14666(24-10-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  14666   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

Dr. JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 130  

Bogotá D. C., veinticuatro (24) de octubre  de dos mil dos (2002)   

         V I S T O S   

Procede  la  Corte  a  resolver  el recurso  extraordinario   de   casación   interpuesto  por  el  defensor  del  procesado  EDUEN    GLODDEN    QUINTERO    GARCÍA,   contra   la  sentencia  anticipada  del  Tribunal  Superior  de  Medellín,  proferida el 25 de febrero de 1998, por medio de la cual lo condenó  a  la  pena  principal  de  7  meses  y 12 días de prisión y a la accesoria de  rigor,  como  autor  del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado en grado de  tentativa.   

         H E C H O S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El   4  de  diciembre  de  1995,  a  las 2:50 de la tarde, en la carrera 63 con calle 42B de  esta  ciudad  (Medellín),  Eduen  Glodden  Quintero García y Luis Antonio Rúa  Meneses,  quienes  se  movilizaban en una motocicleta de propiedad del primero y  cuya  placa  estaba  tapada con una cinta negra, intimidaron con sendas armas de  fuego  al señor Jorge Iván Giraldo Gutiérrez con el propósito de quitarle el  vehículo  que  éste  conducía,  un  Toyota  Land  Cruiser  de placas SOB-439,  valorado  en veinticinco millones de pesos; objetivo que no lograron porque unos  escoltas  de  la  Gobernación  de  Antioquia, que ocasionalmente pasaban por el  mismo  sector,  al  observar  lo  anterior  les  gritaron alto a los dos sujetos  armados  y  tuvieron  que  hacer  disparos  al aire cuando éstos les dispararon  primero mientras corrían y dejaban abandonada la motocicleta.   

“De  inmediato  los  escoltas  capturaron  a Luis Antonio Rúa Meneses, quien se identificó con  otros  nombres  y  apellidos y aunque en la indagatoria negó la autoría de los  hechos,  posteriormente se acogió a la sentencia anticipada. Trámite abreviado  al   que  también  acudió,  mucho  tiempo  después,  Eduen  Glodden  Quintero  García…      ”.   

         

ACTUACIÓN  PROCESAL  

Con  base  en el informe de la Policía, la  Fiscalía  Ochenta  Delegada  ante  la  Unidad Quinta de Patrimonio de Medellín  profirió,   el   5  de  diciembre  de  1995,  resolución  de  apertura  de  la  instrucción.   

Escuchado  en indagatoria Luis Antonio Rúa  Meneses,  se le resolvió la situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  por  los  delitos  de hurto calificado y agravado en la  modalidad  de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal,  acogiéndose,  posteriormente,  a  los  beneficios  de  la sentencia anticipada,  razón por la cual se rompió la unidad procesal.   

Practicadas  unas  pruebas,   mediante  resolución  del  24 de abril de 1996 se declaró persona ausente a Edwin  ó Wdwien Glodden Quintero García  y  se  le  designó  un  defensor  de  oficio,  resolviéndosele  la  situación  jurídica,  el  15  de  mayo  de 1997, con medida de aseguramiento de detención  preventiva,   por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado  en  grado  de  tentativa.   

Capturado  Eduen Glodden Quintero García y  escuchado  en indagatoria, solicitó la terminación anticipada del proceso, por  lo  que,  el  27  de  noviembre  de  1997  se  llevó  a  cabo  la diligencia de  formulación   de   cargos,   en   la   que  aceptó  la  comisión  del  delito  imputado.   

El  Juzgado  Quinto  Penal  del Circuito de  Medellín  dictó  sentencia de primera instancia, el 14 de enero de 1998, en la  que  condenó  a Eduen Glodden Quintero García a la pena principal de 7 meses y  12  días  de prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, como  autor  del  delito  de  hurto  calificado y agravado en grado de tentativa. Así  mismo,   le   negó   el   subrogado   penal   de   la   condena  de  ejecución  condicional.   

Apelado el fallo por el defensor de Quintero  García,  por  cuanto  no  se  concedió  el citado subrogado penal, el Tribunal  Superior  de Medellín, al desatar el recurso, lo confirmó, el 25 de febrero de  1998.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El  defensor  del  procesado, al amparo del  cuerpo  primero  de  la  causal primera de casación, acusa al Tribunal de haber  violado  la  ley  sustancial,  por interpretación errónea del artículo 68 del  Código Penal.   

Copia   la  parte  pertinente  del  fallo  recurrido  y manifiesta que el yerro aparece nítido al sostener el sentenciador  que  cuando  en  el  delito  de  hurto  se  emplean  armas  y  dado  el  avance,  “la   reciedumbre   y  el  profesionalismo  de  la  delincuencia  actual”, no procede el subrogado penal  de la condena de ejecución condicional.   

Dice  que  al  Tribunal  sólo  le  basta  “examinar  la  naturaleza  y  modalidades del hecho  punible,  y  si  éste  consiste  en sustracción de bienes ajenos con empleo de  arma,     es     imperativo    –    ‘siempre’  –     negar     el  subrogado”.   

Califica  como  equívoco  que  el juzgador  interprete  la  citada  norma  por  vía  general,  asumiendo  las  funciones de  legislador,     ya     que     cualquier    juzgamiento    se    “volverá  un  asunto  meramente  mecánico  por la existencia de un  criterio   de   juzgamiento  ajeno  a  la  independencia  que  deben  tener  los  juzgadores”.   

Así  mismo,  afirma  que  no es atinada la  interpretación  que  se  le  dio  al  artículo  68,  pues,  a su juicio, se le  cercenó  su  alcance,  al  reducir  el  examen  del instituto a la naturaleza y  modalidades  de  la  conducta  punible,  dejando  por  fuera  el requisito de la  personalidad del procesado.   

Del  mismo  modo,  asevera  que  no  pueden  confundirse  las  funciones de la pena que apuntan a la prevención general, con  los  objetivos  de  la  prevención  especial,  toda  vez que la necesidad de la  primera  en  manera  alguna  conlleva,  de  modo obligatorio, la imposición del  tratamiento  penitenciario,  con  los  argumentos  expuestos  en el fallo, en lo  referente   al   “avance,   la  reciedumbre  y  el  profesionalismo  de  la  delincuencia  actual”, pues  tales  expresiones  sólo  harían  mención  a  la  citada prevención general,  convirtiéndose  de esta manera en legislador de “la  política criminal del Estado”.   

Anota que la concesión del subrogado penal  en  manera  alguna implica que se esté perdonando la pena, pues “solo  se  sustituye,  y  se  aplaza  su ejecución, condicionada al  cumplimiento  y observancia de unas obligaciones con seguimiento de la autoridad  judicial”,  pues,  en  caso  contrario, se estaría  revocando.   

Por  otra  parte, sostiene que su protegido  cumple  con  el factor objetivo que estatuye el multicitado artículo 68, ya que  fue  condenado  a la pena de 7 meses y 12 días  de prisión, es decir, que  está  por  debajo  de  los  3  años  a  que  alude  la norma. El equivocó del  juzgador,  continua,  está  en  el factor subjetivo, es decir, el aspecto de la  personalidad  y  la  naturaleza y modalidades del hecho punible, toda vez que no  tuvo en cuenta el primero de ellos.   

Igualmente,  no comparte los calificativos  dados  por  el Tribunal a su defendido, habida cuenta que los términos avezado,  insensible  moral  y  peligroso,  constituyen  genéricos  enunciados o ambiguos  etiquetamientos,  tal  como  lo ha sostenido la Corte, máxime cuando el punible  no  se consumó ni el arma fue accionada y la víctima fue indemnizada, esto es,  el  hecho no tuvo “la trascendencia, repercusión y  consecuencias  en el ámbito social y de orden público que la sentencia le dio.  El  mismo  sentenciador  reconoce  que  el  procesado  es  la  primera  vez  que  incursiona en el delito”.   

Añade:  

“ La sentencia  fragmentó  entonces  el  numeral 2° transcrito, dejando por fuera el examen de  la  personalidad   del sentenciado. Con esa mutilación de la norma, con su  fraccionamiento,  o  su análisis incompleto, desfiguró el sentido de la misma,  su   cabal   comprensión,   perdiendo  o  restringiéndose  el  alcance  de  la  institución.  Es  decir,  produjo en el sentenciador una falsa o errada idea de  lo  que  debe  entenderse  correctamente  por  el  subrogado  de  la  condena de  ejecución condicional.”.   

Asevera  que el estudio de la personalidad  del   condenado   a   que  hace  referencia  el  artículo  68,  “es  un  estudio  diferente”, tal como  lo ha enseñado la Corte en una decisión que transcribe.   

Acota que el examen de la personalidad del  sentenciado  constituye  el  pilar  fundamental  para  la  concesión  o  no del  subrogado   penal,  requisito  que  no  debe  quedar  centrado  en  el  episodio  delictual,  sino  en las etapas de la vida del mismo, en especial en lo atinente  a  la profesión y al trabajo, lo que, a su juicio, aquí se cumple a cabalidad,  ya  que  en  el  diligenciamiento  obra  la declaración de Miguel Ángel Muñoz  Botina  quien  declaró  que  el  procesado  se desempeñó excelentemente en el  campo  laboral,  argumentos  que  expuso para sustentar el recurso de apelación  contra  la sentencia de primera instancia, “pero no  tuvieron  eco”,  por la errada interpretación que  el Tribunal le dio al citado artículo 68.   

Después   de    indicar  cómo  se  materializa  el  tratamiento penitenciario y de reiterar lo expuesto, solicita a  la  Corte “casar parcialmente el fallo recurrido y,  en   su   lugar,   conceder   el   subrogado   de   la   condena  de  ejecución  condicional,    ya  que  la  misma  no  fue  otorgada  por  una  violación  sustancial   de   la   ley   al   interpretarla   en   forma  errada”.   

            CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA PRIMERA    

        DELEGADA        PARA       LA       CASACIÓN   PENAL   

Advierte  que  el  censor  parte  de  un  presupuesto  equivocado,  pues  afirma que el Tribunal interpretó erróneamente  el  artículo  68 del Código Penal, pero termina solicitando la aplicación del  subrogado penal.   

Luego  de  definir  en  qué  consiste  la  interpretación  errónea  y  la   falta  de  aplicación,  afirma  que  el  libelista  también esgrime “argumentos infundados,  pues  de  los  fundamentos plasmados por el ad quem para negar la concesión del  subrogado,  el  recurrente  extrae dos interpretaciones que no se avienen con el  contexto  de  la motivación de la sentencia”, toda  vez  que  el  requisito  de  la  personalidad  sí  fue  tenido en cuenta por el  Tribunal,  el  que  analizado  con  las  demás  circunstancias estatuidas en el  artículo  68  del  Código  Penal, lo llevó a concluir que el procesado no era  merecedor  a  la  reclamada  condena de ejecución condicional, lo que corrobora  con copia de un fragmento del fallo impugnado.   

Sostiene  que  el  sentenciador de segundo  grado   para   darle   mayor   solidez   a  sus  argumentaciones  se  apoyó  en  jurisprudencia  de la Sala, por lo que se avizora que la interpretación dada al  citado  precepto  se  hizo  tal  como  lo plasmó el legislador, “simplemente  recurrió a  la discrecionalidad racional que le  otorga  esta  disposición,  para  considerar  que  no  era  posible conceder el  beneficio  de  la  condena  de ejecución condicional al procesado, ya que en el  expediente  está  debidamente  acreditado  que  actuó  en contubernio con otro  delincuente  y  entre  ambos  intimidaron con armas de fuego a la víctima en el  intento  de  despojarla  de  su  vehículo  y, además, procedieron con audacia,  temeridad  y  profesionalismo,  enfrentando a los escoltas con disparos mientras  emprendían  la  huida,  logrando  su propósito QUINTERO  GARCÍA, lo cual  ciertamente      justifica      el     tratamiento     penitenciario”.   

Después  de indicar cómo se debe valorar  la  personalidad  del procesado y de relacionar, de manera breve, las diferentes  tendencias  en  torno a la finalidad de la pena, manifiesta que, “como   ha   ocurrido  en  este  evento,  simplemente  está  dando  cumplimiento  a  los  objetivos  previstos en el artículo 12 del Código Penal,  sin  que  pueda  decirse  válidamente  que  ellos  se excluyan, en tanto que la  prevención  general  y  especial  son  funciones  de  la pena que al lado de la  retributiva,  protectora  y resocializadora, han sido acogidas por el legislador  colombiano,   sin  más  limitantes  que  las  que surgen de su propia naturaleza. Por ello el juez puede  hacer  énfasis  en  una u otra finalidad, al momento de aplicar la pena al caso  concreto”.   

Finalmente, acota que si bien el delito no  se  consumó  y  se indemnizó a la víctima, en manera alguna se puede predicar  que  el  cumplimiento  de  la  pena  no  guarda  proporcionalidad con el punible  cometido,   “dado  que  absolutamente  todos  los  delitos    tipificados   con   pena   privativa   de   la   libertad  tienen la vocación y la posibilidad  de que la misma se haga efectiva”.   

En esas condiciones, estima que como quiera  que  el libelista no demostró el error que demanda, sugiere a la Corte no casar  la sentencia impugnada.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.  El  demandante  acusa  al Tribunal de  haber  violado,  de  manera  directa,  la  ley  sustancial,  por interpretación  errónea  del  artículo  68  del  Decreto  100 de 1980, toda vez que no tuvo en  cuenta  el  requisito  de  la personalidad del procesado, al momento de estudiar  los  presupuestos  de  la condena de ejecución condicional, yerro que condujo a  la negación de este subrogado.   

2. El cargo no puede tener éxito, ya que  adolece de insalvables desatinos técnicos, así:   

2.1. Yerra desde el enunciado, como quiera  que  si  lo que está reclamando es la no concesión del subrogado de la condena  de  ejecución  condicional,  esto  es, que no se aplicó el artículo 68 del C.  Penal   de   1980,   ha   debido   postular  falta  de  aplicación   y  no  interpretación  errónea,  pues, como de manera  reiterada lo ha sostenido  la  Sala,  ésta supone que la norma sustantiva se aplicó y era la que regulaba  el  caso  concreto,  es  decir,  se  acertó en su selección, pero se le dio un  sentido que no tiene.   

Es  necesario  insistir  en  que  si como  consecuencia  de la errónea interpretación de la ley, ésta se deja de aplicar  o  se  aplica  indebidamente,  el  desatino es de selección y, por lo tanto, se  debe  postular  falta de aplicación o aplicación indebida y no interpretación  errónea,  ya  que la causa del desacierto no importa y bien pudo ocurrir porque  se  erró sobre su existencia material, o sobre su validez, o sobre su sentido o  alcance,  sino que lo que cuenta, en últimas, es la decisión que con relación  a   ella   adopta   el   sentenciador,   esto   es,   inaplicarla   o  aplicarla  indebidamente.   

2.2.  Así  mismo,  se  aparta de la vía  directa  para  irrumpir  en la indirecta, pues, como lo ha dicho la Sala, cuando  se  acude  al  cuerpo  primero  de  la  causal primera, es necesario aceptar los  hechos  tal  como  fueron plasmados y las pruebas tal como fueron apreciadas por  el  juzgador,  siendo  el cuestionamiento estrictamente jurídico, exigencia que  no  es  arbitraria,  sino que obedece a precisas reglas de lógica jurídica, ya  que  al  elegir  esta  senda se está admitiendo que el acontecer histórico fue  reconstruido  con  apego  a  la  realidad  probatoria presente en la actuación.   

Lo anterior no fue cumplido por el censor,  ya   que  con  el  ánimo  de  demostrar  que  la  personalidad  del  procesado,  presupuesto  que,  a  juicio,  no fue tenido en cuenta por el Tribunal,  se  ajustaba  a  las previsiones del artículo 68 del Código Penal, vigente para la  época,  alega que no se estimó la declaración de Miguel Ángel Muñoz Botina,  Gerente  Regional  de  la empresa donde aquél laboró, según la cual, Quintero  García  fue  excelente  trabajador  y era cabeza de familia, probanza en que se  apoyó  para  sustentar  el recurso de apelación contra la sentencia de primera  instancia,     “pero    no    tuvo    eco    el  mismo”,  por   la   forma   como   la   sentencia   interpretó  el  citado  precepto, reclamo que ha  debido   plantear   por  el  sendero  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial.   

3.  No  obstante  lo anteriores desatinos  técnicos,  tampoco  le  asiste la razón, pues, como atinadamente lo destaca el  Procurador  Delegado,  el requisito de la personalidad fue objeto de estudio por  el  juzgador  de  primer  grado,  el  que analizado conjuntamente con los demás  factores  a  que  se  refería  el  artículo  68,  citado,  y  recurriendo a la  discrecionalidad  racional  que  le otorgaba este precepto, lo llevó a concluir  que el procesado no era merecedor del subrogado.   

Al respecto, textualmente dijo:  

“Eduen  Glodden  Quintero  García  no tiene derecho al sustituto penal de la condena de  ejecución  condicional  que  disciplina  el  artículo  68  del  Código Penal,  modificado  por  el  artículo  1°  del  Decreto  141  de 1980, no empece a que  satisface   el   factor   cronológico   u  objetivo,  ya  que  su  personalidad  exteriorizada  en  la  comisión  del  delito  deja  traslucir su proclividad al  mismo,  pues  no  sólo  a  punta  de  revólver  se  quiso  ejecutar  el  hecho  delincuencial,  sino  que  se  enfrentó  a los empleados oficiales escoltas del  señor  Gobernador  de  Antioquia,  hechos  éstos  que  producen mayor alarma y  conmoción      social,      y      de     ahí     que     las     modalidades del hecho punible aceptado  y  la  personalidad  del  mismo  sindicado, impiden la concesión del subrogado penal dicho, pues a sentir  del       Despacho      requiere      tratamiento      penitenciario”.   

Por    su    parte,    el    Tribunal  consideró:   

“Por  consiguiente,  no  podrá  prosperar la petición de su defensor, relativa a que  se  le  conceda  el  subrogado  de la condena de ejecución condicional. Para su  negativa,  el  a  quo  fundamentó  su convicción razonable de que el procesado  requiere         de        tratamiento        penitenciario,        ‘ya     que    su    personalidad  exteriorizada  en  la  comisión  del  delito  deja  traslucir su proclividad al  mismo,  pues  no  sólo  a  punta  de  revólver  se  quiso  ejecutar  el  hecho  delincuencial,  sino  que  se  enfrentó  a los empleados oficiales escoltas del  señor  Gobernador  de  Antioquia,  hechos  éstos  que  producen mayor alarma y  conmoción  social…’.  Posición  conceptual  que  coincide con la que siempre ha adoptado esta sala de  Decisión  cuando  se  trata  de  condenados que para el apoderamiento de bienes  ajenos  han  empleado  armas,  con  mayor  razón en el evento sub-judice, donde  fueron  dos los partícipes, ambos provistos de armas de fuego y actuando con la  intrepidez  del avezado, insensible y peligroso delincuente, conforme lo indican  el  ocultamiento  de  las  placas  de  la  moto en que se movilizaban y el haber  accionado     los     revólveres”.    

En    consecuencia,   el   cargo   no  prospera.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E  

No   casar   la   sentencia  impugnada.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso.   

Cópiese,  comuníquese  y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

MARINA  PULIDO  DE  BARÓN                  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                        

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

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