontecimientos  salió  a  buscar  al  paisa y  cuando     estaba     hablando     con     Fernando  Giraldo, llegaron JULIO CESAR  MARTINEZ    y    JHOVANNY  ZAPATA  nerviosos y agitados, y dijeron que se iban de  la  finca,  tomaron  sus  bienes  y  se  fueron,  y al preguntarles Morales  qué  había pasado, MARTINEZ  le respondió que habían tenido  un     problema     con     el     paisa.   

          Segundo:    en    el   intempestivo   encuentro   con   JULIO  CESAR  MARTINEZ vio que este portaba  una navaja en su cintura.   

Tercero:  los  trabajadores  de  la  finca  comentaban    que    JULIO  CESAR,    JHOVANNY     y     el     paisa  habían  tenido  una  conversación  “de  la cual los dos primeros quedaron muy ofendidos  y decidieron vengarse”.   

También  el  informe  del Investigador Cruz  Parra  se  refiere  a  su  entrevista  con José Arturo  Galeano  Gómez,  trabajador  de  la finca Alicachín,  quien  le  dijo  que  la  noche  en  que murió Alberto  Vásquez,  Efraín  Morales  le   solicitó   que   le   ayudara  a  encontrar  al  paisa,  pues  había visto a  JULIO  CESAR  y JHOVANNY     como     sospechosos     y  nerviosos.   

Además,   el  informe  da  cuenta  de  la  entrevista  entre  el  Investigador  y  José Fernando  Giraldo,  alimentador  de la Finca La María, quien le  comentó  que  el paisa había  estado  allí  “desde las 18:30 horas hasta las 19:30  horas  aproximadamente  y que estando allí en la casa llegaron CESAR y JHOVANNY  miraron  como  si  estuviesen  buscando  a  alguien  y  salieron… a los veinte  minutos  salió  el  Paisa  en  dirección  al campamento y como a la hora llego  donde  él  el señor EFRAIN y le pidió prestada una linterna al momento en que  le   contaba  lo  sucedido  referente  a  que  habían  matado  el  ‘Paisa’.  Le comentó que Jhovanny le afirmó  que  habían  tenido  un  problema con ‘El  Paisa’  y  que  estaba  aporriado  o  herido,  que  por  esa  razón  se  marchaban  de  la  finca”.   

Adicional al informe, el Investigador allegó  a  la  Fiscalía  un oficio anexando la tarjeta de identidad y el registro civil  de  JULIO  CESAR MARTINEZ, en  el  cual  expresa  que se trata de “documentos que el  propietario  dejó olvidados en la finca Alicachín en su afán por marcharse de  allí  en  compañía  de  JOVANY  ZAPATA”  y de una  fotografía   de  este,  que  se  “los  entregó  el  alimentador del predio”.   

          Como  fácil  puede  observarse, no hay duda que el Tribunal omitió  valorar  el  informe  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación, omisión que le  impidió  mediante  el  proceso  de  inferencia  lógica y la apreciación de lo  deducido  con  otros  indicios  o medios de prueba, descartar la aplicación del  principio  in  dubio  pro reo  que determinó la absolución de los procesados.   

          Por  tanto,  es  evidente  que  asiste razón a los censores en este  reproche,  como  también  lo  señaló  el  Delegado,  dado  que es palmaria la  presencia  del  falso  juicio de existencia por omisión del hecho indicante que  aquellos denuncian.   

2.            Falso  juicio de existencia por omisión  del  testimonio  de  José Arturo Galeano.   

          También  la  Sala  advierte  que  en este motivo de reproche asiste  razón  a  los  impugnantes,  pues  en  efecto,  en  el fallo atacado se omitió  realizar  consideración  alguna  sobre tal declaración, en la cual se confirma  que  la noche de los hechos Efraín Morales  lo  despertó  para  que  le  ayudara  a  encontrar a Alberto    Vásquez    y   lo   hallaron  muerto.   

Además,  como  con  acierto  lo  destaca el  Procurador   Delegado,   aunque  el  testigo  no  tiene  conocimiento  sobre  el  desarrollo  de  los  sucesos,  es  enfático en señalar que desde aquel día no  volvió  a  ver a los procesados en la finca, pues tomaron sus pertenencias y se  fueron,  circunstancia  que  ratifica  la  huida  señalada  por el Investigador  Cruz  Parra  en  su informe,  así   como   lo   expuesto   a   este   y   a  la  Fiscalía  por  Efraín   Morales,  que  junto  con  otros  elementos  de  juicio,  como  adelante  se verá, elimina la duda con base en la  cual  se  absolvió  a los procesados y permite evidenciar la presencia de falso  juicio  de  existencia  por  omisión  del  referido medio probatorio que presta  utilidad  como  hecho  indicador,  del  cual se infiere que la huida presurosa y  definitiva   de   los   procesados  se  debió  a  la  necesidad  de  eludir  la  responsabilidad por el delito cometido.   

3.            Errónea  inferencia  lógica  sobre  el  testimonio   de  Efraín  Morales  Galves.   

          Si  bien  es cierto lo expuesto por el Tribunal en el sentido de que  Efraín  Morales no sindicó  directamente  a  JULIO  CESAR  y  JHOVANNY      como     autores     del     homicidio     de     Vásquez,  lo  cierto es que su testimonio  es  rico  en  el suministro de detalles que al concatenarlos adecuadamente entre  sí  y  con  las  demás  pruebas permite arribar a conclusiones sustancialmente  diversas a las del Tribunal. En efecto, el testigo expresó:   

Primero:  aproximadamente a las ocho y media  de  la  noche  de  cuando  ocurrieron los hechos, llegaron a la finca Alicachín  JULIO   CESAR   y  JHOVANNY  asustados  y  le solicitaron a su esposa que les entregara unas prendas que ella  les  arreglaba  y  se  fueron;  entonces  les  preguntó  por qué se iban, y el  primero   le   respondió   “que  porque  tenía  un  problema, que un problema con el Paisa”.   

Segundo:    Vio    que    JULIO  CESAR  tenía  una  puñaleta en la  pantaloneta,  y  precisa  que “era la primera vez que  le veía la puñaleta”.   

Tercero:  Desde  aquel  día  de  la  salida  intempestiva de los procesados, no los volvió a ver.   

          Estima  entonces  la  Sala  que  también aciertan en este motivo de  censura  los  demandantes, pues de la ausencia de sindicación directa por parte  de  Efraín  Morales respecto  de  JULIO  CESAR  MARTINEZ y  JHOVANNY  ZAPATA el Tribunal  concluyó  mediante una evaluación superficial del testimonio que existía duda  sobre  la  responsabilidad  penal  de  estos,  cuando lo cierto es que la prueba  brinda  datos  relevantes,  de  los  cuales,  mediante  un proceso de inferencia  lógica,  y  la  valoración  de  otros indicios y demás medios probatorios, se  llega  a  la  certeza sobre la responsabilidad de los procesados en el homicidio  investigado.   

4.            Falso  juicio de existencia por omisión  del  testimonio  de Ruffo Ebers Cruz Parra.   

          Una  vez  más  observa  la  Sala  que  también el Tribunal omitió  valorar   el   testimonio   del   Investigador   Cruz  Parra,     quien     señala    que    Fernando      Giraldo,     Efraín     Morales    y    Arturo    Galeano,    con   quienes   se  entrevistó,   expresaron   que   los  autores  del  homicidio  de  Alberto   Vásquez   fueron  JULIO  CESAR  MARTINEZ  y  JHOVANNY ZAPATA,  porque:   

Primero: Eran “los  únicos    que    se   encontraban   fuera   de   los   alojamientos”.   

Segundo:   Se   les   vio  “momentos  antes  del hecho rondando por el lugar donde se encontraba  el paisa”.   

Tercero:   Intempestiva  y  presurosamente  “se  fueron  de  la  finca, sin ninguna explicación  lógica”.   

          Cuarto:    Según    le    dijo   Efraín  Morales,  los trabajadores comentaban que JULIO  CESAR  y  JHOVANNY  discutieron muy  fuerte  días  antes  con  el  occiso, y que “habían  quedado      muy      ofendidos      y      decidieron      vengarse”.   

Por  tanto,  como atinadamente lo señala el  Ministerio  Público,  es  evidente  el  yerro  del  ad  quem al pretermitir la valoración de esta prueba, que  si  bien  no constituye un testimonio directo, sí correspondía apreciarlo como  testimonio   de   oídas   o   ex  auditu  asignándole  o  negándole  determinado valor persuasivo, pero no  omitiéndolo,  más  aún  cuando  se  evidencia  que a partir del mismo podían  deducirse  indicios  serios  de  responsabilidad en contra de los procesados los  cuales  conducían a dar soporte a un fallo de condena, y no absolutorio como el  proferido.   

5.            Falso  juicio de existencia por omisión  de   la  necropsia,  el  acta  de  levantamiento  del  cadáver  y  el  material  fotográfico complementario.   

        En  este  motivo  de censura los impugnantes yerran en la técnica  casacional,  pues  el error de hecho por falso juicio de existencia por omisión  se  presenta cuando una prueba no es apreciada de ninguna manera, pese a figurar  en  la  actuación,  esto  es,  se  estructura la providencia judicial con total  marginación  de  un  medio  probatorio  válidamente  practicado  o  aducido al  proceso,  que  resulta  trascendente  en  el sentido de la decisión; por tanto,  en  punto  de  la  técnica casacional, no hay lugar a  falsos  juicio  de  existencia  sobre fragmentos de las pruebas, como al parecer  erradamente  lo  asumen  los  impugnantes,  pues  cuando se suprime o cercena un  aparte  del  medio  probatorio,  se  da lugar al falso juicio de identidad, cuya  naturaleza, postulación y acreditación son diversas.   

          En  efecto,  en el fallo atacado se alude a que las pruebas recaudas  demostraron    el    aspecto    objetivo    del    homicidio   de   Vásquez  Gaviria, circunstancia innegable  de  que  fueron  tenidas  en  cuenta  las  pruebas que se dicen omitidas. Asunto  diverso  es  que  a  partir  del  análisis de las mismas el fallador de segundo  grado  no haya extraído conclusiones adicionales en punto de la responsabilidad  de  los  procesados,  como lo plantean los impugnantes, y en esa medida es claro  que  el  reproche  no  corresponde  en  estricto  sentido  a  un falso juicio de  existencia  por  omisión sino a un falso juicio de identidad, habida cuenta que  no   se  valoraron  otros  datos  suministrados  por  las  mencionadas  pruebas.   

          No  obstante  la  anterior imprecisión del motivo, que no afecta la  técnica  propia  del cargo planteado, resulta evidente que ninguna apreciación  realizó  el ad quem sobre las  heridas  que  se  registran  en  la  necropsia,  en el acta de levantamiento del  cadáver  y en el material fotográfico complementario, omisión fragmentaria de  los  medios  de  prueba que le habría permitido establecer que en verdad, en la  agresión  de  que  fue  víctima  Vásquez se utilizó una navaja y un machete.   

La  anterior  demostración,  unida  a  la  observación    del    testigo    Morales  en  el  sentido  de  que  sólo esa noche y con posterioridad a la  ocurrencia   de   los   hechos  vio  que  JULIO  CESAR  MARTINEZ  portaba  una  navaja,  y  que  el occiso fue  hallado  con  la funda del machete desocupada, obligada inferir lógicamente que  con   tales  elementos  cortantes  se  cometió  el  delito,  y  por  tanto,  se  comprometía  la  responsabilidad de los procesados, quienes andaban juntos para  el  momento  en  que tuvo lugar el homicidio, como atinadamente lo han señalado  los impugnantes y el Procurador Delegado para la Casación Penal.   

6.             Falso   juicio   de   identidad  sobre  “la   huida   intempestiva   y   abrupta   de  los  sindicados”.   

          Aunque  los  demandantes se refieren a un falso juicio de identidad,  lo  que  efectivamente se advierte en su discurrir es que reprochan que el hecho  mismo  de  la  huida  intempestiva  de  los procesados de la finca Alicachín en  momentos   posteriores   a   la   muerte  de  Vásquez  Gaviria,  suficientemente demostrada en la actuación,  no  condujera  al  Tribunal  a  elaborar  deducciones  necesarias, tales como el  compromiso  de responsabilidad de quienes en tal forma huían, planteamiento que  corresponde al falso raciocinio.   

          Pese  a  lo  expuesto, y como lo precisó el Ministerio Público, es  oportuno  señalar  que  para la época en que se presentó la demanda no estaba  aún  establecida suficientemente la distinción entre falso juicio de identidad  y  el  falso raciocinio, dado que el quebranto de las reglas de la sana crítica  correspondía  a  una modalidad del falso juicio de identidad (V.g. Sentencia de  10  de  diciembre  de  1997.  M.P.  Dr. Dídimo Péz Velandia, entre otras), que  posteriormente  se  denominó error de hecho por falso raciocinio por violación  de las reglas de la ciencia, la lógica y la experiencia.   

En  tales  condiciones es posible aceptar la  adecuada presentación del cargo.   

          Adicional  a  lo  expuesto  se  tiene que no hay controversia alguna  acerca  de  que  la  noche  de  los sucesos JULIO CESAR  MARTINEZ    y    JHOVANNY  ZAPATA se fueron con algunas de sus pertenencias de la  finca Alicachín, y que no volvieron por allí.   

El  disentimiento  se  orienta  es  a  las  deducciones  que  de  la  precipitada  salida  de los procesados se deriva, pues  mientras  el  Tribunal ensaya algunas explicaciones favorables a ellos, como que  “nunca  se dijo si esa llamada huida intempestiva se  produce  no  por  ser autores, sino por ser testigos presenciales o por estar en  condiciones   de   ver   y   conocer   lo  sucedido,  queriendo  evitar  el  ser  agredidos”  o  que  “se  dieron  cuenta  de  la  muerte y tuvieron problemas con el occiso, era elemental  que  a  quienes  encartarían  sería  a  ellos”, el  a    quo   señala   que  “todo   lleva   a   concluir  unidos  los  indicios  comentados,  que  huyeron por el problema con el Paisa, problema que no fue otro  que  el  de  su  muerte”, posición esta última que  comparten los impugnantes y el Delegado.   

Por  tanto, encuentra la Sala que suficiente  razón  asiste  a  quienes  de  la salida intempestiva de los procesados deducen  junto  con  los  demás indicios y medios de prueba su responsabilidad, dado que  las  consideraciones que presenta el Tribunal no encuentran soporte alguno en la  actuación,  ni  corresponden  a  posibilidades inferenciales que se integran al  cuadro  conjunto  derivado del acervo probatorio, y en consecuencia, no pasan de  constituir  aisladas  especulaciones  carentes  de  razón,  que naturalmente no  podían  fundamentar  la  aplicación  del principio in  dubio pro reo, como lo realizó.   

Es   preciso   destacar   que  además  de  intempestiva  y presurosa, la referida huida se realizó en horas de la noche, a  la  mitad  de  la semana laboral y momentos después de ocurrido el homicidio de  Vásquez, circunstancias que  permiten inferir su estrecha relación con tal delito.   

7.            Falso  juicio  de existencia por suponer  respuestas   de   JULIO  CESAR  MARTINEZ.   

          Aunque   no   se   trata  de  un  falso  juicio  de  existencia  por  suposición,      dado      que      lo      expuesto      por      MARTINEZ  en la audiencia pública sí fue  considerado  por el Tribunal, sino más bien de un falso juicio de identidad por  adición  en  la  medida  que  a  la prueba se le hace decir lo que no ha dicho,  baste  señalar en cuanto se refiere a este motivo, que la razón está de parte  de  los  demandantes  y  al  Ministerio  Público  en  esta  sede, pues como fue  señalado   en   el   numeral  anterior,  el  Tribunal  se  desentendió  de  la  información  suministrada  por  la actuación y procedió a construir de manera  sofística  explicaciones  acerca  de la huida de los procesados la noche de los  hechos,  sin  contar  con  soporte  fáctico  ni  lógico alguno, y atribuyó al  procesado expresiones que no dijo.   

8.            Falso juicio de existencia por omitir la  valoración  de  la  falsa  coartada  de  JULIO CESAR  MARTINEZ.   

          Nuevamente  aquí  lo  que efectivamente postulan los censores en un  falso  juicio  de  identidad  por  omisión,  pues  el  Tribunal  sí valoro las  exculpaciones   del  procesado,  al  punto  que  señaló  que  el  a   quo  fundó  su  fallo,  entre  otros  elementos,      en      “la     nugatoria     del  encartado”,   y   más  adelante  señaló  que  el  Ministerio   Público   orienta   su  acusación  con  base  en  “…comentarios              del             inculpado…”.   

          Pese  a  lo  expuesto,  advierte  la  Sala que efectivamente, al ser  desvirtuada  la coartada invocada por el procesado en cuanto se demostró que no  era  cierto  que por la época de los hechos trabajara en el trapiche Palestina,  dónde  sólo  lo hizo en la primera semana de 1995, tal circunstancia se erige,  no  con  exclusividad ni insularmente, sino en conjunto con los demás medios de  prueba   en   indicio   de  mala  justificación  que  apunta  a  establecer  su  responsabilidad,  como  lo  señalan  los  impugnantes  y  el  Delegado  para la  Casación Penal.   

Es  palmario  que  el  Tribunal  desechó la  prueba  indiciaria,  como  si  la única prueba válida en el derecho colombiano  fuera  la  prueba directa, circunstancia que no se compadece con lo dispuesto en  los  artículos  300 y siguientes del derogado estatuto procesal penal bajo cuya  vigencia  fue  proferida la sentencia, y que haría poco menos que imposible los  fallos   en   ausencia  de  pruebas  de  percepción  directa  como  la  que  el  ad    quem   exige   para  condenar.   

        En  punto  de  las  declaraciones  que echa de menos el ad   quem  es  preciso  señalar  que  por  tratarse  de  personas  trashumantes  cuya  residencia  varia permanentemente de  conformidad  con  el  sitio  de  las  cosechas  que  recogen,  la  dificultad  o  imposibilidad  de  su  recaudo  le imponía adelantar un análisis ponderado del  acervo  probatorio, capaz de establecer en este asunto la responsabilidad de los  procesados, que no adelantó.   

Para la Sala son evidentes los yerros en que  incurrió   el  ad  quem  al  apreciar  las  pruebas,  todo  lo  cual  lo llevó a conclusiones equívocas y a  plantear  la  existencia  de una supuesta duda infranqueable que equivocadamente  lo  condujo a dar aplicación al principio in dubio pro  reo,  cuando  en  verdad,  el  cuadro  conjunto de las  pruebas  es  suficiente en cantidad y calidad para arribar a la certeza sobre la  responsabilidad   de   JULIO   CESAR  MARTINEZ  MARIN  y JHOVANNY ZAPATA  en  el  homicidio  de  Alberto  Vásquez  Gaviria,  circunstancia  que torna imperativo casar la  sentencia     atacada     y     proferir    el    correspondiente    fallo    de  sustitución.   

Respecto de los alegatos del no recurrente se  tiene  que  en  este  asunto  las  sentencias  de primera y segunda instancia no  conforman  una  unidad,  dado  que  corresponden  a  decisiones  sustancialmente  contrarias,  la primera de condena y la segunda de absolución, sin que entonces  resulte lógicamente posible su unidad.   

        Tampoco  es  cierto  que  los  impugnantes pretendan que se atribuya  responsabilidad  a  los  procesados  a  partir de “un  desarticulado  e inconexo sistema indiciario”, puesto  que  por  el  contrario,  lo  que  se  observa  es  que  el Tribunal edificó la  sentencia    absolutoria    dando    aplicación   al   principio   in   dubio   pro  reo,  a  partir  de  una  errática  hermenéutica  de  los  hechos  indicantes  que le imponían concluir  mediante  un proceso de inferencia lógica, que los procesados eran responsables  de delito por el que se les acusó.   

Finalmente debe indicarse que la critica del  defensor  de  MARTINEZ no se  detiene  a explicar pormenorizadamente las falencias de la demanda de casación,  sino  que  mediante  una  posición  genérica,  vaga  e imprecisa, pretende sin  éxito  que  se  desatienda la censura en cuanto contraria a los intereses de su  asistido,   pero   sin   que  tenga  aptitud  alguna  para  que  su  pretensión  efectivamente sea acogida por la Sala.   

FALLO     DE  SUSTITUCION   

Al concluir que en este caso ha prosperado el  cargo  formulado  al amparo de la causal primera de casación cuerpo segundo por  violación  indirecta de la ley sustancial, corresponde a la Sala proferir fallo  de sustitución.   

          Se   encuentran   suficiente   demostrados   en  la  actuación  los  siguientes hechos:   

Primero:         Cerca  de las siete de la noche del 16 de agosto de 1995, a la finca  La    María,    donde    se    encontraba    Alberto  Vásquez  viendo  televisión,  llegaron  JULIO   CESAR   MARTINEZ  y  JHOVANNY  ZAPATA  buscando  a  alguien,  e  inmediatamente    se    fueron;   minutos   más   tarde   salió   Vásquez  hacia  el campamento en la finca  Alicachín.   

Segundo:                      Aproximadamente   a   las   ocho   y  media  de  la  referida  noche  JULIO   CESAR   MARTINEZ  y  JHOVANNY  ZAPATA  arribaron  nerviosos  a  la  finca  Alicachín,  tomaron  sus  pertenencias  y  se  fueron,  argumentando    que   habían   tenido   un   problema   con   el   paisa,   sin   volverse  a  saber  de  su  paradero.   

          Tercero:             La muerte de la víctima se  produjo  como  consecuencia de múltiples heridas causadas con navaja y machete,  como se deduce de las heridas ocasionadas.   

Cuarto:         Después     de    ocurrido    el    homicidio    de    Vásquez  se  observó  que  JULIO  CESAR  MARTINEZ tenía una puñaleta  en  su  pantaloneta,  la cual no le había sido vista con anterioridad; además,  no  se encontró el machete que la víctima acostumbraba a cargar al cinto, pues  al hallar el cadáver sólo tenía terciada la funda vacía.   

Quinto:                      Los   trabajadores   de   la   finca   comentaban  que  JULIO             CESAR,             JHOVANNY     y     el     paisa  habían  discutido  acaloradamente  días antes del homicidio.   

          Sexto:                Además   de   Alberto      Vásquez,     JULIO   CESAR   MARTINEZ  y  JHOVANNY  ZAPATA  eran  los únicos que la  noche  del  homicidio  estaban fuera del alojamiento que compartían en la finca  Alicachín.   

          Séptimo:            Para  la  noche  en  que  ocurrió      el     homicidio,     JULIO     CESAR  MARTINEZ  laboraba  en la finca Alicachín, y no en el  trapiche  Palestina  como  lo  dijo  en el interrogatorio de audiencia pública,  pues  en  este  lugar  sólo  trabajó  en la primera semana del mes de enero de  1995.   

Si  bien  es  cierto, los anteriores hechos  individualmente  considerados  no  conducen  de  manera  alguna  a  acreditar la  responsabilidad  de  los  procesados  en  el  delito  contra  la  vida objeto de  investigación,  lo cierto es que su articulación fáctica y cronológica, así  como  su  convergencia,  en punto de permitir reconstruir por vía de inferencia  lógica el acontecer que motivó este proceso, son suficientes.   

En  efecto,  no  hay  duda  que  cuando los  procesados  se  asomaron  a  la finca La María, estaban buscando a su víctima,  con  la  que  habían  tenido un serio altercado días antes, según lo informó  Efraín  Morales  Galves  al  Investigador  Cruz Parra y lo  declaró    ante    la    Fiscalía;   como   Alberto  Vásquez  decidió  más  tarde  salir  de  allí para  trasladarse  a  la  finca Alicachín como era su rutina diaria, fue esperado por  sus  agresores  quienes  lo  atacaron  a  la  vera  del camino con la navaja que  portaba  JULIO CESAR, y con el  machete  que  acostumbraba  a  llevar  la  víctima, del cual sólo se halló la  chapuza vacía terciada al cadáver.   

Una   vez  producida  la  agresión,  los  procesados  decidieron huir presurosamente y de noche de la región con parte de  sus  pertenencias personales para eludir la acción de las autoridades, al punto  que  abandonaron  algunos  documentos  de identificación, y fue por ello que no  volvieron a ser vistos por allí.   

          Cuando   tiempo   después   JULIO  CESAR  MARTINEZ fue capturado en la etapa de juicio, intentó  presentar  una coartada que fue desvirtuada, pues se demostró que no laboró en  el  trapiche  Palestina para la época en que ocurrió el homicidio de Vásquez,  como lo expuso en el interrogatorio de audiencia pública.   

          En  consecuencia,  es  evidente que las pruebas recaudadas pérmiten  arribar  a la certeza sobre la responsabilidad de JULIO  CESAR     MARTINEZ     MARIN     y     JHOVANNY   ZAPATA   en  el  homicidio  de  Alberto  Vásquez  Gaviria,  razón  por  la cual se impone confirmar el fallo de primera instancia, por cuyo  medio  se  condenó  a  JULIO  CESAR  MARTINEZ MARIN y  JHOVANNY  ZAPATA  a  la  pena principal de 25 años de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  lapso  de  10 años, como autores penalmente responsables del delito de  homicidio   de  Alberto  Vásquez  Gaviria.   

En  la  confirmación  de  la  sentencia de  primer  grado debe prescindirse de la pena accesoria de suspensión de la patria  potestad   impuesta   a   MARTINEZ  MARIN,  dado  que  sin  desconocer la gravedad del hecho por el que se le  condenó,  no  guarda relación de ninguna especie con su núcleo familiar, pues  no  se  ejecutó  en  contra de sus parientes, ni su hijo corrió peligro con su  comportamiento,    ni   tampoco   lo   presenció3.   

CUESTIÓN FINAL  

Imprescindible  resulta  señalar  que la  aplicación  favorable de leyes que en punto de la pena resulten menos gravosas,  como  lo  ha dispuesto el legislador, corresponde al Juez de Ejecución de Penas  por  ser un tema propio y exclusivo de la fase ejecutiva de la sentencia, según  así   lo  establece  el  numeral  7º  del  artículo  79  de  la  Ley  600  de  2000.   

       La  citada norma ha sido desarrollada por esta Sala hasta llegar a  concluir  que  la  aplicación  del  principio de favorabilidad corresponde a al  “Juez  de Ejecución de Penas cuando no se impugne  en  casación;  o  cuando  habiéndose interpuesto el recurso extraordinario, el  fallo   de   la   Corte   no   comporte   redosificación   punitiva”4.   

Por tanto, la aplicación favorable de la  ley  penal  que pueda beneficiar a los procesados corresponde efectuarla al Juez  de  Ejecución  de  Penas  a  quien  corresponda vigilar el cumplimiento de este  fallo5.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la SALA DE CASACIÓN PENAL de la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.            CASAR   el  fallo  impugnado  por  las  consideraciones contenidas en la anterior motivación.   

2.           CONFIRMAR,  en consecuencia, el fallo de  primera  instancia,  con prescindencia de la pena accesoria de suspensión de la  patria   potestad  impuesta  a  JULIO  CESAR  MARTINEZ  MARÍN.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                            CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES             MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 En  este  sentido  sentencia  del  18  de  marzo de 1998. M.P. Dr. Fernando Arboleda  Ripoll.   

2  Cfr.  Sentencia del 2 de agosto de 2001 M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre  otras.   

3  Cfr.  Sentencia  del  10  de  abril  de 2003. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll,  entre otras.   

4  Sentencia   del   5   de   septiembre   de   2001.   M.P.   Dr.   Edgar  Lombana  Trujillo.   

5 En  igual  sentido  sentencias  de 22 de octubre de 2001 y 18 de julio de 2002. M.P.  Dr.  Nilson  Pinilla Pinilla; 2 de mayo de 2002. M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez  Pinzón;  10 de abril de 2003. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll; 10 de abril de  2003. M.P. Dr. Yesid Ramírez Bastidas, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *