15062(01-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15062  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADOS PONENTES  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

NILSON PINILLA PINILLA  

Aprobado: Acta No. 112  

          Bogotá,   D.   C.,   primero   (01)   de  agosto  de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

          El  14  de  julio de 1997, un Juzgado Regional de Bogotá declaró a  Fermín  Saldaña responsable  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  y  porte ilegal de armas de defensa  personal,  a  título  de  coautor. Por ello, le impuso prisión de 41 años y 6  meses,  interdicción del ejercicio de derechos y funciones públicas durante 10  años y lo condenó a la indemnización de perjuicios.   

          El  procesado y su defensor apelaron. Por este motivo, y con base en  el  grado  de  consulta, el 20 de febrero de 1998 el Tribunal Nacional modificó  la  pena  privativa  de la libertad para aumentarla y dejarla, finalmente, en 42  años.   

          El  defensor  interpuso recurso de casación, de cuyo fondo se ocupa  la Corte en esta sentencia.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las 11 de la noche del 26 de julio de 1995, tres  hombres  que  portaban  armas  de  fuego  ingresaron  a  la  panadería “Alpes  Berneses”  de la calle 44 sur, No. 25-38 del Barrio El Claret de esta capital,  dos  de  los cuales subieron las escaleras hacia el segundo piso y, tras someter  a  las  personas que se encontraban presentes, sustrajeron novecientos mil pesos  en efectivo y joyas avaluadas en doscientos mil.   

          Residentes  del sector alertaron a la autoridad y tres agentes de la  Policía  Nacional  que  lo  patrullaban,  JAVIER OSWALDO DÍAZ, LEONEL BEJARANO  BELTRÁN  y  JESÚS  ENRIQUE  OLEJUA  CELIS,  acudieron  al sitio; el último se  adelantó  e  ingresó  al  establecimiento,  seguido  por  DÍAZ;  al tomar los  escaños  fueron recibidos con disparos de armas de fuego que causaron la muerte  a  OLEJUA CELIS y lesiones a DÍAZ, a quien uno de los agresores, tras apuntarle  hacia  su cabeza con un arma, lo despojó de la de dotación, emprendió la fuga  y  fue  aprehendido  cuadras  más adelante por otros uniformados cuando portaba  consigo  el  revólver oficial marca “Ruger”, calibre 38, número 158-89430,  así  como  otro de igual marca, número 161-48144, y una pistola de juguete. El  capturado     fue    Fermín    Saldaña.   

          Otro  de  los agresores, NELSON FELIPE TORRES, resultó muerto en el  enfrentamiento  armado,  en  desarrollo del cual también fue herido JUAN RAMÓN  MORALES, propietario de la panadería.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  27  de junio de 1995, la Fiscalía 301 de la Unidad de Reacción  inmediata,  Delegada ante los Juzgados Penales del Circuito, declaró abierta la  investigación  (fl.  4) y remitió la actuación que correspondió al homólogo  número    60,    quien    vinculó    mediante   indagatoria   a   Fermín  Saldaña el 30 del mismo mes (fl.  53),  en  contra  de  quien,  el  15  de  julio  siguiente,  decretó  medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como autor del concurso de delitos de  homicidio,  tentativa  de homicidio, ambos agravados, lesiones personales, hurto  calificado  agravado  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal (fl.  58).   

         

          El  8  de  noviembre de 1995 se declaró cerrada la instrucción por  parte  de un Fiscal Regional a quien por competencia correspondió el expediente  (fl.  240)  y  el  29  de enero siguiente se profirió resolución de acusación  contra  Fermín  Saldaña por  los  delitos  de homicidio agravado, hurto calificado agravado y porte ilegal de  armas  de  defensa  personal y se dispuso fueran compulsadas copias para que por  separado  se  investigaran  las lesiones personales sufridas por OSWALDO DÍAZ y  JUAN  RAMÓN  MORALES.  Apelada  la  acusación,  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Nacional, en providencia del 2 de agosto de 1996, confirmó los cargos  y  precluyó  la  investigación  respecto de las lesiones personales causadas a  JUAN  RAMÓN  MORALES  y  la  tentativa  de homicidio de que fue víctima JAVIER  OSWALDO DÍAZ (fl. 7, C. F. T.)   

          La  etapa  del  juicio  correspondió  a un Juzgado Regional de esta  capital,  Despacho  que, tras el trámite de rigor y el acopio de algunos medios  de  prueba,  profirió  la  sentencia  del  14  de  julio  de 1997 ya reseñada.  Impugnado   el   fallo,   se   produjo   la   sentencia  de  2ª.  instancia  ya  citada.   

          Presentada  la  demanda,  fue  admitida y se recibió concepto de la  Procuradora Primera Delegada en lo Penal.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  formuló un solo cargo, con base en la causal primera,  cuerpo  segundo,  prevista  en  el  artículo  220  del Código de Procedimiento  Penal.  Consideró  que  hubo  violación  indirecta  de normas sustanciales por  aplicación  indebida de los artículos 21 y 23 del Código Penal, por cuanto el  Tribunal  incurrió en errores de hecho, por falsos juicios de existencia, en la  apreciación de la prueba indiciaria.   

             Se  cayó,  dice, en falso juicio de existencia por omisión  porque  la  sentencia  no tuvo en cuenta dos circunstancias indiciarias, una que  señala  a  NELSON  FELIPE TORRES como el autor material de la muerte del agente  JESUS  ENRIQUE  OLEJUA  CELIS,  y  la otra que muestra a OLEJUA CELIS como quien  acabó  con  la  vida  de  TORRES, como consecuencia de la reacción del último  frente  a  la  actitud  audaz,  temeraria  y torpe del uniformado, que tuvo como  objetivo dar de baja a los partícipes en el atraco.   

          Acusa  a  la  sentencia de incurrir en falso juicio de existencia en  relación  con  el  denominado indicio de presencia, pues la inferencia no es de  carácter    necesario,    toda   vez   que   Fermín  Saldaña bien pudo lograr la calle y huir.   

          Concluye  la defensa que si el Tribunal hubiera tenido en cuenta los  indicios  sobre la autoría material en las muertes de OLEJUA CELIS y TORRES, la  forma  como  actuó  el  primero,  que  obligó al último a reaccionar, y si no  tuviera      por      demostrada      la      presencia      de     Saldaña   en   el   momento  en  que  se  produjeron  esas muertes, no se habría incurrido en la aplicación indebida del  artículo  23  del  Código  Penal.  Por  ello,  solicita  se  case la sentencia  demandada,  exonerando  al  sindicado  de  responsabilidad  en  el  homicidio  y  efectuando  la  tasación  respectiva  por  los  delitos  de  hurto  y  porte de  armas.   

             

EL MINISTERIO PUBLICO  

          La  señora  Procuradora  Primera Delegada en lo Penal solicita a la  Sala  no  casar  la sentencia demandada, pues lo hecho por la defensa no es más  que  una  exposición  de  argumentos  en  sentido  contrario  al de los fallos,  además  de  que  estos  sí  tuvieron  en  cuenta  los  aspectos  motivo  de la  demanda.   

          Agrega  que no se desconocieron las pruebas de absorción atómica y  que  el  homicidio  se  imputó a título de coautoría impropia, además de que  nada  prueba  que  TORRES  fuera  muerto  por  OLEJUA  CELIS,  sin  que aparezca  demostrado  que  el  agente  obró  de  manera  arbitraria,  en tanto que sí se  acreditó   la   presencia   de   Saldaña en el sitio y hora de los hechos.   

          Anota  que  si  lo que quería el censor era atacar la inferencia, y  no  los  hechos,  debió hacerlo por la vía indirecta de la causal primera, por  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  y  no  de  existencia,  lo que supone  aceptación del hecho indicador.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.  Si  el  censor acusa la sentencia de haber incurrido en error de  hecho  por  falso juicio de existencia, debe demostrar que el fallador incurrió  en  yerros  protuberantes en la contemplación de la prueba y que ello condujo a  una  sentencia  totalmente  diversa  de  la  que habría resultado si se hubiera  observado el medio preterido.   

          El  defensor  no  cumplió  con  esa  carga, pues como bien anota la  Procuraduría  se limitó a oponer a los argumentos de las sentencias de primero  y segundo grados, su personal modo de valorar las pruebas.   

          2.  Las  sentencias  de  primera y segunda instancias, que conforman  una  unidad,  se  refirieron  de  manera  expresa  a los aspectos que la defensa  considera  pretermitidos,  con  lo cual se desvirtúa la pretendida omisión, en  la  que  además  no  se podía ocurrir porque ese tópico siempre fue propuesto  por  la  defensa  en los estudios previos a la sentencia de primer grado y en la  sustentación a la apelación interpuesta contra ella.   

          Así,  en  la  sentencia del 14 de julio de 1997 el Juez Regional de  manera  expresa  se  refirió a la pretensión defensiva de que en relación con  el  homicidio  “…no  puede  generar  sentencia  de  condena…por no haberse  demostrado  que  haya  sido  él  quien  segó  la  vida  del  uniformado Olejua  Celis…”,  para  seguidamente debatir tales planteamientos (fl. 378), además  de   que   tampoco  se  dejó  de  lado  lo  relacionado  con  los  estudios  de  balística.   

          En  efecto, el Juez Regional argumentó que “si bien el experticio  de  balística  no  aporta elementos ciertos y concretos que conduzcan a afirmar  que  el  plomo  que  interesó  la  humanidad  del  agente muerto provino de una  determinada  arma  utilizada  por  Saldaña,  o  por  otro de sus acompañantes,  estimamos  que  ese  resultado  criminoso  debe adjudicarse por igual a los tres  individuos      que     penetraron     en     la     panadería     ‘Los    Alpes    Berneses’ en la noche del 26 de junio de 1995 en  términos  de  una  verdadera coautoría … Predicamento que hacemos aún si lo  que  se  hubiere  demostrado plenamente es que ese único disparo que determinó  el  deceso  del  agente  lo  hubiera  realizado el también occiso Nelson Felipe  Torres    o    aquél    a    quien   se   ha   mencionado   como   ‘Angel        Vergara’” (fl. 378).   

          El  cargo  de  la  defensa  no  consulta  la  realidad,  como que es  nítido,  según  el aparte transcrito, que el debate sobre la autoría material  no  fue  desechado,  máxime  que  en  los  párrafos  siguientes se efectuó el  análisis  probatorio  para  concluir que el homicidio debía cargarse al señor  Saldaña   a   título  de  coautoría  impropia,  toda  vez  que  “Aún  en  el  caso  de  que  estuviera  plenamente  comprobado  que  el disparo que le acarreó la muerte a Olejua no lo  efectuó  Saldaña  con  el  revólver  que  indiscutiblemente portaba cuando se  suscita   el  intercambio  de  disparos,  es  claro  que  dicho  resultado  debe  atribuírsele,  por  cuanto precisamente la presencia del policial resultaba una  eventualidad   claramente   previsible   para   quienes  en  desarrollo  de  una  mancomunada  empresa criminal, se valieron para lograr su objetivo de medios tan  lesivos como las armas de fuego …” (fl. 379).   

          A    la    tesis   defensiva   de   que   el   señor   Saldaña no propinó el disparo mortal, el  juzgador   agregó   que   la   absolución   no   podía  prosperar  porque  la  responsabilidad  no  es  exclusiva del autor material, sino que debe adjudicarse  “por  igual,  y  en idénticos términos de participación, a los involucrados  en  el  diseño  y  ejecución  de  un  mismo plan criminal” (fl. 380); de tal  forma,  acotó,  que  así  se demostrase que el disparo mortal provino del arma  del  difunto  TORRES,  o de la de quien se fugó, por ese resultado igual debía  responder el condenado a título de coautoría impropia.   

          3.  En  la  sentencia  de  segunda  instancia,  el Tribunal Nacional  también  se  pronunció  sobre algunos aspectos que, al parecer, no observó la  defensa  y  por  ello  alega  error  ante  pretendidas omisiones. En efecto, con  relación  al  presunto actuar imprudente del agente OLEJUA CELIS, concluyó que  no  existió, porque “Si se repara con detenimiento en el operativo desplegado  por  los  agentes  de policía que inicialmente conocieron del hecho, se pone de  presente  un  aspecto  asaz relevante que descarta de hecho que hubiera existido  un  interés  diverso al de ejercitar adecuadamente sus funciones en la mente de  Olejua  Celis  para actuar del modo que actuó …” (fl. 19, C. T). Agregó el  Ad-quem que si la posterior  víctima   llegó   en   primer   lugar   al   establecimiento,  ello  obedeció  exclusivamente  a  que  fue  el  primero  “…advertido  por  un ciudadano que  acudió   a   la   Estación   de  Policía  a  dar  cuenta  de  que  lo  venía  ocurriendo…Díaz  y  Bejarano  se  dan cuenta instantes después cuando lo ven  corriendo   hacia   el  local  y  acuden,  como  debían  hacerlo,  a  prestarle  seguridad”,  sin que ese comportamiento, agregó la Corporación, obedeciera a  imprudencia alguna.   

          “Al      respecto     –concluyó    el   Tribunal—  suficiente  claridad  hace  el agente Díaz cuando sostiene que lo  acompañó  a  su  interior  mientras  Bejarano  se  quedó  afuera  en  actitud  vigilante…Ahora  que  lo  que  definitivamente  permite  concluir  que  no fue  impulsiva  la  acción  de  los  agentes es la referencia hecha por Díaz de que  cuando  Olejua  Celis  superó  las  escaleras  hacia  el  segundo  piso  fueron  recibidos  por detonaciones provenientes de los que allí se encontraban” (fl.  21,C. T).   

          El  fallador  de  segunda  instancia también se ocupó a espacio de  señalar  que  todos  los  presentes  en la panadería describieron a uno de los  agresores,  que  portaba  arma  de  fuego  y  participó  en  el hurto, como una  persona,  cuyos  rasgos  (el  más viejo, “mono”, de bigote) coinciden, más  allá   de   cualquier   duda,   con  los  de  Fermín  Saldaña.   

          La  conclusión del juez de segunda instancia no podía ser diversa,  puesto  que  la  prueba  en su conjunto demuestra ese aspecto; así, JUAN RAMÓN  MORALES  describió  el  ingreso  de  tres  hombres,  uno  de ellos “mono como  pelirrojo,      con     pecas     claras,     de     bigote”     (Saldaña);  agregó  que  los tres tenían  armas  y  se  las  pasaban  entre  ellos  y que en el momento de los disparos el  “monito”   se  encontraba  dentro  del  establecimiento  (fl.  72);  CLAUDIA  PATRICIA  VACCA  relató  el  ingreso  de  la misma persona a la panadería y se  percató  que  era  quien  tenía  tendidos  en  el  piso  a los empleados y los  amenazaba con un revólver  (fl. 107).   

          Por   su   parte,  GUSTAVO  ALONSO  PEÑA  reconoció  al  procesado  por   cuanto  fue quien lo requisó y, bajo la amenaza de un arma de fuego,  lo  mandó a acostar en el piso, además de golpear con la cacha del revólver a  RAMÓN  MORALES  (fl.  111).  NOHEMÍ MARTÍNEZ PIRAJÁN observó el ingresó de  los  tres  agresores  y  se  percató  que el acusado estaba armado; agregó que  alcanzó  a  salir  y  avisar  a  la  policía,  a cuyos integrantes ella guió,  presentándose  el  cruce  de  disparos,  tras  el cual vio que “bajaba en ese  momento el mono con dos revólveres en la mano” (fl. 118).   

          De  estos  elementos de juicio no queda duda alguna que Fermín  Saldaña no sólo se encontraba en  el  sitio de los hechos cuando se produjeron los disparos, sino que cuando ellos  se   presentaron   portaba  dos  armas  en  la  mano  y  con  ellas  salió  del  establecimiento.   

          En  estas  condiciones,  la  Sala,  al  compartir  el criterio de la  Procuraduría  Delegada,  encuentra  sin  soporte  la  censura  que  acusa  a la  sentencia  de  un  falso  juicio  de  existencia  por  suponer  la presencia del  sindicado  en  el  sitio  de  los  hechos,  cuando lo que surge de los medios de  prueba  reseñados es la demostración plena de esa situación fáctica, además  de   que  el  argumento  de  que  Saldaña  bien pudo salir de la panadería antes de los disparos, no solo no  deja  de  ser  una  simple  conjetura del demandante, que no cuenta con respaldo  alguno,  sino  que  obran  pruebas  válidamente  aportadas  que  demuestran  lo  contrario.   

          En  consecuencia,  no  se está ante suposición alguna por parte de  los  falladores  de  instancia.  Por  el  contrario,  quien  acude  a  ese medio  especulativo  es  el  defensor  en su demanda, como que imagina que Fermín  Saldaña  bajó  las  escaleras y  alcanzó  la calle antes de que se iniciaran los disparos, cuando tal hipótesis  no aparece comprobada en el expediente.   

             

          4.  La  Sala  debe  insistir  en  que para acceder a la casación no  basta  la  simple  enunciación  de  eventuales  errores  ni  la mera oposición  personal  del  demandante a la valoración probatoria efectuada por el fallador.  El  recurso  extraordinario  no  constituye una tercera instancia para que en su  desarrollo  el  libelista pueda formular de manera libre y subjetiva los reparos  que  a  bien  tenga  respecto  de la estimación probatoria judicial, máxime si  ellos  han  sido  objeto  de  postulación  y  decisión  en  las dos instancias  procesales,  puesto  que no se está ante una tercera instancia, adicional a las  dos permitidas por la Constitución y la ley procesal.   

          Admitir  que  en  sede  de  casación  se  acuda  a  ese  expediente  desvirtuaría  la  razón de ser de ese recurso extraordinario y se convertiría  en  una  inocua  y  adicional confrontación de los criterios del demandante con  los  más  autorizados del Tribunal que siempre llegan a esta sede precedidos de  la doble presunción de acierto y legalidad.   

          Como  no  prosperan  las  pretensiones  del  señor  defensor, no se  casará la sentencia demandada.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

        No casar la sentencia impugnada.   

        Cúmplase   y   devuélvase   al  Tribunal  de  origen.              

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

                                                   No  hay  firma   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE  E.  CÓRDOBA    POVEDA                         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

salvamento parcial de voto  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO           

ALVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                  NILSON E. PINILLA PINILLA   

Salvamento  parcial  de  voto                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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