15265(04-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15265  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          MAGISTRADO PONENTE:   

DR. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

          APROBADO ACTA No. 055 (23.05.02)   

          Bogotá,  D.C.,  cuatro  (04)  de  julio  de  dos  mil  dos  (2002).   

               Resuelve  la  Sala el recurso de  casación  presentado  por  el apoderado de JOSÉ ÁNGEL SALAZAR GARCÍA, contra  la  sentencia  proferida  el  23  de  julio  de 1998 por el Tribunal Superior de  Ibagué,  mediante  la cual revocó parcialmente el fallo absolutorio emitido el  23  de  julio  de 1998 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la ciudad en  mención,  para  en su lugar condenar a dicho procesado a 37 meses y 10 días de  prisión  por el delito de hurto agravado conforme al artículo 351 –  10 y 372 del C.P., a la interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  y  a  pagar  en  concreto  los perjuicios  materiales   ocasionados   con   la  infracción.  En  lo  demás  confirmó  la  providencia impugnada.   

         

          HECHOS   

                             Entre las dos y tres de la mañana del 13  de  enero  de  1997,  varias  individuos  penetraron  al  Almacén  ‘Bosi’,    ubicado   en   el   ‘Centro  Comercial  Combeima’   de   Ibagué,   apoderándose   de  mercancías  por  valor  superior  a los $50.000.000. Parte de la mercancía fue  recuperada en poder de LUIS ALBERTO GÓMEZ FRANCO.   

                             Con base en la información suministrada  por  GILBERTO  MENDOZA  de haber visto a varias personas dentro del local, entre  ellos  a dos vestidas de vigilantes, fueron vinculados al proceso LEONARDO DÍAZ  GUTIÉRREZ  (empleado  del almacén), JOSÉ ÁNGEL SALAZAR GARCÍA y JOSÉ RAÚL  CELEMÍN  GARCÍA  (celadores  en  el sector donde ocurrieron los hechos) y JOHN  CARLOS  VILLANUEVA  GUZMÁN por haber comprado parte del los elementos hurtados.   

                               

                            ACTUACIÓN PROCESAL   

                                    1.  La  Fiscalía  21  Seccional  de la Unidad Permanente con sede en Ibagué, abrió la  correspondiente  investigación,  remitiendo  las  diligencias a la Fiscalía 14  Seccional   de  la  Unidad  de  Patrimonio  Económico,  despacho  que  oyó  en  indagatoria  a  JOSÉ  ÁNGEL SALAZAR GARCÍA, LEONARDO DÍAZ GUTIÉRREZ y JOSÉ  CELEMÍN  GARCÍA,  contra quienes profirió medida de aseguramiento consistente  en  detención  preventiva.  Igualmente, recibió injurada a LUIS ALBERTO GÓMEZ  FRANCO  y  a  JOHN  CARLOS  VILLANUEVA  GUZMÁN, a quienes les impuso detención  preventiva  por el delito de receptación. LUIS ALBERTO GÓMEZ FRANCO se acogió  al  trámite  de  sentencia  anticipada, por lo que se declaró la ruptura de la  unidad  procesal   para  continuar  la  investigación contra los restantes  procesados.  Con  resolución del 10 de abril de 1997 se sustituyó la medida de  aseguramiento  por  la  de  detención  domiciliaria  en  favor  de JOSÉ ÁNGEL  SALAZAR  GARCÍA,  LEONARDO  DÍAZ  GUTIÉRREZ  y  JOSÉ  CELEMÍN GARCÍA y con  providencia  del  21  de abril siguiente, otorgó la libertad provisional a JOHN  CARLOS VILLANUEVA GUZMÁN.   

                             Cerrada la instrucción, el 23 de mayo de  1997  se calificó el sumario con acusación en contra de SALAZAR GARCÍA, DÍAZ  GUTIÉRREZ  y  CELEMÍN  GARCÍA  por el delito de hurto agravado y a VILLANUEVA  GUZMÁN  por  el delito de receptación. Esta providencia fue confirmada el 4 de  agosto  de 1997 en segunda instancia por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal,  aclarando  que  el delito de hurto era agravado conforme al artículo 351-9 – 10  y  372  – 1 del Decreto ley  100 de 1980.   

                             El  Juzgado  2°  Penal  del Circuito de  Ibagué  agotó  al  agotar el procedimiento de la causa, dictó sentencia en la  que  a  la  vez  que  absolvió  a  los procesados JOSÉ ÁNGEL SALAZAR GARCÍA,  LEONARDO  DÍAZ GUTIÉRREZ y JOSÉ CELEMÍN GARCÍA, concediéndoles la libertad  provisional,   condenó  a  JOHN  CARLOS VILLANUEVA GUZMÁN a tres años de  prisión  por el delito de receptación, imponiéndole interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  y  el pago de 50 gramos oro o su  equivalente  en  moneda nacional por perjuicios materiales, además de otorgarle  la  condena  de ejecución condicional. Dispuso expedir copias para investigar a  quienes   no  fueron  identificados  en  el  proceso  pero  participaron  en  la  sustracción      de     la     mercancía     del     Almacén     ‘Bosi’.    

          Contra  la decisión del a quo  interpusieron  recurso  de  apelación  el Fiscal 14 Seccional, la  parte  civil  reconocida  en el proceso y el apoderado del procesado JOHN CARLOS  VILLANUEVA  GUZMÁN.  El Tribunal de Ibagué confirmó la providencia de primera  instancia,  con  las  modificaciones  a  las que se hizo referencia en el primer  acápite de esta providencia.   

          El  procesado  JOSÉ  ÁNGEL SALAZAR GARCÍA interpuso el recurso de  casación que la Sala procede a resolver.   

          LA DEMANDA   

          Cargo primero.   

          El  recurrente acusa al Tribunal de quebrantar indirectamente la ley  sustancial  al haber ignorado y distorsionado pruebas, errores que de no haberse  cometido,  habrían  permitido  confirmar  el  fallo  absolutorio  proferido  en  primera  instancia.  Advierte  que fueron quebrantados los artículos 349, 351 y  372 del C.P. por aplicación indebida.   

          El  ad  quem  ignoró  en  la sentencia la diligencia de inspección  judicial  y los testimonios de José Edilberto Lozano y Ferney Ignacio Tovar. El  desarrollo  de  esta  afirmación  lo  hace  el  demandante  con  los siguientes  argumentos:   

          En   la   diligencia   de  inspección  practicada  al  ‘Almacén        Bosi’  se dejó constancia que conforme a la  ubicación  del  testigo Gilberto Mendoza, éste “presenta serias dificultades  para  poder  identificar  plenamente”  al  vigilante José Angel Salazar. Esta  prueba  fue ignorada por el Tribunal, cuando con ella se desvirtuaban totalmente  las afirmaciones del mencionado declarante.   

          Omitió  igualmente el juzgador considerar la declaración de Ferney  Ignacio  Tovar,  lo  que   le impidió percatarse de las contradicciones en  que  incurrió el testigo Mendoza, afirmación que acompaña con transcripciones  parciales  de  lo  aseverado  por ellos en sus declaraciones. De haber tenido en  cuenta  el  fallador  las anteriores circunstancias, las entrevistas de Gilberto  Mendoza  con  la propietaria del almacén y lo dispuesto en el artículo 294 del  C.P.P., hubiese establecido que aquél era “testigo mentiroso”.   

          Denuncia  como pruebas distorsionadas o tergiversadas la indagatoria  de   JOSÉ   ÁNGEL   SALAZAR   GARCÍA   y   el   reconocimiento   en  fila  de  personas.   

            La  indagatoria  de  SALAZAR  GARCÍA  fue distorsionada porque en  lugar  de  apreciar  en  ella  un relato claro, verosímil y coherente, dio a su  contenido   un   significado   que   realmente  no  tiene.  De  haber  examinado  detenidamente  el testimonio de los vigilantes, habría hallado corroboradas las  explicaciones del inculpado.   

          El  procesado  no  fue reconocido en fila de personas por el testigo  Gilberto  Mendoza,  prueba  de  inocencia  a  la  que  el  Tribunal no le dio su  verdadera  significación;  simplemente,  dice, la distorsionó con suposiciones  como  la  de admitir la posibilidad de haber efectuado cambios en su fisonomía.   

          Solicita  casar  la  sentencia  y  confirmar  el  fallo  de  primera  instancia.   

          Cargo segundo.   

          Bajo  este  título  y  de  manera  subsidiaria, la demanda acusa la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal de Ibagué de violar directamente la ley  sustancial,    por    “aplicación    indebida    del    artículo   372   del  C.P.”.   

          El  ad  quem  al  dosificar  la pena citó como  normas  aplicables  para  aumentarla  los  artículos  372  y  351  del  C.P.P.,  disposiciones  que  hacen referencia a la captura públicamente requerida y a la  interceptación  de  comunicaciones,  por  lo  que  el aumento hecho con base en  tales  disposiciones  es ilegal. De otra parte, el aumento punitivo por  la  cuantía  no  tiene  fundamento  porque  no  fue  legalmente  establecida  en el  proceso.   

          Reclama  de la Sala casar parcialmente la sentencia para que reduzca  de la pena los aumentos impuestos en contra de Salazar García.   

          En   un   segundo   escrito,  presentado  dentro  del  término,  el  recurrente  advierte  que  sustituye  el segundo cargo de la demanda presentada,  para  aducir  con  base  en  el  numeral  primero  del  artículo 220 del C.P.P.  anterior  la violación del artículo 29 de la C.N. y 1° del C.P., por falta de  aplicación.   

          El  Tribunal  desconoció  el  debido  proceso  al  invocar para los  aumentos  punitivos disposiciones del Código de Procedimiento Penal, además de  no  haber expuesto en el fallo argumento alguno para doblar la pena a 37 meses y  10  días  de  prisión.  Concluye  el recurrente que el fallo carece de “toda  motivación jurídica”.   

         

               Reitera que el fallo debe casarse  parcialmente    para    deducir    los    aumentos    punitivos    indebidamente  decretados.   

                     CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURÍA   

          La  Procuradora  Cuarta  Delegada  en lo Penal sugiere desestimar la  demanda  y  casar  oficiosamente   la  sentencia,  con base en el siguiente  análisis:   

          Primer cargo.   

          El  recurrente erró en la invocación de los preceptos sustanciales  y   dejó   de   precisar   las   disposiciones  procesales  que  condujeron  al  quebrantamiento de aquéllas.   

          El   desarrollo   de   la   censura  no  logra  destruir  la  fuerza  demostrativa  de  los  elementos de convicción analizados por el Tribunal, pues  no  demostró  la  trascendencia del vicio y además incurre en el desacierto de  sustentar  la  pretensión casacional en su personal y particular evaluación de  las pruebas.   

          En   el  ejercicio  demostrativo  del  falso  juicio  de  identidad,  terminó  el  impugnante  tratando  la tergiversación denunciada con una simple  discrepancia  de  criterios y en el falso juicio de existencia, en relación con  el  testimonio  de  José  Edilberto  Lozano,  desconoció  el  principio  de no  contradicción,   pues   admitió   que  el  Tribunal  no  lo  había  examinado  detenidamente.   

          En  cuando  al  ataque  al  reconocimiento en fila de personas, nada  hizo el censor para demostrar el falso juicio de identidad.   

          El  alejamiento de las exigencias técnicas y lógicas propias de la  causal  invocada,  y  en especial, la vía de ataque elegida, hacen que el cargo  no prospere.   

          Segundo cargo (subsidiario).   

          El  recurrente de manera confusa propone la violación directa de la  ley  sustancial  y  en  un  segundo escrito anuncia la sustitución del reproche  para reclamar la violación al debido proceso.   

          Cualquiera  de  los  escritos  que  se considere, están sustentados  sobre  una  situación baladí, como lo es el error en que incurrió el juzgador  de  segundo  grado al hacer referencia a la codificación a que pertenecían las  disposiciones  aplicadas.  Pero  además  de  ello, la discusión no la planteó  estrictamente  en  el  plano  jurídico,  no  obstante  invocar  en  aquellos la  violación  directa  como  causual  de  casación,  al amparo de la cual refiere  solamente  la  violación de disposiciones de carácter procedimental, pero a la  vez  reclama  por  la  falta  de  motivación jurídica de la sentencia, aspecto  éste que corresponde a la causal tercera de casación.   

          El cargo debe desestimarse.   

          Casación oficiosa.   

          La  Delegada solicita a la Sala casar oficiosamente la sentencia por  haberse   violado   el   principio   de  non  bis  in  ídem,  pues  al dosificar la pena el Tribunal imputó  al  procesado  SALAZAR  GARCÍA  dos veces la agravante prevista en el artículo  372 del C.P.   

                                      CONSIDERACIONES   DE   LA  SALA   

         

         

                            Primer cargo.   

                                   Resulta  indispensable  precisar los reparos que se hicieron a la sentencia proferida por  el    Tribunal   de   Ibagué,   al   amparo   de   la   causal   de   casación  anunciada.   

                               El  demandante  ubicó la censura en la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  y  bajo la denominación de cargos, imputó a la decisión del  ad quem, en la modalidad del  error   de  hecho,  omisión  probatoria  por  no haber apreciado la diligencia de inspección judicial ni los  testimonios  de JOSÉ EDILBERTO LOZANO y FERNEY IGNACIO TOVAR, y falso juicio de  identidad,  por  distorsionar  y  tergiversar  la  indagatoria  de  JOSÉ ÁNGEL  SALAZAR    GARCÍA    como    también    el    reconocimiento    en   fila   de  personas.   

                             Se procede al examen de los cargos en el  orden de su exposición.   

                               Falso juicio  de existencia.   

                                        El  reparo  en  este  caso,  se  concreta  en la  omisión   probatoria,   específicamente   por  falta  de  apreciación  de  la  inspección  judicial  y  los  testimonios  de  JOSÉ  EDILBERTO LOZANO y FERNEY  IGNACIO TOVAR.   

                               El  Tribunal  no  hace mención en los considerandos de la sentencia  acusada  de  la  prueba  de inspección judicial con esta precisa denominación,  pero  tanto su contenido como las circunstancias fácticas trascendentales de la  misma  sí  fue  objeto de análisis explícito. La omisión probatoria argüida  por  el  censor en relación con dicha prueba no existió, pues la sentencia del  ad  quem  da  cuenta  de la  fecha  de  los  hechos,  del  lugar donde ocurrieron, admitiéndose que GILBERTO  MENDOZA  tuvo visibilidad suficiente para determinar la presencia en la puerta y  dentro  del  local  comercial  de  varias  personas,  dos  de las cuales estaban  “vestidos  de  vigilantes”,  situaciones  a  las  cuales  hace referencia la  inspección judicial echada de menos por el censor.   

                                          El  testimonio de JOSÉ EDILBERTO LOZANO  no  fue  determinante  para  el  fallo del juzgador de segundo grado, prueba que  junto  a  otras  se  le  invocó y valoró para deducir que aquél habiendo sido  vigilante  en  uno  de los turnos en el ‘Centro  Comercial  Combeima’    la    noche    de    los    hechos,    no    sabe   ‘nada   sobre   los  mismos’   (fl.   55  Cd.  Trib.).     

                               El   Ad   quem  sostuvo  que  GILBERTO  MENDOZA fue el “único testigo que observó cuando los  antisociales  ejecutaron  el  ilícito” aspecto que determinó la credibilidad  de  su  relato en lo atinente a la identificación de los partícipes del delito  y  las  circunstancias  en que el mismo se ejecutó, conclusión que se mantiene  incólume  en  el proceso, pues su fuerza demostrativa no fue contrarrestada con  la  insinuación  que  el recurrente hace por la omisión por parte del juzgador  de  apreciar  la  declaración  de  FERNEY  IGNACIO  TOVAR,  por  cuanto  que el  recurrente  se  limitó a transcribir aparte de ésta declaración para poner de  presente  la  discrepancia de uno y otro en cuanto a la hora y minutos en que se  cometió  el  delito,  como de los vehículos que en la parte externa del Centro  Comercial  estuvieron  rondando  el  lugar  de  los hechos y sobre si el testigo  salió  a pie o en moto a dar aviso a la policía del CAI, referencias que en la  demanda  se  hicieron  sin  entrar a examinarlas en relación con el conjunto de  pruebas  incorporadas  al  proceso  y  sin  precisar  la  trascendencia de tales  aspectos,  para así establecer su incidencia en la orientación de la decisión  adoptada.                                  

                                                Aduce   el   demandante   que  con  la  inspección  judicial  “se  desvirtúan  todas  las afirmaciones de Gilberto Mendoza”, transcribiendo como  apoyo  de  su  aserto  un  aparte  de la diligencia en la que el instructor deja  expresa   constancia,   que   dada   la  ubicación  del  testigo  éste  tenía  dificultades  para  “identificar”  la  persona  que se encontraba dentro del  almacén,  terminando  la  censura  con  sugerir  a  la  Sala que se admita como  hipótesis  de  valoración la apreciación que él considera más ajustada a su  entender  e  interés, propósito que pone de presente con una simple disparidad  de  criterios,  lo que además de resultar extraño al error invocado, carece de  espacio  en  esta  sede  por  la  naturaleza y fines del recurso extraordinario.  Recuérdese  que el mérito reconocido o negado a las pruebas por el funcionario  judicial  dentro  de  los  límites  de  las  reglas que informan la valoración  racional  de aquéllas, las que en este caso observó plenamente el Tribunal, no  constituye  motivo  reclamable  en  casación,  máxime si la sentencia llega al  trámite  extraordinario  amparada  de  la  presunción  de acierto y legalidad.   

                               El  censor  incurre  en  una  equivocación, pues entremezcla con el  falso  juicio  de  existencia  la errada apreciación del testimonio de Gilberto  Mendoza,  el  que  tildó  de  mentiroso y contradictorio, situación que debió  reclamarla  como  falso  raciocinio,  yerro  que por lo demás simplemente dejó  enunciado,  pues  en  el  cargo  omitió  demostrar la regla de la sana crítica  supuestamente  quebrantada.  En  tales condiciones, por tratarse de dos tipos de  errores  autónomos,  con  características muy particulares, que impiden que el  uno  se  derive o fundamente con razones que son propias del otro, imponían una  formulación,  desarrollo  y  demostración  independiente y no conjunta como se  hizo,  situación  que  impide  a  la  Sala resolver el fondo de la censura, por  falta   de  claridad  y  precisión  en  el  planteamiento  del  reproche.    

                                                II. Falso juicio de identidad.   

                                        Denunció   el   demandante   que  el  Tribunal  incurrió  en  falso  juicio de identidad por haber distorsionado o tergiversado  tanto  la  indagatoria de JOSÉ ÁNGEL SALAZAR GARCÍA como el reconocimiento en  fila    de    personas    en   el   que   intervino   el   declarante   GILBERTO  MENDOZA.   

                                             1.  Al ensayar la comprobación del falso juicio  de  identidad  con  relación  a  la  indagatoria, sostiene el recurrente que el  juzgador   le   dio   al   contenido   de   dicha   diligencia  (a  ‘sus         palabras’)  un  significado que no tiene, prueba  en  la  que el fallo no encontró un relato “claro, verosímil y coherente”.  La  argumentación resulta ajena al cargo formulado pues el censor debió acudir  al  falso  raciocinio para demostrar el desconocimiento de las reglas aplicables  en   el   método  de  la  persuasión  racional  (lógica,  técnica,  ciencia,  experiencia),  pues  el  error alegado se relaciona con el contenido material de  la  prueba,  por  consiguiente  se  generaría  en  su contemplación y no en su  valoración.   

                               De  otra  parte, admitir que la causa del error en la contemplación  de  la  indagatoria radicó en la falta de confrontación de la injurada con los  testimonios  de  José Raúl Celemín y José Edilberto Lozano, los cuales no se  examinaron  “detenidamente”,  se opone al principio de no contradicción, en  la  medida  en  que  si se fundamenta el cargo de falso juicio de existencia por  haber  omitido  apreciar  el  testimonio de José Edilberto Lozano, incurre  en  dicha  contradicción  si  admite  que  fue  efectivamente analizado así no  hubiere sido “detenidamente” examinado.   

                               El  reparo,  como  fue  formulado,  impide  a la Corte un estudio de  fondo,  por  cuanto que carece del supuesto sobre el cual se estructura el falso  juicio  de  identidad,  esto  es,  que  la  indagatoria  del procesado haya sido  contemplada   por  el  juzgador  de  manera  distorsionada  o  tergiversada  por  cercenamiento o adición para asignarle un alcance que no tiene.   

                                                2.  El reconocimiento en fila de personas  estaba  previsto  en  el artículo 367 y ss. del Decreto 2700 de 1991, del   Libro  II  de  este Estatuto, (subrogado por el artículo 303 y ss de la ley 600  de  2000),  diligencia  que  por  su  naturaleza  y  propósitos debe entenderse  integrada  al  testimonio  que le sirve de fundamento, con el que mantiene desde  ese  punto  de  vista  una unidad probatoria, haciéndose interdependientes para  efectos  de  su  contemplación y apreciación en cuanto al señalamiento que se  hace respecto del inculpado.   

                                       Siendo  que el reconocimiento forma parte de la  prueba                  testimonial1,   y  en  este  caso,  tales  elementos  de  juicio  tienen  origen  común  en  la  declaración  de Gilberto  Mendoza,   el  reproche  resulta  intrascendente  por  cuanto  que  el  juzgador  sustentó  la  decisión  de condena en el testimonio que consideró único, con  el  cual  dio  por superada cualquier deficiencia probatoria que se generara con  el  resultado  negativo  del señalamiento del procesado en el reconocimiento en  fila de personas.   

                             El fallador advirtió que el hecho de no  haberse  identificado  a  JOSÉ  ÁNGEL  SALAZAR en el reconocimiento en fila de  personas  no  afecta la veracidad del testigo, pues no lo convierte en mentiroso  ni  al  inculpado  en  inocente,  pues  las  circunstancias que condujeron a ese  resultado  son comprensibles, como por ejemplo, la distancia, la visibilidad, la  luz,  aspectos  consignados  en  la  inspección  judicial  y  que  motivaron la  constancia  acerca de la dificultad por parte del testigo para identificar a las  personas   que   se   encontraban   en  la  puerta  o  dentro  del  ‘Almacén        Bosi’.   

                                Con base en  las  consideraciones  hechas  en  el  párrafo  anterior hay que señalar que la  referencia  que  el  Tribunal hizo en cuanto a que el testigo bien pudo no haber  reconocido  al inculpado por modificaciones producidas por cambios en el peinado  o   en   la  afeitada,  fueron  alusiones  no  determinantes  para  declarar  la  responsabilidad  del  procesado,  tanto  así,  que  se  puntualizó que a ésta  conclusión  se  llegaba  aun  prescindiendo de la información suministrada por  Gilberto  Mendoza,  haciendo  mención a la prueba indiciaria, que mantiene toda  la  fuerza  incriminatoria asignada por el juzgador, dado que no fue cuestionada  por el censor.   

                               En realidad,  este  reproche es manifiestamente infundado, ya que, el fallador se ocupó de la  referida  diligencia  de reconocimiento, sólo que, desde luego, no le atribuyó  la  significación  probatoria  que el demandante supone. Por tanto, el cargo no  logra remover los fundamentos de la sentencia acusada.   

                                Cargo  segundo.   

                                   En  dos  escritos,  uno  dentro  de  la  demanda  y  otro  posterior  en  que sugirió la  modificación  del reproche examinado, denunció el censor violación directa de  la   ley   sustancial,   error   que   vinculó   con  la  dosificación  de  la  pena.   

                                             Precisada   la  modalidad  del  ataque  por  el  demandante,  al  examinarlo  en  su  contenido,  la  Sala encuentra que no le es  posible  entrar  a  resolver  de  fondo  el  asunto  planteado,  en  razón  del  desconocimiento  de  reglas  mínimas de orden técnico y lógico que regulan el  recurso, como enseguida se verá.   

                                             En  efecto,  en la demanda adujo el actor que el  aumento  punitivo  con  base en el artículo 372 del C.P. resultaba improcedente  por  cuanto  la  cuantía del ilícito no había sido demostrada en el proceso y  en   el   segundo   escrito,   sostuvo   que   el  ad  quem  había  violado  el  debido  proceso  porque  la  sentencia carecía de “toda motivación jurídica”.   

                                               No    obstante    que   el   reparo   lo   presentó   con  base  en  la  causal primera, cuerpo primero, del artículo 220  del   C.P.P.   vigente  a  la  época  en  que  sustentó  la  impugnación,  la  motivación,  desarrollo  y  demostración  que  le  dio  el impugnante al cargo  resulta  extraña  a la naturaleza y alcances de la violación directa de la ley  sustancial,  puesto  que  si  en  la  demanda  discrepó  de los hechos y de los  pruebas  como  fueron apreciados por el juzgador, en l segundo escrito acudió a  un  raciocinio  propio  de  la  causal  tercera,  según se dejó indicado en el  párrafo anterior.   

                             Como tantas veces lo ha repetido la Sala,  cuando  se invoca la violación directa, el demandante debe en su argumentación  concretarse  en  el  campo  de  la estricta alegación en derecho, y no, como en  este  caso  lo  hizo,  apartándose  radicalmente de las exigencias de la ley en  relación  con  la  vía  de ataque elegida, contraviniendo así el principio de  autonomía que rige en las causales de casación.   

                             El ataque es desestimable por las razones  expuestas.   

                            Casación oficiosa.   

   

                                               Sugiere  la  Procuradora  Delegada  que  se  case  la  sentencia de  segunda  instancia,  por haber desconocido el artículo 29 de la C.N. al imponer  al  procesado  en  la  pena  dos  veces  la  misma  agravante  establecida en el  artículo 372 del C.P. anterior.    

                                              

                             La  actividad  de  investigar,  juzgar y  sancionar  las  conductas  punibles  fue  desarrollada  conforme  a  las  reglas  establecidas,  sin  desconocer  la  que  prohibe  sancionar  dos veces una misma  conducta,  como  se  deduce  de  los parámetros considerados por el Tribunal de  Ibagué   al   dosificar   la   pena.   Al   respecto  dijo  el ad quem:   

                                               “La  pena  para  SALAZAR  se  gradúa así: el artículo 349 trae  como  pena  mínima  o  sea  un  (1)  año, más el agravante del ordinal 10 del  artículo  351  del  C.P.P.  que  la  aumenta  en una sexta parte y el agravante  consagrado  en el artículo 372 de la misma obra procedimental que la aumenta en  una  tercera  parte,  lo  cual  arroja un resultado de dieciocho (18) meses y 20  días  de  prisión.  Las cuales deben incrementarse en otro tanto, dentro de la  legalidad,  por la cuantía de lo hurtado ($50.000.000) para definir en 37 meses  y  10  días”,  total éste último que fue impuesto  como   pena   en   el   numeral   primero  de  la  parte  resolutiva  del  fallo  acusado.   

                                La  simple  lectura  de  la  primera  parte  del párrafo trascrito de la sentencia, permite  establecer  que  el  Tribunal dosificó la pena teniendo en cuenta como factores  los  previstos  para el hurto simple (349 del C.P.), el hurto agravado (351 Id.)  y  la  intensificación punitiva establecida en el numeral primero del artículo  372 del C.P.   

                              En el segundo  fragmento  del citado párrafo advirtió expresamente el juzgador, que “dentro  de  la legalidad” aumentaba la pena en otro tanto, legalidad que corresponde a  los  demás  parámetros,  distintos  a  los  tenidos  en  cuenta en el acápite  anterior,  y  que  conforme al artículo 61 del C.P. debe estimar el funcionario  judicial  para  individualizar  la  punibilidad.  En  este  caso,  el  argumento  utilizado  en  el aparte de la sentencia en comento corresponde a la naturaleza,  la  gravedad  del  delito y la modalidad de la conducta, que en otro lugar de la  parte  motiva  el  Tribunal consideró, al mencionar la condición de vigilantes  que  algunos  de  los  sujetos  activos  ejercían justamente en el sector en el  cual,   omitiendo   el  cumplimiento  de  esa  función  y  prevalidos  de  ella  concurrieron  a la perpetración del delito, haciendo pública la ocurrencia del  hurto  cuando  ya  los  sustractores  se  habían desplazado del sitio saqueado,  puesto  que  la preparación del botín que fue sustraído exigía un tiempo tan  prolongado  que  el vigilante Salazar tuvo que haber efectuado “varias rondas,  o  pasadas”  (fl.  72  Cd.  Trib.). Desde luego, si el Tribunal enfatiza sobre  esta  actitud  delictiva de los celadores, no es entonces extraño que acudiendo  a  la  legalidad  incrementara  hasta  en  otro  tanto la pena resultante de los  distintos factores de graduación.   

                             La  lectura  de  la sentencia de segunda  instancia  en  los términos explicados es la que corresponde a su tenor literal  y  por tanto obliga a la Sala a desestimar el argumento de la casación oficiosa  sugerida por la Procuradora Delegada.   

                              En mérito de  lo  expuesto  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema de Justicia, administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

                                RESUELVE   

                                      No casar la providencia impugnada.   

                              Cópiese,  comuníquese  y  cúmplase,  regresando la actuación a la oficina de origen.   

ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          No hay firma   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                                        CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                              

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                                                    EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                                                                                                       NILSON      PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

                                   

    

1 Cfr.  C.S.J.  Sala  Penal, Sen. Cas. abril 30 de 1998, Rdo. 10196, Mg. Pon. Dr. Nilson  Pinilla Pinilla.     

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