15175(18-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15175  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta N° 82  

         Bogotá,  D.C., dieciocho (18) de julio  de dos mil dos (2002).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa  de  EDUARDO CORREDOR VÉLEZ contra  la  sentencia de fecha julio 7 de 1998, mediante la cual el  Tribunal  Superior de Bogotá confirmó la dictada el 16 de abril del mismo año  por  el Juzgado 17 Penal del Circuito de esta ciudad, con la modificación en el  sentido  de condenar al mencionado procesado, en definitiva, a la pena privativa  de  la  libertad  de  veintiocho  (28)  meses  de  prisión, además de multa en  cuantía  de  cinco  mil pesos ($5.000) y de la suspensión en la conducción de  automotores  por  el  lapso de dos (2) años, como autor del delito de homicidio  culposo agravado.   

HECHOS  

          En la noche del 18 de  febrero  de  1995,  en  el  sector  de  la  avenida  Caracas  con  calle 71A del  perímetro  urbano  de  esta  ciudad,  el  taxi de placa SEE –    047   conducido   por   EDUARDO     ALFONSO     CORREDOR     VÉLEZ     irrumpió  en  sentido  norte  a  sur,  sobre la  calzada  izquierda  de  la  mencionada  vía, destinada al desplazamiento de los  automotores  de  servicio público masivo, para estrellarse violentamente contra  la  zona  peatonal y de paradero.  En tal embestida rompió las barandas de  protección  para  atropellar  a  Luis  Álvaro  Rico  Avilán,  quien instantes  después  perdió  la  vida  a  causa  de las graves lesiones padecidas en dicho  accidente.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.    La  Fiscalía  231  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  Municipales  de  Bogotá  dispuso  la  apertura de la investigación, finalmente  asumida  por  la  Fiscalía  31  Seccional, despacho que  vinculó mediante  indagatoria  al  conductor CORREDOR VÉLEZ,  aceptó  la  demanda de constitución de parte civil y resolvió  la  situación  jurídica  del  sindicado  en  providencia  de agosto 4 de 1995,  absteniéndose   de   afectarlo   con   medida   de  aseguramiento  (fs.   16,  21  a  26,  77,  78,  101  a  103,  cd.  1).   

         Practicadas  otras  pruebas,  el  30 de  octubre  del  mismo  año,  el  instructor ordenó el cierre del sumario, por lo  tanto,  agotado  el traslado para alegar y en decisión del día 20 de diciembre  siguiente,   calificó   su   mérito   probatorio   con   preclusión   de   la  investigación,  que  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Bogotá  revocó  en  pronunciamiento  del  29  de  febrero de 1996, al desatar la alzada  interpuesta  por  el  apoderado  de  la  parte civil, pues declaró la nulidad a  partir de la resolución de clausura de la etapa investigativa.   

          En   la   reposición   del  trámite  invalidado  las  diligencias  fueron  reasignadas a la Fiscalía 32 Seccional de  Bogotá,  que  mediante  decisión  de  abril  15 de 1996, con fundamento en las  pruebas  allegadas,  afectó  al  sindicado  CORREDOR  VÉLEZ  con  detención  preventiva  por el delito de  homicidio  culposo,  en  concurso con las lesiones personales que se estableció  habían  sido  causadas  en  el mismo accidente a María Victoria Alberto Amaya,  medida  de  aseguramiento  que  mantuvo  al  resolver  el recurso de reposición  incoado por el defensor.     

         No  obstante,  el 11 de junio del mismo  año,  la  Fiscalía  ad  quem  la  revocó  en  forma  parcial al conocer de la  apelación  subsidiaria,  toda  vez  que  retiró  la imputación por el último  ilícito      referido      al      deducir      el      carácter     puramente  contravencional.   

          3.   Cerrada  nuevamente la investigación, el 18 de noviembre  de  1996,  la  Fiscalía elevó acusación en contra del inculpado en calidad de  autor   del  delito  de  homicidio  culposo,  agravado  de  conformidad  con  la  circunstancia  prevista  en  el  artículo  330-1º  del anterior Código Penal,  decisión  que  no  alcanzó firmeza pues nuevamente y el 17 de marzo de 1997 se  declaró  la  nulidad  en  segunda  instancia,  en  esta  oportunidad,  desde la  notificación    del    proveído    que    clausuró    la    fase    del   sumario.   

          Subsanada  la irregularidad advertida, en resolución del 7 de mayo  de  1997  se acusó una vez más al sindicado CORREDOR  VÉLEZ  como  autor  del punible de homicidio culposo  agravado  (artículos  329  y  330-1º  del  anterior  Código  Penal),  que  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Bogotá confirmó el 28 de julio siguiente al decidir la  apelación presentada por el apoderado del enjuiciado.   

          2.   Al  Juzgado  17  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  le  correspondió   adelantar la fase del juicio, de  manera  que  celebrada  la audiencia pública, en armonía con el cargo deducido  en  la  resolución  acusatoria  dictó  el  fallo de fecha 16 de abril de 1998,  mediante  el  cual  condenó  al  procesado a las penas de treinta (30) meses de  prisión,  multa  de  cinco mil pesos ($5.000) y suspensión del ejercicio de la  conducción  por  el  término  de  dos (2) años.  El Tribunal Superior de  Bogotá  en  la  sentencia  recurrida en casación, de fecha julio 7 de 1998, al  decidir  la apelación incoada por el defensor, confirmó el pronunciamiento del  a  quo  con  la modificación en el sentido de fijar la sanción privativa de la  libertad  en  veintiocho  (28)  meses  de  prisión, corrigiendo de este modo el  error   aritmético   incurrido   por   el   a   quo   en  la  tasación  de  la  misma.   

LA DEMANDA  

          Cargo único.   

          Con  apoyo  en la causal primera de casación del artículo 220 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  recurrente  acusa la sentencia  impugnada  de  ser  violatoria en forma indirecta de los artículos 5º, 21 y 35  del   estatuto   punitivo  vigente  para  la  época  de  comisión  del  delito  investigado,  pues  el  Tribunal  se limitó a confirmar el fallo sin reparar en  los  errores  de  hecho  cometidos  por  el  Juzgado  en  la apreciación de las  pruebas.   Más  aún,  coligó de manera equivocada, afirma el censor, que  el  accidente  encontró  sus  causas  en  el  exceso de velocidad y el grado de  alicoramiento    bajo    el    cual    conducía   el   sindicado   CORREDOR VÉLEZ.   

          En  el  capítulo  titulado “Alcance de  la  impugnación”, el demandante  concreta tres  supuestos desatinos de la decisión atacada así:   

         1.  En primer lugar, que los hechos  no  ocurrieron  en  el  paradero  de  buses  situado en la avenida Caracas entre  calles  71 y 71A, como infirieron la Fiscalía y el juzgador a quo basándose en  una  interpretación  errada del croquis que elaboraron los agentes de tránsito  y  en  las  declaraciones  falaces  de  la  lesionada  María  Victoria  Alberto  Amaya.   Por  el  contrario,  conforme aseguró el inculpado en la versión  apoyada  en  el  aludido  documento  y en el informe técnico del accidente, los  sucesos  acaecieron en el paso peatonal, de manera que la víctima fue arrollada  al omitir las precauciones que le eran exigibles.   

          2.   En  la  decisión recurrida, apartándose del criterio de  los  mecánicos  que  atestiguaron en el proceso, el Tribunal conjetura sobre la  causa  de  la  avería  que  presentaba el vehículo en el sistema de dirección  luego  del  accidente,  pues  concluye  que  se  debió  al  choque violento del  automotor  contra el andén y las mallas de protección, y por lo tanto, que los  hechos obedecieron a la negligencia e imprudencia del conductor.   

          3.   El  casacionista  aduce  finalmente,  que  el  exceso  de  velocidad  y el influjo de bebidas embriagantes atribuido al sindicado en manera  alguna  es  el  resultado  de  las  pruebas  allegadas  al  proceso, sino de las  especulaciones a las que recurren los juzgadores.   

         En  la  “Demostración”  del  reparo,  tratándose del inicial desatino atrás reseñado,  el  impugnante  anuncia  el  análisis  conjunto  del  fallo  del  a quo y de la  resolución  de  acusación,  según  arguye,  porque  en  el  primero se acogen  integralmente   los   planteamientos  de  la  Fiscalía.  Con  tal  orientación  transcribe   a  continuación  los  apartes  que  estima  pertinentes  de  ambas  providencias,  para  admitir  en  conformidad  con las mismas, que se encuentran  plenamente  demostradas  la fecha y el lugar de ocurrencia de los hechos, que el  sindicado   causó  el  accidente,  la  muerte  y  la  lesión  producidas  como  consecuencia  del mismo, al igual que la veracidad de los datos reseñados en el  croquis que elaboraron los agentes de tránsito.   

         No  obstante,  discrepa  de  la  interpretación que se hizo en el  fallo  del  a  quo de este último documento en relación con el sitio exacto de  la  colisión,  para postular a renglón seguido una diferente con fundamento en  las  fotografías  que  adjunta,  en  el  recto  entendimiento  del  croquis del  accidente,  en  la  indagatoria del procesado y el testimonio de María Victoria  Alberto  Amaya, discurrir a través del cual reconstruye desde su punto de vista  personal  las  circunstancias  y  la  forma  como  ocurrió el accidente, no sin  afirmar  que  la  fotografía  del  lugar  aportada por el apoderado de la parte  civil,  al  cotejarse  con  la  anexa  a  la  demanda,  revela entonces un burdo  montaje.   

         Alude  más  adelante  al motivo del atropellamiento consignado en  el  croquis,  que  fue  atribuido a la imprudencia de la víctima, de quien dice  usaba gafas permanentes que en la noche le restaban visibilidad.   

         Por  todo  lo  anterior  concluye  entonces,  que  el  occiso  fue  irresponsable y no previsivo al atravesar la avenida Caracas.   

         2.   Tratándose de la avería del vehículo como causa de su  descontrol,  el  impugnante  destaca  que la Fiscalía por diferentes razones no  pudo  obtener  el  dictamen sobre el estado y seguridad del automotor, de manera  que  en  este  punto  resulta  imperativo  acoger la versión del procesado y el  concepto  técnico  de  los  mecánicos  Florentino  Gómez  Cárdenas  y César  Augusto Hernández Clavijo, cuyos testimonios transcribe.   

         Reseña  los  argumentos  con sustento en los cuales el juzgador a  quo  desestimó  las  anteriores  declaraciones,  análisis  que tilda de errado  reproduciendo  básicamente  las  consideraciones  que  brindó la defensa en la  audiencia pública.   

         3.   En  lo  atinente  al exceso de velocidad predicado en la  sentencia  de  primer grado, el demandante atesta que las conclusiones del a quo  soportadas  en  las  indicaciones  técnicas  de  frenado  y  rozamiento  de  un  tratadista  en  la  materia de ningún modo era aplicables en el caso examinado,  pues  el  conductor  no  frenó  el automotor.   Encuentra veraces las  explicaciones   de   CORREDOR  VÉLEZ,  y  asevera  que  el  Juzgado conjetura  cuando  colige  que  el  acusado  no accionó el freno oportunamente y de manera  prudente,  como  también  al encontrar en la posición de las llantas luego del  accidente otro elemento de juicio en detrimento de aquél.   

         Argumenta  que  el  a  quo  se  contradice  cuando  a partir de la  desintoxicación  bioquímica  asevera  que  el  sindicado conducía embriagado,  pues   tal   efecto   no  se  había  producido  al  momento  de  la  prueba  de  alcoholemia.    Además,  porque  la  nistasgmus  postural  que  presentaba  CORREDOR  VÉLEZ, otro de  los  fundamentos  de  tal  aseveración, no constituye un síntoma exclusivo del  influjo  del  alcohol,   que  en  el  caso  de  autos  pudo  obedecer a una  manifestación patológica de carácter nervioso.   

         Como   consecuencia  del  cargo  desarrollado  en  los  anteriores  términos,  el  demandante  solicita  a  la  Corte que case el fallo impugnado y  profiera la sentencia de sustitución correspondiente.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         La  Procuradora  Cuarta Delegada advierte el desacierto del censor  al  dirigir  su ataque a las consideraciones del a quo, olvidando que si bien la  sentencia  de  primera instancia integra unidad jurídica con el pronunciamiento  del  ad  quem,  en  la  impugnación  extraordinaria  se exige la confrontación  lógico  jurídica  de  este  último,  ataque que en todo caso, no podía haber  efectuado  el  libelista,  a juicio del Ministerio Público, pues al apelante le  fue  desconocido  el  derecho de contradicción, conforme anuncia sustentará al  demandar la casación oficiosa de la decisión del Tribunal.   

         En  cuanto  al  reproche  formulado,  destaca  que  el  demandante  no   indicó  el  sentido  de  la  violación,  ni  las  normas  medio  que  resultaron  infringidas,  de  manera  que  la proposición jurídica con la cual  pretende  infirmar  el fallo recurrido se muestra insuficiente.  Más aún,  encuentra  que el desarrollo argumentativo del reproche no guarda coherencia con  las  normas sustanciales cuya violación indirecta acusa, pues sugiere la causal  de  inculpabilidad del artículo 40-1º del anterior Código Penal sin mencionar  siquiera  dicho  precepto,  pero también, que no se tuvo en cuenta el principio  in  dubio  pro  reo  prescindiendo  de  referirse  a  las  disposiciones  que lo  contemplan.   

         Por  otra  parte,  el  casacionista tampoco precisó la naturaleza  del  error  de  apreciación probatoria cometido, ni los medios demostrativos en  los  que  se  habría  materializado tal desatino, para dedicarse a consignar su  personal   valoración  de  los  testimonios  de  María  Victoria  Rico  Amaya,  Florentino  Gómez  Cárdenas y Cesar Augusto Hernández Clavijo, de la versión  injurada  del  acusado, el croquis del accidente y del dictamen médico sobre el  estado  de  embriaguez  del  procesado;  deficiencia  por  razón de la cual, en  conjunción  a  las  antes  esbozadas,  solicita  entonces la desestimación del  cargo.   

         Solicitud de casación oficiosa.   

         La  Procuradora solicita a la Sala que case oficiosamente el fallo  de  segundo  grado,  porque  fue desconocida la manifestación del apoderado del  sindicado  al apelar el fallo del a quo, cuando adujo que sustentaría la alzada  en  forma  oral.   Esta  circunstancia  determinó la omisión del trámite  respectivo,  pero  además,  que  la  defensa  no pudiera ejercer a cabalidad el  derecho   de   contradicción  para  desarrollar  y  explicar  la  inconformidad  anunciada  ante  el  a  quo,  vicio que encuentra enmarcado en la hipótesis del  artículo  306-2º del actual estatuto procesal penal, coincidente con la otrora  prevista    en    el    artículo   304-2º   de   la   derogada   codificación  instrumental.   

         Discurre  sobre  el  principio de la doble instancia, respecto del  disímil  trámite  establecido  en  el anterior Código de Procedimiento Penal,  según  que  la  sustentación  de  la  alzada  se  pretendiera  en forma oral o  escrita,  así  como  en relación con la jurisprudencia de esta Sala referida a  la  interpretación  de  tales  preceptos,  para  colegir  que en el primer caso  debía  hacerse  la  manifestación  correspondiente al interponerse el recurso,  sin exigencia de una fórmula sacramental.   

         Partiendo  de  las  anteriores  premisas,  indica que en el evento  examinado  el  defensor  del  procesado  se  notificó  del fallo y presentó el  escrito    por    medio    el    cual   interpuso   el   recurso,   “en  el  cual  consignó de manera enunciativa las razones de su  inconformidad  con  el  fallo”, advirtiendo que los  desaciertos  de  la  sentencia  los demostraría ante el Tribunal Superior en la  respectiva  audiencia  pública, manifestación en la que advierte la intención  del  apelante  de  sustentar  en  forma  oral  la  apelación  incoada.  No  obstante  lo  anterior,  surtidos  los  traslados  respectivos, el expediente se  envió  al Tribunal, que no advirtió la aspiración del impugnante de sustentar  en  forma  oral su discrepancia.  Posteriormente, registrado el proyecto de  decisión,   como   el   apelante   solicitó   que  se  decretara  “una              audiencia              pública”,  simplemente  ordenó  agregar  tal  escrito al expediente.   

         En  el  fallo  impugnado, al colegirse que la inconformidad con la  valoración  probatoria no había sido en realidad sustentada, el Tribunal sólo  abordó  el  dislate acusado en la dosificación de la pena corrigiendo el error  aritmético  del  a  quo,  sin que en manera alguna hubiese quedado subsanada la  irregularidad  sustancial  cometida  en  desmedro  de  los  derechos  del sujeto  procesal apelante.   

         Por  lo  anterior,  solicita a la Sala  declarar la nulidad del fallo de segunda instancia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  Sala  ha  precisado  con  ponencia  de  quien  funge  aquí en  idéntica  calidad, que en la actuación penal y en principio, todos los sujetos  procesales  tienen  el derecho de impugnar las providencias emitidas en el curso  de  la  misma.   Sin embargo, como los recursos constituyen mecanismos para  obtener  la  corrección  de  los  errores  de procedimiento, de interpretación  jurídica  o  de  valoración  probatoria  en  los que incurre el juzgador y que  perjudican  a  una  o  varias  de las partes, de una determinada decisión sólo  pueden  impugnar  quienes  en  concreto  derivan  de  ella  un agravio, en otros  términos,  quienes  están revestidos de interés jurídico, como lo exigía el  artículo  196  del  estatuto  procesal  penal  bajo  el cual se adelantaron las  presentes  diligencias,  coincidente  además con las regulaciones del artículo  186 de la codificación actualmente en vigencia.   

         A  este  requisito  de procedibilidad en manera alguna es ajena la  casación.   Por  tal motivo, la Corte de antaño y en cuanto interesa para  la  definición del caso examinado, ha sido terminante en excluir la legitimidad  para  presentarla  en  quien se abstuvo de apelar el fallo de primer grado, pues  esta  actitud  denota  la  falta de interés en acceder a una instancia superior  con miras a que se revise la decisión del a quo.   

         Ahora   bien,  para  determinar  el  interés  jurídico  en  sede  extraordinaria  no  basta  con  verificar la discrepancia con el fallo de primer  grado  a  través  de  la  apelación, sino que resulta indispensable además la  identidad  sustancial  entre  el  tema objeto de la alzada y el planteado en los  cargos  de  la demanda, de manera que se echa de menos tal presupuesto cuando el  aspecto  atacado  en  casación no fue abordado en el fallo de segunda instancia  con  ocasión  de  la  alzada, pues en estos eventos, al no haber sido objeto de  pronunciamiento  en él, mal puede dar lugar a errores de lógica jurídica o de  valoración  probatoria  del sentenciador ad quem susceptibles de ser planteados  ante la Corte.   

         Las  consideraciones anteriores se traen a colación en el caso de  autos,  porque  se  evidencia  en  la  impugnación  interpuesta  en defensa del  sindicado     CORREDOR     VÉLEZ    la   ausencia   de   interés  jurídico,  precisamente,  ante  la  ostensible  falta  de identidad entre el asunto que fue objeto de resolución en  la alzada y el de la casación.   

         Al respecto sea lo primero indicar, que  no  es  cierto,  como  lo  atesta  la  Procuradora Delegada, que el defensor del  sindicado  al  impugnar  la  sentencia del a quo hubiese exteriorizado de manera  inequívoca  la  pretensión  de  fundamentar  oralmente su inconformidad con el  fallo  de  primera  instancia.   Por  el  contrario, revelando más bien la  indebida  pretensión  de  acudir a ambas formas de sustentación, en el escrito  respectivo  identificó  la  providencia  recurrida,  concretó  las  decisiones  atacadas  y  puntualizó  seguidamente  las  razones por las cuales disentía de  ella,  acudiendo  para  esto último al escueto señalamiento de los errores que  estimó  cometidos,  bien  en  la  apreciación  de  determinadas pruebas, en la  dosificación  de la pena privativa de la libertad, ora en la condena al pago de  los  perjuicios  causados  con  el delito.  Finalmente, en un cuarto punto,  adujo  que  “la sentencia fue expedida a la carrera  y  sin  análisis  jurídico,  probatorio,  sereno,  imparcial,  justo,  como lo  demostraré      ante      el      H.     Tribunal     Superior     –  Sala  Penal,  en  la  respectiva  audiencia  pública que solicitaré…”  (negrillas fuera de texto, f. 88, cd.  2 original).   

         De  ahí  que  en  la  primera  instancia,  de  conformidad con el  artículo  196A  del Código de Procedimiento Penal, adicionado por el artículo  26  de  la  Ley  81 de 1993, se surtieron los traslados al recurrente y a los no  recurrentes   con  estricto  agotamiento  de  los  términos  señalados  en  la  disposición   preexistente   para  la  sustentación  por  escrito,  actuación  consentida  además  por el sujeto procesal apelante, pues ninguna inconformidad  exteriorizó en torno a ella.   

         Por  otra  parte,  esta  ambigua  manifestación de la defensa, en  manera  alguna  pasó  inadvertida para el fallador ad quem.  Adversamente,  al  percatarse  de  ella,  así  como ante la tardía solicitud que el apoderado  elevó  en  procura  de “una audiencia pública con  el  fin  de presentar los argumentos probatorios” a  favor  del  sindicado,  el  Tribunal  les  restó  toda  incidencia  frente a la  impugnación  propuesta,  para entender que la sustentación de la alzada quedó  restringida  a  los  escuetos  términos  en  los  que  el  apelante expresó su  discrepancia  con  el  fallo  del a quo, consignados en el escrito a través del  cual  interpuso  el  recurso.   En  este  aspecto la providencia de segundo  grado indicó concretamente:   

“Para  empezar, le corresponde a la Sala  precisar,  que  si  bien el recurrente en la parte final de escrito (sic), como quedó reseñado, anunció  que  solicitaría  una  audiencia  pública  en  este  Tribunal, las pruebas nos  demuestran  que  dentro de los términos que tenía en primera instancia para el  efecto,  no  hizo  ningún otro pronunciamiento, es decir, sólo se trató de un  deseo  o propósito que no se hizo realidad, quedando ese lacónico escrito como  la   sustentación   del   recurso   y,   así   lo  entendido  al  (sic)   a  quo  cuando  concedió  el  recurso  dándole trámite respectivo” (f. 7, cdno Tribunal).   

         Ahora  bien,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  examinar el  escrito   de  sustentación  advirtió  que  el  apelante  únicamente  enunció  “unos     temas     generales    sin    ningún  desarrollo”  y,  por  tal  motivo,  invocando  el  principio  limitante  de  la competencia a los aspectos impugnados, al tenor del  artículo    217    del   derogado   estatuto   procesal   penal,   restringió  la  revisión  en segunda  instancia  a  la  inconformidad  de  la defensa con el quantum punitivo, en cuya  determinación   atisbó  el  error  aritmético  cometido  por  el  juzgado  de  conocimiento,  que  entró  a  subsanar para reducir la sanción privativa de la  libertad  a  veintiocho  (28)  meses  de  prisión, en lugar de los treinta (30)  meses impuestos por el a quo.   

         En  síntesis,  como  este  único  y  específico  asunto  fue el  abordado  por  el  Tribunal  al  pronunciarse  sobre  la  alzada  incoada por el  defensor,  resulta  evidente la falta de identidad entre el mismo y el planteado  en  sede  de  casación,  donde  se sugirió la absolución del procesado por la  supuesta  incursión  en  errores de apreciación probatoria recaídos sobre los  medios  demostrativos  que  soportan el fallo de condena, pero que por el motivo  esbozado  no  se  imputan al sentenciador ad quem, que ninguna revisión hizo de  la  responsabilidad  predicada  por  el  a quo respecto del acusado CORREDOR  VÉLEZ, sino a la providencia  conclusiva de la primera instancia.   

         Así  las  cosas,  ninguna duda ofrece  entonces  que  el libelista desbordó el interés jurídico, determinado insiste  la  Sala, por la identidad sustancial en los aspectos recurridos a través de la  apelación  y  en  casación.  En consecuencia, se impone la desestimación  de  la demanda, pues echado de menos este ineludible requisito de procedibilidad  no resulta viable una decisión de fondo.   

Solicitud de casación oficiosa.  

Tratándose  de la solicitud propuesta por  la   Procuraduría,  fuerza  reiterar  que  si  bien  la  Delegada  “…ante  las  nulidades  que  afectan el proceso o la sentencia  acusada,  tiene facultad para solicitar que se decreten de oficio, sobre la base  de  una  demanda que, por ajustarse a los requisitos exigidos formalmente por la  ley  se  estime  técnicamente  ajustada  a  derecho,  de  tal manera que, si el  libelo,  por  el  contrario,  no  cumple  con  estas  elementales condiciones de  admisibilidad,  impide  a  la  Corte  la  posibilidad  de casar oficiosamente la  sentencia,  en  los  términos  del artículo 228 del C.P.P. anterior (artículo  216 de la ley 600 de 2000)….”   

En  consecuencia,  si  como acontece en el  caso  examinado  la  demanda debe desestimarse al advertirse ausente el interés  jurídico   del  censor,  “la  Corte  no  adquiere  competencia  para examinar el recurso y, por consiguiente, tampoco para decretar  de  oficio  la  nulidad  impetrada  por el Ministerio Público…”1.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         DESESTIMAR  la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa del procesado EDUARDO ALFONSO  CORREDOR    VÉLEZ    por    falta   de   interés  jurídico.   

         Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                         JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS                                                   CARLOS             A.             GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                     ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS       E.       MEJÍA  ESCOBAR                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria   

    

1  Casación  de  noviembre  1º  de  2001,  M.P.  Dr.  Herman  Galán Castellanos,  radicado 14.635.     

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