14863(24-01-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 14863  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 06  

         Bogotá,  D.  C.,  veinticuatro  (24)  de  enero  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante sentencia del 29 de septiembre  de  1997,  el  Juzgado  Doce  Penal  del  Circuito  del Cali condenó, de manera  anticipada,    a   la   señora   Lilian   Martínez  Coral  a  la  pena principal de 46 meses, 10 días de  prisión  y  multa  de  quinientos  mil  pesos,  como  autora  responsable de un  concurso  de  delitos  de falsedad en documento privado (11 conductas), falsedad  material  de particular en documento público agravada por el uso (4 conductas),  falsedad  personal  para  la  obtención  de  documento público (2 conductas) y  estafa  agravada  por  la  cuantía  (3  conductas),  le  impuso la accesoria de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un lapso igual al de la  privativa  de  la  libertad y se abstuvo de condenarla al pago de los perjuicios  causados con el delito.   

         Recurrido  el  fallo por el Ministerio Público y la defensa, el 13  de  abril de 1998 una Sala de Decisión del Tribunal Superior de Cali revocó lo  relacionado  con la abstención de condenar al pago de los perjuicios, modificó  la  pena  de  prisión  que  finalmente  quedó  en 39 meses, negó el descuento  punitivo  previsto en el artículo 374 del Código Penal (decreto 100 de 1980) y  el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

         La  defensora  interpuso recurso de casación. La Sala se pronuncia  de fondo del mismo.   

HECHOS  

         Entre  los  meses  de  agosto y diciembre de 1995, en la agencia de  Cali  de la Corporación de Ahorro y Vivienda “Conavi” se presentaron varios  desfalcos  comedidos  por  un  grupo  de  personas,  entre  las cuales estaba la  empleada    de    la    entidad   Lilian   Martínez  Coral, quien suministraba las fichas con los datos de  quienes   abrían   cuentas,  con  lo  cual  se  falsificaron  las  cédulas  de  ciudadanía  de  CARLOS VINASCO SÁENZ, JOSÉ FRANCISCO CORTÉS y JESÚS ALFONSO  TOBÓN  LÓPEZ  que  se utilizaron para sacar dinero de las cuentas abiertas por  estas  personas, adulterando, a la vez, los recibos de retiro, procedimiento con  el  cual  se hicieron a las sumas de $4’000.000,         $3’200.000      y      $1’450.000, respectivamente.   

         De  las  cuentas  de  IVÁN  KUJUNDZIC y ORLANDO ANTONIO HEREDIA se  apropiaron         de        $14’380.999,26 y $920.427,38.   

         Con  base  en  lo anterior, hubo denuncias por falsos extravíos de  los documentos de identidad y de las tarjetas de retiro.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         Tras  una  indagación preliminar, el 26 de enero de 1996 el Fiscal  Seccional   76,   Delegado  ante  los  Jueces  del  Circuito  de  Cali,  inició  investigación  y,  tras  indagar  a la señora Lilian  Martínez  Coral, el 4 de marzo siguiente decretó su  detención  como autora responsable del concurso de delitos de falsedad material  de  particular  en documento público agravada por el uso, falsedad en documento  privado,  falsedad  personal  para  la obtención de documento público y estafa  agravada por la cuantía.   

         El    13    de    febrero   de   1997   la   señora   Martínez  Coral se acogió al instituto  de  la  sentencia  anticipada  y  aceptó  los  cargos  formulados por el Fiscal  Delegado,  tras lo cual el Juzgado Doce Penal del Circuito de Cali profirió, el  29  de  septiembre  de  ese  año, el fallo arriba reseñado, el que, recurrido,  originó  el  del  13  de  abril de 1998 por medio del cual el Tribunal Superior  realizó las modificaciones ya señaladas.   

         La   apoderada   interpuso  recurso  extraordinario  de  casación.  Admitido  el  escrito sustentatorio, se recibió concepto del Procurador Tercero  Delegado en lo Penal.   

LA DEMANDA  

         Con  fundamento  en  el  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991,  vigente   para   la   época   del  fallo  impugnado,  la  representante  de  la  señora  Martínez  Coral,  propuso  un  solo cargo. Aludió a violación indirecta de una norma sustancial,  por  estimación  errónea de una prueba obrante en el proceso, por cuanto no se  accedió  a rebajar la pena en los términos del artículo 374 del Código Penal  aplicable  en  ese  momento  -de  1980-  para  lo  cual se hizo caso omiso de un  documento  en  donde  el  apoderado  de  la  parte civil reconoce que la señora  Martínez  Coral indemnizó  los  daños,  y resulta absurdo, agrega la demandante, que el Tribunal argumente  que no hubo indemnización total.   

         La  defensa  pretende se case la sentencia para que se reconozca el  descuento previsto en el artículo 374 del Código Penal de 1980.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal solicita a la Sala no  casar  la  sentencia,  porque  considera  que de manera contradictoria el único  cargo  alude a una estimación errónea de la prueba, esto es, a un falso juicio  de  identidad,  y,  a  la  vez,  a su omisión o, lo que es lo mismo, a un falso  juicio  de  existencia,  luego  mal  puede  acusarse  al  Tribunal de ignorar la  existencia  de  un  medio  de  prueba  y  de  tergiversar su contexto, porque lo  último comporta que sí la reconoció.   

         Por   otra   parte,   agrega,   el   Ad  quem  ni  desconoció  ni distorsionó el escrito del  apoderado  de  la  parte  civil, pues éste sólo expresa que recibió $800.000,  inferiores  a  los  daños  y  perjuicios,  luego  no  podía concluirse que los  últimos fueron indemnizados en su integridad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         El cargo no prospera, porque:   

         1.  La  imputación  se  hace  a  la  luz  de  la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  bajo  el  concepto  de violación indirecta de una  norma  de  derecho  sustancial “por estimación errónea de una prueba obrante  en  el  proceso”,  de  donde  surge que la censura radica en que al momento de  valorar  el  medio  probatorio,  el  funcionario  distorsionó sus alcances y le  suministró  un  contenido  diverso  al  que en realidad contenía, esto es, que  incurrió     en     un     falso     juicio    de  identidad.   

         Anunciado  así  el  reparo,  su  desarrollo  lo  niega pues que la  actora  afirma  que  “El  juzgador  de segunda instancia hace caso omiso de la  prueba”,  que  no  hay  mérito para “omitir, desestimar una prueba”, para  concluir  en  la  necesidad  de  casar el fallo por cuanto “desconoce, omite y  desestima  una  prueba”,  expresiones  todas  que  son  la  razón  de ser del  denominado  falso  juicio  de  existencia,  que  concurre  cuando  en  la sentencia se presenta una omisión  material  en  relación  con el medio probatorio, ya porque existiendo uno no es  valorado, ora porque se supone uno que no existe.   

         Tan  contradictoria posición impide a la Sala precisar cuál es el  error  que  se  le  imputa a la sentencia pues mientras inicialmente se habla de  “estimación  errónea”  de  la  prueba,  posteriormente  se  afirma  que se  “hizo   caso   omiso”,   “se  omitió”  y  “desconoció”  la  misma,  aseveraciones  que  contrarían  la  lógica  de  la casación pues respecto del  mismo  medio  no es posible espetar que no fue tenido en cuenta y que sí lo fue  pero mal apreciado.   

         

         2.  Si  se penetra en el asunto la conclusión es similar en cuanto  el trabajo de la defensora no puede fructificar. En efecto:   

         La      queja     está     centrada     en     el     desconocimiento  o  en  la  tergiversación   del   contenido   del  escrito  visible  en  el  folio  93  del  cuaderno  denominado “Beneficios por  colaboración”,  en  el que, según la libelista, el representante de la parte  civil   “reconoce   que   mi   prohijada   indemnizó   integralmente   a   la  ofendida”.   

         Lo  primero que  observa  la  Sala  es  que  el  Tribunal  no desconoció el texto. Al contrario,  dedicó  un  aparte  de  su  decisión  a la valoración del mismo, tarea que lo  llevó  a  concluir que no procedía el descuento punitivo del artículo 374 del  Código  Penal  de  1980  porque  los  daños  y  perjuicios  fueron  tasados en  $25’044.240.00, en tanto  que  la  señora  Lilian  Martínez Coral sólo reconoció $800.000 por ese concepto.   

         Por   estas  razones  -finalizó  el  Ad  quem-,  “la  Sala  no  reconocerá la reducción de  pena  solicitada  por  la  defensora,  con fundamento en el art. 374 del Código  Penal,     por    considerar    que    el    resarcimiento    de    ‘los perjuicios materiales’,   a   que  se  refiere  el  señor  representante  de  la  parte  civil,  a  folio 93 del cuaderno de Beneficios, no  corresponde  a  una  verdadera reparación, que como lo exige la norma, debe ser  total”.   

         Es  claro,  entonces,  que la justicia sí atendió el documento y,  además, que lo apreció y valoró correctamente.   

         En   segundo  lugar,  obsérvese  lo  siguiente:  en  el escrito del 27 de febrero de 1997, la  parte  civil  anuncia  que “la señorita Lilian Martínez Coral…ha resarcido  los  perjuicios  materiales”, expresión que no posee el alcance ilimitado que  le  otorga la defensora, sobre todo si se tiene en cuenta que a renglón seguido  la  acusación  privada  aclara  que  no  se  trata  de  “todos” los daños,  sino   de  aquellos  que  fueron  “reconocidos por ella -Lilian- desde su  injurada  y  que  le  fueron  aceptados  por  el órgano fallador en cuantía de  ochocientos mil pesos moneda corriente ($80.000,00)”.   

         De  lo  anterior  emana la ausencia de tergiversación de la prueba  pues    de    su    tenor    literal   surge   que   la   señora   Martínez   Coral  solamente  reintegró  $800.000,  suma  que  constituye  una mínima parte de las millonarias sumas con  que  fue  defraudada  la  Corporación  de  Ahorro y Vivienda, según detalla la  sentencia  del Tribunal y resulta del recuento que de los hechos ha realizado la  Corte en esta decisión.   

         Tan  nítido  es  que  no hubo indemnización total de los daños y  perjuicios  causados  con  la  infracción, que en el propio escrito de la parte  civil  -en  el que la defensa quiere encontrar apoyo para sostener lo contrario-  se   lee   el   deseo   de   que   ojalá   la   colaboración  de  Lilian  Martínez  Coral  permita que la  entidad  afectada  “pueda recuperar el monto de lo indebidamente apropiado”,  expresión  que  no  deja  lugar a dudas respecto de que no se recuperó todo lo  desfalcado.   

         La  pretensión  de  la  rebaja  punitiva,  entonces, no podía ser  admitida.  El  artículo  374  del  Código Penal de 1980  establecía como  requisito   de  necesidad,  que  “el  responsable  restituyere  el objeto  material  del  delito  o  su  valor, e indemnizare los perjuicios ocasionados al  ofendido  o  perjudicado”,  redacción  idéntica  a  la del artículo 269 del  Código  Penal  actual.  Y  no  era  posible  el cumplimiento de la norma con la  devolución de una ínfima proporción.   

         Como  no  prosperan las pretensiones de la señora defensora, no se  casará la sentencia demandada.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase   y   devuélvase   al  Tribunal  de  origen.              

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                          No  hay  firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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