15567(28-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 15567  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.26  

         Bogotá,  D.  C.,  veintiocho  (28)  de  febrero  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         La  Sala  se pronuncia sobre la demanda de casación presentada por  el    defensor    de    Roberto   Carlos   Granados  Arenas  contra la sentencia del 31 de octubre de 1997  por  medio  de  la cual una Sala de Decisión del Tribunal Nacional confirmó la  proferida  el  13 de mayo del mismo año por un Juzgado Regional de esta capital  que  condenó  al  citado, así como a Orlando Guzmán  Parra,   Arnoby  Guzmán  Alzate,   Rafael  Antonio  Salazar  Vega y Misael Mise  Ariza,  a la pena principal de 27 años de prisión y  multa  de  100  salarios mínimos legales mensuales, como coautores del concurso  de  delitos  de  secuestro  extorsivo,  porte  de  armas de uso privativo de las  fuerzas armadas y hurto calificado agravado.   

HECHOS  

         Aproximadamente  a las siete de la mañana del día 9 de febrero de  1995,  el  señor  LUIS EDUARDO ORTEGA ORTEGA ingresó su vehículo en el garaje  de  su  empresa ubicado en la calle 25 con avenida Caracas de esta ciudad; allí  fue  encañonado  y a su automóvil se subieron 3 hombres que lo hicieron correr  hacia  el  puesto del acompañante, lo vendaron, lo esposaron y lo trasladaron a  otro  lugar  de  la  ciudad, donde permaneció en un cuarto oscuro, hasta que al  día  siguiente  fue  rescatado  por  autoridades de policía que practicaron un  allanamiento.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En desarrollo de la instrucción, se dispuso  el  cierre  de  la  misma  el  11 de enero de 1996 y se calificó el mérito del  sumario  el  5  de  febrero  de 1996, con resolución de acusación en contra de  Orlando   Guzmán  Parra,  Arnoby   Guzmán  Alzate,  Rafael     Antonio     Salazar    Vega,    Misael   Mise   Ariza    y    Roberto    Carlos    Granados  Arenas,  y  con  preclusión  de la investigación en  favor   de   Pedro   Nel   Castro  Peña;  apelada  esta  decisión, fue confirmada en su integridad por la  Fiscalía   Delegada   ante   el   Tribunal   Nacional,   el   19  de  abril  de  1996.   

         Un  juzgado regional de esta ciudad conoció de la etapa del juicio  y  el  13  de  mayo  de  1997  profirió la sentencia condenatoria ya reseñada,  decisión  que,  apelada,  se  confirmó  en  su integridad el 31 de octubre del  mismo año por parte del Tribunal Nacional.   

Los      señores      Guzmán      Alzate,     Salazar     Vega    y    Mise  Ariza anotaron su inconformidad con  la  sentencia  de segunda instancia al momento de su notificación. La defensora  de   Guzmán   Parra   y  Granados Arenas formuló el  recurso  extraordinario  de casación el 5 de diciembre de 1997; posteriormente,  Orlando  Guzmán  Parra  y  Arnoby   Guzmán   Alzate  otorgaron  poder  a  un  abogado,  quien interpuso el recurso de casación, pero  nunca presentó la correspondiente demanda.   

         Rafael    Antonio    Salazar   Vega   y  Misael    Mise    Ariza  confirieron  poder a un profesional, quien propuso el recurso de casación, pero  el  11  de  marzo  de  1998  renunció  al  mandato  concedido  por Mise  Ariza,  quien  nombró  una  nueva  defensora,  la  cual solicitó prórroga para presentar la demanda de casación,  pero  jamás  la  allegó.  Salazar  Vega  falleció  como consecuencia de heridas que le fueron causadas en  el establecimiento carcelario el 23 de abril de 1998.   

         Roberto  Carlos  Granados Arenas designó  un   apoderado,   que   interpuso   el   recurso   y  presentó  la  demanda  de  casación.   

La abogada que representó los intereses de  los  sindicados  desde  su  indagatoria  hasta la sentencia de segunda instancia  presentó  demanda  de casación, cuando, por designación de nuevos apoderados,  le había sido revocado su mandato.   

LA DEMANDA  

El defensor de GRANADOS ARENAS formuló tres  cargos a la sentencia de segunda instancia, que sustentó así:   

1.  Violación  indirecta del artículo 247  del  Código  de Procedimiento Penal de 1991 -aplicable a esta actuación debido  a  que  bajo  su  vigencia fue proferida la sentencia impugnada e interpuesta la  casación-  (232  del  vigente)  por  error  de hecho, por falso juicio  de  identidad,  que  hizo  consistir  en  una indebida valoración del informe de la  policía,  que  el  censor  estimó  amañado, pues se obligó a los retenidos a  auto-incriminarse,  al  igual  que  ocurrió  con  los  testigos,  especialmente  ALEXANDRA  MAVESOY  y  WILLIAM DUARTE IBAÑEZ. Precisó que no se recepcionó la  declaración  de  EDWIN  SABOGAL MUÑOZ, JUAN CARLOS PEÑALOZA GUTIERREZ y EULER  BUENO  LOPEZ,  ni  se  tuvo  en  cuenta  lo  expuesto  por  estos  en la Oficina  Permanente  de  Derechos Humanos, con lo cual se acreditaba que el acontecer fue  diverso.   

2.   Violación   directa  por  falta  de  aplicación  de  los  artículos 445 del anterior Código de Procedimiento Penal  (7°  del  actual),  y  6º  y  176  del  Código Penal de 1980 (6° y 446 de la  ley   559/2000),  es  decir,  la  presunción de inocencia, el principio de  favorabilidad  y  el tipo que regula el delito de favorecimiento. Para sustentar  el  cargo  el  censor  manifestó que la ocurrencia de los hechos se debió a un  plan  fraguado  por  quien  identifica  como “Carlos” o “el informante”;  indicó  que  el  Tribunal Nacional dudó al no haber sido vinculado quien ideó  el  plan;  concluyó  que  el  fallo  debió  ser  proferido  por  el  delito de  encubrimiento,  y  no  por  el  concurso  material  de  delitos  que  finalmente  sustentó la condena.   

3. Comprobada existencia de irregularidades  que  afectaron  el debido proceso, pues la fiscalía no cumplió con su cometido  de  asegurar  la  presencia  de  quien  ideó  el  plan criminal, ni observó el  principio  de  investigación  integral.  Si  se hubiera hecho, dice, se habría  llegado a condenar a los verdaderos responsables.   

Con  fundamento en lo anterior, solicitó a  la  Corte  casar  la  sentencia  de  segunda  instancia,  y en su lugar proferir  sentencia  absolutoria  en  favor  de  Roberto Carlos  Granados  Arenas  o  proceder a fijar la pena por los  delitos correspondientes.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo 226 del  Código  de Procedimiento Penal aplicable, si quien demanda carece de interés o  la  demanda  no  reúne  los  requisitos, esta debe ser inadmitida y devuelta al  despacho   de   origen.  Como  el  escrito  presentado   no  satisface  las  exigencias   formales   que  establece  el  legislador,  la  Sala  procederá  a  inadmitirlo. Estas son las razones:   

1.  El  trámite  del  recurso de casación  corresponde  a un sistema rogado y de carácter dispositivo,  en el cual al  actor  corresponde  de  manera  detallada  relacionar  las  normas que encuentra  violadas,    así    como   indicar,   también   minuciosamente,   el  cómo  y  el  por  qué  de  su apreciación, la existencia del  error,  su  trascendencia,  y  acreditar  que,  de  no mediar el yerro, el fallo  hubiera  sido sustancialmente diverso, pues a la Corte  le  está  vedado  suponer  o inquirir por el alcance del cargo planteado por el  censor,   respecto   de   cada   una   de   las   disposiciones  invocadas  como  violadas.   

2.   El   artículo   225   del  estatuto  procesal   establece como requisitos formales para la demanda de casación,  los  siguientes: a) Identificar los sujetos procesales y la sentencia impugnada,  b)  Sintetizar  los  hechos  juzgados  y  la actuación procesal, c)  Señalar  la  causal  que  se aduce para pedir la revocatoria del  fallo,  con  indicación  clara y precisa de los fundamentos de ella,  d) Citar las normas que se consideran infringidas, y e) Expresar  las  varias causales y sus fundamentos en capítulos separados, con proposición  subsidiaria de los cargos que sean excluyentes.   

En  el evento en consideración se faltó a  la   técnica   en   relación   con   los  aspectos  resaltados,  como  pasa  a  demostrarse.   

3.   Con   relación   al   primer cargo:   

El defensor planteó violación indirecta de  la  ley sustancial -artículo 247 del Código de Procedimiento Penal-, por error  de  hecho, por falso juicio de identidad, debido a que el Ad-quem tergiversó el  “hecho que revelan las pruebas arrimadas a la investigación…”.   

Para  desarrollarlo,  dijo  que el Tribunal  había  valorado  un  informe de la S.I.J.I.N., informe no veraz, amañado,  del  cual  resultaba  que  la  policía  había obligado a los imputados a decir  cosas  que  no  eran  reales, a cambio de respetar sus vidas; y, así mismo, que  había  realizado  una  torcida  y  deficiente  apreciación de los testimonios,  “incurriendo  en  un  falso  juicio de identidad, al desconocer las reglas de la  sana  crítica”  respecto  de  las  intervenciones judiciales de los declarantes  MASEVOY  e IBAÑEZ y que, por ello, “en el proceso de valoración racional de la  prueba   desconoció   los  postulados  de  la  lógica,  la  experiencia  y  la  ciencia”.   

Respóndese:  

a)   El  artículo  247  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 1991 no era una norma sustancial y por tanto mal podía  ser  invocada como infringida mediatamente, con fundamento en la causal primera,  cuerpo segundo, de casación.   

b)  Acudió  el  censor  al falso juicio de  identidad  pero  en  vez de tratar de demostrar tergiversación o desdibujación  de  la  prueba,  reprochó  el  análisis  que de la prueba hiciera el Tribunal,  adjudicándole  fallas  frente a los requisitos de la sana crítica, con lo cual  varió  en  el camino su propuesta pues cuando se reprueba equívoco frente a la  lógica,  a la experiencia y a la ciencia, el reparo se debe enfocar con base en  error  de  hecho  producto  de  falso  raciocinio  y  no  de  errado  juicio  de  identidad.   

c)  Si  se  admitiera  como  correcta  la  imputación   formulada  -falso  juicio  de  identidad  por  falencias  de  sana  crítica-  también habría incurrido en error el demandante pues que cuestionar  una  sentencia  por  yerros  relacionados con los principios lógicos, las leyes  científicas  y  las reglas de la experiencia implica indicar cuáles fueron los  seleccionados  por el juez y por qué tal escogencia fue errada. Así mismo, tal  cargo  obliga  al  censor  a  presentar  los  principios, leyes o reglas que han  debido  ser  elegidos  y  aplicados  por  el  funcionario  judicial en el asunto  concreto.   Ninguna  de  esas  tareas  fue  cumplida  en  la  redacción  de  la  demanda.   

Como  es fácilmente palpable la confusión  en  que  incurrió  el  defensor,  que  lo  hizo llegar al incumplimiento de las  normas técnicas mínimas, el cargo no puede prosperar.   

2.   Con   relación   al   segundo cargo:   

         El  demandante  propuso violación directa por falta de aplicación  de  los  artículos  445  del  Código  de Procedimiento Penal anterior (7° del  actual) y 6º y 176 del Código Penal de 1980.   

         Dígase:   

         a)  Anunció  violación directa de la norma citada pero, en contra  de  antiquísima jurisprudencia, dedicó tiempo y espacio a hacer una exhaustivo  y  particular   análisis  de  la  prueba, en contra del desplegado por los  jueces.  Con  ello,  olvidó  que  cuando  se acude a esa causal de casación el  actor  debe  mantener,  respetándolo, el estudio realizado por los funcionarios  de    la    justicia.    Y    esto    sería   suficiente   para   desechar   la  imputación.   

         b)   Incluyó   dentro   del  cargo  violación  del  principio  de  favorabilidad,    sin    independizarlo,    sin   separarlo   y   centrando   su  resquebrajamiento  en  que  el  Tribunal,  en  vez  de condenar a su cliente por  secuestro  extorsivo,  hurto  calificado y porte de armas, ha debido hacerlo por  encubrimiento,  porque  aquellos  delitos,  teniendo penas más altas que éste,  resultan aplicados en forma desfavorable.   

         Aparte  de  lo dicho al comenzar este literal, el error es palpable  porque  en  ausencia  de  tránsito  o  sucesión  de leyes en el tiempo -que no  señaló    el   actor-   es   impensable   la   transgresión   del   principio  mencionado.   

         La  carencia de técnica hace que esta parte de la demanda también  deba ser desechada.   

3.   Con   relación   al   tercer cargo:   

         Censuró  al  sentenciador  por  haber  dictado  fallo  sin  que se  hubiera  vinculado a quien ideó todo lo sucedido -“Carlos”-, con violación del  principio  de  investigación  integral  y  por  falta  de  imparcialidad  en la  búsqueda  de  la prueba, todo ello con apoyo en el artículo 220 del Código de  Procedimiento Penal, es decir, nulidad como causal de casación.   

         Se contesta:   

         a)  Como igualmente se ha dicho por la jurisprudencia, y como emana  de  la  lógica procesal, cuando en casación se piensa en varios cargos, uno de  ellos  la  nulidad,  este  debe  ser  propuesto  en  primer lugar, en guarda del  alcance   del   principio  de  prioridad. Lo olvidó el censor.   

         b)  Por  lo  menos  a  dos  o tres “irregularidades” se refirió el  defensor.  Sin embargo, no las ordenó teniendo en cuenta la mayor cobertura que  una  eventual  anulación  pudiera  tener,  con  lo cual también se olvidó del  principio  de preeminencia,  de   acuerdo   con   el   cual   si   se  anuncia  una  pluralidad  de  factores  hipotéticamente   causantes   de   anulación  es  imprescindible  situarlos  y  desarrarlos  de  mayor  a  menor  pues  el  de mas espectro hacia atrás podría  comprender los secundarios.   

         c)  Cuando  el  demandante  sigue la ruta de la nulidad debe, entre  otras   cosas,  demostrar  cuál  ha  sido  el  daño  causado  con  las  o  las  “irregularidades”  a  la  estructura  del  proceso o a las garantías del sujeto  procesal  representado  y,  a  la vez, cuál sería el beneficio obtenido con la  anulación  y  ulterior recomposición de la instrucción y/o del juicio. Ni una  ni   otra  cosa  hizo  el  impugnante  (principio  de  trascendencia).   

         La   técnica   mínima   también   se   halla   ausente  en  esta  propuesta.           

         Por  lo  expuesto,  estima  la  Sala  que  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  Roberto  Carlos  Granados  Arenas  debe  ser  rechazada por no  satisfacer  las  exigencias  establecidas  en  el  artículo  225 del Código de  Procedimiento  Penal  vigente  para  la  época  en que fue dictada la sentencia  recurrida.   

         

         De otra parte, importa tener en cuenta lo siguiente:   

         Con  relación  a  los  recursos  de  casación  propuestos por los  procesados    Arnoby   Guzmán   Alzate,      Rafael     Antonio     Salazar  Vega   y   Misael   Mise  Ariza  al  anotar su inconformidad con ocasión de la  sentencia  de  segunda  instancia, impugnaciones que también fueron presentadas  por   sus   apoderados,   así   como   por   los   defensores  de  Orlando   Guzmán  Parra,  pero  que  no  presentaron  la  correspondiente demanda de casación, procede esta Corporación  a  declararlos  desiertos,  de  acuerdo  con  lo establecido en el artículo 224  Código de Procedimiento Penal de 1991.   

         De  conformidad  con  los artículos 2° del decreto 3.664 de 1986,  adoptado  como  permanente  por  el 1° del decreto 2.266 de 1991, y 80 y 84 del  Código  Penal  de  1980,  el  delito  de  porte de armas de uso privativo de la  fuerza  pública  tiene  señalada  una  pena  máxima  de 10 años de prisión,  evento  en  el  cual  la  acción  penal,  en la fase del juicio, prescribe en 5  años.  Desde  el  19 de abril de 1996, fecha en que se confirmó la resolución  de  acusación,  ha  transcurrido un lapso superior al anotado, lo cual comporta  que  deba  cesarse  el  procedimiento  según ordenan los artículos 38 y 39 del  Código   de   Procedimiento  Penal,  por  cuanto  la  acción  penal  no  puede  proseguirse.   

         Ello  obliga  a  que la pena de 27 años de prisión impuesta a los  condenados,  deba  disminuirse  en  un  (1)  año,  toda  vez  que  el  Juez, al  dosificarla,  partió  de 25 para el secuestro y la incrementó en dos (2) años  más  en  razón  de los otros dos delitos concurrentes, hurto y porte de armas,  de  donde  surge  que  se  aumentó  un  año  por  cada uno de los dos últimos  punibles.  Así,  se  modificará  la  sanción  para que finalmente quede en 26  años.   

         A  la  Corte  se  allegó  copia  de la inspección del cadáver de  quien  en  vida  respondía  al  nombre de Misael Mise  Ariza, cuyo deceso se produjo en el centro carcelario  el   pasado   23  de  junio;  igualmente  se  aportó  resultado  del  “cotejo  dactiloscópico”,  que  concluye en la identificación del occiso como aquella  persona  que  portaba  la  cédula  de  ciudadanía  número 7.536.880, dato que  corresponde con el del vinculado.   

         De  lo anterior no queda duda alguna respecto del deceso del señor  Mise   Ariza,   lo  cual  extingue  la  acción penal, en los términos del artículo 76 del Código Penal  de 1980, lo que debe ser declarado por la Sala.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

         1.  Declarar  la  cesación del procedimiento, por prescripción de  la  acción  penal en lo que se relaciona con el delito de porte ilegal de armas  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas, seguido en contra de Orlando   Guzmán   Parra,  Arnoby   Guzmán   Alzate,  Rafael     Antonio    Salazar    Vega,  Misael   Mise   Ariza  y  Roberto    Carlos    Granados    Arenas.   

         2.  Modificar  el  literal  PRIMERO  de  la  parte resolutiva de la  sentencia  del  13  de  mayo  de  1997,  en  el sentido de que la pena principal  impuesta    a    los    señores   Orlando   Guzmán  Parra,   Arnoby  Guzmán  Alzate,   Rafael  Antonio  Salazar  Vega,  Misael Mise  Ariza  y  Roberto  Carlos  Granados  Arenas será de 26 años de prisión y multa  de  100  salarios  mínimos  legales  mensuales como coautores de los delitos de  secuestro extorsivo y hurto calificado agravado.   

         3.  Declarar  la  extinción  de  la  acción  penal seguida contra  Misael Mise Ariza.   

         4.  Declarar desiertos los recursos de casación propuestos por los  procesados    Arnoby   Guzmán   Alzate,      Rafael     Antonio     Salazar  Vega,   Orlando  Guzmán  Parra   y   Misael  Mise  Ariza  y  sus  apoderados, por no haber presentado la  correspondiente  demanda  de  casación,  de  acuerdo  con  lo establecido en el  artículo 224 del decreto 2.700 de 1991.   

5.  Inadmitir  la demanda presentada por el  defensor   del   señor   Roberto   Carlos  Granados  Arenas.   

Notifíquese y cúmplase.  

            

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS    A.    GÁLVEZ    ARGOTE                                                     

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                          NILSON    E.    PINILLA   PINILLA                         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *