15624nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15624  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 196  

          Bogotá, D. C., veintiuno de noviembre de dos mil.   

VISTOS  

          Por  medio  de  sentencia  fechada  el  27  de  octubre  de 1998, el  Tribunal  Superior de Pasto condenó al acusado ALFONSO SEBASTIÁN ERASO ERASO a  la  pena  principal  de  cuarenta y cuatro (44) años de prisión, como autor de  sendos  delitos  de  HOMICIDIO  AGRAVADO,  dos  (2)  de  ellos  en  el  grado de  tentativa,  consumado  el  primero  en  la persona de su hija EDITH LORENA ERASO  QUETAMÁ,  y  los  demás  en  contra  de su hijo RODOLFO ERASO QUETAMÁ y de su  compañera  MARÍA  ESPERANZA  QUETAMÁ  TONGUINO,  madre  de  los  menores,  en  concurso  con  el  hecho punible de HURTO realizado sobre bienes de propiedad de  esta última.   

          Ha  propuesto  casación el defensor del condenado y, de acuerdo con  los  artículos 220 y 225 del Código de Procedimiento Penal, la Corte proveerá  sobre su admisibilidad.   

HECHOS Y RELACIÓN PROCESAL  

          ALFONSO   SEBASTIÁN   ERASO   ERASO  y  MARÍA  ESPERANZA  QUETAMÁ  TONGUINO,  residentes  en el municipio de Funes, departamento de Nariño, por un  tiempo   habían  sostenido  relaciones  extramaritales  y  en  razón  de  ello  procrearon  a  los  menores  EDITH LORENA y RODOLFO ERASO QUETAMÁ.  Algún  día,   el  señor  ERASO  ERASO  contrajo  matrimonio  con  LIDIA  DEL  SOCORRO  GUACHAVÉS,  unión  de  la  cual  nació un hijo, pero el nuevo estado civil no  impidió al varón la continuidad de sus relaciones anteriores.   

          Ocurre  que el 20 de septiembre de 1997, ALFONSO SEBASTIÁN y MARÍA  ESPERANZA,  junto  con sus hijos, se alejaron de la población de su residencia,  con  el  propósito de reiniciar la vida extramatrimonial en el departamento del  Putumayo,   pero  arrepentidos  sólo  llegaron  hasta  la  ciudad  de  Pasto  y  decidieron  regresar  al punto de partida.  Pues bien, el 21 de septiembre,  en  las  horas  de la mañana, cuando todos cruzaban por un puente sobre el río  Guaitará,  el primero empujó a la dama a las correntosas aguas, en momentos en  que  ella  llevaba  sobre sus espaldas al menor RODOLFO, pero gracias al nado la  agredida  pudo  salir a la orilla junto con su vástago, donde fue auxiliada por  vecinos que pasaban ocasionalmente por el lugar.   

          Aproximadamente  a las 10 de la mañana del último día citado, fue  avistado  y  recuperado  el  cadáver de la menor EDITH LORENA, quien durante la  travesía  iba  en  compañía de su progenitor, cuando flotaba en las aguas del  mismo  río  en  jurisdicción  de  la  vereda  La  Lima  de  la  población  de  Pilcuán.   

          Adelantada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  sumarial  en  la  resolución  del 24 de diciembre de 1997, por medio de la cual  acusó  al  procesado ALFONSO SEBASTIÁN ERASO ERASO por el concurso de tres (3)  delitos  de  homicidio,  dos (2) ellos en el grado de tentativa, y otro de hurto  (C. 1, fs. 211).   

          El  Juez Penal del Circuito de Túquerres, según sentencia del 6 de  agosto  de  1998,  absolvió  al  acusado  de todos los cargos formulados por la  Fiscalía  (C. 2, fs. 442).  Sin embargo, el Tribunal Superior de Pasto, en  vista  de  la  apelación interpuesta por la Fiscalía, el Ministerio Público y  la  parte  civil,  revocó el fallo revisado y decidió condenar al procesado en  los términos indicados al comienzo de esta providencia (fs. 492).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          Después   de  una  transcripción  extensa  del  fallo  de  segunda  instancia,  el  defensor  propone  un  cargo  único  en  contra de la sentencia  atacada,  por  la  vía  de  la  causal  primera  de  casación, como violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  dada  la comisión de errores de hecho y de  derecho    predicables    de    la    apreciación   de   diversos   medios   de  prueba.   

          En  la  explicación  de  la  censura,  el  demandante  aduce que la  sentencia   de   primer  grado  absolvió  al  acusado  por  hallar  debidamente  justificada  una  duda  que  no  pudo  removerse, razón por la cual también la  transcribe         in        extenso.   

          El   actor  argumenta  que  los  errores  cometidos  llevaron  a  la  violación  directa  de  los  artículos  301 y 302 del Código de Procedimiento  Penal,  así  como a la vulneración indirecta, por aplicación indebida, de los  artículos 2°, 23 y 323 del Código Penal.   

          Enuncia  que  el hecho indicador es indivisible.  Sus elementos  constitutivos  no  pueden tomarse separadamente como indicadores, y que el hecho  indicador  debe  ser  probado.   Sin  embargo,  se duele el censor, todo lo  contrario  ocurrió  en  este  caso  porque  la personalidad de MARÍA ESPERANZA  QUETAMÁ   TONGUINO,   no  fue  reparada  suficientemente  por  el  ad  quem,  dado que sus familiares sabían  de  su  condición  de  amante  de  ERASO ERASO, pero era tal su astucia que les  ocultó  el  viaje que pretendía y también la venta de sus bienes y los de sus  hijos  para  emprenderlo.  A dicha mujer tampoco le interesó, además, que  su  concubinario  dejaba  una  mujer  y un niño de apenas 3 meses de edad en su  matrimonio,  pues  a  tal  punto  llegaba su decisión, orgullo y violencia, que  antes había acudido al juez a reclamar alimentos para sus hijos.   

          Dicha  personalidad  también  se  evidencia  en  el hecho de que la  mujer  QUETAMÁ  TONGUINO,  antes  que  cualquier  autoridad,  entrevistó a los  testigos  JHON  ELKIN  LUCANO,  FERNANDO  CRIOLLO  y  MARÍA  ESPERANZA ORTIZ, a  quienes  prometió  dinero  para  que declararan en determinado sentido, siempre  tratando  de  hacer más gravosa la situación del procesado.  De modo que,  como  lo  estableció  el  juez de primera instancia, la QUETAMÁ TONGUINO no es  una  campesina  sencilla  e  incauta,  amilanada  en su suerte y oprimida por su  marido,  sino  todo lo contrario; en cambio, el procesado sí es un campesino de  esas  regiones  de  Nariño,  donde  sus  gentes  son  más  bien  reprimidas  y  cautelosas para esta clase de comportamientos.   

          Por  otra  parte, son claras las contradicciones entre los testigos,  pues  la  ofendida  QUETAMÁ  TONGUINO  primero  dice que nadie vio el suceso, y  después  aparece  como  testigo el menor JHON ELKIN LUCANO, quien, por la forma  como   piensa   sus   respuestas,   da   muestras   de   una  preparación  para  declarar.   De  igual  manera,  cómo  es posible que el testigo haya visto  cuando  el  procesado  empujó  a MARÍA ESPERANZA, pero no cuando supuestamente  lanzó  a la niña EDITH LORENA (siendo un hecho tan notorio), porque los hechos  ocurrieron   en   un   solo  acto  y  no  pueden  dividirse,  como  lo  hace  el  Tribunal.   Además,  resulta  bien elocuente que MARÍA ESPERANZA presente  denuncia  criminal  en   contra  del  sindicado, por la muerte de la niña,  antes  de  reconocer  su  cadáver  en  el  hospital  local;  así como también  preocupa  que  ella  haya  ido  hasta  su  casa  a  dejar el niño, después del  incidente  del  río, y nada le comunique en ese instante a sus familiares sobre  tan grave hecho.   

          El  demandante  estima  que  el  Tribunal  eludió  el cotejo de los  distintos  testimonios,  con el fin de determinar sus contradicciones, pues todo  apunta  a  que la mencionada dama se propuso perjudicar a su mancebo por haberse  arrepentido de la fuga con ella y así abandonar su hogar.   

          Argumenta  el  censor que en segunda instancia se han construido los  indicios  con  desconocimiento  del  artículo  301 del Código de Procedimiento  Penal,  motivo por el cual resulta manifiesto el error de derecho por violación  de los ritos de formación del medio probatorio.   

          En  cuanto  al  indicio del móvil para delinquir, el actor dice que  no  puede  hablarse  de él estrictamente, porque no ha existido en el procesado  la  intención  o  pensamiento de zafarse de una relación sentimental profunda,  más  arraigada  que  la  de  su  mismo  matrimonio,  máxime  que el acusado ni  siquiera ha abandonado el lugar de residencia.   

          Como  consecuencia  de  sus  juicios,  el impugnante pide a la Corte  casar la sentencia y decretar la absolución del procesado.   

EXAMEN FORMAL DE LA DEMANDA  

          1.   El  primer  desatino  en  la  elaboración  de la demanda,  quizá  el  más  destacado,  consiste  en  la  pretensión  de  atacar el fallo  condenatorio  de  segunda  instancia  con  los  juicios de valor de la sentencia  absolutoria  de  primera  instancia.   Ello no sólo significaría regresar  absurdamente  el  proceso  a  un  momento  procesal ya superado, sino igualmente  menospreciar   los  razonamientos  de  la  segunda  instancia,  cuyo  acierto  o  desacierto  constituye  el objeto de la casación.  Claro que, al final, es  posible  que  la  solución  en  casación  sea el rescate de la decisión y los  argumentos  de  la  primera instancia, pero ello sólo podría ocurrir cuando se  hayan  destronado  regularmente  las  razones  expuestas  en el fallo de segundo  grado.   

          2.   No  obstante  que  el  actor anuncia errores de hecho y de  derecho  surgidos  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  por parte alguna los  describe  y  mucho  menos  demuestra  su  existencia.  Apenas sí alcanza a  esbozar  que,  en  vista de que se han desconocido los parámetros del artículo  301  del  Código de Procedimiento Penal, el Tribunal supuestamente incurrió en  un  “error de derecho por violación de los ritos de  formación    del    medio    probatorio   (legalidad   intrínseca)”,  pero  de  igual manera no hay un intento serio de prueba sobre  tal  afirmación,  ni de persuadir porqué la división de un hecho indicador en  dos   (2)   o   más   constituye  un  error  de  derecho  y  no  más  bien  de  hecho.   

          3.   Por  otra  parte, no ha sido afortunada la explicación de  la  supuesta falencia de dispersión del único hecho indicador, pero, aunque de  manera  bastante  confusa, el actor insinúa que la percepción por los testigos  del  lanzamiento  de  MARÍA  ESPERANZA QUETAMÁ TONGUINO y su hija EDITH LORENA  ERASO  QUETAMÁ a las aguas del río Guaitara, constituye un solo hecho y no dos  como  lo  presenta  el  Tribunal.   Sin  embargo,  se  echa de menos alguna  reflexión   sobre   la   múltiple   imputación   delictiva  que  se  hizo  al  procesado.   

          4.   Parece  que la censura se orientaba a la prueba indiciaria  que  sustentó  el  fallo, pero el demandante, a la hora de hacer la crítica de  los  indicios,  ni  siquiera  la  conecta  con los juicios del Tribunal sobre el  tema,  según  descripción que antes había hecho de manera general.  Así  mismo,  a  tono  con  la  estructura  del indicio, el contenido de la demanda no  alcanza  para  precisar  si  las deficiencias ocurrieron con motivo de la prueba  del   hecho   indicador,   o   de   la  vinculación  causal  de  éste  con  la  responsabilidad del acusado, o durante el razonamiento inferencial.   

          Es  que si la precariedad radicara en la prueba del hecho indicador,  sería  menester  indicar  los  errores  de  hecho o de derecho cometidos en los  testimonios  o  pruebas  de otra índole que lo soportan.  Porque si lo que  ocurre  es que la lógica no tolera un nexo causal entre el hecho indicador y el  hecho  indicado,  o  se  violentan  reglas  de  la experiencia, lo que seguiría  sería      una      declaración      de     falso  raciocinio.   

          5.   Se  notará  que  el  demandante  acude al argumento de la  personalidad  avilantada  de la ofendida MARÍA ESPERANZA QUETAMÁ TONGUINO, tal  vez  para  contrastarla  con un supuesto modo de ser apocado del procesado, pero  en  manera  alguna  demuestra  la  incidencia  de dicho dato en las resultas del  proceso.   Igualmente,  el  censor  trae  a colación el indicio del móvil  para  delinquir, pero, a través de una genuina descripción, ni siquiera brinda  la  oportunidad de conocer el tratamiento que el Tribunal le dio a dicha prueba,  como  para  determinar  a  partir  de  dicha  expresión  los  supuestos errores  cometidos en su evaluación.   

          6.   En fin, el impugnante sólo evidencia su desacuerdo con la  valoración  que  el  Tribunal  hizo  de  los  hechos  indicarios  y  de algunos  testimonios  que  advierte contradictorios, pero no se ocupa del examen integral  de  la prueba (testimonial y por indicios), con el fin de sacar a flote no sólo  los     errores    cometidos    por    el    fallador,    sino    también    su  trascendencia.   

          La   sola   discrepancia  en  juicios  de  valor  sobre  los  medios  probatorios,  sin  mostrar  errores de hecho o de derecho en su apreciación, no  es  argumento  suficiente  para abrir la casación, sin lastimar por esa vía la  jurisdiccionalidad de las decisiones de instancia.   

          Como  falta  precisión  y  claridad  en  la  censura,  la  Sala  no  admitirá la demanda propuesta.   

          Esto  supuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Inadmitir  la demanda de casación examinada.  En consecuencia,  se  declara  desierta  la  impugnación  concedida  por  el Tribunal Superior de  Pasto.   

          Cópiese, comuníquese y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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