15559(07-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 15559  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 50   

          Bogotá D.C., siete de mayo de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  ocupa la Sala del estudio de la orden de tutela impartida por la  Corte  Constitucional  en  pronunciamiento  del 12 de febrero del año en curso,  por  cuyo  medio  revocó  la  sentencia  de  Casación proferida por la Corporación el 2 de agosto de 2000 en  el  asunto en el que se impartió condena contra SERVIO  TULIO  BENÍTEZ  GÓMEZ  por  la  conducta  punible de  ocultamiento  de  documento  público, disponiendo se dictara otra acorde con la  prohibición   de   reformatio  in  pejus.   

ANTECEDENTES  

          En  el  curso  de  la  investigación  adelantada  contra el abogado  SERVIO    TULIO    BENÍTEZ    GÓMEZ   por  la  pérdida  del  expediente  en  que el Juzgado 2º Civil del  Circuito  de  Cartagena  tramitaba  el  proceso  de  sucesión  de  Servio Tulio  Benítez  Hernández,  se estableció que él -el letrado- fue el causante de su  ocultamiento  como  único interesado en que no se hiciera efectiva la medida de  embargo  y secuestro decretada en el proceso ejecutivo surtido en su contra ante  el  Juzgado  3º  Civil  del  Circuito  de la misma ciudad, en relación con los  derechos  herenciales  que  le  hubiesen  podido  corresponder  en  la sucesión  intestada  de  su  difunto  padre.  El hallazgo tuvo lugar en el mes de enero de  1990,  cuando  al  diligenciamiento se fue agregar el oficio mediante el cual se  comunicaba la medida cautelar dicha.   

          La  investigación  pertinente  la  inició  el Juzgado Undécimo de  Instrucción  Criminal  de  la  época,  pero  fue  la Fiscalía 17 de la Unidad  Especializada  la  dependencia  encargada  de  vincular  mediante indagatoria al  sindicado  y la 34 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de Cartagena la  de  definir  su  situación  jurídica,  despacho  que  en resolución del 14 de  septiembre  de  1993  se  abstuvo  de  imponer medida de aseguramiento alguna en  disfavor   del  indagado.   Sin  embargo,  recurrida  en  apelación  dicha  decisión  por  el  apoderado de la parte civil, el Fiscal Primero Delegado ante  el  Tribunal  Superior  de  esa ciudad la revocó por la suya del 4 de noviembre  siguiente,  y  en  su  lugar  dispuso  la  detención  preventiva  del encartado  concediéndole el beneficio de excarcelación.   

          La  Fiscalía 35 Delegada en resolución del 7 de septiembre de 1994  acusó  a BENÍTEZ GÓMEZ como  presunto  infractor  del  Art.  223 del C. Penal de 1980, modificado por el Art.  3º  de  la  Ley  43  de  1982,  determinación  contra  la cual el defensor del  procesado  interpuso  como  principal el recurso de reposición y en subsidio el  de  apelación.  Negado el primero y concedido el segundo, la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal le impartió integral confirmación a la providencia el 17 de  agosto de 1995.   

          El  juicio  lo  rituó  el Juzgado 5º Penal del Circuito de aquella  localidad,  y  tras  el  rito  pertinente,  conforme  con  el  pliego  de cargos  profirió  la  sentencia  del  28  de julio de 1997 que condenó al acusado a la  pena  privativa  de  la  libertad  de  dos  años  de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  y  prohibición  de  ejercer la profesión de  abogado,  por el mismo término de la sanción corporal, negándole el sustituto  penal  de  la  condena  de  ejecución condicional. Impugnado el fallo de primer  grado,  el  Tribunal  Superior de Cartagena lo confirmó en todas sus partes por  el suyo de julio 31 del año siguiente.   

          La  sentencia de segunda instancia fue objeto de casación tanto por  el  acusado  como por su defensor y, en la fecha ya indicada, la Sala desestimó  las  pretensiones  de  los  demandantes  por  las  razones  reseñadas  en dicho  pronunciamiento;  empero, oficiosamente decidió casar parcialmente la sentencia  del  Tribunal,  no  “para  redosificar  la pena sino  exclusivamente  para  remover  la  ilegalidad que la afecta, en tanto el mínimo  acogido  por  el  a quo como punto de partida para incrementar discrecionalmente  la  sanción  en un año, desborda la parte inferior del marco punitivo previsto  en  el  tipo” dentro del cual se enmarcó la conducta  punible  imputada  al  justiciable.  En  consecuencia,  dispuso  que la sanción  principal  a descontar por BENÍTEZ GÓMEZ era  la  de  36 meses de prisión, término que igualmente se dedujo  para las penas accesorias impuestas al sentenciado.   

          Posteriormente,  mediante  apoderado  judicial el condenado demandó  en  procedimiento  de tutela la providencia en cuestión por supuesta violación  al  principio  de  prohibición  de  reforma  en  peor, y el 12 de febrero en la  Sentencia  T-082  de 2002 la Sala Quinta de Revisión de la Corte Constitucional  determinó  en  su  ordinal  3º,  previa revocatoria de los fallos de las Salas  Jurisdiccionales  Disciplinarias  del  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura de  Bolívar  y del Consejo Superior de la Judicatura que habían denegado el amparo  constitucional   invocado,   “DECLARAR  que  es  nula  por violación de los artículos 2º, 4º, 29 y 31 de  la  Constitución  Política,  la  Sentencia  proferida por la Sala de Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, de fecha 2 de agosto de 2000, en cuanto  agravó   la   situación  del  señor  Servio  Tulio  Benítez  Gómez,  único  demandante en sede de casación.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Para  la  Sala  resulta inadmisible realizar aquello que solicita la  Corte  Constitucional  en  el  referido  pronunciamiento,  simplemente porque la  orden  impartida  se  aparta  completamente  de  la  Constitución  y de la ley,  supuesto  que  las  decisiones  de  la  Corte  Suprema de Justicia no pueden ser  objeto  de  amparo.  Las mismas razones en que se finca la decisión del 19  de  marzo  del  año en curso proferida con ocasión de un asunto similar al que  hoy  ocupa  la  atención  de  la Sala -Rdo. 15.285, M.P. Álvaro Orlando Pérez  Pinzón-,   sirven  de  sustento  a  la  presente  providencia.   Allí  se  dijo:   

“(…) 1. Según  el  artículo 234 de la Constitución Política, la Corte Suprema de Justicia es  el  máximo  tribunal de la jurisdicción ordinaria, y la disposición siguiente  -artículo   235-   le   entrega,  a  título  de  primera  atribución,  la  de  ‘Actuar como tribunal de  casación’.   

“En  la  misma  línea,  el  artículo  2.2  de  la  Carta  dispone  que  las  autoridades de la  República  están  instituidas  para  proteger a todas las personas en su vida,  honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades.   

“El  Código de  Procedimiento   Penal,   desarrollo  de  los  mandatos  constitucionales,  posee  normatividad similar. Así, por ejemplo:   

“a) El artículo  9º.,      ‘norma  rectora’,   dice   que  ‘La  actuación procesal  se  desarrollará  teniendo en cuenta el respeto a los derechos fundamentales de  los      sujetos      procesales..’.   

“b) El artículo  15.2,   también  ‘norma  rectora’, dispone que el  funcionario   judicial   debe   corregir  los  actos  irregulares,  ‘respetando  siempre  los  derechos  y  garantías  de  los  sujetos procesales’.   

         

“c) El artículo  206,  uno  de  los desarrollos directos y concretos de la normatividad anterior,  establece   como   unas   de   las  finalidades  de  la  casación  ‘la efectividad del derecho material y  de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que intervienen en la actuación  penal’, y la ‘reparación de los agravios inferidos  a      las      partes      con      la      sentencia     demandada’.   

“d) Y en pro del  mismo  cometido,  el  artículo  216  del  estatuto prevé la casación oficiosa  cuando  la  Corte,  al  momento  de  tomar  la decisión de fondo, encuentra que  ostensiblemente         la        sentencia        impugnada        ‘atenta    contra   las   garantías  fundamentales’.   

“La conclusión,  entonces,  es  doblemente obvia. Una: como los derechos, garantías y libertades  a  que  aluden tanto la Carta como las normas procesales esencialmente emanan de  aquélla,  no  hay  ninguna  duda  en  cuanto la Corte, durante la actuación y,  específicamente,  en materia de casación, tiene la obligación de velar por el  resguardo  de  los  derechos  y  garantías,  es  decir,  de  hacer  cumplir  la  Constitución;  y  dos:  si  la  Corte  es  el  máximo  tribunal de la justicia  ordinaria,   a   quien  también  se  le  ha  entregado  la  protección  de  la  Constitución,  sus decisiones tienen que permanecer incólumes pues se entiende  -como  en  efecto  sucede  todos los días-, que también cumple con el deber de  proteger    los   derechos   y   garantías   fundamentales   surgidos   de   la  Constitución.   

“Lo  que  no  resulta  obvio  -y  sí  injurídico-  es  que  la Corte defienda los derechos y  garantías  constitucionales  actuando  como tribunal de casación con raigambre  constitucional  y  que,  luego,  sus  decisiones  puedan ser revisadas por otros  organismos,   así  estos  tengan  igualmente  la  guarda  de  esos  derechos  y  garantías,  pues  que  estos,  por  Altos  que  sean,  no  pueden  exceder  sus  facultades  y  desconocer  los límites constitucionales que en lo ordinario han  sido puestos en cabeza de la Corte Suprema de Justicia.   

“Es que, como con  razón  dijo  la  Corte Constitucional en su sentencia C-037 del 5 de febrero de  1996  -a  propósito  del estudio de la Ley Estatutaria de la Administración de  Justicia-,  “…la  redacción  del  artículo  234  constitucional lleva a la  conclusión  evidente  de  que  bajo ningún aspecto puede señalarse que exista  una  jerarquía  superior,  ni  dentro  ni  fuera,  de  lo que la misma Carta ha  calificado  ‘como máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria’ “ (destaca la Sala).   

“2. El artículo  228  de  la  Constitución, entre otras cosas, fija el principio de autonomía e  independencia  de  los  jueces,  quienes, conforme con el artículo 230 ibídem,  sólo  están  sometidos  al  imperio de la ley, auxiliados, desde luego, por la  equidad,  la doctrina, la jurisprudencia y los principios generales del derecho,  siempre,  como  es  apenas  natural,  centrados  y  guiados por la hermenéutica  jurídica, es decir, por la interpretación del derecho.   

“La norma rectora  número  12  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  igualmente  desarrollo del  mandato  constitucional,  es  nítida: ‘Las  decisiones  proferidas  dentro  del  proceso  penal  serán la  expresión  del ejercicio de la función constitucional de administrar justicia.  Los  funcionarios  judiciales  serán  independientes  y  autónomos’.   

“Y el artículo  5.2  de  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de Justicia es aún más  preciso     sobre    el    tema:    ‘Ningún   superior   jerárquico   en  el  orden  administrativo  o  jurisdiccional  podrá insinuar, exigir, determinar o aconsejar a un funcionario  judicial  para  imponerle  las  decisiones  o  criterios que deba adoptar en sus  providencias’.   

“Auncuando  es  evidente  que  la Corte carece de superior jerárquico el mensaje de la anterior  ley  es  incuestionable  en  cuanto  en  el  sector judicial nadie puede imponer  opiniones.   

“Pero  lo  más  claro   es   lo   relacionado   con   la   independencia,  la  autonomía  y  la  interpretación  de  la ley: si la Corte es autónoma, independiente y todas sus  decisiones  se  sustentan  en  la  interpretación  que  de  la  ley  hacen  sus  integrantes,   que   jamás   sentencian   singularmente,   sus  decisiones  son  inmodificables  e  intangibles.  Y  el tema de la interpretación está fuera de  toda  incertidumbre:  bastaría  revisar, por ejemplo, la copiosa jurisprudencia  de  la Corte Suprema de Justicia y de la propia Corte Constitucional para llegar  por  convergencia  al  mismo  punto:  la  interpretación  judicial no puede ser  objeto de tutela.   

“3.  Fundamentalmente  del  artículo  29 de la Constitución Política, como especie  del  debido  proceso,  surge el principio de cosa juzgada, que con su historia y  actualidad  se  caracteriza por la inmutabilidad, definitividad, ejecutoriedad y  obligatoriedad   del   fallo  judicial.  Este  axioma,  que  ciertamente  admite  eventuales  excepciones  (por ejemplo, la acción de revisión y el principio de  favorabilidad),  no puede ceder ante hipótesis no previstas en la Constitución  ni   en  la  ley.  En  efecto,  si  los  ejemplos  citados  en  paréntesis  son  excepciones,  se debe a que la propia normatividad los prevé como tales, lo que  no  sucede  con  la acción de tutela, pues que en parte alguna del ordenamiento  aquella  hace  referencia  al  preciado  mecanismo  como otra de las excepciones  legales  a  la  cosa  juzgada, quizás exclusión hecha de la posibilidad de que  por  caso  presentada una demanda en búsqueda de amparo contra la Corte Suprema  de  Justicia,  ella  misma,  y  sólo  ella,  y jamás otro organismo, sería la  encargada  del  trámite  correspondiente,  dentro  de  su  propio  seno.  Y por  extensión,  analogías  o  parecidos  -si  de ello se tratara-, no podrían ser  creadas  excepciones al principio constitucional. La cosa juzgada, entonces, por  las  características  enunciadas, es el soporte de otro principio universal del  derecho: la seguridad jurídica.   

“La conclusión  de  este  punto resulta fácilmente entendible: debido a que la ley no prevé el  amparo  como salvedad a los principios de cosa juzgada y seguridad jurídica, es  impensable  la  tutela  por  medios extraños respecto de las decisiones tomadas  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia. Hacerlo sería tanto como creer  que  ésta,   máxima   jerarquía  de  la  jurisdicción  ordinaria  -con  funciones  constitucionales   como   las   explicadas   atrás-  por  medio  de  la  tutela  desconociera  la  alteza  de  una  decisión  del  Consejo  de  Estado,  máximo  organismo  de  la  jurisdicción  contencioso  administrativa,  o  de  la  Corte  Constitucional,  máximo  poder  de la jurisdicción constitucional, excepto, en  ambos  casos, frente a las actuaciones judiciales-constitucionales que la propia  Carta  ha  entregado  a  la  Corte Suprema de Justicia. Hacer lo contrario no es  más  que  desbordamiento  de  funciones,  imposición  de  criterios, es decir,  autoritarismo  puro  y, por supuesto, negación del Estado de Derecho, requisito  que    sigue    siendo   esencia   del   Estado   Social   y   Democrático   de  Derecho.   

“Y  no  sería  argumento  en  contra  de  lo  anterior  el numeral 9º. del artículo 241 de la  Constitución  Política  pues  la  Corte Constitucional sólo puede revisar las  decisiones  judiciales  relacionadas  con  la  acción de tutela de los derechos  constitucionales,  en  la  forma que determine la ley. Y mientras tanto, como se  acaba   de   afirmar,  ninguna  ley  le  permite  ni  le  autoriza  a  la  Corte  Constitucional  someter a cuestión, para desconocerlas, las decisiones que como  tribunal de casación toma la Corte Suprema de Justicia.   

“En resumen, como  en  el  asunto  analizado  la  Sala  Penal  de  la Corte actuó como tribunal de  casación  y  aludió  al  principio  de  prohibición de la reformatio in pejus  señalando  su  conclusión   sustentada  debidamente  en  la hermenéutica  jurídica,  su  sentencia  es intangible y por lo tanto no puede ser desconocida  acudiendo    a    otra    vía   (…)”   

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  no  puede  hacer  aquello que la Corte Constitucional, en contra de la  Constitución Política y de la ley, quiere que haga.   

Y  por  las  mismas  razones,  y  porque  la  sentencia  que llegara a la Corte en sede de casación se encuentra ejecutoriada  desde  el  pasado  dos  (2) de agosto del año 2000, es improcedente estudiar la  solicitud  que  hiciera  el  ciudadano  BENÍTEZ GÓMEZ  orientada  a  la  declaración  de prescripción de la  acción penal.   

Comuníquese y cúmplase  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

Aclaración de voto  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                          Aclaración de voto   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                      No  hay  firma   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA  PINILLA                                

Salvamento    de    voto                                                        Aclaración de voto   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACION DE VOTO :  

Por la analogía que el asunto presenta con  el  de  radicados  números  8.401,  8.904,  13.049  y  15.286,  me remito a las  aclaraciones del voto allí hechas.   

fernando e. arboleda ripoll  

              magistrado    

fecha             ut  supra               

    

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