15482nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     Nº  15482   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

Dr.  JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado   acta   N°  190   

(8-11-2000)   

Bogotá  D.C., diez (10) de noviembre de dos  mil (2000)   

V I S T O S  

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  JOSÉ JAIME OSPINA QUINTERO.   

H E C H O S  

Ocurrieron  en la noche comprendida entre el  26  y  el  27  de marzo de 1993, en el Bar Colombia, de la ciudad de Chinchiná,  luego  de  una  riña  suscitada  entre varias personas, como consecuencia de la  cual  resultó  herido  con arma de fuego y arma blanca el señor Nelson Alberto  Castañeda   Osorio,   quien   trasladado   al   hospital,   falleció   minutos  después.   

Como  autor de la muerte se sindicó a José  Jaime Ospina Quintero, alias “Chino Jaime”.   

2.-   El  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Chinchiná  (Caldas),  mediante  sentencia del 9 de marzo de 1998,  condenó  a  JOSÉ  JAIME  OSPINA QUINTERO  a  la  pena  principal de 25 años de prisión y a la accesoria de  rigor, como autor del delito de homicidio simple.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, su  defensor  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser desatado por el  Tribunal  Superior  de  Manizales,  el  14  de  septiembre  del  mismo  año, la  confirmó   integralmente,   fallo  contra  el  cual  se  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  dentro  del  término  legal  se  presentó la  respectiva demanda.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Al  amparo  del  cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  el  defensor presenta dos cargos contra la sentencia de  segunda instancia. Sus argumentos se pueden sintetizar así:   

Cargo primero  

Dice  que  el Tribunal incurrió en error de  hecho  al  apreciar como pruebas conclusivas de responsabilidad la diligencia de  reconocimiento  fotográfico  y  los  testimonios  de  Oscar Antonio Castañeda,  Carlos  Alberto  Duque,  José Arley Quintero y Luis Gabriel García Gutiérrez,  en   cuanto  “fraccionó”  estos  elementos  probatorios,  no  valorándolos  conjuntamente.   

Tal defecto llevó a la violación indirecta  de  los  artículos  254,  294  y  369  del  Código de Procedimiento Penal, por  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

Sostiene  el  censor  que  el reconocimiento  fotográfico  que efectuaron los testimoniantes Oscar A. Castañeda, José Arley  Quintero  y Carlos Alberto Duque Rincón, no cumplió con los requisitos de ley,  señalados  en  el  artículo  369,  ibidem,  pues  “jamás  se  agregaron  al  expediente  las  fotografías  señaladas  por  los testigos”, ni se llevó al  proceso  otra  prueba  diferente  “para  acreditar  un hecho que de otra forma  permanecería   en   la   simple   probabilidad;  la  correspondencia  entre  la  fotografía    señalada   y   la   identidad   física   de   la   persona   no  capturada”.   

A  esto  agrega  que  el  Tribunal  omitió  referirse  a  la  diligencia de inspección realizada durante el juicio en busca  de  las  fotografías  supuestamente  reconocidas, las que no fueron halladas en  los  respectivos archivos, lo que impidió establecer, mediante la comprobación  personal,   que  las  fotografías  señaladas  correspondían  a  Jaime  Ospina  Quintero,  por  lo  que  la  probable  identidad  quedó  en  el  campo  de  las  conjeturas.   

Advierte,  así mismo, que a pesar de que el  Tribunal  admite  que quienes efectuaron el reconocimiento no declaran de manera  uniforme   ni   coherente,   les  otorga  credibilidad,  desconociendo  los  postulados  de  la  sana  crítica,  al  considerar  demostrada la identidad del  supuesto homicida.   

Anota,  igualmente,  que  la no apreciación  probatoria   conjunta,   “impidió   al   Tribunal   hacer  referencia  a  una  circunstancia  evidenciada  en  el  proceso: no hay prueba de que el acusado sea  conocido  bajo  el  apodo  de  “Chino  Jaime”, y ninguno de los testigos que  intervinieron  en  el  reconocimiento  fotográfico  aporta alguna circunstancia  descriptiva  que  permita  concluir  que  en  realidad  se estaban refiriendo al  procesado Jaime Ospina Quintero cuando hablaban de aquél”.   

Así,  Luis  Gabriel  García,  quien  fuera  co-acusado  del homicidio, solamente presenta una referencia para identificar al  “Chino  Jaime”  como  Jaime  Ospina Quintero, consistente en que lo conocía  desde  hacía un año en el bar de la mamá de él, llamado “Candilejas”, lo  que,  sin  embargo,  no  fue verificado durante el proceso, “y no hay elemento  que permita darla por cierta”.   

Pasa  luego  el casacionista a destacar, las  que,  a  su  juicio,  constituyen  incoherencias  y  contradicciones  entre  los  diferentes  testigos  de  cargo, habiéndoles el Tribunal otorgado credibilidad,  no  obstante  que  esta Corporación reconoce que “Mal podría afirmar que los  testimonios  rendidos  por  quienes señalaron en fotografía a José Jaime como  uno  de  los  autores,  son  paradigma  de  coherencia  narrativa  o  que fueron  recogidos  con  técnica digna de elogio. Nada de eso. Los testigos hilvanan mal  sus  relatos  y  las  actas  que  los  recogen revelan los mismos defectos a que  aludimos  cuando  tratamos  lo relacionado con la validez de los reconocimientos  fotográficos.  Pero no se puede eludir una verdad inconcusa: los tres coinciden  en  afirmar  que  Jaime si estuvo en el lugar de los hechos y la excusa de éste  radica, única y exclusivamente, en negar tal circunstancia”.   

En  consecuencia,  dice  el  actor:  “El  análisis  fragmentado  de  la  prueba  en  cuestión,  impone  entonces  en  la  sentencia   una   conclusión  de  responsabilidad  improcedente  e  inaceptable  contraria a la sana crítica.”.   

Por  tal  motivo,  demanda  que  se  case la  sentencia y se absuelva a su prohijado.   

Segundo  cargo   

Bajo invocación idéntica a la anterior, el  actor  formula  un  segundo  reparo  contra  la  sentencia del Tribunal, en esta  oportunidad   señalando   como   violado   el  artículo  445  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   por  error  de  hecho  al  apreciar  la  diligencia  de  reconocimiento   a  través  de  fotografías  y  los  testimonios de Oscar  Antonio  Castañeda,  Carlos  Alberto Duque, José Arley Quintero y Luis Gabriel  García  Gutiérrez,  como  pruebas suficientes para eliminar toda duda racional  sobre  la  responsabilidad  de  Jaime  Ospina Quintero en el homicidio de Nelson  Alberto Castañeda Osorio.   

Para  fundamentar  el  cargo aduce que en la  sentencia  se  sostuvo  que  el  reconocimiento fotográfico efectuado por Oscar  Antonio   Castañeda,   Carlos   Alberto  Duque  y  José  Arley  Quintero,  sus  posteriores  testimonios  y  la  declaración de Luis Gabriel García Gutiérrez  constituyen  prueba  suficiente  para eliminar toda duda y fundamentar un juicio  de  certeza  sobre  la  responsabilidad  del  acusado, lo que no es cierto, pues  subsisten   dudas   insalvables,   así:  no  se  allegaron  al  expediente  las  fotografías  señaladas  por  los testigos, sin que tal deficiencia pudiera ser  suplida  con  la diligencia de inspección judicial verificada el 11 de abril de  1997,  pues  no fue encontrado el respectivo álbum fotográfico, y, además, no  se  llevó  al  proceso  ninguna  otra prueba que permita acreditar que “Chino  Jaime”, señalado por los testigos, sea Jaime Ospina Quintero.   

Así  mismo  de  los testimonios posteriores  recibidos  no  puede concluirse, sin dudas, la identidad cuestionada, pues Oscar  Antonio   Castañeda  primero   declaró que no sabía como se llamaba  el  hombre que le disparó a su hermano, pero en la diligencia de reconocimiento  menciona  por  su  nombre y apodo al supuesto agresor y, ulteriormente, sostiene  que  lo  conocía  desde  hace  más  de un año con el nombre de “luisito”;  Carlos  Alberto  Duque  da  como  única  descripción que “es un poquito más  bajito  que  yo”;  José  Arley  Quintero  no  aporta  ninguna  referencia  de  identidad   que  lleve  a concluir que el “Chino Jaime” es Jaime Ospina  Quintero;  y  Luis  Gabriel  García,  protagonista  de los hechos, sólo da una  referencia,  consistente  en  que  lo  conoció  hace un año larguito en el bar  Candilejas.   

Agrega  que  la  duda  sobre la presencia de  Jaime  Ospina  en  Chinchiná  en  el  lugar  y  en  el momento del homicidio se  sustenta  en  los  testimonios  de  su  esposa,  su  suegra y su ex –  patrono,  de  lo  que se infiere que  después  de  haber  recobrado  su  libertad  en la citada ciudad, se radicó en  Cali,   donde   empezó   a  trabajar  en  pintura  de  edificios,  con  Rodolfo  Hernández.   

Tales  testimonios, dice, fueron descartados  por  el  Tribunal  con  fundamento  en  el  parentesco  y en que es ilógico que  Hernández  recuerde  después  de  tantos  años  la  presencia  de  Jaime a su  servicio, criterio que no comparte.   

Concluye que existiendo dudas no resueltas se  debe   casar   la  sentencia,  absolver  al  procesado,  por  haberse  vulnerado  indirectamente el artículo 445 del C. de P. P.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  que a nombre del  procesado   OSPINA  QUINTERO  presentó  su  defensor,  no  reúne  los  requisitos  formales  de  claridad  y  precisión  que  exige  el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal para  que  pueda  ser  admitida.  En  efecto,  y  en  lo  que respecta al primer cargo:   

1.  No  indica cuál fue la norma sustancial  infringida,  ni  su  sentido,  esto  es,  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida,  y las que cita como tales, a saber, los artículos 254, 294 y 369 del  C. de P. Penal, no tienen ese carácter.   

2.  El desarrollo del cargo es confuso, pues  aunque  denuncia  que se incurrió en error de hecho, que intenta orientar hacia  el  falso  raciocinio,  al  reclamar por la vulneración de los postulados de la  sana  crítica,  se desvía, incoherentemente, a veces, hacia el falso juicio de  existencia  por  omisión,  cuando  cuestiona  haberse  ignorado  la inspección  judicial  realizada  para  buscar el álbum fotográfico sobre el que se hizo el  reconocimiento,  o  por  suposición,  cuando  asevera  que  no  hay  prueba que  demuestre  que el “Chino Jaime” sea Jaime Quintero Ospina, como lo concluyó  el  Tribunal,  y  en  otras,  hacia  el  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad,   cuando   asegura   que   en   “la  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico  no  se  cumplieron  los  requisitos  que para el efecto señala la  ley”.   

Sea del caso advertir, una vez más, que con  relación  al  mismo  elemento  de  convicción,  en este caso el reconocimiento  fotográfico,  no se puede predicar, al interior  del mismo cargo, error de  hecho  y  error  de derecho, en la medida en que si se acude al primero se está  aceptando  la  legalidad en la aducción de la prueba y su validez jurídica, en  tanto  que  en  el  segundo  se  está  afirmando  que el yerro del sentenciador  consistió  en  apreciar  un medio de prueba practicado o incorporado al proceso  ilegalmente,  esto  es,  con  desconocimiento  de  las normas que condicionan su  validez, y que, por lo mismo, carece de existencia jurídica.   

3. En cuanto a la acusada vulneración de los  postulados  de la sana crítica, no evidencia su quebrantamiento, sino que, como  si  se  tratara  de  un  alegato  de instancia, pretende oponer sus conclusiones  probatorias  a  las  del  fallador,  desconociendo  que  el yerro no surge de la  disparidad  entre  la  estimación  judicial  y la pretendida por el impugnante,  pues  no  se trata de que la Sala establezca quien maneja mejor la lógica en el  análisis  probatorio, sino de determinar si hay contradicción ostensible entre  la  valoración  efectuada  por  el Tribunal y los principios de la lógica, las  leyes de la ciencia o las reglas de la experiencia.   

En  lo  que se relaciona con el segundo   cargo,   también  adolece  de  insalvables    desatinos    técnicos    que   impiden   admitir   la   demanda,  así:   

1°  Aunque  menciona  como  infringido  el  artículo  445  del C. de P. Penal, que tiene la naturaleza de norma sustancial,  sin  embargo,  no  indica  cuál fue el precepto sustancial de la parte especial  del  Código  Penal  quebrantado, ni su sentido, esto es, falta de aplicación o  aplicación indebida.   

2°  Así  mismo, acusa al Tribunal de haber  incurrido  en  error  de hecho, pero no dice ni se infiere del desarrollo, cuál  fue  el  falso juicio que lo determinó, si de existencia o identidad, o si  consistió  en  un  falso  raciocinio, al desconocerse los postulados de la sana  crítica.   

3° La disertación la reduce, sin demostrar  ningún  desatino del  sentenciador, a afirmar que las pruebas allegadas no  conducían  a  la  certeza requerida para condenar, sino que llevaban a la duda,  por  lo  que  ha  debido  absolverse,  sin percatarse que la simple discrepancia  entre  el  fallador  y  el  censor  sobre el mérito de las pruebas no configura  yerro  demandable  en casación, prevaleciendo el criterio del sentenciador, por  venir   la   sentencia   amparada   por   la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad.   

Así mismo, en la segunda parte del discurso,  critica  al Tribunal por no haberle dado credibilidad a las declaraciones de los  parientes     del    procesado    y    a    la    de    su    ex    –patrono Rodolfo Hernández, de las que  se   infería   que  en  el  momento  de  los  hechos  se  encontraba  en  Cali,  desconociendo  que  ello no constituye ningún desatino sino que es el ejercicio  de  una facultad conferida al sentenciador por la propia ley, dentro del sistema  de  valoración  de la persuasión racional que nos rige, sólo limitada por los  principios  de  la  sana crítica, cuya violación debe demostrarse por la senda  del error de hecho por falso raciocinio.   

Corolario  de  lo  anterior, al no reunir la  demanda  los  requisitos legales para su admisión, y dado que la Corte no puede  enmendar  sus  yerros,  por  razón  al  principio de limitación, su rechazo se  impone.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E  

RECHAZAR  IN LIMINE  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JOSÉ    JAIME    OSPINA   QUINTERO.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase  el  proceso  al  Tribunal  de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ  ARGOTE                    JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA0   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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