18222(19-12-01)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18222  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADOS PONENTES  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

NILSON PINILLA PINILLA  

Aprobado: Acta No. 201  

          Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  de  dos  mil uno  (2001).   

VISTOS  

          La  Sala  procede  a  resolver el recurso de reposición interpuesto  por  el  defensor  del  doctor  José Hernando Pinilla  Cuervo contra el numeral 2° de la parte resolutiva de  la  providencia  del pasado 26 de noviembre que le negó la libertad provisional  prevista en el artículo 365-2 del Código de Procedimiento Penal.   

ANTECEDENTES  

          Al  resolver petición del señor defensor, en la providencia del 26  de  noviembre  anterior, la Sala no concedió la libertad provisional solicitada  con  soporte  en   que  habría  lugar al subrogado de la condicional, pues  desde  el  29 de enero de 2001, cuando expresó haberse enterado de la sentencia  del  24  de  ese  mes, que le revocó la detención domiciliaria, no puede darse  por  descontado  lapso  alguno,  y  no  obstante que el centro de reclusión que  debía  vigilar  tal  medida,  acreditó  su  conducta  como buena, antecedentes  procesales  daban  cuenta  de  lo  contrario,  como  que por un tiempo salió de  reclusión   a   laborar   sin  contar  con  autorización  de  las  autoridades  penitenciarias,  y  por  otro  lo  hizo sin permiso judicial y, fijado el centro  carcelario,  no  cumplió las obligaciones adquiridas al suscribir la diligencia  de compromiso.   

LA IMPUGNACIÓN  

          El  señor  defensor  argumenta que la decisión no se soporta en la  ley,  sino  en la mera voluntad de negar un derecho de quien no merece semejante  trato  judicial,  pues  el  sindicado  no  permaneció en su domicilio de manera  voluntaria,  sino  producto de una decisión judicial que le ordenó recluirse y  si  bien  esa  situación  varió,  se  hizo  de  manera  abstracta porque no se  designó   institución   carcelaria   y   escapaba   al   doctor   Pinilla  Cuervo  determinarla, además que  la  resolución  del  INPEC, del 16 de febrero de 2001, nunca fue notificada, el  traslado  no le competía a él, sino al Estado y no podía salir de su sitio de  detención  a  exigir  se  lo llevara a prisión. La Sala no puede desconocer ni  negar   lo   evidente,   esto   es,   que   materialmente   el  sindicado  está  detenido.   

          Agrega  que  no tienen soporte los argumentos de mala conducta, pues  los  permisos  carcelarios  y  judiciales  para  trabajar  existen y obran en el  proceso,  además  de  que  si el del Tribunal parece irregular, es claro que su  defendido  actuó  de  buena  fe, pues verbalmente lo solicitó y lo obtuvo para  regularizarlo  luego  de  presentar  el contrato de trabajo, ocurrido lo cual se  concedió  autorización  de  manera retroactiva. Por otra parte, no es correcto  que  la  Sala  evalúe la conducta del detenido, sino que por mandato legal ello  compete  a  las  autoridades  del centro carcelario, de donde surge que no es un  tema de interpretación libre.   

CONSIDERACIONES  

          Sobre   la  aseveración  del  impugnante  acerca  de  la  falta  de  reconocimiento  del  tiempo  posterior  al  29  de  enero del año en curso como  descontado  en  detención  domiciliaria,  por no admitir esta Sala que una auto  reclusión  pueda  tener  efectos jurídicos, debe recordarse que de conformidad  con  lo estipulado por el artículo 358 del Código de Procedimiento Penal, para  mantener  privado de la libertad a un interno el director del establecimiento de  reclusión  bajo  cuya  vigilancia  se  encuentre,  debe reclamar al funcionario  judicial,  una vez se hayan vencido  los términos para recibir indagatoria  y  para  revolver  la  situación  jurídica,  “la  orden  de  libertad  o  de  detención”.   

En  el  presente  asunto,  oportunamente  se  libró  la comunicación pertinente al Director del INPEC para hacer efectiva la  detención    domiciliaria    del    doctor   Pinilla  Cuervo.   De  igual  forma, se procedió mediante  oficio  No. 037 C de fecha 25 de enero de 2001, suscrito por el Secretario de la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  por  el cual se comunicó al  funcionario  aludido  que  se había dictado sentencia condenatoria en contra de  aquél,  sin  concederle  el  subrogado de la condena de ejecución condicional,  solicitando  en  consecuencia  su  traslado  al centro de reclusión que para el  efecto se dispusiera (f.153 cd.6 Trib.).   

Así mismo, de manera expresa, en el numeral  tercero  de  la  parte  resolutiva  del  fallo  condenatorio,  se  consignó  en  relación   con   la  situación  del  doctor  Pinilla  Cuervo,  que “Como consecuencia de la pena impuesta,  se  revoca  la  detención  domiciliaria  que  venía gozando”, determinación  sobre  la cual este  procesado envió escrito diciendo darse por notificado  personalmente,  por  tanto,  tuvo conocimiento de haber cesado la vigencia de la  detención  domiciliaria,  y  de ahí en adelante no podía haber continuado una  modalidad  procesal y materialmente inexistente de privación de libertad. Si el  procesado  se  quedó  recluido  en  su  casa  que,  por  lo  demás, no aparece  acreditado,  a  sabiendas lo hizo sin orden judicial que le respaldara y, por lo  mismo, no se puede contabilizar lo que no existía jurídicamente.   

En  contra  de  lo  que  plantea  el  señor  defensor,  el  aspecto relacionado con la conducta que habilita el subrogado del  artículo  64  del  Código Penal no es de resorte exclusivo y excluyente de las  autoridades   carcelarias.  Una  tal  interpretación  desconoce  que  la  norma  determina  que  hay  lugar  a  la  libertad cuando de la “buena conducta en el  establecimiento  carcelario  pueda  el  juez deducir,  motivadamente,  que no existe necesidad para continuar  con la ejecución de la pena” (resaltas fuera de texto).   

Si  de  conformidad  con el diccionario, por  “deducir”  debe  entenderse  inferir,  sacar  consecuencias de un principio,  proposición  o  supuesto,  no  puede  aceptarse la tesis que esboza la defensa,  porque  lo  que  ordena  la  norma  al  funcionario  judicial  es  que  presente  razonamientos  lógicos  para  llegar  a  una  conclusión,  lo que se corrobora  cuando  se exige que esa  “deducción” sea “motivada”, esto es, que  el  juez  debe  presentar, explicar las causas o motivos que lo llevan a adoptar  esa decisión.   

Se  advierte,  además,  que,  en  gracia de  discusión,  la  posición  defensiva podría ser de recibo cuando quiera que el  sujeto   pasivo   de   la  acción  penal  se  encuentre  en  “establecimiento  carcelario”,  como  que  allí  las  autoridades  penitenciarias ejercen total  vigilancia.  No  sucede  lo  mismo  tratándose  de retenidos domiciliariamente,  pues,  dado  que el garante de la reclusión es el propio sindicado, la labor de  vigilancia  del  INPEC  resulta  esporádica  porque  de manera ocasional envía  algún  funcionario  a  visitar  la residencia, por lo cual el “certificado de  buena  conducta” que expide, sólo puede referirse a esas ocasiones, no a todo  el período.   

Así, resulta válido y legal que, además de  la  constancia  carcelaria,  el juez acuda a elementos de juicio existentes  en  el proceso en aras de escudriñar el aspecto subjetivo descrito en la norma,  sin  que en modo alguno ello signifique desconocer la labor de las directivas de  la  prisión, pues, reitera la Sala, ellas sólo efectúan ocasionales tareas de  verificación de la privación domiciliaria de libertad.   

Con estas precisiones, se tiene que no pierde  vigencia  los   argumentos  planteados en la decisión recurrida, acerca de  haber   dejado   el   doctor  José  Hernando  Pinilla  Cuervo    la  detención  domiciliaria  mientras  estuvo  rigiendo,  sin la necesaria autorización de las directivas carcelarias,  además  de  continuar su labor de docente sin la anuencia del Tribunal, sin que  pueda  admitirse  la tesis de la defensa respecto de una previa “autorización  verbal”,  pues  conoce  que las decisiones judiciales deben adoptarse con base  en  los  elementos  de  juicio existentes en el expediente, dentro del cual nada  obra sobre el particular.   

Esos   aspectos   llevan   a   la  Sala  a  “deducir”,  en  forma “motivada”, como lo hizo en la decisión que no se  repondrá,  que  sí  existen  elementos de juicio que comportan la necesidad de  continuar   con   la   reclusión   dispuesta   para   el   doctor  José Hernando Pinilla Cuervo.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1º  No reponer el numeral segundo de la  parte  resolutiva  de la providencia del pasado 26 de noviembre, por medio de la  cual   se    negó   la   libertad   provisional   al  doctor  José Hernando Pinilla Cuervo.   

2º  Comisiónase al Juez Penal Municipal de  Chiquinquirá   (reparto)  para  enterar personalmente de este proveído al  procesado.   

          Comuníquese y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE  E.  CORDOBA     POVEDA                         

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE   

          Salvamento de voto   

JORGE        ANÍBAL       GOMEZ  GALLEGO      EDGAR LOMBANA TRUJILLO            

          Salvamento  de  voto                                   Salvamento de  voto   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                 NILSON E. PINILLA PINILLA   

            Salvamento    de    voto                           

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

(Segunda 18222)  

         

         Respetados Señores Magistrados:   

         Como   del   auto   que   resuelve   la   reposición  –19 de diciembre de 2001- se desprende  que  se  mantienen  los argumentos expuestos en el proveído del 26 de noviembre  del  mismo  año,  resulta  imperativo  reiterar  que, como ayer, el suscrito se  aparta  de  algunos  de  ellos  porque,  se  insiste,  el  tiempo  que estuvo en  “detención  domiciliaria”  el  doctor  Pinilla Cuervo le debe ser tenido en  cuenta  para todos los efectos, y porque no es posible seguir pensando en que un  procesado  tiene  la  obligación  de  someterse,  por  sí  mismo,  sin ninguna  ejecución  estatal,  a  lo  dispuesto  por  la  decisión judicial. Esto, desde  luego,  no implica que el procesado se pueda sustraer a las órdenes judiciales.  Comporta  sí,  que  el  Estado,  mientras nada hace por parte de quien tiene el  deber de hacer, sancione al que no está obligado a hacer.   

De     los     Honorables    Señores  Magistrados,   

Seguro Servidor  

Álvaro Orlando Pérez Pinzón  

    

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