14715may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14715  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No 84  

          Santafé    de    Bogotá,    D.C.,    veintidós    de    mayo   de  dosmil.   

VISTOS  

          Realiza  la  Corte  el  examen preliminar de la demanda de casación  presentada  por el defensor del procesado JESÚS ALIRIO CASTRO CARDONA contra la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga el  26  de  febrero  de  1998, mediante la cual condenó al acusado por el delito de  homicidio  agravado a la pena principal de 40 años de prisión y a la accesoria  de   interdicción   de   derechos  y  funciones  públicas  durante  10  años,  imponiéndole  además la obligación de pagar los perjuicios ocasionados con el  punible.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  2  de  enero de 1997, JESÚS ALIRIO CASTRO CARDONA en compañía  de  otro  sujeto  que  después  resultó  muerto  cuando  pretendía huir de la  policía,  privó  de la vida a José Ever Gutiérrez quien se desempeñaba como  celador de Ferrocarriles Nacionales de Zarzal, Valle.   

          Vinculado  al  proceso  CASTRO CARDONA por la Fiscalía Seccional 35  Delegada  de  Zarzal,  fue  detenido preventivamente por el delito de homicidio,  punible  que  con circunstancias de agravación luego dio lugar a la resolución  de acusación proferida el 23 de abril de 1997.   

          De  la  etapa  del  juicio  conoció  el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  de  la  misma  municipalidad,  quien  fulminó  la  condena  que luego  confirmó  el  Tribunal  de  Buga  al  desatar  la apelación interpuesta por la  defensa.   

LA DEMANDA  

          Fincado  en  la  causal primera de casación, el impugnante presenta  dos cargos contra la sentencia, así:   

Con   el  primero  denuncia  la  violación del artículo 323 del Código  Penal,  “norma  esta  que  establece  claramente  la  tipicidad  del  ilícito”, pues en la investigación  “no  existe  una  sola  prueba que señale al señor  Jesús    Alirio    Castro   Cardona,   como   la   persona   que   mató  al señor José Ever Gutiérrez”.   

El  segundo,  lo  presenta   así:  “considero  que  se  violaron  los  artículos   254  y  445  de  nuestra  norma  procedimental,  normas  estas  que  establecen  como  deben  de  valorarse  las  pruebas  y  en  el caso de no haber  claridad  sobre  el  autor  de  un  ilícito  y  al  existir  la duda ésta debe  favorecer al sindicado”.   

A  renglón seguido afirma el demandante que  “en  el presente caso el procesado fue condenado sin  tener  en  cuenta  que  ninguna  de  las pruebas evacuadas dentro del proceso lo  señalan  como la persona que mató al señor José Evert Gutiérrez, tampoco se  tuvo   en   cuenta  la  totalidad  de  las  pruebas  y  negándole  el  valor  a  otras”.  Y  a  continuación remata: “Como     el     recurso    de  Apelación fue resuelto en perjuicio de quien lo promovió, y en  su  desición  (sic) el Honorable Tribunal Superior de Buga, tampoco da claridad  sobre  la participación de mi defendido en el ilícito en mención, mal podría  dicho tribunal confirmar la sentencia motivo de ésta alzada”.   

Con  base  en  lo  anterior,  que es toda la  argumentación   de   la   demanda,   el  impugnante  pide  casar  la  sentencia  “y   en  su  lugar  reformarla,  absolviendo  a  mi  defendido  por  existir  duda  razonable en cuanto a la comisión del delito del  que se le sindica”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El   incumplimiento   de   las   más  elementales  pautas  formales  establecidas  en el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal aconseja el  prematuro  rechazo  de  la  demanda  puesta a consideración de la Corte en esta  oportunidad.   

          En  efecto,  para comenzar debe destacarse que el censor ni siquiera  se  ocupa  de  señalar  la modalidad de la presunta violación  -directa o  indirecta-  como tampoco el sentido del quebranto, esto es, si se trata de falta  de  aplicación,  interpretación  errónea  o indebida aplicación del precepto  sustancial.   

Por lo demás, si el ataque se refiere a las  pruebas,  como  por momentos pareciera insinuarse, el censor no concreta ningún  error  en  la  apreciación  en  las  mismas, dejando a la Corte sin saber si su  inconformidad  con  el  fallo  se  debe  a  que  el sentenciador distorsionó el  contenido  material  de  las  pruebas,  poniéndolas a decir lo que éstas en su  genuino  sentido no indican (error de hecho por falso juicio de identidad), o si  más   bien   omitió   la   consideración   de  algunas  probanzas  legalmente  incorporadas  al proceso o supuso otras que no obraban allí (error de hecho por  falso  juicio  de  existencia),  o  de  pronto el yerro consistió en estimar el  material  probatorio  sin  sujeción  a las reglas de la sana crítica (error de  hecho  por  falso  raciocinio);  o  si finalmente el dislate está en haber dado  valor  a alguna prueba irregularmente allegada al proceso o en negarle el que la  ley  les  da  a  otras  que  fueron aducidas correctamente (error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad);  supuestos  todos  en  los cuales era inexcusable  individualizar  los  medios  de  convicción  que  se veían afectados por tales  yerros,  indicando  además en cada caso cuál era la incidencia trascendente de  los mismos en el fallo de condena.   

Pero  como  nada  de  lo  anterior afirma ni  demuestra  la  demanda,  se queda sin  fundamentación la causal primera de  casación  aducida por el censor como soporte de la petición de rompimiento del  fallo,  imposibilitándose  para  la  Corte  conocer  el  punto desde el cual el  censor  espera derruir la sentencia impugnada, lo que hace inexaminable de fondo  el asunto por la falta de conocimiento del tema a tratar.   

          Es  que  si el actor amparó la censura en la causal primera, por lo  menos  debió percatarse del contenido del numeral tercero del artículo 225 del  Código  de  Procedimiento Penal, para con ello haber procedido al señalamiento  de  la conculcación de la ley sustancial dirigiendo el razonamiento jurídico a  demostrar  la  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o interpretación  errónea  de la norma frente a los hechos vistos por el sentenciador, si era que  se  resguardaba  en la violación directa, o bien, haber denunciado el trastoque  de  la  ley  sustancial  mostrando  el  error  cometido  sobre  las  pruebas  si  pretendía  fundar  la  censura  en  la violación indirecta. No empece, nada de  ello  sobresale  en  la  demanda en la que el libelista se limitó a anunciar un  ataque  por  la  causal  primera  por  la vulneración de los artículos 323 del  Código  Penal,  y 254 y 445 del Código de Procedimiento Penal, bajo la escueta  consideración  de  que no existía prueba directa en contra del procesado y que  se habían obviado otras, pero no más.   

          Y  a  propósito  de esta última norma, que no por ser del estatuto  procesal  deja  de  tener  contenido  sustancial, ningún planteamiento concreto  hace  la  demanda sobre el in dubio pro reo,   bien  para  plantear  y  demostrar  la  violación  directa  del  mencionado  precepto  bajo el entendido de que el Tribunal dejó de aplicarlo en  la  parte  resolutiva  del  fallo  después  de haber reconocido en la motiva la  existencia  de  insuperables  dudas acerca de la configuración del injusto o de  la  responsabilidad  del  justiciable, como resultado del análisis del material  probatorio;  o  bien para demostrar por la vía indirecta, cómo por los errores  en  la  estimación  de  las  pruebas  el sentenciador llegó a la certeza sobre  aquellos  aspectos  de la acusación cuando una correcta apreciación probatoria  –que  corría  a  cargo  demandante  como  ejercicio  de  contraste con el análisis viciado del ad quem-  sólo  habría  permitido  forjar  en  la  mente del sentenciador la perplejidad  apenas  compatible  con la aplicación del in dubio pro  reo consagrado en el artículo 445 C.P.P.   

          Nada  de  lo  anterior  intenta  siquiera  el  censor, por lo que la  demanda  se  ofrece  vacía de contenido y por completo ayuna de las condiciones  de  claridad  y  precisión  que  son  necesarias  en  un escrito con el cual se  pretende  desvirtuar  la  doble presunción de acierto y legalidad que acompaña  las sentencias como la que ahora se impugna en casación.   

          En  las citadas condiciones, repítese, no se tiene certeza del tema  sobre  el  cual  ha de versar el juicio de legalidad de la sentencia, deviniendo  ingrávida   la  demanda.  Corolario  de  todo  ello  es  su  inadmisión  y  la  declaración  de deserción del recurso, conforme a los postulados del artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          RECHAZAR  IN LIMINE la demanda de casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JESÚS ALIRIO CASTRO CARDONA. Por  consiguiente   se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

          En  contra  de  esta decisión no cabe recurso alguno de acuerdo con  los artículos 197 y 226 del Código de Procedimiento Penal.   

         

          Cópiese,   comuníquese   y   devuélvase  al  Tribunal  de  origen   

Cúmplase.  

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                         NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

       

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